Todos los personajes que aparecen en este fanfic son propiedad exclusivo de Rumiko Takahashi, pero teniendo en cuenta que no voy a sacar ningún bien económico con esto solo lo hago pura diversión: Aviso importante hay capítulos que contiene lenguaje grosero no apto para niños o adolescentes menores de 16 años con temas adultos de carácter de violencia o sexual.
Capítulo 2 ¿Enfrentamiento?
Ese día no le había salido para nada como lo había planeado... ok, para ser sinceros, en realidad no se le había ocurrido un buen plan. Su misión había sido simple y sencillamente.
Era ponerse en contacto de alguna manera con su prometida y conseguir que mantuviera una conversación abierta con él.
Él ya había planeado hacerlo después del fiasco de bodas hace doce meses.
Quería disculparse, decirle cuánto lamentaba que ese día, que se suponía que era el más hermoso en la vida de una mujer y un hombre, hubiera salido tan mal.
Él quería que ella supiera lo enfadado que estaba con el escuadrón del Caos, que habían puesto la vida de las personas en peligro y que quería compensarla.
Pero como siempre.
Había sido demasiado cobarde.
Sí
Ranma, que siempre decía ser el mejor artista marcial de todos los tiempos y que él. Nunca se había echado para atrás ante nadie y menos un desafío.
Tenía demasiado miedo como para salir con una simple pero sincera disculpa. Y así de esa forma. Lo había. Pospuesto en algún momento.
Y ese se había convertido en algo ridículo.
Ahora que ya no veía a su prometida ninguna parte, empezaba a preocuparse por su prometida.
¿Qué hacía ella todo el día? Apenas estaba en casa, ni siquiera los fines de semana estaba, y él podría haber jurado que no la había visto en varios días seguidos durante las vacaciones de verano, ¡tal vez semanas o meses! Tonterías.
No, no podía ser posible.
Él se. Habría dado cuenta de algo así pasará.
SÍ no... su tío Soun habría llorado como María Magdalena.
Que su pequeña niña no hubiera vuelto a casa.
Pero él estaba muy ocupado deshaciéndose de las chicas y de los demás fenómenos que nos acechan.
O al menos manteniéndolos a raya, que apenas la veía.
Empezaba extrañar a su prometida, sin poder verla... y ya no poder hablarle, él quería volver escucharla de nuevo.
Que ella lo volviera hablarle insultarlo y que le gritará de nuevo, él necesiba verla y poder oler ese bello aroma, suave y seductora a vainilla mezclada con su maravilloso olor corporal, y ver sus ojos marrones como el chocolate que brillaban con pasión, esas adorables muecas de sus labios que la hacen ver tan adorable cuando ella se enojaba al nunca le había gustado las personas caprichosas, pero Akane hacia unos pucheros adorables y sobre todo poder observar sus labios carnosos capaces de evocar la sonrisa más hermosa, y su cabello sedoso y brillante que siempre se le pegaba ligeramente a la cara después de un buen entrenamiento y su cuerpo delicado pero tan bien tonificado que se adaptaba tan maravillosamente al suyo.
Y
Sobre todo podía comprobar con demasiada frecuencia cuando el la tenía entre sus brazos.
Sí, la había insultado... con todas las letras de la palabra y la había dicho que las otras chicas eran más dulces y no tan salvaje como era ella.
Pero.
Era una gran mentira tan grande que su nariz no dejaría de crecer ni aunque fuera Pinocho.
La verdad era que no había visto a una chica que estuviera ni cerca de ser tan linda como su Akane.
¿Gordita y caderona?
Ja, nadie era tan caderona como ella.
Cuando él. La tenía en sus brazos.
Él había temido mucho de aplastarla y siempre se preguntaba cómo podía reunir tanta fuerza en un cuerpo tan pequeño.
Quizás pesaba un poco más de lo que parecía, pero también tenía un cuerpo bien entrenado. Los músculos pesaban mucho y a él no le gustaban las chicas delgadas a las que se les podían contar todos los huesos.
Y además, no pesaba más que su amiga Ukyo o la loca de Kodachi o Shampoo; al contrario, como eran más altas y anchas que Akane, pesaban aún más.
Además, nunca había visto a nadie que pudiera moverse con tanta gracia como su prometida... ¡cuando ella quería!
Siempre había disfrutado observándola cuando estaba tan concentrada en una kata que no se fijaba en nada más que eso. Y nadie podía hacerlo con tanta gracia, suavidad y ligereza como ella y para su vergüenza, tenía que admitir que ni siquiera él podía hacerlo.
Era buena, muy buena. Siempre decía que era el mejor y que Akane era una boba torpe, pero también en este caso tuvo que admitir que era una gran mentira. Sí, ella podía ser así, pero no cuando se trataba de artes marciales.
Ella dominaba las katas más complejas con gracia y perfección, haciendo que parecieran tan fáciles como las de un niño de cinco años. Puede que no fuera tan rápida como yo o los demás luchadores y que no tuviera ni de lejos su fuerza, pero su técnica era siempre impecable hasta el último detalle.
¿Ella no es una bruta estar atropellando a alguien con una bicicleta? ¿No era salvaje golpear a alguien con una pala enorme? ¿O una demente pará robarle a alguien toda libertad de movimiento con polvos paralizantes e intentar meterle la lengua hasta la garganta? No eran mejores y ni siquiera se daban cuenta.
Puede que Akane no sea una típica ama de casa, no sabía cocinar nada comestible y probablemente era un poco torpe en la casa, pero tampoco era una ama de casa.
Su Akane era más o menos la heredera de la escuela de lucha Tendo para todo tipo de peleas.
Y se supone.
Que en el futuro dirigiría un dojo (con él por supuesto) y no era una escuela de cocina o gimnasia rítmica.
Él no quería. Una buena ama de casa tradicional.
Él quería.
A esa luchadora apasionada que no dejaba que nadie le dijera lo que tenía o no tenía que hacer. De lo contrario.
Se habría ahorrado todos los problemas desde el principio y habría elegido a una de las otras tres.
Sí fuera necesario. Él podía cocinar, si hacía falta hasta el último días de sus vidas, siempre que eso significara que estuvieran juntos.
Por desgracia, como siempre, sólo podía verla en clases por la nuca, ya que estaba sentado una fila detrás de ella, pero se había dado cuenta de lo largo que volvía a tener el pelo, que le llegaba hasta los hombros.
A él le gustaba mucho más el pelo corto que el cabello eternamente largo, pero ella tenía un bonito corte a capas, le caía suelto alrededor de la cabeza y a él le habría encantado tocarlo con las manos, pero en lugar de eso se limitó a observar en secreto cómo los mechones bailaban de un lado a otro con el viento que se colaba por la ventana.
La escuela terminaría después de la lección y él la agarraría inmediatamente antes de que ella siquiera pusiera un pie fuera de la puerta, aunque se ganara miradas que preferiría evitar, ¡pero él estaba desesperado y que lo condenaran si no iba a tenerla para él solo esta vez!
Por supuesto, todo lo que podía salir mal, salía mal. Ukyo probablemente se había dado cuenta de que se había movido ligeramente en dirección a Akane e inmediatamente se había interpuesto entre los dos.
Para cuando se había librado de ella, Akane ya estaba fuera del recinto escolar y él salió corriendo tras ella más rápido que nunca. Al doblar la esquina, su corazón casi se detuvo. Akane estaba saludando a otro hombre que no fuera él y tuve que aceptar involuntariamente que éste tipo era condenadamente guapo... para ser un tipo cualquiera (era al menos tan tonificado como él mismo) probablemente era muy guapo a los ojos de una mujer, e incluso un poco más alto que el propio Ranma.
Y lo que le dio una puñalada justo en el corazón fue que Akane le dedicó al tipo ese una de sus dulces sonrisas y los dos se abrazaron como si siempre lo hubieran hecho antes de alejarse juntos de él. Sólo cuando doblaron la siguiente esquina su cuerpo reaccionó y salió corriendo de nuevo. Pero una vez más ella había desaparecido de la faz de la tierra y junto con la montaña de músculos había desaparecido junto con ella. ¡Maldita sea!
Desesperado había buscado durante horas por toda la ciudad a su prometida.
Había recorrido todo Nerima corriendo y saltando de techo en techo, y ni siquiera había percibido el aura de la chica había desaparecido.
En medio de la persecución, por supuesto, no podía faltar de nuevo por uno o dos entrometidas que se restregaban contra él con arrumacos hasta que consiguió escapar de ellas.
Sinceramente, ¿qué hombre de verdad quiere algo así? ¿Dónde está la diversión si se entregan así a él? Los hombres son cazadores, la caza ha estado en ellos durante siglos, no es ningún reto si el ciervo se tumba a tus pies y te dice [¡Cómeme, soy tuyo!]
Akane no es un ciervo, es como un exótico gato salvaje de presa, siempre al acecho, siempre lista para atacar o defenderse si a alguno de estos neandertales se le ocurre hacer algo contra su voluntad.
Y el infierno se congelaría si eso no le excitara. Ella era su propio desafío y su presa personal y su meta en la vida había sido atraparla, ser ELLA. No quería quitarle su libertad, quitarle la libertad a un gran felino sería como cortarle las alas a un pájaro. No, sólo quería que ella supiera que le pertenecía, igual que él le pertenecía a ella, y que, viniera lo que viniera, lo harían juntos.
Pero para su desgracia, se sentía responsable de aquella actitud de la chica pues el sabia que lo había arruinado a lo grande.
En los últimos meses lo único que hice ser un cobarde e idiota, nunca tuve el valor decir sus sentimientos, en cambio lo único que hice fue insultarla y compararla con las otras chicas.
Ahora la miraba, tan fría, tan lejana a mi, todo apuntaba que lo que ella buscaba era evadirlo.
Había buscado cualquier oportunidad de verla a escondidas, de cuidarla, de sentirla, cuando menos unos segundos al día, y en esos segundos podía apreciar como aquel frágil cuerpo, se convertía en una hermosa y tonificada anatomía, producto de las extenuantes rutinas de ejercicio.
Y con eso me había conformado con poder contemplarla a lo lejos o cuando ella dormía, simplemente velar su sueño en la azotea cuidando que nadie la turbara o interrumpiera no había funcionado como él pensaba. Al contrario, estaban más lejos el uno del otro que nunca
Y eso le ponía enfermo y débil. Ya no tenía ganas de levantarse por las mañanas, porque sabía que ella no estaría sentada a su lado en la mesa del desayuno.
Ya no tenía ganas de ir al colegio porque ella no le acompañaría.
Ya ni siquiera tenía ganas de entrenar.
Él sabía que ella no estaría en el dojo, había renunciado a pedirle que entrenara con él porque su prometida ni siquiera entrenaba ya.
Al parecer, incluso había renunciado de luchar, porque él ni siquiera la había visto en el dojo o en sus piedras. ¿A caso la habré perdido para siempre?
Pero esto era seguro esta noche iba a cambiar.
No importaba lo tarde que fuera, cuando ella llegara a casa hoy iba a encontrarla en su habitación y enfrentarse a ella.
Él tenía tantas preguntas.
Qué había estado haciendo todo este tiempo.
Qué estaba pensando con ella al no entrenar más, y por qué le estaba evitando.
Y
¡Sobre todo ¿QUIÉN DEMONIOS ERA ESTE LOCO QUE SE ATREVÍA A TOCAR A SU AMADA?
Él ya lo había pensado todo, quería hacerla sentir culpable de haber descuidado tanto todo aquí que le pidiera perdón a él por pura culpa, y prometerle que no volvería a ver la montaña de músculos de hace rato y en el futuro volverían a entrenar juntos en el dojo, cada uno por su lado por supuesto, él simplemente no quería y no podía hacerle daño, ella lo entendería.
Y después se ofrecería a ayudarla con algunas técnicas en las que no tendría que hacerle daño y ella le dedicaría una de sus sonrisas de mil vatios que sólo iban dirigidas a él. ¿Quizás debería besarla entonces?
Para cerrar el trato, claro. Sin egoísmo, por supuesto.
Si tan sólo no tuviera siempre esas dudas de sí mismo en el momento en que miraba esos labios lujuriosamente curvados.
Nunca había besado realmente a una chica, lo habían baboseado tantas veces contra su voluntad que ya no podía contar como un beso de verdad si él no devolvía el beso y sobre todo si le ponía enfermo, ¿verdad? Shampoo con su perfume asquerosamente dulce que apesta a kilómetros contra el viento, Kodachi con su enorme lengua monstruosa que te ataca como si fuera una ametralladora y Ukyo... bueno, no es agradable que te bese alguien que creías que era tu mejor amigo o incluso más como un hermano. Y luego estaba el despreciable Kuno o ese asqueroso Mikado... ¡no, no le gustaban los hombres, ni en su forma femenina ni mucho menos en su forma masculina! Así que temía meter la pata, que Akane sintiera el mismo asco que él sentía por todos los demás.
Tal vez apretara demasiado fuerte, moviera demasiado la lengua, qué pasaría si ella sintiera que se ahogaba en su saliva o, peor aún, si accidentalmente le arrancaba un diente con la dentadura.
Había tenido que escuchar historias de ese tipo por parte de sus amigos y sólo se había burlado de ellos, pero en su interior había empezado a dudar de si lo haría mejor. Pero, de nuevo, Akane no tenía experiencia en ese campo, así que ¿cómo podía emitir un juicio? ¡¿Y si ella y este tipo en la tarde?!
No, no eso no podía ser.
Ella no sería capaz. No le haría eso a él
Estaban comprometidos y Akane no era de las que te engañaban a sus espaldas.
Simplemente la confrontaría por todo. Esta noche y se juntarían para hablar y para recordarle su compromiso con él, y que ella sepa que el es su prometido.
Él hombre de su vida, que ella entendiera qué solo le pertenecía a el y a nadie más y mañana todo volvería a ser como hace doce meses, antes de la pelea de Saffron y antes de la boda, ¡como debería ser!
Pero el destino no fue benévolo con él -el destino con nombre de Nabiki Tendo- cuando por fin llegue a casa y había vuelto a llenarse el estómago hasta la barriga.
Él se dio cuenta de que Akane.
Ella ya tendría que estar en su habitación, porque Kasumi le había pedido a Nabiki que subiera a llevarle la pomada a su hermanita. Cuando Nabiki volvió a salir de la habitación de Akane y desapareció en la suya, él subió corriendo las escaleras y se detuvo nervioso y agitado frente a la puerta con el pato.
Espera un momento ¿para qué necesitaba ella un ungüento? ¿ a caso le había hecho daño ese bastardo de esta tarde?
Si él le había hecho daño en un pelo de la cabeza de su prometida, ¡ese canalla sólo podría quedarse inmóvil en la cama el resto de su miserable vida! Pero entonces todo el mundo aquí no estaría tan tranquilo, ¿verdad? Respiró tranquilamente unas cuantas veces y estaba a punto de agarrar el pomo de la puerta cuando Nabiki lo sobresaltó tanto que casi saltó por el techo.
"¡No te atrevas!". -le había gritado su futura cuñada, el hielo de su voz le hizo estremecerse.
Él la miró confundido.
"¿No atreverme a hacer qué?". -le había respondido con un susurro.
"Definitivamente no vas a entrar a verla ahora, vas a dejarla en paz y si te vuelvo a pillar en su puerta de nuevo así, que Dios se apiade de ti Saotome, ¡te arrepentirás el día que naciste quedo claro!".
"¿Por qué?". -él estaba demasiado asombrado al escuchar tales palabras de ella como para decir mucho más.
"¿Por qué? ¿Por qué? ¿POR QUÉ? Durante meses ella te importó un bledo... no le habías prestado atención estabas ahí divirtiendo de lo lindo con tus prometidas, y andabas coqueteando con esas tontas prometidas... y ocasionalmente duermes con ellas…. incluso te bañas con ellas y ahora estás aquí frente a su puerta, cubierto de maquillaje y lápiz labial y apestando a perfume barato que te revuelve el estómago y ahora quieres entrar a restregárselo en su cara a mi querida hermanita? ¡Ciertamente no Ranma, sobre mi cadáver! ¡Vuelve a tu habitación y mantente tan lejos de ella como puedas!".
Sus ojos no podían ser más grandes, sorprendido sería un decir por la situación en la que se encontraba.
Tragó saliva y se miró así mismo, ella tenía razón, parecía un montón de porquería, asquerosa, ¡pero todo lo demás estaba mal!
Y estaba a punto de protestar cuando.
"Ranma hijo realmente deberías irte ahora". -dijo su tío Soun en voz baja y con calma, pero con tanta firmeza y enojo que no pudo discutir con él.
Con una última mirada a los rostros endurecidos de los dos Tendos, se dirigió a su habitación.
Una vez allí, en su habitación un chico de la trenza se encontraba bastante afectado por la situación, los últimos meses la presencia constante de sus autoproclamadas prometida le molestaba tanto, pero lo que en realidad, lo tenía bastante irritado, era el comportamiento de Akane, y todos los miembros de la casa... era un hecho que no quería qué la viera, no querían que hablara con ella.
Él se miró en el espejo que había junto al armario de su habitación y lo que vio allí le produjo un frío en su columna vertebral. Nabiki tenía razón, ¿así era como quería mostrarse ante Akane?
La rabia se apoderó de mi, y también contra todas sus prometidas que lo perseguían constantemente. Y sobre todo contra sí mismo.
Que clase de hombre me he convertido debería pedirle a mí madre hacer cumplir el contrato Seppuku pará establecer mí honor de nuevo.
De un sólo puñetazo, rompió el espejo en mil pedazos. Estaba demasiado avergonzado de sí mismo, de verse, en que se había convertido y su cobardía... como para querer seguir mirándose en el espejo.
No podía irse a dormir así, primero tenía que lavarse toda la suciedad. Pero incluso bañado y recién vestido, probablemente no podría pegar ojo esa noche.
Continuará.
Muchas gracias por los comentarios que han dejado en esta historia, de la misma manera agradezco a los que le están dando like y follow.
Nos vemos hasta la próxima actualización.
