FRAGMENTOS
¡Hola! Nueva actualización. 1/2
- Kayla Lynnet: ¡Hola! Me encantó tu review, ¡es que lo analizaste todo con tanto detalle! Naomi definitivamente trajo una sorpresa inesperada, aunque ya sabes que con Kikyo y Naraku nada es tan sencillo. Esos dos siempre tienen algo escondido, y bueno, no sería esta historia sin un poco de intriga extra, ¿no? Moroha necesitaba ese momento, y fue hermoso darle ese respiro. Aunque sí, la ausencia de Kagome pesa, y la sombra de Naraku sigue rondando… nunca deja nada al azar. ¡Lo de la araña y el embarazo era inevitable! Pero confía, las cosas no serán tan simples como Naraku cree. Y sí, Inuyasha puede ser cabezota, pero el amor por Kagome siempre está por encima, aunque le cueste entender las cosas al principio. :D El reencuentro de las hermanas fue un momento especial. Esos instantes tiernos son necesarios después de tanto caos. Por ahora, todo parece tranquilo, pero ya sabes cómo va esto… la tormenta siempre está al acecho. Gracias por seguir tan atenta a la historia. Nos vemos en el próximo capítulo. ¡Un abrazo!
- Cbt1996: ¡Hola! Naomi realmente sorprendió, ¿verdad? Su firmeza con Naraku fue increíble, y aunque parece que él está más relajado ahora, yo tampoco confiaría. Esa calma solo puede significar que se viene algo fuerte. El reencuentro con Rin fue uno de mis momentos favoritos, tan cálido y necesario. Izayoi y Koga también brillaron en ese capítulo, esos detalles tiernos siempre hacen falta. Sobre Kag e Inuyasha, ¡me encanta cómo van avanzando juntos! Él realmente ha madurado un poco, y sus momentos siempre tienen ese toque único que nos derrite. Y bueno, Sesshomaru siendo el oyente inesperado y las reacciones de Inu no podían faltar para aligerar todo. Gracias por seguir disfrutando y analizando cada detalle. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!
- Rosa. Taisho: ¡Hola, bella! Me alegra que te sorprendiera lo de los padres de Inu y Kag, fue un giro que disfruté mucho incluir. Y sí, Naraku se quedó con el coraje atorado, pero no podía faltar su jugada para complicar las cosas. La prensa tendrá un festín, pero Kag e Inu son fuertes, ¡sabrán cómo enfrentarlo! Jajaja, entiendo tu susto con la reacción de Inuyasha, pero por suerte su amor por Kag fue más fuerte que cualquier duda. Ese momento entre ellos fue de lo más especial. Gracias por tu comentario y por siempre estar aquí. Nos vemos en el próximo capítulo, bella. ¡Besos!
- Karii Taisho: ¡Hola, hola! No te preocupes por la tardanza, siempre es un gusto leerte. Naraku definitivamente no esperaba que las cosas se le torcieran tan rápido con los Taisho. Aunque aún tiene su plan B, no dudo que tratará de apresurarlo para recuperar el control. Pero sí, yo también le lanzaría toda la vajilla, ¡qué coraje su jugada en plena fiesta! La reacción de InuYasha generó muchas dudas, lo entiendo, pero al final su amor por Kag lo guio por el camino correcto. Y Miroku, como siempre, siendo la voz de la razón… aunque con sus ocurrencias. El reencuentro de las hermanas fue precioso, algo que ambas necesitaban, aunque no en el mejor momento. Por otro lado, Izayoi, como siempre, siendo ese apoyo incondicional que cualquiera quisiera tener, ¡qué mujer más increíble! :) Gracias por tus palabras y por analizar cada detalle. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! Saludos.
- Lin Lu Lo Li: ¡Hola! Naomi sorprendió a todos con ese giro, ¿verdad? Parece que la balanza empieza a inclinarse a favor de los Taisho, aunque con Naraku uno nunca puede confiarse del todo. Su jugada con el embarazo fue cruel, pero al menos InuYasha demostró que ha madurado, y su reacción fue todo un alivio. ¡Incluso supo celebrarlo! Jaja. Sobre lo de la venganza, entiendo que Kagome se enterara así no fue lo ideal, habría sido mejor por parte de su hermana, pero a veces no sale como uno quiere jeje. El tema con el señor Okami será complicado, aunque espero que, como dices, aprovechen esa conversación para aclarar también lo de Sango. Gracias por compartir tus impresiones, me encanta cómo analizas los detalles. ¡Nos leemos pronto!
Sé que ha pasado demasiado, de hecho, no creí que demoraría tanto en actualizar, supongo que a veces la vida te pone a prueba y cuando menos te das cuenta ya ha paso mucho. Espero que hayan podido disfrutar las fiestas navideñas, en compañía de quienes quieren. Siempre con buenos deseos, y sobre todo salud, tanto física como mental.
Ahora bien, pasando al capítulo de hoy, les traigo una doble actualización como una forma de disculparme por la demora y, por supuesto, para que lo disfruten al máximo.
Quiero citar el Capítulo 19, donde se menciona ligeramente a Margaret Desmond, un personaje que será importante en la historia, porque sí, esto aún no termina. Poco a poco estamos llegando a la escena por la que he comenzado a escribir esta historia, y es como les dije, me encanta, amo y disfruto escribir drama. :D Estén preparadas y preparados para todo.
P.D: Para facilitarles la búsqueda del Capítulo 19 y el fragmento donde se menciona a Margaret Desmond, he subido ese extracto a la página de Facebook con su respectiva imagen. ¡Siempre respetando a los creadores digitales! Es que simplemente no pude resistirme a utilizar IA para plasmar esta escena en mi mente.
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 27.
KAGOME
–Tranquila, ya te dije que no es para tanto.
–No sé cómo podré mirarlos a los ojos después de esto –solté mientras me daba una última peinada al cabello–. ¿Por cuánto le lleva? ¿Cinco…?
–Diez.
–¡Diez! –exclamé atónita–. ¿Tu hermano es diez años mayor que Rin y eso te parece normal?
–Amor, para el amor…
–No me salgas con eso –advertí mirándolo–. El día en que Moroha te presente a su novio, diez años mayor que ella, quiero ver si serás capaz de decir esa frase.
Aquello pareció disgustarlo, pero intentó disimularlo.
–El día que eso pase…
–Te morirás por dentro, eso lo sé –dije acercándome a él.
–Es muy pronto para pensar en lo que podría o no suceder en el futuro. Es mejor no darle vueltas a eso.
Sonreí mientras le daba un beso corto en la mejilla.
–Te molesta solo pensarlo, no lo niegues.
–Kagome.
Volví a sonreír.
–Gané…
Inuyasha sujetó mi cintura con determinación antes de capturar mis labios. Amaba cuando hacía eso.
–Mejor vamos a desayunar, pequeña tramposa. Estoy seguro de que mamá nos está esperando.
–¿Crees que será buen momento para… ya sabes?
–¿Tienes miedo?
–¿Y tú no?
Él me regaló una sonrisa.
–Ya no somos unos niños, Kag. Además, Izayoi ha estado queriendo un nieto desde hace mucho, bueno... desde lo que pasó con Kagura, ya sabes. Ella estaba muy ilusionada con la llegada de un nuevo integrante a la familia.
–¿Crees que habría querido al hijo de Kagura?
–¿Bromeas? –cuestionó mirándome a los ojos–. Mi madre lo hubiera amado.
Solté un suspiro. Me costaba tanto pensar en el futuro que habría tenido el hijo de Kagura si tan solo las cosas hubieran sido diferentes. Después de todo, ese pequeño en su vientre llevaba la sangre de un Taisho.
–¿Te sientes bien?
–¿Eh?
–De pronto, tu expresión cambió –comento tomando mis mejillas–. ¿Algo te preocupa?
–No es nada.
–Kag…
–Es solo que… con todo lo que está pasando, la llegada de este bebé… no sé si sea una buena idea.
–¿Qué quieres decir?
–No me malinterpretes.
–Entonces sé más clara –exigió sin dejar de mirarme.
–Naraku lo usará en mi contra, prácticamente le dimos otra arma para torturarnos.
–Ambos sabíamos que tarde o temprano pasaría –aclaró–. Te recuerdo que no tuvimos el más mínimo cuidado cuando lo hacíamos.
–Lo sé, fuimos irresponsables.
–No lo dije para que sintieras culpa. Lo dije para que supieras que ambos queríamos que esto pasara. De alguna forma, tal vez inconscientemente, queríamos este bebé –dijo, poniendo una mano sobre mi vientre.
–No era el momento… –susurré.
–Lo sé, pero ahora lo es. Es el momento para hacernos más fuertes, amor. Por nosotros, por Moroha y por él.
–Inuyasha…
Me atrajo hacia él.
–Verte llorar me lastima, Kag, pero si te hace sentir mejor, entonces hazlo…
.
–Hasta que por fin están aquí –escuché la voz de Sesshomaru cuando entramos al comedor–. Espero que hayan podido descansar, porque yo casi no pude dormir.
Mis mejillas se tiñeron de inmediato.
–No le hagas caso, solo habla puras tonterías –soltó Inuyasha mientras me ayudaba con la silla.
–¿Dónde están todos? –pregunté, al estar solos los tres en la mesa.
–Mamá ya viene, dijo que tenía que atender un asunto.
–¿Qué asunto? –dijo Inuyasha.
–Bueno…
–...no hace falta que te molestes, madre. De todas formas, tengo que ir al trabajo.
Vi la mirada llena de odio que Inuyasha fijó en Koga, quien apareció del brazo con Izayoi.
–¿Madre…? –murmuró Inuyasha– ¿Acaso la llamó madre…?
–Contrólate… –advertí por lo bajo.
–¡Oh! querida, ya están aquí –Izayoi se acercó a saludarme–. Espero que hayan podido solucionar sus problemas.
–Sí, no se preocupe…
–Madre –Inuyasha enfatizó la palabra–. Quisiera saber qué hace él en nuestra casa.
–Es mi invitado.
–Ya la oíste –dijo Koga–. Puedes dejar de mirarme de ese modo, Taisho.
–Inuyasha –advertí tomándolo del brazo cuando intentó levantarse–. Ya es suficiente, Koga me acompañó y tu mamá dejó que se quedara a dormir.
–Así es –dijo Izayoi–. No creí que sería un problema.
–Y no lo es –aclaré–. Muchas gracias Izayoi.
–De nada, cariño. Bueno, sírvanse, están en su casa.
–¿Y mi padre?
–Tuvo que salir muy temprano, ya sabes, asuntos de trabajo que nunca terminan.
–Iré por mi hija…
–No te molestes –advirtió Izayoi sin dejar de mirar a su hijo–. Rin la traerá, ahora la está bañando.
Tosí un poco para romper la tensión. Y animé a Inuyasha con la mirada para que continuara hablando sobre lo que hablamos en la habitación.
–Bueno, mejor aprovecho este momento para hablar sobre lo que pasó ayer.
–¿Hablas de lo que hizo Naraku? –dijo Izayoi.
–Sí, sobre eso y… –Sentí sus manos buscar las mías bajo la mesa–. Kagome y yo…
–Lo que pasó ayer, no fue una mentira orquestada por Naraku –intervine–. En realidad, sí estoy… esperando un bebé.
–¡¿Qué?! –soltó sorprendida.
–Genial, justo lo que hacía falta –dijo Sesshomaru mientras se llevaba el vaso a la boca.
Izayoi vino hacia mí para abrazarme.
–¿En verdad estás embarazada?
Asentí con una sonrisa al corresponder su abrazo.
–Sí…
–Se viene otro bebé Taisho –comentó Koga y yo lo miré de inmediato.
–¿Otro? –cuestionó Inuyasha.
–Verás…
–Lo que Koga quiere decir… –intervine–, es que, junto a Moroha, este bebé sería el segundo, ¿nos es así…?
Koga sonrió de lado mientras asentía.
–Sí, es justo lo que quise decir.
–Podemos desayunar –soltó Sesshomaru–. Es solo un integrante más, no es para tanto.
–¿Te molesta la llegada de ese bebé? –cuestionó Koga.
–Para nada.
–Supe por las noticias que también estuviste a punto de convertirte en padre. ¿Qué pasó?
Koga, pero ¿qué intentas hacer?
–No es asunto tuyo.
–Claro, supongo que hablar de cómo perdiste a tu mujer y a tu hijo en ese accidente es muy difícil.
–Para que quede claro –soltó Sesshomaru con frialdad–. ¡Esa mujer nunca estuvo embarazada! Se atrevió a mentirme y pagó el precio por hacerlo. ¡Espero que se pudra en el infierno!
–Sesshomaru –advirtió Izayoi–. Ya es suficiente.
Vi cómo el semblante de Koga cambió de inmediato. Temía por lo que fuera a resultar todo esto.
–Entonces… ¿No estaba embarazada? –cuestionó Koga con calma.
–Fue lo que dije.
Koga sonrió antes de mirarme.
–Ya veo y supongo que fue un alivio para ti.
–Alivio… –musitó Sesshomaru–. Fue más que eso, no pretendo engañar a nadie, de hecho, no estaba en mis planes convertirme en padre, es una carga muy pesada que debería de considerar ahora, y yo soy un hombre libre, no busco compromisos serios.
Esta vez fui yo quien lo miró con enojo, Inuyasha pareció notarlo porque tomó mi mano de inmediato.
¿Que no busca compromisos serios?
¿Es enserio? ¿Y Rin qué significaba para él? ¿Solo era un juego más?
Estaba a punto de decir algo, pero al ver su mirada fija en algo me contuve.
–¡Mami!
Moroha bajó de los brazos de Rin para correr hacia mí con una sonrisa. La levanté besando sus mejillas antes de sonreírle.
–Mami, mami…
–Hola, mi amor. ¿Cómo estás?
–Bien, la tía Rin me peinó ¿te gusta?
–Me encanta –dije mirando a Rin con discreción.
Mi hermanita intentó sonreírme, pero en sus ojos había algo más, tal vez tristeza o decepción.
–Rin… –soltó Sesshomaru al levantarse.
–Qué idiota… –murmuró Inuyasha al ver a su hermano.
–Buenos días –saludó al entrar–. No sabía que estarían todos aquí.
–Ven, cariño –dijo Izayoi–. Toma asiento.
–No, yo… muchas gracias, Izayoi, pero recordé que tenía que hacer algo.
–Pero, cariño…
–Disfruten el desayuno –dijo Rin antes de irse.
Me levanté de inmediato y fui a su encuentro, no fue hasta que salimos de la mansión que me di cuenta que tenía a Moroha en brazos.
–¡Rin! –grité– Espera, por favor.
Logré alcanzarla y sujeté su brazo, deteniéndola en el acto.
–Kagome…
–¿Por qué él? –cuestioné–. Desde que eras una niña siempre lo has odiado. No había día en el que no te quejaras de él.
Rin dejó ver una pequeña sonrisa.
–Lo sé. Soy patética.
–No lo eres.
–Claro que sí. Soy patética por creer que sería algo serio para él. Después de lo que pasó con Kagura…Lo encontré muy mal –dijo ella–. Intenté ayudarlo a salir de la depresión en la que estaba. Aunque diga que Kagura no le importaba, yo fui testigo de cuánto le afectó su muerte.
–Pues sabe disimularlo muy bien –comenté.
–Él es así, trata de que los demás no lo vean tan vulnerable.
Deslicé mi mano por su brazo hasta tomar la suya. Era extraño hablar de este tema, más aún con mi hermana menor. Para mí, seguía siendo una pequeña niña, y conversar sobre cosas de adultos con ella se sentía completamente fuera de lugar.
–¿Qué es lo que sientes por él, Rin?
Ella me miró y vi un brillo singular en sus ojos.
–Yo no... es decir... no lo sé. No fue hasta ahora que entendí cuánto duele escuchar que no soy tomada en serio. Creo que hice muy mal en venir a esta casa, debí irme con mamá en cuanto tuve la oportunidad.
–¿Con abuelita? –intervino Moroha y ambas la miramos.
–Sí, bebé –respondió Rin con tristeza–. Con la abuelita.
–¿Ya no quieres cuidarme, tía Rin?
–No, cariño. No me refería a eso, sabes muy bien que soy muy feliz cuidando de ti, pequeña princesa. Es solo que… –Rin me lanzó una mirada antes de volver a fijar los ojos en Moroha–. Al igual que tú, yo también extraño a mi mamá.
–Rin…
–Ya tomé una decisión, Kag. Por favor gana algo de tiempo por mí.
Esto no era lo que quería que sucediera, pero era su decisión, y yo no tenía derecho a obligarla a cambiarla.
–Apenas te vi anoche… –comenté–. Pero si es lo que quieres, entonces cuenta conmigo.
–Gracias, hermanita.
La atraje hacia mí y la abracé con fuerza. Moroha hizo lo mismo, rodeándole el cuello con sus pequeños brazos. Sin duda, mi hija la extrañaría más de lo que podía expresar.
Al entrar otra vez al comedor, Moroha corrió y se lanzó a los brazos de su padre.
–¿Qué pasó? –dijo Inuyasha, mientras acomodaba a Moroha en sus piernas–. ¿Dónde está, Rin?
–Ella fue a hablar con nuestros abogados, mamá se lo pidió esta mañana. Dijo que era importante.
–¿Fue sola? –cuestionó Sesshomaru.
–Así es. Tranquilos, dijo que no tardaría, pero que no llegaría a almorzar porque quería estar sola por un tiempo. Espero que su decisión sea respetada –solté mirando al hermano mayor de Inuyasha.
–Claro –dijo él.
–En fin, creo que ya es hora de irnos –intervino Koga–. Kag y yo tenemos un compromiso que atender.
–¿Compromiso? –cuestionó Inuyasha desde su lugar– ¿Qué compromiso?
Koga me miró con ojos llenos de duda y cuestionamiento.
–Bonita, ¿no se lo has dicho?
–¿Decir qué? –insistió Inuyasha cada vez más disgustado.
–Lo olvidé –dije mirando a Inuyasha–. Después del trabajo de Koga, tendremos un almuerzo con su padre.
–Creí que te quedarías con nosotros.
—Lo siento…
–¿Y de qué hablarán en ese almuerzo?
–Bueno…
–Creo que ya lo sabes muy bien, Taisho –soltó Koga.
Me acerqué a Inuyasha para susurrarle al oído.
–Dame un minuto…
Él miró a su madre, e Izayoi tomó de inmediato a Moroha en sus brazos. Nuestra hija parecía demasiado concentrada en la comida como para prestarnos atención.
–Vuelvo enseguida –le dije a Koga.
–Estaré esperando en el auto.
–Está bien.
Al salir del comedor, nos dirigimos a una de las habitaciones cercanas. Una vez dentro, Inuyasha me miró fijamente.
–Koga planea contarle toda la verdad a su padre. Dijo que no quería esperar más y que aprovecharía este almuerzo para hacerlo.
–¿Toda la verdad?
–Sí, bueno, empezará por el hecho de que yo soy Escargot Hirano para luego contarle sobre Sango y la relación de sangre que tienen.
–¿Es seguro confiar en él? Después de todo se prestó para el teatrito de anoche.
–Raigo Okami es un buen hombre. Lo que pasó anoche también lo tomó por sorpresa.
Inuyasha se pasó la mano por el cabello, un claro reflejo de su ansiedad.
–No lo sé Kagome, todo esto me pone intranquilo.
–Lo sé, pero si tenemos a Raigo de nuestro lado, entonces estaremos más cerca de acabar con Naraku.
–Temo por ti y por el bebé.
–Estaremos bien.
–No puedes asegurar eso.
Me acerqué a él y rodeé su cintura con mis manos.
–Puedes confiar en mí –dije dejando un pequeño beso en su mentón–. Te prometo que estaremos bien. Además, Koga estará conmigo, él no dejará que algo malo nos pase.
–Confías mucho en él.
–¿Y por qué no hacerlo? Después de todo nos está ayudando en esto ¿o no?
Inuyasha me besó sujetando mi cuello con sus manos.
–Moroha ya cumplió seis años –comentó–. Hay mucho que tenemos que hablar al respecto.
–Lo sé –solté–. Está el colegio, y todo lo que conlleva.
–Sugiero educarla aquí en casa, contrataré a los mejores maestros. Solo así estaré tranquilo, sin exponerla a salir y que Naraku haga algo contra ella.
–Me parece bien. Y… también creo que deberías buscar a alguien que te ayude con ella.
–No es necesario, Rin ya me ayuda demasiado.
–Sobre eso, Inuyasha. Rin no volverá.
–¡¿Qué dices?!
–Dije que Rin no volverá. Lo que tu hermano dijo la hirió mucho.
–Pero…
–Tranquilo, si te lo digo es porque no quiero ocultarte nada, solo espero que sepas guardar silencio. Al menos hasta que ella esté muy lejos del país.
–¿A dónde fue?
–Con mamá.
–A Sesshomaru no le gustará.
–Como a Rin no le gustó escuchar que no es tomada en serio.
–Mi hermano es un idiota.
–Lo sé y no pienso discutirlo.
Sonreí y él me atrajo a su pecho para abrazarme.
–Te llamaré.
–Hazlo.
Besó mi frente como despedida.
INUYASHA
Pasaban de las dos de la tarde y solo esperaba que todo estuviera yendo bien en el almuerzo que tenía Kagome con el padre de Koga.
Estacioné y antes de bajar del auto eché un último vistazo al catálogo que tenía en las manos. Parecía un buen centro de estudios: amplio y, sobre todo, destacado por sus méritos académicos.
Miré por el retrovisor y vi a Moroha completamente dormida, sonreí al ser consciente como milésima vez del parecido impresionante que tenía con Kagome.
Bajé, quité la seguridad que la rodeaba y aún dormida la tomé en brazos, ella apoyó la cabeza en mi hombro y yo aproveché para sacar una manta y cubrirla. Estaba por llover y no había traído un abrigo para ella.
–Buenos días, señor Taisho –saludó la recepcionista al verme ingresar–. Sígame por favor, la señora directora lo está esperando.
–Muchas gracias.
Las puertas se abrieron e ingresamos a un moderno salón de estudios, al parecer las instalaciones eran adecuadas, pero no era lo que buscaba. Había venido aquí en busca de un maestro particular, alguien capaz de educar a Moroha en todo lo necesario.
–Adelante, por favor.
Me adentré y vi a una mujer mayor sentada al fondo.
–Señora directora, acaba de llegar el señor Taisho.
–Gracias Kamil, puedes dejarnos solos.
–Sí señora directora.
–Muchas gracias por atender mi solicitud –dije mientras me sentaba frente a ella–. Sé que fue repentino.
–Siempre es un gusto atender a la familia que ha dado mucho por esta institución –dijo la mujer con una sonrisa–. Asumo que ese pequeño cuerpecito es su hija.
–Así es, se quedó dormida a medio camino.
–¿Cómo se llama?
–Moroha Taisho.
–Moroha, es un hermoso nombre.
–Lo es, su madre fue quien se lo puso.
–Debo suponer que su madre es toda una dama.
–Kagome sin duda lo es.
–¿Kagome? ¿No estaba casado con Kikyo Hirano?
–Es una larga historia –comenté sintiendo la incomodidad–. En fin, el motivo de mi visita es porque estoy buscando a alguien que me ayude con la educación de mi hija.
–¿Busca un profesor particular?
–Así es.
–Llegó al lugar correcto, señor Taisho, tenemos maestros con una amplia trayectoria en docencia particular, desde el preescolar hasta la culminación de estudios preuniversitarios.
Sonreí.
–Bueno, creo que para eso falta demasiado, mi hija apenas acaba de cumplir seis años.
–Los niños crecen demasiado rápido señor Taisho, cuando menos se dé cuenta su hija se estará preparando para ingresar a la universidad.
Me aferré al cuerpo de Moroha. Me costaba aceptar que un día ella dejaría de ser mi niñita.
–Bien, entonces le presentaré a los maestros seleccionados para su solicitud.
–Perfecto.
La señora directora marcó el intercomunicador y su asistente hizo ingresar uno por uno a los maestros. El primero era un hombre joven, con una vasta experiencia en niños, al parecer extranjero por sus rasgos físicos, sin duda sabía que la elección sería difícil. Lo que daría por que Kagome estuviera aquí conmigo.
Las horas pasaron y en algún momento Moroha se había despertado, pero se negaba a dejar mis brazos, estaba cómoda con la cabeza apoyada en mi pecho, no podía culparla, después de todo estaba lloviendo afuera y la manta sobre ella era todo un lujo.
–Y por último está la señorita Margaret Desmond, que en mi opinión dejé lo mejor para el final. Maestra por favor, adelante.
Mi cuerpo se tensó al verla ingresar. El mundo era un pañuelo y este era un claro ejemplo.
Yura…
Dejé de prestar atención a todo lo que la señora directora decía sobre ella y su extraordinario currículum cuando nuestras miradas se encontraron.
(Nueve años atrás)
–¿Estás terminando conmigo?
–Solo no quise ser un cobarde y desaparecer sin más.
–Lo estás siendo –soltó ella–. Estás siendo un cobarde justo ahora.
–Yura…
–¿Ahora sí me llamas así? Hace apenas unos minutos me llamaste Margaret frente a ella. Dime, ¿es tan importante para ti que no quieres que note la confianza que tenemos tú y yo?
–No hagas esto más difícil. Estoy siendo brutalmente honesto contigo.
–No estás siendo honesto, Inuyasha. Estás siendo un idiota. Ahora que te conseguiste a otra con quien coger, estás terminando conmigo.
–Yo no, claro que entre Kagome y yo no…
–¡Vez! Ya ni siquiera eres capaz de hablar –exclamó y yo miré a todos lados para ver si alguien nos miraba–. No hace falta ser un genio para darse cuenta de eso. Lo que no entiendo es cómo ella te tiene así de tonto. ¿Qué tiene esa niña que no tenga yo?
–Ya basta.
–Sí, Inuyasha ¡Ya basta! Fue mucho tiempo que desperdicie creyendo que esto funcionaría, pero ya vi que para ti yo nunca fui algo serio. Y me alegra haberme dado cuenta de esto ahora, antes de que en unos años mi vida esté completamente arruinada por ti, porque eso es lo que conseguirá cualquier mujer que esté contigo –dijo acercándose a mí–, una vida miserable e infeliz. Ojalá nunca tengas hijos…
Se alejó, pero de inmediato dio media vuelta y regresó.
–¡O mejor sí! ¡Espero que tengas una hija y que le hagan lo mismo que tú me hiciste a mí…!
(Actualidad)
–Señor Taisho, ¿se encuentra bien?
–Papi…
Miré a Moroha en mis brazos. Todo el salón estaba en completo silencio, al parecer había viajado en mis recuerdos y dejé de prestar atención a todo lo que decían.
–Estoy bien –dije al fin–. Es un gusto señorita Desmond.
–Igualmente señor Taisho.
–Después de todo lo dicho, ¿ya tomó una decisión? –preguntó la directora.
–Sin duda tiene una plana docente muy capacitada.
–De eso no hay duda.
–Pero creo de debo de conversarlo con la madre de Moroha.
–Claro que sí, tómese su tiempo, señor Taisho. Usted y su familia siempre serán bienvenidos a formar parte de nuestra comunidad educativa.
Dejé a Moroha asegurada en el asiento para niños antes de cubrirla con la manta.
–Papi, ¿podemos ir a comer helado?
–¿Helado?
–¡Sí!
–Pero está haciendo frío, amor. Te enfermarás.
–Por favor.
Me miró suplicante y no pude negarme.
–Está bien, pasaremos por un helado antes de volver a casa.
–¡Sí, sí!
–Hola, Inuyasha.
Miré por encima del hombro a la dueña de aquella voz.
–Ha pasado un tiempo –continuó.
Cerré la puerta y me volví hacia ella para mirarla.
–Hola, Yura.
–Qué sorpresa, no creí que ya eras padre.
–Fue una sorpresa para mí también.
–Es hermosa –dijo mirándola a través de la ventana–. Y se parece mucho a ella. ¿Cuál era su nombre…? ¿Kagome o algo así?
–Sí. Kagome.
–¡Wow! Así que al final terminaron juntos. Qué envidia.
Tomé aire, lo suficiente como para mantener la calma.
–¿Y a ti cómo te ha ido?
–No puedo quejarme, me ha ido bastante bien, no fue hace mucho que logré ingresar a trabajar aquí.
–Sé que es exigente.
–Y lo es, pero para eso me he preparado todos estos años.
–¿Cómo están tus padres?
–Bien, en realidad ya no viven aquí, hace mucho que se fueron del país, ahora se establecieron en Canadá.
–¿Y tú…?
Yura me sonrió.
–No puedo irme, o mejor dicho, no quiero hacerlo. Este es mi hogar, y aquí guardo muchos recuerdos.
–Ya veo.
–Sí… bueno, solo quise pasar a saludar. Me alegra volver a verte, Inuyasha. Espero que encuentres lo que buscas.
–¿Eh?
–Para tu hija –dijo con una sonrisa–. Espero que encuentres un buen tutor.
–Gracias.
–Adiós.
.
–Papi, quiero uno gigante.
–¿Estás segura?
–Sí –asintió.
–Bien –dije resignado, sabiendo que al final sería yo quien terminaría por acabarse el helado gigante.
Después de ordenar, Moroha se distrajo en los juegos para niños que había en el lugar. Consideré que era un buen momento para llamar a Kagome y preguntarle cómo había resultado todo y claro también hablarle sobre la posibilidad de contratar a Yura como tutora de nuestra hija. Después de todo, la señora directora tenía razón, y Yura era la mejor candidata para ocupar el puesto, pero esto tenía que conversarlo con Kagome.
Sin embargo, no respondió, al parecer aún estaba ocupada. Pero ya iban a ser las cinco y no pude evitar preocuparme. ¿Sería mala idea si iba a buscarla?
El llanto de un niño me devolvió a la realidad y de inmediato me puse en alerta.
Moroha.
No la vi.
–Moroha –la llamé y no hubo respuesta–. ¡Moroha! –exclamé con desesperación buscándola con la mirada.
Pero simplemente ella no estaba.
Continuará...
