Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.


El reino del Centro, había sido desde hacía años, el más próspero, nada tenía que ver con el favoritismo del rey, sino más bien de los recursos naturales que éste era acreedor, sin embargo, jamás se habían descuidado los demás por dedicarse a ese, así que la paz había sido algo que los cinco reinos gozaban como ningún otro fuera de sus fronteras.

A pesar de eso, en algunas ocasiones, el rey había sido alentado a invadir otros territorios para agrandar más el poderío del que era dueño ya, la falta de diversión, éste había aceptado, anexando un par más, que tenían que rendir tributo, lo que no gustaba tanto a los nobles, era la cierta independencia que éste había dado a esos pueblos, para mantener sus usos y costumbres y no imponer todo en lo que ellos creían, así que veían a la gente de esos lugares como salvajes sin educación, algunos habían ido hasta esos lugares, para hacer lo que sus títulos y su dinero les permitía, muchos de ellos, siendo acreedores a las sanciones más horrendas que podían otorgarles.

En ese tiempo, Druella Malfoy, había solicitado a su madre un consejero que les fuera leal a ellos, así que cuando ese hombre llegó al reino del centro, la joven reina consorte, fue capaz de comenzar a fomentar alianzas importantes dentro del reino, los ocupaba, ya que no tenía el favor del rey, tenía que tener amigos poderosos fuera y dentro de la corte, ese varón sin duda era bastante inteligente.

Para la desgracia de la joven, su hermano seguía cuidando de ella, a pesar de que en repetidas ocasiones lo había removido de su cargo —aconsejada también del guía—, el rubio nunca se había movido, a menos que fuese el rey mismo quien le diera la orden, como lo hizo cuando lo quitó del a seguridad de la pequeña princesa Lily, él no se movería, a ella, no le guardaba ni le guardaría un grano de arena de lealtad.

Sin duda había intentado a lo largo de esos años, intentar ganarse su lealtad, apelando a lo más grande que podría existir —según las grandes familias—, que eran los lazos de sangre, tal parecía que no compartían ni una gota de la misma.

Los ojos grises de la reina se posaron en el hombre que había estado leyendo para ella en voz alta, que se detuviera sin razón sin duda la distrajo de sus bordados, se puso de pie una vez que dejó todo sobre el lujoso sofá y quedó de pie junto a él.

Un carruaje había sido dejado a la puerta del castillo, traía bastante gente, nadie había dicho nada sobre una importante llegada, claro que su esposo no se lo compartiría jamás, pero nadie de la gente que tenía como amiga en la corte había dicho algo así.

El hombre que bajó no lo reconoció, pero por la forma en que la servidumbre se había juntado en la entrada para recibirlo, suponía que tenía que ser alguien importante, su atención cambió, cuando vio que el rey en persona se acercaba rápidamente hasta el recién llegado, al que le sonrió y le otorgó un abrazo amistoso.

—¿Quién es ese hombre, Blaise? –Preguntó consternada –mi marido ha sido demasiado amable con él.

—Lo desconozco, su majestad, pero haré mis investigaciones, para que esté más tranquila.

—Gracias, realmente no sé qué sería de mí, si no hubieses llegado –sonrió.

—Solo hago lo mejor para los nuestros, majestad –contestó con una amable sonrisa, pero su vista se posó en el rubio que observaba con el ceño fruncido la escena a la entrada del castillo –quizás, majestad, su guardia tenga más información de lo que pensé.

Druella se giró hasta su hermano, por su expresión, el hombre recién llegado le desagradaba, quizás desconfiaba de sus buenas intenciones, no estaba segura del porqué aquella actitud, si tan solo estuvieran en aquella bienvenida, tendría más oportunidad de entender aquel comportamiento.

—Lo conoces –comentó Druella –dime ¿quién es? –ordenó.

—No lo conozco –contestó serio, dando la espalda a la ventana.

—Bueno, esa mala cara por alguien que no conoces, no es lógica –por el modo sutil de Blaise al cuadrarse frente a él, indicaba que no lo dejarían en paz hasta que contestara.

—Realmente no lo conozco.

—Supongamos entonces, que es porque tienes que estar aquí, en lugar de allá, cuidando del rey –se encogió de hombros el varón de piel oscura.

—Ah –el desdén de Druella al pronunciar aquella simple exclamación dejó claro a Scorpius que no era el único con ese pesar.

Druella ocupó de nuevo su lugar en el sofá, para continuar con lo que estaba haciendo, era la primera vez en años, que no tenía conocimiento de lo que pasaba en el castillo, de quién llegaba, quien se iba, o a quién destituían.

—Majestad –habló Zabini, girándose hasta ella, por su comportamiento meticuloso, lo que le iba a decir no era nada agradable –no había querido comentarle absolutamente nada, también porque no sabía cómo decirlo.

—Habla –soltó exasperada.

—De nueva cuenta, su padre ha estado preguntando por cartas, la razón por la cual no ha dado ningún heredero todavía.

Las mejillas de la reina se pusieron rojas, la risa ahogada de su hermano la hicieron sentirse más pequeña aun que las palabras de su consejero y guía, nadie salvo su hermano en toda la corte, sabían que el rey James, jamás había puesto un solo dedo en ella, la habitación que todo el mundo creía que compartían, tenía una salida secreta, así que él entraba todos los días en esa habitación, y salía por el pasaje secreto, y volvía por las mañanas, para que todo el mundo creyera, que en realidad, cumplía con todas sus obligaciones con ella.

Una vez más, su padre estaba ordenándole que diera un heredero ¿de qué había servido imponerle a James que se casara con ella, si no era capaz de algo tan simple como procrear?

—X—

El salón privado estaba listo para recibir al recién llegado, el viaje le había tomado unos cuantos meses, así que quería que estuviese bien atendido, había querido organizarle un festival, pero Remus le dijo que sería mala idea, los nobles lo tomarían a mal, después de todo, el hombre sentado frente a él, al otro lado de la mesa, era un simple salvaje, a los ojos de la corte, sin importar cuanto había sido de ayuda para él en la conquista de aquella extraña tierra, de la que era originario.

Hacía años atrás, se había vuelto un buen amigo y al pasar de los años, sin duda podía decir que era el mejor de los amigos que había conseguido, solo podía confiar en él y en Lysander, que éste último, contrario de con Malfoy, sin duda sí confiaba, no había mucho que decir del varón frente a él, había llevado bastante bien el cargo que le confirió, dando prosperidad a aquellas lejanas tierras, a pesar de que lo había ayudado a conquistar la extraña tierra de Birmania, él quería lo mejor para su gente y su pueblo, así que pidió que se respetaran sus costumbres a pesar de ser parte de su territorio, a lo cual James, motivado principalmente, a que ese tipo, no le tenía nada de miedo, y le hablaba como igual, le permitió aquello, así que se hicieron muy buenos amigos, tenían comunicación por cartas, y cada determinado tiempo, James iba a ese lugar para visitarlo.

Era la primera vez, que él iba a suelo inglés, y parecía bastante sorprendido de todo lo que esos reinos unidos, conllevaban, dejó que todo el mundo comenzara a poner la comida en la mesa, las sirvientas danzaban alegremente ante el recién llegado, que era algo exótico para ellas, James no podía negar que su amigo era bastante atractivo, no de sus gustos, pero bastante agradable, y tenía un muy buen cuerpo, así que no le sorprendía la algarabía de las mujeres.

La mirada castaña de su amigo se posó en él, y en el soldado que custodiaba aquel lugar, los sirvientes se marcharon una vez que toda la comida estuvo en su lugar, por palabras del encargado, se encargarían de servir la comida en el comedor principal, para la reina y su consejero.

El castaño se puso de pie, fue hasta la jarra de vino y avanzó hasta el lado de su amigo que le sonrió una vez que se recargó en el gran respaldo lujoso de la silla, él no era de buena cuna, así que desconocía a qué sabía un buen vino, sin duda aquello alentaba más a que le agradara al rey.

Una vez que chocaron sus copas, el rey regresó hasta su silla, aquello era lo más amable que él podía ser con alguno de sus invitados, bueno, más bien, algo que no haría por alguno de sus otros invitados, dándole al recién llegado, un trato mejor que a cualquier noble de buena cuna le hubiese dado en algún momento de su vida.

La cena trascurrió bastante tranquila, con los por menores del viaje del hombre frente al rey.

—La cena privada ha sido interesante, ¿por qué no ha sido esto en el comedor principal?

—Porque en el comedor principal, tendría que ver la cara de mi espantosa esposa.

—Oh, ¿tan fea es? –Elevó una ceja –sé que ustedes los reyes están obligados a contraer nupcias por beneficios políticos, pero… ¿tan mal te fue a ti?

—No hay ser más horrendo que ella –informó encogiéndose de hombros.

—De acuerdo, ¿y tu hermana? –Sonrió –hablas tanto de ella todo el tiempo mientras masacrabas gente, que pensé que por lo menos, ella se uniría a nosotros.

—No, ella no vive en el palacio –informó –vive con su esposo en una propiedad prospera, a unos días de aquí.

—Sin duda me encantaría conocerla.

—Si te hubiese conocido antes, sin duda la habría casado contigo y no con quien la casé.

—No creo que eso me hubiese funcionado –informó divertido.

—Para ser honesto, ni a mí, tenerla a unos días es complicado y tortuoso, no imagino tenerla a meses de distancia.

—Eso no evita que vayas seguido –se burló.

—Tengo que estar al pendiente de lo que es mío, no quiero que me tomen por alguien despreocupado –elevó su copa para brindar.

—Bien dicho –se burló de él.

—Pero si tanto te interesa conocerla, podemos ir a visitarla –sonrió –no he ido en un tiempo, aguardando tu llegada.

—Me siento halagado –bromeó.

—Eres afortunado, mejor dicho, desde que mi hermana se casó, no ha sido parte de la vida pública del reino, poca gente la ha visto a lo largo de estos años –aceptó –y no es como que permita que interrumpan su tranquilidad, ve a descansar, mañana nos iremos al alba –sonrió.

—Bueno, la juventud se impone en mí, si quieres podemos marchar ahora mismo –se encogió de hombros.

—Podríamos, pero tengo que hacer unas cosas para que las cosas estén en orden –sonrió –además, no iremos en caravana hasta allá.

—Oh, iremos como simples mortales, me agrada ¿por qué es tan necesario tanto secreto en la pacifica vida de tu hermana?

—Ya lo verás –se burló.

James avanzó hasta la puerta, seguido de su amigo, al otro lado de aquel salón, había un montón de guardias, que le dejaban en claro que no estaban ahí para proteger al rey, sino a él, sonrió y fue escoltado hasta los aposentos que habían sido designados para él.

El rey suspiró, a pesar de que su amigo Alexander Takhon, había ido hasta Inglaterra por asuntos oficiales, eso podía esperar, le había preguntado a Remus si toda la seguridad era necesaria, pero éste le había insistido que sí, algunos de los nobles no estaban de acuerdo con que él fuese un pilar importante en aquellas tierras, todos querían ser los gobernantes, así que por la seguridad de su amigo, era necesarios tantos soldados como fuese posible, lo que los nobles no sabían con certeza, es que el hombre era, en realidad, un mercenario vestido de finas telas.

—X—

La vida de Lily Luna, en aquel lugar había sido bastante tranquila, aunque había demasiada servidumbre para su gusto, no era como si siguiesen viviendo en el castillo, su esposo, Edward Lupin, que ahora era el duque, iba cada determinado tiempo al palacio por asuntos oficiales, mientras ella se quedaba en casa, encargándose de todo, como se esperaba que hiciera ahora que era una mujer casada.

Era una persona inmensamente feliz, pero claro que no podía serlo por completo, en tan poco tiempo se había acostumbrado a su hermano, y esa separación seguía sin concebirla, a pesar del paso de los años, y de las visitas que él le hacía, seguían sin ser lo suficiente para ella, él no expresaba mucho sus sentimientos, pero por la forma en que siempre la atraía a su cuerpo, aunque fuese en gestos sencillos como lo eran abrazos, le hacía sentirse completa, y gran parte de ella, creía que James igual.

Todavía recordaba los días en que se había marchado a conquistar nuevos territorios tan lejos de sus tierras, el miedo constante que le hacía despertarse a mitad de la madrugada, vuelta un mar de llanto, con la angustia destruyendo sus nervios, las cartas a su nombre no eran suficientes, y el verlo llegar después de tanto tiempo lejos, había sido una de las más grandes bendiciones en su vida.

A pesar de que su vida estuviese yendo de maravilla, a ojos del resto de los reinos, no podía estar del todo tranquila, los rumores que su marido le contaba que iban en el castillo la preocupaba, James se había negado a tocar a su esposa de manera sexual, por lo tanto, era lógico que la reina regente, Druella Malfoy, no hubiese dado ya un heredero al reino, y la gente comenzaba a tacharla de una reina inútil e infértil, que había sido lo peor que le había podido pasar al reino, acusaban a Draco Malfoy de condenar al rey a no tener ningún heredero digno para gobernar, como mujer, sabía lo que aquellas pláticas en los rincones podían provocar, aunque ella no fuese la causa, suponía que de ser otras las circunstancias, la regente ya tendría muchos herederos dignos.

Observó a su marido, que sostenía una pequeña copa de vino, se había girado hasta ella, ya que veía fijamente la chimenea, suponía que él, más que nadie, comprendía la desdicha de Druella, ya que al igual que la reina, él tampoco había sido capaz de tocarla a ella de esa manera después de tantos años de casados, y, por lo tanto, tampoco tenía un heredero digno de la dinastía Lupin, a pesar de todo eso, no le había reclamado ni reprochado su amor insano y pecador por su propio hermano.

Edward Lupin se sentó en el sofá individual frente a ella, dando espalda a la chimenea, la cual había estado observando con tanto interés, su repentino ánimo lúgubre, después de volver del castillo no le agradaba, algo no andaba bien y él no quería decirle, si algo le había pasado a James, sin duda se volvería loca del dolor, así que quizás por esa razón no le había comentado nada, y estaba más callado de lo normal.

Los ojos olivo de Lily no se quitaron de su marido, que suponía se estaba debatiendo entre si decirle lo que había pasado en su visita al castillo, o comportarse como el marido autoritario y cerrado en el que se había convertido su hermano, Lyall.

—Si algo no anda bien, puedes decirme –se animó a hablar.

La mirada miel se posó en ella, y una sonrisa dulce apareció en su rostro, a pesar de todo, desde que se casaron, él siempre había sido cariñoso con ella, en privado y en público, haciendo que fueran vistos como una de los matrimonios más estables y amorosos, cosa que no le agradaba mucho a James, pero no decía mucho al respecto.

—Las cosas con el rey están bien –la relajó con ese inicio –pero con el reino quizás no tanto.

—¿A qué te refieres? –La preocupación en la voz de Lily fue evidente para Lupin.

—A mi regreso, mi padre me informó que llegaría de visita un hombre, uno importante de los nuevos territorios, y los nobles no están para nada felices con esa decisión del rey.

—Pero si son asuntos de estado… ¿no es normal que venga al reino?

—Lo es, pero como el rey permitió que ellos mantuvieran usos y costumbres, la gente se cree que puede llamarlos salvajes.

—Los nobles ven a cualquiera que no se acomode a sus comodidades, como unos salvajes, incluso a los campesinos que llevan la comida a sus mesas –respondió Lily enfadada.

—Tienes razón, pero ahora súmale rasgos y piel diferente a la de nosotros, las cosas no serán fáciles para ese hombre.

—Si el rey lo ha puesto en un lugar como el que lo puso, asumo que no se rompe tan fácil como muchos otros lo hacen.

—Cierto, para tener el agrado de su majestad, supongo que tiene que tener algo de coraje, no cualquiera cae bajo su gracia, ni siquiera si es muy habilidoso.

—Lo dices por ser Malfoy, ¿cierto?

—Ese hombre nos ha demostrado en muchas ocasiones que es digno de tener la confianza de la corona, sin embargo…

Lily no dijo nada, sabía muy bien que Scorpius Malfoy era digno de confianza, había tenido el tiempo, la oportunidad y los conocimientos para traicionarla a ella y al rey, pero no lo había hecho, en su lugar, se había aceptado ser condenado a cuidar de su hermana, para asegurarse de que su sangre no fuese a traicionar a James; pero era más conveniente para todos, pensar, que el rey desconfiaba del heredero de Draco Malfoy.

—Tiene que haber una razón que solo el rey conozca, para no confiar en él.

—Lo supongo –admitió.

Los dos se quedaron callados, normalmente no necesitaban a los guardias en el interior de la casa, no había mucho peligro en un sitio como ese, así que dejaban que descansaran un poco en las afueras, así que la entrada del único guardia que James había puesto sin opción a refutación, los sorprendió, el hombre hizo una reverencia y un gesto de disculpa hacia Lily.