Después de ese día, Mackenzie volvió a su casa con el fin de terminar de vestirse para su boda, y estaba ansioso por saber quién era la persona que lo iba a casar con Bluey, eso lo preocupó un poco. Tal vez era alguien que solo conocía a Coco, pero ellos no. Esa era la duda de Mackenzie y Bluey, pero era mejor confiar en su amiga de la infancia. Bluey por su parte, estaba que no cabía de la felicidad de unir su vida al Border Collie con el que creía desde su infancia hasta ahora su adultez.
—Bluey, contrólate, pareces loca de telenovela mexicana —exclamó Bingo que tenía enfrente una Bluey que se la comían los nervios.
—No puedo estar tranquila, todo tiene que salir bien, ni siquiera sabemos quién es la persona que va a oficializar la boda, y…
—Bluey, basta, no tiene que ser perfecto, te aseguro que Mackenzie también está paranoico por todo lo que pueda pasar en este día —interrumpió Bingo a su hermana al verla perder los estribos.
La Blue Heeler experimentó una sensación de tranquilidad al escuchar a su hermana darle ese comentario. Sin embargo, a diferencia de ella, Mackenzie se retiró de la bañera observando en su cama su atuendo de novio. No obstante, en contraste, Rad y Frisky, quienes solo utilizaron un velo de novia, optaron por una alternativa más, "conservadora" para el día más evocativo de su existencia. Aunque ellos no eran muy tradicionales, por petición de Bluey se casaría como sus padres se habían casado. Por parte del Border Collie no se opuso a la petición de su novia, en cambio, aceptó a casarse con ella, incluso sin traje alguno.
—Hoy será el día en el que la familia Border Heeler nacerá y crecerá —dijo Mackenzie tomando sus calzoncillos.
Después de unos minutos, Mackenzie revisó que todo estaba bien en su traje a través del espejo. Estaba feliz de unir su vida con la chica que más amaba, aunque no sabías de su estado de ánimo. Tenía la certeza de que ella no estaba del todo tranquila. Sabías cómo era Bluey con este tipo de eventos.
—Espero que se lo tome con calma, esto puede ser estresante para ella.
Mackenzie tomó las llaves de su hogar junto a las llaves de su vehículo que era un Tesla Model Y color blanco, en este un arreglo floral con un listón que decía: Matrimonio Border Heeler. El Border Collie entró al vehículo encendiendo el motor para hacerlo correr por las calles con dirección a la casa de los Heelers. Bluey con tranquilidad, se veía en el espejo. Feliz dio media vuelta para terminar con una risa, las preocupaciones se fueron, solo era un ataque de nervios por unir su vida a la de Mackenzie. El Border Collie fue guiado por Bingo, aunque era extraño cómo lo tomó de la mano, pues Bingo era algo ruda, Mack sabía que algo no estaba bien con ella.
—¿Bingo? —indagó haciendo que la chica se detuviera allí.
—¿Sí, Mackenzie? —respondió soltando la mano de Mackenzie.
—¿Tienes miedo de quedarte sola?
Aquellas palabras hicieron que el ambiente se volviera hostil y frío. La Red Heeler no tenía a dónde correr, era la verdad, siempre estaba con Bluey y ahora que se iba a casar con Mackenzie, la hacía sentirse sola. Agachó la cabeza para esconder su rostro de su cuñado.
—Sí, aunque no quiero tampoco que Bluey esté obligada a quedarse aquí por siempre —lagrimeó teniendo su mirada en el suelo.
—Bingo… —susurró—. No tienes por preocuparte por eso, Bluey puede venir a velos siempre, y si no le es posible, sabes dónde encontrarla.
—¿Qué no se irá a Nueva Zelanda?
Mackenzie abrió los ojos, él no tenía nada que ver con él, era algo que él no tenía en mente.
—Bingo, en realidad yo no sé quién te dijo eso, pero no es verdad, en realidad vamos a estar cerca de ustedes, puedes visitarnos cuentas veces si quieras. —Mackenzie con su mano levantó la mirada de Bingo para tener su atención puesta en él—. Además, mis hijos van a necesitar a su tía Bingo para jugar y quién sabe, tal vez prefieras estar sola.
—Ja, ja, ja, Border Collie loco, por eso me caes tan bien —río Bingo a carcajadas.
Bingo llevó a Mackenzie al altar: unos minutos más la música nupcial comenzó a hacerse presente. En el lugar, Mackenzie desde la entrada vio a su amada Heeler con una sonrisa, estaba feliz de verlo. La persona que los iba a casar estaba siendo ignorada por los dos novios, solo tenían ojos ellos. Durante el camino los cachorros de Rad y Frisky iban tirando los pétalos para hacer caminar por el cual caminaba Bluey, estaba feliz, en su camino solo era llegar hasta su amor de la infancia. Cuando los dos estaban enfrente el uno del otro, la ceremonia comenzó, ellos miraron al sacerdote y juez que Coco mencionó el otro día.
—¡Winston!
Ambos estaban sorprendidos, no podían creer que su amigo de la infancia era sacerdote y juez. Era curioso verlo otra vez, no se sabía nada de él hasta ahora.
—Buenas noches, a todos, estamos aquí reunidos para unir a estos dos jóvenes en sagrado matrimonio —dijo Winston, sonriendo feliz de que lo que había dicho hace trece años se había cumplido—. Bien, es hora de hablar con los novios.
Bluey y mackenzie tenían toda su atención en el Bulldog que conocían desde la niñez.
—Bluey Heeler, ¿aceptas a este Border Collie para amarlo en la salud y en la enfermada, en la abundancia y en la sequía, por el resto de tu vida esta que la muerte los separe? —preguntó Winston con la mirada puesta en los ojos de Bluey, la Heeler estaba nerviosa, más tenía bien su respuesta—. Sí acepto. —Winston guio su mirada hacia el Border Collie que tenía a su izquierda—. Mackenzie Border Collie, ¿aceptas a esta Blue Heeler para amarla en la salud y en la enfermada, en la abundancia y en la sequía, por el resto de tu vida esta que la muerte los separe? —Mackenzie sonrió sin ninguna duda acepto—. Acepto.
—Entonces, yo los declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.
