FRAGMENTOS
¡Hola! Nueva actualización. 2/2
Espero que lo disfruten, se vienen sorpresas...
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 28.
KAGOME
Me dejé caer sobre la cama, agotada. Ya no soportaba el dolor en los pies después de pasar tanto tiempo sobre estos tacones. La reunión con el padre de Koga resultó ser bastante tensa; entre revelaciones y confirmaciones, su estado de salud empeoró, y más aún al enterarse de Sango y verla en persona.
Fue un momento conmovedor. Él la reconoció de inmediato y, con lágrimas en los ojos, mencionó cuánto se parecía a su difunta esposa en su juventud. Sango, por su parte, quedó embelesada con las fotografías que le mostraron de cuando era una niña. Sin embargo, no pudo contener el llanto al no ser capaz de recordar nada. Koga trató de tranquilizarla, asegurándole que era muy pequeña para conservar esos recuerdos.
La familia se reunió después y compartimos una comida juntos. Por supuesto, el señor Raigo estaba visiblemente disgustado con los planes de Naraku. De hecho, Koga y yo tuvimos que intervenir para impedir que saliera en su búsqueda, decidido a acabar con su vida con sus propias manos.
Miré la pantalla del celular y vi que tenía una llamada perdida de Inuyasha. Marqué y esperé unos segundos.
INUYASHA
–¡Moroha, hija!
Busqué entre los niños, pero no la encontraba. Los demás padres, alarmados, comenzaron a retirar a sus hijos para mantenerlos a salvo.
–¡Moroha!
La desesperación me invadió, y estuve a punto de volver a llamar a Kagome cuando alguien me tomó del hombro.
–Señor, es esta su hija…
–Moroha –solté cargándola de inmediato–. Moroha, mi amor…
–Debe de tener más cuidado señor, la encontramos fuera del establecimiento completamente desorientada.
–Gracias, tendré más cuidado.
–Bien –dijo el oficial de tránsito antes de retirarse.
Una vez solos me senté en nuestro lugar y la miré al detalle.
–¿Estás bien? ¿Te pasó algo?
–Papi…
–Dime princesa, ¿por qué saliste? sabes que es muy peligroso que andes sola por la calle Moroha.
–Creí que era la tía Rin.
–¿La tía Rin?
Ella asintió, y pude ver cómo las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. La atraje hacia mí e inspiré su aroma.
–Me asusté mucho, hija. Creí que te había perdido. No vuelvas a hacerlo, ¿está bien?
–Perdón papi…
–Está bien, ahora estás conmigo. ¿Te asustaste mucho?
Ella asintió.
–Quiero a mi mami…
Hacía mucho tiempo que no pedía estar con su madre. Sin duda, solo lo hacía cuando se sentía asustada o triste.
Sequé sus mejillas antes de besarla. Justo en ese momento me entró una llamada, para nuestra alegría era la de Kagome.
KAGOME
–Hola, amor.
–Inuyasha, ¿pasó algo? Vi que me llamaste.
–Lo hice.
–Lo siento, estuve en medio de algo, ya sabes.
–¿Cómo les fue? –preguntó algo agitado.
–Bastante bien, solo que tuvimos que llamar al médico de cabecera de los Okami.
–¿Pasó algo con el señor Raigo?
–Se descompuso, se le bajó la presión y nos dio un susto a todos.
–Hablando de sustos, yo también me acabo de llevar un susto –comentó.
–¿Qué pasó?
–Promete no enojarte.
–Inuyasha…
–Solo promételo.
Tomé aire y respondí no tan segura.
–Lo prometo, pero ya dime ¿qué pasó?
–Perdí a Moroha.
Me senté sobre la cama.
–¡¿Qué?!
–Amor, déjame terminar.
–Donde estas, saldré en seguida.
–No, Kag. Tranquila…
–¡Me acabas de decir que perdiste a nuestra hija! ¡¿Cómo quieres que esté tranquila?!
–Moroha ya está aquí conmigo, solo fue un susto. Salió del local porque creyó ver a su tía Rin y salió tras ella. Se desorientó, pero la encontró un oficial de tránsito.
–Inuyasha…
–Lo sé mi amor. Fui descuidado, pero no volverá a pasar, lo prometo.
–Quiero hablar con ella –pedí.
–Está bien, te la pasaré, pero por favor, apenas acaba de dejar de llorar.
–Bien…
–Mami.
–Moroha –dije de inmediato–. Mi niña, ¿estás bien?
–Sí…
Entonces escuché un sollozo.
–Mami…
–Está muy sensible, Kagome. Creo que la llevaré a casa.
–Sí, hazlo. Yo iré enseguida.
–¿Qué pasará con los hombres de Naraku?
–Tranquilo, ellos no saben que estoy aquí, de hecho, Koga le dijo a Naraku que pasaremos la noche en casa de su padre.
–¿Quieres que vaya por ti?
–No, mejor nos vemos en la mansión.
–Está bien.
Me quité los tacones y me puse algo cómodo. Busqué entre las cosas que tenía y encontré algo de efectivo, lo suficiente para llegar a la casa de los Taisho.
Al entrar fui recibida por un angustiado Inuyasha, que se apresuró para alcanzarme.
–Lo siento, Kag. Solo me descuidé un momento y cuando…
–Tranquilo, no sirve de nada que te mortifiques. Moroha está bien ¿O no?
–Sí, pero…
Besé su mejilla.
–Eres un buen padre, Inuyasha. Y sé que has estado pensando lo contrario todo este tiempo.
Me atrajo hacia él para abrazarme.
–Perdóname…
–No fue tu culpa. De hecho, no fue culpa de nadie, estas cosas pasan y más cuando son niños, ahora solo tenemos que hablar con nuestra hija y advertirle de ciertos peligros.
–Moroha está con mamá en su habitación.
–Bien, vamos.
Moroha estaba acurrucada en los brazos de Izayoi cuando entramos. Ella le cantaba una canción con una melodía especial, y no pude evitar mirar a Inuyasha.
–Sí, es la misma canción que nos cantaba cuando éramos niños… –me susurró cerca al oído.
Me estiré un poco para dejar un beso en su mejilla y luego intenté borrar el rastro del labial.
–Oh, mira quién está aquí, Moroha –soltó Izayoi.
–¡Mami!
Me adentré para sentarme junto a ella en la cama.
–Los dejaré solos, creo que esta será una reunión familiar.
–Gracias por todo madre –dijo Inuyasha.
–Gracias Izayoi.
–De nada hijos. Iré a ver que todo esté bien en la cocina.
Ambos asentimos al verla marchar. Una vez solos miré a Moroha en mis brazos.
–Hija, ¿recuerdas el cuento del elefante?
–¿El que se perdió por ir a buscar dulces?
–Sí, mi amor. Ese mismo. ¿Recuerdas cómo estaban sus amigos al ver que el elefante no estaba en ningún lado?
–Tristes.
–Así es. Sus amigos estaban muy tristes.
Moroha miró a Inuyasha, quien se encontraba de pie en medio de la habitación.
–¿Estabas triste, papi?
Inuyasha se acercó y ocupó el lugar que antes estaba ocupado por Izayoi.
–Sí, princesa. Estuve muy triste cuando no te vi.
–Qué pasó con el elefante, después ¿Te acuerdas? –pregunté mirando a Moroha.
–Creo que lo llevaron a trabajar a un circo.
–¿Y era feliz?
Moroha negó.
–No, porque no podía ver a sus amigos.
–Mi amor, quiero que entiendas una cosa –dije haciendo que se sentara en mis piernas–. En el mundo, hay gente mala que se disfraza de dulces para engañar a inocentes.
–Como el elefante.
–Sí, como él y como todos los niños.
–¿Como yo?
–Sí, cariño, como tú. Esa gente mala les hace mucho daño, como al elefante, que le obligaron a trabajar en un circo, lejos de todos y de todo.
–Pero al final sus amigos lo salvaron.
–Eso sí –Miré a Inuyasha–. Pero ¿qué hubiera pasado si no lo hacían?
–Él seguiría trabajando en el circo.
–¿Eso te habría gustado?
–No –dijo Moroha–. Porque sus amigos seguirían tristes y él también. ¡Mami! –exclamó entendiéndolo–. ¿Estuve a punto de trabajar en un circo?
Vi como Inuyasha luchaba por no reírse y yo también.
–No precisamente en un circo, pero sí estuviste a punto de perderte y alejarte de todos nosotros.
–No, mami…
Moroha se abrazó a mí.
–Moroha, prométenos a tu papá y a mí que nunca más te irás sin nosotros.
–Lo prometo.
–Buena, niña. Sabía que lo entenderías.
Inuyasha se acercó un poco para abrazarnos a ambas.
–Sin duda no podría haberlo hecho mejor –dijo él, dejando un beso sobre mis labios–. Me alegra tenerte, Kag.
Sonreí y esta vez fui yo quien lo besó.
Moroha cenó temprano y una vez satisfecha se durmió de inmediato. Inuyasha y yo no quisimos apartarnos de ella, así que nos quedamos en su habitación un poco más.
–¿Cómo te fue? ¿Lograste encontrar un tutor para Moroha?
–Fue agotador –dijo él–. Había varios disponibles, y cada uno parecía mejor que el anterior.
–¿Alguien llamó tu atención?
–¿Por qué no lo ves por ti misma? –dijo extendiéndome un archivo lleno de información.
Al parecer se trataba de currículums, revisé cada uno, me tomé el tiempo necesario para hacerlo y una vez terminado lo miré.
–No sé por qué te complicas tanto –solté–. Es evidente que hay un ganador.
–¿Cuál? –dijo él con curiosidad.
–Este –dije mostrándole el archivo de papeles.
Inuyasha se quedó en silencio por un momento antes de volver a mirarme.
–¿Leíste el nombre al menos?
–Qué más da el nombre, lo que vale es su traba… Margaret Desmond –musité al ver quién era.
Miré a Inuyasha y este soltó un suspiro.
–Podemos buscar otras opciones.
–¿Por qué? ¿No estarías cómodo si es tu ex quien eduque a tu hija?
–Kag…
–Estoy bromeando –solté con una sonrisa–. Amor, es una buena opción, además buscar más opciones sería una pérdida de tiempo.
–No sé si lo estás diciendo en serio o no.
Sonreí y me levanté para sentarme sobre sus piernas, demasiado sugerente.
–Si tú aceptaste a Koga, no veo por qué yo no puedo aceptarla. Después de todo, crecimos y todos somos adultos; los años nos hicieron madurar. ¿O no?
–Kag, no quiero que te sientas presionada a hacerlo. Podemos buscar otras opciones, en serio.
–¿Por qué no quieres que sea ella? Acaso tú…
Inuyasha sujetó mis caderas con determinación.
–Jamás. Yo te amo a ti, no lo dudes nunca.
–¿Entonces por qué no quieres que ella trabaje aquí?
–Porque fui un idiota con ella, como lo fui contigo en su momento.
–Pero pasaron años, no tiene caso recordarlo, ¿o ella te mencionó algo?
–No, de hecho, tuvimos una conversación bastante adulta.
–Te das cuenta. Ya somos adultos, tenemos una hija y ella es toda una profesional como leí en su currículum.
–¿Estás segura?
–Completamente.
–Lo que diga mi reina.
Sonreí antes de perderme en sus labios y caricias. Moroha dormí, y por un instante perdí la noción del tiempo, hasta que escuché unos gritos provenir del comedor.
–¿Qué fue eso?
–Quédate aquí, iré a ver qué pasa.
–Inuyasha…
–Solo hazlo, quédate con Moroha.
Asentí y lo vi salir.
INUYASHA
–¡Inuyasha!
–Hijo, cálmate…
–No, madre, solo quiero hablar con él un momento…
–¿Qué ocurre? –cuestioné al ver a Sesshomaru siendo un idiota nuevamente.
–¡Tú lo sabes!
–¿Qué?
–¡En dónde está Rin! Tú lo sabes y quiero que me lo digas.
–Solo cálmate, mi hija duerme en la otra habitación.
–¿Dónde está Rin? –volvió a cuestionar–. Dímelo.
–Rin se fue –intervino Kagome–. Lo siento, pero estaba muy angustiada en la habitación –me dijo como justificación.
–Está bien…
–¿Se fue? ¿Cómo que se fue? ¿A dónde? ¿Por qué?
–¿Por qué? –soltó Kag–. ¿Enserio lo preguntas? Si fuiste tú quien la hirió.
–Ya basta. Iré a buscarla.
–A estas alturas ya debe de estar en otro avión o posiblemente esperando para aterrizar.
–¿Qué dices?
–Lo que oíste, Rin salió del país, se fue con mi madre.
–¿Qué…?
–Mi hermana no es un simple juguete, Sesshomaru –soltó Kag con frialdad–. Mi hermana no es Kagura, a ella no le harás la vida miserable.
–Kagome…
–Hijo, no.
Sesshomaru intentó avanzar, pero Izayoi se lo impidió.
–Crees que puedes tener todo lo que quieres hiriendo a las personas, pero mírate ahora, te quedaste completamente solo. Kagura no está y probablemente nunca conocerás a tu hijo, y ahora terminaste por apartar a Rin. ¿Te has preguntado quien es el responsable?
–Basta, Kag. Será mejor que lo dejemos solo.
–Sí, ya terminé.
Ambos subimos, sabiendo muy bien que el ánimo de mi hermano empeoraría aún más.
–Lo siento, Inuyasha –dijo una vez que entramos a mi habitación– Pero tu hermano se ha estado portando como un idiota.
–Lo sé y no pienso justificarlo.
–¿Crees que hice mal?
–Kag…
–Me disculparé con él.
–Ey, espera –La detuve–. Tranquila, deja que se le pase el enojo.
–Me siento muy mal. Creo que vomitaré.
–Amor…
Me sostuvo del brazo por un momento.
–No, es solo nauseas –concluyó–. ¿Está tu padre en casa?
–Sí, mamá dijo que estaba en su estudio.
–Bien, vayamos con él. Quiero que hablemos de algo.
–¿Estás segura? ¿No prefieres descansar y ya mañana hablamos con él?
–No, quiero hacerlo ahora. Mientras más antes mejor.
–De acuerdo, pero si llegas a sentirte mal te sacaré de allí.
–Sé que lo harás.
Ambos fuimos con mi padre, que al parecer estaba completamente inmerso en unos papeles que ni siquiera nos vio entrar.
–Padre –lo llamé nuevamente.
–Hijo, adelante –me invitó a sentarme y cuando vio a Kagome una sonrisa se le dibujó en el rostro–. Qué alegría tenerte en casa, querida. Ya me enteré de la buena noticia, ¡felicitaciones! No hay nada que me haga más feliz que saber que seré abuelo por segunda vez, y estoy ansioso por saber si será niña o niño.
–Pronto lo sabremos –dijo Kagome con una sonrisa.
–Pero adelante, tomen asiento.
–Gracias.
–Padre, Kagome quería hablar contigo.
–Lo supuse, es por el asunto que Myoga me comentó ¿verdad?
–¿Qué asunto? –cuestioné viendo a Kagome.
–Este asunto –dijo mi padre, deslizando un folio por encima del escritorio.
–¿Qué es esto?
–Míralo por ti mismo –sugirió Kag con un nerviosismo nuevo.
Leí con atención, demasiada atención hasta que lo comprendí de inmediato.
–Kag, esto es…
–Así es, son los papeles oficiales que le otorgan a Moroha el apellido Taisho. Solo falta tu firma para que figures como su padre biológico.
–Kagome…
–Perdón por la demora, pero tuvimos que hacer todo esto a espaldas de Naraku. Además, tuvimos que revertir el certificado de defunción. Me hicieron algunos exámenes, y fue cuando finalmente se comprobó que no estaba muerta que pude solicitar todo esto. Claro, no lo habría logrado sin la ayuda de tu padre y de Myoga, quien se esforzó más que ninguno de nosotros.
Sonreí, cómo no hacerlo.
–Gracias, mi amor…
–Ni lo menciones, después de todo es tu derecho como padre.
–Ahora oficialmente Moroha es una Taisho –declaró papá.
–Taisho-Higurashi –agregué.
–Cierto, tenemos a una Taisho-Higurashi en la familia. Hacía falta mi nieta para que volvamos a ser una familia, como en los viejos tiempos.
Kag y yo sonreímos, y claro que firmé donde era necesario, nada en el mundo se compararía a la felicidad que sentía en este momento.
–También, quería hablar sobre Naraku –dijo Kagome–. Creo que ya es hora de actuar.
–Por lo visto estás decidida.
–Lo estoy, y sé que con la ayuda de Raigo lo lograremos.
–¿Raigo? ¿Raigo Okami?
–Así es… –Kagome me miró.
Apreté su mano sobre su pierna y fue entonces cuando empezó a contarle todo lo que había pasado hace unas horas. Le habló de los planes de Naraku, el secuestro de su pequeña hija Sango y cómo ella había logrado escapar. Prácticamente le explicó todo lo que tenía planeado hacer Raigo contra Naraku, comenzando con la denuncia por fraude, ya que se había adueñado de una empresa fantasma dentro de su corporación. Había mucho en juego, y claro, Naraku tenía mucho más que perder. Esta vez no tendría salida, y debíamos idear el plan perfecto, encontrar el momento exacto en el que lo acorralaríamos como la rata asquerosa que es.
–Perfecto –soltó papá–. Me pondré en contacto con Raigo, Naomi y Myoga; sin duda, Naraku está atrapado. Por ahora, quiero que mantengan un perfil bajo. Hablaré con un buen amigo que tengo dentro de la policía; sé que nos ayudará con la estrategia una vez presentada la denuncia. Lo último que queremos es que se nos escape.
–Contamos contigo, padre.
–Ahora vayan a descansar. Sé que mi nieto se los agradecerá –dijo señalando el abdomen de Kag.
–¿Nieto?
–Sé lo que les digo. Ese pequeño será un varón.
Kagome le sonrió antes de mirarme.
–Sería muy feliz si lo es. Un niño como su padre.
–Sería un digno Taisho como su hermana –comentó Toga–. Y nada me haría más feliz que si fuera niño llevara el nombre de mi padre, que en paz descanse.
–Padre, no la comprometas.
–No –dijo Kag–. Quiero escucharlo, ¿cuál era su nombre?
–Hoshiro Taisho.
–Me gusta –soltó Kagome con una sonrisa–. Es perfecto.
–Me alegra que te guste, querida.
–Entonces es una promesa. Si es niño se llamará Hoshiro. ¿Qué opinas, amor?
Yo la miré embelesado.
–Lo que te haga feliz.
Kag besó mi mentón antes de abrazarme.
–Gracias…
KAGOME
Y tal como lo habíamos planeado, dejamos que todo siguiera su curso, haciendo ver a Naraku que estábamos completamente bajo su poder. Al menos, fue una tarea difícil para los Okami, ya que no podían estar sin Sango. Sin embargo, parecía que ella había encontrado refugio en los brazos de Miroku. No quise indagar mucho, pero supe por buena fuente que ambos tenían algo formal. No lo sé, aún no me lo había confirmado Sango, pero seguía conservando la esperanza.
En fin, el plan era el siguiente y teníamos solo una fecha exacta para actuar. Una semana antes de la supuesta boda, se realizará una cena, donde Naraku sería claramente el anfitrión. Todos estaríamos allí como si nada, ajenos a lo que pasaría cuando el padre de Koga diera su discurso. En ese momento, se infiltrarán hombres armados y se intentará mitigar al mínimo la amenaza de los hombres de Naraku. La policía entraría en acción, deteniendo a Naraku y a todos los involucrados en sus fechorías.
Pero por muchas veces que estudiáramos el plan, siempre había una tensión, la duda de si algo podría salir mal, una fisura en el plan, algo que podríamos estar pasando por alto. Sin embargo, al parecer no había nada. O al menos, eso queríamos creer. Por lo pronto, dejamos que el tiempo transcurriera con normalidad hasta la fecha establecida.
–¿Está lista señora?
Asentí mirando a la pantalla de la ecografía. Por fin hoy sabríamos el sexo del bebé, y estaba muy emocionada por eso.
–Bien, veamos, al parecer todo está muy bien –comentó mi doctora–. Se ve que está en perfectas condiciones.
Miré a Inuyasha y él me besó en la frente.
–Oh-oh…
Ambos miramos a la doctora.
–¿Qué ocurre?
–¿Qué pasa? –dijimos ambos.
–Por más intento el bebé no me deja ver su sexo.
–¿Estás segura? –cuestionó Inuyasha–. Miriam, inténtalo una vez más.
–Eso hago, pero está tan empeñado en no dejarse ver.
–¿Qué quiere decir? –dije mirando a Inuyasha.
–Que tenemos a un rebelde.
–O una rebelde. No lo sabemos con exactitud.
–Lo siento amor, creo que este no es el día.
–¿Enserio? –dije muy triste.
–Tranquila, suele pasar. Dentro de unos días volveremos a intentarlo ¿De acuerdo?
–Está bien.
–Bien, los dejaré solos.
Inuyasha me ayudó a limpiarme, y mientras lo hacía lo escuchaba hablar por lo bajo.
–Hiciste que mamá se pusiera triste… –murmuró en mi abdomen un poco abultado–. Ahora tendré que compensarla con un poco de helado…
–Esa idea me agrada –comenté y él me miró con una sonrisa.
–Tenemos que ser pacientes, Kag. Hoy no fue el día, pero este pequeñín no se irá a ninguna parte.
Sonreí.
–Lo sé, mi Hoshi se hace desear.
Inuyasha besó mis labios antes de pasar a besar mi barriga de cinco meses.
–Ya quiero tenerlo con nosotros.
–Lo sé –afirmé mientras peinaba su cabello.
–Prométeme que te mantendrás a salvo.
No hacía falta que especificara cuando. Sabía qué hablaba de la cena, cena en la que el plan se ejecutaría.
–Seguiré el plan, lo prometo.
Inuyasha volvió a besarme. En ese momento la puerta se abrió y ambos miramos a la figura que nos veía con ansias.
–¿Y entonces? –cuestionó.
–Nada –soltó Inuyasha–. No se dejó ver.
Miroku puso cara de decepción.
–Oh, amigo. Pero cuanto más tenemos que esperar, todos morimos por saber si será niña o niño.
–¿Y crees que nosotros no? –dijo Inuyasha apoyando su mano en mi abdomen.
–Genial, ahora ¿qué le diré a Sango al llegar a casa?
Reí al ver su clara preocupación.
–No le digas nada y mejor hazle uno suyo.
–¡Inuyasha…!
No pude evitarlo y ambos reímos sin más. Tanto que hasta me dolieron las costillas.
.
Al fin, el día D había llegado, y la tensión se sentía en el aire. Al parecer todo estaba transcurriendo con normalidad. Naraku parecía bastante ocupado conversando con unos inversionistas.
Perfecto, todo parecía estar bien. Pude relajarme entonces. Acaricié mi abdomen y aunque intenté disimularlo con un vestido holgado, este ya comenzaba a notarse.
–Me pregunto ¿cómo estará el de Kagura? –dijo Koga a mi lado.
–Enorme –solté con una sonrisa.
–Quisiera verlo con mis propios ojos.
–Y lo harás, una vez que esto termine, podrás ir a visitarla y saber de ella.
–Supe que será niña.
Sonreí al recordar lo emocionada que estaba al contarme la noticia.
–Así es, sin duda será una hermosa niña.
–¿Crees que la llamará como él quería que se llamara? ¿Kanna?
–Ah, lo recuerdas.
–Imposible no hacerlo, después de cómo se expresó de ella hace tiempo, no merece ni una sola consideración.
–Es decisión de Kagura –comenté–. Si ella decide llamarla así o no, es su decisión, nosotros no somos nadie para juzgarla.
–Tienes razón, pero no quita el hecho de que lo deteste.
–Lo sé y te entiendo, después de lo que pasó con Rin, también me he sentido algo arisca con Sesshomaru.
Koga asintió con la cabeza antes de beber su copa.
–Kagome… –escuché por los audífonos, y no pude evitar tensarme–. Ya va a ser hora…
Miré a Koga, y él lo comprendió de inmediato. Se levantó e hizo una seña a su padre. El señor Raigo lo siguió hasta la pista, el presentador le entregó un micrófono y en seguida se escucharon aplausos.
–Kagome… –volví a escuchar por los audífonos.
Inuyasha se oía cada vez más ansioso.
–Hermosa, sé que tienes miedo, pero ya es hora…
Miré hacia Naraku, él parecía completamente inmerso en las palabras de Raigo.
–Kagome, ahora.
Me levanté, intentando no llamar la atención. Di media vuelta y salí del lugar sin mirar atrás. Podía escuchar los latidos acelerados de mi corazón, sentir el leve temblor en mis manos, y con cada paso que daba, la sensación de ahogo se hacía más intensa.
Al llegar al estacionamiento, lo vi. Inuyasha estaba apoyado en el auto, esperándome. En cuanto me vio, se acercó a mí sin dudarlo y, con ternura, dejó un beso sobre mis labios.
–Tranquila, sí. Todo saldrá bien. Ahora lo que importa es tu seguridad.
–No sé si pueda… –musité embargada y llena de pánico–. No puedo…
–Kag, escúchame. Amor, por favor, este es el momento, no hay vuelta atrás.
–Sí, pero… ¿Y nos atrapan? Yo no…
–Tranquila, respira por favor. Moroha está en el auto.
Miré por la ventana y la vi sonriéndome, completamente ajena a lo que pasaba.
–Tenemos que hacerlo por ella.
–Ven con nosotras –Mi petición fue casi un ruego–. Por favor…
Inuyasha me besó, y se sintió como un catalizador.
–Yo iré por ustedes en cuanto vea a Naraku detenido, lo prometo, por lo pronto sigue el plan, llévate a Moroha al lugar acordado. Lo más importante es que ambas estén a salvo.
–Sí, pero…
El ruido comenzó a hacerse más fuerte, y fue entonces cuando Inuyasha, prácticamente sin darme opción, me hizo entrar al auto. Con cuidado, se aseguró de abrocharme el cinturón y, con una sonrisa cálida, nos miró a ambas.
–Estaré pronto con ustedes, lo prometo.
–Te amo –dije conteniendo un sollozo.
Inuyasha se inclinó hacia mí y me besó. Después de aquello, pisé el acelerador y nos alejamos de su vista. Solo podía rezar para que todo saliera bien y que pronto él estuviera con nosotras.
Continuará...
