Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
Los labios de James recorrían las costillas de Lily, estaba realmente muy delgada, y eso que la veía comer bastante bien, se irguió sujetándola contra él de forma posesiva, la suave sonrisa en los labios de la chica, provocaron una en él, realmente desconocía la razón por la cual despertaba tanta pasión en él, todo lo que ocurría entre ellos era realmente intenso, por más que quería hacer de eso algo simple, sencillo, sin importancia, no podía, Lily Luna lo consumía por completo de formas que eran imposibles, al menos, para su mente.
—Reanudaremos el camino en poco tiempo –le recordó la joven, cerrando los ojos ante el contacto del rey.
—No tardaremos mucho –comentó.
—Majestad –musitó la chica cuando él se adentró en ella.
Las jóvenes caderas de la mujer se movieron con entusiasmo sobre él, podía lucir todo lo inocente que quisiera delante de los demás, pero realmente disfrutaba todo lo que él le hacía en la cama, al inicio había sido un fastidio, pero no le tomó mucho tiempo acostumbrarse a él, a su tamaño, a su peso, a su intensidad.
La dejó debajo de su cuerpo en un movimiento rápido, cubrió su boca con su mano, mientras empujaba sus caderas contra ella, de manera rápida y un poco salvaje, sintió los dientes de la joven en su palma, como medida para evitar emitir sonidos más audibles que pusieran sobre alerta a los demás guardias, ya con Lysander y Malfoy vigilándolos tenían más que suficiente gente al tanto de sus actividades.
Lily separó un poco más las piernas para que su majestad se adentrara más en ella, soltó una débil risa, el golpe del tronco en su espalda fue fuerte, pero no violento, su cabello se enredó con la corteza, jalándola un poco cuando quiso besarlo, así que él fue benévolo, acercándose a ella para besarla de forma apresurada, presionándola todo lo que podía contra el árbol, mientras su semilla terminaba en su interior.
—Debo volver –informó ella, cuando sintió el pecho de su hermano, contra su espalda, él rodeó su cintura pegándola más.
—Lo sé.
—Debería soltarme en ese caso, majestad.
—También lo sé –admitió, besando su cuello –no te quejaste, pero, el árbol ha dejado marcas en tu espalda –le informó –deberás cubrirlas en lo que llegamos al castillo.
—Me encargaré de eso, majestad –le sonrió.
—Tenemos más problemas que solo las marcas –informó.
—Problemas –repitió ella –como ¿cuáles problemas?
—Descuida, déjame a mí solucionar las cosas, para eso soy el rey.
Lily sonrió ante las palabras de su hermano, no comprendía de qué estaba hablando, a qué problemas se refería, pero no iba a ponerse a cuestionarlo, lo besó castamente en los labios y se alejó de él, la mirada de James se posó en el hombre que salió de las sombras una vez que Lily se alejó un poco, Scorpius lo observó un instante muy corto, y se giró para seguir a la princesa.
—Conoces a todos los criados –habló James, no necesitó mirar sobre su hombro, para saber que Lysander había salido, al igual que Scorpius, de las sombras para protegerlo.
—Quizás no de nombre, pero sí de vista, ¿Qué clase de guardia sería sino ubicara a cada una de las amenazas? –Frunció el ceño.
—Necesito una criada, que sea buena en su trabajo, sin importar la edad.
—¿Qué clase de trabajos, majestad?
—Sabes a lo que me refiero, deja la estupidez de lado.
—Supongo que no le conviene preñar a su propia hermana, al menos no antes de que se case –comentó.
James observó a Lysander sin ninguna emoción en su rostro, claramente había descubierto una parte de él completamente diferente, la parte que su hermana despertaba en él, no era cariñoso, ni amoroso, pero sí un poco más paciente y atento con ella, algo que realmente nadie había despertado en él, pero una vez que ella se alejaba, era como si llevara consigo esa parte que solo se había creado para la joven.
—En cuanto lleguemos al palacio, le diré que se presente con la princesa –habló Lysander.
—No, que venga ante mí, primero.
—La mujer de quien le hablo, majestad, jamás lo traicionaría.
—Que venga ante mí primero –observó a su guardia.
—Como ordene –cedió.
Para todos fue un poco sorpresivo cuando el rey decidió cabalgar llevando a la princesa Lily consigo, la joven se aferró a él, al inicio, ocultando su rostro en la espalda del hombre, pero después, observando con una hermosa sonrisa el camino, sintiendo el aire golpear su cara, después de un rato, en lugar de volver al carruaje, tal como Edward Lupin lo solicitó, la princesa sostuvo las riendas del semental del rey, provocando un enfado colectivo entre los prometidos de la realeza.
—Sin duda caíste de la gracia de Druella –se burló James.
—También he caído de la gracia de mi futuro esposo –comentó ella.
—Bueno, a él puedo doblegarlo –informó James, pegando más a la joven a él –pero Druella tiene… la creencia de que puede hacer lo que quiera en mi reino, no puedo hacer nada una vez que ella decida odiarte.
—Va a desposarla al volver, olvidará esta ofensa de mi parte –sonrió.
James no dijo nada ante las palabras de su hermana, era cierto, una vez que unieran sus caminos en matrimonio, Druella sería la persona con más poder e influencia dentro del castillo, y eso haría que, si en realidad le había tomado un poco de represalias a Lily, se desquitara con ella.
Tal y como se lo había dicho a Lysander, la mujer que se presentó ante él, no era muy vieja, no era joven tampoco, se veía que era silenciosa, y que hacía bien su trabajo, el que fuera que le pusieran a hacer, y si James fuese una persona común y corriente, eso le habría bastado para darle la información que necesitaba y sus obligaciones a partir de ese día, pero él era el maldito rey, uno al que aunque no pareciese, no confiaba por completo ni siquiera en su sombra, y, quizás sí estaba un poco loco.
Y aunque lo calificaran como loco, exagerado y un tanto extremista, desconfiaba más que nada, en aquella gente silenciosa, no en los tímidos, no, ellos eran otro tema, la gente silenciosa como esa mujer, tenían algo en la mirada que los delataba, eran capaces de deambular por los lugares y pasar desapercibidos, no porque les diera pena molestar con su presencia, todo lo contrario, amaban ser tan escurridizos, se creían más listos que los demás, por esa habilidad de observarlo todo con más detalle que los demás, y que así pasaran delante de ti, ni siquiera los notarías, salvo por esa intuición que a veces, golpeaba a la gente cualquiera.
Esa mujer era de esas, y le sorprendía mucho, que le vendiera aquel personaje tan bien a alguien como Lysander, que había crecido junto a alguien como James, que desconfiaba incluso del más pequeño de los insectos.
—Lysander pensó en ti, cuando le dije que quería a alguien buena en su trabajo.
—Majestad –asintió.
—Pero comienzo a creer que no solo eres buena en tu trabajo –murmuró acercándose a la mujer –sino que eres excelente en lo que haces.
—Me esfuerzo mucho para que se sientan complacidos con mi trabajo.
—¿Quiénes exactamente? –Le sonrió elevando una ceja.
—Quien sea a quien sirva –contestó nerviosa.
La mirada del rey se entornó un poco, amusgando tanto los ojos, que, si lo mirabas un segundo solamente, creerías que los tiene cerrados, chasqueó la lengua y sonrió divertido, rodeando a la mujer, como si fuese un león acorralando a su presa.
—A quien sea que sirvas –repitió –que respuesta tan incorrecta has pronunciado –la sujetó del hombro –la respuesta correcta, sería al rey –la empujó hacia abajo, haciendo que se arrodillara.
—Majestad…
—Quizás no eres tan vieja, pero si tendrías la capacidad de reconocer que cuando tomé el control del reino de mi padre –comentó, alejándose, dándole la espalda –lo primero que hice, fue prohibir la brujería ¿cierto?
La mujer tragó saliva, no tenía la menor idea de lo que estaba hablando el rey James, parecía que hablaba consigo mismo de algo que ella realmente desconocía, la estaba acusando de algo, pero no comprendía por completo.
—Y eso ocurrió en cada uno de los reinos que anexé –se giró hasta ella –claro que lo sabes, no eres tan imprudente después de todo, engañaste a Lysander.
—Majestad –suplicó.
—Dime entonces, ¿a quién sirves? –Volvió a cuestionar, la mujer no contestó nada, ocasionando una sonrisa más amplia en el rey, que negó –saldremos de aquí y vas a seguirme, si intentas cualquier cosa, sin duda vas a arrepentirte.
James sabía muy bien intimidar a las personas comunes, aunque sabía mejor leer a las personas, sabía que muchas veces el miedo extremo puede despertar la falsa creencia de que algunas acciones por muy osadas que sean, pueden llegar a salvarte de un destino peor, así que supo antes que esa mujer lo pensara, cuando intentaría algo, la sujetó del cabello cuando intentó escapar por uno de los pasillos ocultos, y que solo la servidumbre usaba, para que los nobles no se toparan con ellos.
Y ya, que tomo ese atajo, el rey decidió seguir ese camino rumbo a una de las alas prohibidas, arrojó a la mujer al suelo, pudo ver en sus ojos la rendición bastante lejana, quizás les preparaban para situaciones así, pero la iglesia era demasiado blanda con ese tipo de gente, muchas veces, se conformaban con lo que salía de su boca, sin importar si era cierto o no, a James no le gustaba que acusaran a gente inocente de cosas turbias.
—Bueno, ¿vas a decirme a quién sirves o seguirás negándolos?
—Solo soy una sirvienta, majestad.
—Los brujos no exigen nobleza para nacer –se puso de pie delante de ella, e hizo que se agachara, tanto que su nariz se aplastó contra el suelo.
—Majestad, por favor, no sé de lo que habla.
El suspiro de hartazgo fue bastante notorio, la sintió estremecerse bajo su pie, podía sentir su miedo llenando por completo la habitación, sin embargo, tenía que reconocerle una cosa, iba a ser complicado hacerla hablar con la verdad.
La ató de las manos y la suspendió gracias a una viga, la mujer no era tan pequeña, así que sus dedos gordos eran capaces de ayudarla a detenerse en el suelo, así que contempló si elevarla un poco más o no, y la sonrisa que le otorgó hizo que la mujer sollozara por fin.
—Por fin tu miedo suena –informó –la mayoría de la gente no lo sabe, pero… me agrada hacer los interrogatorios a mí –acarició su barbilla –en privado, sin nadie más observando –la mujer se retorció asustada –no, tranquila, tranquila, contrario a lo que la iglesia hace, a mí no me gusta torturarlas así, los gustos raros en al fornicar no es lo mío –negó –si es que la conservas, quizás lo único que estará a salvo, será tu virtud, conmigo, al menos –terminó de decir, y tiró un poco más de la soga, haciendo que la mujer comenzara a mecerse.
Encendió el fuego, sin decir nada, colocó una pequeña mesa de metal y en ella unas delgadas agujas que no demoraron en ponerse al rojo vivo.
El grito de la mujer bastante fuerte, había dos posibilidades, había sido por enterrarse las agujas en los dedos al intentar ponerse de puntillas y evitar colgar, o se había quemado, desconocía y no le interesaba qué era lo que la había hecho gritar.
—No quiero cansarme de preguntar, porque realmente, mientras más me aburro, más creativo me pongo –se giró a ella cuando logró dejar de gritar.
—No sé de qué habla, majestad, realmente no lo sé.
—Bien, solo dime una cosa y te dejaré ir ¿realmente crees que ellos soportarían todo lo que puede pasarte a ti, sin hablar?
—Majestad, no sé de qué habla –chilló desesperada.
—Bien, seguimos sin saber nada –tomó una silla y se acomodó –veamos ¿cuánto eres capaz de soportar sin saber nada? –observó los pies de la mujer, prefirió colgar a soportar la aguja enterrada en la punta de los dedos, sonrió –por cierto, quizás no hice bien el nudo, tu peso terminará haciéndola ceder, espero que el fuego no les haga nada a los tuyos –sonrió encantador.
La mujer volvió a sollozar, soltó un ligero grito cuando la soga cedió un poco, y aunque no la hizo caer sobre la mesa metálica, las agujas terminaron por enterrarse en sus rodillas, observó al rey, que veía todo aquello con fastidio, no era como si torturarla lo excitara, lo complaciera, era como quedarse ahí, observando al viento mover las copas de los árboles, nada extraordinario para él.
—Bien, supongo que ya te acostumbraste al dolor, es bueno que, al estar al rojo vivo, cauterizara la herida, así no perderás sangre y morirás, sin duda tardarás un poco más.
Se puso de pie, la mujer lo perdió de vista, lo siguiente que sintió fue un fuerte dolor en el brazo izquierdo, ocasionando que el peso colgara más y la aguja se enterrara más profundo en su rodilla izquierda, el dolor fue intenso y punzante, un silbido inundo sus oídos y todo se comenzó a ver borroso, pero incluso con todo ese dolor agudo, los ojos azules delante de ella fueron lo único claro que había.
Cuando volvió en sí, sus piernas estaban amarradas, las agujas seguían incrustadas en sus rodillas, se movió sintiendo una intensa punzada de dolor, el rey estaba frente a ella, sirviéndose una copa de vino, tan imperturbable como siempre.
—Eres la primera que no soporta algo tan simple y leve como eso, has durado dos horas dormida –se burló.
—Majestad, por favor –suplicó.
—Dime si ese sueño reparador hizo que tu memoria mejorara y ahora recuerdas ¿A quién sirves? –Volvió a cuestionar, y no obtuvo respuesta –te dejaré descansar.
Las rodillas de la mujer que estaba suspendida golpearon el suelo, en algún momento había retirado la mesa y el fuego, el sonido le hizo saber que el hueso de había roto, sintió algo caliente recorrer su pierna izquierda.
—Oh, veo que alguien ha salido a decir hola –sonrió.
La mujer desvió la vista hasta su pierna, cuando el rey sujetó el hueso que sobresalía e hizo movimientos bruscos y controlados, provocando más dolor del que pensó que sería capaz de soportar.
—Vamos, esto no es la gran cosa, incluso un niño puede soportar esto, no vayas a quedarte inconsciente de nuevo, me aburriré, aunque –la observó sobre su hombro –quiero hacer otras cosas, mi mente va a otros asuntos pendientes, no me estoy permitiendo ser creativo, terminemos con esto.
La mujer sollozó, aunque no dijo nada, alguna persona más débil, sin duda le habría creído que realmente no tenía nada que ver con lo que el rey la acusaba, James pensó que Lily sin duda estaría convencida de la inocencia de la mujer, quizás si supiera lo que estaba haciendo —por muy leve que esto estaba siendo—, no le agradaría para nada, ella creía que había un James bueno y con corazón pretendiendo que no los tenía.
El hombre improvisó los siguientes tres días, lo único que tenía en la mente, era poder terminar con eso, y poder ir hasta su hermana, y sin duda meterse entre sus piernas, adentrarse en ella tan fuerte y duro como su pequeño y delgado cuerpo pudiese soportar, en lugar de estar ahí, hubiese podido usar esos tres días, para someter a su hermana en la cama conforme su voluntad quisiera, pero no, estaba teniendo una mala racha, y eso rara vez pasaba.
—Nunca me había topado a alguien con tan mala memoria –aceptó fastidiado.
—Los matara –comentó la mujer delirante.
—Oh, ya veo –se burló James –mi mala comunicación extendió mi trabajo –gruñó frustrado y le dio un golpe a la mujer en el hombro –no mataré a tus hijos –susurró en su oído –ni a tus padres –musitó –pero dime ¿a quién sirves?
—Silencio –movió la cabeza negando.
—No voy a callar…
El rey suspiró, se alejó de la mujer y fue hasta su cinto, donde colgaba su espada, sin duda pasarse el tiempo pensando en follarse a su hermana, le había desacomodado el sentido común, tenía que ordenar bien su mente y que las cosas no volvieran a ocurrir así.
—Tengo palabra –aceptó –todo aquel que no pertenezca al Silencio, podrá sobrevivir, ¿comprendes por qué no puedo dejar vivir a los demás?
—Sí –sollozó la mujer con pesadez.
—Te veré en el infierno –comentó antes de decapitarla.
