ADVERTENCIA: El quinto capítulo contiene referencias a temas delicados como trastornos alimenticios, maltrato emocional y por supuesto, contenido explícito y sexual. Lo advierto por si lo leen personas que puedan ser sensibles a alguna de estas temáticas. Mil gracias por la paciencia y comentarios. ¡A leer!
Isaac
5.
Eran las 3:00 AM.
El ambiente de la discoteca ya era algo muy distinto a lo que vi cuando crucé la entrada, siendo aun joven la noche. Las personas se besaban con lujuria, sudaban, bailaban, se escurrían en los baños a vivir el momento y yo, ya no podía más con las ganas.
—¿Quieres agua? —preguntó Kakashi abrazándome por detrás. Seguíamos bailando; creo que ya notaba mi estado de ebriedad y por eso me ofrecía el agua. Negué con la cabeza varias veces.
—Quiero otra margarita. —Solicite apretando sus brazos que me cubrían. El rio.
—No creo que sea buena idea. ¿Quieres que te lleve a tu casa en un rato? —preguntó paternal. Largue una carcajada.
—¡No! ¿Qué te pasa, Kakashi? —grité. —Más bien... —Comencé a acercarme a su oído peligrosamente. —Llévame a la tuya. Tú sabes que queremos lo mismo. —Le dije sin miedo a seguir ocultando mi deseo por él. El peligris me miró incrédulo.
—Sakura...no me parece bien llevarte a mi casa en ese estado. —dijo seriamente. Le clavé mis ojos verdes, queriendo convencerle de que sí era una buena idea. Sonrió. —Estás borracha, preciosa. Además, mañana desayunaremos juntos, ¿recuerdas? —Me recordó.
—Exacto, ¿no es mejor que yo duerma en tu casa? No perdamos más el tiempo, por favor. —Y me pegué a su cuerpo de una manera tan perversa que noté cómo se tensaba. Me separo con gentileza de él y sonrío con nerviosismo.
—Vamos a tomar agua. —Tomo mi mano y bajamos al primer piso, en el cual la fiesta era incluso más tremenda que en el segundo. Pude ubicar a Jiraiya entre el tumulto de gente. Tenía a la pelinegra bajando cadenciosamente hasta el piso, y él bailaba con ella, emocionado. Me sonrojé por ver a uno de mis maestros de la universidad haciendo tal cosa. Pero yo ya era adulta, no había de qué apenarse, nos estábamos divirtiendo.
Jiraiya nos reconoció y se acercó agitando las manos en el aire.
—¡Sakura-chan! ¿Cómo te la estás pasando? —Su aliento apestaba a whiskey, pero no me importó, lo jalé de la camisa hawaiana y comencé a bailar aquella canción de Sean Paul que tenía a tanta gente moviendo sus cuerpos como si estuvieran en un strip club. Kakashi me observaba apenado.
Estábamos tan borrachos que jalamos a Kakashi para que bailara con nosotros, el cual, pese a su divertido lado fiestero, cedió con algo de pena ajena.
—¡Eh, Sakura-chan! No veo a Itachi-san por ningún lado, ¿le habrá pasado algo malo? —inquirió, haciéndose oír sobre el ruido del ambiente. el peliblanco sin dejar de bailar. Apreté los labios y recordé aquella mentira blanca que le dije al comienzo de la velada.
—Oh... —Voltee a mirar a Kakashi. Su rostro era de confusión.
—¿Itachi? —Pronunció su nombre. —No sabía que estaba acá. —dijo mirando a su alrededor. Me comencé a reír escandalosamente.
—¿A quién carajo le importa Itachi? Debe estar trabajando o follando con alguna de sus amantes. —Exclamé con la emoción desbordándome. Creo que comenzaba a ser buena idea ir a tomar agua.
Al finalizar la canción, todo el mundo comenzó a aplaudir con euforia. Al parecer, sin que nos diésemos cuenta, resultamos en la mitad de un círculo de personas que nos observaban entretenidos y embriagados. Kakashi volvió a tomar mi mano y le hizo un ademán a Jiraiya, despidiéndose. Lo miré sobresaltada. El peliblanco le alzó la mano también y desapareció entre la multitud; su pelinegra lo esperaba sentada en una de las barras.
Salimos de la discoteca; había sido una noche fantástica. Afuera, con el frío de la noche, el mareo comenzó a ser más latente en mi cabeza; sentía que en cualquier momento me iba a caer. Kakashi me llevó a un Seven & Eleven que quedaba en la esquina y compró una botella de agua, la cual me obligó a tomar. Bebí de ella como si la vida se me fuera en eso.
—Gracias. —Le agradecí respirando rápidamente. Me sentía saciada y con la mente más clara.
—Te llevaré a tu casa, sin objeciones. —Espetó. Hice un puchero.
—Demonios... —Fue lo único que pude decir, tocándome la cabeza y recordando las atrocidades que le había dicho en la discoteca.
El distrito de Nakano quedaba a unos veinte minutos de Kabukicho. Como era tan tarde, Kakashi decidió pedir un taxi y subir en él conmigo. Tan pronto como llegamos, me besó con cariño. Tuve un fugaz recuerdo de los besos con lengua que nos dimos un par de horas atrás y me ruboricé.
—Descansa. Te recogeré hacia las once para que puedas dormir. Debemos partir un poco antes del mediodía. —Me explico.
—Gracias... —Me urgía ir a dormir.
No sé cuántas horas pasaron, pero dormí largo y tendido. Desperté como a las diez y media de la mañana; se hacía tarde. Kakashi había dicho que llegaría a las once, así que me preocupé. Al incorporarme de la cama, me desperecé y corrí hacia la ducha; el olor que mi cuerpo desprendía era terrible. Mientras me duchaba, recordé absolutamente todo; maldije al alcohol. Aun así, me pareció algo gracioso; sin duda alguna era un buen recuerdo. Luego comencé a dimensionar el hecho de que había vuelto con él; la emoción no cabía en mi pecho.
Cuando salí del baño, recordé que iríamos a la playa, así que empaqué mi vestido de baño en un bolso junto con un par de elementos personales. En el closet, vi un vestido que compré a principios del año, predispuesto para mi cumpleaños; de inmediato supe que hoy era el día indicado para utilizarlo. El vestido era negro, largo y poseía una pedrería hermosa en su cuello en V. El escote era descarado, pero qué importaba. Desde que lo vi en aquella tienda a la que no solía entrar por miedo a salir endeudada, no lo pensé dos veces para comprarlo; era precioso. Entré en él y me enorgullecí de mi elección.
Recogí mi cabello y me maquillé muy moderadamente; no quería llamar demasiado la atención, el vestido ya hacía lo propio. Me puse unos pendientes pequeños y salí hacia la cocina para comer algo. La diversión y la llegada en avanzadas de la noche hicieron que nos saltáramos el desayuno juntos. Cuando eran las once, supuse que Kakashi llegaría algo tarde; ya era costumbre en él. Unos 20 minutos después llegó en su auto. Me cubrí con un chal playero color magenta y salí a recibirlo. Cuando salió de su auto, lo primero que noté es que no usaba esa molesta mascarilla; agradecí a los dioses por eso. Esperaba que fuese así siempre. No quería dejar de ver su cara ni por un solo segundo. Así podía tener la oportunidad de besarlo cada vez que yo quisiera. Lo segundo que noté es que estaba vestido de blanco, enteramente. Tanto camiseta como pantalones. Dios santo, de todos modos, a este tipo cualquier color le quedaba bien, pero verlo de blanco le daba un aire tan sensual, no lo sé... De pronto ya me tenía comiendo tanto de su mano que fantaseaba con cualquier cosa que él hiciera.
Me recibió con un beso.
—Qué linda. —dijo escaneando mi silueta.
—Tengo tantas cosas que decir sobre ti, pero prefiero mejor hacerlo después. —Confesé con ilusión. Me hizo un guiño.
Me ayudó a entrar en su auto, cuidando que no me ensuciara el vestido y, concluyendo que no faltaba nada más, comenzó a conducir. El viaje duraba dos horas, de acuerdo con él. En el camino, permitió que colocara la música que yo quisiera, así que puse Utada. Se sorprendió de mi pronunciación del inglés y me siguió la corriente cantando algunas partes que se sabía en japonés.
—¿Cómo mejoraste tanto tu inglés? Yo nunca lo logré a pesar de que he viajado varias veces al extranjero. —Me pregunto, sorprendido y con algo de envidia.
—Veo muchas telenovelas occidentales. —respondí riendo. —Además, también escucho mucha música de afuera.
—Vaya...soy un hombre falto de cultura. Instrúyeme, Sakura. —Bromeó. Me reí de nuevo.
—Las canciones que bailamos ayer, yo ya conocía algunas. —Le expliqué. —Había una en específico que no reconocí y que me pareció tan sexy... —dije con ojos soñadores.
—¿Cuál?
—Cuando me dijiste que bailáramos. Esa. —Le respondí, esperando que supiera cuál era, y pareció que se le encendía un bombillo imaginario.
—Oh... recuerdo la melodía. La pasamos tan bien bailándola. Rayos... —Se tocó la frente, en señal de confusión.
—Tal vez la volvamos a escuchar algún día, y nuestros cuerpos de repente comiencen a atraerse para contonearse el uno con el otro. —Imagine mirando por la ventana. El peligris me miró travieso.
El paisaje era divino. Montañas verdes lo adornaban, el aire era puro y el cielo estaba tan azul que me daban ganas de llorar de felicidad. Estaba justo en ese momento hablando con Kakashi de lo que me gustaba, recordando cómo bailamos la noche anterior sin pena alguna. Él no se molestaba, al contrario, parecía interesarse en todo lo que yo decía, reía, se sonrojaba, me miraba y mi corazón vibraba. En mi mente, coloqué la nota mental de recordar cada momento a su lado como si fuese la escena de una película; procuraría saborear cada detalle hasta que se hiciese indeleble en mi memoria. Se sentía demasiado bien estar con él.
En una parte del camino, tuvo que detenerse por culpa de un embotellamiento, así que debíamos esperar a que todo se desatrancara. No lo dude ni un segundo, agarre su rostro y atrape sus labios sin reparos. Lo besé con deseo, ese que le demostré en la discoteca, convenciéndolo de que me llevara a su casa. Correspondió de igual manera, y su mano se coló por mis piernas, acariciándolas suavemente. Me derretía. Tomé su mano, guiándola tímidamente por la piel de mis muslos, hasta encontrarse con mi centro, donde la detuve. Él comprendió mi intención y subió una parte de mi vestido hábilmente, descubriendo mis piernas desnudas. Subí mi trasero para permitirle ver mi ropa interior, la cual era bastante sugestiva y me dio algo de pena. Era translúcida, así que podía ver con detalle. Sonrió con astucia.
—Siempre he pensado que tus piernas son hermosas. —dijo sin dejar de acariciarlas. —Si te soy sincero, cuando estabas en la universidad e ibas con medias de nylon, me excitaba. —Esbozo una sonrisa que enseñaba sus blancos dientes. Calle y recordé las veces que lo pillaba mirándome de reojo en el hospital. Le hice tocar mi centro, por sobre la tela, aunque quería más y más. No me importaba en lo absoluto que estuviésemos en un carro a plena luz del día.
—Estás emocionada, tanto como yo. —Adivinó, por lo que instintivamente clavé mis ojos en sus pantalones y entendí lo que quería decir con la palabra emoción. Tenía una erección. No sé cuánto iba a durar el embotellamiento, pero esperaba que tardara lo suficiente como para obtener lo que yo tanto anhelaba.
Notar eso en Kakashi me había excitado demasiado, así que no dudé en acercar mis manos a su pantalón, él me detuvo.
—No... —Retiro mi mano. —Mejor...hagamos un trato. Te prometo que en la playa harás lo que quieras conmigo. Y yo haré lo que me apetezca contigo.
—Kakashi... —insistí. Nos miramos unos segundos; nuestras miradas estaban veladas por el deseo. Caímos en otro beso, uno muy húmedo. Introdujo su lengua en mi boca y yo la recibí gustosa, chupándola levemente. Nos detuvimos cuando él se sobresaltó y vimos cómo comenzaban a avanzar el resto de los autos; tuvo que volverse a concentrar por completo en la carretera. Todo el camino manejó con una sola mano en el volante.
Fuimos a parar en un restaurante de comida marina a las dos de la tarde exactamente. Y la verdad es que, desde lo ocurrido en la noche anterior, mi comportamiento hacia Kakashi había cambiado; ya no me importaba ser descarada con él en lo absoluto, lo besé cada vez que tuve oportunidad. Quizá, en algún momento esto terminaría y debía prepararme para ello. Lo que más me fascinaba es que a él, en lugar de incomodarle mi efusividad, le excitaba, pero procuraba detenerme a tiempo como para que el resto de las personas no lo notaran. Decidí detenerme cuando recordé que debía hacerme más la difícil con él. Típico pensamiento cuando quieres enamorar a alguien.
Enamorarse...
¿Estaba enamorada yo de Kakashi? O solo lo deseaba demasiado. No estaba segura, pero mis sentimientos hacia él eran demasiado fuertes. Si me imaginaba que algo le pasaba o que me abandonaba, sentía que me quería morir. Eso no ocurrió con Sasuke, al menos en los últimos meses de nuestra relación. Lo amé, sí, pero, tal vez después de tantas decepciones a su lado, me había comenzado a dar igual si me dejaba o no; eso era muy triste. Solía recordar cómo fue ese tormento...
—Sakura, por favor, no me vuelvas a avergonzar en frente de mis padres. Si lo vuelves a hacer, creo que no podremos seguir con esto. —Amenazó. Ya estaba acostumbrada a ese tipo de advertencias.
—No lo volveré a hacer, lo prometo. —Dije, con la cabeza gacha y un tono de voz cansado, como una absoluta autómata.
El maldito de Sasuke lo había hecho de nuevo, decirme que lo avergonzaba frente a sus padres por besarlo, por abrazarlo, por amarlo. Cinco malditos años de relación, y para él eso era una vergüenza. Te odio, Sasuke.
En la cama, él quería siempre dominarme. Me tomaba casi a la fuerza y evitaba el juego previo; me hacía sufrir. Solo disfruté el principio, cuando la relación estaba en las mieles del enamoramiento; se sentía bien quererlo, aunque fuese tosco. Las chicas lo deseaban, él lo sabía y se enorgullecía de eso. Incluso Ino lo deseaba...
No se involucró con él por ser mi amiga, pero, en el fondo, yo sabía que el maldito de Sasuke era capaz de meterse con ella. Todas lo deseaban y se suponía que él solo me deseaba a mí, hasta que llegó Karin, la prima de mi mejor amigo. Pelirroja, usaba anteojos, tenía unas caderas casi iguales o más anchas que las mías y poseía unas piernas de infarto. Parecía sacada de algún restaurante de Hooters. Era jodidamente ambiciosa, y poseía atisbos de bipolaridad en su personalidad. La odié desde que la vi lamer lentamente el cuello de mi novio, en aquella fiesta de fin de año donde yo ni siquiera sabía si la medicina era realmente lo mío. En ese momento teníamos tres años de relación, ya teníamos un viaje a Europa en común y el sexo supuestamente había mejorado, pero era una vil mentira; solo incluía unos condones saborizados que ni al caso. Me quedé de todas maneras. Me quedé pese a ver la infidelidad frente a mis ojos. Eventualmente, yo sentí el escozor del dolor emocional amenazándome con sacarme de la estratosfera. Y yo sabía, yo sabía que él me engañaba, pero no me importaba. Yo siempre tuve fe en eso del amor; había adoptado la creencia de que por las relaciones se luchaba, porque por él, yo iba hasta el fin del mundo. Sasuke era mi niño adorado, el prodigio que, además de guapo, era tan inteligente que asustaba.
—Te estás engordando y no te crecen las tetas. —Me dijo un día; yo quería vomitar todo lo que había comido. TODO. Era tan solo un onigiri de atún...
—¿Por qué me tratas tan mal? ¿Acaso no soy tu novia? —le pregunté llorando. La maldad se asomó entre la curva de sus labios.
—Sí, ¿por qué sigues aquí?
No supe qué responder. Tenía razón, ¿qué seguía haciendo yo ahí? Si él ya no me amaba, y quizá nunca lo había hecho. Pero me acordaba de los momentos gloriosos y algo me obligaba a seguir ahí: La adicción a él. Su cuerpo, su olor, sus palabras. Las veces en que me tomaba y me decía al oído que todo estaría bien, porque éramos almas gemelas. Yo siempre le creía. Me fui de ahí cuando fue imposible seguir aguantando. Ya había terminado la carrera de medicina; me quería especializar en neurocirugía. Mi cabeza daba para eso, a excepción de que tenía una relación de mierda sobre mis hombros. Lo mandé a volar abofeteándolo enfrente de su propio hermano, Itachi.
—Zorra, te vas a arrepentir. —Bramo acariciando su rostro. Recuerdo que le dejé un buen morado; no medí mi fuerza. La fuerza se podía medir por el cúmulo de ira que contuve durante tantos años; me había herido demasiado y tantas veces... El Uchiha mayor sonreía con la escena, complacido.
—Hiciste bien, Sakura. —Me dijo. Y yo me sentí mejor. Su hermano se había convertido en un amigo para toda la vida. Yo creía eso con todas mis fuerzas.
Pero el idiota, a pesar de humillarme y despreciarme tanto, pretendía seguir regresando.
—Perdóname, Sakura. —Me imploro frente a mi casa, dos meses después de haber terminado. Estuve a punto de ceder, pero Itachi me llamaba todos los días para preguntarme cómo estaba y siempre me decía: "Si vuelves con él, nunca serás feliz. Déjalo ya, necesitas avanzar".
Eso hice, avanzar durante los dos últimos años.
Me enfoqué cien por ciento en mí. Trabajé tan duro en el hospital que ya me habían ofrecido la permanencia. Comencé a amar mi vida. Había sobrevivido a un mal amor, pero algo de eso, retazos de mi dolor, seguían desperdigados en mi corazón, que, pese a estar recuperado, seguía algo quemado.
Kakashi...
Llegaste justo a tiempo, supongo. Ya había perdido la esperanza de encontrar a alguien que me hiciera vibrar como tú lo haces. No esperaba que el amor llamara a mi puerta en forma de un ex profesor de la universidad. Definitivamente era algo muy extraño. No me gustaba ilusionarme sin razones, pero con cada beso, con cada abrazo, con cada mirada e invitación, solo podía estremecerme y creer que, sí, estaba aún muy joven como para rendirme ante el amor. El amor siempre viene otra vez...
Comimos en Acqua E Sole, un restaurante griego que él parecía conocer muy bien. Me recomendó su plato favorito; hice caso. Parecía una oveja obedeciendo a cada cosa que me decía. El sitio estaba muy cerca de la playa, a la que no iba desde aquellas vacaciones con Ino a Kamakura por el cumpleaños de Shikamaru. Otro momento memorable en el que había sido muy feliz, porque en aquel viaje conocí lo que era divertirse siendo un adulto joven. Sin pensar en lo que dijera mamá o papá, éramos Ino, Shikamaru, Choji, Naruto y yo bajo las estrellas, bebiendo, bailando e imaginando qué sería de nosotros en un futuro.
—Sakura, ¿qué tanto piensas? —me pregunto Kakashi acomodando sus cubiertos. Ya nos habían servido la comida. Desde que entramos al lugar, no dejaba de gritar dentro de mí lo feliz que estaba siendo.
—¡Nada! —respondí entre risas. —Soy muy feliz. Es todo...—Atine a responder. Cerró los ojos y dio un largo suspiro, inhalando gustoso el humo que provenía de la crepa.
—Señorita, ¿podría traernos, por favor, un vino blanco? —Solicito a la camarera que nos miraba curiosa. Espero no verme tan joven a su lado.
—Por supuesto. —Se dio la vuelta y yo contemplé cómo Kakashi entrelazaba sus manos con las mías. Aprecié el calor que transmitían.
—Después de comer iremos a un templo que me gusta mucho visitar, si tú quieres. —Anuncio. Le dije que sí con mi mirada.
—¡Vayamos! —No había otra respuesta. Durante la comida, entrelacé mis piernas con las suyas. Su cuerpo emanaba un calor delicioso.
Al terminar de comer, nos dirigimos al templo; era el Naritasan Shinsho-ji, el cual se erigía con imponencia a la luz del sol de primavera. Lo exploramos tomados de la mano y descubrí sobre los rituales budistas que allí se hacían. Kakashi me invitó a participar. Observamos a unos monjes budistas recitar oraciones; los visitantes escribían en unas tablillas y posteriormente las quemaban en algo llamado "fuego sagrado". De un momento a otro, lo vi salir del templo, dejándome sola. Lo esperé, extrañada. Al regresar, traía dos tablillas. Me dio una y participamos en el ritual del fuego de goma. Finalizamos el recorrido comprando dos amuletos en una pequeña tienda de souvenirs donde nos atendió una amable anciana.
—Elige uno. —Me invitó mi exsensei. Perpleja por el lindo gesto, detallé cada uno de los amuletos que la anciana exhibía. En su mayoría eran omamori, que eran bolsitas de tela bordada de colores vivos. Me decanté por uno colorido, el cual traía el azul, amarillo, rojo, blanco y, por último, el naranja, con una insignia en el centro que contenía diferentes kanjis.
—Ese es precioso, Sakura, tengo uno igual en casa. —dijo, enternecido por mi decisión. No quise decir nada. Tal vez solo había sido coincidencia; de igual manera le agradecí por aquel amuleto, el cual sostuve todo el camino hacia la playa.
Eran las 3:30 PM.
Esta era mi primera vez visitando la playa Todohokke Choshi, la cual era reconocida por ser el sitio de filmación para muchas películas de los noventa.
—Qué playa más linda. —Exclamé alegre, como una niña a la que llevan por primera vez a un parque. —Solo quiero relajarme aquí contigo. —Manifesté con las manos juntas, sin dejar de sostener el amuleto.
El peligris se sentó en la arena y me extendió su brazo, atrayéndome hacia él. Recosté mi cabeza en su hombro, solté el amuleto solo para tomar su rostro con ambas manos y besarlo. Poco me importaba si el vestido se ensuciaba con la arena.
—¿Trajiste bañador? —me preguntó, interesado. Asentí. De mi bolso saqué el vestido de baño que era color blanco y se lo sacudí en la cara.
—¿Quieres que me lo ponga? —pregunté con una doble intención. Lo aprobó curvando sus labios hacia un lado.
Me aseguré de que nadie estuviese viendo, aunque en realidad la playa estaba solitaria. Solo se podían divisar surfistas combatiendo las salvajes olas. Convencida, comencé a quitarme el vestido por arriba de mi cabeza, quedando solo con el corpiño que hacía juego con la ropa interior. La expresión que tenía ahora era idéntica a la misma que hizo cuando lo besé en la discoteca. Con cuidado, desabotone mi corpiño y lo retire, dejándolo sobre el vestido negro. Mis pechos, erectos por la brisa del mar, quedaron al descubierto.
—Hermosos... —reconoció, recostado sobre sus codos, en una postura relajada. Me puse de rodillas y deslicé la tanga por sobre mis piernas, disipando de mí la tela que ocultaba mi parte más íntima. Estaba completamente desnuda. Lo miré con seguridad, esperando a que tomara la iniciativa.
—¿Puedo tocarte? —musitó sin quitar esa maldita expresión de su hermosa cara.
—¿Tú qué crees? —A continuación, su mano se dirigió a mi cadera, atrayéndome hacia su cuerpo, luego con ambas manos me sentó a horcajadas de él. Observo con detenimiento mis senos, y llevo sus dedos a los pezones, acariciándolos sigilosamente, torturándome. Espere a que avanzara; su boca, roja por tantos de mis besos, se dirigió a mi pecho izquierdo y lo lamió como si se tratara de una crema batida. Apunté mi cabeza al cielo y suspiré complacida cuando comenzó a succionarlo. No lo pude evitar, comencé a desabotonarle la camisa y él, sin separarse de mi busto, se dejó hacer. Desnudé su torso y, al verlo, lo separé de mí para acostarlo en la arena y comencé a repartir besos por todo su cuello, viajando hasta su vientre, el cual poseía un camino de vellos que hacían que me preguntara si me iba a permitir que hiciera semejante acto en una playa, al aire libre. Como si leyera mis pensamientos más depravados, comenzó a desabrochar sus pantalones con calma, adivinando mis intenciones. Le ayudé a despojarse de estos, junto con su ropa interior, y contemplé su desnudez con total fascinación. La pálida piel de su cuerpo hacía un contraste con su pene erecto y rojo de excitación. Estando ambos desnudos, comencé a sentir el miedo de que nos vieran.
—Sakura, quiero estar dentro de ti. —Soltó de repente. Esa sola frase hizo que perdiera mis cabales e ignorara el sitio en el que estábamos. Sentí un disparo de adrenalina al ver que, al sentarse, su miembro rozaba mi vulva. Observé detenidamente eso y sentí de nuevo temor. Se estiró para alcanzar su camiseta y reveló de los bolsillos un preservativo. Todos mis recientes recuerdos con él pasaron por mi mente como una ráfaga, preguntándome si lo que hacía era lo correcto, si de verdad estaba bien sentir tanto por él...
Me acostó sobre la arena, apacible. Se posicionó sobre mi y besó cada rincón de mi cuerpo; no sé si yo era muy paranoica, pero lo interpreté como un: "Yo puedo besarte mejor, incluso más de lo que ya lo hiciste".
Separé mis piernas delicadamente y comenzó a estimularme; era obvio que mi humedad lo sorprendió.
—Jodidamente húmeda. —Mascullo, introduciendo sus dedos dentro de mi vagina. No dolió para nada, me sentía suya desde la primera vez que me besó. Kakashi podía solo mirarme y ya estaba lista para él; no tenía por qué esforzarse con el juego previo y él lo sabía. En el fondo de mí, sé que así era. Cuando ya tenía tres de sus dedos dentro, penetrándome y haciéndome gemir, toqué las puertas del cielo; estaba por llegar al orgasmo. Él supo que ese era el momento de unirse a mí. Se colocó el preservativo ágilmente e imagine cuántas mujeres más ya habrían pasado por este momento. Sin preguntas, sin amabilidad, aplastándome con su cuerpo, me agarró por los brazos y, sin dificultad, se introdujo dentro, provocando que ambos gimiéramos al unísono. Más que dolor por la intromisión, sentí un placer indescriptible que jamás en mi vida había sentido. Sus embestidas eran fuertes, por lo que alcé mis piernas hacia su espalda, enredándolas para que el contacto de nuestros cuerpos se profundizara más. Lo rodeé con mis brazos, sintiéndome en el cielo y en la grandísima gloria.
—Oh, Kakashi... —Musité cerca del orgasmo. —Voy a venirme, lo siento. —Mis ojos se empañaron, era tan férreo lo que sentía.
—Hazlo cuantas veces quieras. —Respondió entre suspiros y estocadas. Comprendiendo mi mensaje, él aceleró sus embestidas y presentí que él también estaba cerca; su respiración era pesada. Tenía los ojos cerrados con fuerza.
El clímax me alcanzó y sentí metafóricamente como si mi cuerpo se elevara; grité su nombre, apretando mis ojos y tensando mis extremidades, luego liberándolas en perfecta armonía.
Cuando él llegó a su paraíso, lo escuché gruñir. No se separó de mí, nos quedamos así, ignorando que existía el mundo a nuestro alrededor; estábamos en otra dimensión. Había superado mi oscuridad.
Tenía que suceder. Unirme a Kakashi era lo que por defecto debe pasar cuando hay química entre dos personas, tengan la edad que tengan. Solo había tenido relaciones sexuales con un hombre, y a pesar de haber experimentado un montón de maniobras y fantasías con Sasuke, con el hombre de cabellos plateados, sentía que por primera vez había hecho el amor.
Notas de autor: ¡Hola! Este capítulo resultó más largo de lo que pensé y realmente me gustó el resultado. Por favor déjenme saber su opinión, saben que es muy importante para mí.
Canciones a las que se puede hacer referencia:
Got 2 Lov U de Sean Paul (2012) - Canción que bailan con Jiraiya jaja.
Automatic de Utada Hikaru (1999) - Canción que escuchan en el auto, camino a Chiba.
Isaac de Madonna (2005) - No se menciona en el capitulo estrictamente, pero la letra si habla mucho de lo que le pasa a Sakura en algunas partes, aunque es una canción que mas bien habla de espiritualidad. Cualquier interpretación es válida.
Términos o lugares mencionados:
Hay un montón...
Seven & Eleven: Son unas tiendas muy similares a los OXXO.
Hooters: Es una cadena de restaurantes donde las meseras son mujeres vestidas de forma muy sexy.
Naritasan Shinsho-ji: Templo japonés ubicado en Narita, Chiba en el que se realizan ceremonias y rituales budistas.
Ritual del fuego de goma: Es un rito budista en el que la gente escribe en papel o tablillas oraciones para después quemarlas en un fuego sagrado. El ritual se lleva a cabo con la intención de eliminar cosas negativas de la vida de la gente.
Omamori: Amuleto japonés muy popular.
Kanji: Carácteres chinos que se utilizan en la escritura japonesa.
Todohokke Choshi: Playa ubicada en Chiba a la que suelen ir los surfistas. Se dice que allí se han grabado diversas películas, no logré encontrar cuales, asi que me inventé que eran de los noventa xD
Bonus: El vestido que usa Sakura esta inspirado en uno que usa Kylie Minogue en su video musical On A Night Like This, dejo por aquí un link de la imagen. No sé si era lo mas adecuado para ir a la playa, pero me gustó para ella.
https/collections..au/#details=ecatalogue.26323
