CAPITULO 23
POV - CANDY
Caminaba despacio, con pasos que resonaban en los pasillos silenciosos del hospital. Mis ojos recorrían cada rincón, buscando a Terry, convencida de que estaría esperándome como siempre, listo para acompañarme al final de otro largo día. Pero no lo encontraba por ningún lado.
Y justo cuando comenzaba a creer que, por alguna razón, se había marchado sin mí, lo encontré en la pequeña iglesia del hospital, sentado en uno de los bancas de madera con la mirada fija en el cuadro de la Virgen que colgaba sobre el altar, Terry parecía tan absorto, tan distante, que por un momento creí que estaba pidiéndole algo en silencio.
Algo que quizá solo él y aquella imagen podían entender.
Me detuve en seco, observándolo desde la distancia, como si interrumpirlo fuera un sacrilegio.
- Llegaste - hablo la voz de Terry cuando había decidido irme del lugar para no interrumpir.
- Si, lo siento no creí que pudiera tardar demasiado.
- No te preocupes, lo importante es que ya estas aquí - dijo Terry levantándose de su asiento para caminar hacia mi, los latidos de mi corazón despertarán ansiosos hasta que vi los ojos de Terry - ¿Nos vamos? - pregunto Terry logrando que volviera a la tierra.
– Sí… – logré murmurar, pero en ese instante algo se quebró dentro de mí. Un dolor agudo, como si una herida invisible se hubiera abierto de golpe en mi pecho.
Sin tomar importancia, caminamos juntos, en silencio, y aunque no dijimos una sola palabra, la cercanía de Terry fue suficiente para aplacar el peso de mis pensamientos. Con cada paso a su lado, sentí cómo aquel dolor menguaba, como si él, sin darse cuenta, pudiera sanarme con solo estar allí. Al menos por un momento, todo lo demás dejó de importar.
- Llegamos... - dije rompiendo el silencio - Gracias por acompañarme - dije con una sonrisa que desapareció abruptamente cuando mire de nuevo los ojos de Terry.
- Nos vemos mañana... - respondió Terry con una sonrisa que me hizo recordar ese día cuando nos encontramos en Nueva York por primera vez después de tanto tiempo.
- Regresa con cuidado - logre decir antes de comenzar a caminar sintiendo como un fuerte y frío pasaba por todo todo mi cuerpo como aquella noche de invierno cuando Susana había tratado de morir.
La tristeza llegó silenciosa, arrastrada por los recuerdos, como una sombra que se instaló en mi interior. Era un pesar profundo, denso, que se quedaba conmigo hasta que la noche llegará y pudiera volver a ver a Terry.
En el momento en que su figura apareció frente a mí, todo aquello que me oprimía pareció desvanecerse. Su sola presencia, el tono inconfundible de su voz, trajo de vuelta una calma que no sabía que necesitaba. Por un instante, las cosas parecían tan normales que me aferré a la ilusión de que esos sentimientos dolorosos solo eran ecos de un pasado que insistía en atormentarme.
Pero estaba equivocada.
Terry siempre había sido un magnífico actor, capaz de ocultar sus emociones detrás de una máscara perfecta. Podía fingir fortaleza con tal naturalidad que cualquiera creería en ella sin cuestionarlo. Pero esa noche, su fachada se desmoronó de golpe ante mis ojos cuando lo vi sin que él lo notara. Desde la distancia, lo observé sentado en la sala del hospital, con la mirada perdida y los hombros caidos, como si el peso de la enfermedad de Susana lo estuviera desgastando lentamente.
Su piel pálida, su expresión vacía y la tristeza que parecía envolverlo... Todo en él reflejaba un dolor que luchaba por mantener oculto, pero que, en ese momento, era imposible de disimular.
Esa imagen fue suficiente para tomar una decisión: debía acercarme, sin importar que me corazón sangrara. No importaba. No podía quedarme ahí, viendo cómo él cargaba solo con tanto sufrimiento.
Me recordó a aquella noche de estreno, cuando Terry, pese al dolor evidente en sus ojos, logró regalarme una de sus mejores sonrisa cuando nos encontramos en New York, como si todo estuviera bien. Nunca entendí cómo podía hacer algo así, cómo podía sonreír mientras su corazón, al igual que el mío ahora, parecía desmoronarse.
Sentí las lágrimas arder en mis ojos, pero me las tragué. No podía permitirme llorar y refugiarme en mi propio dolor, como había hecho tantas veces, decidí enfrentarlo, posponerlo, hacer a un lado mi tristeza… tal y como lo había hecho Terry aquella vez.
- Hola - fue mi saludo cuando había llegado hasta Terry con una sonrisa que ocultaba el gran pesar en mi pecho.
- ¿Estas bien? - fue la pregunta de Terry en cuanto me vio y se puso de pie, pareciendo preocupado por mi como lo había mostrado desde que decidí decirle una parte del por que estaba en Nueva york.
Terry parecía esmerarse tanto en cuidarme que por ratos parecía que el se preocupaba más que yo y aunque me agradará, yo no quería ser una carga para él, no quería sumarle otra fuente de sufrimiento.
Y si él estaba dispuesto a dar tanto por mí, lo mínimo que podía hacer era intentar devolverle un poco de la paz que siempre parecía brindarme, incluso cuando él mismo carecía de ella.
- Si, estoy bien... - le respondí tan suavemente como me fue posible - ¿Nos vamos? - pregunte como todas las noches tratando de parecer la misma de siempre sin importar que mi mente fuera desastre.
Terry asintió con la cabeza, me ofreció su brazo y comenzamos a caminar en silencio que respetaba aunque me de cierta forma me desesperara.
- Candy... - me llamo Terry de la nada rompiendo el silencio - ¿Podemos descansar un poco? - logro decir Terry con respirando fuertemente como si le hiciera falta el aire.
- ¿Estas bien? - me detuvo a preguntar cuando note que Terry estaba más pálido qué antes y su rostro comenzaba a sudar un poco.
- Si, solo... Necesito descansar.
- No estamos lejos del hospital, podemos regresa si te sientes mal.
- No me siento tan mal para ir al hospital.
- ¿Seguro?
- Si, tranquila señorita enfermera - dijo Terry riendo suavemente mientras cruzamos la calle para llegar al parque qué sin importar la hora, aun seguía abierto.
Si no fuera por que Terry seguía siendo un rebelde, hubiera logrado que volvieramos al hospital. Pero de repente, se le ocurrió la brillante idea de venir a este parque, y no había nada ni nadie que pudiera hacerle cambiar de rumbo. Así era él, siempre buscando su propio camino, sin importar lo que los demás pensaran.
Desde aquellos días en Londres, Terry siempre había sido difícil de comprender, un enigma del que nadie parecía saber nada con certeza. A veces su carácter impredecible me dejaba perdida, como si siempre estuviera un paso adelante, sin permitirme alcanzarlo. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que no podía dejarlo escapar de nuevo, que no importaba lo que hubiera pasado en el pasado; esta vez, estaba muy equivocado si creía que se iba a librar de mi tan fácilmente como en el pasado.
- ¿Que haces? - fue la pregunta de Terry cuando lleve las manos hacia su frente.
- Compruebo si tienes fiebre - le hice saber mientras mis manos tocaban su rostro, queriendo saber su temperatura.
- Tus manos estan frías... - dijo Terry confirmando mi presentimiento.
- Y tu estas caliente.
- ¿Y eso que significa?
- Significa que tienes fiebre y que necesitas medicinas - sin poder evitarlo, habia sonado molesta.
- Estas exagerando.
- No estoy exagerando y ahora, no te muevas - le ordene tratando de no perder la paciencia.
- ¿Que piensas hacer? - pregunto Terry alejándose un poco, pareciendo como un niño pequeño asustado.
- Nada, solo voy a revisar tu garganta - le explique tranquilamente, tal y como lo haría con niño como paciente.
- No esperá... - me detuvo Terry - Ya te dije que estoy bien, solo no he tenido días buenos y necesito descansar - su voz se desvaneció en un suspiro profundo, uno tan pesado que me hizo detenerme en seco. Fue como si su dolor se hiciera palpable en el aire, y de inmediato toda mi atención se desvió hacia él, olvidando por completo lo que tenía en mente.
Callar lo que quería decir era la condición que había aceptado para estar a su lado, pero cada vez me costaba más. No quería que se repitiera lo mismo que aquella vez, cuando me dejé llevar por la felicidad de estar cerca de él, solo para darme cuenta de todo después, por boca de otro.
Ya no quería ser la misma de antes. Recordé aquel arrepentimiento que todavía me pesaba, y supe que no podía seguir ignorando lo que sentía por miedo a enfrentarlo. Fue ese mismo arrepentimiento el que me dio el impulso de hablar, sin importarme cómo terminaría.
- ¿Por que, por que dices que no has tenido días buenos? - pregunte directamente haciendo qué Terry levantará la mirada.
- ¿Tienes curiosidad? - volvió a preguntar Terry como si estuviera evitando responder a la pregunta.
- No es que tenga curiosidad, es solo que me estoy preocupando por ti - dije sin pensar y cuando caí en cuenta de lo que dije, ya era demasiado tarde para arrepentirme.
- ¿De verdad quieres saber que me pasa? - pregunto Terry desviando la mirada.
Su pregunta me hizo dudar un poco, pero al final...
- Si - no me importo saber que su problema tuviera un nombre por que ya estaba segura de mi decisión aunque me lastimara...no quería huir y dejar a Terry solo con su dolor.
- Es Susana... - comenzó a decir Terry mientras evitaba mirarame - No sé bien cómo, pero parece que ya sabe que el tiempo que le queda no es mucho y me pidió estar más cerca de ella, aprovechar lo que quedaba para estar a su lado.
- ¿Susana morirá? - los latidos de mi corazón estaban descontrolados, al igual que mis preguntas.
- Si, pero no se sabe exactamente cuando será el día - respondió Terry respirando profundamente antes de mirarame.
- ¿Que harás ahora? - ver como la mirada de Terry se había humedecido me hizo arrepentirme de hacer aquella pregunta.
- Quería que ella viviera sus últimos días feliz fuera del hospital - hablo Terry justo cuando le iba a decir que olvidara lo que había preguntando - Pero no pedre hacerlo - Terry bajo la mirada hacia sus manos.
Tenia la oportunidad de cambiar de tema, pero ver a Terry tan triste me destrozaba tanto que solo buscaba una forma que el sufrimiento no fuera solo suyo.
- Bueno, si Susana ya no tiene más esperanza deberías convencer al doctor y asegurarle que puedes cuidar de Susana y tal vez así logres que...
- Ese no es problema Candy - me interrumpió Terry.
- ¿Que? - reaccione confundida, creyendo qué despues de tantas cosas estaba comenzando a volverme loca.
- El estado de Susana y que quiera llevarla lejos del hospital no es el problema... De hecho, creo que si en verdad lo quisiera, ya estuviéramos lejos de este lugar - murmuro Terry casi que para si mismo.
- ¿Que quieres decir con eso?.
- Lo que quiero decir es que si llevo a Susana lejos de esta lugar para ser feliz, sería... - las palabras de Terry se detuvieron un momento - Sería una mentira, - terminó, con la voz quebrada, pero sus ojos seguían brillando, llenos de lágrimas no derramadas, como si estuviera a punto de ceder - Por más que lo intente, no puedo corresponder al amor de Susana. Ya perdí la cuenta de las veces que he intentado ser feliz y hacerla feliz… ni siquiera obligándome puedo encontrar la felicidad con Susana - las lágrimas comenzaron a salir de los ojos de Terry como aquella noche cuando yo decidí romper nuestra relación para no hacerlo sufrir.
La tristeza que sentí en aquel entonces, habia regresado con más fuerza.
- Tal vez todo sería diferente si no te obligarás a quererla - que pesar me daba el poder entender esto por que yo misma lo había vivido.
- Soy el culpable, y cuando Susana sacrificó todo por salvarme, no tuve más opción que quedarme a su lado, por más que mi corazón gritara que no podía. Y ahora… no me siento capaz de destruir el único sueño que aún le queda a Susana, de decirle que soy suyo, pero que mi amor… no puedo dárselo.
Sus palabras caían sobre mí como un peso insoportable, cada una de ellas perforando mi corazón. En ese momento, conmocionada por todo lo que estaba escuchando me pareció horrible qué Terry estuviera al lado de Susana con mentiras... La sola idea me hizo estremecer de la rabia, pero, al mirarlo a él, con los ojos hundidos en una tristeza tan profunda, mi enojo comenzó a desvanecerse.
Y fue hasta que desapareció cuando entendí que la tristeza de Terry no era solo por la enfermedad de Susana como lo había creído todo este tiempo.
" Ni siquiera obligado puedo ser feliz con Susana".
Las palabras de Terry llegaron frías a mi corazón cambiando toda la rabia que sentía en tristeza, como la de aquella noche cuando lo vi llegar al hospital y tomo a Susana entre sus brazos...una imagen que no podía soportar ver ni siquiera en mis recuerdos.
Pero este fue mi error...
Creer que ya no podía ser más feliz y tomar una decisión que creí correcta para mi sin importar que para Terry mi decisión, lo condenaba a vivir en mentira.
"Por más que quiera, yo no puedo responder al amor de Susana"
¿Como se supone que Terry lograría responder a un amor qué ni siquiera existía? O peor aún, ¿Por que llegue a creer que algún día Terry lograría apreciar la bondad de Susana después de haberla visto actuando de la manera más cobarde cuando quiso morirse?.
Amar significa no lastimar a la persona amaba, y si Susana decía amar tanto a Terry como me hizo creerlo, ¿Como pudo pensar en morirse? Podía entender que no quería ser un obstáculo, pero no entendía como pudo decirme amar a Terry cuando ni siquiera se amaba a ella misma.
No lo entendía, pero lo que menos entendía era como fue que en aquel entonces pude creer las palabras de Susana.
"Solo quiero que sepas, que fuiste la única a la que ame" - ni siquiera la declaración de Terry me detuvo a pensar en otra solución, por que estaba herida por el dolor de amar a Terry y creer que mi amor no era tan fuerte como el de Susana y fue por eso que me despedí sin regresar a verlo.
No regresar a verlo fue nuestra condena.
Y ahora que veía con claridad el error que cometí, sentía el peso de la decisión que tomé esa noche. No había nada que pudiera hacer para retroceder el tiempo y cambiarlo. ¿Por qué no me quedé con Terry hasta el final? Si hubiera tomado un solo momento para detenerme a pensar, las cosas podrían haber sido tan diferentes. Todo lo que vivimos, todo lo que sufrimos, hubiera sido menos doloroso si no me hubiera dejado llevar por el miedo y el orgullo. Si tan solo en lugar de huir, hubiera decidido quedarme, junto a él.
Yo también era culpable, pero ahora, con el dolor de todo lo que perdí, entendía lo que realmente importaba. Y lo que más quería, lo que más deseaba, era aprovechar cada oportunidad que tuviera para ser diferente. Para no cometer los mismos errores, para no dejar ir lo que más amaba sin luchar.
-Te equivocas, lo que tu dices no verdad - comence a decir tratando de ordenar de ordenar los pensamientos de mi mente para seguir - Sé muy bien que Susana sacrifico todo por salvar tu vida pero, tu no hiciste que ese accidente pasara, tampoco creo que obligarás a Susana a salvar tu vida, también fuiste la víctima y yo... creo que jamás podrás responder al sacrificio de Susana. Estas haciendo lo que puedes, y es normal que sientas culpa por eso.
Si en aquella noche, yo hubiera sido igual de fuerte que ahora todo lo demás no hubiera pasado. Pero al mismo también tenía la certeza que si no hubiera decidido alejarme, yo jamás hubiera logrado entender la desdicha qué es vivir en mentiras.
El silencio de Terry después de mis palabras, me hizo volver de mis pensamientos y darme cuenta que el solo me miraba de manera profunda directo a los ojos sin responder a nada. Verme reflejada en lo cristalino de su mirada fue como recibir una respuesta o eso creía, hasta que de un momento a otro Terry dio un paso y me abrazo con ternura mientras yo lo sostenía con fuerza pareciendo como si lo estuviera protegiendo.
Sentir a Terry tan cerca hasta poder escuchar los latidos de su corazón como aquella noche,me llenó de una paz que no había conocido en mucho tiempo. Pero esa paz se rompió cuando sentí las lágrimas de Terry mojar mis hombros, cálidas y pesadas. Su dolor, su deber, caían sobre mí como un recordatorio del sacrificio que llevaba consigo. Y en ese momento, al igual que aquella noche, desee que el tiempo se detuviera para no tener que soltarlo, para que alguien como él, tan noble, tan lleno de amor, dejara de sufrir por mi.
- No me gusta verte llorar - fue lo primero que dije cuanto me aleje, viendo de cerca el lado más vulnerable de Terry.
- Lo siento - reacciono rápido, tratando de secar con sus manos las lagrimas que seguir cayendo por su rostro sin permiso.
- Soy yo la que tiene que disculparse - sin poder evitarlo mi voz se había roto.
- ¿De que hablas? - pregunto Terry casi al mismo tiempo que tomaba el pañuelo qué tenía entre mis manos.
- Lo que quiero decir es... - empecé a decir deseando con todas mis fuerzas pedirle a Terry perdón por haber tomado la decisión irme, por no pensar las cosas y abandonarlo completamente a su suerte sin pensar si eso lo hacía realmente feliz - Yo... - trate de seguir,
pero las palabras se atascaban en mi garganta, como si mi propio corazón se interpusiera entre lo que deseaba decir y lo que temía enfrentar. Desearía poder darle un perdón que valiera la pena, por haber tomado esa decisión de irme, por haberlo dejado solo, sin pensar en las consecuencias de abandonarlo, sin entender que al irme, lo había dejado a merced de su dolor, como si mi partida fuera la única solución.
Pensar en los problemas que podian pasar si decidía hablar, me hicieron temblar en el miedo que la emoción de mis palabras dejaran expuestos mis sentimientos.
- Candy... - mi nombre en la voz de Terry me hizo reaccionar, dándome cuenta que las lagrimas retenidas finalmente me habían traicionado.
- Lo siento... - pude decir con voz entrecortada por la frustración que sentía al saber que aunque ya no quisiera, debía seguir callando todo lo que seguía sintiendo.
- No tienes que decir nada - dijo suavemente la voz de Terry, tan cerca que podía sentir su aliento - Incluso si mi deber me consume, mientras estés conmigo, con gusto soportaría cualquier pena - siguió diciendo Terry más tranquilo mientras sus manos, temblorosas pero suaves se acercaron a mi rostro, tratando de borrar las lágrimas que caían sin control, como si pudieran detener el dolor que me ahogaba.
Y en ese gesto tan simple, pero lleno de cariño, encontré un consuelo que mi corazón malherido no había sentido en mucho tiempo. Fue en los brazos de Terry donde por fin entendí por qué no me había atrevido a estar con nadie más después de irme. Por qué, entre tantos caminos, había decidido huir de mi dolor y venir hasta aquí.
Lo entendía, pero ¿de qué servía entenderlo si no podía compartirlo con él?
Callar la verdad me consumía más que mostrarle mi lado más vulnerable. El no poder decirle lo que sentía, lo que me había destruido en todo este tiempo, me desgarraba cada vez que elegía el silencio cuando a fuerzas me conformaba con lo poco que podía tener como abrazar a Terry y esconder mi rostro en su pecho, dejando que el miedo de hacerle daño me venciera, antes que arriesgarme a que supiera cuánto lo amaba, incluso en mi silencio.
