Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
Por fin, después de unos días, James pudo regresar a sus actividades normales, perder el tiempo jugando con esa mujer, había servido de algo, pudo ausentarse en toda la algarabía que había despertado en Druella, al enterarse por Remus, que los planes de la ceremonia se habían adelantado demasiado, como bien él lo había previsto, se había estado pavoneando por todo el castillo, hablando en voz muy alta, para que todos —sobre todo, Lily—, estuvieran al tanto que su boda se celebraría en tan solo siete días, de los cuales, restaban tres, para poder obtener un poco de placer respecto a eso, dejó que los hermanos se ocuparan de todos los detalles, eso implicaba más tiempo de Scorpius Malfoy a lado de su hermana Druella, y menos a lado de Lily, así James había podido escabullirse hasta los aposentos de la joven, que seguía recibiéndolo con mucho entusiasmo, no solo en el lugar, sino también entre sus piernas.
—No he visto a ser Lysander por aquí –comentó Lily, hablando de algo que no fuera el ritmo de su hermano en su interior.
—No sabía que tenías ese tipo de gustos –la observó sobre su hombro, con una sonrisa –supongo que le dará gusto saber que prefieres que sea él quien te escuche chillar de placer, a que sea Malfoy.
—¡A eso no me refiero! –Vociferó unas octavas más arriba de su tono normal, y sus mejillas ardiendo de la vergüenza.
—Oh, supongo que entonces le decepcionará, ¿para qué quieres verlo?
—El saber que siempre está contigo, me da más tranquilidad –aceptó.
—La mayoría de la gente pensaría extraño, a ti te da tranquilidad, sí que eres extraña.
—No lo conozco mucho –aceptó –pero cuando lo veo, sé que no dejará que absolutamente nada te pase –aceptó, hincándose sobre la cama y avanzando hasta James, para abrazarlo desde atrás, ocultando su rostro en su espalda, queriendo alejar la idea de algo malo ocurriéndole.
—No soy como otros reyes –informó en un tono serio, quizás un poco distante, dándole a Lily la sensación de que estaban en lugares muy alejados, a pesar de estar en la misma habitación, y sujetándolo contra sí –yo no soy un inútil que depende de sus guardias para mantenerse a salvo, si puedes ver, ni siquiera tengo un escudero, nada, es protocolo tener a alguien siguiéndome, así alguien puede desplazarse y dar información a los demás.
—No digo que seas un inútil o incapaz –lo estrujó más contra ella –simplemente digo, que tengo miedo, de que algo malo te ocurra.
—Nada va a pasarme, descuida, me estoy encargando de eso.
—¿A qué te refieres? –Cuestionó preocupada, se puso de pie y ella siguió su ejemplo.
James comenzó a vestirse, tenía que reunirse con Lysander, no es que estuviese ocupado buscando a los miembros de esa secta, más bien, estaba en los calabozos, siendo maltratado, por ser lo suficientemente idiota, como para no darse cuenta de algo tan obvio, aun así, iría a verlo, solo por el simple placer de verlo tan indefenso, cuando normalmente las cosas no podrían ser así, lograr dominarlo era un trabajo complicado, pero no imposible, al menos no para alguien como el rey.
La mujer pelirroja lo recibió con una muy amplia sonrisa y se acercó a él, con la única intención de besarlo, cosa que James negó por completo, la sujetó del hombro y la alejó de la manera más educada que pudo encontrar, aunque su cara demostró el desagrado que ese gesto le había causado.
—Vaya, ha decidido serle fiel a su reina, mi rey –comentó Elisheva, con una sonrisa burlona.
—No digas estupideces ¿quieres?
—Entonces, quizás no debería decirle lo que averigüe –sonrió.
—Supongo que, en ese caso, lo que quieres es un lugar junto a él.
La mujer se giró a ver al hombre, que si bien, no se veía físicamente mal, sabía que las torturas que había estado recibiendo, eran peores que los golpes, suspiró, apartando la vista de la figura que estaba sujeta a una viga, suponía que lo mejor era no retar a su suerte, aunque el rey siempre hubiese tenido muchos miramientos para con ella, no significaba que realmente le perdonara o pasara por alto todo.
—Tienen un refugio en el bosque, nos tomará un par de días llegar a él –informó –pero para que tengas muy en claro, han comenzado a escalar muy alto.
—Muy alto ¿qué tanto? –Cuestionó observándola.
—Los nobles saben muy bien que no te detendrás para cortarles la cabeza por traición, así que les ha tomado bastante tiempo corromperlos, sin embargo, ningún hombre es incorruptible, quizás solo usted, majestad –sonrió.
—No lo dejas en claro, ¿qué nobles comenzaron con esto?
—Si lo que busca son personas capaces de hacer brujería, entonces tiene a varios cercanos a usted, comenzando con Pansy Parkinson.
—No me interesa matarlos, solo exterminar sus prácticas y lo sabes, de lo contrario, te habría matado a ti, desde el momento en que te conocí –se giró hasta ella –sin importarme que tu sangre provenga de la más pura línea de realeza.
—Ah –chasqueó la lengua –hablo por muchos de nosotros al decir, que usted vino a dar libertad a los cautivos, majestad –acarició su pecho –así que tenga por seguro, que, aunque nos ocasione perder algo más que la cabeza, no dudaremos en usar nuestros dones, si eso nos asegura que estará a salvo.
—Ni siquiera para eso, me interesa que los usen –la alejó de él –pero tus cuervos deberán de quedarse –aceptó.
—Sé que la odia.
James se detuvo ante las palabras de Elisheva, muchas veces, no necesitaba decir mucho para que él la comprendiera a la perfección, sin duda sabía a lo que se refería, el linaje de la mujer pelirroja era bastante… interesante, si pudiese decirse de alguna manera, y sus grandes habilidades de brujería, realmente no era lo que la había mantenido con vida, sino la forma en que brillaron sus ojos, cuando lo vieron aparecer por la puerta una vez que derrotó a su ejército, y asesinó a su padre y a todos aquellos que se atrevieron a negarle lo que con sangre había logrado conquistar.
—La verdad, es que solo me tomará un graznido de cuervos terminar con ese campamento –le informó.
—Pero no lo hiciste ¿por qué? –Ella sonrió.
—No hay nada mejor, que hacer historia, su alteza –se encogió de hombros –ya lo ha hecho bastante, pero véalo así –avanzó hasta él –no hay nada peor, para opacar ese circo al que está obligado a unirse, que con una masacre que sus futuras generaciones van a recordar.
—Vas a irrumpir en la corte con ellos.
—No, dejaré que ambos digan sus votos, ella alcance el epítome de la felicidad y asesinarla delante de sus ojos, apresando a todos los traidores que han venido hasta aquí, para su boda.
—No habrá dichas generaciones –informó convencido.
—Vaya, ni siquiera un heredero engendrará, pensé que la odiaba, pero va más allá –sonrió.
—No me interesa tener vástagos que hereden esto.
—¿Tiene miedo que sigan sus pasos?
—Claro –soltó una risa amarga –no me molestaría, si soy tan débil como para perecer bajo su espada, que así sea –admitió –pero, en realidad, ser un rey es bastante sencillo, a alguien debería importarle más, desearlo con tanto fervor, que hará lo mismo que yo hice con tu pueblo y los otros dos –le sonrió –tomar lo que no es suyo por derecho, y subyugarlo tanto, que no puedan ver a nadie más, sino a ti, pisoteando todo lo que una vez fueron y creyeron.
—Suena a que incita a una traición, alteza.
Una mirada de soslayo a Lysander que observaba con incredulidad lo que habían estado charlando, fue su respuesta, ella sonrió encantada y salió del lugar sin aguardar absolutamente nada, no es que a James le interesara ser un héroe que fuese recordado, o que incitara a una traición, sabía que era tan bueno, que nadie podría con él, si ese ser que viniese a conquistar todo, sería después de él, una vez que sus huesos se pudrieran en la tierra, nadie antes.
—Si haces eso, las cosas pueden salirse de control –informó Lysander –pondrás a toda la corte, inocentes en peligro.
—La gente inocente no correrá peligro, la escuchaste, nadie mejor que ella, para asegurarlo.
—Confías demasiado en ella, James, puede traicionarte.
—Hay cosas sobre Elisheva que nadie aparte de mí y ella, conoce, y eso no va a cambiar, no importa cuántas vidas estemos destinados a vivir –informó –la lealtad que esa mujer me profesa, va más allá, no es cosa de niños.
Lysander cayó de bruces una vez que soltó las cadenas que lo tenían sujeto, podría dejarlo ahí más tiempo, pero Lily había preguntado por él, si el hecho de que ese hombre cubriera sus espaldas la dejaba más tranquila, lo soltaría, aunque quisiera que los guardias más débiles, pudiesen pavonearse sabiendo que habían humillado al gran Comandante de la Guardia Real, Lysander Scamander al grado, que ni siquiera había podido decir nada para amenazarlos de muerte.
Le arrojó su espada que no le costó sujetar y con movimientos bruscos lo siguió hasta el castillo, había muchas cosas que faltaba resolver, y mientras más prisa se dieran mejor, así que el joven avanzó detrás de su alteza, el cejo del guardia se frunció al ver que realmente no iban rumbo al palacio, no, sino a otra celda.
Se quedó callado cuando vio a la joven sirvienta atada sobre a una mesa de madera, junto a ella había un fogón encendido, observó a su alrededor, no comprendía absolutamente nada, ¿quién era esa joven y qué hacía ahí?
—Ah, veo que realmente es más eficiente que tú –comentó James a Lysander.
—No comprendo –aceptó el rubio.
—Le pedí a Malfoy una sirvienta de confianza, me envió a esta.
La joven se retorció asustada, las lágrimas sin derramar en sus ojos le daban una imagen aterrada, James acarició su cabeza y le sonrió divertido.
—No voy a matarte, y aunque a mí guardia le divierta desvirgar jovencitas como tú a la fuerza, no está aquí para eso.
—Alteza –suplicó Lysander.
—No, no te avergonzaste de forzar a una campesina inocente, no te avergüences de que diga tus antecedentes –observó a la joven –dime, primero que nada ¿por qué Malfoy te recomendó si eres de este reino? –inclinó la cabeza y le quitó la mordaza a la joven –pero sé honesta, me tomó tres días de interrogatorio con tu antecesora y su cabeza sigue –sonrió –aunque no sobre su cabeza, sí en el lugar donde la dejé, vamos, habla, niña.
—Se enteró que hay unos soldados sirvientes del rey Malfoy obligándome a darles información –las lágrimas contenidas mojaron el rostro de la joven.
—¿Qué clase de información?
—Movimientos sobre la princesa Lily.
—Vaya, y aun así te recomendó, supongo que te quiere cerca para vigilarte y matarte él mismo si nos traicionas –comentó.
—No, lo hizo porque supo que toda la información que les daba era falsa, majestad.
—Bien –aceptó convencido –pero sabrás que soy un hombre muy precavido ¿sabes leer? –La mujer negó asustada –bien ¿dibujar? –La respuesta volvió a ser negativa –así que de escribir ni pregunto –se burló.
James se llevó la mano a su espalda, cuando Lysander se percató que ocurría, volvió a quedarse quieto, el rey no se tentó ni el corazón ni le tembló la mano para cortarle la lengua a la joven una vez que su navaja fue puesta al fuego por unos momentos, lo suficiente para esterilizarla y otra más para cauterizar el corte al instante.
—No lo tomes a mal, agradezco tu lealtad, pero no quiero que alguien más sepa lo que estás haciendo para mí, y para la princesa Lily.
—James –le advirtió Lysander.
—Pagaré por tu silencio –sonrió ante la ironía de aquello –tus padres y hermanos, tendrán un hogar digno para vivir y dinero suficiente para sobrevivir por el resto de sus días –la joven, a quien Lysander ya había soltado, sujetó las manos del rey en agradecimiento.
—Baja –pidió Lysander, observando enfadado a James.
—Tú vas a tener una habitación privada en el palacio, serás libre de pasear por el castillo como se te plazca, y podrás comer lo que se te antoje, así sea destinado a colocarse en el banquete, a cambio, evitarás que deje preñada a mi hermana ¿Queda claro? -La mirada de la joven fue de sorpresa, sin duda lo que había dicho el rey, era lo más absurdo que había escuchado en su vida –dime ¿Es suficiente pago por tu lengua? –la mujer asintió frenéticamente, completamente fascinada –dime, ¿Quieres algo más?
Lysander observó a la mujer hacer movimientos con la cabeza, y las manos, el rey soltó una risa divertida, y asintió encantado, o al menos, eso era lo que los demás podrían pensar, sus ojos azules brillaron un poco más.
—Ordena a los demás sirvientes que necesitará un invernadero privado, y pide todo lo que sea necesario para los tés de Lily, o, y claro, más hiervas que sirvan para otras cosas, ella se hará cargo de la princesa a partir de ahora, ¿te queda claro, Lysander?
—De inmediato, majestad.
—Gracias por tu lealtad, he pagado bien por tu lengua, así que… mantente bajo mi gracia, o no te agradará lo que pasará contigo y tu familia.
—M—
Lily observó a la joven frente a ella, Lysander la había presentado, le había dicho que la joven era muda, que estaría a sus servicios exclusivos, pero que no era una criada, que ella solo se encargaría de darle tés medicinales y cuidar de su persona cuando estuviera enferma, pero que nada más recaía en ella, y aunque eran servicios exclusivos para ella, solo el rey podía ordenarle hacer cosas fuera de las funciones para las cuales la habían enviado desde el inicio.
La joven princesa no dijo nada, se limitó a asentir, desconocía por qué su hermano, el rey, que muchos decían que no tenía corazón, podría hacer algo así con esa mujer, lo primero que llegó a su mente, es que había sido una de las muchas mujeres con las que había estado en la cama, sin duda eso le enfureció, pero no era muy propio de ella desquitarse con los demás por cosas que habían pasado fuera de su control.
La joven sirvienta se dio media vuelta y le extendió una taza de té, que estaba dejando de humear, así que sin chistar la tomó, Lysander lo había dejado en claro, James quería a esa chica sirviéndole el té, y cuidando de su salud, así que, si él confiaba en ella, no había razón para que Lily no lo hiciera.
—Listo, lo terminé –informó.
La mujer fue hasta ella, retiró la taza y se marchó después de una reverencia, la princesa asintió con una sonrisa bonita dibujada en el rostro, y se quedó sola en sus aposentos, el enorme vestido aguardaba en uno de los enormes sillones, era bastante elegante y hermoso, pero no quería usarlo, ya que eso significaba, que su hermano, desposaría a otra mujer, suspiró, no era como que pudiese desposarla a ella, ese pensamiento era muy tonto e infantil de su parte.
—Hola, espero no molestarla –la voz de Edward Lupin la atrajo de vuelta a la realidad.
—No, descuide, todo está bien.
—Veo que ya le entregaron su vestido, lucirá hermosa en la ceremonia –comentó con una sonrisa amable.
—Eso espero –aceptó.
Dudaba que por más bonito que estuviese el vestido, resaltara más que la princesa Druella, que sin duda era hermosa en un día normal, no dudaba que para un evento como lo era su boda, con el rey, la joven estuviese más cerca de la perfección, tragó saliva, sin duda a su lado, Lily no era más que una chica sin gracia y educación ¿Qué había visto su majestad en ella? ¿O era algo tan simple como la lujuria y nada más? Aunque, eso era algo que alguien como la rubia pudiese provocar más que ella, quizás el único atractivo que le veían era el ser la hermana del rey.
—Aunque, para ser honesto, usted siempre luce realmente hermosa.
La joven intentó alejarse cuando notó la cercanía del hombre, que no dijo nada más, se limitó a observarla con una mirada pesada, algo que jamás había hecho en el pasado, no comprendía realmente el cambio de actitud en su prometido, pero sin duda la hacía sentirse completamente incómoda, nada comparado con lo que su alteza despertaba en ella con su cercanía.
—Mi padre me ha dicho que esperaremos a que el rey vuelva de su viaje de bodas, para poder unirnos en matrimonio usted y yo.
La mano de Edward se colocó en la mejilla de la princesa, aunque después acarició su cuello, y para completar el atrevimiento —según los pensamientos de Lily—, se acercó a ella todavía más, pero en lugar de besarla en la mejilla, como pensó, sus labios se pegaron en el hombro desnudo de la princesa, para después hacerlo en su cuello.
Si aquello hubiese provenido de James, no habría duda de que Lily lo encontraría completamente fascinante y estaría sobre él, besándolo con poco decoro, pidiéndole que la poseyera hasta el día de la boda, pero, no, era Edward Lupin, su prometido y provocaba un extraño pánico creciendo en su cuerpo entero.
—Lamento la interrupción.
—Majestad –Soltó Lupin, dando un par de pasos atrás, alejándose de la hermana del rey.
