FRAGMENTOS
¡Hola! Actualización.
- Kayla Lynnet: Es increíble cómo te sumerges en cada detalle de la trama y conectas las pistas para armar tus teorías. Me encanta cómo defiendes a Kagome y buscas sentido en lo que sucede a su alrededor, incluso con todo el caos que enfrentan. :) No puedo confirmar ni negar nada, pero te prometo que la perspectiva de Kagome traerá claridad a muchas de tus preguntas. La relación entre los personajes y las decisiones que toman tienen un propósito, aunque a veces parecen ir contra toda lógica jaja. Me emociona saber que la historia te tiene tan al filo, sufriendo y disfrutando a partes iguales. Gracias por tus palabras, siempre son un motor increíble para seguir escribiendo. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! Esto está cada vez más emocionante.
- Rosa. Taisho: ¡Hola linda! Mil gracias por tus palabras. Me alegra muchísimo que hayas disfrutado del capítulo y que te haya llevado por tantas emociones; eso es justo lo que busco con cada entrega. :) Me intriga mucho saber tus teorías, así que estaré esperando a que me las compartas cuando creas que es el momento perfecto. Nos vemos en el próximo capítulo, hermosa. Un abrazo enorme y gracias de nuevo por estar aquí siempre.
- Karii Taisho: Hola, preciosa. ¡Qué palabras tan profundas y llenas de emociones! Primero que nada, gracias por abrir tu corazón de esa manera; tu historia y tu fortaleza son realmente inspiradoras. Es cierto que la vida puede quebrarnos en pedazos, pero tu experiencia demuestra que es posible reconstruirse, incluso cuando parece que las piezas nunca volverán a encajar del todo. :) Respecto a tu análisis del capítulo, ¡estás en todo! Es impresionante cómo te sumerges en los detalles y construyes teorías tan bien pensadas. Entiendo completamente tu confusión y frustración con la situación de Kagome y lo que le está pasando a Moroha. Esa pequeña definitivamente está viviendo un calvario sin saber qué sucede con su mamá, y sí, la tensión se siente en cada palabra. Tus sospechas sobre Kikyo o Naraku son bastante acertadas, y me encanta cómo encuentras conexiones entre los eventos jeje. El momento MirSan fue pensado precisamente como un respiro, pero también entiendo tu molestia por la actitud del padre de Sango. Su rechazo hacia Miroku, después de todo lo que él ha hecho, deja un sabor amargo, y esa es una parte que exploraremos más adelante (todo, todo un porqué). y sí, InuYasha también tendrá que encontrar la forma de seguir adelante, aunque no será fácil. Y, como bien dices, este capítulo con la perspectiva de Kagome traerá respuestas, pero también más emociones. ;) Gracias por compartir tanto conmigo. Tus comentarios siempre enriquecen el significado de esta historia. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! Un abrazo lleno de cariño y admiración.
- Annie Perez: Sin duda, hay un motivo de peso detrás de la decisión de Kagome, y todo apunta a que es la última jugada de Naraku, pero... ¿Será él? jeje. Lo sabremos en seguida. Kagome no actuaría sin razones poderosas, y descubrirlas será clave para entender este tormento. ¡Gracias por leer y seguir aquí! Espero que disfrutes este capítulo.
- joiscar: Totalmente de acuerdo, aquí hay algo más grande de lo que Inuyasha puede imaginar. Kagome siempre ha tenido ese impulso de proteger a todos, incluso a costa de su propia felicidad, y este caso no parece ser la excepción. Estoy segura de que Inu logrará encontrar alguna pista, porque este silencio de Kagome solo puede esconder un sacrificio enorme. Solo queda esperar que él llegue al fondo de todo antes de que sea demasiado tarde, bueno, si es que Inuyasha está dispuesto a hacerlo... Recuerda que todo puede pasar jeje ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!
- Cbt1996: Qué puedo decir, entiendo que aún estés procesando todo, porque realmente fue un giro impactante tras otro. Esa advertencia del título no era en vano, y aquí estamos, enfrentándonos a esta montaña de emociones. Es verdad que hay muchos cabos sueltos y secretos por desentrañar. La perspectiva de Kagome será clave para entender todo lo que está ocurriendo y, como tú, también espero que las piezas encajen antes de dar un juicio definitivo sobre Koga. Tus teorías y pensamientos siempre son tan interesantes que estoy deseando leerlas cuando estés lista para compartirlas. :) Gracias por tus palabras y por seguir esta historia con tanto interés. Nos vemos en el próximo capítulo, donde quizá se revelen más de esas verdades que tanto necesitamos. ¡Un abrazo fuerte!
- Lin Lu Lo Li: Ese capítulo sin duda nos dejó a todos cuestionando cada detalle, y tus sospechas sobre Koga, Kikyo y el papá son muy interesantes. Parece que cada uno tiene un papel crucial en este complicado juego, donde ya no se trata solo de poder o dinero, sino de asuntos profundamente personales. Estoy completamente de acuerdo contigo respecto a Inuyasha. ¡Tiene que abrir los ojos! Moroha es su mayor razón para seguir adelante. Y como bien dices, la situación legal lo pone en una posición más sólida para proteger a su hija. Aunque sabemos que Inuyasha se deja llevar mucho por el impulso, tiene que ser fuerte y estratégico por el bien de Moroha. Sobre Kagome, no hay forma de que su acción sea por traición. Como bien intuyes, hay una razón mayor detrás de todo esto, y probablemente está siendo manipulada o forzada de una manera muy calculada ¿O no...? jaja. Esto no puede ser más que la obra de alguien con un plan oscuro y retorcido. ¡Gracias por compartir tus pensamientos y emociones! Nos seguimos leyendo en el próximo capítulo, donde espero que algunas piezas del rompecabezas comiencen a encajar.
Comencemos esto. No pude resistirlo, ya tenía el capítulo listo, solo quedaba publicarlo. Por cierto, FanFiction está... rarito jeje. Para el capítulo 30 no me dejaba subir el documento, supuestamente no reconocía el formato "raro" Y ahora resulta que no pude leer los review, me salía un código de error, pero ya se solucionó.
En fin, con todo esto de por medio al fin puedo decir ¡Tenemos actualización! (bailecito de emoción)
Espero que disfruten de su lectura. ¡Nos leemos! :)
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 31.
KAGOME
–Son dos horas de viaje hasta llegar a esas aguas termales –comentó Inuyasha–. Pero ya que mamá olvidó tu abrigo, tenemos que regresar a casa, eso convierte el viaje de dos horas en tres…
–Ya entendimos, gruñón –solté–. Pero si no llevamos el abrigo, Moroha se enfermará, y no queremos que eso pase, ¿verdad?
Le sonreí a Moroha, que estaba sentada en el asiento para niños, mirando todo a su alrededor con esos ojos grandes y curiosos.
–No, claro que no –accedió Inuyasha–. Haremos la parada, pero luego no quiero escuchar quejas sobre si demoramos mucho o no.
–Lo prometo… –susurré.
–Lo prometo, papi –soltó Moroha con una sonrisa.
No sabía lo que pasaba por la cabeza de Inuyasha, pero estaba segura de que no tenía forma de competir contra nosotras.
Mientras el auto estaba en movimiento, pude ver la sombra de otro vehículo alejándose. Cuando Inuyasha estacionó frente a la casa, mis ojos no tardaron en ir hacia la puerta. La vi abierta, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Algo no estaba bien.
–¿Qué sucede? –preguntó viéndome fijamente.
No respondí. Mis ojos seguían fijos en la puerta entreabierta. Sentí cómo la ansiedad comenzaba a crecer en mi pecho, apoderándose de cada pensamiento y tensando cada músculo de mi cuerpo.
–Hay algo extraño… –murmuré, mientras sentía que me ahogaba.
–Quédate en el auto –advirtió después de un momento
Me quedé en el auto, tal y como dijo, pero…
–Mami, ¿qué pasa?
Miré a Moroha. No podía quedarme sin hacer nada.
–No es nada, cariño –dije mientras me quitaba el cinturón de seguridad con manos temblorosas–. Ven conmigo. Entraremos un rato a la casa.
La tomé en brazos y caminé hasta llegar a la entrada.
–Inuyasha…
–Kagome, te dije que te quedaras en el auto.
–Sí, pero…
–Mami ¿qué pasa? –Moroha volvió a preguntar.
Inuyasha la observó por un instante, y sin dudarlo se inclinó hacia ella, tomándola en brazos con firmeza, como si quisiera protegerla de todo lo que la rodeaba.
–Tranquila, Moroha. No pasa nada, de seguro fue un oso que quiso entrar a la casa –dijo para tranquilizarla.
–¿Un oso?
–Sí –afirmó mirándome con cautela.
Pero dudaba mucho que fuera un oso. Algo no estaba bien, lo sabía. Ese mal presentimiento se hizo más fuerte cuando capté un aroma leve, casi imperceptible, pero que me resultaba familiar.
–¡Oh, no! Kuma…
Moroha me devolvió a la realidad.
–No te preocupes, cariño –intervine al notar su desesperación–. Veremos si todo está bien, ¿de acuerdo?
–Kag, no creo que…
–Yo revisaré arriba, tú encárgate de revisar aquí y en la cocina –demandé.
–Kagome…
No presté atención a su llamado. Entré a la cabaña y subí las escaleras apresuradamente.
–¡Grita si ves algo extraño…!
Con cada paso, los latidos de mi corazón se volvían más fuertes, casi dolorosos, retumbando en mis oídos.
"Todo estará bien", me repetía en mi mente, intentando calmarme. Pero cuando abrí la puerta de nuestra habitación, algo me hizo detenerme en seco. Todo parecía estar en orden, exactamente igual que siempre, salvo por un detalle que destacaba: el abrigo de Moroha estaba sobre la cama.
No recordaba haberlo dejado ahí. Con cuidado, me acerqué y lo tomé en mis manos. Apenas lo levanté, una navaja cayó de su interior, aterrizando suavemente sobre la alfombra, sin hacer ruido.
Me quedé paralizada. ¿Qué significaba esto? Mis manos temblaban mientras miraba a mi alrededor, buscando respuestas, buscando a alguien... pero no había nadie más en esta habitación que yo y mi creciente pánico.
Esto no era una coincidencia. Era una amenaza. Lo sabía, lo sentía. Mi instinto me empujó a revisar el abrigo de Moroha, y, como temía, encontré algo más: una hoja de papel doblada en el bolsillo.
–Kagome, todo está bien...
Escuché la voz de Inuyasha a lo lejos, pero estaba demasiado abrumada por el pánico para responder. Mi mente corría en mil direcciones. Sin pensarlo mucho, me apresuré a recoger la navaja del suelo y la guardé en mi bolsillo junto con la hoja de papel.
No podía dejar que Inuyasha la viera todavía. Necesitaba entender qué estaba pasando primero, y esto no era algo que quería explicar con prisas ni confundirlo más de lo que ya estábamos.
–¿Kagome…?
Me tragué el pánico y caminé hacia la puerta con pasos firmes, aunque sentía que las piernas me temblaban. Al abrirla, me encontré con Inuyasha de frente. Su mirada cargada de preocupación se clavó en mí. Me obligué a sonreír, un gesto forzado pero suficiente para no alarmarlo.
–¿Qué hacías? ¿Por qué no respondías? –cuestionó viendo al interior.
–Nada, solo me distraje buscando el abrigo de Moroha –mentí–. Fuera de eso, no hay nada más. Todo parece igual a como lo dejamos.
Aún podía escuchar los latidos golpeando mi pecho.
–Sí, abajo también todo sigue igual.
Miré a Moroha y apreté sus mejillas para calmar mis nervios.
–¿Crees que en verdad hayan sido osos? –pregunté.
–Vivimos en medio del bosque, es muy probable que lo fuera –respondió.
–Ahora tendremos que asegurar toda la casa antes de salir.
–Yo me encargo. Ve con Moroha y espérenme en el auto.
–Bien.
Tomé a Moroha de la mano, temiendo dejarla caer si intentaba cargarla. Mis manos aún temblaban, y no estaba segura de sí Inuyasha me había creído por completo. Cuando finalmente la acomodé en el auto, corrí a leer lo que decía la hoja. Miré hacia la casa, sabía que Inuyasha se tomaría su tiempo asegurándola, pero aun así empecé a leer con rapidez
"Voy a ser clara contigo, Kagome. ¿De verdad crees que todo terminó? ¿Qué has ganado? La calma que sientes es solo una ilusión, y esa será tu peor tortura. Tienes dos opciones: ir corriendo a los brazos de Inuyasha como la cobarde que eres, o aceptar mis condiciones si quieres salvar a tu hija, a la pobre Kagura y su bastardito, y a tu amiga Sango. Sus vidas están en tus manos, todo a cambio de seguir el plan que nunca se detuvo..."
Mi respiración se cortó al leer el mensaje. Las palabras parecían quemar en mis manos, pero no podía apartarlas. Mi mente empezó a acelerar, tratando de procesar cada frase. Había un poder en cada una de ellas, una amenaza tangible y fría que me hacía sentir impotente.
"Primera condición, hay una gasolinera a unos pocos minutos. Ve sola, allí dentro pregunta por Ren…"
–¿Podrías estacionar allí, por favor? –dije, señalando la gasolinera al costado de la carretera–. Voy a aprovechar para comprar algo de comida, y además, no me he sentido muy bien –Tenía que sonar creíble–. Las náuseas han vuelto. Y si tienen algo para el mareo, apto para embarazadas, sería un milagro. Mientras tanto, podrías llenar el tanque.
Las palabras salieron de mi boca casi sin poder detenerlas. Inuyasha me miró y enseguida me sonrió.
–De acuerdo, pero no tardes mucho.
–No lo haré –Lo besé y bajé del auto tan rápido como pude.
Al entrar en la tienda de servicio, noté que estaba completamente vacía, no había ni un alma. Caminé un poco hacia la caja, cuando de repente escuché algo detrás de mí.
–¿Qué buscas? –soltó el hombre al recorrerme con la mirada.
–Busco a Ren…
El hombre parecía cansado, tal vez un poco acabado.
–Sígueme.
Lo hice. Caminé hasta llegar a la caja y lo esperé ahí de pie.
–Son potentes.
–¿Eh? –dije sin entender.
–Las drogas –aclaró, alcanzándome un sobre pequeño–. ¿Algo más?
Miré el lugar mientras guardaba el sobre en mi bolsillo.
–Quiero moras.
Me quedé ahí, parada por un momento, observando a Inuyasha riendo con Moroha dentro del auto. ¿Qué estaba a punto de hacer? No podía hacerlo, ¿cómo podría? Ellos significaban todo para mí, pero sus vidas… valían más que la mía.
"...si quieres salvar a tu hija, a la pobre Kagura y su bastardito, y a tu amiga Sango…"
Por ellos tenía que hacerlo. No había otra opción. ¿O sí? Busqué mi celular con prisa y marqué el número de Koga, desesperada por saber que Sango estaba bien, o al menos, saber qué estaba pasando allá. Pero no había señal. Había olvidado por completo en qué lugar nos encontrábamos. No tenía otra opción, me sentía atrapada.
–Listo –anuncié al subir al auto–. Había una inmensa cola, al parecer es el día de visita una gasolinera y compra todo lo que puedas –Tuve que mentir fingiendo una sonrisa.
–¿Encontraste lo que buscabas?
–No, pero ya me siento un poco mejor. Creo que resistiré un poco más hasta llegar a las aguas termales –dije mirando Moroha–. Pero sí compré esto…
Levanté la bolsa llena de moras.
–¡Qué rico! Me gustan las moras.
–Lo sabemos –Inuyasha y yo soltamos al unísono.
El viaje continuó, pero en vez de disfrutarlo, mi mente no dejaba de pensar en lo que estaba a punto de hacer. La carta, las amenazas, todo eso daba vueltas en mi cabeza, y me atormentaba pensar en lo que sería de nosotros a partir de ahora. ¿Cómo íbamos a salir de esta? ¿Qué nos esperaba? Mi corazón latía con fuerza, mientras las dudas y el miedo crecían.
Al llegar a casa de noche, Moroha se había quedado completamente dormida.
"...Disuélvelo en cualquier líquido. Asegúrate de mezclarlo muy bien y luego dáselo a Inuyasha y a tu adorada hija. No queremos testigos, ¿o sí...?"
Las palabras resonaban en mi cabeza, más fuertes que nunca. Sentí un nudo en el estómago al pensar en lo que tendría que hacer. ¿Cómo podría seguir adelante con algo tan horrible?
Miré los vasos frente a mí, mis manos temblaban. Dos eran de jugo y el otro de leche. Después de mucho pensarlo, tomé el vaso de leche y lo vacié en el lavavajillas. No podía hacerle esto a mi hija, jamás podría, Moroha era tan solo una bebé, yo no… yo jamás.
Me obligué a respirar, tenía que mantener la calma, tenía que hacerlo por ellos. Salí de la cocina tratando de parecer tranquila.
–¿Jugo? –ofrecí al ver a Inuyasha–. Lo siento, te ofrecería vino, que eso no le haría bien a tu hijo… –comenté mirando mi abdomen.
–Jugo está bien –aceptó con una sonrisa.
Me senté junto a él, y sin poder evitarlo, tomé su mano. Algo dentro de mí quería contárselo todo, quería que supiera lo que estaba pasando. Pero... ¿y si eso ponía en peligro la vida de Sango y Kagura? No, no podría vivir con la culpa de saber que mi decisión podría costarles la vida.
Así que me callé, me tragué las palabras, aunque mi corazón se rompía un poco más con cada segundo que pasaba.
–¿Te digo algo? –empecé, tratando de que mi voz no saliera quebrada–. Ese día mentí cuando dije que estaría bien si contratas a Margaret como tutora de nuestra hija.
Preferí cambiar de tema para calmar mi mente y proteger mi conciencia. No podía seguir con esa carga, no sin arrastrar a Inuyasha conmigo.
–¿Mentiste? –preguntó con una sonrisa.
–Sí, la verdad es que la idea me desagrada.
Quería ser honesta con él. Si ya no iba a estar a su lado, si ya no iba a ser parte de su vida, al menos quería que él supiera lo que realmente sentía.
–¿Son celos? –volvió a preguntar.
–Sí, aún siento celos –confesé.
Él se inclinó suavemente y besó mi frente, luego levantó la mirada para encontrarme con sus ojos. Esos ojos bonitos que tanto amaba.
–Está bien, no iba a hacer después de todo.
–¿Enserio? –cuestioné sorprendida.
–Sí, iba a inventar una excusa, como que ella se negó, o la señora directora no quiso. Aunque intentes negarlo, sé lo mucho que esa idea te desagrada.
Le sonreí, porque era cierto. No había nadie que me conociera tan bien como él.
–Me conoces muy bien, Taisho.
–Te conozco como ningún otro lo haría –dejó en claro y yo lo besé con desesperación.
No quería dejarlo, no quería que esto termine así. Me aferraba a la idea de que aún había algo más, algo que podíamos salvar, pero al mismo tiempo, sabía que las circunstancias nos habían arrastrado a este punto.
–No puedo culparte… –dijo en un susurro–. Yo también siento muchos celos cuando Koga está muy cerca de ti.
Un dolor agudo golpeó mi pecho al escucharlo.
–Koga es solo…
–Lo sé, ahora lo sé –aclaró–. Pero cuando era un niño inmaduro tenía miedo de que lo eligieras a él.
Jamás haría algo así, al menos no a voluntad.
–Eso no pasará, yo te amo a ti –confesé.
–Repítelo… –pidió besando mi cuello.
–Te amo, Inuyasha…
Dejé de pensar en el momento en que quitó mi blusa para dejar besos sobre mi esternón. Sus manos viajaron peligrosamente por todo mi cuerpo hasta recorrer mi cintura y concentrarse en el botón de mis jeans.
Cerré los ojos cuando sentí una de sus manos sobre mi pecho. Y lo escuché sisear algo por lo bajo mientras me recostaba sobre el sofá. ¿Su posición favorita? Sonreí, siempre dominante.
Estiré mis manos para recorrer sus abdominales bajo la ropa. Y él me sonrió gustoso antes de volver a besarme. Era ansioso, casi desesperado, su intromisión se sintió como la gloria pura. Me hizo cerrar los ojos con cada movimiento.
"Cuando lo encuentres completamente dormido, entonces puedes irte. No te preocupes por nada, los efectos de la droga no son tan intensos... solo lo suficiente para que se quede donde quiero que esté. Hazlo bien y no habrá problemas…"
Fui a ver cómo estaba Moroha una última vez. Me incliné sobre ella, dejando un beso en sus cabellos. Las lágrimas no tardaron en caer. Estaba dejándola por segunda vez, y esa idea me desgarraba. La estaba dejando sin mí, y eso era lo que más me dolía.
–Voy a volver, Moroha… –susurré peinándola–. Mientras tanto… cuida de tu padre ¿de acuerdo?, él… –Miré hacia arriba para no derramar más lágrimas–. Él te va a necesitar mucho… –Sequé mis mejillas–. Te amo, hija… Te amo mucho…
"Segunda condición. No preguntes nada cuando llegues al lugar. Una vez dentro deja que te vistan. Las ceremonias sencillas son lo más fáciles de hacer…"
Me asusté cuando Koga entró por la puerta. Rápidamente me levanté y me apresuré a alcanzarlo.
–Koga, ¿qué es esto…? ¿Por qué…?
–Shh… shh… Bonita, está bien, tranquila.
–¿Cómo quieres que esté tranquila? –exclamé–. Mírame, estoy usando un vestido de novia y tú…
–Lo sé, no tuvimos más opción ¿cierto? –comentó tomando mis manos–. Me amenazó con la vida de mi hermana y la de mi padre. Tuve que fingir que todo estaba bien cuando él me preguntó por qué estaba haciendo esto.
–A mí me amenazó con la vida de mi hija, Sango y Kagura…
–Kagura –soltó de pronto.
–Sí, no sé si la tienen, no sé si tienen a tu hermana…
–Tranquila, Kagome. Solo hagamos lo que nos pide y esperemos que nada malo les pase.
–Este no es un matrimonio común ¿cierto?
Koga apretó los labios en una fina línea.
–Koga…
–Lo que estaré firmando en realidad serán las acciones de las empresas de mi padre.
–¡¿Qué?! –exclamé sorprendida–. No puedes hacer esto, tú no…
–Lo haré, bonita. Tengo que hacerlo.
–Pero tu padre quedará devastado, no puedes…
–¿Darle un disgusto? –soltó mirándose en el espejo tras de mí–. Quedará aún más devastado si pierde a su hija por segunda vez. Y no quiero ser el responsable de causarle ese dolor, sé que pronto lo entenderá.
–No sé si estamos haciendo lo correcto –confesé con remordimiento.
–Para serte sincero, yo tampoco.
Koga y yo nos miramos. Ambos no teníamos salida, solo éramos víctimas de los planes de Naraku.
Y fue así como nos metimos en esto, por tratar de salvar la vida de aquellos a los que amamos.
"Y la tercera condición, después de la boda. Desaparezcan. Tendrán a alguien esperándolos después de sus declaraciones a la prensa. Véanse felices, alegres por la dicha de ser marido y mujer. Sonrían, compartan un beso. Disfruten de su día. Y espérenme en el lugar acordado."
–¿Cuánto ha pasado? –pregunté viendo a través de la ventana.
–Ya está hecho, Kagome. A estas alturas, todo Tokio ya sabe de nuestra boda.
–¿Crees que Inuyasha ya lo sepa?
Koga se acercó a mí y me tomó del brazo con cariño.
–Viajamos por más de diez horas. Bonita… él ya lo sabe.
–¿Crees que me odie? ¿Crees que se esté preguntando por qué lo hice…? ¿Crees que debí habérselo dicho…?
–Kagome, por favor respira…
Mis ojos se llenaron de lágrimas y no pude evitarlo.
–Lo extraño, Koga… Solo quiero estar con ellos…
Koga me envolvió en sus brazos buscando calmar mis temblores.
–Y lo estarás, mientras tanto… yo cuidaré de ti, no dejaré que nadie te lastime…
–Qué bonita escena.
Ambos nos pusimos en alerta al escuchar la voz de Kikyo.
–No parece que se detesten, más bien parece que se llevan bien. Pensé que la boda sería una tortura para ambos, pero creo que estaba equivocada.
–Cómo están Sango y Kagura –escupí llena de rabia–. Si les hiciste daño…
–Cálmate. La verdad es que no lo sé –soltó con una sonrisa.
–¿Qué dices? –intervino Koga.
Kikyo se acomodó en uno de los sillones blancos del lugar, mirándonos con una sonrisa burlona.
–Tontos, tontos –dijo entre risas, su voz llena de desdén–. Par de idiotas. ¿De verdad creen que sé dónde están? Sango, supongo que está oculta en la casa del amigo de Inuyasha, y Kagura… –Nos miró fijamente, como si estuviera disfrutando de nuestro desconcierto–. La verdad no creí que fuera cierto cuando mi padre me dijo que estaba viva. ¡Esa idiota! Ustedes me lo acaban de confirmar, y me dirán dónde está si saben lo que les conviene.
–¡Entonces todo esto fue una trampa! –exclamé acercándome a ella.
Un estruendo retumbó por toda la habitación cuando Kikyo disparó.
–¡Kagome!
Koga corrió a mi encuentro.
–¡Ey, no! –advirtió Kikyo, apuntándole con el arma–. Déjala. Si te acercas a ella, te aseguro que esta vez no fallaré y le daré directamente en el pecho.
Koga no se movió. Solo se quedó mirándome con preocupación. La bala había traspasado el respaldo de uno de los sillones y entonces Kikyo volvió a hablar.
–Se preguntarán por qué hago todo esto. Y la verdad es, que no lo sé –Soltó una risa histérica–. Toda mi vida fui solo un títere en manos de mi padre. No le importó venderme por sus propios intereses, ni le importó lo miserable que fui en ese matrimonio. ¿Y todo para qué? Para nada. Ahora está muerto, pudriéndose como la escoria que siempre fue…
–¿Qué fue lo que dijiste?
Kikyo me miró.
–¿No lo sabías? Naraku está muerto.
–Eso no… –negué con la cabeza–. Eso no es posible…
–¿Ahora qué? ¿Me dirás que le agarraste cariño a ese idiota? –dijo con desdén.
–¿Cómo lo sabes…? ¿Cómo sabes que murió?
–Muy sencillo –dijo apuntándome con el arma–. Porque fui yo quien lo mató.
Hizo el ademán de dispararme y luego sonrió.
–Terminé con su patética vida usando un poco de ingenio. Las drogas, esas que te di, resultaron ser una combinación fatal cuando las mezclas con alcohol –se rio con sorna–. No lo hiciste, ¿verdad? Inuyasha... no, seguro que no…
–Fue jugo.
Kikyo rompió en risa.
–¡Jugo! –siguió riendo–. Te creí más inteligente, Kagome.
Apreté mis manos en un puño mientras la escuchaba reír. Estuve a punto de… a un paso de que Inuyasha...
–Voy a comenzar mi venganza con la familia que nunca se preocupó por mí. En todo este tiempo, ni una sola llamada de los Taisho. ¿Puedes creerlo?
Bajé mi mano a mi abdomen instintivamente.
–Los haré sufrir, en especial a Inuyasha y su patético amor por ti.
–Déjalos en paz, ya tienes lo que querías.
–¡Lo que quiero es verte miserable, Kagome! Y una vez que esté hecho entonces los dejaré en paz.
–¿Por qué lo haces, Kikyo? No tiene sentido.
Ella me miró fijamente y luego desvió la mirada hacia Koga, como evaluando sus opciones.
–¿Alguna vez te has preguntado por qué mi padre no mató?
Sentí un dolor punzante por el abdomen bajo.
–¿Alguna vez te has cuestionado el parecido entre nosotras?
–Estás loca… –dije retrocediendo–. Enloqueciste.
–¿Qué sabes de tu padre, Kagome?
–¡Murió! Mi padre murió cuando era pequeña.
–¿Eso te dijo tu madre?
–Ya no quiero escucharte…
–¡Pues lo harás! –soltó apuntándome–. Escucharás todo lo que tengo que decir y sin interrumpir.
–Koga… –musité a su lado y de inmediato y él supo lo que estaba pasando.
–Llama a una ambulancia, Kikyo. Kagome está sangrando.
.
Amenaza de aborto.
Esas fueron las palabras del doctor. Me aferre al edredón intentando no pensar en cómo había llegado a este punto.
¿Cuántos días habían pasado ya desde que todo se rompió?
–¡Kagome!
–Déjala descansar, Kikyo –dijo Koga con firmeza–. El doctor fue claro, necesita reposo absoluto.
–¿Qué quieres? –cuestioné al verlos entrar por la puerta.
Koga no perdió tiempo y se apresuró a ayudarme a sentarme con cuidado.
–No te levantes, bonita…
–Hoy es un día especial ¿Y sabes por qué? –soltó con desdén–. Nos conectaremos con Inuyasha por videollamada, ¿no es emocionante?
–¿Inuyasha…?
–Sí, pero no te emociones de más, querida. Esta llamada, lo hará Koga y él sabe muy bien lo que tiene que decir. Lo estuvimos practicando mucho, ¿verdad?
Miré a Koga.
–¿Qué…? –solté en un jadeo.
–Será mejor que te quedes aquí. No te gustará escuchar lo que tengo que decir.
–Pero quiero oír su voz –pedí con desesperación.
–Kag…
–Ya es hora. Todos abajo –demandó Kikyo.
Koga me ayudó a bajar las escaleras, en realidad me tomó en sus brazos para que no hiciera esfuerzo físico. En medio de la sala había un iPad. Koga me dejó sobre el sillón y me cubrió con una manta.
–Muy conmovedor. Pero ya va siendo hora, dentro de poco entrará la llamada –advirtió Kikyo sentándose a mi lado.
Koga estaba frente a nosotras ocupando su respectivo lugar frente al iPad.
–Voy a ser sincero, Kei…
Me paralicé al escuchar a Inuyasha del otro lado de la llamada. Vi a Koga tensarse antes de mantener la compostura.
–Solo quiero hablar con Koga Okami.
–Lo supuse señor Taisho. El señor Koga me advirtió de usted.
–¿Dónde está Koga? –cuestionó Inuyasha con severidad.
–Me temo que no lo sé.
–Miente.
–No tengo por qué hacerlo. Pero, el señor Koga sabía que vendría.
–Si lo sabía por qué no da la cara.
–Desconozco los motivos.
–Quiero que lo llame inmediatamente –exigió con autoridad.
Koga levantó la vista de la pantalla para mirarme por un instante antes de volver a concentrarse en ella.
–Señor Taisho…
–No me moveré de aquí hasta que lo haga –Inuyasha sonaba serio.
Vi a Koga asentir con la cabeza antes de comenzar a hablar.
–De alguna forma sabía qué harías eso, Taisho –soltó apretando los puños de sus manos.
–Koga…
–Es inútil, no te diré dónde estamos.
–¡Eres un maldito!
–Acéptalo Inuyasha, no puedes hacer nada.
–Quiero hablar con Kagome.
Esas palabras me atravesaron como un puñal. Intentar imaginar su desesperación en este instante era imposible, y mucho menos el dolor que debía estar destrozándolo por dentro.
–Pero ella no quiere hablar contigo –dijo Koga.
–Si eso es cierto quiero que ella me lo diga.
Koga esbozó una sonrisa forzada, intentando mantener la calma ante la evidente amenaza de Kikyo mientras me apuntaba con el arma.
–Deja de insistir, Taisho. Deja de buscarnos. Kagome y yo ya tomamos una decisión y no vamos a regresar.
–¿Crees que voy a creer esa estupidez?
–Lo creas o no, esa ya es tu decisión.
–Tenemos una hija, Koga…
Me llevé una mano a la boca, intentando ahogar los sollozos que amenazaban con escapar.
–...Kagome está esperando un hijo mío –continuó Inuyasha–. ¿De verdad esperas que crea que ella se fue porque quiso? No tiene ningún sentido.
–Lo tiene para mí –dijo Koga–. Kagome solo te usó para que tu familia pudiera ayudarla contra Naraku, y lo hicieron. Pero ahora que todo ha terminado, ella volvió a mí, como siempre debió haber sido. Ahora te cuesta verlo, pero… con el tiempo tal vez lo entiendas.
–No te creo. ¡No creo nada de lo estás diciendo!
Kikyo presionó el arma contra mi sien con firmeza, haciendo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.
–Kagome me ama, ella me eligió a mí. Sé que dejó a Moroha, pero… te aseguro que la vamos a recuperar.
–¡No tienes ningún derecho a ponerles una mano encima a mis hijos!
Koga soltó una risa amarga, mientras Kikyo continuaba con su amenaza.
–¿Tus hijos? –dijo entre risas–. Querrás decir, tu hija.
Negué con la cabeza, consciente de que las palabras que estaba a punto de pronunciar herirían profundamente a Inuyasha.
–¿Qué dices, maldito? –La voz de Inuyasha resonaba, cargada de una mezcla visceral de rabia y dolor.
–El hijo que espera Kagome no es nada tuyo. Olvídate de eso.
–¡Ya basta!
–¿Te sorprende? –Koga me miró, y ambos odiamos este momento–. Ese hijo es mío.
Cerré los ojos porque ya no podía soportar más esta tortura.
–¡No te creo nada! ¡Quiero hablar con Kagome! ¡Kagome!
Kikyo terminó la llamada rápidamente, y las risas de satisfacción llenaron el aire, como si todo fuera parte de su macabro juego. Koga se acercó y me rodeó con sus brazos, un gesto que me dio algo de consuelo en medio del caos. Pero, en lo profundo, supe que este era el final. Había logrado lo que Kikyo quería: sembrar la semilla de la duda en Inuyasha. Y ahora, no había vuelta atrás.
–Perdóname… –murmuró Koga–. Lo siento mucho…
Me aferré a sus brazos, tratando de imaginar que eran los de Inuyasha. Cerré los ojos con fuerza, buscando consuelo en la idea de su cercanía, aunque sabía que no era él. El calor de Koga no era el mismo, ni la sensación de protección que solo tenía con Inuyasha. La realidad se hundía en mí como una pesadilla de la que no podía despertar.
Koga me apretó más contra su pecho, como si quisiera borrar la tristeza que me consumía. Pero la verdad era que ni él, ni nadie, podría llenar el vacío que dejaba la distancia con Inuyasha. Kikyo había conseguido lo que quería: el caos en mi corazón y la duda en la mente de Inuyasha. Ya no había vuelta atrás.
–No todo está perdido… –dijo en un susurro–. Recuerda que tenemos a Kagura…
Continuará...
