Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
La mirada de James no dejó nada al descubierto, actuó como siempre lo hacía delante de Edward Lupin, aunque esa escena, le dejó muy en claro que llegaría un momento en que no podría intervenir, había comprometido a su hermana con ese hombre, y no importaba, podía deshacer el compromiso, pero tendría que buscar otro hombre al cual casarla, las cosas no eran tan simples, dejarla solterona levantaría muchas sospechas ante la corte, y no iba a darles la oportunidad de gestar ideas —aunque ciertas—, que lo perjudicaran de alguna manera.
—Alteza –musitó Lily, aliviada de que alguien interrumpiera las intenciones de su prometido, sin importarle si eran o no buenas.
—No creí que habría concurrencia en este lugar –argumentó, con una mirada gélida a Lupin.
Avanzó sin preocupación hasta los sillones y se sentó de forma delicada y elegante, subió los pies a la mesa y colocó uno sobre otro, se llevó las manos al cuello, elevando una ceja, para acompañarlo con una sonrisa ladina, que provocó un sonrojo en Lily, que observó a otro lugar, llamando la atención de Edward.
—Veo que he hecho un excelente trabajo al emparejarlos, se llevan muy bien ¿He interrumpido el inicio de algo interesante entre ustedes? –Se burló.
—No, majestad, no ha interrumpido absolutamente nada –suspiró Edward, retrocediendo un paso rumbo a la puerta –solo venía a ver si la princesa está bien.
—Me imagino que te hubiese gustado que no lo estuviera muy bien, así tú podrías ayudado a que Lily mejorara su estado a algo mejor –bromeó.
—No, alteza –comentó el hombre, en un tono tranquilo –en cuanto entré, noté el vestido, así que hablábamos sobre su boda –informó.
Los ojos azules de James se posaron en el vestido de color bermellón, logrando una mueca de completo desagrado, observó a su hermana que por fin había dirigido su vista de nuevo a él, podría provocarla, pero no quería iniciar chismes, ya que Edward estaba presente.
—Está horrible –gruñó en completo desagrado –dime ¿Quién rayos ordenó algo tan espantoso? –Observó a la pareja de pie.
—Bueno…
—¿Fuiste tú? –Se burló de Lily –no pensé que tuvieses tan mal gusto.
—En realidad –Edward se apresuró a defenderla –la princesa Druella eligió los vestidos de la princesa y la señorita Parkinson.
—Ya decía yo, que no podías tener tan mal gusto, después de todo lo que sé que te gusta y me consta –sonrió divertido.
Aquel comentario ocasionó un sonrojo más intenso en la pelirroja, que avanzó hasta el vestido, acariciando la tela suave y fina, sí, era algo elegante y refinado, y al inicio le pareció precioso, aunque no para usarlo ella, suponía que en alguna otra mujer se vería mejor.
—Lupin –habló el rey, alejando la vista del hombre de la pelirroja.
—Llama a mi sastre –ordenó –no dejaré que mi hermana haga el ridículo en un vestido de tan mal gusto y calidad.
—En seguida, majestad.
El hombre quiso ir hasta su prometida y besarla suavemente, pero el rey estaba esperando atentamente a que él se marchara, suponía que tenía cosas en de las cuales hablar con la princesa, ahora que él se casara y se marchara por unos días en su viaje de recién casados, algunas cosas pasarían a estar al cuidado de la joven.
—X—
El sastre del rey tardó bastante tiempo en tomar cada una de sus medidas, para asegurarse de que el vestido —que tenía que estar listo para la ceremonia real, que se efectuaría en tres días—, no tuviese ningún detalle y estuviese perfecto, él más que nadie, comprendía como tenía que lucir alguien de la realeza, incluso habló pestes del vestido que le habían llevado para que usara en un evento tan importante, —era digno de un evento importante, pero no digno de ser usado por la hermana del rey, en la ceremonia de la boda real—, según dijo.
—Así qué, ¿Vas a decirme que hacías con Lupin cuando entré a tus aposentos?
Se le erizó la piel por completo al escuchar la voz de James en su oreja, al sentir la cercanía de su cuerpo con el suyo, el calor abrazador que expedía, su respiración se agitó al mismo tiempo que su corazón, sus mejillas ardieron ante sus pensamientos, anticipando lo que estaba por ocurrir.
Las manos del hombre la acercaron a él, rodeó su cintura en un abrazo firme, no violento ni agresivo, pero sí, quitándole todo rastro de cariñoso y tierno, estaba enfadado, contrario a lo que les dejó ver a ella y a Edward Lupin, incluso al sastre que había asistido con un montón de sus trabajadores.
—Yo no hacía nada –informó, conteniendo el aliento.
—Pero él ¿Qué se suponía que estaba haciendo cuando entré?
La joven se movió en los brazos del hombre, hasta poder girarse y verlo directamente en la cara, estaba completamente serio, sus ojos se veían un poco brillantes, como el cielo despejado en una tarde de verano, dándole un poco de miedo, después de todo, no estaba muy segura de que no fuese a dañar su integridad, él ya le había dejado en claro que sería capaz de todo, si le apetecía hacerlo.
—Realmente no sé qué era lo que el señor Lupin pretendía –admitió.
—No lo sabes –se burló –me has abierto las piernas, hermanita, creo que sabes muy bien, cuando un hombre pretende hacerte abrirlas para él ¿No es así?
La sujetó del vestido, pudo sentir sus dedos tibios tocando su pecho, para acercarla a él, contuvo la respiración ante el acto, no sabía si iba a golpearla o simplemente amenazarla, James provocaba más que excitación en su persona, desde el inicio había sido así, como si meramente fuese una distracción para él; se burló de sí misma, Scorpius Malfoy ya se lo había dicho antes y prefirió ignorarlo.
—¿En serio te importa si fuiste tú quien me comprometió con él? –Cuestionó ofendida –tú mismo lo dijiste la primera vez que te abrí las piernas, Lupin tendrá el derecho de que haga eso para él, será mi esposo, al final de cuentas.
—Será, más no lo es –gruñó James.
—Parece ser que tiene una memoria muy selectiva, alteza –vociferó –fue usted mismo, quien dijo que no importaba si me metía con él antes, al final sería su esposa.
—Eso fue antes, de que…
—¿Me volviera su juguete personal? –sujetó su mano –dígame, majestad ¿le molesta porque a alguien más pueda jugar con sus juguetes momentáneos?
—No vi en ningún momento que eso te molestara –la atacó –de hecho, cuando vi que te molestaba me alejé de ti, pero fuiste tú, quien suplicó que te tomara como eso, un juguete, algo de una noche, te he beneficiado tomándote más en serio que una noche, pero si eso te molesta o te incomoda, dejaré de hacerlo.
Tomar mujeres a la fuerza, no era algo digno del rey, él tenía a quien quisiera en su cama, como para rebajarse tomando algo por la fuerza, era algo que más que uno quisiera, por más que él no fuese a acordarse mañana.
El impulso fue instantáneo y mutuo, sus bocas chocaron en un beso cargado de deseo, ninguno de los dos, en su interior, realmente deseaban que eso terminara de aquella manera, que alguna vez siquiera, terminaran, James ya había tomado la decisión de tomar a su hermana como su amante, sin importarle lo que el reino fuese a decir, sin lo que sus maridos fuesen a decir al respecto, de todas las personas con las que su cuerpo había estado en contacto a través de los años, el único que quería a partir del momento en que lo tomó por primera vez, era el de Lily Luna, la pequeña princesa, su pequeña hermana.
Ella lo atrajo contra su cuerpo, se dejó ser llevado hasta ella en un beso que no perdía intensidad, sin duda las discusiones la afectaban a ella de igual manera que a él, incendiaban cada fibra de su ser, su rostro se colocó entre los pechos de la joven, besando sobre la tela el cuerpo delgado de su hermana, gruñendo de placer con tan solo imaginarse en su interior, arremetiendo tan fuerte como ella fuese capaz de soportar tenerlo adentrándose en su ser.
La joven princesa chilló en frustración cuando su vestido complicó un poco tener a su hermano contra ella, su piel chocando contra su piel, él solo rió divertido, y apresuró el quitarle la ropa, una vez que fue libre de todo eso, no tardó en estar sobre su cuerpo, besándola aún más apasionado de lo que había sido en el pasado, con una nota de desesperación, como si quisiera cerciorarse de que realmente siguiera siendo de él.
—James.
Gimió la joven, mientras enterraba las uñas en la espalda del chico, mientras él se empujaba con demasiado ímpetu en ella, sin tener que preocuparse por llenarla con su semilla, ya había solucionado aquel detalle, así que no iba a detenerse por nada ahora, la pelirroja siguió el cuerpo de su hermano, para quedar a horcajadas sobre él, le sonrió cuando notó un poco de orgullo en su sonrisa ladina, la observó con intensidad, estiró su mano hasta el joven rostro y acarició su mejilla, antes de sujetarla del cuello y atraerla a sus labios de manera rápida y repentina.
Lily rió divertida una vez que notó que lo único que él quería era besarla, pero la contracción por la sorpresa, sin duda provocó un gruñido de placer en él, ante la sensación de ella, apretando su interior alrededor del miembro de James.
Las caderas de Lily comenzaron a moverse de nueva cuenta, cerró los ojos, cuando él se incorporó la acercó más a él, mientras sus manos acariciaban su piel desnuda y sus labios esparcían besos en su cuello y pechos, incrementando el ritmo en sus caderas.
—Sin duda serías una excelente jinete –gruñó James –solo basta verte cabalgarme para asegurarlo.
—Basta –pidió ella, con una sonrisa y una risa divertida, ocultando su rostro entre la curvatura del cuello y el hombro del rey –si haces esos comentarios me haces avergonzarme.
—Pero no reducir el ritmo de tus caderas, ¿No es cierto? –Bromeó con ella.
—Ninguno de los dos quiere eso, ¿O tú sí? –Lo observó, elevando una ceja.
—Si quisiera yacer con una mujer que no mueve las caderas mientras me monta, no estaría en tu cama –aseguró.
—Ah –comentó seria –supongo que las mujeres que…
—Ninguna mujer antes de ti –informó –ha estado en esta posición, Lily –confesó –ningún hombre tampoco –aceptó –aunque ciertamente, todas mueven las caderas, al menos conmigo –sonrió triunfante.
Lily cubrió su cuerpo con la sábana una vez que se quitó de encima de su hermano, que la observó serio ante su cambio de humor y sus acciones, se veía realmente encantadora con el ceño fruncido y enfadada ante saber que los otros también habían disfrutado del rey.
—No veo por qué enfadarte, los dos tuvimos una vida antes del otro.
—Claro, pero no me metí a la cama con miles antes de ti –gruñó.
—Oh, pero no sé ¿De cuántos otros te enamoraste antes?
—¡De ninguno! –Bufó enfadada.
—Claro, ¿Y Lorcan Scamander?
Se giró hasta el rey, completamente roja, con la boca abierta ante la sorpresa de que él supiera algo así, imaginaba que Lorcan había presumido de eso delante de él de alguna forma, solo para fastidiarlo, haciéndole saber que su hermana, en algún momento se sintió atraída por él.
—No balbucees –la sujetó de la barbilla y le sonrió, antes de darle un suave beso en el cuello –comprendo que haya sido lo más llamativo que hubieses visto en tu vida de plebeya –se burló de su hermana –no te culpo por el mal gusto que pudieses haber tenido, la chica se sobresaltó cuando sintió los dedos del rey adentrarse en ella –lo has compensado bastante bien al gustar de mí.
Se cubrió la boca cuando sintió un dedo más añadirse a su interior, el rastro caliente que la lengua de James había dejado desde su estómago hasta su barbilla, donde depositó un suave beso, antes de comenzar a invadir su interior con los dedos, ocasionando un poco más de estímulo en ella, ya que lo hacía de forma rítmica, controlada, acercándola cada vez más a la cima de ese barranco, donde sin duda se lanzaría para poder alcanzar su liberación.
—Me has hecho acordarme, que realmente no eres merecedora de ser liberada, al menos no hoy.
El rey sacó sus dedos del interior de la joven, arrojándola al suelo en un segundo, se incorporó en la cama de inmediato al ver que se ponía de pie, listo para colocarse su ropa y después marcharse de los aposentos de su hermana.
—James –musitó incrédula.
—Sé que te convertirás en su esposa –la observó sobre su hombro –pero lo mínimo que espero de ti, es que no dejes que vuelva a tocarte de esa manera, que yo no he tocado a Druella de ninguna manera antes, ni ahora –informó.
—Yo jamás dejaría que alguien que no fueses tú, me tocara de esta manera –le informó al rey, completamente ofendida.
—Pues hace un rato, dejaste que Lupin lo hiciera, ¿Y qué habrías hecho, si no hubiese llegado yo? –La cuestionó.
—Solo necesito saber que no vas a castigarme si me niego a que él me toque.
—Castigarte, ¿Por qué te castigaría por no dejar que otro te toque? Lily, te haría la reina, si lo evitas a toda costa –informó.
La joven tragó saliva, no por lo que había dicho James, sino por la manera en que la miró al decirlo, con esa mirada fuera de sí, como si un gran vacío la estuviera engullendo y no hubiese forma de salir de él.
Su respiración fue agitada, una vez que se dio cuenta que había contenido el aliento, pudo ver el hombro de Malfoy cuando su hermano abrió la puerta sin importarle que ella estuviese sobre la cama, desnuda, despeinada y llena de su semilla.
—Alteza –hizo una reverencia Malfoy.
—Ordena que preparen el baño de la princesa –dijo como todo y se marchó.
—X—
James observó a Lysander esperando por él, estaba de buen humor gracias a su encuentro sexual con Lily, así que le perdonó lo idiota que había estado siendo a lo largo del tiempo, ni siquiera lo molestó, se limitó a observarlo, a la espera de la información que le daría.
—Hablé con los sirvientes, el invernadero estará listo para mañana –informó –también mandé un mensajero, dando instrucciones sobre el castillo a la que irás con Druella.
—Castillo, no sé nada de un castillo y no te ordené nada sobre eso.
—Sé que estás demasiado entretenido jugueteando con tu hermana, pero no puedes deslindarte de todo, James –lo reprendió –el viaje de bodas con Druella.
—Ah, de ese castillo hablas –negó –sí, bien por eso, ahora, ¿Recuerdas la propiedad cerca de las tierras de los Nott? –Cuestionó.
—Sí, se los adjudicó la corona una vez que se despojó a los Zabini de todo título nobiliario, ¿Por qué la pregunta?
—Ordena que se pongan a nombre de mi hermana.
—Pero… alteza, aunque sea su hermana, esa propiedad…
—Ese será su regalo de bodas –informó –supongo que una vez que sepan que Edward Lupin será el nuevo duque, dejarán eso por la paz.
—Bien, de inmediato.
—Ordena que la propiedad vuelva a la vida, incluidos los jardines.
—Eso significa que enviará a su hermana a esa propiedad una vez que se case con Lupin.
—Parece sorprenderte –lo observó serio.
—Es solo que… arriesgó y arriesga mucho en esa aventura, como para que fuese algo momentáneo, alteza, es todo.
—La relación que tengo con Lily, nunca podrá dar un cambio diferente, es lógico.
James se sentó en el sillón individual que estaba junto a la ventana de su cámara, observó la oscuridad durante un momento en completo silencio, meditando, una vez más las palabras que le había dicho Pansy Parkinson hacía unos días, por mucho que quisiera ignorar cada una de las profecías que le había dicho —ya que, ninguna se había cumplido por el momento—, no podía descartar el hecho, de que, al igual que Elisheva y su propia familia paterna y materna, venían de un largo linaje de brujos.
A su padre, en el pasado, le gustaba mucho alardear diciendo, que la familia de su padre, era de un linaje tan puro, que incluso podía jurar que se habían creado al mismo tiempo, que la magia había sido creada; la familia de su madre, por el contrario, a la de su padre, jamás se había mezclado con sangre común como lo había hecho su abuelo, al elegir esposa de una villa lejana, que tenía el don de la brujería, pero no tenía antepasados, bueno eso hasta que su madre se vio forzada a casarse con Harry Potter, tan mestizo como mediocre.
Ahora solo tenía una promesa de eternidad, que estaba por arruinarle la vida, pero ¿Qué sería esa promesa? ¿Su matrimonio con Druella o su relación con su hermana?
