"¿Por qué no me lo dijiste antes?" Preguntó Ran con el ceño fruncido. "¿Cómo crees que me siento después de haberme enterado por los medios?"
"Lo siento, sé que es de cobarde, pero es que no sabía como decírtelo." Habló con la mirada baja. "No ha sido cosa mía, por eso quería verte en persona y explicártelo. Mis padres…ellos…"
"¿Y de qué sirve que me lo expliques si te vas a casar con otra mujer?" Preguntó sintiendo que le entraban las ganas de llorar, apretó los puños y se mordió el labio para frenarlas, no quería darle el privilegio de verle hacerlo. "Da igual, déjalo. Después de todo, solo somos mejores amigos que se acuestan cuando les apetece ¿no?"
"No digas eso." Frunció el ceño agarrándola de los hombros con nerviosismo. "Eres mucho más que eso para mí y lo sabes, Ran. Estos cinco años no van a significar nada en comparación del tiempo que paso estando contigo. Cuando acabe, volveremos a estar juntos, para siempre."
"¿De verdad?" Preguntó con demasiadas dudas. "Es que me da la sensación de que siempre estamos en el mismo escalón, y la mayoría de las veces me la paso esperándote…no sé si esta vez voy a querer hacerlo. Es agotador, para los dos."
Shinichi sintió una punzada de dolor en el pecho en el momento en que notó que podía perderla, como si una repentina desesperación se apoderase de él y le diese el impulso de besarla, intentando hacerla callar para que recordase lo que sentían. Intentando retenerla de todas las maneras que se imaginaba.
"Shinichi..."
"Ran , por favor, no me dejes a un lado." Suplicó cuando se separaron. "Yo estoy aquí, siempre estoy aquí."
Ella quería poner punto y final y marcharse de ahí para empezar una vida más sana, pero le miraba y cualquier mal parecía poco. No recordaba un momento en el que él no estuviese ahí, como amistad o incluso como amante en su primer beso o compartiendo su primera vez. Nunca lo querría lejos, aunque admitía que esa situación era una mierda y que estaba cansada de no sentir que era la prioridad que quería ser.
"Odio esto." Contestó secando la lágrima que se le había escapado.
"Confía en mí, esto acabará." Dijo él apretando sus manos con cariño.
Cogieron un par de latas de café de una de las máquinas del parque cuando las temperaturas bajaron un poco y se sentaron en un banco a hablar con más calma.
"Entonces, ¿Has ido con Heiji a buscar tu traje para la ceremonia?" Preguntó Ran intentando imaginárselo en su propia boda.
"Puede decirse, aunque he acabado comprando el primer traje que me he probado." Explicó recordando lo rápido que había sido esa compra.
"Estoy segura de que estarás guapísimo."
Shinichi vio que ella se acercaba con ganas de besarle y se alejaba frunciendo el ceño. Él no se lo pensó tanto y acortó la distancia para besarla, no quería que pensase que esto era un fin para su historia. Aunque no lo haya hablado con Miyano, ella sabía que él tenía a alguien. No podía obligarle a no ver a Ran cuando ninguno de los dos sentía nada bueno por el otro, después de todo, a él no le molestaba si hacía lo mismo por su cuenta. Solo quería que el tiempo pasase rápido.
"¿Quieres venir a casa?" Preguntó recordando que habían pasado unas semanas que no se reunían con tranquilidad. "Podemos pedir comida india y ver una película pastelosa de esas que te gustan tanto." Propuso entrelazando su mano con la suya a la vez que contemplaba la sonrisa que ahora adornaba su cara.
"Debería decir que estoy molesta y que prefiero que me lleves a casa...pero en realidad, me parece una buena idea." Contestó Ran esbozando una pequeña sonrisa.
La llevó hasta su coche y condujo hasta su casa mientras ella hacía el pedido por teléfono y lo miraba de reojo desde el asiento copiloto.
Shinichi se dio una ducha al llegar y se quedó con los pantalones que utilizaba para dormir. A Ran siempre le sonrojaba ver su torso y a él siempre le había gustado tentarla.
"¿Ya ha llegado la comida?" Preguntó al ver que la mesa estaba puesta.
"Ha llegado hace cinco minutos, sentémonos a comer antes de que se enfríe." Sonrió cogiendo la botella de agua para llenar los vasos.
"Espera." La frenó dirigiéndose a la vitrina que tenía en el salón. "¿Quieres vino?"
Ella se sorprendió, nunca le había gustado mucho el vino, solo brindaba en ocasiones especiales como lo hacía con el champán, pero esta vez aceptó y volvió a dejar la botella sobre la mesa mientras él acercaba dos copas y las llenaba.
Brindaron antes de empezar a comer y ella sintió una sensación cálida en el pecho. Shinichi estaba contento, tener un día tranquilo dentro de estas semanas de infiernos, era todo un privilegio, y solo había mejorado con la buena compañía que tenía a su lado.
La ayudó a recoger la mesa antes de acomodarse en el sofá y cogió su teléfono de la mesita al ver demasiadas luces en la pantalla.
"Lo he olvidado, te han llamado un par de veces mientras estabas en la ducha." Comentó Ran sentándose a su lado con una taza de té. "Lo siento, justo después ha llegado la comida y como nos hemos puesto a cenar se me ha olvidado decírtelo."
"No pasa nada, es mi padre. Como siempre." Comentó suspirando. También tenía unos cuantos mensajes que no tenía intención de abrir. Esa noche era para darse un respiro, así que cualquier llamada o mensaje, podía esperar hasta la mañana siguiente. "Se ha hecho tarde, mañana lo llamaré." Se excusó para que ella no se preocupase.
Ran frunció el ceño, pero él no le dio tiempo a que pudiese hablar, se acercó a besarla, aprovechando la intimidad que habían conseguido tener para profundizar el beso y acomodarla en el sofá. Ella le tocó el torso y gimió cuando él besó su cuello. Su camisa con botones era un obstáculo que Shinichi quería hacer desparecer.
El momento se caldeó con mucha rapidez, pero las interrupciones volvieron cuando el timbre de la casa empezó a sonar una y otra vez.
"¿No vas a abrir?" Preguntó Ran al ver que él seguía con intenciones de desprenderse de su camisa.
"Estamos ocupados." Contestó besando su pecho sobre el sujetador. "Se marcharán."
Ran se mordió el labio con el ceño fruncido, quería insistir, pero Shinichi hacía que su mente se volviese en blanco con demasiada rapidez y acabó enredando una mano en su pelo mientras trataba de no embriagarse con su calidez.
"¡Shinichi! ¡Abre la puerta!" Se escuchó desde la entrada. "¡Sé que estás en casa!"
Esta vez los dos se tensaron y sus manos pararon.
"Es tu madre." Dijo Ran abriendo los ojos como platos, levantándose del sofá casi de un salto para empezar a vestirse con nerviosismo.
Shinichi resopló y se despeinó el pelo molesto por la interrupción. "¿Por qué son siempre tan inoportunos?" Preguntó con el ceño fruncido mientras se dirigía a la puerta principal.
"¿Se puede saber por que no contestas a nuestras llamadas?" Preguntó Yukiko nada más abrir la puerta.
"Mamá, soy un hombre adulto, es tarde y tengo una vida propia. Por si no lo sabéis, hay algo llamado privacidad." Comentó con los dientes apretados.
"Pero es importante, no puedes ignorar las llamadas de tus padres." Protestó Yukiko cruzando los brazos.
"Siempre es importante." Contestó Shinichi rodando los ojos.
"¿Podemos hablar dentro?" Intervino Yusaku con la cara más seria.
"¿Podemos hablar aquí?" Preguntó Shinichi de vuelta entrecerrando la puerta dando a entender que no lo veía buena idea, percatándose en ese momento que la pelirroja también había venido con ellos. Se mantenía al margen, apoyada en el coche en el que ellos habían venido con los brazos cruzados y el rostro despreocupado. "¿Ella también tenía que venir?"
Yusaku se puso serio y dio un paso adelante para abrir la puerta y entrar en la que, hacía años, era su casa. Shinichi gruñó y se quedó parado en el pasillo, no le hacía gracia que pasasen al interior de la casa, pero no podía negarle la entrada al propietario de la propiedad.
"Sé que te gusta hacer tu vida por tu cuenta y que eres una persona independiente, pero no hubiésemos venido hasta aquí si te hubieses dignado a contestar a las llamadas o a los mensajes." Comentó Yusaku haciéndole una señal a la pelirroja para que también entrase.
"Entonces, ¿Qué queréis?" Preguntó Shinichi esperando que se tratase de una visita rápida.
Shiho cruzó la puerta principal y bajó la mirada observando el bolso de mujer colgado en el perchero y los zapatos de tacón bajo que había bien colocados en la entradita. Los Kudos seguían con la mirada fija en su hijo, pero ella, podía intuir la escena tenía montada ese chico al otro lado de las paredes y no se había sentido más incómoda y estúpida en su vida.
"Después de la fiesta de compromiso, los medios han filtrado la dirección de Miyano y se ha vuelto demasiado concurrido y poco seguro para ella quedarse en ese apartamento con tanta gente y periodista pendiente de ella." Empezó a explicar Yusaku. Shinichi alzó una ceja poco contento por como se encaminaba la conversación y Yukiko se puso delante de su marido para tomar el control de la conversación.
"La ceremonia es el mes que viene, así que hemos pensado que sería buena idea que empezaseis a convivir juntos para conoceros algo mejor." Comentó con un tono suave.
"Me niego. No necesito conocerla mejor y esto no estaba dentro de las condiciones que hablamos." Protestó con el ceño fruncido. "¿No puedo vivir tranquilo estás pocas semanas que me quedan? ¿Por qué me queréis castigar de esta manera?"
"Esto no es un castigo y tampoco es un juego, Shinichi." Intervino Yusaku. "Te lo juegas todo, incluso el techo de esta misma casa." Dijo intentando hacerle ver la realidad de la situación.
Shinichi apretó los labios tragándose las palabras que deseaba escupir y se acercó a la pelirroja para coger la pequeña bolsa que cargaba en un hombro. "Las habitaciones están en el piso de arriba." No quería discutir y quería que sus padres se marchasen ya, así que se despidió de ellos y subió escaleras arriba esperando que ella le siguiese. "Hay dos habitaciones principales, la mía y la de mis padres. Las otras dos habitaciones, son para los invitados." Explicó señalando cada puerta. "Mi habitación es la más grande, pero puedes quedarte en la de mis padres."
"No hace falta, me quedaré aquí." Dijo ella abriendo una de las habitaciones para invitados. El no se veía contento, pero ella tampoco se sentía nada cómoda usurpando esa casa.
Él entró tras ella y dejó su bolso sobre su cama. "El baño está a final del pasillo y si necesitas algo puedes cogerlo de la habitación de mis padres o lo que sea." Dijo al ver que traía pocas pertenencias.
"Estoy bien." Contestó abriendo el armario para poner sus cosas. "Yo tampoco quería venir aquí, les dije a tus padres que me quedaría unos días en una habitación de hotel, pero no les pareció buena idea, y luego tu madre insistió en que ayudaría mejor a entendernos si estábamos juntos."
"¡Cállate! ¡Jamás entendería a una criminal como tú!" Alzó la voz sintiendo que ya había llegado a su tope, podía tolerarla, pero no pretendía ser su amigo. "Si no hubieses aceptado esta mierda, mis padres no me hubiesen arrastrado a mí a esto."
La puerta chirrió haciendo que ellos se girasen a esa dirección. Ran frunció el ceño al sentirse pillada y abrió la puerta esperando entender la situación.
"Ran." Casi se le olvida de que estaba esperándolo en el salón.
"He visto a tus padres marcharse y..."
La incomodidad se había instalado en la habitación, mirándose entre los tres sin decir nada.
Shinichi aflojó los puños cerrados y respiró hondo antes de cortar el silencio y mirar a Ran. "Ella es Shiho Miyano, mis padres han decidido que se va a quedar aquí a partir de hoy."
La pelirroja notó la incomodidad de la morena así que dejó lo que estaba haciendo para acercarse a ella y estrechar su mano. "Encantada."
Shinichi se sintió incomodo al estar con las dos en la misma habitación y el silencio se empezó a volver algo tenso y pesado.
"No hace falta que os cortéis porque esté aquí." Dijo la pelirroja mirando a Shinichi. "Mientras cumplas con el pacto puedes hacer lo que quieras. No voy a juzgar lo que hagáis."
Ran y Shinichi se sonrojaron.
"Yo...creo que será mejor que me vaya a casa." Respondió Ran sintiendo que sobraba.
"Ran, espera."
"Es mejor que nos veamos otro día. No creo que deba quedarme, Shinichi. Imagino que tendréis cosas que hablar." Comentó sonriéndole con amabilidad.
Shinichi no quería que se marchase, pero sabía que era lo más adecuado en ese momento. Tenía que enseñarle la casa y sería demasiado incómodo pasar la noche con Ran la primera noche de Miyano ahí.
"Parece ser que la fiesta ha acabado." Dijo ella cuando volvieron a quedarse solos. "Ya entiendo por que te gusta esa chica, es muy guapa y amable." Comentó haciendo que se sonrojase.
Shinichi asintió, pero no se sentía cómodo de hablar de Ran con ella, básicamente no se sentía cómodo hablando de nada con ella. Frunció el ceño y suspiró esperando que como mínimo aprendiesen a convivir juntos. "¿Has cenado?"
"No tengo hambre. Puedes ir tras tu novia y continuar con lo que estabas haciendo, yo iré a descansar." Dijo dándole la espalda para buscar su pijama entre sus cosas.
Él apretó los puños molesto y chistó los dientes antes de marcharse de la habitación, dejándola sola para volver a la planta baja. Sabía que como marido y mujer deberían vivir juntos, pero no esperaba que fuese todo tan repentino. Tenía esperanzas de poder pasar alguna noche más con Ran como la que esperaba tener hacía menos de una hora, pero sus planes no hacían más que torcerse últimamente. Cuando bajó las escaleras, se quedó unos segundos mirando hacia la entrada, debatiendo interiormente en si debía o no salir a despejarse un poco, quería ir tras ella e intentar hacerla cambiar de opinión, pero no creía que fuese buena idea así que al final decidió cambiar el rumbo a la biblioteca, buscó un libro entre sus favoritos e intentó olvidarse de ese nuevo problema con un poco de lectura y la comodidad de su butaca. La lectura siempre ayudaba a organizar sus pensamientos, y sin darse ni cuenta, se quedó dormido cuando prácticamente estaba por acabar el libro.
Protestó del dolor de espalda cuando se despertó y se apartó el libro de la cara antes de bostezar y levantarse para estirar los músculos. El sol ya atravesaba los ventanales de la biblioteca, pero no imaginaba que fuese muy tarde, los rayos no picaban con fuerza y la luz todavía se veía pálida y algo rosada. Salió de la biblioteca y volvió al piso de arriba para dirigirse a la ducha deseando quitarse el sueño que todavía arrastraban sus ojos. Abrió el grifo del agua fría con la cabeza agachada y dejó que el agua fría hiciese su trabajo. Las ganas de café lo llevaron a la cocina después de vestirse, y minutos después, toda ella olía a café.
Se sirvió una taza y se sentó en un taburete para leer el periódico hasta que el ruido de unos pasos le hicieron alzar la cabeza, su primera reacción fue dar un pequeño salto de sorpresa al encontrársela cruzando la cocina, intentando esconderse segundos después tras el periódico.
"Buenos días." Dijo ella con los ojos cansados y el pelo algo despeinado.
"Bu-buenos días." Contestó recordando rápido que ahora vivía con él. "Las tazas están en el estante de arriba. El café está recién hecho."
Ella asintió poniéndose de puntillas para alcanzar una de las tazas y se acercó a la cafetera para llenarla de café. Él se sorprendió al ver la cantidad de café que se ponía y el poco azúcar que añadía y se sonrojó un poco al percatarse de que todavía iba en pijama. Sabía que esas cosas cotidianas eran cosas a las que debía acostumbrarse, pero después de todo, no estaba acostumbrado a ninguna otra mujer que no fuese Ran o su madre.
Después de años de soles en esa casa, había llegado una luna.
Shinichi pretendió seguir leyendo el periódico mientras la miraba beberse el café de reojo y sonrió brevemente al pensar que las personas frías y retorcidas como ella también parecían disfrutar del café. No es que no la considerase humana, simplemente no tenía la apariencia de científica loca que todo el mundo puede imaginar en su cabeza. Y era muy joven para el currículum que cargaba.
Ella se giró para enfrentar su mirada después de dejar la taza sobre la encimera y él apartó la mirada al sentirse pillado. Recordó el consejo de Heiji de intentar tener una conversación con ella, pero aunque tomase esa opción, no sabía que decirle, la noche anterior le había chillado y el silencio todavía era demasiado incómodo entre ellos.
A simple vista, parecía una mujer como cualquier otra, atractiva, trabajadora, reservada… pero él conocía las páginas negras de su pasado, y ver ese anillo brillante en su dedo corazón, le hacía ponerse nervioso y que se le revolviese el estómago. "¿Has dormido bien?" Preguntó sin saber que más decir, sintiéndose estúpido por lo tonto que sonaba.
Ella se limitó a asentir, pero sus ojeras oscuras no le decían lo mismo. Imaginó que podía sentirse como una extraña en ese lugar, pero esto no era más que un acuerdo, ambos habían aceptado cumplir su parte y pasar por esto les gustase o no.
"¿Vas a salir o algo?" Preguntó Shinichi al ver que ella también se había levantado pronto para ser fin de semana.
Miyano, sin embargo, negó con la cabeza y la inclinó hacia abajo para oler el café antes de darle otro sorbo, otra vez con menos que pocas palabras.
"¿Te apetece hacer algo?" Preguntó Kudo sin saber bien porque lo proponía, entrándole ganas de morderse la lengua para callarse de una vez y dejar de decir cosas que no quería decir ni hacer.
Ella alzó una ceja confusa dejando la taza sobre la encimera. "Puedes ir a pasar el día con tu novia, no te preocupes por mí."
Él resopló y rodó los ojos, no entendía por que pretendía ser agradable con ella. "A mí tampoco es que me fascine la idea, pero creo que al menos nos ayudaría a no estar tan incómodos el uno con el otro." Comentó algo sonrojado al escuchar que llamaba a Ran con la etiqueta de novia.
"Pensaba que no querías saber nada de criminales."
Shinichi se mordió la lengua al recordar su comentario y resopló negando con la cabeza. "No sé para que lo intento." Dijo ignorándola para volver a su lectura. "Eres tan borde como imaginaba, ¿lo sabías?"
"Y tú eres tan egocéntrico como dicen." Contraatacó ella afinando la mirada.
"Venga ya, ¿nos vamos a pasar cinco años tirándonos los muebles por la cabeza?" Preguntó Shinichi dejando el periódico a un lado para volver a enfrentarla con la mirada.
"Mira Kudo, yo no quiero más problemas." Contestó al ver que volvía a alterarse. "No te lo tomes a pecho, no quiero hacerte perder el tiempo ni que te veas obligado a fingir frente a mí, simplemente creo que preferirías pasar este tiempo con otra persona."
"No somos la compañía perfecta del otro, pero es la única que tenemos ahora." Respondió manteniendo su propuesta.
"Está bien..Salgamos." Contestó ella con cierta indiferencia a la vez que sacudía los hombros.
No tenía ni idea a donde ir ni a donde se suponía que debía llevarla. No conocía sus gustos, ni sus aficiones, y si fuese por él, se hubiese tomado el día para descansar o devorar otro libro en la tranquilidad de su despacho, pero no quería tener la obligación de evitarla cada vez que pisaba su propia casa y también se sentía algo culpable de haberla despreciado de esa manera la noche anterior.
Condujo por la ciudad sin destino en mente y se alegró cuando ella subió el volumen de la música, no sabía si era por que le gustaba la canción que sonaba o porque quería ahorrarse otra conversación con él, pero Shinichi estaba aliviado de no tener la necesidad ni obligación de hablar.
Finalmente se decantó por aparcar cerca de la costa y optar por un paseo tranquilo por el paseo marítimo. Llevaban días llenos de mucha presión e imaginaba que a los dos les iría bien un simple paseo con algo de aire fresco. Al menos él sí lo necesitaba, y por la reacción de alivio que vio en ella cuando bajó del coche, supuso que no había tomado una mala decisión.
Pasearon uno al lado del otro manteniendo el silencio que arrastraban desde el coche, pero esta vez no se notaban tan incómodos como en su casa. Aun no había llegado el invierno, pero la brisa marina era fresca y se había despertado esa mañana con cierta fuerza. Miyano paró el paso para recoger el segundo café del día y Shinichi se sorprendió al ver que parecía más adicta a la cafeína que él.
"¿Qué pasa?" Preguntó ella mirándole con una ceja alzada al notar su mirada fija en ella.
Shinichi rodó los ojos antes de señalar a su café. "No me extraña que tus ojeras no desparezcan, creo que bebes demasiado café." Dijo recordando lo cargados que se los hacía y el poco azúcar que echaba.
Ella apartó la mirada un poco incómoda y lo ignoró dándole otro sorbo al café.
"Deberías reducir el consumo de cafeína si quieres dormir mejor." Le aconsejó.
"No te he pedido consejo." Contestó ella acabando lo que quedaba de café de un trago.
"Está bien." Dijo alzando las manos para que no le atacase. "En casa hay todo el café que necesites, solo espero que no acabemos peleándonos por él." Se atrevió a bromear.
Miyano rodó los ojos y reanudó el paso después de tirar el vaso a la basura.
"¿Qué pasa contigo? Parece que siempre estás a la defensiva." Comentó Shinichi caminando a su lado. "No tienes porqué estarlo, no vamos a ser un par de enamorados, pero tampoco pretendo ser tu enemigo...Siento lo que dije anoche, ¿vale?" Se disculpó con la boca pequeña.
"No hace falta que te disculpes, no me tomo enserio tus berrinches." Contestó con su mismo tono.
"¿Ves? a eso me refiero." Dijo al ver que volvía a sus contestaciones. "Tú también podrías intentar ser más agradable, ya sabes, yo me esfuerzo, tú te esfuerzas."
"Entonces, ¿quieres conseguir mi amistad para vivir más tranquilo estos cinco años?"
"Quiero que seamos compañeros o socios si te suena mejor." Especificó. Lo había pensado mucho, pero no encontraba otra palabra y amistad no encajaba mucho en todo eso.
"Socios, claro. Lo que tú quieras." Respondió antes de seguir andando en silencio.
La siguiente parada la hizo Shinichi, cautivado por el buen olor que emitía un puesto callejero de dulces. Se acercó para comprar una porción para cada uno y le propuso sentarse al filo de la playa para comer.
"Creo que nunca he probado esto." Comentó ella observando el dulce con cierta duda.
"¿Cómo que no?" Preguntó sorprendido después de darle su primer bocado al suyo. "Podría decir casi con toda seguridad de que es mi dulce favorito de cuando era niño. Recuerdo que cuando era pequeño intentaba convencer a mis padres para que me compraran un poco cada vez que salíamos a pasear."
"Supongo que eras un niño mimado…ser el hijo único de una buena familia tiene que tener sus ventajas." Contestó con una sonrisa burlona.
"No era un mimado, tenía mis recompensas por mis buenas calificaciones y comportamiento." Explicó defendiéndose. "¿Tú siempre has sido tan vil?" Preguntó contraatacando.
"Discúlpeme señor detective, no conocí a mis padres para que me enseñasen mucho sobre educación y valores, y al final, acabé pasando mi infancia en Estados Unidos, así que, supongo que fue algo diferente a la tuya. Las culturas son opuestas y mi propósito ahí solo era estudiar." Comentó sin dejar de mirar el pedazo de comida que tenía en las manos. "Aunque supongo que ya sabes todo eso." No le gustaban los recuerdos que pasaban por su mente, la gente siempre acostumbraba a recordar la niñez con añoranza y cariño, pero a ella se le erizaba la piel por otros motivos.
"Pruébalo, que no seas una niña no significa que no puedas probar cosas nuevas o disfrutar algo por primera vez." Comentó acabándose su porción mientas miraba el océano.
Ella le miró con sorpresa y se comió el dulce mientras miraban el recorrido de las olas. Sentían la salitre pegarse en sus caras, pero no les importaba, era agradable quedarse mirando la profundidad del azul mientras las gaviotas revoloteaban y graznaban a su alrededor. El frío del otoño hacía que la playa se encontrase prácticamente desierta, podían ver una pareja paseando a un perro cerca de ellos y un padre con su hijo intentando hacer volar una cometa al otro lado, pero la playa era demasiado grande para esas seis personas.
"Me alegro que te haya gustado." Comentó Shinichi observando que finalmente se lo había acabado.
"No estaba mal." Contestó con su típica indiferencia. "Supongo que al final ha sido buena idea querer salir de casa." Comentó cerrando los ojos al notar que una de las nubes se despejaba para dejar pasar unos rayos de sol.
Él asintió observándola, y por un momento, sintió pena por ella. Sabía que la vida ponía obstáculos difíciles de sobrepasar y que es capaz de golpearnos hasta hundirnos, pero hizo desaparecer ese sentimiento después de recordar todas las vidas que esa organización había robado. Ella había nacido ahí, claro que lo sabía, pero en un momento u otro uno siempre tiene el poder de la elección, y ella no parecía haber elegido muy bien a lo largo de su vida.
Su tristeza era su karma, y la de él, era tener la obligación de vivir y pretender amar a una mujer que tenía las manos manchadas de sangre. Shinichi suspiró mientras pensaba en como la había podido cagar tanto en otra vida para merecer algo así en esta, pero el recordarse continuamente que era algo temporal, siempre conseguía aliviarle.
"Lo que os dije ayer, iba en serio." Comentó ella todavía sin abrir los ojos.
"¿A qué te refieres?" Preguntó mirándola confundido.
"Sobre tu chica." Especificó abriendo los ojos lentamente para mirarle. "Nosotros solo vamos a firmar un papel y que esta relación tenga que ser romántica para el público, no significa que tengas la obligación de acostarte conmigo o ser cariñoso. Puedes hacer lo que quieras, pero mantén un límite y no llames la atención." Explicó. "Hay cosas a las que no podemos sobrepasarnos, recuerda los medios de comunicación y los compromisos que vamos a tener."
"Lo entiendo." Contestó aliviado de oír sus palabras, no pretendía ser un marido infiel, ni siquiera sabía como iban a seguir las cosas con Ran desde ahora, pero si algo tenía claro, era que no iba a expulsar a Ran de su vida. Había sido Miyano quien había aparecido para interponerse entre ellos, y aunque el pacto siempre estuviese ahí, ella era consiente de a quien pertenecía su corazón. "La verdad es que no sé como va a ir todo esto."
"Son solo mil ochocientos veinticinco días." Comentó ella. "Sobreviviremos."
Shinichi rodó los ojos frente a la cifra. "Lo dices como si esto fuese un compromiso cualquiera." Comentó entre sorprendido y molesto por su indiferencia. Él siempre había pensado que las mujeres tenían el sueño de una boda perfecta con el hombre perfecto, pero a ella no parecía importarle nada. "¿Por qué haces esto?" Preguntó logrando que clavase la mirada en él. "¿Qué ganas con esto?"
A ella no le apetecía responderle, pero el ruido de las olas y la brisa, calaron en su piel haciendo que no le importase tanto contestarle. "Ya te lo dijo tu padre, sin este acuerdo no tengo nada." Explicó con pocas palabras.
Él se quedó pensando. Recordaba la mención de unos proyectos y una compañía, pero lo que más recodaba era el saber que podía perder incluso la nacionalidad.
"Esos proyectos que todo el mundo ve como estúpidos, son lo único que me queda de mis padres." Especificó volviendo su mirada al mar. "Después del escándalo que se formó en la organización, nadie se interesó en ellos, hasta que aparecieron tus padres. Ellos fueron los primeros en ver los reales objetivos de todos esos proyectos."
Shinichi resopló. "A mis padres solo les interesa salvarse el pellejo y no perder lo que tienen."
"Aún así, han confiado plenamente en ellos." Comentó esbozando un pequeña sonrisa de alivio. "Y a mí, me han dado una oportunidad, aunque para ti todo esto no sea más que una maldita pesadilla."
Shinichi se quedó callado, podía entenderla, pero no iba a cambiar sus pensamientos con tanta facilidad. La barrera seguía ahí y parecía ser de acero.
"Esto no va de amor. No pretendo que me quieras, Kudo." Dijo acercando sus rodillas a su pecho. "Por más que me lo pidieras, yo tampoco sé si podría hacerlo."
"¿Qué no podrías hacer?¿Querer?" Preguntó Shinichi rodando los ojos. "Hay cosas que son un instinto básico."
"Ya te has dado cuenta de que no me gusta acercarme de más al espacio personal de las otras personas. Hasta hace poco, solo me relacionaba con mi hermana y con mis compañeros de laboratorio, mis prioridades no daban lugar a nada más." Explicó acordándose de su hermana. Claro que era capaz de querer, había querido a su hermana por encima de si misma, pero no recordaba haber sentido esa sensación de opresión en el pecho de la que su hermana tanto le hablaba que se sentía al conectar con alguien especial.
"¿No me digas que nunca te has enamorado?" Preguntó Shinichi con el ceño fruncido pero lleno de sorpresa. Le hizo gracia verla sonrojarse repentinamente y girar la cabeza para no mirarle. "Nunca te has enamorado." Afirmó sintiendo cierta diversión.
"¿Qué más da?" Preguntó ella mordiéndose el labio. "Eso no significa que no sepa lo que es querer a alguien."
"Lo siento, tienes razón." Se disculpó rascándose la cabeza. "Solo me ha parecido raro, eres una mujer atractiva y bastante inteligente." Dijo sin saber si con esas palabras lo arreglaba o lo empeoraba.
"Tampoco he dicho en ningún momento que sea una casta y recatada." Contestó rodando los ojos. "Claro que he conocido y he estado saliendo con gente, simplemente, a la mayoría de gente le gusta demasiado quedarse contemplando el exterior en vez de parar a ver que hay más allá de ello."
Shinichi recordó todos los hombres que se acercaron de más en la fiesta y de los muchos que intentaban bajar la mano por su espalda. No le gustaba esa sensación e imaginaba que era diez veces más desagradable para ella. Por más que ella no le gustase, no le deseaba eso a nadie.
"¿Qué pasa? ¿Tú también vas a querer acostarte conmigo?" Preguntó Miyano sin sentir vergüenza.
"¡No! ¡No es eso!" Contestó demasiado rápido, negando con las manos con nerviosismo.
"Es broma." Ella esbozó una media sonrisa al notar su timidez con el tema. "Me conformo con que dejes de llamarme asesina a cada oportunidad que tengas." Dijo haciendo que él cerrase la boca. "No estoy cabreada por ello, no te preocupes, entiendo tus motivos. Sin embargo, por extraño que te parezca, yo también tengo los míos."
Shinichi asintió en silencio, sintiendo vergüenza por la lengua afilada que no había podido controlar en el pasado, pero una parte de su cabeza, no apartaba esos pensamientos que ella acababa de instalar en su mente y bajó la mirada para observar sus labios un par de segundos, con una repentina vergüenza y sintiéndose sucio al imaginarse por un momento que se sentiría al tener sexo con ella. Estaba acostumbrado a la dulzura de Ran y a acostarse con alguien teniendo ese cariño y aprecio detrás de las caricias, entonces, ¿con ella sería distinto? ¿Le pediría que la besara o seguiría sin perder el control incluso en ese momento?
Shiho se levantó sacándolo de su trance. "Creo que ya nos hemos alejado suficiente, ¿volvemos?"
"Claro." Contestó rápido antes de levantarse y sacudir la cabeza para apartar y borrar esos pensamientos de su cabeza con un pequeño rubor todavía en sus mejillas.
