Declaimer: InuYasha y sus personajes no son de mi autoría. Si fuera así, este chico tonto se hubiese decidido desde un primer momento.

Nota: Al tratarse de un conjunto de drabbles, ninguno de los escritos superará las 500 PALABRAS. Además, iré subiendo los mismos a medida que la inspiración me acompañe y sepa qué escribir (aunque si quieren tirar ideas no me enojo xD). Por lo tanto, NO PUEDO DECIRLES CUÁNDO VOLVERÉ A ACTUALIZAR. Sepan disculpar ;D.

Palabras: 493.


Hojas en Blanco

XXXIV

La risa explosiva de los niños calmó los corazones de todos los presentes. El sinsabor que había aplacado sus sentimientos seguiría allí por un tiempo más, tal vez escondido en las sombras de la noche estrellada que los acompañaba, pero la vida siempre encontraba forma de abrirse paso y continuar.

Miroku se alejó del grupo, dejando tras de sí el calor humano de su familia y gran parte de sus amigos. No necesitó caminar muchos pasos, pues el hanyō se había subido a un árbol cercano. El monje pensó en lo mucho que se asemejaba aquella imagen a los viajes de antaño.

Naraku llevaba extinto siete años, pero los recuerdos, las costumbres y los lazos que habían formado jamás serían olvidados.

Tomó asiento al pie del árbol, y contempló con una sonrisa al grupo que había dejado atrás. El pequeño Shipō eligió ese momento para gesticular con las manos, y Miroku pensó en la historia que estaría a punto de contar.

—Sabes, siento que algunas veces todavía debo recordarte que no estás solo, querido amigo —dijo, con los ojos aún pegados al grupo de personas que rodeaba la improvisada hoguera. No esperó obtener una respuesta por parte de InuYasha—. Lo que pasó con la señora Ako afectó a toda la aldea, pero sé lo mucho que caló en ti.

Ako fue una mujer joven, dulce y diligente. Su embarazo, que esperó con ansias, transcurrió sin complicaciones hasta el momento del alumbramiento. Trajo al mundo a un niño sano y regordete, pero pese a los esfuerzos de la anciana Kaede y de la señorita Kagome por parar la hemorragia, murió sin poder sostener a su hijo ni una sola vez.

Las mujeres no habían podido hacer nada para salvarla, como si Kami hubiera elegido su destino desde el primer soplo de vida que insuflo en su alma.

Miroku no necesitaba ser un genio para saber lo que pasaba por la mente de su amigo. Desde el funeral, tan solo diez días atrás, InuYasha había optado por una actitud más guardiana y cauta con su esposa, solo equiparable al episodio del yōkai.

Es que el terror del hanyō podía sentirse hasta en los huesos. Si bien no se encontraban en la búsqueda, la señorita Kagome había dejado entrever que ya estaba lista para asumir la responsabilidad de agrandar la familia en un futuro próximo.

Incluso InuYasha también lo había estado, pues su ansiedad producto de su origen había disminuido, pero la tragedia de la señora Ako le había mostrado una realidad que podría convertirse con facilidad en la suya. Por tal motivo, los temores del hanyō habían regresado con fuerza. Ahora relacionados con el miedo paralizante de perder a su compañera.

Él lo entendía, de verdad lo hacía. Había pasado por el mismo tormento en dos ocasiones.

»Si guardas todo tu alma se corromperá —continuó—. Nadie conoce el futuro, pero jamás olvides tus propias palabras: Kagome es Kagome.


En los drabbles de transición se terminó sanando los temores de orígen, pero acá llegué yo para iniciar el último arco del fic con los temores de pérdida. ¿Acaso no hay un momento donde los deje en paz? xD

Por si alguien se lo pregunta, este drabble toma lugar en 1504. Para la línea cronológica de esta historia, estoy tomando aquella línea creada por Anyara cuando se inició la secuela (pueden encontrar la cronología en su página de Facebook). Dicho esto, eso quiere decir que no estamos muy lejos del embarazo de Kag (Moroha y las gemelas nacen en 1506).

Pero bueno, el último tramo del fic recién inicia y todavía hay cosas por contar ;D.

Gracias por todos sus comentarios y favoritos. Iré respondiendo uno a uno apenas el tiempo me lo permita :D

Un fuerte saludo,

Lis