Capitulo 2
—Concuerdo contigo —responde Draco con una media sonrisa—. Bueno, al parecer funciona bien. Entonces, te concedo los honores, Granger, dado que el efecto es quizá de aproximadamente una hora, ya que lo dividimos entre los dos.
En la mente de Hermione todo era un caos, no sabía cómo empezar a hacer preguntas. ¿Cómo es que había estado de acuerdo con este juego? ¿Por qué el Malfoy de ahora se sentía tan diferente, pero a la vez más real que nunca? ¿Qué podría preguntarle?
—Granger, por favor, empieza de una vez —dice Draco exasperado después de unos minutos de silencio—. Recuerda que el efecto va a durar quizás una hora. Además, puedo escuchar tus pensamientos desde aquí —. Eso último lo dice con cierta burla.
—Está bien, ya preguntaré cualquier cosa —responde ella, un poco molesta por el hecho de que, a pesar de no ser amigos, la conozca tan bien—. ¿Por qué me odias? —preguntó Hermione finalmente, intentando mantener su tono neutral, aunque sabía que su pregunta había salido cargada de emoción.
—Ouch, Granger, siempre con las preguntas crueles —respondió Draco con un tono de burla, pero sus ojos reflejaban algo distinto, como si la pregunta realmente le hubiera golpeado.
Hermione cruzó los brazos, esperando una respuesta, pero Draco simplemente la miró por unos segundos, como si estuviera debatiéndose internamente.
—No te odio —dijo finalmente, en un tono tan bajo que Hermione apenas pudo escucharlo.
—¿Qué? —preguntó, sorprendida.
—No te odio —repitió, esta vez más claro, aunque su expresión ahora estaba más seria—. Bueno, al menos sé que lo que sentía por ti no era odio, sino celos y enojo por la constante recordatoria de que una hija de muggles es mejor que yo. Pero eso ya quedó en el pasado —dijo, volviendo su mirada a los estantes frente a ellos.
Hermione se quedó callada, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Antes de que pudiera articular una nueva pregunta, Draco continuó.
—Ahora es mi turno, ¿no? —dijo, arqueando una ceja con cierta picardía.
—Sí, supongo —contestó Hermione, un poco a la defensiva.
—¿Por qué siempre creíste que eras mejor que yo? —disparó Draco, con una media sonrisa, aunque había un dejo de verdadera curiosidad en su voz.
—¿Qué? ¡Nunca pensé eso! —protestó Hermione, claramente ofendida.
—Claro que sí, Granger. —Draco inclinó la cabeza hacia un lado, estudiándola—. Tus ojos siempre lo decían, especialmente en tercer año. Esa mirada de "mírenme, soy mejor que tú porque saqué las notas más altas en todo".
—Eso no es justo, Malfoy —dijo Hermione, frunciendo el ceño—. Yo solo quería demostrar que podía hacerlo, que era igual de capaz que cualquiera, a pesar de que soy una hija de muggles, una sangre...
—No lo digas —dijo él con rabia, sobresaltando a Hermione—. Por favor, no te llames así.
Hermione guardó silencio mientras lo observaba. ¿Por qué se molestó tanto que me llamara así si él me llamaba de esa forma constantemente desde segundo año?
—Tu turno —dijo finalmente Draco, sacándola de sus pensamientos.
—¿Por qué siempre me retas en clase? —preguntó de repente, entendiendo que no es el momento correcto para hacer esa otra pregunta.
Draco soltó una risa inesperada, rompiendo un poco la tensión.
—Porque es divertido verte molesta. —Sonrió, pero había algo más suave en sus ojos esta vez—. Y porque eres la única que realmente puede ganarme. Lo odio y me encanta al mismo tiempo.
Hermione no pudo evitar soltar una pequeña carcajada ante su honestidad. Pero aún había una pregunta que no podía ignorar, aunque sabía que debía esperar el momento adecuado.
—Ok, Granger, suficiente con lo serio. Ahora, algo más personal. ¿Cuál es tu recuerdo favorito de la infancia?
—Mi recuerdo favorito... —Hermione guardó silencio, pensando en cuál podría ser el más especial—. Cuando leí mi primer libro sin ayuda. Tenía cinco años y era la historia de un robot que iba a un mundo tan lleno de oro que nunca se hacía de noche. —Los ojos de Hermione tenían un brillo lleno de nostalgia que Draco pudo notar—. ¿Cuál es el tuyo, Malfoy?
—Tengo varios, pero mi favorito fue cuando monté mi primera escoba a los cuatro. —Había una gran sonrisa en el rostro de Draco—. Ese día era soleado de verano y me escabullí en la oficina de mi padre, tomé esa escoba que él usaba de niño y fui al jardín a volarla. Después de varios intentos logré volar unos metros sobre el suelo. En ese momento, mis padres salieron al verme y, aunque mi madre estaba preocupada, podía notar el orgullo en su rostro de que su hijo pudiera volar una escoba. —Hermione lo miraba con detalle porque la voz de Draco estaba llena de alegría y orgullo—. Fue la primera y quizás la única vez que he visto a mi padre estar tan orgulloso de mí.
Hermione guardó silencio. La primera y quizás la única vez que su padre había estado orgulloso de él. Ahora que lo notaba, Draco, en este poco tiempo compartido, había hablado de su madre, pero casi nada de su padre. Sabía que algo en la relación con su padre se había roto desde el verano pasado, pero dado que ella tenía parte de culpa por su arresto, prefirió guardar silencio.
—Si no hubieras terminado en Slytherin, ¿en qué casa crees que estarías? —preguntó Hermione con una mirada curiosa, cambiando de tema después de un largo silencio.
—Slytherin, obviamente —su sonrisa reflejaba el orgullo por estar en su casa y sonrió al ver el puchero de disgusto de Hermione—. Aunque, si tuviera que elegir otra, tal vez Ravenclaw. Por lo que te he dicho, sabes bien que el conocimiento es algo que me atrae. ¿Y tú?
—Probablemente Ravenclaw —respondió Hermione después de pensarlo por unos segundos—. Siempre he tenido esa pasión por aprender. Pero, sinceramente, no puedo imaginarme en ningún otro lugar que no sea Gryffindor.
—Concuerdo contigo —añadió Draco.
—Nunca pensé que dirías eso hasta ahora que estamos pasando algo de tiempo juntos —dijo Hermione con una sonrisa en su rostro.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí, Granger —dijo Draco, volviendo su rostro al frente mientras ella asentía.
—Tal vez deberíamos haber tenido esta conversación antes —dijo ella finalmente, con una media sonrisa.
—Tal vez —admitió Draco con un leve encogimiento de hombros—, pero creo que nos hubiéramos echado maleficios antes de siquiera decir "Hola."
Hermione no pudo evitar reírse. Tenía razón. Si alguien le hubiera dicho un año atrás que estaría sentada en una biblioteca teniendo una conversación tranquila y profunda con Draco Malfoy, jamás lo habría creído.
—Bien, mi turno otra vez —dijo él, mirándola fijamente—. Si pudieras cambiar una sola cosa en tu vida, ¿cuál sería?
Hermione se quedó pensativa, no era la primera vez que escuchaba esa pregunta, pero por algún motivo siempre llegaba a la misma conclusión en su cabeza y sabía que quizás podría molestarle.
—¿Solo una? —murmuró mientras sus manos sostenían con fuerza el libro.
—Sí, solo una —confirmó Draco.
—Que la palabra "sangre sucia" no me afectara tanto —dijo ella, con tristeza en sus palabras y Draco pudo ver como sus ojos se llenaban de lágrimas.
Draco maldijo entre sus adentros sintiéndose miserable porque ahora entendía que Hermione había llorado más de una vez por su culpa. Que esa palabra que decía con un aire de celos escondidos de odio, no hizo más que entristecer el corazón de Hermione. Aprete los puños con tanta fuerza que sus nudillos quedaron pálidos.
—Era un idiota que no entendía el concepto de las palabras —dijo Draco con un tono de remordimiento que sorprendió a la joven—. Si pudiera cambiar algo, sería el hecho de haber medido mis palabras.
—No fue tu culpa. Tus creencias te decían que eso era lo correcto. Así que... ¿no crees en la pureza de la sangre? Por eso te molestaste que usara esas palabras —preguntó Hermione con cierto temor, decidiendo no repetir las palabras "sangre sucia".
—Dejé de creer en ello desde cuarto grado. Y sí, me molesta bastante que uses esa palabra para describirte —respondió Malfoy, con la mirada fija en los libros del estante que estaba frente a ellos, sin notar la expresión de alivio y asombro en el rostro de Hermione—. Además, tu dejaste en claro que la sangre no sirve sino para mantenernos vivos no darnos estatus.
—¿Por qué dices eso? —preguntó sorprendida.
—Porque una hija de muggles como tú les ha mostrado a muchos que la sangre, al final, es escarlata para todos y que un gran mago puede venir de cualquier lado —Draco se reprendió por haber bebido la poción minutos atrás y abrirse con ella de ese modo —. ¡Oye! Eso fueron dos preguntas. Así que, en cualquier momento, voy a hacer dos preguntas a ti también.
—Está bien —dijo ella con una sonrisa después de las palabras de Draco.
—Por cierto, Granger —ella lo observó curiosa—. Mi madre tampoco creía del todo en la pureza de la sangre; fue más algo inculcado a la fuerza. Al menos ya no creen en ello, al igual que yo. Perder a una hermana y tener otra en la locura te hace pensar dos veces si lo que crees es lo correcto o no.
Hermione se quedó en silencio por unos segundos, observando a Draco con curiosidad. Sin decir más, dirigió su mirada al libro en sus manos. Había algo en su tono, en la forma en que hablaba, que le hacía sentir que estaba descubriendo a una persona completamente distinta. Ahora entendía un poco al Draco de ahora, uno que había visto la oscuridad, y por muy raro que sonara, esta versión de él le causaba curiosidad y deseaba conocerlo más (sin saber el horrible destino que él cargaba en sus hombros).
—¿Por qué pasas tanto tiempo en la biblioteca? —preguntó Draco, que, a diferencia de Hermione, no quería ser tan directo porque empezaba a disfrutar del juego. Era una forma de saber más sobre ella—. No digas que no, que, siendo perfecto, te he visto en esa biblioteca más tiempo del que deberías.
—Es simple, los demás de mis amigos juegan Quidditch, y en sus entrenamientos prefiero pasarlos con Luna o en la biblioteca, que en las gradas viendo cómo sus admiradores los animan —Hermione tiene un rostro de fastidio que Draco no pasa por alto—. Y porque es uno de los pocos lugares donde me siento cómoda y puedo ser yo misma, aparte de cuando estoy con mis dos mejores amigas.
—La lunática —Hermione le muestra una mirada fría que hace que Draco piense mejor lo que dirá—. Lo que quiero decir es que, aparte de la chica de Ravenclaw cuyo apellido no recuerdo y no haré memoria en este momento —Hermione no puede evitar sonreír—, la otra persona que es tu amiga debe ser la Weasley que va en quinto.
—Sí, ellas son las únicas personas a las que no les molesta que sea la sabelotodo Granger. Además, pasar tiempo en la biblioteca me permite saciar mi sed de conocimiento y mis pensamientos sin que me juzguen —dice con una sonrisa triste.
—Ser inteligente no te hace una mala persona —responde Draco, y Hermione lo observa incrédula—. Sé que eres un poco agobiante queriendo responder todo en clase, pero los grandes magos siempre tienen sed por el conocimiento. Recuerda que "La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo."
—Séneca —responde Hermione con una sonrisa al ver lo letrado que Draco es—. Yo, por ejemplo, tengo mucha pasión por las pociones, lo cual has visto, y los libros de mitología muggle.
Ella no puede evitar observarlo con un gran sonrojo en sus mejillas. ¿Desde cuándo Malfoy le adulaba de esa forma?
—¿Mitología? —pregunta, y él asiente.
—La mitología griega. Ahora ando indagando sobre la historia de la guerra de Troya y los reyes de Esparta —dice Draco con una sonrisa en su rostro que no pasa desapercibida por ella—. De hecho, hay un antiguo poema griego llamado "Catálogo de mujeres", ¿lo conoces? —pregunta, y ella asiente—. Tu nombre está allí.
—Sí, lo sé —dice ella con un leve sonrojo al sentirse halagada por su inteligencia—. Mi padre lo escogió de ahí. Quería que su hija tuviera la fuerza de una princesa de Troya y la belleza de una. Aunque lo último creo que se equivocó bastante —lo dice con cierto aire de burla que no pasa desapercibido.
—No creo que se haya equivocado en absoluto con tu nombre —responde Draco con seriedad, sorprendiéndola—. ¿No te viste en el baile de los tres magos? Lucías como la princesa de Troya. Incluso Pansy me reprendió por mirarte por más de 10 segundos, y para ser honesto, desee ser Krum para así poder bailar contigo esa noche.
Ambos no pueden evitar un sonrojo, él por hablar de más y ella por escucharlo decir esas palabras.
—Gracias —es lo único que puede decir ella con una sonrisa tímida en su rostro. Él asiente simplemente y le hace un gesto diciéndole que es su turno.
Hermione bajó la mirada por un instante, sintiendo su corazón latir con fuerza ante la inesperada confesión de Draco. Nunca habría imaginado que él la había observado de esa manera aquella noche. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, el joven Slytherin se encogió de hombros y desvió la mirada, como si quisiera restarles importancia a sus palabras.
—Bueno, no es para tanto —dijo Draco con un tono más ligero, aunque su leve sonrojo aún persistía—. De todas formas, Krum no era el mejor bailarín del mundo, seguro que habrías preferido a alguien más elegante.
Hermione sonrió con ternura, decidiendo jugar con la situación.
—¿Alguien como tú, tal vez? —preguntó con un brillo travieso en los ojos.
Draco arqueó una ceja y, sin perder la compostura, respondió con fingida modestia:
—Bueno, no quiero alardear, pero sí, probablemente habría sido mejor opción que Krum.
Ambos rieron suavemente, sintiendo la tensión disiparse un poco. Hermione se sorprendió al notar lo fácil que se había vuelto conversar con Draco. Sin darse cuenta, la distancia entre ambos se había acortado, y Hermione había apoyado su cabeza en su hombro. Draco no hizo ademán de quitarla y, por el contrario, se acomodó lo suficiente para que ambos estuvieran cómodos.
—Entonces, ¿qué piensas de la historia de la guerra de Troya? —preguntó, intentando volver al juego, y Draco pareció aceptar la idea con media sonrisa.
—Es fascinante. Una guerra provocada por el amor, la traición y el orgullo. Pero, si me preguntas, Paris fue un idiota.
—Me gustaría escuchar el rumbo de esa opinión —preguntó Hermione, arqueando una ceja y haciendo una pregunta sin hacerla.
—Porque dejó que su deseo por Helena cegara su juicio. Un príncipe de Troya debía pensar en su reino antes que en sí mismo. Si de verdad la amaba, ¿no hubiera sido mejor encontrar una forma de evitar la guerra en lugar de provocarla?
Hermione lo miró sorprendida.
—Vaya… No pensé que tuvieras una visión tan estratégica del amor.
Draco sonrió con arrogancia.
—No es estrategia, Granger. Es sentido común. El amor es un arma poderosa, pero también una debilidad si se usa mal.
—Eso suena… frío.
Draco la miró con intensidad, como si intentara descifrar qué pasaba por su mente en ese momento.
—No lo es si lo piensas bien —dijo con voz más baja—. Pero quizás nunca has visto el amor como algo peligroso.
Hermione frunció el ceño.
—¿Y tú sí?
Draco no respondió de inmediato.
—En tu opinión ¿Crees que el amor puede superar cualquier barrera, incluso cuando dos personas vienen de mundos completamente distintos?
Hermione sintió cómo la tensión en el aire cambiaba. No era solo una pregunta sobre Troya era algo más. Este juego de preguntas se estaba convirtiendo en algo peligroso y dado que aun estaban bajo el efecto de la poción, cada respuesta solo era algo sincero y honesto que realmente creían. Se humedeció los labios y, con un leve desafío en su voz, respondió:
—Depende de si esas personas están dispuestas a luchar contra lo que se interponga entre ellas, siempre que al final no haya heridos innecesarios.
Los ojos de Draco brillaron con algo indescifrable.
—Interesante respuesta, Granger.
Y por primera vez, Hermione se preguntó si esta conversación no era solo sobre simplemente saber mas de ellos, libros e historia. Draco se inclinó ligeramente hacia ella.
—¿No has pensado algunas veces que no encajas dónde estás? —Draco toma un momento y continúa—. Eres muy diferente a los demás, esa ambición por aprender, la determinación inquebrantable, incluso la forma en que siempre encuentras una solución a los problemas... todo eso tiene un aire de Slytherin.
—¿Por qué lo dices? —respondió finalmente—. Pero admito que a veces… me siento un poco diferente. Aun así, no cambiaría quién soy ni a dónde pertenezco. Soy una Gryffindor.
Draco sonrió con satisfacción.
—Eso es porque lo eres, Granger. No hay nada malo en eso. De hecho… creo que es lo que más me gusta de ti.
Hermione sintió su corazón dar un vuelco. Lo miró fijamente, esperando ver burla en su rostro, pero no la encontró. Draco Malfoy la estaba halagando de una manera que nunca hubiera imaginado.
Se obligó a ignorar el calor en sus mejillas y respondió con una ligera risa.
—¿Me estás diciendo que me admiras, Malfoy?
Draco puso los ojos en blanco, pero su sonrisa no desapareció.
—No exageremos. Solo digo que eres interesante… para ser una Gryffindor.
Hermione negó con la cabeza con diversión, pero sintió una extraña calidez en su pecho. Y entonces, Draco cambió el tono de la conversación con su siguiente pregunta.
—Hablando de Gryffindors… ¿te gusta el pobretón?
La calidez desapareció de golpe, reemplazada por un súbito desconcierto. Hermione lo miró con sorpresa y supo, en ese momento, que la conversación estaba a punto de tomar un giro inesperado.
—No lo llames así —respondió Hermione, un poco molesta, pero continuó—. Y sí, me gusta.
—Pero es un idiota que no ha podido ver lo afectada que estás con todo lo que él hace. La comadreja no te merece.
Eso último sorprendió a Hermione. ¿Desde cuándo él había notado sus sentimientos por Ron? ¿Eran tan obvios?
—¿Lo amas? —preguntó Draco sin darle siquiera la posibilidad de pensar en la pregunta, porque sabía que era el momento de usar su pregunta extra guardada. Así que repitió—: ¿Estás enamorada de él?
Ella lo miró con sorpresa.
—Vamos, Granger, responde.
Hermione sintió que el aire se volvía más pesado. Su mente aún procesaba la conversación sobre Troya, pero ahora Draco había cambiado drásticamente el rumbo. Sus ojos grises la observaban con intensidad, esperando una respuesta que ni siquiera ella estaba segura de querer dar.
—¿Lo amas? —repitió Draco, su tono más bajo, pero con la misma urgencia.
Hermione parpadeó, sintiendo su garganta seca. ¿Lo amaba? Sabía que quería a Ron, que le importaba, que se preocupaba por él… pero ¿amor? Esa era una palabra grande. Y lo peor era que, en ese instante, bajo la mirada inquisitiva de Draco Malfoy, no estaba segura de su respuesta.
El silencio entre ellos se prolongó, cargado de una tensión que parecía llenar la habitación. Hermione desvió la mirada, buscando en su interior una certeza que no llegaba.
—Lo sabía —murmuró Draco con una media sonrisa, pero sus ojos seguían fijos en ella, brillando con algo indescifrable.
Hermione abrió la boca para responder, pero nada salió. Porque, por primera vez, no tenía una respuesta clara.
Y ese pensamiento la aterraba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
