Desde que decidimos construir nuestra propia casa todo se volvió mucho más relajado. Aún ocupábamos las tardes en ver terrenos, comparar precios y posibilidades pero todas las mañanas nos íbamos a cala Olivera a disfrutar del sol y del mar.
La cala seguía teniendo un carácter íntimo y privado y por supuesto nuestros cuerpos lucían completamente desnudos cuando estábamos allí.
A mediados de septiembre coincidiendo con mi cumpleaños mis amigas vinieron un fin de semana a Ibiza.
De camino al aeropuerto con Edward conduciendo se pasó el desvío de Eivissa y siguió de frente.
-¿Qué haces? El aeropuerto es por ahí- le recuerdo.
-Quiero enseñarte una cosa. Esta mañana me ha llamado María José.
-¿Por qué te llama a ti y no a mí?- pregunto un poco enfadada.
Edward solo se ríe y niega.
-Quiere follarte- le digo cruzándome de brazos.
-Sí, pero yo solo quiero follarte a ti- acepta guiñándome el ojo y apartando la vista de la carretera un segundo.
María José es la agente inmobiliaria encargada de buscar terrenos disponibles para construir en la isla. La llevamos conociendo un mes y desde el día uno se le cayeron las bragas al ver a Edward. Además es fan suya, le ha enseñado fotos que tienen juntos de hace diez años cuando mi novio comenzó a pinchar en Ibiza. Son las típicas fotos que se hace con fans pero para ella eran su tesoro.
-Me ha llamado para decirme que van a demoler varios bloques de pisos viejos en Es Cubells y se piensa que esos terrenos quedarán disponibles para nuevas construcciones. Quiero que los veas porque si nos convencen podemos hacer una oferta ya mismo.
-¿Ya?- digo sorprendida.
-Esta misma tarde.
-Vale. Me gusta Es Cubells, es mi lugar favorito, lo sabes-
-Y el mío- me guiña antes de bajar la ventanilla para saludar al guardia de seguridad que da acceso a la urbanización. Cuando sube la barrera y Edward avanza por la estrecha carretera puedo ver el mar desde aquí y siento que este es el lugar donde viviremos tarde o temprano.
Cuando nos bajamos del coche Edward me da la mano y cruzamos al otro lado.
Decir que eso son pisos es mucho decir.
Supongo que tuvieron su función a mediados o finales de los años 60 o 70 pero actualmente son solo dos enormes bloques de hormigón con la pintura blanca descascarillada, rajas en la fachada, graffitis en sus paredes y vegetación salvaje bloqueando el acceso a las primeras plantas.
-¿En cuántos terrenos se dividirá?
-No lo sé, tal vez cuatro o cinco ¿no?
-Aquí caben cuatro villas sin problema- le digo acercándome al borde- ¿y si nos metemos?
-No, Bella, está que se cae, es peligroso.
-Lleva así 20 años aguantará una hora más. No seas gallina- le digo trepando la verja de metal.
-¡Bella!
-¡Venga! Date prisa, antes de que nos vean- le digo saltando al otro lado sobre la hierba.
Edward escala mirando hacia los laterales asegurándose de que nadie le ve y cae a mi lado.
-Cuidado no te piques- me dice señalando unas ortigas.
-A ver ahora donde está la puerta- digo esquivando las ortigas y buscando un acceso.
Tal vez no fue una puerta ni una ventana, pero uno de los muros había caído y pudimos colarnos al interior.
El olor era espantoso.
A humedad y a escombro.
-Ahí hay unas escaleras, vamos-
Subimos un par de tramos con cuidado.
Hay paredes completamente caídas y otras en las que tan solo quedan en pie unos pocos azulejos de lo que un día fue una cocina o un baño.
Los graffitis bañan cada una de las paredes.
En el tercer piso la vegetación ya no cubre la vista así que nos adentramos en él.
En el suelo hay botellas de cerveza vacías, condones, restos de hogueras… tiene todos los ingredientes de película del terror.
-Sé que es complicado pero, ¿puedes imaginarte levantándote por la mañana con estas vistas?- le pregunto a Edward abrazándole.
-Lo estoy deseando- dice poniendo mi espalda contra su pecho y abrazándome desde atrás- quiero añadir una condición. Nuestro dormitorio tiene que tener esta orientación.
Sonrío y veo el mar desde aquí.
Los pisos tienen una ubicación privilegiada porque están al borde del acantilado y por tanto nada se interpone entre el mar y la vivienda.
Aprecio a lo lejos montículos de tierra que son los pequeños cabos o puntas que la isla de Ibiza tiene en la zona sur. Es una zona preciosa que aún guarda la naturaleza del terreno original.
-Me veo viviendo aquí contigo- le digo girándome en sus brazos y besándole- llama a tu fan y dile que nos quedamos con el terreno.
Edward se ríe de mi comentario y saca el teléfono.
Ruedo los ojos al escucharla hablar en ese tono tan obvio.
Edward aguanta la risa y guarda la compostura.
Obviamente, ante la posibilidad de no poder seguir trabajando con mi novio, ella le ofrece ver más terrenos en esta misma zona pero no necesitamos ver más. Aquí queremos construir nuestra casa.
Nos quedamos embobados un poco más y luego nos toca rebasar los límites legales de velocidad para llegar al aeropuerto.
Vienen las tres junto a sus parejas así que además de nuestro coche, hemos alquilado otro todoterreno y nuestra casa se ha convertido en un albergue.
Nos reencontramos en la zona de salidas mientras Edward recoge el coche de alquiler en la oficina.
Nada más verlas entrar me doy cuenta de que definitivamente mis amigas se han metido de lleno en el ambiente ibicenco. Todas traen sombreros grandes, gafas de sol y ropas vaporosas en color blanco.
Edward conduce un coche y yo otro. Los chicos van con él y las chicas conmigo.
-Estás negra- dice Rosalie poniendo su mano pálida contra mi hombro bronceado.
-Aquí hace sol todo el año.
-Te veo muy feliz.
-Estoy pletórica, incluso no me importa soplar 31 velas mañana.
Me guardo la información de la casa para mí pero evidentemente es el motivo que más felicidad me aporta.
-Nuestra casa no es muy grande pero espero que no os resulte claustrofóbica estos días con 8 personas dentro- me río.
-Vamos a estar bien. ¿Os acordáis del apartamento enano que alquilamos cuando vinimos la primera vez?- dice Victoria.
-¡Cómo olvidarlo!- expresa Lauren mirando el móvil.
A penas lo recuerdo la verdad. Pasé más tiempo con Edward que ahí.
Cuando llegamos a la villa los chicos ya estaban allí acomodados tomando algo en el salón.
Enseño la casa a mis amigas y cuando pasamos por la habitación infantil abren la boca.
-¿Estás embarazada?
-No- me río- la cuna lleva ahí desde el primer día que nos vinimos a vivir aquí. Tenemos muchos planes a futuro pero quedarme embarazada no es uno de ellos.
-Ya decía yo que mucho te ha tenido que cambiar el covid para querer quedarte embarazada tú- dice Victoria.
-Tengo un DIU así de grande- le digo haciendo una medida con mis dedos- no quiero bebés.
Ambas nos reímos y voy repartiendo habitación por habitación a cada una de ellas.
Las dejo para que se den una ducha, se cambien o lo que quieran y voy a mi habitación para hacer lo mismo. El plan es ir a comer al Beach Club situado en Cala Bassa y luego quedarnos ahí hasta ver el atardecer.
Edward entra cerrando la puerta.
-Mira- dice pasándome el móvil.
María José le ha enviado un pdf con la referencia catastral del terreno, las medidas, la superficie y a cuanto está el metro aproximadamente.
-Es caro- apunto.
-Nos lo podemos permitir, lo sabes.
-Tú sí, yo… bueno.
-Puedo pagarlo todo yo, igualmente la casa va a estar registrada a nombre de ambos. Será de los dos con todas las de la ley.
-Pero yo también quiero tener mi aportación económica ahí.
-Lo sé, lo sé. Pon lo que tú quieras poner, pero no hace falta que sea todo 50 / 50.
-El lunes cuando ya no estén aquí mis amigas podemos sentarnos y hablar de dinero.
Él asiente de acuerdo conmigo.
-Voy a ponerme el bikini- le digo alejándome de él y caminando hasta el armario.
-Tú no usas bikini- me recuerda.
-Ya bueno, no voy a estar en pelotas delante de los maridos de mis amigas, ni delante de ellas tampoco- le digo rebuscando en el cajón.
Es cierto que hace mucho que no uso bikini.
En la piscina de casa nos bañamos desnudos, en las calas más escondidas que es a las únicas que vamos también desnudos. El bikini es para playas concurridas como la de hoy, playas enfocadas a turistas a las que nunca vamos si estamos solos.
Encuentro uno que compré hace muchos años y que aún me vale pero que se nota a leguas que la tela ha perdido color por el sol.
Edward sin embargo tiene varios bañadores nuevos que se compró hace un año y que no ha tenido la oportunidad de usar aún.
Pese a usar mascarillas, la playa está a rebosar y tenemos suerte de que mi novio conozca al dueño y haya podido cogernos reserva.
Comemos paella, por supuesto, bebemos sangría y de postre pedimos cócteles.
Los chicos deciden meterse al agua mientras nosotras alquilamos unas tumbonas para tomar el sol.
Estamos relajadas disfrutando del sol cuando Edward llega empapado y se tira encima de mí.
-¡Edward!- me río intentando separarle.
Ambos nos reímos mientras nos besamos y le hago espacio en la tumbona.
Mis amigas se ríen al vernos y niegan con la cabeza.
-Vosotros no cambiáis ¿eh?- dice Rosalie.
-¿De qué?- pregunto un poco a la defensiva.
-Siempre pegados- comenta Rose riendo.
-Siempre- afirmo yo sonriendo antes de besar a mi novio.
-No le hagas caso, está frustrada porque Sophia duerme con ellos en la cama y se acabó el sexo- confiesa Victoria.
-No estaría frustrada si fueras buena amiga y te quedases con mi hija los viernes por la noche.
-No gracias- responde Victoria- amo a Sophia pero los viernes es mi día.
-¿Tu día?- pregunto riendo.
-Los viernes por la tarde James entrena al fútbol con sus amigos, luego cenan y cuando vuelve a casa está tan cansado que todo es paz. Así que yo aprovecho para ponerme mis mascarillas faciales, mis cremas, leo tranquila o veo una peli que me guste. Es mi día de vivir sola.
Todos nos reímos antes de volver a tomar el sol.
Edward se queda a mi lado en la hamaca tumbado de lado, su mano acaricia mi costado con suavidad hasta que apoya toda su palma y me gira quedando frente a frente y dando la espalda a Rosalie que es la que tengo a mi lado.
Nos besamos suavemente, sin hacer ruido.
La mano de Edward pasa de mi costado a mi glúteo y le aprieta.
-Para- vocalizo con mi boca sin emitir sonido.
Él se ríe y mueve su mano hasta mi abdomen haciéndome cosquillas.
En un momento rápido baja su boca a mi teta izquierda, mueve el bikini y chupa mi pezón.
Juega con él con su lengua y rápidamente coloca de nuevo la tela como si no pasara nada.
-Voy a por algo de beber, ¿queréis algo chicas?- pregunta levantándose.
-Yo nada gracias- dice Rosalie.
-Yo otro de estos- expresa Victoria levantando la copa de su margarita vacía.
-¿Tú nena?
-Yo agua, fría- le digo con doble sentido.
¿Cómo se atreve a provocarme y luego levantarse fingiendo ser el novio amigable?
Él se ríe disimuladamente de mi petición y se va hacia la zona del bar donde están los demás chicos.
El resto de la tarde la pasamos bañándonos en el mar y tomando el sol.
Edward no vuelve a jugar con fuego o yo al menos no se lo permito.
Pasamos por casa para ducharnos y cambiarnos de ropa antes de salir a cenar a Dalt Vila.
Edward hace un poco de guía turístico por las calles mientras subimos a lo más alto donde está el restaurante La Oliva. Hay mucho ambiente en la calle, incluso hay cabezudos caminando sobre zancos.
Pedimos raciones variadas para que mis amigas prueben un poco de todo y luego nos vamos a casa.
Una vez que todo está en orden, mis amigas están asentadas en sus habitaciones, explico como funciona el aire acondicionado y demás, entro a la habitación donde Edward me espera.
-No me mires así- le advierto.
-¿Qué pasa?- pregunta sin entender.
-¿Cómo se te ocurre calentarme esta tarde en la playa?
Se ríe al recordarlo.
-No estoy acostumbrado a verte en bikini- se encoge de hombros- tenía que asegurarme de que seguían ahí- expresa señalando mis pechos- ¿sigues caliente?
-Claro que no- digo yendo al baño.
-Claro que sí- expresa viniendo detrás de mí.
-Si tú estás caliente ahora pues te aguantas, como me ha tocado hacerlo a mí esta tarde- le digo soltándome el pelo y lavándome los dientes.
-Te lo compenso- expresa arrodillándose detrás de mí y pasando sus manos de arriba abajo por la parte trasera de mis piernas.
-Vale, pero solo para mí. Nada de sexo para ti esta noche- le digo sonriendo frente al espejo.
-Vale pero luego, cuando estés tan mojada que no puedas más y me digas ''por favor métemela ya'' acuérdate de tus palabras.
Mi lengua humedece mis labios.
Me excitan sus palabras.
Es lo más posible, que termine con él hasta el fondo de mí.
Me inclino contra el lavamanos mientras me quita mi ropa interior.
Su dedo acaricia mis labios vaginales haciendo que me humedezca y que separe las piernas.
Luego siento su boca en mí volviéndome loca.
Gimo.
Acto seguido escucho un ruido al otro lado de la pared y me doy cuenta de que tengo que ser silenciosa.
Su boca continúa besándome ahí abajo, sus labios acarician, succionan y su lengua se introduce en mi interior todo lo que puede.
-Date la vuelta-
Me giro para ver su lengua tocar mi clítoris.
Su pelo acaricia la parte baja de mi abdomen.
Succiona mi clítoris entre sus labios.
Gime contra mi piel provocando vibraciones.
Meto mis dedos entre su pelo aprisionando su cabeza contra mi pelvis.
-Córrete en mi cara- me pide separándose un segundo.
Muevo mis caderas usando su nariz para rozar mi clítoris contra ella y conseguir más placer.
Voy a correrme cuando llaman a la puerta.
-¡Bella!- es Lauren.
Edward se separa de mí y me mira con los ojos entornados.
La punta de su pene sobresale por la parte superior del elástico de su calzoncillo.
-La mato- digo bajándome la falda a las caderas de nuevo y yendo a abrir la puerta, cerrando a su vez la puerta del baño donde Edward me espera con una erección.
-¿Qué pasa Lauren?-
Tiene cara de culpabilidad.
-Bastian ha tirado el vaso de agua al suelo y se ha roto. ¿Dónde tienes los cepillos para limpiarlo?
-Oh, no te preocupes yo lo hago.
-No, insisto.
-Aquí- digo saliendo de la habitación y bajando al pequeño habitáculo de no más de 2 metros cuadrados junto a la cocina donde guardamos todo lo referente a limpieza.
Bastian me pide perdón mientras entre los tres recogemos el desastre.
Agradezco que Lauren se agache a recoger los pedazos más gruesos porque yo no puedo hacerlo ya que no llevo nada debajo de la falda.
Cuando terminamos y vuelvo a la habitación Edward está tumbado en la cama leyendo algo en el móvil.
-Se ha roto un vaso- le digo cerrando la puerta.
-Lo sé, os he oído hablar- responde dejando el móvil en la mesilla- ¿seguimos?
-Estaba a punto de correrme cuando ha llamado- le digo quitándome la falda- me ha cortado del todo.
-Shh no hables tan alto, me he dado cuenta de que estás paredes son de papel. Se escucha todo.
Nunca hemos tenido invitados en esta casa exceptuando esa noche el año pasado cuando se quedó David pero estaba tan borracho que apenas respiraba.
-Ven aquí- expresa quitándose los calzoncillos.
-Te he dicho que tú hoy no tenías nada, por ser malo en la playa.
-Y yo te he dicho que terminarás arrepintiéndote de tu petición.
Paso una pierna por encima de su cadera sentándome sobre su pene semierecto pero sin penetrarme.
Nos besamos y cuando estoy masturbándome contra su polla oímos otro ruido.
-¿Son…?- pregunta él.
-Apuesto a que Rosalie y Emmet- son los que se están quedando en la habitación que está al lado de la nuestra.
-Después de lo que ha dicho hoy en la playa no podemos interrumpirles- me dice Edward- ignorémosles.
-No puedo, no puedo hacer el amor contigo escuchando los gemidos de mi amiga y su marido. Es como si estuviera acostándome también con ellos.
Edward pone cara de disgusto.
-Al coche- propone.
-¿Qué follemos en el coche?- me río.
-Está en la calle, nadie nos va a interrumpir, ni a oír.
-Vamos- digo bajándome de encima de él. Me pongo la falda de nuevo y unas chanclas. Aún no me había quitado el top que he usado para cenar así que sigo vestida en la parte de arriba.
Edward se pone unas bermudas y una camiseta de tirantes que solo usa para ir a la playa.
Apagamos la luz de la habitación y salimos en silencio, intentando no hacer ruido. Bajamos las escaleras asegurándonos que no hay nadie en el piso de abajo y que la puerta de la habitación del primer piso donde están Victoria y James está cerrada.
Cruzamos el jardín y abrimos la puerta principal con cuidado.
El coche está aparcado a dos metros y detrás está el otro, el que acabamos de alquilar solo para este finde.
Yo llevo las llaves en la mano así que pulso el botón de apertura para abrir, los retrovisores se despliegan, y se encienden las luces.
-Vamos, apaga eso- me dice Edward abriendo la puerta de los asientos traseros.
Nos metemos riendo al interior y pulso de nuevo para cerrar el coche y que se apaguen las luces.
-Quítate esto- le digo desnudándole.
Lo primero que se va son las camisetas de ambos y luego sus bermudas, por último mi falda.
-Haz lo que estabas haciendo arriba-
-¿Qué hacía?- pregunto sujetándome el pelo en un coleta.
Hace mucho calor aquí dentro.
-Mastúrbate contra mi polla.
-¿Te gusta eso?
-Me vuelve loco ver como te das placer usando mi pene, notar como me vas mojando poco a poco.
-Me gusta que me cuentes esas cosas- le digo besándole.
Vuelvo a subirme encima de su regazo, agarro su pene con mi mano y me froto con ella de arriba abajo, usando su punta para golpearme el clítoris.
Mientras me masturbo contra él su boca va a mis pechos y los chupa y succiona como esta mañana en la playa.
Una de sus manos abandona mis pechos para moverse hasta mi cadera y sujetarme para de un empujón meterse en mí.
Me quedo sin respiración un segundo.
Apoyo la planta de los pies en el asiento y uso el reposa cabezas del piloto y del copiloto para impulsarme de arriba abajo.
Solo se oyen nuestras respiraciones aceleradas y nuestra piel chocando una contra la otra.
Se sale de mi interior y me indica que me siente yo en lugar de él.
-Voy a comerte ese coño tan rico- me explica separando mis piernas y obligándome a apoyar un pie en el reposa cabezas del copiloto y otro en el respaldo del asiento de atrás. Dejándome completamente abierta y expuesta.
Sus labios besan succionan y muerden con suavidad mi clítoris.
Dos dedos me penetran haciendo palanca hacia arriba.
Su lengua también da toques suaves a mi clítoris.
-Me corro- le digo mientras mis caderas se agitan de arriba abajo.
Él no se separa de mí en ningún momento provocándome más y más placer.
Sin terminar mi orgasmo se levanta del suelo y se clava en mi interior.
-Og- expreso sintiéndome completamente llena.
-Estás ardiendo- comenta.
Acabo de correrme y estoy palpitando aún.
Vamos cambiando la postura poco a poco hasta que Edward está encima de mí completamente.
Hace muchísimo calor, ambos estamos sudando.
Yo me corro primero y él me sigue minutos después.
Nos besamos aún unidos retomando el ritmo de respiración.
Su pelo está húmedo por el sudor y nuestros cuerpos pegajosos.
Nos reímos cuando estamos completamente recuperados y él apoya su cabeza en mi pecho.
-Me siento como una adolescente contigo, en el mejor de los sentidos- le digo acariciando su nuca- siempre hay algo nuevo, algo que te produce adrenalina.
-No lo adornes, follar en el coche es muy de adolescentes- me dice él.
-Voy a encender el coche para abrir un poco la ventana, aquí hace como 50 grados- le digo.
Nos separamos y sale de mi interior
He dejado el mando del coche en el asiento del piloto así que palmeo la tapicería hasta que doy con él, aprieto el botón y las luces se encienden de nuevo.
Saco la llave, la meto en el contacto y la parte electrónica se activa.
Lo primero que escuchamos es la radio.
Edward baja las ventanillas de atrás y una suave brisa comienza a entrar refrescándonos.
Apago el contacto del coche en cuanto hemos abierto las cuatro ventanillas.
-¡Eh! Felicidades- me dice mi novio cuando me siento a su lado- ya son pasadas las doce.
Miro el reloj del coche y evidentemente, marca las 0:06.
-Gracias-
Nos besamos y nos recostamos uno frente al otro en el asiento, igual que esta mañana en la hamaca.
-Tercer cumpleaños a tu lado- me recuerda besándome suavemente.
-Y los que quedan- le digo sujetando su mano contra mi corazón.
-Y los que quedan- repite mis palabras- el del año que viene lo celebraremos ya en nuestra casa.
Sonrío al pensar en nuestro proyecto.
Me emociona mucho el darme cuenta de que vamos a dar ese paso juntos y que vamos a crearlo desde cero, no solo viviremos juntos si no que vamos a construir nuestro hogar.
-Quiero empezar ya, no veo el momento de comenzar a vivir allí- le confieso.
Edward se ríe.
-Eres muy impaciente.
-Lo soy pero ya lo sabías.
-Así es sí-
La mano de Edward acaricia mi costado relajándome hasta que me duermo.
Cuando vuelvo a abrir los ojos seguimos en el interior del coche, Edward está completamente tumbado sobre su espalda en el asiento y yo apoyo mi cabeza en su pecho. Nuestras piernas se entrelazan unas con las otras.
Ya no hace calor, todo lo contrario.
Despierto a Edward entre caricias y besos y le digo que nos hemos quedado dormidos en el coche.
Nos vestimos con calma, encendemos el coche de nuevo para subir las ventanillas y vemos que el reloj marca las cuatro de la mañana.
Entramos en casa sigilosamente, todos duermen y nosotros volvemos a caer rendidos en cuanto tocamos la cama.
A la mañana siguiente Edward madrugó porque a las ocho de la mañana le noté levantarse. Cuando bajé a la sala de estar, la isla de la cocina estaba llena de comida.
Lauren, Victoria y Edward estaban cocinando el desayuno.
-Hola, ¿qué hacéis?- saludo entrando y sentándome en uno de los taburetes.
-¡Felicidades Bella!- me dicen ambas de mis amigas corriendo a abrazarme- estamos preparando el desayuno para todos.
-¿Para todos los habitantes de la isla?- pregunto mirando toda la comida.
Hay fruta, huevos fritos y revueltos, café, leche, zumos, tortitas, bacon, tostadas, jamón, pan de barra, mermelada…
-Y… tus favoritas, tu novio nos ha mandado traértelas- me dice Victoria poniendo frente a mí la fuente de salchichas inglesas que llevo sin probar desde que estuve en Londres.
Miro a Edward y este me guiña un ojo.
Le sonrío y me levanto para sacar los platos individuales y poner la mesa.
-Vamos a despertar a los demás- dicen Lauren y Victoria dejándonos un poco de intimidad.
-Muchas gracias- le digo llegando hasta él y abrazándole.
-No tienes que dármelas mi amor, hoy cumples 31 y quería que pudieras tener todo lo que has echado de menos.
-Eres un regalo- le sonrío besándole-
-Tengo tu regalo, pero esta noche ¿vale?- me dice tocándome la nariz.
Asiento expectante.
-¿Incluye sexo?
Edward se carcajea y niega.
-Incluye sexo sí, tranquila.
Nos separamos cuando oímos bajar a gente las escaleras.
Recibo felicitaciones de todos y desayunamos los ocho juntos.
A mitad del desayuno recibo la llamada de mis padres asegurándome que vendrán en un par de semanas. No han podido venir hoy porque mi padre tiene médico el lunes lo que lo hacía complicado.
No sé qué nos depara el día de hoy porque Edward lo ha planeado él solo y no ha contado nada a nadie. Solo nos ha dicho que vamos a pasar el día fuera en la playa.
-¿Me das alguna pista?- le pregunto duchándonos tras desayunar.
-¿Para esto has insistido en que nos duchemos juntos? ¿Para sacarme información?
-No- me río enjuagándome el champú.
-Mentirosa- dice dándome un cachete juguetón en el culo.
Me río y le devuelvo el golpe en su culo.
-En realidad quiero sexo de cumpleaños.
-Esta noche- me promete besándome.
-¿Y ahora? Uno rápido, aquí en la ducha no nos oirán- le ofrezco pegándome a él.
Edward se ríe y me besa mordiéndome el labio.
Cambia la salida del agua activando la alcachofa grande que está sobre nuestras cabezas y que hace mucho más ruido.
Cuando terminamos estoy tan agotada que me quedaría a dormir en la cama sin problema pero Edward me mete prisa.
No puedo evitar sonrojarme levemente cuando me subo al mercedes negro donde hicimos el amor ayer. Mi novio lo sabe y me guiña el ojo al pasar.
Él va delante en el jeep y yo voy detrás con el mercedes.
Pasamos por la emblemática discoteca Pacha y mis amigas gritan enloquecidas. Me río con ellas recordando el día que estuvimos allí.
Nos adentramos en el parking del puerto y ya me iba haciendo una idea sobre cómo íbamos a celebrar mi cumpleaños.
Edward me da la mano en cuanto bajamos del coche y me dirige por la pasarela de madera.
-¿Vamos a pasar el día en un barco?
-Sí cariño. ¿Qué te parece?
-¡Me encanta la idea!- expreso besándole la mejilla.
Paramos frente a un barco enorme. Para nada el tipo de barco que yo esperaba.
-¿Estás de coña no?- le digo señalando el enorme navío.
-No nena, somos muchos no podemos coger un barco pequeño.
-Pero esto es demasiado-
-Calla- me dice dándome un pico.
Mis amigas están alucinadas con el hecho de pasar un día en un barco tan lujoso de estas dimensiones y sus maridos tienen la mandíbula en el suelo.
-Subid chicos, anima Edward.
Una vez arriba conocemos al capitán y al cocinero porque por supuesto había servicio de comida.
El plan era bordear la isla de Ibiza y disfrutar del día en mar abierto.
-¿Podemos ver la puesta de sol en Es Vedrá?- le pregunto a Edward.
-Eso ya está agendado nena- me asegura-
Comenzamos la travesía maravillados solo de ver el barco surcando las olas del mediterráneo. Sobre las once comienzan a abrirse cervezas y vinos espumosos.
A la una paramos frente a la costa noroeste de la isla, concretamente frente cala Benirrás. Edward me llama para unirme a él en la plataforma que da directamente al mar para subirnos a un flyboard. Me costó pillarle el truco pero luego disfruté un montón. Después mis amigas subieron a él y nosotros cogimos la moto de agua que Edward había contratado.
Él conducía y yo iba agarrada a su cintura.
La velocidad era increíble.
Nos alejamos bastante del barco y luego a la vuelta me dejo conducir a mí.
James también quiso probar la moto de agua junto a Vic.
Me lo estaba pasando estupendamente.
Comimos frente a la costa norte y por la tarde nos bañamos en las aguas de Ses Salines, desde donde se ve Dalt Vila.
Antes del atardecer y ya posicionados frente a Es Vedrá, el cocinero trajo una tarta, soplé las vengalas y me cantaron el cumpleaños feliz.
Mis amigos me dieron sus respectivos regalos y el capitán puso música chill out cuando el sol comenzó a meterse tras el mar.
Con mi espalda apoyada en el pecho de Edward vimos como el sol se puso y le besé cuando el cielo se tiñó por completo de rosa.
-Gracias por el día de hoy, ha sido maravilloso- le digo girándome a besarle.
-He disfrutado más que tú viéndote tan feliz-
-Te amo.
-Yo también mi amor- me responde besándome.
Volvemos al puerto de Ibiza ya de noche.
El barco atraca y nos despedimos del capitán y del cocinero.
Mis amigos tienen el vuelo a las 9 de la noche así que han dejado las maletas en el maletero del coche y los llevamos directamente al aeropuerto.
Nos despedimos de todos y les agradezco una vez más que hayan podido venir estos dos días para celebrar conmigo.
Una vez de nuevo solos, entregamos el jeep en la oficina de alquiler de coches y volvemos a casa con las ventanillas bajadas.
-¿Estás muy cansada?- me pregunta Edward poniendo su mano en mi pierna mientras conduce por la autovía.
-Un poco, pero también estoy expectante por esta noche- le sonrío poniendo mi mano sobre la suya.
-Aún tengo que darte tu regalo-
-¿Más aún? ¿Un día completo con mis amigos en un barco de lujo no es suficiente?
-Pues no cariño, quiero un regalo que sea solo de mí para ti. Sin tus amigos.
-Si algún día me dejas, me has jodido para cualquier otro, ¿quién va a competir contigo?
Edward suelta una carcajada.
-Eso no va a pasar pero me alegra saber que si ocurriera de forma hipotética te sería muy difícil sustituirme.
-Me sería imposible sustituirte incluso sin regalos, sin villas, sin barcos y sin lujos- le digo acariciando su nuca y moviéndome en el asiento para besarle la mejilla.
Al llegar a casa Edward tenía preparada una cena de picoteo y luego me dio mi regalo.
Es una caja de tamaño mediano y no pesa mucho.
-¿Qué es?
-Ábrelo- me anima dando un sorbo a su copa de vino.
Quito el envoltorio y me encuentro una caja de cartón normal y corriente.
Le miro interrogante.
-Ábrela.
Abro la caja y ahora veo otra caja beige mucho más formal que la anterior.
La destapo y me encuentro con unos zapatos.
-¿Cómo sabías…?
Él se ríe y deja la copa en la mesa.
-En realidad la idea ha sido de mi madre. Ella notó que te encantaron sus zapatos Jimmy Choo.
-Los llevo queriendo años- digo sacándolos en la caja- pero estos solo me los voy a poner para estar en casa. Ni de coña desgasto la suela- digo sacándolos completamente de la caja.
Son los míticos Jimmy choo negros con diamantes en la pulsera.
Y sí, son los mismos que tiene mi suegra.
Me los pongo y camino por la sala de estar con ellos.
-Ahora mismo eres la mujer más sexy del planeta- me dice mi novio cuando me coloco en el hueco de sus piernas.
Me río e inclino la cabeza para besarle.
-Muchas gracias.
-Agradécemelo bien- me responde poniéndose en pie- en la cama.
Me río al tiempo que me carga sobre su hombro y me lleva hasta nuestra habitación donde me hace el amor sin quitarme los tacones.
.
.
.
¡Hola! ¿Alguien echaba de menos está historia?
¡Por fin han encontrado un terreno donde construir su casa y comenzar su vida juntos!
Además Edward le ha organizado un cumpleaños perfecto junto a las amigas de Bella que tanto ha extrañado durante la pandemia.
Ahora que aparentemente tienen todo, ¿cuál será el siguiente paso en su relación?
¿Nos leemos próximamente? Review = Adelanto
