Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
Lysander observó a la mujer recostada sobre la cama, sin duda era la criatura más hermosa que hubiese visto en toda su vida, y no lo decía solo por decirlo, había estado en muchos lugares a lo largo de su vida, había conocido muchas mujeres, doncellas, nobles, esclavas, pero desde que la vio, en aquella villa olvidada, sin duda alguna, sabía que había algo más en ella, de lo que a simple vista podría advertirse; la vida en la corte a través de estos años, había hecho un gran cambio en su vida, en su actitud, y sin duda su matrimonio había hecho más estragos que nadie.
Era leal al rey, pero no podía decir que del todo, después de todo, por culpa de James, Audrey era ahora una Scamander, la esposa de su hermano, Lorcan, un tipo, con el que, a pesar de haber compartido el vientre de su madre, distaba mucho de lo que Lysander era, solo compartían apariencia, porque ni la destreza, ni el honor o lealtad, desconocía de quién había sacado aquella locura, ya que ni su madre ni su padre la compartían con su hijo menor.
—¿Cuántas noches más te quedarás ahí mirándome dormir? –La voz suave de Audrey atrajo a la realidad al guardia, que terminó por acomodarse la capa en la armadura.
—Las que sean necesarias, en lo que Lorcan vuelve –admitió en un tono distante.
—Lysander…
—Aunque se lo pidiera al rey, sé que él lo permitiría, Audrey, pero Lorcan no se quedaría tan tranquilo como supones que lo hará.
—Le he dado un hijo varón…
—¿Le has dado? –Se burló – ¿No quieres decir mejor que le hemos dado un hijo al demente de mi hermano? –Sonrió divertido –al menos sirvió para que dejara de tocarte –se sentó en la cama, acariciando la mejilla de la rubia.
—Mentiría si te dijera que no me arrepiento de haberlo acusado frente al rey de lo que me hizo… hiciste –corrigió.
—Lo sé, yo era una persona diferente en ese momento –admitió –queriendo huir de todo, pero obligado a permanecer ahí.
—¿Tanto odias ser el jefe de la guardia real? –Cuestionó.
—Desde luego que no, era lo que tanto mi hermano y yo luchamos por conseguir, él bromeaba, diciendo que en cuanto James llegara al poder, como su mejor amigo, me daría el honor, así que tendríamos que lograrlo antes de que él fuese coronado.
—Pero eso no es verdad, todos a quienes les pregunté en la corte, han dicho que el rey te dio el título porque eres, después de él, el mejor guerrero.
—Lo sé, y Lorcan lo sabe, es solo que… él jamás pudo ser tan bueno en la espada, el arco o en cualquier cosa que involucrara ser parte de la guardia –negó –y ser el hermano mayor, encargado de cuidar cada uno de sus pasos, sin duda no era nada gratificante, siempre tenía que protegerlo del rey y su desprecio extraño por él.
—No puedo culparlo, cualquier persona que conozca a tu hermano, sin duda terminará odiándolo de manera natural.
—No soy la excepción –admitió en un tono apenado –si tan solo al matarlo, pudiese estar contigo, ten por seguro que lo hubiese hecho desde hace años, Audrey.
—Lo sé –aceptó en un tono tranquilo y le sonrió –al menos, nos tenemos el uno al otro en momentos así, has hecho de mi estadía en la corte algo bueno –se acercó más a él –eres el bálsamo que cura todas mis heridas.
—Sé que lo dices con la intención de mejorar mi ánimo, pero, para ser honestos, me agradaría no tener que ser bálsamo de nada, quisiera que fueras plenamente feliz y dichosa, quizás en una pequeña casa en aquella villa, con un marido que realmente te quiera y una hermosa familia, es lo mínimo que mereces.
—No importa lo que hagas, al destino no puedes engañarlo –negó –es un hecho, no importa lo que hagamos, lo diferente que actuemos, Lysander, mi destino era estar en este lugar, teniendo una vida desdichada, contigo o con tu hermano, o con alguien más.
—Yo no creo en el destino –informó Lysander, poniéndose de pie y yendo hasta la puerta –Lorcan regresa en unas horas, nos veremos por los pasillos del castillo.
—Cuida de ti, ¿bien?
—Mientras tú estés bien, yo lo estaré.
—Ya tendrías que marcharte, para alcanzar a su alteza en su visita con el duque.
—¿Qué? –Cuestionó confundido.
—Las sirvientas –aclaró –dijeron que su alteza y el invitado extranjero, irían a visitar a Lily, marcharon al alba, hace siete días.
—Maldición –gruñó Lysander –maldito seas, Takhon –bramó y salió sin más.
A Lysander le agradaba Alexander Takhon, pero algo en la inmediata simpatía que había despertado en James, no le era del todo de su agrado, hasta el momento, había demostrado ser más de confianza que Malfoy, eso no podía negarlo, sin embargo, y sin intención de juzgar los orígenes humildes del extranjero, que fuese un mercenario dispuesto a vender los secretos de su lugar de origen, no era del todo visto por él, ni por nadie.
—Vaya que eres un maldito inútil –lo empujó alguien mientras pasaba ensimismado por un pasillo –James, el rey –corrigió de inmediato –se ha marchado desde hace días con ese extraño, y tú, ¿fornicando con la esposa de tu hermano?
El brazo del jefe de la guardia empujó la mano del heredero Malfoy, cuando quiso sujetarlo para volver a empujarlo, a ese tipo, seguido se le olvidaba la jerarquía entre ellos, y es que era muy cierto, que al único al que no parecía desobedecer para nada, era al rey.
—Vuelve a hacer eso, y sin duda recibirás un castigo ejemplar; Malfoy, se te olvida que soy tu maldito superior –lo empujó, pero no lo tomó desprevenido.
—Estás muy tranquilo ¿no lo crees? –Se burló –el del castigo ejemplar, sería alguien más, si dijera descuidadamente, delante de la inútil reina consorte, que te acuestas con la esposa de tu hermano –le sonrió –dime ¿qué le hacen a las adulteras, jefe? –Se burló.
—Solo atrévete –lo retó –y te recuerdo, que podrás ser el hermano de la reina consorte, heredero de un reino –le restregó en la cara –pero el favor del rey es mío y solo mío –inclinó la cabeza –mejor ve, a seguir jugando que eres un maldito guardia, soldado, mientras puedas, porque serás echado de aquí, en cuanto tu padre sea más decrépito y no pueda ni siquiera cagar solo.
—Al final, podré estar jugando, pero iré a un reino y desposaré a quien yo quiera, mientras que tú, te conformas con fornicar a la esposa de tu hermano, el que sí puede desposar a alguien y tener una familia.
—Bueno –avanzó un paso hasta Malfoy –al menos yo sí puedo fornicar con la esposa de mi hermano, en cambio tú –sonrió –jamás en tu miserable vida de principito, podrás llegar a la cama del rey –se rió –lo más cerca que pudiste estar, ha sido en esa fiesta, y ni a cincuenta pasos cerca de él estuviste –negó –eres patético.
Scorpius jamás se había enfrentado a Lysander en ninguna pelea, ni entrenamiento, siempre había pensado que el lugar que ocupaba como jefe de la guardia real, era un mérito que había adquirido solo por ser el mejor amigo del rey, sin embargo, a pesar de la pesada armadura, pudo esquivarlo y someterlo sin siquiera agitarse un poco, era en ese momento, cuando realmente aceptaba, que la persona por debajo de las habilidades del rey, era sin duda su mano derecha, Lysander Scamander.
—Si no fuese un premio el alejarte de las faldas de tu hermana, te enviaría a las mazmorras del castillo, a fornicar toda zorra que hubiese en el reino, pero realmente, no mereces que te dé un poco de consideración, el lugar en el que estás, es el mejor infierno que pudiesen darte, y fui yo –le susurró en el oído –quien se lo sugirió a James, mientras estábamos sentados en el pasto, bebiendo vino –lo empujó –ahora regresa a tus obligaciones.
Dejó a su subordinado completamente furioso, interrogándolo sobre ¿Quién era el extraño que se había ido con James? Pero no se dignó ni siquiera gruñirle como respuesta, aquel altercado ni siquiera era digno de comentarse con el rey, mientras más pasara desapercibido para el monarca, mejor para el jefe de la guardia, con un poco de suerte, incluso ya se hubiese olvidado que la reina tenía un hermano.
Cabalgó sin descanso hasta las tierras de la princesa, sin duda odiaba cuando James no lo tomaba en cuenta, y eso pasaba siempre que Alexander estaba en el mismo lugar que el castaño, un viaje que le tomaría al menos una semana, le tomó dos días y medio.
Se bajó del caballo una vez que estuvo frente a la puerta del lugar, no se veía a James por ningún lado, ni siquiera a Alexander, así que frunció el cejo, suponía que, si habían vuelto, lo habrían hecho por otra ruta "para que Alexander conociera más del lugar".
—Ser Lysander –habló Lupin –su majestad no nos informó que vendría.
—Lo supongo –contestó en un tono neutro por ser Lupin, y no quien originó su enfado –pero, no se ve por aquí ¿regresó al castillo?
—Oh, no –negó divertido –pasó la mañana con Elizabeth, ahora fue con la princesa a dar un paseo.
—Ya veo –se aclaró la garganta.
El dar un paseo, sin duda era que habían ido a aprovechar la soledad del bosque para fornicar, lo cual, era un poco triste, que Lupin se quedara ahí, sin hacer nada al saber que su esposa estaba involucrada de aquella manera, con el rey.
—LHR—
Las manos de James estaban sujetando de manera firme las caderas de su hermana, que estaba sobre él, cabalgándolo de una forma frenética, cosa que, para ser honestos, le agradaba en demasía, a pesar de los años, ella seguía sintiéndose complacida con él, su interior seguía siendo acogedor, sentirse dentro de ella era una sensación que no cambiaría ni siquiera por la de la guerra, la jaló del largo cabello, para besar su cuello sin interferencia, la sujetó del trasero, para adentrarse más en ella, que detuvo el movimiento completamente complacida de albergarlo más en ella.
Haber ido a aquella pequeña cabaña había sido una gran idea del rey, podían estar de esa manera de forma libre, sin que ella tuviese que contener sus gemidos de placer por todo lo que su hermano le hacía sentir y provocaba, la intimidad era algo en lo que nunca había pensado antes de James, y algo que no recurría a su mente mientras él no estaba, pero, cuando el castaño estaba cerca, o venía a su mente, el pensamiento de aquellos momentos de pasión la desbordaban por completo.
—No muevas tanto las caderas, no así –murmuró James –o sin duda voy a dejarte preñada otra vez, y es muy pronto para eso –admitió.
—Realmente no importa quedar preñada de nueva cuenta –gimió Lily –volviendo a moverse sobre el regazo de su hermano –hace tanto tiempo que no estamos así –lo besó.
—Tengo días aquí –le recordó –no me iré al menos hasta que el inútil de Lysander llegue.
—Entonces, ojalá ser Lysander tarde en llegar –sonrió –quiero estar contigo de esta forma, tanto como sea posible, sin importar que me preñes otra vez.
—No decías lo mismo antes –ella frunció el ceño –sobre dejarte preñada, me refiero.
—Cada hijo que me das, es una parte de ti, que nadie podrá quitarme jamás –aceptó.
Sin duda Lily había desinhibido esa parte de ella, suponía que eran sus celos, ya que, al volver al castillo, sus encuentros carnales se reducirían un poco a lo que eran en su propiedad, y tendría que soportar la presencia de Druella, fingiendo que su vida íntima con el rey era prolífera, aunque no fuese así.
Que la princesa pelirroja, estuviera al tanto, que, en doce años, James jamás había tocado a la reina, de la manera en que ahora lo estaba haciendo con ella, no le dejaba nada tranquila, ¿y qué tal si era una mentira para que no se sintiera mal, por tener que compartirlo?
La liberación alcanzó a Lily más pronto de lo que normalmente la obtenía, provocando una risa burlona de su hermano, que, en un movimiento rápido, pero delicado, la dejó debajo de su cuerpo, la sujetó de la cadera, adentrándose de nuevo en ella de una estocada, haciendo que su espalda se arqueara de placer, se unió a ella en un beso, mientras sus caderas se movían con entusiasmo, empujándose en ella tanto como era posible, sus manos jugaron con los pechos —que habían incrementado su tamaño a causa de cada hijo—, que seguían suaves y majestuosos —al menos para él—.
El rey se recostó junto a Lily, una vez que dejó su semilla en el interior de la joven, que se giró hasta él, para observarlo, sin duda le parecía el hombre más guapo que hubiese conocido, y aunque no conociera todo el reino, y las nuevas tierras, creía fielmente, que lo era, no por nada, la reina consorte, se había encaprichado con él, y el resto de la gente, se admiraba cada que lo veía, era algo a lo que no podías acostumbrarte, o al menos eso pensaba la joven mujer.
—Quiero que tú y Lupin regresen primero al castillo –comunicó –no digo que se irán hoy mismo o mañana, será dentro de unos días –la tranquilizó –no voy a mentirte, también quiero estar contigo, Elizabeth y… –se detuvo haciendo una mueca –comienzo a creer que nombrar al niño James, no sería una buena idea ¿por qué no lo llamas como tu suegro?
—¡De ninguna manera!
La joven se incorporó, con el ceño fruncido, las mejillas rojas de la idea de nombrar a su hijo, con el nombre del padre de un hombre que no amaba, y que no era el progenitor del pequeño, le parecía una cosa espantosa.
—Puedes indignarte todo lo que quieras, pero te recuerdo, que lo que intentamos, es hacer pasar a nuestros hijos, como los de Lupin, llevan su apellido ¿lo recuerdas?
—James, por favor…
—Lo prefiero de esa manera, Lily, no pienses en cómo voy a sentirme por ello, es un simple nombre –dijo sin importancia.
—Remus James –lo observó sobre su hombro.
—Lily…
—Entonces lo nombraré como nuestro padre, Harry Remus, o Remus Harry, no me interesa el orden –soltó tan autoritaria como jamás hubiese sido antes.
James no pudo evitar soltar una risa divertida, era cierto cuando le dijeron, que las mujeres eran las peores fieras, cuando de sus hijos se trataban ¿y cómo no? Si habían sido ellas quienes habían cargado con ellos nueve meses, eran sangre de su sangre, eran parte de sus entrañas.
—Háblalo con tu marido –dijo como último.
—No, no me hagas esto –suplicó –él quería nombrarlo desde el principio –confesó –como si fuese suyo, como si ese niño fuese de su sangre, y no, él no tiene derecho alguno sobre él, no quiero, no puede tener el nombre de ellos.
—No puedes nombrarlo James –dijo como último –Druella lo tomará como una ofensa, y ha adquirido cierto poder en la corte –le recordó –no dejará pasar un insulto así, ningún Malfoy lo haría –aceptó –así que, si quieres que ese niño viva mucho tiempo, sea sano, y próspero, te aconsejo que entonces encuentres un nombre no tan repugnante, para ti.
—Su nombre será Harry –lo observó.
El castaño puso mala cara ante el hecho, que llamara a su hijo Harry no le agradaba, pero era más lógico que lo llamara así, que James ¿por qué otro motivo lo nombraría como su tío? Sin duda sería como restregarle a la desquiciada Druella, que había nombrado al niño, para conseguir favores, y porque aseguraban que sería en próximo heredero al trono.
Que lo era, pero no quería que fuese tan obvio para el resto, aún quedaban "posibilidades" de que la reina pudiese servir de algo más que tragar, cagar y respirar, y pudiese bendecir al reino, con un primogénito varón, fuerte y próspero que supiera llevar bien el reino, o de otra manera, que pudiese preñar a una amante para dar un heredero; cualquier manera, tenía que pensar como calmar esa preocupación.
—Cuando regresemos con los demás, hablaré primero con tu marido, después tú puedes darle la orden de que el niño se llamará Harry –informó.
—Gracias –musitó dolida.
—Entiende esto –habló, incorporándose en un movimiento ágil, sujetándola de las mejillas –no importa cuánto deseemos que lleve mi nombre, no puede llevarlo, tenemos que protegerlos –pegó su frente con la de ella –por favor, Lily, no hagas esto difícil para ellos, no me importa mi destino, mientras el de ellos sea seguro.
—Lo nombraré Remus –aceptó.
El hecho de que James estuviese prefiriendo la seguridad de sus hijos, que su ego, de que su primer hijo varón llevase su nombre, era una clara muestra de que realmente lo hacía pensando en ellos, no en él y su reputación, quizás, si realmente no fuese su hijo, no hubiese tenido problemas porque lo llamara así, pero no podía saberlo realmente.
—X—
Los hermanos sonrieron cuando se escuchó la voz alegre de Elizabeth llamando al rey, habían pasado una semana y media en medio del bosque, en total tranquilidad para poder estar juntos sin pensar en nada más que no fuese ellos, nadie los veía de manera extrañada de que hubiesen pasado tanto tiempo alejados de los demás, si los juzgaban o no, era demasiado en secreto, como para que se enteraran de los chismes por otros empleados.
—¡Alteza! –chilló alegre la niña –padre me ha dicho que volvería pronto, no le había creído, ¿podemos jugar un poco?
—No lo sé, ¿tu madre nos ha dado permiso para jugar?
Los dos giraron hasta la mujer, el gesto había sido demasiado idéntico, cosa que le causó una sonrisa encantadora a la pelirroja, podían mentir todo lo que quisieran, pero las similitudes de padre e hija estaban ahí, tan palpables, pero la pequeña Elizabeth, era demasiado joven, para saber del todo, el carácter de cuál de sus padres había heredado, así que aún podían tener un poco de tiempo para ocultarlo mejor.
