Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.


El lugar se quedó callado después de que la niña saliera corriendo, James avanzó hasta la mesa al rincón y se sirvió una copa de vino, regresó hasta los sofás y se sentó, después le pidió a su hermana con un movimiento de cabeza que le diera al bebé otra vez.

—¿Cuándo nació? –Cuestionó James.

—Hace cuatro meses –informó Lupin –nació un mes antes, el embarazo, como se lo hice saber, majestad, fue delicado, Lily apenas si pudo moverse de la cama –suspiró –por fortuna, el bebé fue sano.

—Es mi hijo, después de todo –confirmó.

Lily se tensó y observó al extraño, que realmente se sorprendió, lo había sospechado, pero que el rey lo aceptara como si nada delante de él, sin duda lo sorprendía, el niño se parecía físicamente a él, salvo que el poco cabello que tenía era un poco ondulado y azabache, por lo que había visto cuando abrió los ojos un momento, al igual que la niña, compartían los ojos verdes.

—¿Qué? –Se burló de Alexander –dime ¿no era lo que habías insinuado antes? Digo, se parece a mí, salvo por lo que se parece a mi padre –observó a Alex –solo tiene un abuelo, a quién parecerse –se burló.

—La niña…

—Elizabeth, sí, cada niño, que mi hermana tenga, va a ser mío –informó en tono serio.

Era una amenaza, así lo sintió, no era una confesión, le estaba diciendo que aquello, era un hecho, que todos en aquella finca conocían, al menos los adultos, Edward no hizo ni dijo nada, permaneció en silencio, como si aquello no le incomodara en absoluto.

—Cómo puedes ver, el reino estará bien, ya tiene herederos.

—Heredero –dijeron al unísono las tres personas delante de él.

—Elizabeth es heredera también –observó a Lily.

—Es mujer, y es mi hija –le reprochó la pelirroja.

—Lo sé, pero hoy, un imbécil, se le ocurrió decirme que todos en la corte, piensan que tengo problemas con preñar a una mujer.

—¿En serio? –Se burló Lily –creo que fue más bien tu no problema en preñarme, lo que trajo a estos niños al mundo –y eso que me hacías consumir un té, para evitarlo.

—No vamos a hablarlo, Lily –gruñó James.

—Es todo lo que dices, siempre, que no vamos a hablarlo, pero era mi hija.

—Y no iba a dejar, que alguien dijera que te fuiste a la cama con Edward antes de tu matrimonio –informó –si Elisheva no me informa, ¿qué hubieses dicho? No a los demás, a mí –rumió –que a pesar de que me diste que no lo harías, ibas a decirme que sí te metiste a la cama con él.

—James…

—No, nada de James, más tardé en irme a esa maldita luna de miel, que en tener que regresar, porque no me habías dicho que estabas preñada, y claro, que te iba a cubrir, haciendo todo demasiado rápido, en una ceremonia demasiado privada.

—Ya no interesa, mis hijos ahora llevan el apellido Lupin –le recordó.

—Elige bien el camino de tus palabras, Lily –le advirtió –porque al menos tienes que agradecer que te dejé llegar a término y sostener a esa niña en brazos al menos una vez, antes de que siguiera el destino del resto de la familia Potter.

—Dame a mi hijo –exigió.

—No voy a matarlo, Lily, no cuando sabes que voy a heredarle el trono.

—No –suplicó.

—Bueno, supongo entonces, que quieres que preñe a Druella, para que alguien más, pueda gobernar, y nuestros hijos vivan como parásitos, sin hacer nada.

—Ellos no son parásitos –bufó.

—Son unos niños, claro que no lo son, por ahora, dime ¿quieres un Albus Severus Potter?

—No recuerdo a mi hermano, gracias a que lo asesinaste –le recriminó.

—Realmente no te perdiste de mucho –comentó Edward, encogiéndose de hombros.

—Al menos tu marido, es sensato –se burló –no había nada bueno en nuestra familia, y lo que había, lo dejé vivir, lejos de todo –la observó.

—No creo que sea el mejor momento para hablarlo.

James suspiró, suponía que Lily no quería discutir algo tan personal delante de un extraño, bueno, Alexander era alguien ajeno a ella, y aunque no tenía mucho de conocerlo, su instinto decía que podía confiar en él, como para saber algo tan íntimo como aquello, sabía que sus hijos y su relación con Lily no corrían peligro con él siendo consciente de aquello, por lo contrario, quería creer, que si algo llegaba a pasarle, reafirmaría la legitimidad de su hijo en el trono, como heredero, quizás no como su hijo, pero sí como el rey porque lo dejaría estipulado en su testamento, a partir de que llegaran al castillo, haría que Remus pusiera a su nieto, como su legítimo heredero.

—Duque –informó una sirvienta –la cena está lista.

—En un segundo iremos.

—Me llevaré al bebé, para que duerma bien.

James dejó que la mujer le quitara al bebé, notando como el hecho de que él permitiera eso, relajó a su hermana, realmente tenía miedo de que, en algún momento, decidiera que era muy peligroso y decidiera asesinar a Elizabeth, y a su hijo.

—Vayamos al comedor –pidió Edward, poniéndose de pie.

—Te seguimos –asintió Alexander.

La mano de Edward se colocó en la espalda de su esposa y caminó con ella hasta el comedor, Alex golpeó el hombro de James y negó cuando su atención se puso en él, diciendo que ese gesto no ameritaba que lo asesinara brutalmente, a pesar de todo, el hombre era el esposo de la joven ante los ojos de Dios y los hombres.

—LHR—

La puerta de los aposentos de Lily se abrió suavemente, la sirvienta le hizo una pequeña reverencia y se acercó a ella, le quitó al bebé de los brazos, ya que había terminado de darle el pecho, y salió con él, sin dar explicación alguna, suspiró, se subió el camisón y se acomodó en la cama, dispuesta a dormir, hacía tres días que James había llegado a la finca, pero había estado evitándola deliberadamente, cosa que no le agradaba, sí, habían tenido diferencias, pero no era para que la ignorara de esa manera, después de todo el tiempo que habían estado separados.

—¿Interrumpo?

Lily se incorporó de inmediato, la luz de las antorchas del corredor, iluminaron a su hermano de manera tenue, que estuviese ahí sin duda la sorprendía, no iba a arruinar la charla que sin duda por fin estaba listo para tener.

—No, no, desde luego que no –se apresuró a negar, llegando hasta él.

—Como todo está a oscuras, creí que no querrías interrupciones –murmuró.

—Bueno, se llevaron al bebé, tú me ignorabas, ¿Qué más podría hacer?

—Me dijeron que decidiste alimentarlo tú, ¿la nodriza no fue lo suficientemente buena?

—Desde luego que no es eso, es solo que… -sujetó al hombre y lo atrajo lo suficiente, para que entrara a los aposentos y cerró la puerta –alimentarlo era algo que podía hacer, tengo la leche suficiente, como para necesitar que una nodriza haga mi trabajo.

—No era un reproche ni un regaño –aclaró –solo una pregunta.

La joven fue hasta las velas, y las encendió de nuevo, iluminando el lugar, se giró hasta James, para observarlo atentamente, sus ropas estaban manchadas de tierra, y arrugadas, así que frunció el cejo, sin comprender el aspecto del hombre.

—Pasé la tarde con Elizabeth –informó tranquilo –sin duda tiene mucha energía –sonrió –como sus padres.

—No creo que eso siga pareciéndote bueno, cuando se vuelva una mujer.

James puso los ojos en blanco, sin duda no era algo que hubiese pasado por su mente en algún momento, era un enfermo sí, pero a la única que veía de esa manera era a Lily, no a su hija, a ella, sí la veía como lo que era, su hija.

—Tenemos muchas cosas de las cuales hablar, Lily –informó, avanzando hasta la cama.

—Sí, está bien.

Avanzó también, sentándose junto a él, que estuviera enamorada de él, que él tuviera preferencia hacia ella de manera poco sana, no significaba que podía desobedecerlo y cuando estaban juntos, le recordaba constantemente, que no era realmente una buena persona, que no diera por hecho, que, en algún momento, no fuese tan inestable, como para hacer algo en su contra, por mucho que pudiese ver arder al reino, si eso significaba que estaría bien.

—Tu marido me dijo que no lo han hablado todavía, así que lo haré yo por él –la observó –él tiene que volver al castillo, por asuntos de la corte –informó –tu presencia ahí no es necesaria –aceptó.

—Comprendo –asintió la joven con una sonrisa triste reflejada en su rostro.

—Sin embargo, yo quiero que vuelvas al castillo –gruñó frustrado –Lily, no sé cómo sea esto para ti, realmente, pero, para mí, sin duda tener que esperar tanto tiempo, para venir aquí, sin levantar sospechas, y solo poder estar un par de días, simplemente no puedo tener lo suficiente de ti en tan poco tiempo.

—James –musitó asombrada.

—Edward dice, que no sería muy correcto que volvieras con él, comprendo a lo que se refiere, pero tanto Elizabeth, como el bebé, se parecen más a ti y a nuestro padre, que, a mí, no creo que nadie sospeche –acarició el rostro de la joven –pero le he dicho que voy a aceptar solo lo que salga de tu boca y nada más.

La joven sonrió, realmente tampoco se quedaba tranquila cada que él se iba, los días y los meses se acumulaban demasiado para que él pudiese volver, y esa presión en el pecho cada que lo tenía que dejar marchar nunca cesaba, hasta que él volvía, y aumentaba cada vez más, al marcharse, no podía más estar separada de él, y sobre todas las cosas, no quería estar lejos de James, querían que sus hijos estuvieran cerca de su padre, aunque no pudiesen saber que eran de él.

—¿Y bien? –Cuestionó.

Bajó la cabeza, suspiró antes de tener que contestar esa pregunta, lo observó, aquella mirada intensa que era tan común ver en sus ojos cada que estaban en contacto con ella provocó lo mismo que siempre provocaba, así que se puso de pie, y se subió a horcajadas sobre él, acarició su atractivo rostro, lo sujetó del cuello y se unió a él en un profundo beso, sin prisa, pero sí lleno de intensidad.

—Quiero estar donde tú estés, por siempre, James –afirmó –tener que verte marchar, es algo insoportable, quisiera sujetarme de tu caballo y seguirte hasta el fin de los días –admitió –y si me das la opción de tenerte cerca de nuevo, no voy a desaprovecharla –volvió a besarlo.

La sujetó de la cintura, hacía tres meses, había dado a luz a su hijo, y sin embargo, su cuerpo no había cambiado mucho a lo largo de sus tres partos, claro que no era la joven extremadamente delgada con piel perfecta y firme, los años y los hijos habían hecho lo suyo, y a pesar de eso, él la seguía encontrando completamente maravillosa, no había nada de ella que quisiera cambiarle, bueno, sí, su sangre, su familia, y hacer de ella alguien a quien pudiese desposar, sin poner en riesgo todo lo que había conseguido con sangre y guerra, era lo único, que cambiaría de ella.

—X—

El movimiento de las caderas de Lily era controlado, era demasiado tarde, como para permitirse ser escandalosa, no quería despertar a nadie, aunque "los sonidos extraños", eran bastante comunes en fechas en las que James iba a visitarlos, por su suerte, a veces se veían en un punto intermedio, en esas ocasiones, y a falta de su propio cuidado, había quedado en cinta de sus dos hijos posteriores a su matrimonio con Edward, así que nadie fuera de la finca sospecharía absolutamente nada sobre la legitimidad del apellido Lupin en ellos, sumado al hecho, de que no habían hecho participe a nadie ajeno a la familia del hombre, del hecho de que la princesa, había tenido descendencia.

Enterró las uñas en la espalda del rey, mientras alcanzaba su liberación, el humor de Lily había mejorado muchísimo después de esa charla, saber que ya no se separarían por mucho tiempo, sin duda la había hecho la mujer más feliz, no importaba cuanto tuviesen que pretender ser simplemente hermanos, ellos sabían que había algo más allá, de esas simples miradas, o esas simple caricias fraternales.

—Estás más relajada –murmuró el hombre, antes de besar la espalda de la joven.

—Saber que no vamos a separarnos por mucho tiempo esta vez, sin duda me hace muy feliz.

—Acepto, que, cuando te casaste con Lupin, tanto Lysander como yo, creímos que la convivencia haría efecto, siempre suelen decir que él no es un mal tipo, y que es un muy buen marido contigo.

—No pienso restarle méritos a Ted –aceptó, haciendo que el hombre frunciera el cejo, ante el apodo cariñoso que la joven le tenía a su marido –es un buen hombre, es cariñoso con los niños, conmigo, pero… no tengo esa clase de sentimientos por él –se giró un poco para volver a quedar frente a frente –no me siento con él, como me siento contigo –acarició su rostro –te amo, James –lo besó sin esperar a que él contestara, y es que bueno, él rey, jamás le había dicho qué clase de sentimientos tenía por ella, pero no lo necesitaba, quizás no la amaba como ella a él, pero sin duda tenía un poco de afecto hacia su persona, y lo demostraba cada que tenía oportunidad, favoreciéndola en cada capricho por pequeño que tenía, siempre y cuando, eso no fuese en contra de él o del reino.

—Es una pobre pena para tu marido –sonrió –después de todo este tiempo, sin duda sigue viéndote de esa manera, esperando que, en algún momento, te hartes de pecar en mi cama, y te redimas en la suya –elevó una ceja.

—No ocurrirá, jamás –inclinó la cabeza y sonrió apenada –definitivamente amarte de esta manera me llevará a arder en el infierno, pero tú y nuestros hijos, son todo lo que amo y ocupo en la vida.

—Eso lo dices ahora, porque todo está bien, Lily –la acercó a él –sé que puedes odiarme un poco por lo ocurrido hace doce años –la joven desvió la mirada –pero hay algo en lo que Elisheva coincide con Pansy, y es en esa estúpida profecía –le recordó –y tu deber, es proteger a esos niños, si tienes que odiarme, hazlo ¿está claro?

—Yo no…

—No interesa, el resto del mundo tiene que creer que lo haces, de esa manera estarán a salvo, y no hay nada que quiera más que su seguridad.

Aquellas palabras agitaron el corazón de Lily, no era un te amo literal, pero si era una expresión demasiado cercana, no solo la amaba a ella, sino a sus hijos, y recordó las palabras de Elisheva, sobre que no interesaba quien fuera la madre, James amaría a su descendencia por ser parte de él mismo, de su misma sangre.

—Nada va a pasarnos –aseguró, lo empujó para dejarlo recostado en la cama, y acurrucarse contra él –Elisheva y Pansy, no pueden asegurar algo así, la gente común te quiere, los nobles te quieren, saben que, sin ti, las cosas no podrían ser ni de poco, tan buenas para ellos.

—Es algo que no podemos asegurar, Lily, al menos hasta que esté en mi cama, en mi lecho de muerte, que esa profecía jamás se cumplió, e inclusive ahí, no podríamos asegurar que nadie me traicionó.

—No pasará, nadie jamás va a traicionarte.

—Simplemente, ya no pensemos en eso –cambió el tema al notar el tono de angustia de la mujer recostada en su pecho, y la forma en que su respiración se agitó en desesperación –duerme un poco, mejor.

La joven se negó al inicio a dormir, pero el agotamiento terminó por hacerla perderse en sus sueños, mientras que James, se quedó toda la noche despierto, cuidando el sueño de la pelirroja, que hubiese aceptado volver al castillo era algo que a él también lo tranquilizaba, podría estar más pendiente de ella y de sus hijos, el llevarla con él de vuelta, iba por algo más allá de simplemente el placer físico, tenía la clara convicción de que nadie en el mundo, podría cuidarla mejor que él, aprovecharía todo su poder, toda su influencia y capacidad, para asegurarse que mientras él viviera —y si era posible, aun después de que muriese—, ella y sus hijos estarían a salvo.

Si tenía que construir un mundo mejor, digno de ellos, lo haría, con sus propias manos, sin importar cuanto le tomara el proceso.

La mujer se removió un poco, una vez que la habitación se iluminó por completo, se incorporó asustada cuando se dio cuenta de que James no estaba a su lado, se tranquilizó al verlo de pie, observando a la nada a través de la ventana, desde la noche anterior, lo había sentido un poco extraño, incluso mientras la tomaba, pero no dijo nada, si él no quería compartir sus preocupaciones con ella, tenía que aceptarlo.

—Deberíamos vestirnos, e ir por un algo de comida –sugirió Lily –Elizabeth, estará preguntando por ti dentro de poco, te adora.

—En un momento más te alcanzo –comentó sin observarla o prestarle mucha atención.

Lily se puso de pie, se colocó el camisón y fue hasta él, lo abrazó desde atrás, y besó la espalda del hombre, que no hizo ni dijo nada, simplemente permaneció en silencio, así que no le quedó más que arreglarse y salir para reunirse con su esposo y el invitado de James.