Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 29
1.-
—¿Qué pasó? —le preguntó Alice, luego de que Isabella hubiera dejado a Eilan en su rincón de juegos. El niño, se notaba triste, cabizbajo.
Edward, también habiendo notado esto, estaba alejado de las dos mujeres, ocupado en sus tareas, pero antento a la situación, ya que, él había visto cuando Isabella salia sola del colegio sin Eilan.
¿Será que la la maestra la llamó cuando ella venía de camino, detrás suyo, informándole que había pasado algo con el niño?
—Te lo dije, Alice; Eilan no se adaptó a la escuela.
Efectivamente, esto era lo que había pasado.
Era una verdadera lástima, pensó Edward, ya que Anabela se había puesto muy contenta de que su nuevo amigo asistiría a la escuela con ella.
—Lo siento. —le dijo Alice a Isabella.
—No pasa nada. —le contestó ella y, después, se dirigió al perchero para coger el delantal y llamar luego a Edward para alcanzarle la harina, para ponerse hacer la masa.
[...]
—¿Po qué te tuviste que i de la escuela? —le preguntó Anabela a Eilan, tan pronto estuvo en la repostería. Este, se sacó el dedo pulgar de la boca (algo que no tenía la costumbre de hacer, hasta ese día).
—Mi mamá me dijo que en la escuela no me querían. —contestó, muy triste.
—¿Po qué? —volvió a preguntar Anabela.
Eilan se encogió de hombros, sin saber qué decir.
—No te peocupes, yo si te quiedo. —dijo la pequeña niña, y abrazó a su amigo.
Edward, quien escuchó la conversación de los dos, ya que se encontraba cerca, apretó los puños, sintiendo crecer más su molestia hacia su jefa, y se dirigió, sin titubear, hasta ella.
—Renuncio. —informó.
Isabella tardó en comprender, concentrada que estaba, adornando los pastelitos de crema.
—¿Por qué renuncias, Edward? ¿Qué pasa? —prenguntó Alice, sin entender.
—Porque no quiero seguir trabajando con un monstruo de persona, que trata a los hombres como si fueran estos los que fueran malos, cuando la mala es ella. —explicó. Isabella recibió esas palabras como una ofensa, dispuesta a devolverle el insulto, pero Edward continuó, dejándola con la palabra en la boca—. ¿Sabes lo que hizo? Le dijo a Eilan que no lo querían en la escuela, por eso fue que él no siguió hoy en la escuela. Fue por esto y no porque el niño no hubiera querido, como dijo.
Alice abrió la boca, sorprendida. Sabía de sobra cómo era Isabella con el niño, pero, ¿tanto así como para que siguiera llenándole la cabeza, con otras de sus mentiras?
—¿Eso es verdad? —le preguntó a su amiga, sin poder creérselo.
Isabella bajó la mirada, ante el escrutinio de Alice, quien, ante su comportamiento, obtuvo su respuesta.
—No puede ser —dijo, sintiendo como la molestia la embargaba—. Yo también renuncio. —se sacó el delantal, y lo tiró, más enojada aún, sobre la mesa de trabajo.
