"¿De verdad crees que deberíamos seguir viéndonos?" Preguntó Ran mientras se abrochaba el pantalón y se miraba en el espejo para peinar su melena. "Sé lo que dijo Miyano, pero...creo que deberíamos darnos un espacio cuando se produzca el enlace."
"¿Por qué dices eso? Nosotros siempre hemos estado juntos." Protestó Shinichi acedándose a ella para abrazarla por la espalda, su piel seguía caliente imantándolo a ella, pero Ran cortó ese calor desenredando sus manos para separarse y mirarlo a la cara.
"No quiero sentirme como si fuese tu amante." Confesó mordiéndose el labio. Las cosas entre ellos iban como siempre, pero no se sentía de la misma manera.
"Nunca ocuparías ese papel. Tú siempre has sido la única." Respondió Shinichi con un tono seguro para que le creyese.
"Shinichi, esto es complicado." Contestó apoyando una mano en su pecho para que no se acercase. "Lo de hoy...esto tiene que ser una despedida. Al menos temporalmente."
Él se aparó como si sus palabras le hubiesen quemado. "Joder, Ran." Protestó apretando los puños a la vez que sentía la molestia crecer. "¿Por qué tiene que ser diferente ahora?"
"¡Porque aunque no la quieras te vas a casar!" Contestó alzando la voz. "¿No lo entiendes?"
Shinichi cerró la boca de golpe y golpeó la puerta del armario molesto. "¡Esto es una mierda!"
"No tenemos que dejar nuestra amistad, pero no sé si sería bueno para nosotros tener una relación más íntima, al menos no así de íntima. Piénsalo, eres como una celebridad y esto es muy fácil que se nos vaya de las manos."
Él estaba muy enfadado, no quería que eso acabase, la quería, pero tampoco quería discutir con ella si de verdad eso se trataba de una despedida. Podía entenderla, no era estúpido, pero los sentimientos seguían ahí y le hacían reaccionar de esa manera. Uno nunca quiere alejarse de la mujer por la que siente.
"Shinichi, por favor." Ran se acercó a él apoyando la mano en su hombro.
Él se giró hacia ella sin poder contenerse a volver a besarla, con la desesperación de no poder volver a hacerlo nunca más. Y ella le devolvió el beso, pero aunque ambos lo deseaban no podía ser infinito y ese momento acabó cuando se separaron para recuperar el aire.
"Me tengo que ir..." Dijo ella besando la comisura de sus labios antes de coger su bolso y marcharse.
Escuchó el sonido de la puerta cerrarse detrás de ella y Shinichi apretó los puños con rabia, agarrando una de las figuras que decoraban la habitación para acabar estrellándola contra el cristal. Quería destrozar la habitación, pero sabía que seguiría sin calmar su rabia, así que finalmente respiró hondo y cogió sus cosas antes de salir de la habitación de hotel sin volver a mirar atrás.
Le costaba mucho canalizar su rabia últimamente, habían pasado tantas cosas desagradables, que no le daba tiempo suficiente a digerir las cosas.
Condujo con ira, apretando el volante intentando no sobrepasarse demasiado del límite de velocidad, pero era difícil mantener la normalidad cuando las palabras de Ran no hacían más que repetirse en bucle dentro de su cabeza.
Aparcó en la entrada de su casa pasadas las once de la noche y se acercó a la entrada principal esperando que la pelirroja ya se encontrase dormida. Habían podido tener alguna conversación corta e intentaban no entrometerse en los asuntos del otro, pero siempre acababa diciendo algo que a él le molestaba y las peleas reanudaban.
Esta noche no le apetecía, ya había sido suficientemente agotador para él esa semana y media que habían pasado y no quería ni imaginarse como iban a ser los siguientes años después de eso.
Suspiró con el ceño fruncido al ver que la luz del pasillo todavía seguía encendida, parecía que la suerte en ese momento tampoco estaba de su lado. Dejó sus cosas en la entrada y se descalzó antes de dirigirse al salón, encontrándosela completamente concentrada mientras tecleaba en su portátil e iba anotando a su vez en un cuaderno.
Él se dirigió a la estantería de los licores sin decir nada y se sirvió un buen vaso de Whisky antes de sentarse en el sofá.
Miyano se sorprendió al notar su presencia repentina y dejó de teclear un momento para girarse a mirarle. "Tienes la cena en la nevera, no sabía lo que ibas a tardar pero aun así tienes la mesa puesta."
"No tengo hambre." Contestó Shinichi sin más, dándole un largo sorbo a su bebida sin devolverle la mirada.
Ella suspiró y apoyó el codo en la mesa. Se estaba acostumbrando a verlo aparecer con esa línea recta en los labios, pero esa noche parecía más molesto que de costumbre. "¿Un mal día?"
"La verdad es que no me apetece hablar contigo sobre esto." Contestó. Que ella le preguntase solo lo hacía enfadar más. "Continua con lo que sea que estés haciendo y déjame beber en paz."
"Vaya, tiene pinta de que ha sido una discusión con la novia." Contestó antes de emitir una pequeña risa. "No sé si lo sabes, pero a las mujeres no nos gustan los tíos con masculinidad frágil."
Shinichi se acabó el contenido con otro sorbo y se levantó para acercarse a ella con la mirada desafiante, agarrando su muñeca con fuerza para hacerla levantarse de la silla de un tirón. "¿Tú que vas a saber de mí?" Preguntó con molestia.
Shiho gimió de dolor al sentir su fuerte agarre, pero no se sintió intimidada por su mirada fría, sino que ella también le desafió. "¿Las verdades te molestan?" Preguntó alzando una ceja. "No, espera, ya sé lo que pasa. Nuestra celebridad está enfadada porque ya no va a poder seguir viviendo como un vividor, ¿Es eso verdad?"
"¿A ti que te pasa?" Preguntó poniéndola en la mesa un poco bruscamente, haciendo que su cuaderno y su portátil cayeran al suelo acompañado de un sonido muy feo. Notó rápido como su cuerpo empezaba a temblar, pero su mirada seguía desafiándolo con frialdad y eso le molestaba demasiado. "¿Es que acaso estás celosa?" Preguntó soltando su muñeca para agarrar su barbilla a la vez que apretaba su cintura. "¿Te molesta que no seas tú la mujer que deseo?"
Shiho puso una mano en su pecho intentando apartarlo de ella, pero él lo sintió como un desafío y acercó su cintura a él a la vez que se inclinaba para besarle el cuello. Ella seguía temblando, pero había enmudecido. Sentía que su respiración se aceleraba y le costaba respirar, y no era precisamente porque le robase el aire. Sus labios bajaron hasta su clavícula y podía notar el enfado que sentía a través de la agresividad de sus manos.
"Para." Consiguió decir en un susurro.
Shinichi frenó cerca de su pecho y bajó la mirada a la vez que se apartaba lentamente de ella. Ella bajó rápido de la mesa mientras se ponía bien la ropa y él observó lo realmente asustada que se veía. La adrenalina que había acumulado su cuerpo cayó en picado y la realidad de la situación lo golpeó por primera vez haciéndole sentir una profunda vergüenza. Era un gilipollas, ¿Qué se suponía que estaba haciendo?
"Lo siento." Se disculpó sin atreverse a mirarla a la cara. Su cuaderno estaba tirado por el suelo, la silla se había caído y el portátil parecía tener la pantalla rota. La vergüenza no hacía más que crecer dentro de él y solo quería alejarse de ella y desaparecer de esa habitación. "Me voy a la cama."
Ella se quedó con el temblor en el cuerpo y los recuerdos que aparecían en su mente. Se agachó para recoger las cosas y colocar bien la silla mientras intentaba que las ganas de llorar no la vencieran. Le daba igual que su portátil ahora fuese inservible o que su cuaderno estuviese arrugado, solo quería borrar esos recuerdos.
El frío de la noche hizo despertar a Shinichi. El cuarto todavía estaba oscuro, pero las cortinas se sacudían con el frío aire que entraba, erizándole la piel antes de obligarle a levantarse frotando sus manos para entrar en calor, acercándose a la ventana para poner el pestillo mientras bostezaba. Miró hacia el despertador que marcaba las tres y media de la mañana, tenía sueño, pero el frío lo había despertado lo suficiente como para que le entrasen ganas de ir a por un poco de agua. Bajó a oscuras hasta la cocina para servirse un vaso y volvió a bostezar mientras se rascaba los ojos, sintiendo que aún arrastraba bastante cansancio.
Volvió a las escaleras para subir a su habitación con paso perezoso, pero un fuerte grito hizo que sus sentidos se pusiesen alerta y que tropezase con los últimos escalones al apresurar el paso. El pasillo estaba a oscuras, pero él conocía la casa a la perfección y solo había otra habitación aparte de la de él que estuviese ocupada, así que se dirigió al cuarto de su compañera y abrió la puerta sin esperarse a tocar primero.
La habitación estaba igual de oscura y silenciosa que el pasillo, pero aun así podía escuchar su respiración ajetreada y entrecortada.
Se acercó a la cama intentando no tropezar y se sentó en el filo intentando no volver a invadir su espacio personal. Sus ojos empezaron a acostumbrarse a la oscuridad y entonces se dio cuenta que todavía parecía estar dormida, pero su respiración se aceleraba y el sudor frío caía por su frente. Estaba claro de que se trataba de una pesadilla.
No sabía bien si debía despertarla o si prefería que la dejase en paz, pero él se quedó ahí, dudando. Frunció el ceño al ver que se movía con nerviosismo y su cuerpo empezaba a temblar, así que decidió intentar despertarla con cuidado, pero en cuanto la tocó se despertó acompañada de otro grito.
"Tranquila Miyano, solo es una pesadilla." Dijo intentando calmarla, pero ella, que no se lo esperaba ni en la misma habitación ni tan cerca, solo consiguió asustarse más con su presencia.
"¡No me toques!" Gritó empujándolo con la fuerza suficiente para que cayese de la cama.
"Joder, mi cabeza." Gimió palpando la zona donde se había golpeado a la vez que se levantaba del suelo. "Solo trataba de despertarte, no dejabas de chillar."
Ella no le contestó ni le miró, se quedó sentada abrazando las rodillas sobre su pecho, intentando hacerse un ovillo mientras recuperaba su respiración poco a poco. Sentía que iba a escupir el corazón por la boca y lo único que quería hacer en ese momento era evaporarse.
Los nervios erizaron su piel al no poder desprenderse de esa maldita pesadilla y la bilis empezó a subirle por la garganta haciéndola salir de la cama de un salto para dirigirse al baño antes de vaciar su estómago.
Shinichi se quedó completamente sorprendido, pero no se marchó. Veía como su cuerpo temblaba y como su estómago se vaciaba por los nervios. Era la primera vez que veía algo así por una simple pesadilla y no tenía ni idea que debía hacer o decir.
Shiho tiró de la cadena y se lavó la boca antes de mojarse la cara con agua fría.
"¿Estás bien?"
Ella se giró dando un pequeño salto sorprendida y frunció el ceño cuando lo vio ahí. "Estoy bien, puedes volver a tu cuarto." Contestó con la voz un poco ronca. Todavía le temblaban las manos, el agua fría no limpiaba ninguna de las sensaciones tan desagradables que tenía y no quería que nadie la viese así, temblando como si fuese la persona más débil del planeta.
Shinichi salió del baño dejándola sola, sin decir nada más y ella volvió a mojarse la cara antes de salir y volver a su habitación. Todavía no eran ni las cuatro de la mañana, pero no estaba dispuesta a cerrar los ojos para reanudar su pesadilla, así que se metió en la cama y se quedó sentada con la espalda apoyada en el cabezal y las rodillas apretadas sobre su pecho mientras veía la cortina moverse con el viento.
"Toma." Intervino Shinichi apareciendo de nuevo a su lado con un vaso de agua en la mano.
Ella se quedó mirando el vaso unos segundos pero finalmente lo aceptó y bebió poco a poco intentando que su pulso tembloroso no acabase tirando el contenido por el suelo. Su garganta estaba seca de gritar y rasposa de vomitar así que le aliviaba a cada trago que daba.
"¿No tienes frío?" Preguntó Shinichi frotando sus manos al notar que esa habitación estaba más fría que la suya.
La pelirroja negó con la cabeza sin dejar de mirar hacia el exterior. Era verdad que el aire era frío, pero no le molestaba, desde que había salido de esa organización, tenía una necesidad extraña de tener una ventana abierta para poder dormir, aunque solo fuese un poco para que corriese un mínimo de aire. No sabía si era para calmar esa claustrofobia que ahora no paraba de padecer, porque necesitaba que el frío golpease su cara para devolverla constantemente a la realidad o para poder recuperar el aire cada vez que se despertaba chillando.
Shinichi frunció el ceño confundido al ver que aunque negase la cabeza, tenía la piel de gallina, así que se acercó al armario para sacar otra manta y la desplegó sobre ella. "Puedes tener la ventana abierta, pero así vas a acabar pillando un resfriado."
Ella se giró para mirarle sin decir nada y volvió a dirigir la mirada al exterior. No le apetecía hablar, ni dormir, ni hacer nada.
Shinichi respiró hondo. "Siento lo de anoche." Se disculpó sintiendo como vergüenza volvía. "Estaba cabreado y lo pagué contigo...Yo nunca ha-"
"Olvídalo, no me importa." Contestó ella con indiferencia. "Por mí puedes marcharte y dormir tranquilo."
Shinichi sentía que ella no tenía ganas de hablar, pero no iba a dormir tranquilo si se marchaba ahora. Puede que fuese porque se sentía culpable por haberla asaltado de esa manera esa misma noche o porque no entendía cuan de malas podían ser sus pesadillas. "Entonces, me quedaré aquí." Comentó cogiendo una manta y estirándose en el pequeño sofá que había en la habitación.
"¿Perdona?" Alzó una ceja. "No necesito tu protección, no soy una niña. Márchate, Kudo."
Él rodó los ojos acomodándose en el sofá. "Me gusta la brisa de esta habitación." Mintió aferrándose a la manta.
"Haz lo que quieras." Contestó Miyano estirándose y tapándose con la manta para ignorarlo. "Buenas noches."
Shiho se sorprendió al ver lo rápido que se dormía el moreno, era molesto tenerlo ahí, pero a la vez le hacía sentir menos sola. Ella no pegó ojo en lo que quedaba de noche, pasó las horas mirando por la ventana observando como el cielo iba poniéndose más claro a medida que pasaban los minutos. No sabía si las pesadillas desaparecerían algún día, solo esperaba poder acostumbrarse a ellas de una maldita vez.
Los treinta días pasaron con una rapidez que Shinichi no se esperaba, y cuando se paró a pensarlo, se encontraba a la víspera del inicio de su pesadilla. Los nervios eran incontrolables y la sensación de no estar haciendo lo correcto le quemaba por dentro.
Desde luego que Shinichi no estaba acostumbrado a vivir con una mujer y aunque por suerte no tenían discusiones con acaparar el baño, la convivencia seguía siendo algo difícil e incómodo para él. Ella le recordaba a todas horas que no era capaz de subsistir por si mismo y él le atacaba diciendo que con ese carácter y frialdad seguiría aislada de la sociedad toda su vida. Era como vivir con una montaña rusa dentro de casa, y esos últimos dos días, no habían echo más que caer en picado a gran velocidad. Los nervios estaban a flor de piel y eso hacía su carácter más irritable y su paciencia menos duradera, lo que acababa en más peleas. Sabía que se iba a lo fácil al marcarla como culpable, pero la rabia le hacía coger ese camino para intentar librarse de más dolores de cabeza.
Sus planes de esconderse en su biblioteca fueron interrumpidos cuando Heiji apareció esa misma tarde para convencerle a celebrar su última noche de soltero, había aparecido con vino y con más cervezas de las que eran capaz de tomar, y aunque a Shinichi no creía tener motivo alguno para celebrar nada, prefería despejarse con su amigo a tener que seguir esquivando a la pelirroja por los pasillos de su propia casa.
"¿Pedimos sushi para cenar?" Preguntó Heiji buscando el número del restaurante. "Yo he pagado las cervezas así que te toca invitarme a cenar."
"Está bien me, parece justo, pero no te pases al pedir. Siempre pides con los ojos y luego sobra mucha comida." Comentó abriendo otro botellín de cerveza.
"Sí, sí, lo intentaré." Sonrió sabiendo que no iba a poder controlarse cuando su boca empezase a salivar al ver todos los platos. "¿Miyano cenará con nosotros?" Preguntó levantando unos segundos la mirada de la pantalla.
"No." Contestó Kudo rápido, haciendo que Heiji frunciese el ceño. "No creo que te apetezca ver su cara de mal humor, y después de evitarla durante todo el día, a mi tampoco me apetece hacerlo."
"Joder, Kudo. ¿Tan mal os lleváis?" Preguntó Heiji resoplando a la vez que rodaba los ojos.
"No es eso." Contestó después de darle otro sorbo a su cerveza. "Creo que los dos estamos un poco tensos por lo de mañana."
"Tener nervios es algo completamente normal con estas cosas." Explicó recordando los nervios con los que amaneció el día de su compromiso con Kazuha.
"Déjalo, Heiji." Le frenó. "Hablemos de otra cosa."
"Esquivando las cosas no vas a conseguir que tus días sean mejores." Comentó el moreno volviendo a guardar su teléfono en el bolsillo.
"Ya he intentado hablar con ella, ¿vale? Así que no me culpes. Somos polos opuestos, tenemos caracteres distintos y chocamos mucho."
"Pues yo creo que lo que realmente te molesta es que hay veces que te haces muy pequeño a su lado." Comentó haciendo que su amigo le tirase la chapa del botellín a la cabeza.
"¿Por qué dices eso?"
"¿Ves?" Sonrió Heiji esquivando otra chapa. "Lo que quiero decir es que Miyano impone mucho como mujer, es intimidante, y creo que un poco más inteligente que tú."
"¿Crees que me cohibe?" Preguntó dando otro sorbo.
"Creo que te asusta." Especificó.
El timbre de la puerta principal interrumpió la conversación y Shinichi se levantó para pagar la cena y recoger el pedido.
"Creo haberte dicho que no pidieses sushi para una familia entera." Comentó volviendo al salón con demasiadas bandejas de comida sobre las manos.
"No es tanto, he pedido también para ella." Contestó Heiji con una sonrisa a la vez que se levantaba del sofá. "Pero tranquilo, puedo ir yo mismo a presentarme y a pedirle que baje con nosotros."
"Heiji, frena." Intentó pararlo, pero Heji lo esquivó con un movimiento rápido y llegó a las escaleras antes de que su amigo pudiese alcanzarle.
"¡Miyano! ¡Hemos pedido sushi!" Anunció llegando a la planta superior, frenando el paso al darse cuenta que no sabía en cual de las habitaciones se encontraba.
Heiji pensó en dar media vuelta para preguntarle a su amigo, pero justo en ese momento se abrió la puerta del baño y la vio salir con el pijama puesto y el pelo mojado. Todo ese ímpetu que le había salido para molestar a su amigo y conocer a su compañera se quedó estancado junto a las palabras que ahora no salían de su garganta. Miyano frunció el ceño al ver a ese desconocido en el pasillo y Heiji se quedó quieto, como si se le hubiese olvidado el motivo por el que había subido.
"Heiji, ya está bien. Deja de molestar de una vez." Intervino Shinichi apareciendo por las escaleras, percatándose un par de segundos después de que ella también se encontraba ahí. "Miyano, él es Heiji Hattori, mi mejor amigo." Le presentó forzadamente sin acabar de mirarla a los ojos. "Se ha atrevido a subir porque quería preguntarte si te apetece cenar con nosotros."
Ella se quedó unos segundos en silencio, secando su pelo con la toalla que tenía sobre los hombros mientras los miraba detenidamente con una ceja alzada. Ni siquiera se había dado cuenta de que Shinichi tenía visita, así eran sus días últimamente, compartiendo casa, pero no vida.
"He-hemos pedido sushi." Especificó Heiji algo tímido, como si fuese un dato que pudiese convencerla.
Miyano miró a Shinichi con intenciones de negarse a su invitación, pero el simple echo de ver a Shinichi apartar la mirada incómodo le hizo que le entrasen ganas de aceptar, aunque solo sea para incordiarle. "Claro, ahora bajo." Contestó volviendo a entrar en su habitación.
Shinichi la vio cerrar la puerta detrás de ella y resopló mientras daba media vuelta para bajar las escaleras, aprovechando que volvía a estar a solas con su amigo para soltar una pequeña risa a la vez que le daba un manotazo en la nuca, con más intención de molestar que de causar daño. "Parece ser que tú también te haces pequeño a su lado."
"No es verdad, solo me ha pillado por sorpresa." Se defendió el osaqueño poniendo su gorra hacia atrás.
"He-hemos pedido sushi." Lo imitó Shinichi con un tono burlón antes de volver a reír.
"No te pases, no creas que no he visto como le apartabas la mirada cada vez que te enfrentaba." Se defendió golpeándole con el codo.
Mientras esperaban a que ella bajara prepararon la mesa y cambiaron la cerveza por tres copas de vino, tratando de instalar algo más de elegancia a la noche. Miyano no tardó más que cinco minutos, había cambiado su pijama por una muda cómoda y se acercó a ellos saludando sutilmente antes de sentarse en la silla libre que quedaba entre ellos.
La cena no fue tan incómoda como Shinichi esperaba, Heiji era mejor hablador que él y parecía tener más facilidad para socializar con ella aunque ella siguiese respondiendo con monosílabos. Shinichi ocupaba casi un papel de espectador, no aportaba mucho en las conversaciones, y cuando lo hacía, lo hacía dirigiéndose mayoritariamente a su amigo.
"Venga ya, se supone que deberíais divertiros esta noche." Comentó Heiji todavía lleno de energía, llenando otra vez las copas de la pareja antes de coger un botellín bien frío para él. "La gente normal se monta fiestas muy escandalosas en las despedidas de solteros." Dijo al notar que él era el más animado del grupo.
Miyano se sentó en un rincón del sofá con la copa en mano. "Todavía estáis a tiempo de salir por Shinjuku si es lo que queréis." Comentó dándole un sorbo al vino antes de señalar la habitación con el dedo índice. "Este salón no se parece en nada al típico club de striptease al que cualquier joven iría en su despedida de soltero."
"Gracias por la propuesta, pero no me interesa." Negó Shinichi con el ceño fruncido. "En realidad, no creo que deba beber tanto, no quiero tener resaca." Comentó observando la copa que lo había acompañado durante la cena. No quería escuchar otra bronca de su madre por no controlarse y acabar bebiendo más de la cuenta.
"Por respeto a Kazuha no iremos a ningún club, no obstante eso no significa que tengas que ser un amargado, al menos pongamos un poco de música." Contestó Heiji a la vez que encendía el televisor para buscar algo que poner de fondo.
"Espera, no cambies." Pidió Shinichi intentando coger el mando a distancia al ver que hacían el resumen del último partido de los Spirits.
"Venga, Kudo. ¿Es que acaso quieres revivir la paliza que les dimos a los Sprits?" Preguntó Heiji recordando contento del último trofeo que había conseguido alzar el equipo de su ciudad.
"No ha sido más que un golpe de suerte, nuestro mejor goleador estaba sancionado y el portero tenía una muñeca lesionada del último partido." Defendió Shinichi.
"No hace fata que busques excusas." Intervino ella. "Aún teniendo el mejor goleador sancionado teníais en el equipo dos de los mejores jugadores de la liga y el partido fue en el campo de los Spirits, cosa que siempre da más confianza. Por no hablar que la lesión del portero fue un daño mínimo y por su culpa." Explicó rodando los ojos. "Tu equipo no tiene nada que hacer contra los Big Osaka."
Shinichi la miró con sorpresa y alzó una ceja antes de arrugar la nariz confuso. "¿Te interesa el fútbol?"
"¿Sorprendido, detective?" Preguntó de vuelta antes de dar un sorbo a su copa, le divertían sus reacciones, y más si conseguía hacerle arrugar el ceño.
"Oye, Kudo, Miyano me cae muy bien." Comentó Heiji riendo al ver lo confuso y callado que había dejado a su amigo. "Podríamos ir a ver un partido un día."
Shinichi le lanzó un cojín a su amigo y ella se levantó dejando la copa vacía sobre la mesa. "Os agradezco la cena, pero creo que voy a dejar que acabéis de disfrutar la noche por vuestra cuenta, yo voy a ir a descansar." Comentó tapándose un bostezo con la palma de la mano.
"Ha sido un placer, Miyano." Se despidió Heiji secándose las lágrimas de reír.
"Nos vemos mañana." Dijo Shinichi observando como ella asentía y se marchaba del salón.
"Venga ya , Kudo. Yo creo que te lo vas a pasar muy bien estos cinco años."
Kudo agarró a su amigo de una oreja para tirar de él. "Deja de burlarte de mí."
"Está bien, para, para." Contestó con un tono agudo frente al dolor de oreja.
Las copas no se alargaron mucho más después de eso, acabaron de ver el resumen de los partidos y se quedaron dormidos cada uno en un sofá.
Yukiko fue quien apareció de buena mañana para abrir las cortinas y despertarlos con unas palmadas y unos buenos días demasiado sonoros.
"¿Es necesario que chilles tanto?" Preguntó Shinichi intentando cambiar de posición para dormir cinco minutos más.
"¿Es que no has visto que hora es?" Preguntó Yukiko quitándole la manta de encima para que dejase de hacerse el remolón. "Son pasadas las nueve."
"Entonces es pronto." Respondió con la voz somnolienta.
"No, no lo es." Dijo Yukiko resoplando mientras se dirigía a la cocina. "Shiho se ha marchado hace un par de horas y tú ni siquiera te has tomado el desayuno." Rodó los ojos volviendo a ellos para dejar un par de cafés sobre la mesa, apartando primero las copas y botellines que habían dejado del día anterior.
"Gracias por el café señora Kudo." Agradeció Heiji agarrando la taza con una sonrisa.
"¿Se puede saber que hicisteis anoche? Esto está hecho un desastre." Preguntó Yukiko intentando recoger todo el desastre del salón.
"Solo una pequeña celebración, señora. Nada importante." Sonrió Heiji con su sonrisa amable de siempre a la vez que se levantaba para recoger dos botellines más del suelo.
"¿Dónde ha ido Miyano?" Preguntó Shinichi bebiendo su café con tranquilidad.
"Se supone que no os podéis ver hasta la ceremonia así que alquilé una habitación en el hotel donde se celebrará el evento y he mandado al equipo ahí para que la ayuden a arreglarse." Explicó indicando a las dos personas que habían venido con ella que empezasen a preparar las cosas.
"No voy a cortarme el pelo." Protestó Shinichi al ver que uno de los ayudantes sacaba unas tijeras.
"Solo las puntas, para que se te vea bien la cara." Comentó su madre mientras su hijo rodaba los ojos.
A medida que pasaban los minutos, más nervioso se ponía, la ducha de esa mañana no había ayudado y tener a su madre hiperactiva y a su amigo enérgico al lado, tampoco. Se imaginaba que Miyano podía tener los mismos nervios que él, sin embargo, a diferencia de él, ella no tenía a su familia a su lado para acompañarla. Las parejas normales viven ese día con las emociones a flor de piel, pero él sabía que ese día no eran más que dos títeres, dejándose vestir y desvestir en una habitación rodeada de gente que no conocían, solo podían dejarse llevar y asentir a cada pregunta.
"Has escogido un traje muy bonito." Sonrió Yukiko mientras sacaba el traje negro de la bolsa.
Él asintió, sin embargo, frunció el ceño al verlo, y por primera vez, tuvo la curiosidad en saber qué tipo de vestido iba a utilizar la pelirroja. Tuvo curiosidad por saber como iban a cambiar las cosas desde el momento en que firmasen ese papel.
