FRAGMENTOS
¡Hola! Alerta de actualización.
- Cbt1996: ¡Qué hermoso review! Se nota lo mucho que sientes la historia y cómo cada giro te impacta. Kikyo sí que jugó sus cartas en las sombras, y ahora está demostrando que es una villana con todas las letras. Inuyasha duele, pero su viaje emocional lo hace aún más profundo, y eso solo hará que el reencuentro con Kagome sea épico. ¡Y lo de Koga y Kagura! Ese shipp nació aquí y ya se siente tan natural, ¿verdad? :D Sesshomaru merecía ver a Kagura frente a él, después de todo lo que pasó, y que la familia estuviera ahí para Kanna fue un momento necesario. Ojalá Kagura termine aceptándolos. Eso lo sabremos con el tiempo. Gracias por tus palabras, mi bella. Nos espera un capítulo que seguro te hará sentir de todo.
- Kayla Lynnet: ¡Tu review es una montaña rusa de emociones y me encanta! Desde los sartenazos por Koga y Kagome hasta la indignación absoluta con Kikyo, pasaste por todo y lo narraste de una forma espectacular. :) Lo de la señora de la limpieza, sí, pobrecita, esperemos que no pague las consecuencias por algo que ni le va ni le viene. Y Kagura… ay, ojalá lo haga, porque, como dices, necesita proteger a su bebé. Moroha es un rayito de luz en medio de todo este caos. Y sí, Sesshomaru con corona de flores… ¡lo necesitamos! Sería icónico. Pero ahora, lo que más me tiene en tensión es Inuyasha, su dolor lo está cegando demasiado. Y el nacimiento de Kanna fue un momento hermoso en medio de tanto drama, pero la situación de Kagura es complicada. Entiendo tu angustia y ojalá acepte aunque sea la protección, Kikyo es capaz de cualquier cosa. Y ahora con Sesshomaru entrando… ¡se viene lo bueno! Tu review me tuvo al borde, gracias por compartirlo. ¡Nos leemos en el próximo!
- Karii Taisho: ¡Hola, hola! SÍ, HAN PASADO MESES, y la angustia es real porque Kag podría dar a luz lejos de InuYasha otra vez… no puedo con esto. Entiendo completamente tu frustración con Inu, porque ¡por Dios, tiene la verdad FRENTE A SU CARA y decide ignorarla! Yo también le daría un buen sartenazo para que despierte. Kagura es clave en todo esto, aunque se negó a involucrarse con los Taisho, como dices, su instinto maternal terminó por empujarla a actuar. Pero al final, ella y su hija no están seguras mientras Kikyo siga libre. Y Sesshomaru con corona de flores, JAJAJA, es la venganza perfecta de InuYasha, pero también la imagen más random y gloriosa que podría existir. El dilema con Rin y Kagura va a ser un enredo, sin duda, porque, aunque Kagura no busca pelear por algo del pasado, la tensión va a estar ahí. Y sí, Sesshomaru es un idiota, pero al menos Miroku le dio la sacudida que necesitaba. Espero que tenga la decencia de admitir sus errores y pedir perdón. Y el gran momento: Kagura al menos sembró la duda en InuYasha. Su miedo a enfrentar la verdad es lo que lo detiene, no la falta de amor por Kagome. Pero si algo sabemos es que Inu es terco, así que espero que esa semilla crezca y lo haga reaccionar pronto. Gracias por compartir tu emoción en cada review, me encanta leerte. ¡Nos vemos en el siguiente!
- Annie Perez: ¡Me alegra que te haya encantado el capítulo! Es frustrante ver a Inuyasha tan atrapado en su miedo, pero espero que pronto deje de lado esas dudas y pelee por Kagome y su bebé. ¡Aún hay esperanza! (¿o no? jeje) Gracias por leer y compartir tu emoción, nos vemos en el siguiente capítulo.
- Rosa. Taisho: ¡Hola, bella! Créeme, comparto ese odio hacia Kikyo en esta historia, ¡es que no se cansa de hacer daño! Pero Koga se la jugó bien con su plan, y aunque Kagura al principio se resistió, era cuestión de tiempo para que aceptara. Ahora Inuyasha tiene ambas versiones de la historia, pero meterle la verdad en la cabeza va a ser un desafío. Su miedo y su dolor lo han cegado, pero al menos ya tiene algo en qué pensar. Rin… ay, Rin. Fue un golpe fuerte para ella, pero como dices, esto tenía que pasar tarde o temprano. Ya no hay forma de seguir ignorando la verdad. La situación de Kagura, Kanna, Sesshomaru y Rin va a traer muchas decisiones difíciles. Y sí, Sango tiene que saber lo que pasó con Kagome y Koga, porque ella no se quedará de brazos cruzados. ¡INUYASHA, POR DIOS, MIRA A TU ALREDEDOR, ¡LA VERDAD TE ESTÁ RESPIRANDO EN LA NUCA! Gracias por este comentario tan lleno de emoción, bella. Nos vemos en el próximo capítulo ¡Besos!
- DR: ¡Hola! ¡Esa es una excelente observación! Pero, dado que Kagome ocultó todo antes de irse, debemos asumir que no quedó ningún rastro. Inuyasha visitó la cabaña en múltiples ocasiones y no encontró nada. No hay evidencia… o al menos, eso es lo que él piensa. Por lo pronto queda esperar qué pasa. ¡Gracias por leer, espero que te guste este nuevo capítulo! :)
- Lin Lu Lo Li: ¡Qué hermoso comentario! Se siente cada emoción con tanta intensidad que no me extraña que hayas tenido que leer el capítulo dos veces. La desesperación de Inuyasha, el corazón roto de Kagome, la valentía de Kagura... todo se entrelaza de una forma que hace imposible leer sin sentir. Koga definitivamente se está ganando un lugar en esta historia, no solo como un apoyo para Kagome, sino como alguien que realmente cree en la posibilidad de cambiar el destino que Kikyo les ha impuesto. Su fe en Kagura y la conexión que ha construido con ella son prueba de ello. Y Kagura… ¡ay, Kagura! Su amor, su lucha interna, su decisión de enfrentarse a todo por el bienestar de su hija y por esa promesa silenciosa con Kagome la hacen un personaje digno de admiración. Rin también brilla aquí, con su madurez y su capacidad de ver más allá del dolor inmediato. Y Sesshomaru… bueno, es Sesshomaru, pero incluso él no puede ignorar la realidad que lo golpea de frente. Su orgullo puede ser enorme, pero hay cosas que simplemente no se pueden negar. La idea de que Inuyasha haya sentido algo al cargar a Kanna me encanta. Ojalá ese momento le haya despertado ese deseo profundo de conocer a su propio hijo y de luchar por su familia. Todavía queda mucho por resolver, pero si algo nos ha enseñado esta historia es que todo puede pasar, para bien o para mal. Gracias por este comentario tan hermoso, lleno de emociones y reflexiones profundas. Me encantó leerte. ¡Y sí, tu amor por Kagura queda clarísimo! (Ya somos dos)
¡Hola a todos!
¡Qué bueno estar de vuelta con una nueva actualización! Lamento la demora, pero estas semanas han sido bastante intensas y llenas de cambios.
Sin embargo, mi mente no dejaba de estar fija en esta historia. He escrito este capítulo con mucho de lo que llevaba tiempo pensando, algo que estaba claro en mi mente desde el principio. Quería crear este capítulo para reflejar ciertos paralelismos, algo que espero les resulte interesante. Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo. ¡Gracias por su paciencia!
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 33.
INUYASHA
El aire estaba tan cargado que respirar se sentía como un esfuerzo extra. Estábamos los tres, atrapados en esa pequeña habitación, como si las paredes se hubieran estrechado solo para asegurarse de que ninguno pudiera escapar. Mis ojos iban de uno al otro, incapaces de quedarse mirando a alguien por más de unos segundos.
–Dame a la bebé –pidió Kagura.
Lo hice sin dudar, este era un asunto que claramente debía quedar entre ellos. Sin embargo, justo cuando giré para salir, sentí una mano sujetándome del brazo.
–Por favor, sácalo de aquí… –murmuró, apenas lo suficientemente alto como para ser escuchada.
–Kagura…
–No me iré si eso es lo que le pides.
Miré a mi hermano. ¿Qué se suponía que debía hacer?
–Bien. Esto no tiene nada que ver conmigo –dije, intentando mantener la calma–. Kagura, por favor…
–No quiero hablar con él…
–Inuyasha, sal de aquí –demandó Sesshomaru, haciéndose a un lado de la puerta.
–No, él no se irá –dijo Kagura
Sesshomaru entrecerró los ojos, su paciencia claramente estaba al borde del abismo.
–¿Pretendes que se quede y escuche todo?
–Pretendo que haya un testigo de las estupideces que vas a decir.
Mi hermano soltó un suspiro, cerrando la puerta con resignación.
–Lo dices muy segura.
–Es porque eso se te da muy bien. ¿Ya lo olvidaste? –replicó Kagura, mirando a su hija en brazos–. Y conociéndote, supongo que estás aquí porque quieres la prueba de ADN.
–En realidad…
–Mira, no te preocupes… de todas formas no te voy a exigir nada, así que mejor olvídalo –pidió, sin levantar la mirada–. Puedes continuar con tu vida y formar tu propia familia si lo deseas…y sé que así será… –respiró hondo antes de continuar–. Hasta antes de esto yo estaba muerta para todos, y será mejor si así se mantiene.
El silencio se prolongó por varios segundos. Me sentía fuera de lugar, atrapado en medio de algo que claramente era importante para ellos. Aun así, no podía simplemente irme. Una parte de mí no quería dejar a Kagura sola; no sabía si de pronto podría necesitar ayuda o si la situación se saldría de control.
–Claro... –soltó Sesshomaru, arrastrando las palabras–. Crees que es así de sencillo. Entonces doy media vuelta y me olvido de todo.
–Así como haces siempre. No te estoy pidiendo que te esfuerces demasiado –soltó–. Por si ya lo olvidaste estuviste con alguien más después de mi supuesta muerte ¿Por qué esto tendría que ser diferente?
–Porque ahora está ella –Fue casi un grito.
Sentí el temblor en el cuerpo de Kagura y la tensión aumentó.
–¿Qué le dirás cuando pregunte por mí? ¿Qué le dirás cuando empiece a pensar por sí misma y tenga muchas preguntas? ¿Le dirás que estoy muerto? ¿Que la abandoné? ¿O le dirás que no sabes quién es su padre…?
Kagura lo miró con odio, sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, cargadas de una mezcla de ira y un dolor que parecía quemar desde lo más profundo.
–Sigue... –pidió, luchando por contener un sollozo–. Sigue siendo un completo idiota conmigo, que al parecer eso te encanta. Solo sabes lastimar a las personas que te quieren. Porque sí, Sesshomaru, te quería, te quería mucho. Pero todo cambió el día que me pediste esa maldita prueba –su voz se quebró mientras las lágrimas caían sin freno–. Insinuaste que yo... que había estado con otros hombres, aun sabiendo que para mí no existía nadie más. Me humillaste en esta misma clínica. ¿Y qué hiciste después? –Se detuvo un momento para limpiarse el rostro con un movimiento tembloroso–. Te fuiste tras esa mujer. Te fuiste y nos dejaste solas…
Su mirada se endureció mientras las palabras cargadas de dolor fluían.
–Ahora solo te pido una cosa –soltó–. Haz lo mismo que aquella vez. Vete. No quiero verte, no quiero saber nada de ti. Y si algún día mi hija pregunta por su padre, le diré que él está bien, que fue un gran hombre, pero que nosotras no... –Su voz se quebró una vez más, incapaz de continuar.
En ese instante, el llanto de la bebé rompió el tenso silencio, y no pude evitar desviar mi atención hacia ella. Kagura temblaba ligeramente, como si estuviera conteniendo todo lo que llevaba dentro desde hacía demasiado tiempo. No era solo su llanto lo que veía; era el reflejo de alguien destrozada, desgastada por el tiempo de cargar sola con una responsabilidad que creía únicamente suya.
Su dolor me golpeó más de lo que esperaba, y no pude evitar cuestionarme todo. ¿Cuánto de este sufrimiento había sido provocado por Naraku? Si su veneno no hubiera contaminado nuestras vidas, ¿habría sido diferente? ¿Qué habría sido de Kagura si no hubiera existido esa sombra que los separó y los hirió de tantas formas? Tal vez… solo tal vez, ella y mi hermano habrían tenido una oportunidad.
–Nosotras no podemos formar parte de tu vida, y lo tengo bien claro –continuó–. Sé que ella no tiene la culpa, pero no quiero que te tenga a ti como padre, no después de todo lo que hiciste…
–Sé que hice mal…
–No quiero oír tus disculpas…
–Entonces se las diré a ella.
–No te acerques…
–Kanna fue el nombre que mencioné aquella vez.
–Basta... –murmuró Kagura, con la voz rota, pero firme.
Su mirada seguía fija en Sesshomaru, mientras él se acercaba.
–Después de tu muerte, yo… me sentí morir –confesó Sesshomaru, con su voz cargada de una franqueza inusual–, porque no solo moriste, ese día también supe que no estabas embarazada, y la decepción me golpeó de frente. No voy a mentirte, ese día te odié como no tienes idea. Porque, de algún modo, yo… tal vez sí quería ser padre. Y fue un error pedirte esa prueba –dijo, bajando la mirada un momento–. Me dejé llevar por todo lo que estaba pasando, por el caos en mi mente, y no pensé en lo que estaba haciendo. Tomé decisiones impulsivas, decisiones de las que ahora me arrepiento, pero ya está hecho.
Se acercó un paso más, con la mirada seria, pero llena de algo que casi parecía remordimiento.
–Solo te pido que me perdones, Kagura –finalizó, dejando caer la última palabra con un peso que parecía llenar la habitación.
–Si lo hago… ¿Podré irme tranquila?
–No dejaré que se pongan en peligro –respondió Sesshomaru con firmeza.
Kagura soltó una risa amarga, sacudiendo ligeramente la cabeza.
–¿Y qué es lo que quieres que haga? –dijo alzando la voz–. ¿Irme a vivir con ustedes? ¿Bajo el mismo techo en donde vives feliz con ella? ¿Pretendes que me trague todo el orgullo que me queda y finja que nada pasó?
Sus palabras cayeron como un golpe seco.
–Piensa en ella… en Kanna.
Kagura se quedó en silencio por un momento.
–Utilizarla como excusa es muy bajo…
–Lo haré, seré una escoria si con eso logro que ambas estén a salvo.
El silencio que siguió fue pesado, un pesado recordatorio de las decisiones que se habían tomado, de lo que había quedado atrás y lo que aún estaba por venir.
–No esperes que conviva con ustedes.
–Lo respetaré.
–Quiero mi propio espacio.
–Lo tendrás.
–Y solo hasta que el peligro pase me quedaré en esa casa, después de eso me iré con mi hija. ¿Estarás dispuesto a aceptarlo?
Mi hermano no dijo nada. Tal vez no esperaba que Kagura siguiera firme con su decisión.
–Solo hasta que el peligro pase –repitió lentamente–. Puede durar años.
–Confío en que Inuyasha logre arreglar las cosas con rapidez. Entonces nos iremos.
–Bien… Entonces, solo hasta entonces, pero aún no he escuchado tu respuesta.
–¿A qué?
–A mis sinceras disculpas.
Ella bajó la cabeza.
–Puede durar años…
–Entonces tengo una posibilidad.
Kagura esbozó una pequeña, casi imperceptible sonrisa, una que ni ella misma parecía creer. En ese momento, no pude evitar mirarlos a ambos. Era extraño, como si una enorme distancia los separara, como si estuvieran flotando en universos diferentes. Pero, aun así, había algo que los conectaba, algo más fuerte que el rencor o la tristeza que flotaba en el aire. Esa conexión, sin duda alguna, era su hija.
.
–Déjame ayudarte…
Tomé el bolso de la bebé mientras Kagura bajaba del auto. Habíamos llegado a la mansión después de pasar varios días en la clínica. Aunque ella todavía seguía inconforme con la idea de quedarse bajo el mismo techo que Sesshomaru y Rin, había tenido tiempo para reflexionar y pensar en lo que sería mejor para el bienestar de su hija.
–¡Ya están aquí!
Escuchamos la voz emocionada de mi madre cuando entramos por la puerta.
–Oh, querida, ¡bienvenidas! No sabes la ilusión que me hace tenerlas aquí con nosotros.
–Muchas gracias, señora Izayoi.
–Nada de señora, háblame de tú.
–Muchas gracias, Izayoi.
Mi madre le sonrió y luego pasó a ver la cara de la bebé.
–Sin duda es hermosa –comentó.
–¡Papi!
Moroha apareció apresurada, corriendo hacia mí antes de lanzarse a mis brazos.
–¿Ya llegó la bebé? Quiero verla…
–Despacio, princesa –dije, tomándola en brazos–. Primero tienes que saludar a Kagura.
Moroha dirigió la mirada hacia Kagura.
–Hola… –dijo con timidez.
–Hola, hermosa. Te llamas Moroha ¿Verdad? –Ella asintió–. ¿Quieres conocer a tu prima?
Moroha me miró rápidamente.
–Papi, ¿qué es una prima?
Le sonreí y noté que Kagura también lo hacía.
–Una prima es…
–Es porque es mi hija, pequeña ratona. Por lo tanto, Kanna y tú pasan a ser familia –intervino Sesshomaru mientras bajaba por las escaleras.
–¿Se llama Kanna, tío Sesshi?
–Así es…
–Estoy un poco cansada –dijo Kagura, moviéndose incómoda–. Quisiera irme a descansar.
–Claro que sí, cariño –Mamá la tomó del brazo–. Ven conmigo. Acondicionamos una habitación que antes le pertenecía a la madre de mi esposo; está justo cruzando el jardín. Mi hijo me dijo que querías un poco de espacio, y por eso…
–Es perfecta –soltó Kagura–. Pero me gustaría que Inuyasha fuera el que me ayude a llegar allí, si es posible, claro.
–Eh, sí. Claro, no hay problema –dije bajando a Moroha y volviendo a tomar el bolso–. Mamá, por favor…
–Sí, ven Moroha, es hora del baño.
–Pero yo quería conocer a la bebé…
–Después mi amor. ¿De acuerdo? Te prometo que la conocerás después del baño –le dije.
–¿Lo prometes?
Me acerqué a ella para besar su frente.
–Lo prometo…
Al llegar a la habitación, lo primero que hizo Kagura fue colocar a su hija en la cuna y cerrar las cortinas
–¿Piensa quedarte a oscuras?
–No quiero que él la vea.
–Kagura…
–Ya estoy aquí, hice lo que me dijeron, pero necesito tiempo ¿de acuerdo?… no puedo… yo no… sólo dame tiempo.
–Está bien, está bien. Tranquila, respira –pedí, al verla envuelta en nervios.
–¿Ella está aquí?
–¿Hablas de Rin? –ella asintió–. Sí, debe de estar preparando el baño para Moroha.
–¿Cómo es ella?
–Kagura, no creo…
–Solo dime, ¿es buena? ¿crees que es buena?
–Sí, es como Kagome…
Antes de que pudiera pensarlo, las palabras salieron de mi boca sin poder contenerlas. Fue un desliz, una mala jugada que me jugó mi propia mente, aun sabiendo que su sola mención estaba prohibida.
–¿Es irónico, no lo crees? –dijo, sentándose en la cama–. Una de las hermanas me salvó la vida, y la otra... –soltó una pequeña risa triste–. La otra está viviendo mi vida.
–Eso no lo sabes.
–¿Qué no sé?
–Que terminarías junto a Sesshomaru o no.
–Tal vez tengas razón, y aún sigo aferrándome a una idea que no...
–Solo te torturas.
–Tal vez…
–No, tal vez no –solté serio–. ¿Qué te ocurre? Hablas como si no tuvieras más razones para vivir.
Se cubrió el rostro con las manos y la escuché llorar.
–Solo estoy cansada… –soltó entre sollozos–. Estoy muy cansada…
Me acerqué a ella y, justo cuando iba a sujetarla del hombro, ella se desplomó hacia adelante.
–¡KAGURA!
Me apresuré a socorrerla. Mi grito alarmó a Kanna, quien comenzó a llorar de inmediato.
–Kagura, ey… oye ¿me escuchas…?
Se había desmayado. Sin pensarlo más, la recosté sobre la cama.
–Kagura… reacciona por favor…
–¿Qué pasó?
Miré hacia la puerta y Sesshomaru entró de prisa.
–No lo sé, estábamos hablando y de pronto perdió la conciencia.
–Llama a papá –demandó mientras se dirigía a la cuna.
–Yo también soy doctor ¿lo olvidas…?
–Inuyasha, no estoy jugando. Te digo que llames a nuestro padre ¡Ya!
Después de unas llamadas a los doctores y enfermeras que atendieron a Kagura, mi padre dio un diagnóstico: depresión postparto.
Al parecer, Kagura no estaba comiendo bien después de tener a Kanna. Eso explicaba sus cambios de humor y su falta de energía; era evidente que estaba muy cansada, y me lo había dicho.
–¿Se pondrá bien? –preguntó Sesshomaru del otro lado de la habitación.
–Eventualmente, ahora está dormida, y será mejor para ella y su recuperación que duerma todo lo que pueda.
Kanna también estaba dormida en su cuna, ajena a todo lo que estaba pasando.
–¿Qué pasará con, Kanna? –me animé a preguntar.
–Es evidente que no podrá cuidarla –dijo Sesshomaru–. Yo me haré cargo…
–Solo si estoy muerta… –Kagura aún se oía cansada–. No dejaré que la críen tú y ella.
–Kagura, espera…
Me acerqué a ella para que no se levantara.
–¡Es mí hija, no dejaré que me la quiten!
–Necesitas descansar –advirtió Sesshomaru.
–¡Y tú necesitas salir de aquí! ¡Vete! No fui clara cuando dije que no quiero verte… ¡Largo de aquí…! Largo…
Contuve su rabia con un abrazo. Ella sollozaba, aferrada a mi espalda, buscando consuelo en cada respiro, como si el dolor pudiera desvanecerse con mi cercanía.
–Inuyasha… –dijo entre sollozos–. Busca a Kagome… no dejes que a tu hijo lo críe alguien más…
.
"No dejes que a tu hijo lo críe alguien más…"
Me quedé con aquello último.
¿Podría abrir una vez más aquella puerta que había cerrado hace meses?
Un último esfuerzo, pero... ¿y si volvía a decepcionarme? ¿Y si no encontraba nada, o aún peor... si encontraba todo? Una confirmación más de que ella y Koga...
"No dejes que a tu hijo lo críe alguien más…"
Solo un último esfuerzo.
Tenía que confiar en Kagome, en su amor por mí y por nuestra familia.
Solo un último esfuerzo.
Me incorporé y busqué mi celular. Marqué el número que Kagura me había dado hacía días y esperé, esperé y esperé, lo que me pareció una eternidad, hasta que, de pronto…
–¿Sí, bueno…?
Era la voz de una mujer mayor. Me puse de pie.
–¿Bueno…?
–Buenas noches. Por favor no corte, necesito su ayuda…
.
Bajé las escaleras con un bolso de mano. Aún era de noche, y no quise despertar a nadie, pero tenía que hablar con Kagura. Tenía que decirle que lo iba a hacer, que iba a ir a buscar a Kagome y retomar mi confianza en ella. Le iba a contar que había logrado contactar a la señora de limpieza que trabajaba en esa casa y que ella estaba dispuesta a ayudarme.
Iba a decirle tantas cosas, pero me detuve al abrir ligeramente la puerta de su habitación y lo vi a él. Sesshomaru estaba frente a la cuna, arrullando a Kanna en sus brazos mientras que Kagura dormía. De haber estado despierta, tal vez ella no lo permitiría.
–¿Qué haces aquí…? –susurré y él volteó de inmediato.
–Estaba llorando ¿qué querías que hiciera?
Sonreí en medio de la oscuridad.
–Si la bebé hubiera llorado, Kagura se hubiera despertado de inmediato –lo delaté.
–Nuestro padre fue claro. Kagura necesita descansar y yo…
–No podías dormir ¿Es eso?
Lo escuché soltar un suspiro.
–Tal vez, pero es que todo esto es nuevo para mí. Yo nunca…
–Nadie nace sabiendo cómo ser padre.
–Eso lo sé… pero siento esa necesidad de estar cerca de ella y… también está Kagura, no me malinterpretes –se apresuró a decir–. Es solo que, desde el momento en que Kanna nació, Kagura se convirtió en lo más importante para ella. Es su madre, Inuyasha. Sé que no puedo competir contra eso. Y Kanna es lo más importante para mí, no sé si me entiendes.
–Quieres que Kagura se recupere para que pueda cuidar de tu hija ¿Es eso?
–Mi intención nunca fue separarla de Kanna, eso jamás.
Respiré hondo al verlo mecer a su hija, que amenazaba con despertar.
–¿Y ese bolso? –cuestionó al verme– ¿Qué harás con él?
–Haré un viaje.
–¿Justo ahora?
–Sí, tengo que hacerlo. Es importante.
–¿Pensabas irte sin decir nada? ¿Qué va a decir nuestra madre? ¿Y Moroha…?
–Confío en que Rin se encargará de ella mientras no estoy.
–Hará preguntas, y lo sabes –advirtió.
–Lo sé, pero es la única forma de hacerlo. No quiero despedirme de ella, sé que no querrá quedarse sin mí.
–¿Qué le diremos cuando pregunte?
Miré mi reloj. Tenía que apresurarme, el vuelo salía dentro de poco y las ocho horas de diferencia no ayudaban si lo que quería era llegar temprano.
–Dile que estoy en el trabajo, que llegaré tarde. No lo sé, de todas formas, no pienso tardar demasiado.
.
Cuando llegué al lugar indicado, después de haber estado ocho horas sentado en el avión y de haber dormido en las incómodas sillas del aeropuerto, lo único que quería era tener buenas noticias.
Toqué el timbre y esperé paciente, lo más paciente que podía. Aunque por dentro, la ansiedad me carcomía, mi mente no dejaba de dar vueltas, imaginando lo que podría suceder. Cada segundo parecía una eternidad, y el sonido del timbre resonaba en mis oídos como una advertencia. Quería que todo saliera bien, pero la incertidumbre se aferraba a mí con fuerza.
La puerta se abrió y salió una mujer mayor, sonriéndome, completamente ajena a todo lo que pasaba por mi mente.
–Hola, muchacho. Me imagino que eres Inuyasha.
–Así es.
–Bueno, ¿estás listo? Te llevaré a la casa del señor y señora Okami.
KAGOME
–Bonita, respira…
–¡No puedo! –grité de dolor–. Quiero un doctor, necesito un doctor…
Me aferré a las sábanas con fuerza. Esto no estaba bien, nada de esto tenía que ser así. Me había imaginado dar a luz en la clínica de los Taisho, con Inuyasha a mi lado, tomando mi mano y dándome las fuerzas que necesitaba. No aquí, no en esta casa, no completamente aislada de todo.
–¡Koga…! Me duele…
Él me miró, consumido por la desesperación. Kikyo había desaparecido nuevamente, y no teníamos forma de contactarla. Afuera solo estaban los guardias que había dejado para nuestra vigilancia, pero nada más.
–¡¿A dónde vas?! –solté.
–Iré a hablar con los guardias. Estás a punto de dar a luz, Kagome. No te negarán un doctor.
Y se fue dejándome sola.
INUYASHA
–Y cuéntame, muchacho. ¿Eres algún familiar?
–Algo así.
–En todo este tiempo que trabajé para ellos, nunca los vi recibir a nadie. Bueno, supongo que en los días que yo trabajo no es algo muy común.
–¿Qué días traba para ellos?
–Solo los domingos.
–¿Una vez a la semana? –cuestioné.
–Así es. Mañana es domingo –sonrió–. Se sorprenderán al verme hoy.
Le devolví la sonrisa.
–Oh, mira. Está justo allá –comunicó–. Ya estamos cerca.
KAGOME
–¡KOGA…!
Escuché sus pasos subiendo las escaleras.
–Ya va, ya va –dijo trayendo toallas limpias.
–¿Qué haces?
–Tus contracciones son muy seguidas, bonita.
–¿Qué dijeron los guardias?
Él me ignoró mientras se remangaba la camisa.
–Koga, ¿qué fue lo que dijeron? –insistí.
–Creo que estamos solos en esto. Ellos no respondieron.
Pude haber dicho algo, pero cuando me invadió una nueva contracción no tuve más opción que callar.
–Es hora de pujar, Kagome.
–No… no creo que pueda hacerlo.
Koga se puso frente a mí y me miró serio.
–Es necesario que lo hagas. Retrasar esto por mucho más podría ser peligroso.
–No… ¡Ahh!
–¿Lista? –asentí con dolor–. Bien, puja…
Escuché cómo mis dientes rechinaban.
–Puja… puja, una vez más…
–¡INUYASHA…!
INUYASHA
Era extraño. Si se suponía que estaban vigilados, esperaba encontrarme con guardias resguardando la entrada. Sin embargo, no había nadie.
–¿Es siempre así? –cuestioné–. Me refiero a que ¿No tienen hombres en la entrada?
–¿Hombres? –dijo ella, extrañada–. ¿Por qué los habría?
Sonreí tontamente para no ser tan evidente. Cuando ella abrió la puerta, mi corazón se detuvo. No esperaba que fuera tan fácil.
–Deben estar en su habitación; a los señores les gusta pasar más tiempo allá.
–Claro…
–¡Ah!
Miré hacia adentro.
–¿Qué fue eso? –cuestioné entrando bruscamente.
–Muchacho, espera… No subas sin ser anunciado.
No escuché. Mis latidos eran tan fuertes y rápidos que casi ahogaban cualquier otro sonido, como si mi corazón estuviera a punto de salirse de mi pecho. Subí las escaleras de prisa, cada paso más desesperado que el anterior. Necesitaba verla. Necesitaba saber que todo estaba bien, que su desaparición tenía una explicación lógica y que ella no se había ido por voluntad propia con Koga.
Necesitaba respuestas, y estaban tras la puerta.
KAGOME
–Puja… solo una vez más…
Todo mi cuerpo se tensó cuando escuché pasos apresurados en las escaleras.
–¡Vamos, Kagome! ¡Puja!
Una fuerte contracción me invadió y mi cuerpo reaccionó por sí solo. La naturaleza fue más fuerte que mis miedos, y entonces, en un impulso irrefrenable, lo hice. Pujé una última vez, con toda la fuerza que me quedaba, sintiendo cómo el dolor y la presión alcanzaban su punto máximo. No había vuelta atrás.
INUYASHA
–¡Kagome…! –solté al entrar.
–¡Ah, qué susto! ¿Quién es usted?
Miré a la mujer frente a mí.
–¿Quién eres tú? –exigí respuestas–. ¡¿En dónde está Kagome?!
–Cálmese por favor, señor. No sé de qué me está hablando. Yo soy Amy, y…
–¿Quién es usted? –dijo la mujer mayor al entrar.
–Bueno al parecer aquí hay un mal entendido. Pero soy la nueva dueña de esta casa.
–¿Dueña? –cuestioné agitado.
–Los señores no… ellos no mencionaron nada sobre si se irían o no.
–Tú debes de ser la señora de limpieza –dijo la mujer–. Mucho gusto, por favor no se preocupe, su trabajo seguirá en pie. Necesitaré de mucha ayuda para mover y asear todo esto. Justo hace un momento me hinqué con un alfiler…
Dejé de escuchar.
Dejé de respirar.
Dejé de pensar mientras me alejaba lentamente.
¿Qué era esto? ¿Por qué otra vez…?
Me detuve al ver una habitación.
–Era del bebé… –dijo la mujer mayor quedándose a mi lado–. Todo es blanco porque la señora lo quiso así, dijo que no sabía si sería niño o niña y que por eso lo prefería en blanco, hasta la ropa.
–¿Le puedo hacer una pregunta?
–Claro que sí, muchacho.
Tomé el valor necesario antes de hablar.
–¿Eran felices?
–¿Los señores? –asentí–. Pero por supuesto. Los señores siempre mostraban una sonrisa. Se les veía felices, como cualquier pareja recién casada esperando su primer hijo.
–Su primer hijo… –murmuré.
Esta era la estocada final, el golpe que ponía fin a esta absurda búsqueda de una vez por todas. Tal vez lo sabían, tal vez estaban al tanto de que tarde o temprano iría a buscarlos. Y por eso, simplemente se fueron, dejándome en la oscuridad, sin respuestas, sin consuelo.
Kagura se había equivocado. Kagome no era quien creíamos. Y después de lo que había descubierto, estaba convencido de la amarga verdad. Ella se fue, no porque estaba amenazada, sino porque eligió irse con otro hombre, dejándonos atrás… no, dejándome a mí, una vez más, atrapado en este dolor. Pero la amenaza de Koga seguía ahí, constante, como una sombra que no se alejaba. Quería quitarme a Moroha. Pero de ninguna manera lo iba a permitir. No lo dejaría ganar. No lo dejaría quitarme lo único que aún me daba fuerza.
KAGOME
Su llanto.
Aquel hermoso llanto me devolvió la vida.
La puerta se abrió con un crujido que retumbó en mi pecho, y ambos vimos a un hombre de traje mirándonos con asombro. Era un doctor, pero ya era demasiado tarde. Koga había recibido a mi bebé por sí solo, y yo... yo solo podía quedarme ahí, paralizada, observando la escena frente a mí, como si el mundo se desmoronara a mi alrededor.
–Es un varón…
¿Un varón?
Me quedé sin habla. Mis manos temblaban al estirarlas, buscando su contacto, ansiando sentir su calor. Cuando Koga me lo entregó, todo lo demás desapareció.
Lo supe de inmediato.
Ese pequeño cuerpo, frágil y cálido, era una copia exacta de Inuyasha. Desde el primer instante, no hubo dudas. Su aroma, sus orejas apenas visibles entre mechones claros, la forma de su diminuto rostro… era él. Mi hijo. Nuestro hijo.
Un nudo se formó en mi garganta, ahogando cualquier palabra. Solo podía mirarlo, grabando cada detalle en mi memoria, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, algo dentro de mí volvía a encajar.
–Bienvenido al mundo… Hoshiro Taisho.
Continuará...
