Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.


Soltó los pergaminos sobre el escritorio de forma tranquila y se giró hasta el hombre, que se veía bastante nervioso, o así lo percibía James, claro que para soltar aquel comentario de la manera en la que lo hizo, podría ser su imaginación, acusar al rey, de cometer un pecado con su hermana, iba más allá de alguien cobarde.

—Lo supe un poco antes de su boda con la princesa Druella –informó –James –lo nombró intentando contener el nerviosismo –sabes sin duda alguna que ella me agrada, y que si bien soy un buen partido para ella…

—Lo nuestro terminará cuando te cases con ella –informó –eso es todo.

—Yo…

—Se irán de aquí, serás el duque y estarán a varios días de aquí.

—Nadie más lo sabe, o lo sospecha, majestad.

—Y alguien como tú, está insistiendo a que ella y yo… mantengamos lo que dices que tenemos ¿por qué?

—Porque sé, que alguien como la princesa jamás se hubiese prestado a algo como esto, si realmente no sintiera algo por usted, algo real, digo, y que usted no la forzaría a ella a estar de esa manera si no hubiese algún tipo de reciprocidad en lo que ella siente.

—Mejor que nadie sabe, que ella y yo, nunca convivimos, la única vez que la vi en el pasado…

—Fue cuando le perdonó la vida –aceptó –y volvieron a reencontrarse hace poco, lo sé.

—Por lo tanto, sabes que jamás la he visto como una hermana.

—Exactamente por eso, sé, que no la tomaría tan en serio de no sentir algo más que deseo puro, majestad, no lo estoy juzgando, no me atrevería, ella es hermosa, todo hombre, podría enamorarse de ella, sin siquiera considerarlo.

—De cualquier forma, ella será tuya, en cuanto digan acepto, en el altar –informó sujetando los pergaminos de nuevo –si decides no tomarla, esa será tu decisión, no mía, no tengo autoridad para…

—Es por eso, que es bienvenido a la propiedad de la princesa, cada que quiera tomar un tiempo de descanso –sonrió –nadie lo vería mal, y la servidumbre, es leal a la corona, como los Lupin lo somos.

—Es bueno saberlo, ahora lárgate, que tengo muchas cosas que hacer.

No tenía claro que pensar respecto a esa revelación, ¿qué era lo que realmente pensaba o esperaba Lupin de informarle de algo como eso? Después de todo, James no sería para nada considerado si se enterara que su prometida tuviese algo que ver con su hermano, y alentarlos a seguir algo así ¿era solo por el poder que tenía en ese momento? Si esto hubiese pasado, mientras el Gran Harry Potter, estuviese en el trono, y James no fuese más que un heredero sin derecho a reinar, ¿Lupin estaría tan tranquilo? O simplemente ejercería alguna clase de presión política sobre su padre, para hacer algo en contra de esa relación lujuriosa y enferma.

Dejó sus dudas de lado, ahora tenía algo más importante que hacer, y al parecer, los Parkinson eran demasiado ricos, sin duda tenía que quitarles unas cuantas tierras y hacer algo de provecho con eso, no podía ejecutar a Pansy solo por un rumor que por mucho que viniese de la boca de Elisheva, no le causaba aquella paranoia como con otros asuntos.

—Majestad –Remus Lupin se puso de pie cuando entró a su despacho.

—Eras muy amigo de mi abuelo, y después de mi padre ¿no es así?

—Sí, majestad, así es.

—Cuando asesiné a todos, y tomé el control del reino de mi padre, me dijiste que serías leal a la corona y lo acepté sin siquiera pensarlo mucho, Remus.

—Dígame, majestad ¿por qué tendría que pensarlo? Juré lealtad y sigo siendo leal.

—Sí, sí, no discuto tu lealtad a la corona, Remus, estoy deteniéndome un poco a discutir tu lealtad a mí.

—Para mí, usted es la corona, majestad –informó serio.

—¿Estamos seguros de eso? Bueno, digamos esto, Remus, si por casualidad, la profecía de Pansy Parkinson se cumpliera y yo fuese traicionado, y alguien más tomara el trono por la fuerza, ¿quién es la corona para la lealtad que juraste?

Remus sonrió divertido y bajó la cabeza, sabía a donde quería llegar James con eso, si bien, siempre había pensado que el reino tenía que tener gente leal al reino, sin importar quien estuviese ocupando el trono, después de servir al chico frente a él, tenía ciertos cambios de pensar al respecto.

—Mejor, majestad, dígame usted, ¿qué quiere que salga de mi boca? Lo conozco muy bien, desde antes de que saliera del vientre de su madre, sé, de primera mano, que concibe sus propias opiniones y sin importar lo que la otra persona pueda decir a su favor, no servirá de mucho en su defensa o en demostrar su inocencia.

—¿Eres leal a la corona o al linaje de mi abuelo James? –Cuestionó –dime, a ti no te interesa quien esté sentado en el trono, mientras por sus venas corra la sangre Potter ¿o me equivoco?

—No lo sé a ciencia cierta, majestad, he de aceptar, que ahora que lo pregunta, nunca antes lo había pensado tan a detenimiento como ahora, su abuelo era mi amigo, sin embargo, acepto que era un idiota, que no tenía la capacidad de gobernar, pero todo cambió cuando conoció a su abuela, y se dispuso a hacer un cambio significativo, soy leal a su linaje, como lo ha podido ver, pero siempre he pensado que el reino necesita alguien que le sea leal a él; fui leal a su padre, como bien lo notó…

—Sí, hasta que llegué yo y lo derroqué, pero dime ¿qué pasará si llega un Malfoy y me apuñala por la espalda mientras follo? –Sonrió de lado ¿serás leal a él desde el momento en que te pregunté si le servirás tal y como yo lo hice?

—Majestad, dejémonos de juegos tontos, mejor que nadie sabe, que eso pasa cuando alguien toma el poder, sin importar si fue por traición, por sucesión o por la manera en que subiera al trono, hay gente que se va con el rey anterior y conserva su lealtad a él, jugando y tejiendo telarañas, confabulando contra la nueva regencia, yo no soy así, fui leal a su padre por la lealtad a mi amigo, pero no estaba de acuerdo en su manera de llevar el reino, si sigo aquí, atrapado en este montón de pergaminos, es porque le soy leal a usted, la manera en que lleva las riendas de todo el territorio que posee, es justa, no siempre es así, y se lo he hecho saber ¿no es así? Que hay obligaciones que tiene que cumplir, y he cedido a los caprichos que tiene cuando puede permitírselos, o cuando no interfieren en su contra.

—Entonces ¿Si Albus estuviese vivo, y reclamara el trono, para quién sería tu lealtad, Remus?

—Para mí, no hay más rey que usted, majestad, si otro Potter, Malfoy o quien fuese aparece y pretende tomar lo que no es suyo por la fuerza, no lo apoyaré, y seré el primero en pedir ser ejecutado –aceptó frente al castaño –para mí, su primer vástago varón, será el que subirá al trono, y si no llega a tener descendencia, será a quien usted herede el trono, nadie más, y si tengo la desdicha, de sobrevivir a una traición a su persona y su reino, tenga por seguro, que haré que mis últimos días sean dedicados a poner en el trono, a quien por derecho le toque el trono.

James le dejó caer los pergaminos que llevaba sobre el escritorio, haciendo que Remus desviara la vista, sabía que podía confiar en él y no por el discurso que acababa de dar, pero quería estar seguro, que, si su hijo cometía traición, sin duda sería él mismo quien pidiese su cabeza sobre una pica, y dejaría su cuerpo desmembrado para que los perros callejeros se lo comieran en la citadela.

—Quita todo título nobiliario y propiedades a cada uno que tenga sangre Parkinson a excepción de la amante de mi padre –informó –y mantén a Pansy encerrada en el castillo.

—Bien, majestad, el informe y los soldados saldrán a primera hora mañana.

—Y, a partir de hoy Scorpius Malfoy será el guardia personal de Druella –sé lo que dirás –lo detuvo –que no es bueno tener dos serpientes juntas, y más si son de la misma sangre, pero déjalos que hagan sus nidos, solo mantenlos vigilados.

—¿Quién cuidará de la princesa Lily en su lugar? –Cuestionó.

—Deja que sea tu hijo quien le busque un guardia –lo observó –será su mujer, al final de cuentas, es quien tiene que preocuparse.

—Bien, sobre eso, mi hijo ha pedido una ceremonia discreta, majestad, donde solo usted, y mi familia más cercana esté presente.

—Yo no tengo que ser tomado en cuenta, el prometido es tu hijo, y la prometida es Lily Luna, ellos decidan como quieren su boda.

—Se los haré saber –hizo una reverencia.

James se detuvo, Lily Luna sonrió encantada al verlo, pero su mirada se desvió hasta Scorpius, que cuidaba a la joven a un lado de la ventana, asegurándose que no hubiese movimientos extraños, los soldados en la puerta también habían sido elegidos por él, pero eran del reino del centro.

—A partir de este momento, quedas relevado de tu cargo como guardia de mi hermana –le informó, haciendo que los dos presentes se sorprendieran –estarás a cargo de tu hermana, Druella –la cara del chico fue de terror.

—Majestad…

—Toma lo necesario, partirás conmigo cuando caiga el sol –ordenó.

—Pero, majestad, ¿por qué haría algo así?

—Creo que fue, porque tu hermana dijo, que no debería confiar en ti –informó.

—LHR—

El castillo se alzaba en lo alto en su enorme esplendor de siempre, haber estado tanto tiempo aislada en aquella casa de campo casi la volvió loca, y sabía muy bien que era una de las tantas maneras que tenía James de torturarla, habían pasado meses en ese sitio, él yendo por algunos largos periodos al castillo por asuntos que tenía que tratar, y aprovechando, como siempre para ver a su amante, Elisheva, una vez que su marido regresó la primera vez, lo hizo con Scorpius y "al ser su trabajo cuidarla" lo hacía, no se relajaba como antes, era, realmente como tener a otro guardián cualquiera, la mayoría del tiempo la ignoraba, y más que estar cuidando de ella, lo veía distraído.

—Llegamos, majestad –informó Scorpius, estirando la mano para ayudarla a bajar.

—Por fin –aceptó encantada –esa casa de campo era tan aburrida.

El rubio le dedicó una mirada tan vacía, que la hizo enfadar, nunca se habían tolerado, eran hermanos, y había algunas ocasiones en las que habían actuado como tal, en el reino de su padre, pero desde que habían llegado a territorio de James, su hermano parecía más leal a los Potter, que, a los Malfoy, lo cual le inquietaba un poco ¿realmente sería capaz de traicionarla si el rey se lo ordenara?

—Mi reina, bienvenida a casa –saludó la mujer anciana encargada de las sirvientas, haciéndole una reverencia.

Druella observó al montón de personas reunidas esperando por ella, la mujer le sonreía, pero no estaba viéndola de forma directa, al igual que las demás, aunque levantaban un poco el rostro, examinándola con mera curiosidad, así que la reina sonrió fingiendo simpatía o la más que pudo.

Era obvio que la observaran de aquella manera, después de seis meses lejos, junto con el rey, sin muchas distracciones, suponían que tendría que estar preñada, y claro que podría estarlo, si es que su marido se hubiese atrevido a tocarla al menos una vez en todo ese tiempo, pero no lo hizo, aunque se humilló ante él, ese era su plan, hacerla pasar como otra tonta reina inútil, incapaz de darle un vástago varón a quien heredar sus reinos; de esa manera, nadie lo culparía por buscar otras cortesanas para poder tener descendencia, ni siquiera su padre, Draco Malfoy, le diría algo, incluso podía imaginarlo enviando una carta disculpándose por darle una esposa tan inferior y defectuosa, que de haber sido al revés, su hijo Scorpius ya le habría preñado.

Podía imaginar la estúpida sonrisa de la amante de su esposo, Elisheva sería la encargada de cargar al hijo del rey, y si se había reído de ella en su cara sobre que jamás sabría lo que era yacer con James, o con cualquier otro hombre, ser la madre del futuro heredero, sin duda le haría sentirse por encima de ella; al final, también tenía sangre real y aunque hubiese sido despojada de sus tierras y título, era una princesa.

—Vamos adentro, majestad –informó la mujer y le indicó el paso, aunque Druella ya conocía el castillo.

Fue guiada a otros aposentos, donde todos pensaban que yacería todas las noches con el rey, pero ella sabía que él mantendría sus aposentos para no ir con ella, así que daba igual si la dejaban en la anterior habitación o la cambiaban a otra, aunque aquella era mucho más amplia y bonita.

—El baño está listo, majestad, para que pueda refrescarse del viaje.

—Maravilloso.

Se acercó a ella y estiró los brazos para que comenzaran a desvestirla, cosa que hicieron de inmediato sin chistar un poco, aun recordaba las palabras de James, diciéndole que era una inútil por no poder vestirse o desvestirse sola.

—Oh, ¿y también hacen esto por la princesa Lily? –Cuestionó de la nada.

—No, majestad, la princesa Lily solo ocupaba nuestros servicios para que le ayudáramos a colocar el corsé, las enaguas y todo lo demás, ella se las ponía, y para los baños era igual, solo ayudábamos con el corsé.

No dijo nada más mientras la tallaban para quitarle el sudor y la tierra que se había pegado a su cuerpo a causa del trayecto y de los descansos que Scorpius había forzado a tener, sonrió al observarse, si podía encontrar algo bueno a no tener hijos, sería que podría seguir siendo tan bonita como era y tener un cuerpo delgado y una figura envidiable, nada que ver con su cuñada, que era delgada, y sin tanta forma.

—Por cierto, dijiste que la hermana de mi marido las ocupaba, ¿ya no las ocupa acaso? –Observó a la mujer.

—Oh, no es por eso, majestad –sonrió la mujer –el duque decidió irse a una propiedad que está un poco retirada de aquí –comentó –se marcharon un par de días después de su boda.

—¿De mi boda con James? –Cuestionó alegre.

—No, majestad, la princesa y el duque se casaron unos meses después de que usted y el rey se fuesen de luna de miel –informó.

—¿Y no esperaron a que mi marido y yo regresáramos para casarse? –Frunció el cejo enfadada.

Las sirvientas se miraron un poco asustadas, ocultando información al parecer, pero era de esperarse que ella no supiera absolutamente nada, ¿con quién podía hablar? James la evitaba y su hermano, solo había dejado su puesto una vez hacía unos meses.

—¡Dime! –Le exigió arrojándole agua al rostro.

—Fue una ceremonia muy íntima, majestad, solo estuvieron los padres, el hermano y la prometida del duque, el rey, y su hermano, ser Malfoy.

—Largo –soltó enfadada.

—Majestad, todavía no…

—¡Largo les dije!

Salir de la bañera le costó un poco de trabajo y ponerse la bata un poco más, avanzó hasta el pequeño tocador y comenzó a tirar todo, llena de furia, estaba histérica ante la noticia, si bien era feliz de por fin tener a la insoportable de Lily Luna Potter, fuera del castillo de una vez por todas, el hecho de que se casara y no fuese requerida era una manera de humillarla ¡Ella era la reina! ¡Ella era más importante que esa pequeña y minúscula pelirroja!

—¡Maldita! –Chilló colérica.

—Druella –la nombró su hermano en un tono autoritario, fue hasta ella y la alejó de los vidrios rotos y todo el desastre.

—¡Tú suéltame! ¡Eres un maldito traidor, eso es lo que eres! –Lo empujó –yo soy la maldita reina, tú eres un simple guardia destinado a estar de pie en mi puerta el resto de tus miserables días –arremetió contra él, pero la armadura provocaba que los golpes le dolieran solo a ella.

El rubio no hizo ni dijo nada, no cambió la postura ni la expresión de su cara, haciéndola enfadar más, no le importaba en absoluto lo que le pasara, lo que la enfadara o lo que le fuese de ella en realidad, fue hasta la chimenea, tomó un atizador y lo golpeó directo en la cabeza.

La sangre comenzó a brotar de inmediato de la cabeza de Scorpius, que no hizo nada por evitar el golpe, le gustara o no, Druella era la reina consorte, levantarle la mano incluso para evitar que lo golpeara, era considerado traición.

—Le eres leal a ellos ¿verdad?

—No sé de qué hablas, Druella –giró un poco el rostro para verla, la locura no se le había quitado ni un poco.

—¿Cómo es que puedes permitir que me humillen de esa manera? ¡Se supone que soy tu hermana! ¡Cómo permitirse que me excluyeran de la boda de la estúpida de Lily Luna! ¡Soy la maldita reina! ¡Incluso tú estuviste invitado en esa boda!

El chico se quedó callado, observando a su hermana, estaba temblando y en ningún momento se alteró al ver que la sangre no dejaba de salir de la herida que le causó, manchándole la armadura y la capa.

—La princesa me invitó a su boda, como agradecimiento por cuidar de ella todo el tiempo que lo hice –le informó –pero sí –se giró a verla directamente, con un aspecto aburrido, frío y completamente despreocupado –tú jamás has sido y jamás serás una opción para mí.

—¿Qué? –Preguntó sorprendida de que dijera eso.

—Si tuviese que elegir entre salvar tu vida o la del rey, lo elegiría a él, o a la princesa Lily, salvaría a cualquiera que no fueses tú, y si solo estuvieras tú, te empujaría y me marcharía.