¿Qué hace ella aquí?
Sé que también ha trabajado con David pero no pensé que la invitaría.
Nos miramos a los ojos durante unos segundos y luego ambas nos movemos hacia el mismo lado impidiéndonos el paso sin querer.
-Espera- me grita cuando estoy a punto de salir- tengo que hablar contigo.
-Yo no tengo nada que hablar contigo.
-Hace más de dos años que no hablo con Edward y era mi amigo. Sé que has sido tú.
-¿Amigo? No echas de menos a tu amigo, echas de menos la polla de tu amigo.
Ella se ríe sin gracia.
-Puedo follarme a quien quiera de ahí fuera esta noche, creéme que no necesito ningún pene de ningún hombre con pareja.
-Pues parecía que en el Ultra de Miami sí que lo necesitabas y no te importó que estuviera conmigo, ni si quiera te importó meterle mano delante de mí- le recuerdo.
-Yo no sabía qué tipo de relación tenía contigo. Si supieras la cantidad de mujeres que he visto a su lado… para mí eran todas iguales-
Dios recuerdo esta misma frase dicha por ella en Ibiza hace muchos años.
En ese momento no lo vi pero ahora sí lo veo. Hay envidia en sus palabras.
-Pues yo te aclararé qué tipo de relación tenemos. Edward es mi novio, es mi pareja, vivimos juntos, tenemos planes de futuro juntos y si necesitas más información nuestra relación es monógama. Si Edward no te llama es porque sabe que tú no sabes mantener las líneas rojas que marcan la diferencia entre la amistad y el sexo y no es algo que yo tolere así que entre tú y yo creo que está claro por quién se ha decantado.
Ella se ríe.
-Edward es todo tuyo.
-Sí, lo es- afirmo.
-Pero en el momento en el que le des la patada porque su ritmo de vida es incompatible con el tipo de relación monógama que tú necesitas, yo seguiré siendo su amiga y tú solo otra ex.
No soy consciente de lo que hago hasta que ya está hecho pero mi mano le da un tortazo sin si quiera pensarlo.
-¿Qué coño está pasando aquí?- pregunta David entrando al baño sin importarle que sea el de mujeres.
-Nada- digo yo saliendo del baño.
No me siento mal por haberla pegado, me siento mal por haberla dejado que me lleve hasta ese punto donde ella parece la víctima y yo la mala.
-Bella espera- me dice David llegando hasta mí- ¿qué te ha dicho? ¿Por qué le has pegado?
-Nada- digo intentando continuar con mi camino hasta una fuente que está lejos de todo el alboroto de la celebración.
-Bella… Yo sé todo así que no me mientas.
-Me molesta su actitud de superioridad. Sé toda su historia con Edward y para él está finiquitada pero para ella no. Me ha dicho que cuando le dé la patada ella va a estar ahí para él, ella será su amiga y yo su ex. Como si ella siempre fuese a tener un sitio reservado en la vida de él. Habla como… si yo fuese temporal en la vida de mi novio.
-Eso no es verdad. Lo sabes.
-Lo sé, lo sé. No la soporto, lo siento. No me siento cómoda con ella aquí. Y tampoco quiero que Edward se entere porque no es culpa suya. Eligió mal donde meterla y ya.
David se ríe ante mis palabras.
-Quiero estar un poco sola para calmarme, me lo estoy pasando tan bien. Y no quiero estropearte tú día, vuelve con tu mujer- le sonrío empujándole- si Edward pregunta por mí dile que estoy hablando con mi madre por teléfono.
-¡No! No voy a dejarte sola Bella. Vente conmigo, en cuanto te tomes una copa se te pasará, ya lo verás- me pide tirando de mi brazo.
-De acuerdo- digo aceptando.
Es el novio y no es justo que se pierda la fiesta por mí.
-Necesito un chupito de tequila para olvidarme de esa puta- digo llegando hasta la zona de fiesta donde todo el mundo bebe y baila.
Hago un barrido visual para encontrar a mis amigos y veo la espalda de Edward.
Comienzo a caminar hasta él cuando se gira y veo que está hablando con la mujer que acabo de abofetear en el baño.
-Definitivamente voy a irme a casa después de que la agarre- le digo a David caminando con furia hasta ellos.
-Yo voy- se adelanta él corriendo entre las personas.
Llega hasta ellos y algo dice que hace que Edward levante la cabeza buscándome con la mirada hasta que me encuentra.
No me sonríe, ni yo a él.
Gira la cara hacia Mylena y habla con ella levantando un dedo a modo de advertencia.
Entonces vuelve a girarse y camina en mi dirección.
-No es correcto lo que he hecho pero se lo merecía- le digo cuando está lo suficientemente cerca como para oírme con la música a todo volumen.
-¿Qué te ha dicho?
-¡Qué más da!
-¡Bella me lo ha dicho David pero quiero que me lo digas tú!- alza la voz.
Le repito las palabras exactas que me ha dicho Mylena.
-Y entonces le has pegado.
-Sí- me cruzo de brazos- y me siento mal pero no por pegarle si no porque me ha provocado y he caído. ¿Qué te estaba diciendo antes de que llegara David?
-Me estaba hablando de un viaje a Bali que ha hizo antes de la pandemia. Enséñame la mano.
-Ha sido un tortazo, no me he hecho daño- le digo dándole la mano.
-Me alegro- responde besándome la palma- no quiero que ella sea un problema entre tú y yo.
-No lo es pero desde luego ella tiene un problema conmigo. Por alguna razón considera que soy temporal en tu vida y tarde o temprano volveréis a ser folla amigos.
-Pero tú sabes de sobra que no eres temporal.
-Lo sé pero prométeme una cosa. Si algún día tú y yo dejamos de estar juntos, por favor, no te la tires, por favor- le pido poniendo mis manos sobre su pecho.
-No puedo ni pensar en esa posibilidad- me segura besándome- le he dicho que nunca más te hable, ni tampoco a mí. No tienes que preocuparte.
Asiento contra la tela de su chaqueta apoyando mi cabeza en su pecho.
-¿Quieres volver?- me ofrece- o podemos quedarnos por aquí solos un rato más.
-Quiero 10 minutos más sin verla- le pido.
-Vale nena. Vamos a la fuente esa de ahí.
Caminamos hasta la fuente de piedra que vierte agua sin parar y el sonido me relaja.
Nos besamos en un banco como dos adolescentes que se escapan de la fiesta del instituto.
Pasan más de 10 minutos cuando escuchamos risas y voces acercándose y nos separamos.
-Volvamos- le digo levantándome de su regazo y dándole la mano para volver a la fiesta.
No pensé que tuviera la oportunidad de volver a estar con el ánimo de fiesta como antes de ir al baño pero el alcohol y el ambiente ayudaron a que volviera a disfrutar al 100% de la fiesta.
Estaba amaneciendo cuando los últimos invitados abandonamos la villa.
Edward pidió un taxi asegurando que volveríamos al día siguiente a por el coche. No habíamos sido los únicos que habíamos dejado el coche allí.
Caí rendida en la cama nada más desnudarme y quitarme los tacones.
Edward a mi lado hizo lo mismo al tiempo que pulsaba el interruptor para bajar las persianas.
Cuando me desperté eran más de las cuatro de la tarde, estaba sola en la cama y aunque la habitación seguía a oscuras gracias a la persiana, por los pequeños agujeritos se intuía que fuera el sol resplandecía.
Con cansancio aún me levanto de la cama, voy al baño y bajo las escaleras.
Veo a Edward nadando en la piscina así que antes de salir junto a él tomo una botella de agua del frigorífico para aliviar la resaca.
-¡Estás viva!- exclama él limpiándose las gotas de agua de los ojos para poder mirarme.
-Por poco pero sí- respondo sentándome al borde de la piscina y sumergiendo mis pies- ¿llevas mucho despierto?
-Desde la una o así. Queda pasta de ayer si tienes hambre- me indica llegando hasta mí y tocando mis pantorrillas debajo del agua.
-Creo que hoy mi estómago va a conformarse con agua y un poco de pan tostado- le digo riendo.
No me encuentro muy mal pero tampoco me veo capaz de hacer una comida completa.
-Hay que ir a recoger el coche- me recuerda.
Gimo porque no quiero salir de casa en todo el día, quizás en toda la semana.
-Luego podríamos dar una vuelta por Es Cubells, tomar algo y volver a casa temprano- propone.
Asiento.
-¿David sigue aquí o ya se ha ido?
Sé que se iban de luna de miel a África pero no recuerdo qué día partían.
-Se va mañana pero no creo que hoy esté disponible para nadie.
-¿Por?- si mal no recuerdo ayer David no iba mal, sería de los más sobrios de la fiesta.
-Estará consumando el matrimonio- me explica Ed antes de romper a reír y yo me uno a sus risas.
-Por supuesto-
-Métete- me invita.
-No quiero mojarme el pelo- digo perezosa.
Increíblemente la trenza sigue intacta. Con algunos pelos salidos pero la estructura casi sin dañarse.
-Aburrida- me reclama salpicándome agua.
Siseo por el contraste de temperatura.
-Vuelve a hacer eso y te juro que duermes en el sofá por lo que resta de verano- le amenazo.
Edward se ríe volviendo a salpicarme.
-¡Atente a las consecuencias!- le grito riendo.
-Las aceptaré encantado- me responde sumergiéndose.
Suspiro y me seco las gotas que han caído en mi cara con la camiseta que me he puesto para bajar de la habitación.
Momento de distracción que Edward usa para atrapar mis piernas y arrastrarme al interior de la piscina.
Grito, me río y le golpeo el hombro en forma de juego.
-¡Voy a matarte!- le digo cuando vuelvo a salir a la superficie.
-No lo creo, me quieres mucho como para matarme-
-Engreído- le regaño riendo.
-Un poco- acepta él besándome.
Nos quedamos en el agua un rato más y nunca lo admitiré pero me refrescó y me hizo sentir mucho mejor. Ya no había resaca cuando salí de la piscina.
Vestidos con ropa deportiva pedimos un taxi hasta la villa donde se celebró ayer la boda que está al sur de la isla. Es casi media hora de trayecto.
A los lados de las carreteras ibicencas crecen diferentes tipos de vegetación pero para mí es muy destacable la inmensidad de olivos que hay.
Cuando llegamos al destino nos encontramos con un camión en el que varias personas cargan los muebles que se usaron ayer para la ceremonia como las sillas, las mesas, los adornos…
-Igual David está por aquí, ¿quieres entrar a echar un vistazo?- me propone Edward con las llaves del coche en la mano.
-Vale- digo comenzando a caminar hacia el interior.
A la luz del día todo parece mucho más pequeño y no me explico como pudimos caber tantas personas aquí.
Damos una vuelta por lo que ayer era la sala de baile mientras desmontan todo y oímos la voz de Madeleine hablando francés por teléfono desde el interior de la villa.
David y ella están apoyados en una encimera con varios papeles sobre esta.
-¡Eh! ¿Qué hacéis aquí?- nos pregunta David al vernos entrar.
-Hemos venido a por el coche- le dice Edward saludándole.
Madeleine nos saluda con la mano y continúa con su conversación.
-No pensábamos que estaríais aquí- le digo.
-Sí, teníamos que venir para pagar a los del catering y para asegurarnos que la villa se quede en condiciones.
-¿No tenéis wedding planner que se ocupe de eso?
-Nada, todo lo ha organizado mi esposa- expresa orgulloso.
Sonrío al ver el orgullo en su cara al decir las palabras ''mi esposa''.
-Además la empresa con la que hemos alquilado también es con la que voy a gestionar la venta de mi villa.
-¿La vendes?- pregunta Edward asombrado.
-Sí, es demasiado grande, demasiado… No es familiar- expresa él- era perfecta en otro momento de mi vida pero ahora no.
Era perfecta cuando estaba con Jessica porque era una casa de vacaciones donde recibir visitas y hacer fiestas.
-¿Y cuándo vuelvas a tener residencias aquí como DJ qué vas a hacer? ¿Hotel?
-No- se ríe negando- estamos mirando comprar otras villas. Hay una concretamente que nos ha encantado en la zona de Santa Eularia. Si no os importa esperar podríamos ir a verla cuando acabe aquí, me interesa vuestra opinión porque al final vosotros vivís aquí y conocéis más el terreno.
-Yo no diría que tanto pero sí, si quieres vamos con vosotros-
Cuando la villa estuvo vacía, cada uno en su coche, volvimos a Santa Eularia. David nos dio la dirección de la urbanización donde se encontraban varias de las villas que les habían gustado.
Aparcamos a un lado de la calle y en la puerta ya había un agente inmobiliario esperándonos. Increíble el poder que tiene David.
La villa es una típica villa ibicenca de color blanco, con piscina de borde libre, dos pisos, jardín de baldosa y unas vistas a la costa este espectaculares.
Después visitamos otra casa que más que una villa es una finca porque está rodeada de vegetación, la fachada es de piedra natural, el jardín se mezcla con el entorno exterior y en todas las habitaciones hay vigas de madera.
-Ambas son preciosas- le digo a Madeleine.
-David prefiere esta pero yo le digo que ya que vamos a tener una casa en la playa me gustaría poder ver el mar desde mi habitación y eso solo lo cumple la otra villa- me responde mientras caminamos por el pasillo de la segunda planta.
-Ahí tienes razón. Nuestra casa no tiene vistas al mar y es una cosa que echo de menos pero lo contrarresta con la sensación de privacidad que nos ofrece al estar rodeada de pinar- explico.
-¿Cómo supisteis que era VUESTRA casa? Para mí está siendo complicadísimo porque todas tienen cosas que me gustan y cosas que no.
Me río.
-No es nuestra, es de alquiler- le explico- la cogimos precisamente por tener más intimidad y privacidad pero si fuera mi casa sin duda cambiaría muchas cosas.
-No quiero dar el paso para firmar y luego ver que no es funcional. Mi padre dice que al final elija cual elija la sentiré mía y será mi hogar.
-Estoy segura de que tiene razón- le digo.
Sobre las ocho de la tarde los dejamos solos para que disfruten de su primer día de casados en la que seguramente sea su nueva casa.
Nosotros pasamos por un McDonalds donde no tenemos que bajarnos del coche para coger la cena y vamos hasta el mirador de Punta Arabí para comernos las hamburguesas sobre el capó del coche.
Desde aquí el mar está completamente negro y solo se ven pequeñas luces procedentes de los barcos.
-Estás muy callado- le digo desenvolviendo mi hamburguesa.
-Estoy pensando, me ha venido una idea.
-¿Algún tema nuevo?- intento adivinar.
-No- sonríe cogiendo una patata.
-¡Pues dímelo! Sabes que no me gusta adivinar- le respondo riendo.
Edward se ríe de mi frustración y me aprieta la rodilla con su mano.
-¿Por qué no nos compramos una casa aquí?
Trago en seco el bocado de hamburguesa que tengo en la boca. Por nada del mundo me esperaba esto.
-¿En Ibiza?
-Sí, en Ibiza. Llevamos más de un año viviendo aquí, no sé cómo serán las cosas cuando vuelva la normalidad pero igualmente llevo años mudándome a la isla de mayo a octubre. Tiene sentido tener algo nuestro aquí si pasamos tanto tiempo, además Ibiza es…
-Es nuestro hogar- digo por él.
Asiente mirándome.
-¿Pero cuando dices compramos te refieres a que la comprarías tú?
-Y tú. Si quieres.
Es cierto que mi cuenta del banco ahora mismo es abultada. No tanto como para comprarme una villa carísima pero para la entrada de un piso me da sin problema.
-Sería nuestra.
-Sería nuestra casa- afirma besándome.
-Sí, quiero- le respondo riendo- ¿podemos buscar casas ya?
Ambos nos reímos de mi entusiasmo.
-Mañana mismo- acepta Edward.
-¿Estás seguro? Me refiero a lo de comprarla conjuntamente.
-¿Tú no?- me dice mirándome frunciendo el ceño.
-Sí, yo sí. Pero es un compromiso enorme, una inversión importante de dinero que se traduce en un proyecto de futuro tangente.
-Lo sé pero si tú no estuvieras conmigo ni si quiera me lo plantearía. O quizás lo hiciera a modo de inversión económica pero no es eso lo que quiero, lo que quiero es como tú dices un proyecto de futuro contigo. Un punto donde podamos venir y descansar, donde podamos decir ''es nuestra casa''.
-Nuestra casa- repito emocionada.
Nos besamos sellando el trato y comenzamos a buscar inmobiliarias en internet.
A partir de esa noche nuestra rutina cambió un poco porque todas las semanas teníamos visita a alguna villa.
A mí me habían gustado todas pero encantado ninguna. Edward era mucho más conformista, yo sí que veía pegas a todo.
Cuando hemos buscado villas para alquilar no me había puesto a analizar la funcionalidad o el diseño o las posibilidades que cada casa ofrecía, pero todo cambia cuando vas a hacer un gran desembolso económico y ese espacio va a ser tu hogar.
En este momento la mujer rubia nos guiaba por una villa con planta única y grandes cristaleras.
-¿Qué pasa?- me pregunta Edward susurrando.
-¿Qué intimidad vamos a tener cuando haya visitas si la piscina está al lado de la ventana de nuestro dormitorio?
-Podemos bajar las persianas- soluciona él.
-Claro y follaremos siempre a oscuras- le digo reanudando la marcha.
-Sé que dijiste que querías dos plantas pero en esta localización solo hay villas de una planta, lo has visto igual que yo Bella- me intenta convencer.
-Lo sé- suspiro.
La agente inmobiliaria que ya me conoce de sobra sabe que la villa no me está gustando antes de terminar la visita.
Hace muy bien su trabajo porque no pone mala cara pero por dentro estoy segura de que me odia.
Terminamos el tour con la ya trillada frase ''no es lo que estamos buscando'' y regresamos a casa.
-Podemos volver a visitar la que te gustó en Portinatx.
-Pero la descartamos porque pilla lejos del aeropuerto y de la zona de discotecas. Cuando estemos trabajando va a ser un coñazo cruzar la ciudad entera para volver a casa de madrugada.
-Ya pero es que no encontramos nada que te guste y creo que se nos van acabando las villas que hay en la isla.
-Solo quiero una casa con jardín de hierba, piscina, vistas al mar, dos plantas, un espacio donde puedas situar tu estudio y que no pille a tomar por saco de Playa d'em Bossa que es donde está tu trabajo en temporada. No es tanto.
Edward se ríe.
-¿Qué?
-A todas tus especificaciones tienes que añadir que tenga suelo de madera, un garaje para dos coches, habitaciones con baño incorporado, terraza en el dormitorio principal, acceso a pie a una playa, que el diseño no sea frío e impersonal… cariño pides mucho.
Suspiro.
-Edward, va a ser nuestra casa, tiene que ser perfecta. No me veo envejeciendo contigo en ninguna de las villas que hemos visitado hasta ahora.
-Llamaré a otra inmobiliaria para que nos enseñen más villas- ofrece él aparcando delante de la puerta de casa.
-Eres el mejor- le digo dándole un beso en la mejilla y saliendo del coche.
La otra inmobiliaria era más enfocada al sector del lujo, lo que se traduce en villas asombrosas que no tienen esa sensación de hogar que buscamos.
El agente inmobiliario se molestó conmigo cuando le recordé por enésima vez que no queremos nada tan… sofisticado.
Volví a casa bastante frustrada y desanimada.
Edward además tenía que grabar un tema así que estaba metido en la habitación infantil.
Busqué villas en google para encontrarme con los mismos problemas que me encontraba cuando íbamos a verlas presencialmente. A todas les falla algo.
Casi de manera inconsciente comencé a dibujar la casa que me gustaría encontrar.
Edward salió de la habitación para coger agua y se asomó por encima de mi hombro para ver qué hacía.
-¿Qué es eso?- pregunta apoyando la barbilla en mi hombro.
-Solo he plasmado en el papel todas las cosas que me gustaría que tuviera nuestra casa.
Extiende la mano y gira el papel para verlo mejor.
-La piscina con borde libre rodeada de césped y vista directa al mar- apunta.
-Eso es algo que nunca encontraremos. Me ha quedado claro que aquí el concepto hierba no se estila y en su lugar hay baldosas y hormigón.
-Y la habitación con terraza y baño incorporado.
-No quiero tener que salir de la habitación cada vez que quiera hacer pis.
-Hay una villa que tiene todas estas cosas.
Frunzo el ceño porque no hemos visto ninguna.
Me giro para mirarle de frente.
-La villa en la que estuvimos viviendo el verano en que nos conocimos. Esa casa tiene todo lo que pides.
Abro los ojos dándome cuenta de que es cierto.
-Esa casa para mí fue un hogar ese verano- le confieso.
-Lo sé, fue igual para mí.
-¿Sigue disponible?
Edward se encoge de hombros.
-No tengo ni idea. Recuerdo que estaba en Es Cubells.
-A 20 minutos del aeropuerto y a 10 de las discotecas- sonrío.
-¿Eso es lo que buscabas nena? ¿Inconscientemente buscabas esa casa?
-Puede ser, no sé- sonrío- me gustaría visitarla, tal vez en mi mente lo he magnificado todo y no es tan espectacular como recuerdo.
-Puedo intentar localizar al dueño si sigue siendo el mismo.
-Sería genial.
La alegría nos dura poco porque al día siguiente el dueño de Ushuaïa, que fue el que consiguió la casa para ellos ese verano, nos dice que la vendió a un cliente holandés hace tres años.
-Lo siento nena, pero ahora que tenemos una idea en claro podemos buscar de forma mucho más precisa.
-¿Queda alguna casa que no hayamos visto en esta isla?- pregunto con ironía.
Otro problema con el que nos encontrábamos era que la mayoría de propiedades de la isla estaban destinadas al alquiler y no a la compra. Lo que reducía mucho la oferta.
Ambos estábamos cansados de buscar casas así que aprovechando que levantaban restricciones por el covid viajamos a Londres para reencontrarme con mis padres y mis amigas.
Fue un poco impactante darme cuenta de que mis padres habían envejecido. Mi madre tenía más canas, mi padre más arrugas, pequeños cambios que tras más de un año sin vernos no había apreciado tras la pantalla.
Mis amigas seguían igual, salvo Sophia, la hija de Rose y Emmet que estaba enorme.
Fue un poco triste que no me conociera.
Victoria y James se mantenían como el buen vino y casi se me había olvidado lo bien que se llevaban los chicos entre sí.
Hicimos una comida conjunta en la nueva casa de Victoria. Se habían mudado a un barrio más residencial, a una casa con jardín y tres dormitorios.
Nosotros hablamos sobre que estábamos en medio de la búsqueda de una casa en Ibiza y eso les sorprendió a todos. Pensaban que tras dejar mi trabajo en Barcelona volvería a vivir en Londres cuando Edward regresase a los escenarios.
Edward aligeró el ambiente diciendo que por ahora no pero que igual en un futuro también buscaríamos casa en Londres.
Despedirme de mis padres fue duro pero si todo iba según lo planeado nos visitarían en octubre.
Al llegar a Ibiza retomamos la búsqueda de vivienda hasta que Edward dijo basta.
-Vamos a dejarlo por ahora. No hay nada que nos guste y nos estamos quemando con este asunto.
-¿Y seguir de alquiler?- le propongo.
-Por ahora. Descansemos unos meses y ya volveremos a ello más adelante.
-He estado pensando otra opción- le confieso sentándome a su lado en el sofá.
-¿Cuál?
-Construir. No hay muchos terrenos libres para construcción en la isla pero visto lo visto igual es la mejor opción.
-¿Por qué no se nos ha ocurrido antes?- me pregunta sonriendo por fin.
Me río feliz de ver su cambio de actitud.
-Es más fácil comprar una casa ya hecha- me encojo de hombros.
-Construir nuestra casa es mejor que comprarla, podemos diseñar cada centímetro. Podrás poner el suelo que quieras, podré tener el estudio donde desee, la capacidad del garaje lo mismo y sobre todo no tendremos que ceder en nada.
-¿Nos lo podemos permitir?
-¿Económicamente?- pregunta él con obviedad.
-No, temporalmente. Me refiero a que la construcción de la casa va paso a paso, hay que supervisar cada uno de ellos, nos va a llevar unos dos años mínimo y cuando la normalidad vuelva del todo es inviable estar pendiente de una casa y viajando a la otra parte del mundo.
Edward frunce el ceño.
-Por ahora solo tenemos cuatro actuaciones ¿no?
-De aquí a diciembre sí, pero tres son en América del Sur. Hay tres semanas de noviembre en las que no vamos a estar aquí. Y tenemos la actuación de nochevieja pendiente en Dubai.
-Ya.
-¿Has pensado en ello?
-No, la verdad- confiesa.
-Tenemos que dar una respuesta esta semana cariño- le digo acariciando la arruga de su ceño fruncido.
-En realidad es que tengo esperanzas de que en mi país abran fronteras y podamos pasar allí las Navidades.
Mi ánimo cambia radicalmente y se entristece al verle así.
-Ojalá sea así- le digo besándole.
-Y si la opción de Estados Unidos sigue sin ser viable podemos ir a Londres o que vengan tus padres aquí. No me apetece pasar otra Navidad solos- confiesa.
-Vale, sí, a mí también me apetece estar acompañada este año. El año pasado fue genial estar juntos pero al mismo tiempo fue tan triste…
Él asiente estando de acuerdo conmigo.
.
.
.
Un paso muy importante en su relación, van a hacerse una casa juntos en Ibiza.
¿Os lo esperabais? Es un proyecto importante.
Desearos un Feliz Año Nuevo y espero volver a compartir esta historia con vosotras en 2025.
¡A ser felices!
