A/N: Más de dos meses para este capítulo... Aunque en mi defensa, era justamente el que mejor necesitaba organizar de los últimos que restan a este arco. Por fortuna, mis vacaciones me van a permitir sacar algo cada semana. ¿No es maravilloso? Justamente antes de que termine el 2024, donde actualice alrededor de once capítulos, aun con todos los contratiempos. Mucho mejor que lo que tuvo lugar en 2022 y 2023... Pero planeo superar este 2025, donde sí amigos, Libro 1 termina después de unos mugres cuatro años aquí.
Seguramente será un monstruo de unas 800,000 palabras al final, pero valdrá la pena. Aparte de servirnos como ladrillo para matar a alguien, es una excelente fundación junto con Libro de TODO lo que se va a venir. Este universo es mi mina de diamantes, y le voy a sacar muchísimo provecho desde luego.
Pasemos a responder Reviews:
- muramasa Alter 0.5: Pos adivinaste. Cayeron unos cuatro Noble Phantasms al rio Mion, aunque solamente veremos unos dos cuando llegue su tiempo.
- faertios040: Nope, se ven como los de Makima (Chainsawman), pero mucho mas brillantes.
- AasAaft: Thank you very much. And yeah, Shirou will meet Shiki (Tohno) very soon. In fact, they will interact a lot in the next arc. Although I should note that things won't be so... Warm between them jsjsj.
- Thinker: Me alegra que te parezcan así. Esa es fácilmente la ship preferida de los lectores por el momento w.
- NERO1002:
1) Muy, muy pocos. Y pos... Jeje, se van a topar los dos con Otoko en el capítulo que viene.
2) Oww, gracias. Sobre la educación esotérica de Shirou, me parece que igual vas a disfrutar la primera escena de este cap.
3) Spoilers por venir w.
4) No vamos a ver tanto de Alba en este Libro, lastimosamente. Pero será un personaje recurrente más adelante, cuando Shirou tenga sus desventuras en la Asociación.
5) Nope.
- orocontra2012:
Hace su mejor esfuerzo. Pero Ryougi es Ryougi.
Y en cuanto a la dificultad elevada... Heh.
Habiendo terminado ya. Pasamos al capítulo. Como siempre, encontrarán una segunda nota hasta el fondo.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Cuarenta.
"Extasis."
Garan no Dou - Mifune.
31 de Julio de 1998, 16: 27 PM...
El resto del verano, sin embargo, se las arregló para tener a Shirou todavía más ocupado, pero también entretenido, especialmente por cosas como...
El sonido seco de los bokken chocando resonaba con fuerza en el dojo.
"¡Nada mal, Shirou!" Exclamó Taiga con una sonrisa amplia mientras su bokken descendía en un poderoso arco. Aun con diecinueve años, sus golpes llevaban la precisión de alguien que había practicado kendou desde que aprendió a caminar.
Shirou retrocedió, levantando su bokken para interceptar el suyo con un rápido ¡Clack!. Sus pies se movieron con fluidez sobre el tatami, manteniendo un equilibrio firme. Una gota de sudor resbaló por su sien, pero aún así se permitió sonreír.
"¡Gracias, Fuji-nee!" Respondió, con la respiración algo agitada. "¡Pero he estado practicando!"
"¡Eso se nota!" Bufó Taiga, sacudiendo los brazos antes de retomar su postura. "¿De dónde viene esa confianza de repente?"
Shirou no respondió, desplazándose ligeramente, con la mirada fija en los movimientos de Taiga. Ella se lanzó hacia adelante, su bokken un borrón que buscaba su hombro. En respuesta, dio un paso lateral, desviando el golpe con la madera de su propia espada, girando para devolver un contraataque hacia su torso.
Taiga giró, esquivando por poco, pero la maniobra dejó su postura abierta. Shirou aprovechó la oportunidad, lanzando una ráfaga rápida de golpes que la obligaron a retroceder a través del dojo.
Apretó los dientes con frustración, aunque sus ojos brillaban de emoción. "¿Te has vuelto engreído, eh? ¿De dónde sacaste esos movimientos? ¡No eras así de bueno la última vez!"
"Tuve una buena maestra."" Respondió Shirou con una sonrisa que se ensanchaba mientras bloqueaba otro golpe y se deslizaba más cerca de su guardia. "O tal vez... Mejores."
Taiga se quedó helada medio segundo, procesando el comentario. '¡¿MEJORES?! ¿¡MEJORES?!'
Eso fue suficiente. Con un rugido de indignación fingida, se lanzó hacia adelante, sus golpes volviéndose frenéticos y despiadados. Por un momento, Shirou logró mantenerse al ritmo, cada bloqueo y desvío viniendo de forma casi instintiva. Su tiempo entrenando con Shiki le había endurecido, y se notaba—ni siquiera el torbellino ofensivo de Taiga lograba desestabilizarlo.
Pero Taiga seguía siendo Taiga. La experiencia, la fuerza y su pura terquedad inclinaron la balanza. Un golpe particularmente certero hacia abajo sacó el bokken de las manos de Shirou, haciéndolo chocar contra el suelo. Él se quedó quieto, mirando el arma por un instante, antes de levantar las manos en señal de rendición.
"¡Está bien, está bien! ¡Tú ganas!" Admitió, riendo. "Sigues siendo más fuerte."
"¡Por supuesto que lo soy!" Declaró Taiga, plantando las manos en las caderas y sacando pecho. "Has mejorado, pero aún es muy temprano para que puedas superarme."
Shirou se rió, frotándose la nuca. "Lo tendré en cuenta."
Otra pequeña visita a Fukuoka aprovechando las vacaciones había traído consigo un encuentro más con los Fujimura. Anécdota que solamente había granjeado un resoplido humorístico de parte de Shiki al contarsela.
"¿Estás consciente de que te romperá la mitad de los huesos si llega a enterarse de que estabas hablando de mi?" Le había preguntado en alguna ocasión, y Shirou prudentemente guardó silencio.
Sin embargo, lo que realmente fue lo más pesado durante todo ese periodo había venido naturalmente de parte de Touko, quien apenas terminó por enseñarle una ultima runa, había declaro que tener conocimiento y uso decente de alrededor de once de ellas era suficiente para dar el siguiente paso.
"¿Programación Mística?"
Shirou parpadeo, recordando vagamente haber escuchado aquellas dos palabras juntas antes.
"Te lo he mencionado varias veces ya, Shirou." Añadió Caster desde su cristal en la otra mesa. Había estado activado desde hace varios minutos, pero también ocupado examinando algo colocado en aquel espacio. "El hijo pródigo de la Interferencia Mística, la piedra central de la Taumaturgia misma."
"Ah, es verdad." Shirou recordaba ya sus apuntes mientras se rascaba la cabeza. "Aunque la verdad, nunca lo tuve muy claro. ¿Qué es exactamente?"
Su respuesta vino en forma de un pequeño palo que Touko le había arrojado. "Refuerzalo."
"¿Hmm?" Con lo mucho que habían sido entrenados sus reflejos desde hace tiempo, no le había sido nada difícil para Shirou el capturarlo en plena trayectoria contra el. Y tras un momento, lo sostenía estando cubierto por las líneas luminosas que marcaban la presencia de su energía mágica sobre este. "Ya está."
"¿Cuanto tiempo crees que permaneceria así si lo dejaras?" La pregunta le hizo parpadear mientras intentaba pensar en una posible respuesta. El Reforzamiento en esencia era simple: rellenar los huecos en la estructura con energía, mejorando lo que tenía ya. Los resultados eran mejores si se mantenía abierto un canal desde los circuitos para seguir suministrando energía, pero bien que permanecían si este era cortado. O al menos asi lo habia pensado.
"No lo sé. ¿Minutos?"
"Depende de muchos factores. El material que está siendo sometido y los propios atributos del magus siendo los principales." Continuó Touko, alzando el índice de la mano derecha. "Si la cosa no es sometida a ningún tipo de presión, puede permanecer ahí durante mucho tiempo. Años incluso, pero eventualmente se disipara y como ya sabes que es casi un veneno para las cosas, dejará atrás un daño notable."
"El Reforzamiento no es permanente, entonces." Asintió Shirou. Tenía sentido, si fuera así, con todas las veces que lo había usado en el mismo, a esas alturas debería de poder golpear una pared sin que le llegara a doler y encima atravesandola de paso.
"Y es por eso que existen procesos taumatúrgicos mejores para poder amplificar las propiedades de las cosas." Touko detuvo lo que estaba diciendo para buscar algo en un cajón cercano, mientras que Caster tomaba nuevamente la palabra.
"Y aun así, no todos los que se encuentran en esa clase son permanentes. Lo único que puede cambiarlo, es la Programación Mística. Si bien yo te la introduje como la creación de Códigos Místicos, va mucho más allá. Hay miles de maneras de escribir un misterio dentro de un objeto, después de todo." La proyección del cristal se llevó su mano derecha hacia su mentón, como si estuviera considerando algo más. "La alquimia casi siempre juega un rol importante en esta. Ya que al tratarse de la manipulación de la materia y la energía a través de sus misterios, es más que capaz de agilizar el proceso de alteración a los objetos."
"¿Okey?" Bueno, ya no se veía tan complicado de entender. O al menos así le estaba pareciendo.
"Aquí tienes un pequeño ejemplo." Shirou volteo para ver a Touko sosteniendo un palo idéntico al que le había arrojado antes, mientras que en la otra mano tenía una especie de clavo que sostenía con gentileza desde uno de los extremos. "Observa con atención."
Utilizando lo que parecía ser un cincel, comenzó a grabar sobre la superficie del palo una cadena de tres runas. Úr, Nauðr y una última que no reconoció pero con forma parecida a una B. Lo que le hizo alzar una ceja con curiosidad, sin embargo, fue el símbolo que encerró la cadena desde ambos lados al repetirlo en el opuesto. Eran como tres medias lunas, colocadas de tal forma que mostraban una espiral. Parecía todo, menos una runa.
"Bueno, esto no es muy distinto a lo que hacías a veces con tus espadas proyectadas. Colocar una sola runa y usar las propiedades de estas para aplicar algún efecto. No es un hechizo en si. Esta configuración rúnica es una orden conjurada de acuerdo a lo que yo estoy interpretando de sus significa..." Touko se detuvo, dándose cuenta de que estaba abrumando a Shirou y carraspeó mientras señalaba al nuevo sigilo. "Y este es el Triple Cuerno de Odin. Un símbolo mágico que va mano a mano con taumaturgia rúnica. Tiene muchos usos, pero el principal es servir para contener los efectos de los símbolos en donde fueron grabados... Y entonces."
Apenas Touko aplicó su propio Reforzamiento, la superficie del palo comenzó a cambiar a medida que las tres runas emitieron un brillo y las espirales giraron sobre sí mismas. Poco a poco, una textura metálica comenzó a envolverlo hasta finalmente fundirse por completo. Observarlo por medio de Análisis Estructural le contó una historia no muy diferente, la madera se había convertido completamente en metal, y encima reforzado ligeramente. "El ejemplo más simple de Programación Mística con lo que hay a la mano."
"Y no durará mucho. ¿Verdad?" Se lo había pasado ya a Shirou, quien lo examinaba de cerca, pasando sus manos sobre la superficie.
"Así es, se romperá si lo golpeas muy fuerte. Su hechizo podría ser deshecho son muchos problemas por otro. Cosas de por ahi." Touko realizó un gesto con su mano libre. "Para que sea mejor. Se tendría que intervenir directamente la madera de la que está hecha el palo, y hacer una configuración rúnica todavía más compleja y enorme."
"Hmm, ya veo." Shirou entonces parpadeo, al recordar algo de su Elemental de Fuego. Lo único que había hecho había sido grabar cuidadosamente la runa Óss encima, mientras pensaba en su significado como una conjuración de fuego. ¿Eso no contaba o cómo estaba la cosa? Cuando lo preguntó en voz alta, sin embargo, Caster fue rápido en responder.
"Una aplicación demasiado simple. Y que afortunadamente, las propiedades del Elemental pueden aprovechar sin problemas. Desde siempre te he dicho que pueden servir como catalizadores directos para lanzar hechizos de igual manera."
Como era de esperarse, Caster no podría ser quien le enseñara la disciplina. Limitado como estaba en su condición... Además de que pese a todo su conocimiento, realmente no estaba tan bien versado en taumatúrgica rúnica como Touko. Y estaba prácticamente decidido que ese sería el sistema de programación que Shirou aprendería a usar, aprovechando sus conocimientos cultivados hasta el momento.
Los intentos iniciales de introducción y prueba consistieron en imitar la misma acción de Touko, pero en espadas de madera directamente. Terminaron por ser todo un éxito, con más de la mitad de los intentos resultando en espadas rústicas, pero transmutadas de madera a metal gracias a la cadena rúnica grabada.
"Es más probable que los atributos alineados le hayan ayudado ahí." Había comentado Caster. Razón por la cual, tuvieron que pasar a un ejercicio algo más complicado, donde la suerte dio toda la vuelta pese a involucrar también espadas.
"¡Auch!" Shirou sacudió su mano por enésima vez, mientras que le dedicaba una mirada fastidiada al culpable. Una wakizashi cuidadosamente proyectada de modo que fuera lo más completa y estable posible; a falta de espadas de verdad que no formaran parte de algunas de las marionetas de Touko en exposición en el piso inferior, no tenia de otra que recurrir a más de una que tuviera por ahí. Sobre la superficie de su cuchilla, una secuencia rúnica formada por Óss y Nauðr yacia tranquila en el metal al rojo vivo, amenazando con prenderse en llamas nuevamente.
Intentarlo con una espada de madera transmutada después a metal había resultado ser una pésima idea. De acuerdo con Touko, las runas colocadas encima de otras sin ninguna semblanza de armonía causaba que los hechizos colapsaran y el resultado no fuese otro que…
Era un alivio que a Shirou no le molestara el tener que barrer, porque la pila de cenizas y escoria que se deshacía en motas de energía mágica no había sido diminuta. Aun así, los resultados a consecuencia de la dificultad sí que le llegaban a parecer bastante amargos.
'¿Y qué esperaba? Ya me lo habían advertido.' De las primeras cosas que le había dicho Touko como ejemplo cuando comenzó a instruirle en taumaturgia rúnica había sido que ponerle un par de runas a una espada y esperar a que esta pudiera encenderse en llamas y servir de esa manera, era un sueño. Había procedimientos que seguir, cosas que conocer. Y aun si no esperaba tener algo complicado con lo que estaba haciendo, no cambiaba el hecho de que aún le faltaba.
'La tarea es usar solamente las runas que conozco, pero falta una para que funcione.' Puso los ojos en blanco, al considerar que debía de ser la última que Touko había usado, pero la cual desconocía. 'A seguir intentando.'
Sin embargo, por cada una que colocara de las opciones para terminar la secuencia, algo fallaba. Unas veces se sobrecalentaba, otras veces terminaba por fundirse, una vez la propia proyección exploto (Y solamente el hecho de que Shirou hubiera aprendido a distinguir como lucia momentos antes de hacerlo gracias a practicar con Trace Overload. Eso llevaba al juego de intentar una y otra vez, como si estuviera adivinando la contraseña del candado de un casillero.
Intentar lo mismo, pero con una variante que usará a Sól de base no había sido mucho mejor. El hecho de que terminara de electrocutarse justo en su primer intento no habia traido muchas expectativas optimistas.
Aun así. Era mejor que nada, y no podía quejarse realmente.
"Si te hace sentir mejor, Shirou. Se consiguen mejores resultados con Runas Viejas. Ah, y también con los tristes intentos de Primordiales de las que te hable. Si trazas los tres estilos sobre uno, se puede crear una imitación un poco mejor de las Modernas." Le había revelado Touko una vez. Pero para llegar hasta ahí, primero debía de conocer todas las del alfabeto que estaba aprendiendo, y después las que seguían.
De igual manera, al cabo de unas dos semanas de arduo trabajo, justo cuando Agosto se acercaba, consiguió una mejora notable.
Nauðr, Óss, Úr rodeadas por el triple cuerno, le habían permitido crear exitosamente una espada cuya cuchilla se encendiera en llamas sin dañarse... Por un tiempo. Tras probarla en varias proyecciones, finalmente había hecho uso de una sola "espada" real que Touko había encontrado por ahí entre sus cosas, y que Shirou había comprobado que se trataba de algo comprado en un mercado de segunda mano, y elaborada para una película vieja.
El resultado, era precisamente eso. Su primer intento de código místico directo; una espada ígnea con una vida útil de cinco a seis usos.
"Dependiendo de cuánta energía mágica gastes en esta, claro." Le había comentado Caster.
Para darle una mejor idea de que tan difícil se pondría el camino eventualmente, los dos magi más experimentados terminaron por mostrarle en que habían estado trabajando los meses anteriores: Un par de guantes rojizos con una serie de patrones escamosos sobre su superficie. Destinados a ser un código místico personal para la otra alumna de Touko, la hermana menor de Mikiya.
"¿Piel de salamandra?" Shirou preguntó, mientras tocaba con la punta de su dedo el dorso de uno de ellos. "¿Sirven para manipular fuego entonces, no?"
"Algo así. Son una maravilla, la verdad. El interior se sujeta perfectamente de circuitos mágicos, incluso unos atrofiados como los de ella y la protege del calor más infernal. ¿El exterior? Soporta y maneja temperaturas que podrían derretir metal si se concentra lo suficiente." Touko lucia mas que satisfecha con el resultado. "Caster aquí, vino excelente para lo que necesitaba gracias a su teoría de los elementales."
"Fue bastante refrescante el haber contribuido a este pequeño proyecto." Admitió el alquimista desde su lado. "Aunque solamente señale las mejores medidas para tratar la piel, y prepararla para la programación. Toda la taumaturgia fue colocada por la señorita."
"Fufu, me halagas."
"La programación mística se puede refinar de mejor manera cuando se trata de buscar un balance entre los tres pilares de la creación de un código místico: Habilidad del creador, tratamiento de los recursos, y el misterio de estos." Comentó Caster nuevamente, mientras que Shirou se encargaba de anotarlo.
"También está el traspasar un hechizo a este, aunque normalmente se usa otra cosa para eso en lugar de hacerlo directo con Alteración. Lo que me recuerda que..." Touko entonces extrajo de manera triunfal una esfera de cristal de todas las cosas desde su chaqueta, y se la presentó a Shirou, quien solamente observó su reflejo en esta antes de ladear su cabeza hacia un costado.
"¿Ah?"
Notando su confusión, tanto Caster como Touko intercambiaron una mirada, antes de que ella asintiera de modo que él pudiera explicar. "El año pasado te hablé de los canalizadores de taumaturgia que existían. Bastones y báculos dando lugar a cetros y varitas. Otros como anillos, coronas, máscaras y demás. Esta también la Espada de Azoth que yo invente, pero hay otro tipo que tiene una categoría especial. Contenedores directos de esta."
"¿Contenedores? ¿Osea que almacenan hechizos? Pero pensé que eso lo hacen ya todos esos." Señaló Shirou.
"Si, y no. Estos contienen hechizos, pero completos y a veces hasta más. Libros, grimorios, códices, pergaminos. Documentos enteros con sabiduría grabada, que pueden ser utilizados como catalizadores. Pero, las esferas de cristal tienen una fuerte tradición en ese campo. Llevan alrededor de dos milenios siendo consideradas las más confiables para almacenar un hechizo que luego puede ser colocado en otro recipiente." Por la forma en que lo había dicho Caster, Shirou frunció el ceño.
"Pero... ¿Que no las gemas sirven para eso también?"
"Normalmente, si. Pero recuerda que estas tienen sus propios atributos y estos terminan por influenciar los hechizos en su interior. Una esfera de cristal, por otro lado, es especialmente tratada para ser lo más transparente posible."
"Ohh, ya entiendo. Entonces... ¿Voy a aprender a usarlas ya?" Shirou preguntó.
"Eh, es un comienzo." Touko se encogió de hombros. "Pero vamos a usarlo en lo que falta de tu marioneta."
Y tal como lo había dicho, un par fueron requeridas días después para traspasar un hechizo menor de viento hacia los núcleos concentrados en las alas de su proyecto, el cual había avanzado demasiado ya. Pero al terminar...
La marioneta descansaba inmóvil sobre la mesa del taller, un amasijo de armazones metálicos intrincadamente ensamblados, cada uno brillando con un leve resplandor dorado bajo la tenue luz de las lámparas. Shirou se pasó la manga por la frente, limpiándose el sudor que se había acumulado tras horas de ajustes finales. Había comenzado aquello en Marzo, con una idea vaga que ahora, en agosto, había tomado forma concreta frente a él.
Se inclinó sobre la mesa, observando cada detalle con una mezcla de orgullo y cautela. "Es más grande de lo que pensaba que sería al principio." Murmuró para sí mismo, mientras pasaba un dedo por una de las plumas metálicas que sobresalían desde los ganchos en las articulaciones del armazón.
A primera vista, la marioneta parecía un ave detenida en el tiempo. Las bisagras en los costados de su estructura, al extenderse, evocaban la imagen de unas alas listas para desplegarse. El pico, era tosco pero reforzado y la cola segmentada le otorgaba una apariencia extrañamente funcional. Las garras, afiladas y precisas, se curvaban hacia abajo como si estuvieran a la espera de asirse de algo. La impresión general era la de un cuervo rapaz y feroz, aunque contenía un aire de elegancia gracias al brillo dorado que recorría su cuerpo.
"Bueno, veamos si funciona como espero." Dijo Shirou, poniéndose un guante negro que Touko había diseñado específicamente para ese propósito. Las puntas de los dedos del guante estaban adaptadas para canalizar sus hilos de energía mágica de manera más eficiente, y mientras ajustaba su posición, un ligero zumbido llenó el aire.
Con un pequeño empujón de su prana, los hilos invisibles conectaron con los puntos de presión en la estructura de la marioneta. Al instante, el cuervo metálico pareció cobrar vida. Las alas se desplegaron con un chasquido limpio, y su tamaño se triplicó al elevarse sobre sí mismo. La marioneta ahora se alzaba imponente, con una envergadura que llenaba el espacio de la mesa en el taller, sus plumas doradas centelleando como si fueran reales.
Shirou movió la mano, y la marioneta respondió con precisión. Un batir de alas, un giro de la cabeza, un movimiento ágil de las garras. La conexión entre él y su creación era palpable. Sus ojos brillaban con entusiasmo mientras experimentaba con los movimientos, ajustando su flujo de prana a través del guante.
"Nada mal, niño." La voz seca de Touko resonó desde el otro extremo del taller. Había estado observando la escena con los brazos cruzados y una ceja ligeramente alzada. "Aunque esperaba que fuera un águila. Es lo típico."
Shirou negó con la cabeza mientras hacía que la marioneta bajará suavemente hacia la mesa. "Un cuervo está bien,." Dijo con simpleza.
Desde el cristal azul sobre la estantería, la voz de Caster, se hizo presente. "Es un trabajo impresionante, Shirou. Pero dime, ¿cómo se llama?"
Antes de que Shirou pudiera responder, Touko dejó escapar un bufido. "Si se te ocurre llamarlo Yatagarasu, te juro que te pego. No necesitamos más clichés."
El comentario dejó a Shirou desconcertado. "¿Yatagarasu?" Repitió con una expresión confundida. Se acercó a su libreta, donde había garabateado los planos iniciales de la marioneta, junto con algunas notas sobre su diseño. Señaló un punto en la página donde había escrito un nombre en caracteres grandes.
"Le puse otro nombre." Explicó con calma. "Kinshi."
Touko alzó las cejas, sorprendida. "¿Cometa Dorada, eh? No está mal."
El rostro de Shirou se iluminó ante el halago implícito, pero Touko no tardó en recuperar su tono habitual. "Eventualmente te enseñaré a usarlo con Transferencia de Conciencia, como si fuera un familiar normal. Pero por ahora…" Hizo un gesto hacia él con un cigarrillo apagado entre los dedos, "…Es un poco avanzado para ti. Aprende a manejar los hilos primero."
Tras varios intentos de prueba, Touko se dio por satisfecha y le permitió llevarse la marioneta en su estado retraído e inerte hacia una habitación que había sido bautizada a modo de burla como su "Taller" personal. O más bien su almacén, puesto que lo único que descansaba ahí eran el resultado de sus experimentos de los últimos meses. Naturalmente, los que no habían terminado por explotar, fundirse o peor.
Múltiples intentos de marionetas compartían espacio entre los anaqueles del mueble. Desde numerosos muñecos de distintas escalas que habían tenido la pésima fortuna de haber sido creados específicamente como sujetos de pruebas, hasta el modelo de una mujer samurai sospechosamente parecido al de cierta espadachín estoica... Con todo y espada clavada justamente en el vientre. Naturalmente aquel descubrimiento no le había hecho nada de gracia a Shiki, y se lo había hecho pagar con dos duelos bastante duros. Estaban también los modelos anteriores que había usado para cuando eventualmente tuviera que crear a Kinshi, tachados como Karasu I y II; ambos con siluetas retorcidas y rudimentarias a diferencia de su hermano menor. Al lado de ellos, descansaba el triste intento de una comadreja con guadañas en lugar de patas que no había resultado, y permanecía como un monumento a la vez en que casi se corta los dedos.
'Y en el espacio que sobra, puede ir otra de las ideas que se me ocurrió y dudo que vayan a servir.' Pensó Shirou con humor, recordando otra cosa que estaba planeada en su "grimorio": Un pez alargado y bocón, en semejanza a uno de los colosos de piedra y tierra que le habían perseguido en el bosque casi dos años atrás. No pensaba que fuera imposible crear algo así que por medio de runas igual pudiera "nadar" bajo tierra.
'Pero creo que mejor primero me concentro en lo que tengo.' Dijo para sus adentros apenas colocó a Kinshi en el estante.
xXx
Mifune - Tokyo.
16 de Octubre de 1998, 17: 14 PM...
Los meses en los cuales decidieron enfocar el esfuerzo de sus investigaciones hacia Tenpechi en todos su vínculos con el Grupo Kanda había tenido pocos resultados que les servirían. Ocho personas de interés habían logrado encontrar, de las cuales alrededor de unas siete fueron investigadas lo más que se pudo, algo que no resultado tan complicado gracias a las propias habilidades de Mikiya y su facilidad para desenvolverse sin llamar la atención. Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo, de esas siete personas no habían conseguido nada que fuera relevante a lo que buscaban.
Ninguno era inocente, eso estaba claro.
Takumi Fujimoto. Un hombre delgado, de pómulos pronunciados y epidermis amarillenta que estuvo involucrado en un caso de soborno un lustro atrás que había sido cuidadosamente encubierto. También tenía una modesta colección secreta de autos clásicos que yacían registrados bajo nombres falsos en Yokohama.
Shun Ogawa. Fornido, con calvicie avanzada y ojos diminutos, que estaba casado y con dos hijos. Pero eso no le había impedido mantener una relación clandestina con una joven que trabajaba en un bufete de abogados vinculado al Grupo Kanda.
Ryohei Tanaka. Alto y esbelto, con una marca de nacimiento en la frente y un bigote poblado. Aparentemente también un prestamista de aguas turbias, y señalado como responsable de un accidente de demolición de una década atrás.
Los otros cuatro no eran mucho mejores. Pero por más que Kiritsugu y Mikiya descendieran, nada indicaba que estuvieran involucrados en algo anormal. Lo cual dejaba a una última persona.
Aritaka Hirano era un hombre bastante influyente. CEO de su compañía y miembro de la Dieta, estaba claro que se encontraba escalones arriba de cualquier otra persona de interés. Y por lo tanto, fuera del alcance de ser investigado directamente.
"Y es muy probable que pertenezca a alguna familia influyente local, del Buró del Onmyou me refiero." Había comentado Kiritsugu. Cuando Mikiya había preguntado el porqué de aquella conjetura, este había terminado por soltar cierta revelación.
"Es bastante común que las familias de magi que puedan permitirselo controlen de una u otra forma las direcciones de empresas y contribuyentes, con tal de tener acceso a dinero para financiar sus necesidades. Es algo estrictamente controlado por las organizaciones a cargo del área... Pero dado que buena parte de estas tienen en sus altos mandos a miembros de estas familias, ya podrás imaginarte exactamente como es la cosa."
Sin embargo, los contactos que Touko tenía en el Buro no ocupaban ninguna posición notable y tampoco estaban en condiciones de intentar investigar por ellos lo que necesitaban. Recurrir a Makihisa como era habitual, no tenía tanta utilidad.
"Ah, si. Lo conocí bien." Había una especie de desdén antiguo en su tono de voz durante una instancia en la que los Emiya visitaron la mansión Tohno. Mientras que Shirou entretenía a la hija de este, Kiritsugu tenía que soportar su compañía para averiguar lo que sabía. "Y en cuanto a lo que preguntas, si. Viene de una familia vieja del sur, con algo de peso en el Buro."
Y con esa vía cerrada, había que recurrir a otras. Específicamente, el rastreo a la droga en la que se había estado trabajando en uno de los lugares marcados por Kirie Fujou, de ahí a que intentarán buscar una conexión entre quien sea que hubiera pagado por la estancia y continuo tratamiento de la mujer, pero sin mucho éxito.
Días de tener la oreja pegada en el suelo tampoco habían resultado. Tampoco era como si hubieran podido meterse a fondo en los dominios de ese tráfico en la ciudad... Sabiendo que el Clan Yakou tenían una mano ahi. Las hostilidades habían sido alrededor de unos dos años atrás y Kiritsugu realmente no tenía intenciones de agitar otra vez el avispero. Que nada hubiera salido desde su encuentro con el hermano del hombre que había matado, había sido todo un alivio como para arruinarlo.
Por lo que toco la muy lente y minuciosa tarea de averiguar exactamente cuáles otros edificios estaban bajo nombre de la compañía, y que cumplieran con las características necesarias para poder operar como un laboratorio de ese tipo. Sorprendentemente, no eran muchos. Y de los cuales, la mejor opción no era otra que...
"Una vieja clínica para tratamientos pulmonares que cerró en 1973, y pasó a caer en manos de Tenpenchi desde el año pasado tras haber sido vendida por un tal Shizuri." Kiritsugu observó los papeles que había conseguido. "Ya dije que la revisaria yo. ¿Aun piensas intentar lo que sugeriste con tu tío?"
"Si, me confirmó hace unos minutos que está llegando al café. Puedes dejarme aquí." Asintió Mikiya, haciendo que Kiritsugu se encogiera de hombros. Si esa era la vía que quería realizar, no se lo impediría pero aun así.
"No te arriesgues." Le advirtió, entregandole un estuche corto con el cual Mikiya se había familiarizado ya en ciertas ocasiones, luego de que tanto Kiritsugu como Touko concluyeran en que era indispensable que éste aprendiera a defenderse de alguna manera.
Mikiya lo miró tentativamente, pero sabiendo que no tendría otra alternativa, finalmente lo aceptó antes de salir del auto.
'Y eso me recuerda que nuevamente necesito enseñarle más a Shirou sobre cómo usar una.' Lo que tomó lugar en las vacaciones con los Fujimura en Fukuoka realmente no contaba del todo. Entonces suspiro, mientras movía el auto en dirección hacia el edificio. Ya podía imaginarse el tener que dar todo un paseo por ahí, intentando atisbar...
Casi se detuvo al caer en cuenta.
'Ya que estaba pensando en Shirou de paso.' Y terminó por cambiar la trayectoria, rumbo al Garan no Dou. Nunca había pedido su ayuda para algo así, y viendo lo entusiasta que podía hacer, dudaba mucho que se negara. Mismo caso con Touko, dado lo hasta amistosa que era la relación que compartían ahora.
'La única queja, imagino vendría de su amiga.' Pensó, con un toque sardónico. 'No se separa de él nunca.'
xXx
Garan no Dou - Mifune.
16 de Octubre de 1998, 18: 30 PM...
"¿Estás listo?" Kohaku preguntó, mientras mantenía una mano sobre el talismán que mantenía encerrado al espíritu dentro de la cubeta donde había ido a parar tras haberlo capturado.
Shirou asintió con firmeza, apretando los labios y preparando su postura. La niña soltó un suave suspiro antes de retirar los talismanes con un movimiento grácil de su mano. La barrera se desmoronó como si nunca hubiera existido, y en un instante, un pequeño espíritu envuelto en un torbellino de éter salió disparado, intentando huir desesperadamente.
"No dejes que escape." Advirtió Kohaku, aunque su tono sugería que no esperaba que lo lograra a la primera.
Shirou no perdió el tiempo. Con un gesto de su mano, varias espadas de madera de durazno se levantaron a su alrededor, flotando como si fueran extensiones de su propia voluntad. Las lanzó con precisión, buscando acorralar al espíritu mientras este zigzagueaba erráticamente, tratando de encontrar una salida.
Cada vez que una de las espadas rozaba al espíritu, un siseo agudo llenaba el aire, y el éter que lo conformaba chisporroteaba en protesta. El espíritu se retorció, sus movimientos volviéndose más erráticos a medida que Shirou reducía su espacio de maniobra.
Mientras tanto, Shirou comenzó a recitar silenciosamente los pasos del Kuuji-In, formando con sus manos los distintos sellos para que la cadena de sellado comenzará a materializarse, pero justo cuando estaba a punto de terminar, éste se desvaneció de manera abrupta.
"¿A dónde…?" Shirou giró la cabeza, buscando frenéticamente.
Un ruido metálico llamó su atención. Ambos voltearon hacia una caja vieja en la esquina de la habitación. Con un chasquido escalofriante, de esta emergió una cosa vieja, sus botones parpadeando y emitiendo una risa distorsionada y electrónica.
"¿Un microondas? ¿En serio?" Shirou resopló, levantando otra de sus espadas flotantes.
Kohaku se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos con exasperación.
" Lo haré yo." Dio un paso al frente, formando las complejas sellos con una precisión impecable. Por un breve instante, un reflejo etéreo de los caracteres brillo desde sus manos antes de salir disparado y en cuestión de un parpadeo, el microondas quedó envuelto en la cadena de sellado, emitiendo un sonido de protesta antes de quedar completamente inmóvil.
"Casi lo tenía." Gruñó Shirou, cruzándose de brazos.
Kohaku le dio un suave golpe en la frente con los nudillos.
"Porque alguien tiene que hacerlo bien."
Shirou retrocedió un paso, frotándose la frente con un puchero antes de sonreír por lo bajo al notar que había un cojín cerca. Con un movimiento rápido, lo sujetó y se lo lanzó a Kohaku.
"¡Toma eso!"
Kohaku parpadeó, atrapando la almohada en su rostro. Pero en lugar de detenerse, se la devolvió con fuerza. Así comenzó una batalla de manazos y almohadazos entre los dos, sus risas entremezclándose con los sonidos de los golpes suaves.
Mientras tanto, el microondas poseído intentaba sin éxito liberarse de las ataduras. Si tuviera ojos, sin duda los estaría rodando ante el espectáculo que ofrecían los dos niños.
Agosto y Septiembre eventualmente los habían traído hasta Octubre, del cual habían transcurrido un par de semanas. Aun con las vacaciones quedando atrás, podían encontrarse los fines de semana, aunque solamente durante sus ratos libres. Hasta el momento, Shirou no había encontrado nada de qué quejarse, realmente. Por una parte, avanzaba con lo que necesitaba y por la otra cumplía con sus obligaciones, aun si la escuela fuera aburrida, y todo.
Kohaku había pasado los últimos meses intentando enseñarle a Shirou el Edicto de Atadura, convencida de que, como usuario del Kuji-In, podría dominar el hechizo con facilidad. Era una técnica relativamente simple, diseñada para "sujetar" entidades inhumanas. Sin embargo, los intentos de Shirou eran todo menos exitosos. Cada vez que lo intentaba, el resultado oscilaba entre fracasos absolutos y pequeñas explosiones inofensivas que llenaban la habitación de humo. A pesar de su paciencia, Kohaku no podía evitar soltar un leve suspiro al final de cada sesión.
Lo que Kohaku no podía admitir abiertamente era que ella misma no estaba en posición de criticar. Aquella tarde, decidida a demostrar que también podía mejorar, intentó proyectar algo tan sencillo como un botón frente a Shirou. Se concentró intensamente, murmurando las palabras clave, pero al instante el botón se deshizo en un leve brillo de luz.
Shirou solamente suspiró con una mezcla de empatía y resignación.
"Supongo que estamos empatados, ¿no?" Comentó con una sonrisa cansada.
Kohaku se llevó una mano a la frente, intentando ocultar su vergüenza. Al final, ambos decidieron dejar el tema por un rato y se dirigieron a la cocina para preparar una taza de té.
Mientras bebían en silencio, Kohaku fue la primera en hablar:
"Shirou, ¿no has notado que Ryougi-san ha estado actuando algo rara hoy?"
El se detuvo un momento. Ahora que lo pensaba, había notado algo peculiar en el comportamiento de Shiki ese día. Había lanzado algunas miradas furtivas en su dirección, pero sin decir nada al respecto. Finalmente asintió.
"Ahora que lo mencionas, si."
Ambos se quedaron pensando en silencio durante unos segundos antes de que Kohaku rompiera el hielo con una posibilidad:
"Quizás tiene algo que ver con Kokutou-san."
"¿Hmm?" Repitió Shirou, ladeando la cabeza con curiosidad.
Kohaku asintió levemente.
"A veces esos dos me recuerdan a los personajes de un teleteatro que Hisui suele ver con Akiha-sama."
Shirou se encogió de hombros, mientras tomaba un sorbo de té. Ni él ni Kiritsugu eran de ver esas cosas.
Kohaku mantuvo su tono tranquilo, pero decidió compartir otra reflexión. "¿Y sabes? A veces pienso algo parecido de Touko-san y tu padre."
Tras escuchar eso, Shirou no pudo evitar atragantarse con el té. Soltó un par de toses fuertes mientras Kohaku se inclinó hacia él para ayudarlo.
"Tranquilo. Respira hondo." Dijo, dándole unas palmadas en la espalda. Y si bien ayudaron a recuperarse, la imagen que le había traído a la cabeza con ese comentario ahora permaneceria en su consciencia sin pagar renta por un buen tiempo.
Y justo en medio del caos, justo cuando Shirou logró recuperar el aliento, la puerta se abrió de golpe y entraron los dos adultos que habían sido mencionados, quienes los miraron con expresiones confusas.
"¿Interrumpimos algo?" Preguntó Touko, arqueando una ceja.
Kohaku se enderezó rápidamente, intentando adoptar una expresión seria.
"No, nada."
Shirou simplemente suspiró, enterrando la cara entre las manos mientras Touko y Kiritsugu intercambiaban una mirada de incredulidad.
Shirou parpadeó sorprendido al ver a Kiritsugu entrar al Garan no Dou tan temprano. Normalmente, su padre solía aparecer mucho más tarde, casi siempre bien entrada la noche, para recogerlo.
"¿Tú? ¿Tan temprano?" Preguntó, incapaz de disimular su extrañeza.
Kiritsugu se limitó a asentir, cruzando los brazos.
"Te necesito para algo, Shirou." Admitió Kiritsugu, algo que hizo que Shirou se sintiera aún más intrigado. Para que su padre adoptivo le pidiera ayuda en algo... Miró a Touko en busca de alguna explicación. Ella se encogió de hombros, encendiendo un cigarrillo con aire despreocupado.
"No hay problema." Comentó."De todos modos, es probable que no esté aquí mañana unas horas. Tengo que reunirme con una amiga."
Aunque seguía sintiéndose algo desconcertado, Shirou no quiso cuestionar más. Se despidió de Kohaku con una ligera inclinación de cabeza.
"Nos vemos luego."
Ella le devolvió un gesto amable antes de que Shirou se fuera con su padre. Una vez que la puerta se cerró tras ellos, Kohaku dejó escapar un suspiro mientras se dirigía a buscar una escoba para limpiar el piso. No había mucho que pudiera hacer cuando Kiritsugu lo necesitaba para esas cosas, y tampoco era como si ella no se hubiera ausentado alguna vez por cumplir con sus propios deberes en la casa de los Tohno.
Pensar en eso le produjo una ligera punzada en la cabeza, pero la ignoró rápidamente. Tenía trabajo que hacer.
Al regresar a la cocina con la escoba en mano, se detuvo al ver a alguien más rebuscando en el refrigerador. La joven estaba sacando un recipiente con comida envuelta en plástico y no parecía consciente de la presencia de Kohaku hasta que ésta le habló.
"¿Ryougi-san?"
Shiki cerró la puerta del refrigerador con el pie, sosteniendo el recipiente con una mano.
"Voy a alimentar a mi nueva mascota." Dijo con su tono seco y directo.
Kohaku ladeó la cabeza, claramente confundida.
"¿Mascota? No sabía que tenía un perro o un gato".
Shiki la miró de reojo mientras comenzaba a caminar hacia la puerta.
"¿Cuándo dije que era un animal?" Replicó sin detenerse.
"¿Ah?"
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Shinjuku - Tokyo.
16 de Octubre de 1998, 19: 09 PM...
En el interior de café, las luces fluorescentes apenas suavizaban la penumbra que el crepúsculo arrojaba sobre el mobiliario gastado. La atmósfera olía a tabaco viejo y café frío. Mikiya estaba sentado frente a Daisuke Akimi, quien reclinado en su silla, tamborileaba con los dedos sobre el brazo desgastado del asiento. Su tío, un hombre cercano a la mediana edad, tenía el aire relajado de alguien que no buscaba ascender en la vida, sino simplemente mantenerse a flote sin perder su esencia.
"Quería preguntarte algo. Algo... Delicado." Dijo Mikiya con su habitual tono mesurado, inclinándose ligeramente hacia adelante. Su expresión era serena, pero había una leve rigidez en sus ojos, como si estuviera pisando terreno incierto.
Daisuke alzó una ceja, interesado.
"Si es algo ilegal, no puedo ayudarte. Bueno, no oficialmente." Bromeó, aunque su mirada sugería que estaba dispuesto a escuchar lo que viniera.
Mikiya ignoró la provocación y continuó:
"Un conocido que trabaja como detective privado está investigando un caso relacionado con drogas. Al parecer, una cliente lo contrató para atrapar a su hijo comprando pastillas de éxtasis. Pero no puede hacer preguntas directas sin levantar sospechas. Pensé que podrías tener algún dato."
Daisuke soltó una leve risa, grave y breve.
"¿Y por qué pensaste en mí? ¿Porque soy detective o porque siempre me meto en problemas?"
Mikiya sonrió ligeramente.
"Ambas cosas, supongo."
El hombre mayor se pasó una mano por el cabello desordenado, como si estuviera considerando la situación. Finalmente, se enderezó en su silla, inclinándose hacia el escritorio y sacando un cuaderno arrugado de un cajón. Lo ojeó rápidamente antes de detenerse en una página y apuntar algo con un bolígrafo que llevaba en el bolsillo de la camisa.
"Mira, Shinjuku es un lugar complicado." Comenzó, sin levantar la vista del papel. "Hay varios puntos donde se mueve ese tipo de cosas, pero no muchos reportes oficiales. Ya sabes, quieren mantenerlo lo más oculto posible para evitar problemas con la opinión pública. Sin embargo, este lugar." Dijo, empujando el papel hacia Mikiya. "Es donde podrían estar vendiendo éxtasis. Dile a tu amigo que tenga cuidado. Las pandillas de ahora no son como las de antes, pero siguen sin ver con buenos ojos a los desconocidos merodeando por su territorio."
Mikiya tomó la hoja y la dobló cuidadosamente antes de guardarla en el bolsillo interior de su abrigo.
"Gracias, tío. Te debo una."
Daisuke agitó la mano, como si restara importancia al gesto.
"No te preocupes. Sólo dile a tu detective que no se meta demasiado hondo. No quiero oír que alguien terminó en un callejón por ser demasiado curioso."
"Lo haré." Respondió Mikiya, levantándose. Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, Daisuke llamó su atención.
"Oye, Mikiya!"
"Sí?"
Daisuke sonrió de manera traviesa.
"Saluda a la señorita Aozaki de mi parte. Dile que todavía le debo un trago."
El sitio era un entrecruce medio abandonado, una mezcla de callejones oscuros y estacionamientos semiolvidados, con autos viejos que parecían estar ahí desde hace décadas. La luz de los postes apenas iluminaba el lugar, dejando sombras profundas donde el peligro parecía acechar. Mikiya avanzaba despacio, manteniendo la mirada baja y los pasos medidos, como si estuviera buscando algo sin querer realmente encontrarlo.
Había gente en el lugar. Algunos estaban sentados contra los autos, con las piernas estiradas y las cabezas ladeadas, mientras otros fumaban en silencio, sus rostros apenas visibles bajo las capuchas y las sombras. Uno de ellos, un hombre con la nariz perforada y ojos vidriosos, se tambaleó hacia él con una sonrisa torcida. Su voz ronca, arrastrada, perforó el aire pesado.
"Oi, ¿estas con los Tenma?" Preguntó, inclinándose peligrosamente cerca. Había un rastro inconfundible de sustancias en su aliento.
Mikiya parpadeó, confundido. El nombre no le decía nada.
"No, no... Sólo vengo a..."
El tipo asintió repetidamente, como si ya no estuviera escuchando. Sus ojos inyectados en sangre parecían incapaces de enfocar mientras se tambaleaba hacia atrás.
"Ah, ya. La Gata. La Gata está por la otra cuadra, vendiendo la buena nueva." Dijo, arrastrando las palabras antes de llevarse unas píldoras rojas a la boca. Las tragó en seco y exhaló un sonido gutural que parecía provenir de lo más profundo de su ser.
Mikiya frunció el ceño, pero asintió en silencio y siguió las instrucciones. La "otra cuadra" resultó ser un rincón aún más sombrío, donde la luz apenas tocaba el suelo y el silencio era roto solo por el crujido ocasional de vidrios bajo los pies. Allí, una figura envuelta en una bufanda y un abrigo largo lo esperaba.
"¿Cuánto quieres?" Preguntó la mujer con una voz baja, casi inaudible. Sus ojos estaban oscuros y apagados, como si la vida la hubiera abandonado hace mucho.
"Seis." Dijo Mikiya, sacando la mitad del dinero que llevaba consigo. Lo extendió, esperando que fuera suficiente.
La mujer asintió sin una palabra, tomando el dinero y entregándole un pequeño paquete. No hubo cambio. Mikiya la observó por un momento más. Había algo en ella, una melancolía tan palpable que le hizo sentir un nudo en el estómago.
Sin pensar demasiado, arrancó una hoja de su libreta y escribió rápidamente su número de teléfono.
"No tienes que seguir haciendo esto. Conozco gente que puede ayudarte." Le dijo, extendiendo la hoja hacia ella.
La mujer levantó la vista, sus ojos llenos de una mezcla de incredulidad y desdén. Puso los ojos en blanco y dejó caer el papel al suelo antes de darse la vuelta y desaparecer en la penumbra.
Mikiya suspiró y guardó el paquete en su abrigo antes de alejarse. Mientras caminaba, su mente no dejaba de darle vueltas a lo que había visto. Algo estaba mal con esas pastillas. Pasó junto a un grupo que estaba bajo un foco parpadeante; algunos habían consumido recientemente. Las pupilas de los hombres estaban demasiado abiertas, tan dilatadas que apenas había color en sus ojos, y no reaccionaban a la luz.
Sintió un escalofrío recorrerle la columna. Había algo extraño y perturbador en esa forma.
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Clinica Nishiku - Shinjuku.
16 de Octubre de 1998, 19: 24 PM...
"¿Dices que necesitas estar arriba para que puedas verlo todo?" Pregunto Kiritsugu mientras que ambos estaban parados a pocos metros de uno de los costados del edificio. Tal y como lo había pensado, se trataba de una ruina completa, con todo y cristales rotos en las ventanas y numerosas barras que impedían el paso. Algo que no sería mayor problema para ninguno de los dos si querían entrar, por supuesto.
"No está tan alto." Aun si la pared era normalmente lisa, había suficientes salientes entre nichos excavados contra la pared y marcos de ventanas para poder apoyarse. Por su parte, su padre adoptivo tomó en cuenta la altura de unos quince metros y frunció el ceño. Sabía que Shirou era más que capaz de recorrer esa distancia con su taumaturgia ascética... Pero con la máscara que solía usar en ocasiones a la mano.
"Si estás tan seguro." Comentó, antes de darle uno de los walkie talkies que había procurado llevarse consigo. "Me avisas lo que encuentres una vez que estés ahí."
"Claro." Shirou asintió, antes de concentrarse en la secuencia de sellos de mano y recitar. Entonces salió disparado; o al menos así le hubiera parecido a alguien que no estuviera acostumbrado ya a percibir velocidades increíbles. Uno de los pocos beneficios que su Time Alter le había brindado. El empleo de la Taumaturgia Temporal desarrollada por su familia había forzado una aceleración en ciertos canales de su cerebro, o así lo había afirmado un conocido de Mónaco al realizar un análisis simple. No era algo único de él. Los humanos solían ser bastante resilientes y susceptibles a adaptarse, fenómenos generados a base de taumaturgia no estaban fuera de su alcance por asimilar, esa era la razón por la cual un usuario de circuitos mágicos que mantuviera la costumbre de usarlos de manera responsable para proezas físicas, terminaba por eventualmente adquirir cierta semblanza de destreza sobrehumana.
Kiritsugu contempló en silencio como Shirou recorría la pared como un destello rojo, trepando como un gato particularmente ágil. Y ahí estaba otro ejemplo; Shirou no lo había notado, pero unos meses atrás había estado cambiando una rueda del auto con el ayudandole, y este había movido la caja donde estaba el gato sin pensarlo dos veces y tampoco sin poner mucho esfuerzo en ello.
'Dale algo de tiempo, y podra llegar a levantar hasta el auto.' Pensó con humor.
Por su parte, Shirou finalmente alcanzó el tejado y jadeó ligeramente antes de cortar el flujo de energía, dejando que sus ojos regresaran a la normalidad. Entonces extrajo de su bolsillo el dispositivo y lo activó. "Eh... ¿Probando, probando?"
"Te escucho. ¿Puedes comenzar ya?"
"Hmm." Shirou asintió, antes de echarle una ojeada al tejado. Lucía bastante desolado, con paneles rotos y una especie de claraboya cubierta por tablas, además de...
Sniff, sniff.
'Ah, claro.' No tardó en detectar el campo delimitante colocado sobre ésta, así como de informarselo a Kiritsugu.
"Ya sabes que hacer." Fue la instrucción que recibio desde el otro lado, haciendo que sus ojos se entornaran.
"Viejo..." Murmuró Shirou, rompiendo finalmente el silencio.
Kiritsugu alzó la mirada. Su rostro, marcado por los años y el peso de sus decisiones, no mostraba emoción alguna, pero sus ojos oscuros contenían una quietud que Shirou encontraba desconcertante.
"He estado pensando mucho últimamente." Continuó Shirou, con la voz apenas audible. "Sobre lo que me dijiste hace casi dos años."
Kiritsugu no respondió de inmediato, dejando que el chico encontrara sus palabras.
"Creo que finalmente lo entiendo," Admitió Shirou, sus manos apretándose con fuerza sobre su regazo. "Touko intentó explicármelo también. Fue cuando me acompañó al edificio. Me dijo... me dijo que no intentara vivir sin arrepentimientos, porque nunca resulta."
Shirou dejó escapar una risa amarga.
"Pero en ese momento... No quería escucharla. Me enfadé con ella. Incluso le grité."
Kiritsugu permaneció en silencio, su mirada fija en Shirou.
"Y Kohaku..." La voz de Shirou se quebró, y desvió la mirada hacia la ventana. "También intentó decirme algo parecido. Pero yo... yo no quise escuchar. Me peleé con ella también."
Su mente lo traicionó entonces, llevándolo de vuelta a aquella noche en el tejado.
El viento helado golpeaba su rostro mientras se arrodillaba junto al cuerpo inerte de Kohaku. Sus manos temblaban mientras intentaba reanimarla, llamándola por su nombre, rogándole que despertara. El peso de su desesperación era abrumador, y el horror de verla allí, tan vulnerable, poseída por algo que no podía comprender ni detener, lo había dejado paralizado. Cada segundo que pasaba sentía que el mundo se derrumbaba bajo sus pies.
Shirou cerró los ojos con fuerza, tratando de apartar el recuerdo, y exhaló lentamente antes de hablar de nuevo.
"Ellas tenían razón." Murmuró. "Tú tenías razón. Pero no sé cómo aceptarlo. No quiero pensar en... en lo que pasa si..."
"¿Qué es lo que realmente temes, Shirou?" Preguntó Kiritsugu con suavidad.
Shirou tragó saliva y levantó la mirada hacia él.
"No quiero perderte." Dijo finalmente, su voz temblando mientras las lágrimas amenazaban con salir. "No puedo. Eres lo único que me queda, viejo. Y... no importa cuánto trate, cuánto haga, siento que nunca será suficiente. Estoy... estoy asustado."
Kiritsugu dejó escapar un suspiro profundo y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. Observó a Shirou por un largo momento, viendo en el niño la misma mirada que veía cada día en el espejo.
"No es del todo cierto, Shirou," dijo finalmente. "Has hecho cosas que nadie más podría lograr. Conseguir el Fuego de Samadhi no fue un simple logro. Fue algo increíble."
Shirou apretó los dientes, su voz cargada de amargura cuando respondió:
"Fue suerte."
Por un instante, su mente regresó a otra noche. La noche roja de Azumi, el aire pesado con el hedor de la sangre y el fuego. Los gritos aún resonaban en sus oídos, y la sensación de impotencia era un peso constante en su pecho.
"Y la suerte no cuenta," añadió, desviando la mirada.
"¿Eso crees?" Kiritsugu dejó escapar una pequeña risa, seca y sin humor. "La suerte es lo único que puede mantenerte con vida en este mundo, Shirou. Nunca la subestimes. Nunca."
El niño lo miró, sus ojos todavía llenos de dudas y miedo. Kiritsugu suspiró, pasando una mano por su cabello desordenado mientras pensaba en qué decir a continuación.
"Escucha, Shirou," comenzó, su tono más suave. "Sé que es difícil. Sé que duele. Pero estás yendo por el camino correcto. Haces todo lo que puedes, y eso es lo que importa. Pero también tienes que aprender a prepararte para lo peor. Siempre."
Shirou asintió débilmente, sus hombros todavía tensos.
"Te lo dije hace tiempo," continuó Kiritsugu. "Quería que tuvieras una vida normal. Pero creo que sabía, en el fondo, que eso era una mentira. No hay nada normal en nuestras vidas. Y no quiero que termines como yo, atrapado en un ciclo de decisiones que no puedes cambiar. Quiero que vivas, Shirou. Pase lo que pase, vive."
Kiritsugu hizo una pausa, su mirada tornándose más seria.
"Y si hay algo que quiero pedirte, algo que solo tú puedes hacer..." Su voz se quebró por un instante, pero se recuperó rápidamente. "Si llega a pasar aquello, si el peor escenario se cumple... libera a Illya de los Einzbern. No dejes que la atrapen como lo hicieron con su madre."
Shirou lo miró, su pecho apretado por el peso de las palabras de Kiritsugu. Finalmente, incapaz de contenerlo más, se inclinó hacia adelante y lo abrazó con fuerza.
Kiritsugu lo rodeó con los brazos, apoyando su barbilla sobre el cabello de Shirou mientras cerraba los ojos.
"No tienes que hacerlo solo," murmuró. "No ahora. Pero cuando llegue el momento... sé que lo harás bien."
Shirou asintió contra su pecho, dejando que las lágrimas fluyeran libremente, mientras el silencio volvía a envolver la habitación.
Si algo bueno había salido de aquella conversación, era que ambos habían logrado establecer una confianza mayor en su vínculo como padre e hijo. Y si bien estaba muy lejos de estar en una categoría normal, había un par de cosas que podían llegar a compartir.
Al parecer, cierta propiedad que Kiritsugu había aprovechado de su Origen dual para poder lidiar con una parte intrínseca de campos delimitantes, también podía llegar a aplicarse de la misma manera con el de Shirou. El "cortar" y "retirar" las capas superficiales de estos sin llegar a activarlos, y entonces dejarlos tal y como se encontraban con la excepción de un par de grietas que pasarían desapercibidas a menos de que el creador del campo decidiera inspeccionar a fondo.
"De acuerdo..." Shirou sostuvo el walkie talkie con su barbilla, mientras colocaba una mano sobre la superficie de la claraboya. "Trace on."
La energía mágica por sí sola carecía de propiedades únicas; siempre era influenciada por otros factores, y en el caso de los magi recaia en sus elementos, atributos taumatúrgicos y por supuesto... Orígenes. Pero en uno tan fuertemente expresado como el suyo, la hoja más cercana a la superficie no hacía otra cosa que…
Shirou inhaló profundamente, concentrando toda su energía mágica en la palma de su mano. La presión en el aire era palpable mientras apuntaba al Campo Delimitante que envolvía el lugar. Con un movimiento decidido, "apuñaló" el tejido mágico del campo, abriéndolo a la fuerza mientras lo retiraba con un tirón firme. En el instante en que sintió que el Campo Delimitante comenzaba a encenderse en respuesta, Shirou dibujó con precisión la Runa Nauðr, el símbolo de la necesidad, y su voz sonó clara y autoritaria:
"Cállate."
La taumaturgia de acción simple obedeció su mandato. La activación del Campo Delimitante quedó silenciada, sus ecos apagados por la fuerza de la runa. Shirou dejó escapar un suspiro de alivio antes de mirar lo que había debajo.
"Este lugar... parece completamente abandonado." Murmuró, con sus ojos entrecerrados mientras revisaba la imagen en su mente. Gracias al Análisis Estructural ahora conocía el diseño de donde estaba colocado. Sin embargo, algo no cuadraba. Había cosas ocultas dentro de las paredes, objetos que no parecían estar protegidos por ningún otro campo delimitante.
Del otro lado del walkie-talkie, la voz grave de Kiritsugu rompió el silencio:
"Llegar hasta ahí me tomará algo de tiempo. ¿Crees que puedes intentar entrar"
Shirou se encogió de hombros, aunque sabía que su padre no podía verlo.
"Voy a intentarlo. "
Sin dudarlo, comenzó a trepar por una de las paredes exteriores, sus pequeños dedos aferrándose a cualquier asidero que pudiera encontrar. Finalmente, descendió por la claraboya y se deslizó con cuidado al interior del edificio.
El lugar estaba oscuro y polvoriento, pero Shirou no perdió el tiempo. Kiritsugu había sido claro en lo que buscaban: ampollas rojas y píldoras. Caminó con pasos silenciosos hasta un compartimiento en la pared, forzándolo hasta que se abrió con un leve chasquido.
Dentro, justo como Kiritsugu había descrito, encontró una ampolla roja. La sostuvo entre sus manos, sorprendido por su diseño extraño y brillante.
"Creo..." Dijo al walkie-talkie."Que encontré algo. "
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Mifune - Tokyo.
16 de Octubre de 1998, 19: 47 PM...
Se encontraba acostado en el futón improvisado que había armado en la sala. La televisión estaba encendida, pero no podía concentrarse en lo que veía. Ni siquiera recordaba qué canal había dejado puesto. Una cucharada de helado derretido resbalaba lentamente en su boca mientras miraba al techo, perdido.
El cansancio lo dominaba, aunque no había hecho nada más que eso: acostarse, comer, y tratar de olvidar. Por días había repetido la misma rutina vacía, sin propósito alguno. Escapar de casa parecía la solución en aquel momento, pero ahora... ¿Qué haría?
'Nunca le voy a poder pagar.'Pensó, su mente buscando un resquicio de alivio. Nadie más lo habría aceptado en esas condiciones, y mucho menos alguien tan directa y particular como ella. Una sonrisa tímida curvó sus labios mientras recordaba cómo lo había acogido sin preguntas, pero la sensación cálida desapareció casi al instante.
Cerró los ojos.
Y la locura comenzaba de nuevo en espiral.
El rostro de su madre se dibujó detrás de sus párpados cerrados. No su rostro como lo recordaba, no lleno de vida o con una sonrisa, sino el rostro destrozado, deformado, rodeado por sangre y caos. Su estómago se revolvió, y abrió los ojos rápidamente, jadeando suavemente. No podía seguir así, pero tampoco sabía cómo salir de ese pozo.
Un sonido lo sobresaltó.
La puerta se abrió, y Shiki entró con su paso calmado pero firme. Tomoe levantó la cabeza ligeramente, curioso pero aún apático. Sin embargo, fue la figura pequeña detrás de ella la que capturó su atención. Una niña de cabello tan rojo cmo el suyo y ojos brillantes entró detrás de Shiki, mirando alrededor con evidente curiosidad.
Cuando los ojos de la niña se encontraron con los suyos, su expresión cambió. Por un momento, parpadeo como si se hubiera topado con algo que no entendía y entonces le echo una mirada a Shiki.
"¿Lo ves?" Le preguntó casi sardónicamente la joven.
Tomoe se sentó con cierta incomodidad, sin quitarle la vista de encima a la niña pelirroja. Finalmente, rompió el silencio con una pregunta obvia:
"¿Quién es ella?"
Shiki se cruzó de brazos y respondió con la misma indiferencia que usaba para casi todo:
"Es lo más cercano a un médico que puedo encontrar. Después de que coma, quiero que te revise. "
Tomoe abrió la boca, claramente sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, Shiki dejó una bolsa de comida en la mesa frente a él.
"Come." Ordenó.
Él miró la bolsa con desconfianza.
"¿Esto de dónde lo sacaste? "
"Del refrigerador de donde trabajo." Respondió Shiki sin siquiera mirarlo mientras caminaba hacia la cocina con Kohaku siguiéndola como una sombra.
Aunque todavía algo desconcertado, Tomoe no se negó. Abrió la bolsa, sacando el contenido, y comenzó a comer en silencio.
Del otro lado de la estancia. Kohaku le susurró a Shiki, todavía intrigada:
"¿De dónde lo sacaste exactamente?"
"Lo encontré tirado por la calle. Estaba sangrando." Respondió Shiki con absoluta naturalidad.
Kohaku la miró con incredulidad.
"¿Y no pensaste en llevarlo a un hospital?"
"Pensé en llevarlo con Touko. "
"Entonces... "
"Me rogó que lo escondiera. "
Kohaku entrecerró los ojos, echando un vistazo discreto hacia Tomoe. Él seguía comiendo, al parecer más concentrado en la comida que en su entorno.
"No sé qué pensar de esto, Ryougi-san." Admitió en voz baja, todavía observando al joven.
"No tienes que pensar nada. Solo revisa si está bien."
Kohaku suspiró, y mientras seguía estudiando a Tomoe, una idea fugaz cruzó su mente. 'Si que parece un poco a Shirou.' Pensó, aunque rápidamente descartó la comparación. 'Un Shirou de como diez años mas.'
Finalmente, se volvió hacia Shiki.
"¿Entonces quieres que lo examine ahora?"
"Sí. Después de que termine de comer. "
Cuando Tomoe terminó, agradeció en voz baja:
"Gracias por la comida."
Kohaku se acercó, todavía con cierta reticencia, y comenzó a observarlo de cerca. Con manos ágiles pero cuidadosas, palpó ligeramente su torso, revisando cada parte visible.
"No tienes nada grave." Dijo después de un momento. Se enderezó y añadió, con un tono que rayaba entre curioso y crítico. "Solo un par de moretones. Parece que alguien te golpeó con un palo. "
Tomoe se rascó la nuca, incómodo.
"Quizás fue cuando escapé de unos matones. Me arrojaron algo por detrás, pero no me detuve a averiguar qué era. "
Kohaku alzó una ceja, dudosa, pero no dijo nada más. Mientras retrocedía un paso, lo observó una última vez, esta vez con una mezcla de confusión y algo parecido a resignación.
'Esto va a ser raro de contarle a Shirou.' Pensó mientras suspiraba para sus adentros. 'Creo que acabo de conocer a su muy probable hermano mayor.'
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Mifune - Tokyo.
16 de Octubre de 1998, 22: 35 PM...
Estaba cansada, demasiado. El azote familiar del fastidio de igual manera castigaba sus pensamientos continuamente mientras caminaba por la calle, teniendo especial cuidado de que no hubiera nadie cerca. Había sido cuestión de suerte de que nunca le hubiera ocurrido nada más... Pero no buscaba tentarla. No cuando había tenido una buena racha hasta el momento. No siempre conseguía vender todo lo que recibía, y era entendible. No todos los que deambulaban en las calles tenían el dinero suficiente o querian arriesgarse a que alguien pudiera descubrirlos. Después de todo, no era ningún secreto que más de uno que fuera atrapado señalaría a los lugares habituales para intentar zafarse de pasar tiempo en una celda.
'Ugh...' Se quejó. '¿Quien se creia ese idiota?' Decir que con esa cara, no tenía pinta de pertenecer ahí era poco. Había reconocido a uno que otro joven en los bares a los que había acudido antes de que todo empeorara, pero aun con la aparente inocencia que ella sabía que tenían en cosas así, poseían el sentido de aventurarse a probar lo 'prohibido'. Ese joven por otro lado, encajaba como una almohada en en una bolsa de piedras trituradas. '¿Un voluntario? ¿Un informante? Si, como no.' Pensó sardónicamente antes de sacudir su cabeza. ¿Qué importaba? Solo tendría que concentrarse en llegar hasta ese sitio, reportar lo que había conseguido y recibir su surtido y también el otro pago. Entonces podría llegar hasta su casa y finalmente descansar.
Supo que no estaba sola cuando vio movimiento por la planta. No siempre los podía distinguir, pero ahí estaban. Tres o cuatro personas en trajes cubiertos que transportaban tanques de plástico con químicos y otras cosas, que trabajaban en las partes donde nunca había entrado y tampoco tenía interés por hacerlo. Alcanzó las escaleras que conducían a la zona de habitaciones o lo que fuera que servía como una, y tocó la puerta familiar.
No solía esperar mucho. La voz del otro lado respondía como máximo tras un par de minutos, el cual fue el caso de ese instante.
"¿Si?"
"Soy yo." Otoko suspiro, sabiendo que estaba por terminar ya. "Vendi todo. Aquí tengo el dinero."
"Pasa de una vez." Le informo desde el otro lado, haciendo que se paralizara. Eso nunca había pasado antes. Se habían visto en persona, si. Pero jamás le había invitado a entrar a ese lugar, algo que de por si no le hubiera emocionado nunca. Se estremeció, barajando la decisión que tomar, solo para que la necesidad pinchara su aguijón más venenoso y entonces hiciera girar la manija, entrando a la estancia.
Lo primero que la recibió fue el hedor. Un miasma pútrido entre humedad y abandono golpeo sus narices, llevando en automático su mano hacia su boca. Retrocediendo un solo paso, forzó las arcadas hacia atrás mientras avanzaba, observando de paso el interior del lugar.
Definitivamente, no era un sitio pensado como un departamento. Tan solo las partes más básicas de una habitación lo componian, y las ventanas brillaban por su ausencia. Con la excepción de un par de sillas destartaladas, un sillón que había visto días mejores y una especie de panel de madera que quería actuar como una pared, no había nada más.
Pero el suelo, el suelo.
Plagado de grima entre lo verde y lo negro, con demasiada basura acumulada, hasta el punto en que casi estaba fundiendose con el resto de la mugre. Si es que había sentido náuseas al comienzo, estas regresaban con fuerza, haciéndole arrepentirse de haber entrado.
"Ya estoy." Soltó un respingo cuando lo escuchó y dio una vuelta, viéndolo estando parado detrás de ella. Debió de haber salido del otro lado del panel, pero aun así no pudo evitar sentir un vuelco en el estómago cuando la tenue luz del foco que colgaba en el techo alcanzó a iluminarlo.
'...' No se había visto bien meses atrás, cuando hablaron en persona. Pero ahora mucho peor: Su epidermis había sido pálida, pero ahora tenía un ligero tinte enfermizo que las arterias marcadas debajo de esta no mejoraban para nada. Los ojos hundidos en las cuencas e inyectados evidenciaban lo que había estado haciendo... Pero todo en conjunto con el cabello teñido de rubio, le daban una apariencia bastante sombría.
"Ah, dices que vendiste todo... ¿Si?" Sus manierismos también eran raros. El hecho de que acostumbrara a pasear su lengua entre sus labios a menudo, así como el que se moviera con dificultad, como si tuviera problemas en usar sus dos piernas... Incomodaba, demasiado.
"Si, aquí tienes." Guardaba las ganancias en una bolsa aparte que cuidaba con su vida. Sin embargo, el chico ni siquiera la miró.
"Quedatelo. Buen trabajo..." Asintió más de una vez, bastante complacido. La forma en que la miro encima solamente le hizo desear que un agujero se la tragara desde el suelo. Sentia tambien como los pelos en su nuca se erizaban...
"...¿ Qué?" Pregunto sin entender, habiendo caído en cuenta de lo que decía. "..Yo.. ¿En serio?" No era poco dinero... Para nada. Y ella solo recibía una parte diminuta normalmente, ambos sabían que su verdadero pago era otra cosa.
"Si, si... Pero no te olvides de vender... Ah, lo tengo por aquí." Mientras este rebuscaba entre las cajas amontonadas en el rincón más oscuro del asqueroso departamento. Sus movimientos eran ansiosos, como si el tiempo estuviera en su contra, mientras Otoko intentaba concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera él. Pero entonces lo vio.
Detrás del panel de madera desvencijado, una parte del departamento que nunca había prestado atención hasta ahora, notó algo que le hizo detener la respiración. Un par de zapatos sobresalían apenas de una mesa. No estaba sola. El pensamiento golpeó su mente como un rayo, y su corazón comenzó a latir con fuerza. Miró rápidamente hacia otro lado justo cuando el otro levantaba la mirada, clavando en ella sus ojos vidriosos y desquiciados.
Él sonrió. Una sonrisa torcida, peligrosa, que no prometía nada bueno. En su mano sostenía un pequeño frasco lleno de píldoras rojas y un fajo de billetes manchados y sucios.
"Aquí tienes, Neko-chan." Le tendió ambas cosas con un ademán despreocupado. "Buen trabajo hoy. Esto es tuyo. Una recompensa. "
Otoko alargó la mano, intentando no temblar mientras tomaba el frasco y el dinero. La visión de las píldoras rojas le revolvió el estómago.
"Puedes irte ya." Añadió él, antes de abrir su propio frasco y tragarse un puñado de píldoras sin siquiera pestañear.
Otoko se dio la vuelta, queriendo escapar de allí lo más rápido posible. Pero mientras bajaba las escaleras, un extraño olor llegó a su nariz. Miró el fajo de billetes en su mano y sintió que el pánico la consumía. Olían a sangre.
Al abrir el frasco para comprobar su contenido, notó algo aún peor: las píldoras estaban manchadas. Sangre seca cubría algunas de ellas, mezclándose con el color rojo brillante de estas y casi las dejó caer al suelo, sintiendo el asco crecer en su garganta. Quería vomitar.
Fue entonces cuando recordó. El joven amable que le había dado su número hacía unas horas.
Sujeta al último hilo de esperanza que le quedaba, Otoko buscó el papel en su bolsillo tembloroso. Lo marcaría. No sabía qué pasaría después, pero cualquier cosa sería mejor que eso.
A/N: Pues no mentire. Estoy cansado, pero no lo suficientemente cansado como para no dejar una nota a diferencia del capitulo de la semana pasada del Libro 2.
Entre las cosas que quisiera comentar ya que llegamos al final de esto.
1) Un vistazo algo mas que superficial a la primera marioneta oficial de Shirou, mencionada en la secuela. Tendra su debut propio dentro de un par de capitulos, y no decepcionara. Incluso si eventualmente sera dañada hasta el punto en que nuestro protagonista piensa que no va a ser nada facil repararla, puedo comentar que no terminara en ese estado sin cobrarsela caro a quien enfrento.
De paso, una ojeada a otras cosas que Shirou ha estado haciendo por ahi.
2) Habemus Tomoe. No es muy diferente a su contraparte canonica... Y dado que ya no es un spoiler, sep. Su personaje no morira cuando toque ir a lo de Araya. Regocijate muchacho, vas a experimentar la Friendzone, y te va a gustar.
3) Este capitulo realmente no cubrio tanto... Pero era necesario, porque el siguiente igual va a estar moviendo piezas para los tres ultimos. Que si, van a ser bastante extremos. Cada uno seguido.
El 43 a mas de uno le va a sorprender por ciertos detalles. El 44 los tendra al borde de sus asientos. ¿Pero el 45? Oh boy.
Aunque por ahora, toca regresar al Libro 2 con el capitulo nueve. Nos toca lidiar con el secuestro de Waver... Ahora con Shirou incluido.
Espero hayan disfrutado el capitulo. Y nos vemos, hasta la proxima.
- Melqart. 16/10/24.
