FRAGMENTOS
¡Hola! Tenemos nuevo capítulo.
- Cbt1996: ¡Ay, qué emoción leer todo lo que estás sintiendo! De verdad, me encanta cómo te sumerges tan profundamente en la historia, porque eso es lo que quiero lograr con cada capítulo: esa sensación de incertidumbre y emoción. ¡Y sí! La trama está construida para mantenerte en suspenso, con giros inesperados, y créeme, lo peor está por venir. Lo de Yura, ¡nadie confía en ella! jaja, Pero como tú bien dices, la templanza y madurez de los personajes a veces nos hacen pensar que todo va bien, cuando en realidad algo más grande se está gestando en sus cabecitas. Y esa incertidumbre sobre Kagome... sí, la tensión está a punto de explotar. Estamos en camino, y las respuestas llegarán en su momento. ¡Solo ten paciencia! :) Gracias por tu increíble apoyo y por seguir disfrutando de esta montaña rusa de emociones. Te prometo que en el próximo capítulo exploraremos otras perspectivas. ¡Nos vemos pronto!
- Karii Taisho: ¡Hola, hola! ¡Qué bien que estés tan inmersa en la historia! De verdad, tu nivel de análisis y tus teorías me dejan sin palabras, ¡estoy disfrutando muchísimo leer todo lo que piensas! jeje Tienes toda la razón en que Kag y Moroha deberían haber ido con más precauciones, pero claro, el peligro acecha desde muchas direcciones, y aquí estamos viendo cómo Naraku (y otros enemigos) están orquestando todo desde las sombras. ¡Y sí! Naraku sabe sobre Kagura, y no tiene intención de dejarlo pasar. El misterio que se teje alrededor de Kikyo, las amenazas y sus manipulaciones me tiene también bastante intrigada... ¡¿qué se trae entre manos?! jaja Lo de Sesshomaru y Koga también es un tema... ¡el pobre Sesshomaru no capta las indirectas! Pero tienes razón, Koga hace todo más difícil. Y esa calma, ese momento de paz que todos tanto deseamos... sí, es efímero. No será por mucho tiempo, lo que viene será aún más complicado. Ahora, lo de la droga... ¡ay! Ya sabía que me lo ibas a mencionar, y no, no soy mala, ¡solo soy una autora de suspenso! Ese momento en la gasolinera está lleno de tensión porque sí, quería que estuvieras con los nervios de punta, pero lo bueno es que la historia va a ir revelando poco a poco lo que está pasando detrás de todo esto. Y ese "misterio", la posible traición, el peligro para Kagome... todo está más conectado de lo que parece, ¡y lo peor está por venir! Te agradezco muchísimo tus comentarios, ¡siempre me motivas a seguir escribiendo! Nos vemos pronto en el siguiente capítulo, ¡estoy ansiosa de saber qué piensas después de lo que se viene! Un abrazo gigante, ¡y gracias por el apoyo constante!
- Annie Perez: Naraku siempre tiene algo tramado. La ausencia de Kagome tiene más de lo que parece, y todo está relacionado con sus oscuros planes. ¡Pero no te preocupes! Todo se aclarará conforme pasen los capítulos. ¡Sigue leyendo para descubrir la verdad!
- Kayla Lynnet: ¡Dios mío! Tus nervios están a flor de piel, y los míos también al leer tus reviews. Me encanta cómo te metes en la historia, ¡y cómo tus teorías van tomando forma! Naraku es un villano de esos que nunca deja de sorprender, y Kikyo... Sabía que la sorpresa te haría saltar de la silla. Y lo del murciélago... Jaja perdón, pero era necesario un poco de suspenso. ¿Verdad que todo parecía ir muy bien? ¡Pero claro, todo era una trampa! :) Me hace tan feliz saber que disfrutas tanto los giros de la historia, porque he puesto todo mi empeño en hacerte sentir esa mezcla de tensión y esperanza que, claro, ¡nunca dura demasiado! Gracias por tus palabras y tu entusiasmo, ¡espero que sigas disfrutando los próximos capítulos, aunque prepárate porque lo que viene… no es fácil! Nos vemos en el siguiente capítulo, ¡y cuídate!
- Cristina Osorio: ¡Hola! ¡Te entiendo perfectamente! A veces, adaptarnos a nuevas plataformas puede ser complicado, pero lo importante es que sigues disfrutando de la historia, :) ¡y eso es lo que más me alegra! Gracias por seguir leyéndome, en verdad ¡lo aprecio demasiado! :3
- Rosa. Taisho: ¡Hola, bella! Me alegra mucho saber que leíste el capítulo, aunque ¡te haya tenido con el corazón en la boca! Naraku preso, pero no tan fácil, ¿verdad? Te entiendo, yo también me quedé nerviosa por el murciélago, con tantas posibilidades. Y sí, la historia de Yura puede no estar tan cerrada, así que... ¡quién sabe qué nos espera! Jaja. Sobre InuYasha, ¡uff! Me emociona que sigas tan enganchada, porque lo que viene... ¡te va a sorprender aún más! Estoy muy feliz de que te haya gustado el capítulo y ¡gracias por el 10 de 10! :) Vamos a ver qué pasa con Kagome y todos los demás, porque esto no ha terminado. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo, bella! Besos
¿Están listos?
Puede que este sea un capítulo corto, pero, seguimos profundizando en la perspectiva de Inuyasha, todo lo que está viviendo y sintiendo. No quiero dar más spoiler, solo puedo decir que el próximo capítulo se llamará "Perspectiva 2" Y sí, en el siguiente capítulo exploraremos lo que pasó a través de perspectiva de Kagome.
En fin, me alegra volver a actualizar, aunque últimamente he estado demorando un poco más jeje lo siento. Estas vacaciones pronto se acabarán y quiero aprovecharlas, espero que ustedes también lo hagan, salgan un rato, dejen que el sol los mire un poco, (yo lo estoy intentando) ¡Generen serotonina!
Por cierto, "FRAGMENTOS" ya tiene canción, lo he estado pensando mucho y al igual que "Entre Promesas Rotas" con Singing Low de The Fray (Los que lo leyeron lo reconocerán). Esta historia se ambienta con Too Much to Ask de Niall Horan, que será un tema importante, ya que, también pertenecerá a la precuela de FRAGMENTOS.
Ahora sí, los dejo disfrutando de su lectura. ¡Nos leemos!
P. D. (Te amo Niall)
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 30.
INUYASHA
Al incorporarme a la autopista central, el celular no dejó de sonar. La avalancha de mensajes, notificaciones y llamadas era abrumadora, pero no iba a revisar nada todavía. No mientras estaba conduciendo con la ansiedad carcomiéndome los nervios y mi hija sentada en el asiento trasero.
–Papi, ¿por qué dejamos a mami?
–No, cariño, no la dejamos. Tu mamá… emm, verás… –Las palabras se atascaban en mi garganta. No sabía por dónde empezar.
Quizás por el hecho de que Kagome se había ido, o tal vez porque alguien la había secuestrado —Dios sabe cuándo—, no podía ser completamente crudo con Moroha. Era solo una niña. Pero tampoco podía mentirle diciéndole que su mamá estaba bien y que nos esperaba en casa. Eso sería darle falsas esperanzas, cuando en realidad ni yo sabía qué estaba pasando.
Quisiera ser yo quien pudiera aferrarse a esas falsas esperanzas.
–Hablaremos de esto en casa, ¿de acuerdo? –dije mirándola por el retrovisor.
–Pero… –Sus ojos se llenaron de tristeza al instante–. De acuerdo, papi.
Apenas llegamos a la mansión, noté que todo el lugar estaba rodeado de reporteros. No me sorprendió; de alguna manera, me lo imaginaba. Las rejas de la entrada se cerraron en cuanto crucé con el auto, y al bajar, mi madre apareció de inmediato. Corrió hacia nosotros mientras yo sacaba a Moroha del asiento trasero.
–Dame a la niña.
–¿Qué?
–Hijo, por favor –pidió, con una mirada que escondía algo.
–Madre, ¿qué está pasando?
–Ve a la sala, yo me quedaré con mi nieta.
Mi madre tomó a Moroha en brazos y ordenó a los sirvientes que bajaran todas nuestras cosas, incluido a Kuma. No podía ignorar la sensación de que algo andaba mal. Miré a mi hija una vez más, intentando calmarme. Besé su frente, y ella me regaló una sonrisa antes de que me alejara.
Al entrar en la sala, me sorprendió ver a Rin de pie junto a Sesshomaru. Mi padre, por su parte, estaba sentado en uno de los sillones, observándome con seriedad.
–Trato de ignorar el hecho de que algo está pasando, pero ustedes… –dije, esforzándome por mantener la voz firme–. ¿Qué está pasando?
Mi padre, que hasta hace un momento se mostraba serio, bajó la mirada y guardó silencio. Hubiera preferido cualquier cosa, todo, menos ese silencio. Porque si no hubiera sido por él, tal vez yo... tal vez no hubiera escuchado nada.
–Kagome y Koga se casaron.
Kagome y Koga se casaron...
Kagome y Koga se casaron...
¿Así de doloroso?
No, así de injusto.
–¿Qué fue lo que dijiste? –arrastré las palabras con dificultad.
Rin me miró fijamente.
–Creí que debía ser yo quien te lo dijera.
–Repítelo.
–Inuyasha…
–Rin, por favor repítelo.
Ella no dejó de mirarme. La vi tomar valor antes de hacer lo que le pedí.
–Kagome y Koga se casaron…
La confirmación fue aún más dolorosa.
–Lo hicieron esta mañana.
–Los reporteros que viste en la entrada no están aquí por eso –dijo mi padre–. Ellos no saben que Escargot es realmente Kagome. Ellos están aquí por otra cosa.
–¿Qué cosa? –cuestioné.
–Esta mañana, encontraron a Naraku muerto en su celda.
–¿Qué…?
–Y como fuimos nosotros quienes lo metimos en ese agujero, la prensa quiere obtener nuestras declaraciones, pero ese es otro cuento. Lo que importa aquí es la hija de Naomi. ¿Qué pasó? ¿No estaba contigo? –cuestionó Toga.
–Sí… ella y yo… todo estaba bien hasta esta tarde cuando desperté y ella ya no estaba.
–¿Tarde?
No sabía cómo decirlo porque ni yo mismo sabía lo que había pasado.
–Desperté a la una, Moroha estaba llorando junto a mí, y yo…
–Te emborrachaste.
–No –solté de inmediato–. Kagome y yo solo bebimos jugo, ella me lo ofreció, Kagome, ella…
Era un mal momento para que mi mente se pusiera a trabajar en mi contra.
–Ella te drogó.
–¡No! –dije firmemente–. Ello no haría eso.
–Hijo…
Sonreí, y esa sonrisa se transformó en una risa, una risa tonta y patética.
–Tenemos una hija –solté–, ¿esperas que crea que ella simplemente me drogó y se fue sin preocuparse por Moroha?
–Se casó con Koga. A estas alturas ya deben de estar fuera del país.
–No –dije incrédulo–. No, eso no es posible. Ella no se iría, tal vez se casó con él porque alguien la amenazó y…
–Naraku ya está muerto, ¿quién a parte de él se interpondría entre ustedes?
–Esa rata escurridiza es capaz de todo –solté entre dientes–. Sé que encontró la forma de jugar su última carta y sé que Kagome no se fue del país, ella volverá, sé que lo hará.
Me dirigí a la puerta.
–Inuyasha…
–Tiene a mi hijo –solté regresando–. Se suponía que éramos una familia, que debía cuidar de ella. Esto no… no es como debería terminar. Moroha la necesita, necesita a su madre, y yo... no sé cómo estar sin ella.
"Enhorabuena, la feliz pareja celebra su unión"
"A pesar del momento, Escargot Hirano y Koga Okami se casaron en una sencilla ceremonia civil"
"Tal parece que la boda se apresuró por el notorio embarazo de la heredera Hirano"
"¡TE AMO! Esas fueron las palabras de los recién casados antes de darse el sí"
"–...Te elijo a ti, Koga."
"–...Te elijo a ti, Koga."
"–...Te elijo a ti, Koga."
–Papi…
Miré hacia la puerta. Moroha estaba parada allí, con un pijama enterizo de color rosa bebé. Rápidamente aparté los titulares de los periódicos y revistas que tenía esparcidos por toda la habitación.
–¿Qué pasa, mi amor? ¿No puedes dormir?
Ella negó con la cabeza. Me acerqué a ella y la tomé en brazos.
–¿Quieres que me quede contigo esta noche?
–Sí.
–Bien, entonces, vamos a tu habitación.
La acomodé en su cama y me eché a su lado.
–¿Dónde está mami? ¿Por qué no ha venido?
Abordar esas preguntas requeriría mucho más de mi autocontrol. No quería mentirle, pero tampoco podía ser completamente honesto con ella. Respiré hondo, buscando el valor para hablar.
–Quisiera tener las respuestas, hija, pero… –Solté todo el aire contenido–. No sé qué decirte.
–¿Mami está bien?
–Sí, ella está bien –dije de inmediato.
–Tal vez la veamos mañana.
Fue un golpe bajo, agudo y preciso, que me alcanzó directamente en el pecho.
–Tal vez… –Fue todo lo que dije.
.
–¿Tienen alguna noticia?
–No más de lo que ya sabemos –afirmó mi padre–. Al parecer, desaparecieron. Intenté contactar a Raigo, pero…
–¡Sango! –solté de inmediato.
–¿Quién? Hijo, ¿a dónde vas?
Me detuve antes de cruzar la puerta.
–Puede que ella sepa algo.
–Inuyasha…
–Iré a casa de Miroku, es mejor que lo sepas.
Conduje todo el camino con un nudo en la garganta. Tal vez, en el fondo, ansiaba llegar y ser recibido por Kagome. Algo dentro de mí deseaba que así fuera, que las cosas se dieran de esa manera. Pero, al mismo tiempo, una parte de mí temía lo que podría encontrar al llegar. Las dudas empezaban a ocupar el espacio que antes había sido solo esperanza, y no sabía si estaba listo para enfrentarlas.
–Inuyasha…
–¿Dónde está? –solté con algo de decepción al ver a Miroku.
–Oye, ¿cómo estás? Supe lo que pasó y yo…
–Estaré mucho mejor una vez que la vea –sentencié–. ¿En dónde está Sango? Necesito hablar con ella.
–Antes de que empieces a actuar como un idiota, quiero que sepas que ella no sabe nada.
Solté una pequeña risa antes de entrar.
–¿Desde cuándo hablas por ella? O, para ser sincero, te habría creído más si me hubieras dicho que ella no está aquí y se fue con su adorada familia de farsantes.
–No cruces esa línea, Inuyasha. No importa lo mucho que duela o lo afectado que estés, Sango es mi prioridad.
–¿Desde cuándo? –dije con audacia–. ¿Desde qué te la llevaste del hospital o…?
–Desde que le propuse ser mi esposa.
–¿Qué…?
Él no apartó la mirada de la mía, desafiante, como un león que me recordaba que este era su territorio.
–Solo pedí hablar con ella.
–Ella no…
–Déjalo, Miroku –Sango salió de la habitación–. Te dije que esto pasaría ¿o no?
–Pero…
–Inuyasha, sé que estás aquí porque crees que sé dónde puede estar Kagome...
–Y Koga –resalté.
Ella cruzó la sala para estar más cerca.
–No lo sé –dijo al fin–. Nosotros también nos enteramos por las noticias.
–¿Esperas que crea eso?
–Espero –exclamó con firmeza–, que pienses mejor las cosas. Si lo supiera, créeme, sería la primera en decírtelo, no porque me agrades, sino por Moroha. Kagome no es tonta. Lo que sea que esté pensando, sabía perfectamente que no podía decírmelo, porque yo amo mucho a su hija, y eso supondría delatarla.
–¿Y Koga?
Ella negó con la cabeza.
–Intenté contactarlo, Miroku puede dar fe de eso. Cuando vi la noticia, lo llamé y lo seguiré haciendo –dijo cansada–. Te juro que en este momento estoy realmente molesta, no solo con él, sino con ambos. Kagome también actuó mal.
–¿Qué hay de Raigo?
Sango desvió la mirada hacia Miroku por unos segundos.
–Nosotros también tenemos nuestros problemas –confesó Sango, y había algo de tristeza en su voz–. Al parecer la idea de la boda le disgustó un poco.
–Un poco mucho –agregó mi amigo.
Aquello le robó una pequeña sonrisa a Sango.
–¿No quiere que se casen? –pregunté interesado y ambos negaron con la cabeza–. ¿Por qué?
–Creo que no soy suficiente para la única hija de la familia Okami.
–No digas eso –Sango se acercó a él para abrazarlo–. Antes de que supiera que su hija yo tampoco era suficiente para ti.
–Para mí siempre fuiste más que suficiente, muñeca.
Contemplé la escena por unos segundos antes de caer en cuenta.
–¿Entonces no sabes nada de Raigo?
–Puedo intentar llamarlo, pero… no puedo asegurarte nada.
Una pequeña dosis de esperanza se expandió en mi pecho.
–¿Lo harías?
–Sí eso ayuda en algo, lo haré –dijo tomando el celular–. Pero como dije, no sé si él va a respon… Hola, padre.
Ambos nos miramos. Podía ver la tensión que se instaló en su cuerpo.
–Está bien, sé cuáles fueron tus motivos. Pero no te llamé para hablar nuevamente de eso –continuó mirando a Miroku–. En realidad, he tratado de comunicarme con Koga y… dudo mucho que no lo sepas… Solo quiero saber de él… No, no es por eso… –La vi entrar en pánico–. Bueno, creí que podía contar contigo, después de todo somos familia… Creo que fue un error… ¡Sí, lo escuchaste bien!...
–Sango… –Me silenció con una mano.
–Al parecer ser hermana de Koga es lo único bueno de pertenecer a la familia Okami –soltó antes de terminar la llamada–. Listo, no fue de utilidad –dijo alterada.
–Lo siento…
–No, está bien. Nada hubiera cambiado después de todo.
Miré a Miroku; su expresión lo decía todo. Se sentía mal por Sango y por la relación con su padre.
–¿Ahora me crees? –cuestionó ella–. Si supiera dónde está Kagome, te lo diría. Sería la primera en decírtelo.
Ahora lo sabía, pero Sango era mi única esperanza para encontrar a Kagome.
–Lo lamento mucho.
–Sí… yo también. Lamento el actuar de Kagome –dijo ella–. No sé qué la motivó, pero sí sé que ella no es así. Ella no dejaría a su hija sola. Tengo fe en que pronto volverá.
–Eso espero porque… –solté un suspiro–. Ya no sé qué hacer.
.
Los días pasaban sin piedad, indiferentes a todo, como si nada importara. Había perdido la cuenta de las veces que había ido a la casa de Koga en busca de alguna pista, de alguna señal que me confirmara que ella no se había ido, que seguía aquí. Tal vez escondida, tal vez…
–Buenos días.
Miré a la mujer mayor que me saludaba.
–Lo he visto muy seguido por aquí. ¿Acaso es el nuevo dueño de la propiedad?
–No sabía que estaba en venta –comenté apartándome de la puerta.
–Lo está hace mucho.
Recién fui consciente del letrero en la ventana.
–¿Sabe algo de la persona que vivía aquí? –me fue imposible no preguntar.
–¿No lo sabe? Salió en las noticias. El dueño de la casa era el hijo de Raigo Okami, se casó y después de eso se fue.
–¿Sabe a dónde?
La mujer me recorrió con la mirada.
–No lo sé. Pero puede intentar llamar al número que aparece en el letrero.
Sonreí vagamente.
–Claro…
Si fuera así de fácil, no se habrían molestado en dejar un número si realmente no querían ser encontrados. Pero... estúpidamente, algo dentro de mí me decía que no perdía nada con intentarlo.
Una vez dentro del auto, marqué el número. Esperé. Creo que fue la espera más tortuosa que haya experimentado.
–Bienes raíces, buenos días ¿En qué podemos ayudarlo?
Apreté el volante bajo mi mano.
–Requiero información sobre la casa en Jardines 49.
–Claro que sí, enseguida lo comunico con nuestro experto en ventas. Espere por favor…
–Señorita una pregunta.
–Sí, dígame señor.
–¿Hay alguna posibilidad de poder hablar directamente con el dueño de la propiedad?
–Los dueños designan a un vendedor, son ellos los que mantienen comunicación directa con el propietario. Pero podría negociarlo con el vendedor.
–Está bien, muchas gracias.
–Lo comunico, espero por favor,
Esperé lo necesario hasta que alguien atendió la llamada.
–Buenos días, soy Kei, asesor de ventas.
–Buenos días, quisiera saber si es posible comunicarme directamente con el dueño.
–Si lo que desea es realizar una compra directa, puede presentarse en nuestras oficinas
–¿Podré ver al dueño? –solté.
–En efecto. Su satisfacción es nuestra prioridad.
–Estaré allí en una hora.
–Lo esperamos.
Corté la llamada y conduje de inmediato. Había encontrado una esperanza, y no iba a dejarla escapar.
–Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlo?
–Busco a Kei, asesor de ventas, le dije que estaría aquí.
–Claro que sí, espere un momento por favor.
La recepcionista marcó un número y en seguida me miró.
–Disculpe, me podría decir su nombre.
–Sí, yo soy… –Lo dudé–. ¿Es realmente necesario?
–Sí, señor. Necesitamos mantener un registro.
Solté un suspiro cargado de cansancio y enseguida respondí.
–Inuyasha Taisho.
–Espere un momento por favor.
Asentí y en unos minutos vi salir a un hombre del elevador.
–Buenos días, soy Kei, me comuniqué con usted por llamada.
–Así es.
–Sígame por favor señor Taisho.
Lo hice, lo seguí hasta llegar a su oficina. El hombre era de mi edad, o incluso podría decir que era más joven. Me miró por unos segundos antes de ocupar su asiento frente al escritorio.
–Voy a ser sincero, Kei –solté–. Solo quiero hablar con Koga Okami.
–Lo supuse señor Taisho –Lo miré con intriga–. El señor Koga me advirtió de usted.
–¿Dónde está Koga?
–Me temo que no lo sé.
–Miente.
–No tengo por qué hacerlo. Pero, el señor Koga sabía que vendría.
–Si lo sabía por qué no da la cara.
–Desconozco los motivos.
–Quiero que lo llame inmediatamente –exigí.
–Señor Taisho…
–No me moveré de aquí hasta que lo haga –advertí severo.
Kei se recostó en el respaldo de su silla, miró la pantalla de su ordenador y luego asintió con la cabeza.
–De alguna forma sabía que harías eso, Taisho.
Todo mi cuerpo se tensó al escuchar la voz ronca de Koga. Me levanté de inmediato y me acerqué al escritorio para verlo a través de la pantalla. Kei se fue, cerrando la puerta con lentitud.
–Koga…
–Es inútil, no te diré dónde estamos.
–¡Eres un maldito!
–Acéptalo Inuyasha, no puedes hacer nada.
–Quiero hablar con Kagome.
–Pero ella no quiere hablar contigo.
–Si eso es cierto quiero que ella me lo diga.
Koga sonrió a través de la pantalla.
–Deja de insistir, Taisho. Deja de buscarnos. Kagome y yo ya tomamos una decisión y no vamos a regresar.
–¿Crees que voy a creer esa estupidez?
–Lo creas o no, esa ya es tu decisión.
–Tenemos una hija, Koga. Kagome está esperando un hijo mío. ¿De verdad esperas que crea que ella se fue porque quiso? No tiene ningún sentido.
–Lo tiene para mí. Kagome solo te usó para que tu familia pudiera ayudarla contra Naraku, y lo hicieron. Pero ahora que todo ha terminado, ella volvió a mí, como siempre debió haber sido. Ahora te cuesta verlo, pero… con el tiempo tal vez lo entiendas.
–No te creo. ¡No creo nada de lo estás diciendo! –exclamé comenzando a perder la paciencia.
–Kagome me ama, ella me eligió a mí. Sé que dejó a Moroha, pero… te aseguro que la vamos a recuperar.
–¡No tienes ningún derecho a ponerles una mano a mis hijos!
Koga soltó una risa cargada de amargura, una risa oscura y llena de desprecio.
–¿Tus hijos? –dijo entre risas–. Querrás decir, tu hija
–¿Qué dices, maldito?
Para entonces, comencé a sentir el temblor bajo mis dedos, un reflejo de la rabia contenida que se apoderaba de mí.
–El hijo que espera Kagome no es nada tuyo. Olvídate de eso.
–¡Ya basta!
–¿Te sorprende? –Lo vi mirar hacia un punto fijo–. Ese hijo es mío.
–¡No te creo nada! ¡Quiero hablar con Kagome! ¡Kagome!
De pronto, la videollamada finalizó, dejando un vacío ensordecedor en la habitación. Mi respiración era pesada, el eco de las palabras de Koga seguía retumbando en mi mente como un martillo. Cerré los ojos, tratando de calmar el torbellino de emociones, pero la furia y la impotencia se mezclaban, convirtiéndose en un nudo que amenazaba con ahogarme.
Miré la pantalla frente a mí, como si pudiera obligarlo a reconectarse, a darme otra oportunidad para confrontarlo, para exigirle respuestas. Pero no había nada, solo el reflejo distorsionado de mi rostro en la pantalla oscura.
Me apoyé contra la pared, dejando que el peso de todo cayera sobre mí como una avalancha. Las preguntas no dejaban de taladrar mi cabeza, una tras otra, como golpes que no podía esquivar. ¿Qué hacía ahora? ¿Qué se suponía que tenía que hacer?
Miré al suelo, buscando una respuesta que no llegaba, un alivio que no existía. Todo lo que quedaba eran dudas y un vacío inmenso. ¿Cómo le explicaría a Moroha que su madre no estaba? ¿Qué palabras podría usar para no destrozar la imagen que tenía de ella?
Mi mente se tambaleaba entre la rabia y la desesperación. ¿Era esa toda la verdad? ¿Realmente nos había abandonado?
Apreté los puños, pero incluso ese pequeño acto de fuerza no logró apagar la sensación de derrota que se aferraba a mí. ¿Qué iba a ser de nosotros sin ella? ¿Qué iba a ser de mí, ahora que ella no estaba? ¿Con qué me quedaba?
Con nada.
Absolutamente nada.
"–La vida es efímera, como los corazones enamorados. Cuando menos te das cuenta, solo quedan fragmentos. Una composición curiosa, ya que estamos hechos de pedazos rotos… la confianza es un arma de doble filo…"
Esas palabras resonaron en mi mente como un eco distante, una verdad amarga que nunca quise enfrentar. "La vida es efímera, como los corazones enamorados..." Claro, lo sabía. Lo sabía mejor que nadie ahora. Cuando menos te das cuenta, todo se desmorona. Lo que creías eterno, lo que pensabas invencible, termina siendo tan frágil como un cristal en caída libre.
"Solo quedan fragmentos." Fragmentos... Era lo único que tenía en este momento. Fragmentos de recuerdos, de promesas rotas, de una vida que parecía perfecta pero que se había desplomado bajo su propio peso. Una composición curiosa, lo llamó Naraku. Estamos hechos de pedazos rotos, sí, pero nadie te prepara para el momento en que te desmoronas por completo.
"La confianza es un arma de doble filo..." No podía evitar preguntarme si confié demasiado, si fui demasiado ingenuo. ¿Cuándo comenzó a desmoronarse todo? ¿En qué momento se torció el camino y ya no pudimos volver? Confié en Kagome, en nosotros, en que nuestra familia era más fuerte que cualquier cosa. Y ahora... Ahora estaba solo, lidiando con la sensación de que todo lo que construimos fue una mentira.
Me quedé en el suelo, rodeado por el silencio. Esos fragmentos, esos malditos pedazos rotos, eran todo lo que me quedaba. Pero, ¿qué hacía con ellos? ¿Intentaba unirlos de nuevo? ¿O simplemente los dejaba caer, aceptando que ya no había manera de repararlos?
¿Podía alguien siquiera reconstruirse cuando la vida había decidido que no valías la pena mantenerte entero?
Continuará...
