Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
Habían pasado unos cuantos meses, desde la última vez que había ido a visitar a su hermana, estaban a un par de horas de llegar, una extraña emoción golpeaba en su pecho, quizás sí, estaba un poco emocionado de llegar, era eso, o que el hombre que lo acompañaba era realmente de su agrado, por lo cual, estaba disfrutando el viaje, poder cabalgar con alguien capaz de llevarle el ritmo era genial, no tenía que atrasarse por gente inepta.
El viento golpeaba en su rostro, meciendo sus cabellos castaños, hacía tiempo que no tenía el cabello tan largo, no era como el de los demás aristócratas británicos, pero si era una pequeña melena, que según Elisheva, lo hacía lucir todavía más atractivo que antes, claro que no le interesaba mucho la opinión del resto, solo el de una persona, a la cual, de hecho, estaba por ver en poco tiempo.
—Este lugar es bastante… lindo, siendo honesto –habló Alex.
—Sí, es un buen lugar –aceptó.
—Aunque el clima, realmente no es mucho de mi agrado –se encogió de hombros ante la sonrisa del rey –pero supongo que no hay nada a lo que no se pueda acostumbrar.
—El no comer, es algo a lo que no puedes acostumbrarte, te mueres –se burló el castaño.
—Mucha gente no tiene lo suficiente para comer, por eso es débil, y no puede conseguir oro, para poder vivir bien.
—Bueno, las cosas aquí no son así para todos, la mayoría, al menos tiene un plato bueno sobre la mesa.
—La mayoría, no todos –hizo un mohín y aprovechó el descuido de James, para tomarle un poco de ventaja, no mucha, claro, él desconocía el camino, y lo que menos quería, era perderse en tierras lejanas.
Se detuvieron un rato, para cazar algo y comer, Alexander parecía no tener mucha prisa en llegar, al fin y al cabo, solo era la hermana menor del rey, no era como que estuviese al tanto de la relación que existía de ellos.
—Esto me trae recuerdos –habló Alexander al ver al rey, distraído esperando que la carne estuviese lista.
—Sí, este estilo de vida no me desagrada, contrario de lo que algunos nobles creen.
—Eres más de actividades, que estar solo atractivo en telas elegantes, ¿no?
James levantó la vista, el chico tenía una ceja elevada y una sonrisa que claramente significaban burla, se acomodó para verse un poco más alto, ya que estaba sentado sobre un tronco pequeño.
—Te sorprendería todo lo que ocultan todas estas finas telas, hasta el momento, no me he encontrado con alguien que se sienta decepcionado de ello.
—Bueno, la reina…
—Agh –puso mala cara –no quiero que la menciones.
—Es que honestamente, no entiendo la razón por la cual la desprecias tanto.
—Bueno, hay algo en lo que siempre confío y nunca me ha traicionado, y eso es mi instinto, y desde el momento en que supe que existía, simplemente, no la tolero.
—Bueno, eso lo entiendo, pero, te has puesto a pensar ¿qué pasará si te llegas a morir primero de viejo que ella? –Sonrió –quizás nadie te traicione, pero… la vejez es algo real, y si la muerte te elige primero, no tienes herederos, tampoco hermanos, y bueno, ella tiene un hermano, o puede casarse con un simpatizante de su familia, ¿a quién le dejarás el reino?
—Tengo a mi hermana, Lily Luna –espetó enfadado.
—Bueno, lo que tengo claro de las leyes de este reino, y de la fracción que gobierno, gracias a ti, ninguna mujer puede heredar el trono –le recordó –si tu hermana fuese hombre, o si tuvieses un hijo bastardo, podrías asegurarte de que…
—Que toques ese tema de la nada ¿cómo debo tomarlo? –Cuestionó cambiando su expresión corporal, haciéndole saber que no tomaba aquello como una charla sacada de la nada.
—Lo escuché, mientras paseaba por el castillo por la noche –aceptó –no creo que estén buscando traicionarte, sino más bien, son tus simpatizantes, preocupados de que no hay ningún heredero, la gente se pregunta si realmente la reina es tan inútil como para no poder quedar preñada, y bueno, dicen que tus fiestas dejaron de ocurrir.
—Oh, ¿comienzan a decir que el problema soy yo? –Sonrió.
—No, algunos sospechamos, que realmente satisfaces tus instintos con una amante, y…
—Dicen que es raro que no tenga bastardos –aceptó.
—James, nadie tiene el valor de tocar este tema, ni siquiera Remus Lupin, así que supongo que tiene que ser algo… bastante complicado para ti ¿por qué?
—No sé si Druella está o no defectuosa, jamás la he tocado, y ¿sabes por qué? –Sonrió –podría –aceptó –no tengo problemas en acostarme con quien sea, me gusten o no, mi lívido no ha cambiado en los años.
—Bien, tu hombría no es el problema –asintió –dime ¿qué es entonces?
—Asegurarme de que un bastardo Malfoy, sea quien se siente en el trono –sonrió –sabes, si la desvirgo, podría haber posibilidades de que hiciera pasar un hijo por mío –lo observó –si ella se deja desvirgar por alguien, no me interesa, pero no podría hacerme pensar que hay posibilidades de que es mío.
—Entonces ¿por qué no has tenido bastardo alguno, para sentar en el trono?
—Quizás, porque nunca he pensado en tener un legado, me agrada más, que alguien, tome el trono por la fuerza, como yo lo hice, que se gane el derecho a gobernar a la gente, a liderar un ejército, no quiero un maldito debilucho en mi trono.
—Bien, si lo dices, tendré que creerlo –sonrió Alexander.
James sabía que el hombre no había creído ni una sola palabra de lo que había dicho, al menos sobre lo de tener descendencia, no importaba, si tenía un amante, en algún momento, solo por la ambición, esa mujer terminaría teniendo un bastardo, el único hijo que podría tomar el trono, por la fuerza o por la legitimación, no interesaba.
Después de que terminaran de comer, siguieron su trayecto, tardaron un poco más en llegar hasta su destino, la enorme finca que se alcanzó a ver desde bastante lejos, sin duda sorprendió a Alexander, era bastante lejos del castillo, ni siquiera había una pequeña villa cerca, sin embargo, aquello parecía más un palacio pequeño, que una finca de ricos, observó de reojo al rey, que esbozó una pequeña sonrisa auténtica, y golpeó su caballo, para acelerar el paso, así que hizo lo mismo.
La servidumbre ya los esperaba, cosa que sorprendió al extranjero, la decisión había sido tomada de la nada y habían partido tan rápido como el sol apareció por el horizonte, no había forma de que supieran que el rey llegaría en ese momento.
—Bienvenido, su Alteza Real.
James asintió y bajó de su caballo en un movimiento ágil, eso se le daba de manera tan natural como respirar, él observó todavía desde su montura, una joven de cabellos tan rojos como la sangre sonrió como si la más grande y lujosa de las joyas hubiese sido expuesta ante sus ojos, así que lo comprendió en ese momento, era la amante del rey.
Se bajó del caballo, ya que James se había olvidado completamente de todo, los sirvientes le hicieron reverencia, mirándose entre ellos, ya que no había sido introducido como invitado, sirviente ni nada, y claramente sus rasgos eran exóticos para ellos, se detuvo una vez que un guardia le impidió el acceso.
—Pero ¿qué haces de pie, no deberías estar descansando? –Acarició su mejilla.
—Estoy bien, alteza –sonrió la joven.
—Déjalo pasar –ordenó el rey, sin siquiera girarse hasta el guardia –viene conmigo, quería conocerte –le informó a la pelirroja.
—¿A mí? Pero no tengo nada de especial –murmuró apenada.
—Alexander Takhon, ella es Lily Luna Potter, mi hermana –se hizo a un lado para que la observara –y él es, Edward Lupin, el duque –informó –ya conociste a su padre.
—Mucho gusto –saludó a Edward, de un apretón amistoso de manos, el hombre se veía agradable, como su padre –princesa –se giró hasta la joven, que estaba un poco pálida, aunque eso no hacía que luciera menos preciosa de lo que era.
—Vamos adentro –sugirió Edward Lupin.
—Sí, no deberías estar haciendo tanto esfuerzo –comentó James, dirigiéndose a su hermana, sujetándola contra él.
—Estoy bien, majestad –contestó divertida.
—Estás pálida, no me gusta –la reprendió.
—Es normal –musitó dulce la joven.
—Alexander –habló Edward –no un rostro muy común entre nosotros –comentó en un tono alegre, así que el chico se relajó, contrario a la mayoría de los aristócratas, él no estaba siendo grosero, simplemente era curiosidad pura, como si no le desagradara que fuese distinto físicamente a ellos.
—Sí, soy barón, en Birmania, la nueva adquisición del rey James.
—Ni tan nueva –se burló James, sin perder su atención a la joven princesa.
—Oh, tengo un par de conocidos, que dicen que su tierra es preciosa, me gustaría ir a conocer su territorio –aceptó.
—Son bien recibidos, al territorio del rey –sonrió.
—Claro –sonrió Lupin –claro que tendríamos que esperar un tiempo.
—Y el permiso de su majestad –informó Lily.
—Cierto –aceptó el castaño, observando a su cuñado.
—Pero ven, quiero que lo conozcas –sonrió entusiasmada.
La caricia suave que le dio a la joven, se acompañó de una sonrisa cálida, cosa que sorprendió a Alexander, que, al parecer, era el único que parecía encontrar aquella interacción confusa, lo primero que pensó al verlos, fue que eran amantes, pero, era su hermana, que estaba casada con el hombre frente a él, que parecía no encontrar aquello extraño.
—¿Y ser Lysander? –Cuestionó Lily, dándose cuenta de su entorno por primera vez, desde que vio a su hermano.
—Cabalgando frenéticamente hasta acá, he de suponer –hizo un mohín divertido el rey.
—James, ¿de nuevo saliste del palacio sin él?
—He venido con alguien competente en guerra –golpeó el pecho de Alex –así que no te preocupes, pero, he de conocerlo ahora ¿o cuándo?
—Claro, iré por él de inmediato.
La pelirroja se dio media vuelta envuelta en un aura de felicidad, los hombres restantes observaron al rey, que avanzó hasta la chimenea, revisando un poco el lugar y observó al guardia de reojo, Alex se giró, realmente se había olvidado de su presencia desde que lo había dejado acercarse a la princesa y el rey.
—Veo que te sientes muy cómodo aquí, ¿cómo van las cosas contigo?
El tono que usó fue seco, estaba serio y tenso, contrario a su actitud cuando la joven pelirroja estaba en el salón de estar, el guardia sonrió visiblemente, fastidiando al castaño, como si realmente no tuviese miedo de que lo asesinara en ese preciso momento, por insubordinación.
—Es un lugar tranquilo, la princesa es una joven encantadora, y el duque me ha tratado bien, todo en orden, majestad, salvo por el cuervo albino que se posó anoche y no se ha movido.
James observó por la ventana, en efecto, el cuervo observaba con atención lo que ocurría en el interior de la propiedad, aunque no escuchara lo que se hablaba en el lugar, no perdía detalle de las acciones.
—Así que por eso fue la bienvenida –observó a Lupin.
—Su hermana insistió en recibirlo como visita formal, y no como visita familiar, alteza –informó.
—De cualquier manera, no se moverá de aquí, hasta su partida, como siempre –informó el guardia.
—Lo sé –gruñó.
Lily tardó unos minutos en regresar, Alex se puso de pie en cuanto la vio llegar, su atención se desvió hasta el bulto que llevaba en brazos, esperó a que Lupin se acercara a ella, pero no lo hizo, simplemente aguardó en su sofá, mientras James se acercaba al bebé.
—Aún no hemos decidido como lo llamaremos –musitó la joven.
—Supuse que tenías algunas ideas listas –la observó.
La joven sonrió cuando lo quitó de sus brazos y lo alzó, manteniéndolo un poco alejado de su cuerpo, para poder observarlo, Alexander desvió la mirada, era lógico que el bebé tuviese rasgos de James, al final, era su sobrino, pero ¿por qué carecía de algo que hubiese heredado del lado de su padre, Edward Lupin?
—Te presento al heredero del reino, Alexander –se giró hasta él, con una sonrisa burlesca.
—Aún no tiene nombre, por lo que escuché.
—Le sugerí a mi esposa, que lo llamáramos como tu abuelo –se dirigió al rey, observando a Alexander.
—Y… como… tú –musitó Lily, un poco temerosa.
—Ah –dijo como si nada, como si aquello no lo perturbara ni un poco.
—¿James? –Cuestionó Alex –dime ¿crees que ese nombre sea digno de un rey?
James soltó una risa divertida, quitando la tensión de toda la situación, Lily sonrió, soltando el aire que había estado conteniendo desde que Edward le dijo como tenían pensado en nombrar al bebé.
—Supongo que no, pero aún puede tener el nombre de un rey más inútil, como el de su abuelo –sonrió cuando el bebé se encogió en sus brazos –sí, a mí también se me revuelven las tripas de pensar que podrías llamarte como él –admitió.
—Es más común –comentó Edward.
—Bueno, aún puede llamarse como el padre o como el abuelo paterno –comentó Alexander, con una sonrisa ladina –aunque supongo, que es una clase de tributo a tu persona –completó cuando todos, a excepción del rey, se tensaron.
—Si tienes algo de lo cual acusarme, entonces, deberías hacerlo ahora mismo, Alexander Takhon –se lo observó sobre su hombro.
Normalmente, James Sirius Potter, era un hombre tranquilo, con una naturaleza salvaje, violenta y sádica, sus ojos regularmente carecían de interés por su alrededor, como si estuviese aburrido de la vida, y bueno, ya había alcanzado la cúspide, conquistando todo el territorio que a él le había interesado, sin embargo, en ese momento, sus ojos brillaron como un par de zafiros, dándole una sensación de temor, incluso el bebé en sus brazos lo notó, porque se quejó, sacudiéndose un poco más de lo que lo había hecho, haciendo que lo regresara a los brazos de la pelirroja, que observaba temerosa, conteniendo el aliento.
—No lo estoy acusando de nada, majestad –comentó con un ligero temor en la voz.
—Bien, porque es demasiado tarde, como para que conozcas a Elizabeth.
—¿Elizabeth? –Cuestionó sorprendido.
—Tiene seis –informó tranquilo –si es una buena niña, tendría que estar dormida, pero algo me dice que nadie se ha percatado de que ha estado observando y escuchándonos desde que entramos aquí, ¿o sí?
Todos se giraron hasta donde el rey lo hizo, Alex supuso que la había notado realmente desde que habían entrado, por eso había moderado completamente su interacción con todos los presentes, la pequeña niña salió apenada, con la cabeza agachada, retorciéndose los dedos, temerosa.
—¿Y bien? –Cuestionó James.
La niña de cabello rojo intenso, diferente al de su madre, ya que era más claro, de mirada verde esmeralda observó al rey, y volvió a desviar la mirada con miedo, haciéndole saber al extraño, que no tenía la confianza suficiente hacia él, como si apenas si se conocieran, y haciendo las cuentas, cuando esa niña nació, James estaba conquistando Birmania y sus alrededores.
—Elizabeth –la reprendió Lily.
—Calma, Lily, es una travesura –aminoró Edward –ven, cariño –la llamó el hombre.
—¿Qué haces fuera de la cama? –Cuestionó su madre, limpiando sus mejillas llenas de hollín.
—Los demás niños dijeron que vendría el rey, quería conocerlo –musitó tímida.
—Podrías haber esperado por la mañana –informó la joven.
—Después de todo, el rey no desaparecería de la nada, cariño –la movió un poco Lupin, que la seguía teniendo en brazos.
—¡Yo no lo sabía! –Informó desesperada –y solo he visto a su alteza una vez, hace muchos meses –informó –y no… -se quedó callada al ver a James, que elevó una ceja.
—¿Y no? –La cuestionó en tono serio.
—No tuve tiempo de platicar con usted –se mordió el labio –papá dijo que volvería pronto, y no lo hizo –recriminó.
—Bueno, he de suponer que sí, soy mejor espectáculo que el de un bufón de la corte –se encogió de hombros James.
—No, yo no lo insultaría de esa manera –soltó la niña.
—Todo lo que tengo que decir ahora, es que, si no te marchas a tu cama, y te duermes, me iré en este instante.
—Vamos, James –comentó Alex –eso es muy severo para una niña…
—No te interesa –lo observó y después a la niña –todo depende de ti, tienes tres segundos para tomar la decisión –informó.
—Los veré mañana –informó la niña, se bajó de los brazos de Edward y salió corriendo.
