6. Librería

Unos golpes en la puerta del vagón despiertan a Aziraphale, sobresaltándolo.

Crowley bosteza y remolonea del otro lado mientras se abra la puerta y los estibadores de la estación, parpadean sin estar seguros de lo que están viendo.

Aziraphale asegura que saluda del mejor humor posible, pero habiendo dormido mal y siendo así de temprano la cantidad es más bien escasa.

Le dicen que los van a denunciar por polizones y que los van a meter en la cárcel.

Crowley los oye discutir al respecto sin prestar mucha atención mientras va a ocuparse de los caballos y de recoger las cosas, bostezando y dejando que el rubio se encargue de esa parte.

Aziraphale acaba por convencer a los chavales de pagar una multa, que nadie le ha dicho que tenga que pagar, pero está insistiendo, mientras aprieta los ojos porque él querría haber pagado un par de billetes y ya está.

Crowley piensa que, si él hubiera estado solo, se habría montado al caballo y se habría largado sin pagar ni mierda, pero le parece entretenida toda esta discusión porque los chicos no entienden lo que está pasando.

Cuando Aziraphale considera que ha pagado la cantidad correcta para la multa, se acerca a Crowley, que ya está sobre Bentley, y se monta en su propio caballo blanco.

Los chicos los miran un poco nerviosos, porque lo normal es que los polizones se suban a sus caballos y se larguen corriendo, no que paguen una "multa" que nadie les ha pedido, pero tampoco se van a quejar de que les den dinero.

—¿Y ahora? —pregunta Crowley mientras se dirigen hacia fuera siguiendo las vías para que igual no los vean cruzar la estación.

—¿Qué dirías de unas crepes? —le mira de reojo, sonriendo.

Le sonríe de vuelta a ello y asiente guiándole por la ciudad.

—¿Conoces este lugar? —pregunta el rubio mientras caminan por las calles.

—He venido un par de veces, pero todas las ciudades pesqueras son iguales —Crowley se encoge de hombros.

—Estoy un poco harto de este viaje que además no está dando resultados y solo me está costando un montón de dinero —suspira Aziraphale.

—Bueno, es que ese soborno a los chicos de la estación estaba un poco de más.

—¿Soborno? ¡No ha sido un soborno! —abre la boca cómicamente con esa idea.

—Ha parecido completamente un soborno al que insistías en llamar multa como una especie de… término relamido para señoritingos.

—Eufemismo—corrige.

—Llámale como quieras, sigue siendo un soborno.

—No, que un "término relamido para señoritingos" es un eufemismo. Y no fue un soborno, por Dios, ¿quién te has creído que soy?

—Ah, sí, que tú eres un ángel —Crowley pone los ojos en blanco—. O más bien un Archangel. Se te sale la genética por las costuras, Fell.

Aziraphale le fulmina con eso y mira alrededor a ver si encuentra un lugar que le guste y puede usarlo para cambiar de tema.

—La última vez que estuve aquí, en el viaje de venida, me dijeron que había una taberna del puerto en la que hacían cosas increíbles con las ostras… pero no tuve ocasión de probarlas —cambia de tema.

—¿Qué tanto se le puede hacer a una ostra? ¿No se les pone limón y ya?

—Pues… es bastante, deben ser muy frescas.

—Yo nunca he probado una, de todos modos —Crowley se encoge de hombros y Aziraphale abre la boca y levanta las cejas.

—Por favor, permíteme tentarte a probarlas esta noche —propone sonriendo.

Crowley le mira de reojito de manera un poco intensa. Aziraphale carraspea y se sonroja.

—Oh, ¡mira! — de nuevo cambia de tema el rubio, nervioso, señalando hacia un lugar en la calle—. ¡La Casa Francesa! No creo que haya un mejor lugar para tomar crepes aquí que ese —hacia ahí se dirige.

—F-Fell, no, espera —Crowley se le va detrás intentando pobremente detenerle, mirando el lugar, un edificio todo rojo con un montón de bombillas brillantes alrededor de una marquesina pintada en negro—. No es lo que tú piensas…

—Ah, mira… Además, se rentan cuartos por horas —comenta bajándose del caballo—. Creo que podríamos rentar un cuarto y lavarnos un poco ¿No te parece?

Crowley le mira de reojo, tragando saliva.

—Además a los caballos les irá bien descansar un poco en un establo como es debido y recuperar fuerzas —insiste.

El pelirrojo suspira y se baja también. Aziraphale sonríe y le tiende las riendas de su caballo, dispuesto a irse dentro mientras Crowley va a llevar los caballos al establo sin atreverse a decirle que clase de lugar es este.

Aziraphale entra, tan feliz y se dirige al mostrador donde hay un hombrecito pequeño ocupado con unos libros de cuentas.

Howdy, buen señor.

—Buenos días —le mira de reojito levantando un poco la cara.

—Quisiera un cuarto para mí y mi… —vacila, sonrojándose un poquito al plantearse por un instante qué decir. ¿Amigo? ¿Compañero? ¿Socio? No iba a decir por ahí que era amigo de un caza-recompensas, pero tampoco se sentía del todo cómodo con la palabra socio como cuando estaban en New Austin como si ahora alguien más pudiera contratarle e irse a trabajar para otra persona. Compañero le daba ciertas maripositas en el estómago, pero no necesariamente quería que el pelirrojo se hiciera ideas…

—Claro—le interrumpe el hombre sin dejarle terminar esa frase, acostumbrado a que este sea un problema incomodo recurrente. Se levanta yendo a buscar unas llaves y pasándole un libro—. Por favor, escriba aquí su nombre… Es solo una formalidad —asegura.

Pero ahí va Aziraphale a escribirlo debajo de una inquietante lista de "John Smith"s.

—Qué curioso, todos los clientes se llaman igual —comenta.

El hombrecito le mira y luego levanta una ceja al notar que sí ha escrito unas palabras distintas, así que o este señor tenía más imaginación que la media o era un completo imbécil. Se encoge de hombros y le tiende un solo juego de llaves.

Aziraphale lo ve y se muerde el labio, porque un solo juego implica un solo cuarto. Y a ver, no que no llevaran unos días durmiendo así… O sea, aun se acuerda de que en la montaña se despertaron hasta abrazados y muy convenientemente nunca hablaron del tema.

Podría decirle a Crowley que… no había más habitaciones disponibles. Incluso tal vez que así era mejor, ya que, si volvían a encontrarse a Sandalphon o a otro asesor de su tío, sería más seguro estar juntos en un solo cuarto. Además, así era más barato y ya habían tenido suficientes imprevistos en general en este viaje.

Toma el juego de llaves y traga saliva, porque sabe que esto no es lo que… esto es raro. No había ningún motivo real por el que querer compartir cuarto con el caza-recompensas y eso lo sabía hasta él.

Para ese momento es que Crowley entra con las bolsas y su planta, viéndose incómodo como si llevara la ropa interior metida en el culo. Sin querer mirar a nadie, escondiendo la cara y los ojos entre las gafas de sol y el sombrero, acercándose a Aziraphale como si pretendiera ser solo su sombra. Nunca ha estado aquí ni tampoco tiene nada que ver con él.

Aziraphale esconde el juego de llaves en su mano en una decisión precipitada y se vuelve al señor del mostrador.

—También necesito el alquiler de establo para dos caballos y si acaso ¿tienen servicio de lavandería?

—Sí, claro.

—Perfecto. He visto que tienen una cantina, ¿sirven crepes? —sigue.

—Eh… estoy casi seguro de que sí —responde el hombre mirando a Crowley de reojo y luego se vuelve a él, suponiendo que no van juntos—. ¿Puedo ayudarle, caballero?

—Ah… Uhm. Ngk —responde Crowley a eso y acaba mirando a Aziraphale y carraspeando mientras niega con la cabeza.

—Oh —el hombre frunce el ceño—. Dios los perdone —añade en un murmullito.

—Ehm… —Aziraphale vacila nervioso—. Gracias, a usted también —responde sin entender del todo y se dirige hacia las escaleras buscando el número de cuarto que pone en el llavero que le han dado.

Crowley toma aire profundamente y luego le sigue, aun arrastrando un poco los pies y pensando en lo que le ha dicho antes de las ostras… ¿Era una cita? No podía ser una cita, o sea, estaba claro que eran dos hombres y esto sería súper incómodo. Pero ¿por qué iba a importarle a este hombre si él había o no probado alguna vez las ostras? Sonaba completamente a que le estaba flirteando.

Aziraphale se pasa una mano por el pelo, nervioso, porque mentir se le da mal, pero… no había pedido otro cuarto al final. Ni siquiera estaba muy seguro de por qué. Tal vez debió haberlo hecho. Tal vez aun podía bajar y aclarar el malentendido.

Pasa de largo su piso mientas sigue pensando. Tendría que mantenerse firme en lo de que este arreglo era mejor por seguridad. Seguro Sandalphon y sus hombres a estas alturas ya se habían dado cuenta de que habían escapado en tren y estaban viniendo para aquí a por él.

Cuando llegan al último cuarto del último piso, Crowley frunce un poco el ceño y Aziraphale parpadea sin entender qué ha pasado.

—¿Qué es lo que haces, Fell?

—Ah, buscar el… ehm… número… —vacila.

—A ver, dame las llaves —pide.

—Ehm —vacila de nuevo, porque… llaves. En plural. Las saca igualmente, viendo que están en el segundo piso—. Uhm, vamos de vuelta abajo. Me he confundido.

—¿En qué estabas pensando?

—¡En nada! —chilla un poco, atrapado y ahí se va a las escaleras, corriendo hacia el cuarto correspondiente para que no le pregunte más.

Crowley le sigue, un poco confundido, pero prefiriendo no preguntar demasiado, hasta que nota a Aziraphale detenido en el pasillo con la boca abierta, frente a una puerta también abierta.

Se acerca a mirar dentro para notar el papel pintado rojo con motivos florales, una cama matrimonial bastante recargada, con doseles y un pequeño lavabo a un lado.

—Oh —comenta Crowley por encima de su hombro—. ¿Este es mi cuarto o el tuyo?

Aziraphale aún está azorado, sin reaccionar. Crowley decide pasar por su lado y meterse dentro. Deja las bolsas sobre un banco y la planta cerca de la ventana, yendo a sentarse en la cama a probar el colchón.

—En realidad parece bastante cómodo —asegura moviéndose y haciendo los sonidos característicos que hacen las camas a las que tienen las patas un poco sueltas por el uso.

—No, no, no. Una cosa es… ¡y otra es esto! —protesta finalmente el rubio porque él se imaginaba un cuarto con dos camas, no esto, ¡Por DIOS!

—¿Nos vemos en el bar en veinte minutos? —pregunta Crowley porque él aun piensa que ha pedido dos cuartos, quitándose las botas.

—Ahora… Ahora lo resuelvo —asegura el rubio dispuesto a irse abajo de nuevo porque ¡a saber qué se ha pensado este hombre de la recepción!

Crowley le mira de reojo salir y luego se encoge de hombros, tumbándose en la cama y suspirando. Mira el techo y se acaricia el estómago. Joder, está muerto de sueño, podría quedarse dormido un buen rato más en esta cama.

—¡Necesito otro cuarto! — Aziraphale llega a la recepción como un huracán.

—¿Qué? —pregunta el hombre de la recepción.

—No sé qué se ha creído usted, pero ¡Me ha dado un cuarto con una sola cama!

El hombre de la recepción inclina la cabeza sin entender. Aziraphale le mira en silencio, bastante sonrojado.

—Pues sí, para usted y su acompañante.

—¡Mi acompañante es otro hombre!

—Sí, de eso ya me he dado cuenta. No se crea que no he estado a punto de echarles por ello.

—No, pero es que no lo entiende…

—No, no lo hago, ni quiero entenderlo.

—Lo que necesito es un cuarto con… dos camas.

—No tenemos esa clase de cuartos.

—¿Cómo no van a tener de esa clase de cuartos? ¿Qué clase de hotel es este? —protesta. El hombrecito le mira con cara de circunstancias—. Hum… Bueno, pues quiero otro cuarto.

—No alquilamos a sodomitas.

La boca de Aziraphale se le queda abierta cómicamente y pasan unos instantes antes de que se recupere, parpadeando y cerrándola de nuevo.

—No soy un… ¡No soy eso! —chilla en una nota que tal vez podría haber roto un par de copas de cristal, pero nadie le está prestando atención.

Se queda ahí con un palmo de narices porque ¡no puede volver a subir y compartir el cuarto y la cama con Crowley! Y Además ahora este hombre le estaba llamando esta cosa tan… ¡horrible! Se vuelve al mostrador.

—Ya me ha alquilado un cuarto antes, ¿qué le cuesta alquilarme otro?

—Antes no sabía de sus perversiones.

—Pues ¡más motivo aun para alquilarme otro!

El hombrecito pone los ojos en blanco y ahí va a ponerle las llaves al rubio sobre el mostrador un poco molesto.

—Su amigo va a tener que bajar a firmar el libro —le mira a los ojos fijamente sin soltarlas.

—¿Q-Qué?

—Necesito su nombre para el registro —insiste—. Entonces les daré las llaves.

Aziraphale traga saliva porque eso implica que Crowley sepa que él no ha pedido los dos cuartos desde el principio y eso va a ser un problema, porque no tiene una explicación para ello.

Vacila un poco sin saber qué hacer. Quizás pueda convencerlo de marcharse a otro lugar después del desayuno. Quizás pueda lograr que no se entere de esto.

Tendría que irse al bar, esperar a que el pelirrojo baje y fingir que no lleva esperándole ahí desde entonces, si no que acaba de bajar de su cuarto y… ugh, es que no ha podido ni lavarse un poco.

A saber cuánto tardaba en bajar, además… va a ir a leer a la cantina y a acabar comiéndose las creps él solo porque Crowley se va a quedar durmiendo hasta casi medido día.

Así que ahí va el pelirrojo, habiendo dormido mejor, habiéndose bañado y fresco como una rosa, aun se atreve a bostezar un poco cuando se le sienta enfrente.

Aziraphale le fulmina porque además se le ha acabado el estúpido libro y querría otro distinto, no volver a leer este por estúpida enésima vez, pero no, claro, todo tenía que salirle mal y que se quedaran en Tumbleweed porque "podemos empezar a montar una biblioteca" imita a Crowley burlonamente en su mente. Pues más le valía que hubiera una librería en esta ciudad de mala muerte.

—¡Hey! —Saluda el pelirrojo, de buen humor y se va a ganar un gruñido de vuelta, que le hace parpadear un poco—. ¿Todo bien?

—No. Hay que irnos de aquí —resume.

—¿Por? ¿Has visto alguno de los hombres de tu tío? —pregunta mirando alrededor.

—¡No! Espero que tarden al menos un par de días en dar con nosotros, pero… —vacila porque no quiere decirle el motivo.

—¿Sabes por qué te están buscando, igualmente? —pregunta tomando una carta para ver qué pedir de desayuno.

—Creo que alguien debe haberle comentado sobre mis intenciones —suspira.

—Y debe haberle acojonado —sonríe de lado.

—No creo, nunca me ha considerado nada más que un inútil, debe saber bien que toda esta iniciativa es un despropósito.

—Uno no manda a gente a cruzar el país para detener a alguien que no cree que pueda conseguir al menos un poco. Algo debes estar haciendo bien.

—¿Tú crees?

—Oh, sí —se levanta yendo a la barra a pedir algo con tocino y luego regresa.

—De todos modos, come porque luego nos iremos a otro hotel.

—¿Ya te has enterado de que este es un burdel? —comenta divertido.

—¿Qué este es QUÉ? —levanta las cejas.

—Un burdel. Un hotel de paso… ya sabes —se encoge de hombros.

—¡Claro que no es un burdel! —frunce el ceño.

—Oh, no lo sabías y te he estropeado la sorpresa —hace un pequeño mohín.

—¡Claro que no lo sabía! ¡Porque no lo es!

—Bueno, ahora no lo parece porque son como las doce del mediodía, pero ya verás en la noche como vendrán las chicas —sonríe apoyando el codo en el respaldo de la silla y el otro en la mesa, dando golpecitos con los dedos sobre esta.

—Pero ¿de qué hablas? —protesta y Crowley le mira por encima de las gafas con cara de circunstancias—. E-En serio aquí viene la gente a… oh —se lamenta, porque entonces el asunto de la sodomía es aún PEOR.

—Pero venga, es un lugar limpio y cómodo. Supongo que no pretendes acostarte con nadie. ¿O sí?

Aziraphale se sonroja bastante más con eso con la palabra Sodomía resonando en su cerebro.

—Digo… ¿Tenemos presupuesto para eso? —le mira de reojo y luego aparta la mirada.

—¡Por supuesto que no pienso pagarte una bordiona! —exclama indignado.

—Pues no me refería a eso necesariamente —se defiende suponiendo que esa es alguna palabra remilgada para decir puta, pensando que ya se imagina que no le va a pagar a ÉL esto mientras le traen su plato, al que se dispone a echarle picante de su botecito como su particular ritual.

Aziraphale parpadea un par de veces porque si no se refería a eso ¿a qué se refería entonces? Se espera por el bien del efecto cómico a que Crowley esté bebiendo de su cerveza para decirle…

—No estarás haciéndome propuestas indecentes.

Crowley escupe su cerveza y se ahoga con el líquido subiéndole por la nariz, tosiendo un poco con ese asunto. Le cuesta un poco recuperarse y respirar de manera normal nuevamente, mirándole a los ojos.

—De todos modos, aún más motivos para irnos de este lugar —añade nervioso Aziraphale, cruzándose de brazos y apartando la cara.

—U-uhm… —vacila y decide mejor seguirle el rollo porque esa insinuación ha sido un poco inquietante—. ¿Por? No decías que los caballos y no sé qué de la lavandería.

—Pues sí, pero no me parece buena idea que nos alojemos en un lupanar —le mira de reojo.

—¿Qué había chinches en tu cama o qué?

—Ehm… —vacila y vuelve a sonrojarse. Crowley entrecierra un poco los ojos, pero el rubio sigue vacilando.

—Venga, Fell, suéltalo.

—Es que no… es que… Ugh —protesta porque aún le da vergüenza confesar lo de un solo cuarto—. Solo no me parece buena idea.

—Uhm… ¿Cuál es el plan de hoy? ¿Quieres ir… al banco también aquí o qué?

—P-Pues… tal vez. Y habría que ir a comprar algunas cosas… —como un libro nuevo.

—Entonces no pierdas el tiempo en eso. Solo no metas a alguien en tu cuarto y entonces ya no será un burdel —se encoge de hombros.

—Aunque… hasta nuestro señor descansó al séptimo día.

—¿Me estás pidiendo permiso para hacer vacaciones? —sonríe de ladito—. Pensaba que los burgueses eran los especialistas en eso.

—No te estoy pidiendo permiso —sentencia.

—Bien, vacaciones entonces… Aun así, creo que no hace falta cambiar de alojamiento. ¿Qué te apetece hacer en tu día de vacaciones? —aparta el plato que ya se ha embutido en la garganta desesperadamente y se apoya en la mesa, mirándole y moviéndose un poco de lado a lado.

Aziraphale sonríe con eso.

—¿Crees que este lugar sea lo bastante grande para que haya una librería? —le mira esperanzado.

—Es… posible —valora porque la verdad, no está muy seguro de ello, pero quién sabe.

—¿Por qué no me acompañas a pasear y… a ver si la encontramos? —propone y Crowley hace un gesto para que vaya delante, sonriendo.

Ahí se levanta el rubio, con el otro detrás y cuando pasan por la recepción es que el hombrecito les para.

—Señor Fell, ¿va a querer el segundo cuarto o no?

Aziraphale aprieta los ojos con eso y Crowley levanta las cejas mirándole de reojo.

—U-Uhm… S-sí —responde el rubio levantando la barbilla y sin mirar a Crowley, acercándose al mostrador.

—Bien —le tiende el libro de registro. El rubio aprieta un poco los ojos.

—T-Tienes que firmar tú —explica al aire sin mirar al pelirrojo, que se acerca.

—¿Yo? ¿Por?

—Pues no lo sé, pregúntale a este señor… —le señala.

—Pues porque para añadir un segundo cuarto se requiere una segunda firma —explica este.

—¿No se pidieron dos cuartos desde el principio? —pregunta Crowley igual tomando la pluma y luego mirando de reojo a Aziraphale que se sonroja más y aparta la cara.

—¿Puedes firmar ya para que podamos irnos de una vez? —insiste, riñéndole un poco.

—Claro —sonríe de lado notando que esto le incomoda y ahí escribe John Smith... Luego nota que el nombre sobre él mismo es "Aziraphale Fell" y piensa que como venga alguien a preguntar va a ser puto obvio donde están. Hace algún rayote sobre las letras de Aziraphale sin saber cómo modificarlas para que se entienda otra palabra, porque cielos con el nombrecito y luego le añade algunas letras detrás de Fell hasta que queda "Bellington". Luego el tiende el libro y la pluma al hombre del hotel.

Para entonces, Aziraphale ya está en la calle, así que el señor del mostrador le da el otro juego de llaves a Crowley, que hace un gesto de saludo después de ponerse el sombrero. Luego se dirige hacia fuera.

—Entonces… —comenta sonriendo de ladito al plantarse junto al rubio.

—Ni lo menciones —replica este sonrojándose y empezando a andar calle abajo, haciendo sonreír un poco al otro.

—Solo digo… —levanta las manos en señal de rendición, siguiéndole.

—Pensé que habría dos camas —se defiende.

—Dos camas —repite.

—Un solo cuarto es más barato. ¡Y más seguro en caso de que venga Sandalphon y sus hombres otra vez! —exclama aun sin mirarle.

Crowley carraspea un poco porque eso es cierto y… a lo mejor se está haciendo unas ideas que no son con todo esto. Aprieta los ojos, un poco incómodo ahora con esto.

¿Por qué iba a hacerle gracia que hubiera querido compartir el cuarto? No tiene ningún sentido. Es como antes, que ha pensado que lo de la cena era una cita. O lo de que quiera pasar con él el día de vacaciones en vez de simplemente decirle que se ven mañana al atardecer en un punto X de la ciudad.

Definitivamente tiene que dejar de hacerse estas ideas.

Aziraphale se muerde el labio y le mira de reojo porque… aún no sabe por qué sí hubiera preferido compartir el cuarto. O sea, disfruta un poco de la compañía de este hombre, es cierto que es molesto e irritante y sarcástico todo el tiempo y parece disfrutar en exceso de burlarse de él, pero también parece bastante bueno y listo… y hace bromas que le hacen gracia y… siente que quiere hablar más con él todo el tiempo.

Si hubieran compartido cuarto hubieran podido hablar hasta quedarse dormidos o algo así y él no se hubiera sentido tan solo en el mundo, más aún ahora que Muriel ya no estaba.

—Entonces… Supongo que el asunto de las prostitutas queda a criterio de cada uno, con dos cuartos —propone Crowley y la verdad, Aziraphale le mira de manera entre fulminante y desconsolada.

—E-Eso supongo —suspira y se mira las manos, de menos buen humor. Crowley traga saliva con esa actitud tan triste.

—¿Cuánto hace que no…? —pregunta intentando igualmente quitarse de la cabeza esta idea.

—¿Qué? —le mira de reojo.

—Pues, ya sabes. Te… acuestas con alguien —hace un gesto con la mano sin mirarle.

—¡Crowley! —le riñe sonrojándose de nuevo, apretando los ojos—. Eso es absolutamente íntimo y no pienso responderlo.

—¡Pensaba que éramos amigos! —se defiende.

—¡No tanto! —chilla de vuelta y Crowley suspira, metiéndose las manos en los bolsillos y rindiéndose.

Aziraphale vacila mirándole de reojo mientras siguen caminando en silencio y se humedece los labios porque a pesar de que no quiere decirle, sí le da curiosidad saber si él… Aunque ya se imagina que debe tener algunas prostitutas medio enamoradas en cada pueblo de New Austin como los piratas de sus libros tienen una amante en cada puerto.

Algunas herederas de ranchos y las hijas de artesanos, chicas todas voluptuosas con generosos escotes, faldas cortas y actitudes desenfadadas. Ugh. Y con esto que había preguntado seguro que esta noche se encontraba a una o dos para esto también mientras él se va a su estúpido cuarto a leer de nuevo estúpido Hamlet.

—¿Estás recordando la última vez que te acostaste con alguien? —pregunta Crowley sacándole de sus pensamientos.

—¿Qué? ¡Claro que no! —protesta sonrojándose atrapado, porque estaba pensando en él.

—Pues es que estabas así como zone out —explica.

—Estaba… ¡pensando en otra cosa!

—¿En qué?

—Eso… tampoco es de tu incumbencia —vuelve a protestar.

—No sé para qué quieres que venga contigo si no planeas hablarme o contestar a ninguna de mis preguntas —protesta de vuelta, mirando el suelo y pateando una piedra.

Aziraphale aprieta los ojos con eso porque tiene razón.

—El… hombre del hotel me ha llamado sodomita —declara.

—¿Qué? —parpadea sin esperarse eso.

—Sodomita —repite y cruza la calle porque le parece que han llegado a una librería efectivamente, sonriendo un poco.

Crowley se queda congelado en el sitio unos instantes intentando absorber esa información y luego se va tras él.

Aziraphale se mueve por el establecimiento, que solo tiene como tres estantes como un niño en una tienda de golosinas.

Crowley le mira de reojo y piensa en si en algún lado habrá un diccionario donde hacer una pequeña consulta de nada, solo un momento, por si las dudas. Ejem.

Mira alrededor como si no pudiera estar menos interesado en todo esto y cuando encuentra los diccionarios se para ahí delante como quien no quiere la cosa. Es que aquí es donde da mejor el aire del ventilador, ¿vale?

Aun así, no deja de mirar a Aziraphale de reojo, que está mareando con preguntas al tendero. Preguntas que ni siquiera está escuchando.

Vuelve a mirar a los diccionarios y elije uno con la rapidez y pericia digna de un ladrón. Luego les da la espalda a los otros dos pasando hojas arriba y abajo como loco.

Sodomita: 1. adj. Natural de Sodoma, lugar bíblico. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo a Sodoma o a los sodomitas.

3. adj. Que practica la sodomía. U. t. c. s. m.

SuPutaMadreConEstosLibrosQueNoPuedenHacerleLaVidanFácilAUno.

Sodomía: Del lat. tardío sodomīa, y este der. de Sodŏma 'Sodoma', ciudad que, según la Biblia, fue destruida por Dios a causa de la depravación de sus habitantes.

1. f. Práctica del coito anal.

Parpadeo. Parpadeo. Parpadeo. Páginas hacia atrás.

Coito: Del lat. coĭtus. 1. m. Cópula sexual.

Se sonroja un poco, pero… solo por estar seguros SEGUROS. Páginas adelante.

Cópula: Del lat. copŭla.

1. f. Atadura, ligamiento de algo con otra cosa.

2. f. Acción de copular.

3. f. Gram. verbo copulativo.

4. f. Gram. conjunción copulativa.

Copular: Del lat. copulāre 'unir, juntar'.

1. intr. Unirse o juntarse sexualmente. U. t. c. prnl.

2. tr. desus. Juntar o unir algo con otra cosa.

Cierra el libro con un golpe seco y se lleva una mano a la boca con los ojos muy abiertos.

—¿Estás bien, querido? —le pregunta Aziraphale a su espalda y ese querido se le clava como una daga en el cerebro con lo que acaba de leer, se gira a mirarle con los ojos muy abiertos y la mano aun sobre la boca como si le acabara de decir:

"¿Quieres copular (del latín copulare) como un coito sexual, (del latín coitus) al estilo sodomita, (del latín tardío de la ciudad de Sodoma), que es analmente, que seguro podrías comprobarlo también en el diccionario, pero estoy casi seguro de que significa por el culo… aquí mismo, querido?"

—¿Crowley? —Aziraphale insiste al notar que no hay respuesta.

—A-Anal —es lo único que es capaz de responder y luego se tapa la boca con las manos.

—¿Qué? —El rubio inclina la cabeza sin estar seguro de lo que ha oído.

—Q-Que… no puedes llevar más de un libro —cambia de tema consiguiendo conectar su neurona.

—Aziraphale es fuerte… —inclina la cabeza y saca un poquito el labio.

—No caben en las alforjas —aprieta los ojos.

—Bueno, puedo llevar yo uno y otro tú —sonríe.

—¿Para qué quiero yo un libro? —parpadea.

—Para cambiármelo cuando yo acabe de leer el mío —asegura y Crowley bufa, porque de hecho ya lleva uno, pero no puede decírselo.

—Pero ¿qué tantos libros hay aquí que no hayas leído? —pregunta el pelirrojo.

—Aunque es muy halagador de tu parte que pienses que he leído todos los libros que puede haber en un sitio como este, es una percepción errónea.

—Aun así, no querrás pasarte de listo, ¿no, Fell?

—Está bien, dos libros —decide el rubio como si acaso hubiera habido algún tipo de negociación real y Crowley suspira como si acaso tuviera alguna opción a decir que no.

Ahí va el de blanco a intentar elegir… Lo que el caza-recompensas pensaba que iban a ser un par de minutos en lo que pagaba, se convierten en como cuarenta y cinco minutos más de "pero es que este lo han recomendado mucho" "Este es de un autor que me gusta mucho y no sabía que lo habían publicado" "¿Y este? Es que se ve tan entretenido" "¿Qué te parece más interesante? ¿Piratas o Caballeros?"

—Caballeros —asegura Crowley, prácticamente sentado en el suelo y con las botas en alto porque estar aquí es ABURRIDO. Aziraphale arruga la nariz con esa respuesta.

—El de Piratas será —asegura el rubio, haciendo a Crowley poner los ojos en blanco.

—Pues el que sea, ¡pero elige ya! —protesta el otro.

—Es que estoy entre estos porque el de piratas creo que ya he leí hace poco uno muy parecido de camino aquí, pero este parece que ha ganado un premio literario —abre uno de ellos a ver si hay publicado un resumen en el interior y Crowley se levanta del suelo y se le acerca.

Aziraphale le mira y se muerde el labio.

—Nos llevaremos estos dos —sentencia el pelirrojo tomando dos al azar y acercándose al librero para dárselos.

—No ¡Espera! E-Este mejor —el rubio le cambia uno de ellos por otro.

—¿Seguro?

—Es que… No, espera, mejor… —vuelve a vacilar con un cuarto.

—¿Cuál es el más indecente? —le pregunta Crowley al librero.

—¿Qué? —protesta Aziraphale sonrojándose con eso y el hombre le mira un poco confundido también.

—¿Cuál de todos estos libros es el más indecente? —repite Crowley para el librero.

El librero mira los libros que hay por ahí que ha sacado Aziraphale y elige otro, tendiéndoselo a Crowley.

—Bien, será este y ese entonces —asegura el pelirrojo eligiendo el que Aziraphale no ha intercambiado y el indecente, mientras saca dinero de la bolsa que lleva en el cinto.

El rubio le mira con la boca abierta, aun sin poder creerse lo que hace. Él NUNCA se hubiera atrevido a comprar ese libro. Pero claro, si se lo regala y además puede quejarse de él infinitamente…

Crowley acaba la transacción sonriendo para el tipo de la librería con una pequeña inclinación de la cabeza y luego le da los libros a Aziraphale. Que los abraza contra su cuerpo mirando el suelo y saliendo de la librería delante, corriendo un poquito con pasitos cortos mientras Crowley le sigue tan tranquilo.

—No puedo creer que hayas comprado este libro —aun no le mira.

—¿Por? ¿De qué va? —camina a su lado.

—De… ehm. D-de…—se sonroja más sin ser capaz de decirlo.

—¿Lo vas a leer a escondidas? —le mira de reojo y sonríe un poco con esa reacción.

—¡No debiste comprar este! —protesta apretando los ojos.

—Aún podemos devolverlo —hace una seña con el pulgar.

—Ay, no seas ridículo. No vamos a volver hasta allí a molestar a ese hombre que está ocupado trabajando solo porque has tomado una obvia mala decisión súper impulsiva—replica levantando la nariz.

Crowley levanta las cejas porque no se han alejado ni un par de casas y la verdad parecía que ellos habían sido los únicos clientes del día, pero… vale.

—Entonces… ¿bajamos al puerto a ver el lago al atardecer y a tomar algo en una taberna? —propone encogiéndose de hombros.

Aziraphale le mira de reojo con eso y se le escapa la sonrisa sin poder evitarlo porque parece un plan PERFECTO.

Crowley sonríe un poquito también con esa sonrisa del otro sin darse cuenta.