Los sábados se habían convertido en un día agradable sin que él se diese cuenta. Era confortable que por un día pudiese levantarse más tarde y remolonear en la cama sin la consecuencia de tener que salir luego corriendo al trabajo, la casa olía a tortitas cuando bajaba los sábados a por el café, pero esa mañana ningún olor impregnó su nariz ni percibía el habitual ruido de la cafetera.
Sus cejas se arrugaron al notar que las cortinas del comedor todavía estaban echadas y se adentró al salón al ver que Miyano parecía haberse quedado dormida con el ordenador abierto y los brazos cruzados sobre la mesa. Pensó en llamarla para despertarla, pero al final se decantó por acercarse y hacerlo de una manera menos impulsiva, palpó su hombro y apartó el pelo que cubría su cara, notando al momento que sus mejillas estaban hirviendo.
Estaba claro que tenía fiebre y aunque Shinichi no es que estuviese acostumbrado a tener que cuidar a nadie, sabía lo necesario para atenderla. Abrió las cortinas de una de las ventanas para iluminar el salón sin que les cegase la potente luz de la mañana. Recogió las cosas de su alrededor y la recostó en el sofá poniendo una manta sobre ella. Entró en la cocina para preparar la cafetera antes de rebuscar en el cajón de los medicamentos y llenó un vaso de agua para acercárselo al salón.
"Miyano, despierta." Dijo intentando sacudirla con cuidado.
Ella parpadeo un par de veces y se reincorporó con cuidado mientras lo miraba con confusión. Sentía que le iba a explotar la cabeza y al principio no entendió que hacía en el sofá.
"Tómate esto, tienes fiebre." Le explicó brevemente a la vez que le entregaba el vaso y la pastilla.
Ella se lo tomó sin protestar y volvió a estirarse suspirando.
"¿Estás bien?" Preguntó Shinichi sin saber si debía preocuparse. "¿Necesitas que haga algo por ti?" Preguntó sin saber tampoco que decirle.
"Sólo es un poco de fiebre, sobreviviré." Contestó con indiferencia antes de girarse hacia el otro lado y cerrar los ojos.
Él rodó los ojos y se levantó para servirse el café. "Cómo tú digas, yo aprovecharé el día para adelantar trabajo, si necesitas algo, estaré en la biblioteca."
Ella suspiró todavía con los ojos cerrados. Sentía que le hervía todo el cuerpo y no tenía fuerzas para nada. "Es tu día de fiesta, ¿Es que no te cansas de tanto caso y tanto crimen?"
Shinichi bebió de su vaso antes de mirar el bulto que formaba en el sofá. "Es mi trabajo y no creo que seas la indicada en opinar, pasas el mismo tiempo que yo trabajando. Yo no he sido a que han encontrado con fiebre frente al ordenador."
Ella resopló y se cubrió con la manta sin querer empezar una discusión. Shinichi se marchó a su zona de trabajo y ella volvió a quedarse dormida.
Shinichi no controlaba el tiempo cuando se ponía a investigar, así que estuvo trabajando hasta que una llamada lo sacó del letargo y no pudo evitar sonreír al ver de quien se trataba.
"Ran, ¿cómo estás?"
"Shinichi..." Contestó sabiendo que estaba sonriendo. "Hemos estado muy ocupados estos días… tenía ganas de escuchar tu voz."
"Tienes razón, parece que hayamos estado jugando a escondernos todas estas semanas." Comentó provocando que ambos riesen. "Deberíamos hacernos un hueco para un café, ¿no crees?"
"A mí también me apetece, quiero que hablemos las cosas bien esta vez." Respondió sintiendo que todavía tenían palabras pendientes.
"Claro, ¿nos vemos hoy?" Propuso sintiéndose impaciente.
"Es sábado, pero tengo trabajo que hacer, mejor mañana." Propuso ella. "No sé, ¿que te parece para comer?"
"Para comer está bien." Contestó con una sonrisa antes de que se despidiesen, dejó el teléfono sobre su escritorio y se quedó pensando en ella aun después de haber colgado la llamada.
No se habían visto desde el día en que se había marchado a Grecia, había tenido mucho trabajo y las semanas habían pasado sin encontrar un momento oportuno, su relación siempre había sido así, podían estar juntos seis días seguidos y luego no verse en un mes y medio y seguir con sus vidas. Pero ahora que habían hablado, tenía más ganas de verla.
No se sentía muy cómodo desde que Miyano se había mudado a su casa, pero no podía callar ni hacer desaparecer las ganas que tenía de verla. No quería ser un marido de mierda ni un novio de mierda, así que tenían que aclarar las cosas si no quería que todo eso se volviese tóxico entre ambos. Se lo había pensado mucho y aunque no quisiera dejar de ver a Ran, no se sentía cómodo acostándose con ella cuando un anillo en su dedo corazón decía que era el marido de otra mujer. Que no sintiese amor por la pelirroja, no lo hacía más fácil.
Suspiró al ver lo complicado que era todo eso y se levantó para salir de la habitación y rellenar de nuevo su taza de café.
Esta vez, Miyano estaba sentada en uno de los taburetes de la cocina con una taza de té en las manos. Él se dirigió a la cafetera y rió por lo bajo.
"¿Pasa algo?" Preguntó ella notando su risa.
Él se giró y se sentó en el taburete vacío ya con con la taza llena. "Creo que es la primera vez que te veo tomar té." Comentó viendo como rodaba los ojos. "¿Cómo te encuentras?"
"Mejor." Contestó acabando su bebida y dejando la taza sobre la encimera. "No sabía que todavía estabas en casa."
"No he salido de la biblioteca." Sonrió.
"¿Qué quieres cenar?" Preguntó ella levantándose para dejar su vaso vacío en la pica.
"Podemos pedir comida a domicilio si quieres." Propuso antes de darle otro sorbo a su café.
"¿Así eran todos tus días? ¿Encerrado en la biblioteca para luego ir pidiendo comida a domicilio por pereza de cocinar?" Preguntó ella haciendo que se sonrojase.
"No es eso, es que como estabas con fiebre..." Se excusó haciendo que ella rodase los ojos.
"Voy a ir a comprar, no tardaré en volver." Comentó ignorando su comentario para dirigirse al pasillo y cambiarse los zapatos.
"Espera, te acompaño." Dijo dejando la taza para ir tras ella.
El supermercado no estaba lejos, pero podía ayudar cargando las bolsas. Ella se movía mejor por los pasillos y era la que decidía los ingredientes que se compraban, después de todo, él no tenía ni idea de cocinarlos.
"¿Te gusta el picante?" Preguntó ella observando los productos de temporada.
Él asintió sin querer molestar demasiado, no se le daba bien nada del hogar así que prefería por lo menos no ser un estorbo para ella. Se paró en el apartado de bebidas mientras ella acababa con las últimas cosas. "¿Te apetece cenar con un poco de vino?"
"Sólo si compras uno bueno." Contestó levantando la mirada de las verduras.
Shinichi sonrió y alcanzó el que más le había llamado la atención antes de dirigirse a la caja, pagó la cuenta y cargó las bolsas de vuelta a casa.
"No eres tan insoportable cuando te lo propones." Comentó ella mientras cargaba solo una de las bolsas.
"Tú en cambio, lo eres siempre." Contestó casi con la lengua fuera por todo el peso que cargaba.
Shiho se puso a preparar la cena nada más llegar a casa, él estaba sorprendido de lo rápido que parecía haberse recuperado, aunque todavía notaba sus mejillas algo sonrojadas mientras cocinaba, solo esperaba que al día siguiente no se despertase como lo había hecho esa mañana. Preparó la mesa mientras ella acababa y descorchó el vino para servirlo en un par de copas cuando vio que apagaba el fuego.
Shiho cocinaba muy bien, no le había costado nada adaptarse a su manera de cocinar, había probado muchas cosas nuevas desde que cenaban juntos y él se sentía un idiota al solo saber preparar café y fideos instantáneos.
"Creo que debería mentalizarme en aprender a cocinar." Comentó cuando recogieron la mesa.
"No sé si me hace mucha gracia que quemes toda la cocina por el mero echo de intentarlo." Bromeó ella sirviéndose el poco vino que quedaba en la botella.
"No tiene que ser tan difícil." Comentó apoyando su copa en sus labios. "A lo mejor es mi talento oculto y solo tengo que explorarlo."
"No, no lo creo." Contestó ella riendo levemente.
Shinichi sonrió, el malestar parecía haber desparecido de su rostro y sus mejillas parecían estar más rojas por el vino que por la fiebre que había arrastrado. "Veo que ya te encuentras estupendamente, ya tenemos de vuelta tu lengua viperina."
"Cállate, solo soy sincera contigo, lo siento si soy la primera mujer en serlo." Contestó dejando la copa vacía sobre la mesa.
"Pues he de decirte que creo que caerías mejor a los hombres si no atacaras con tanta sinceridad."
"Venga Kudo, seamos sinceros. A los hombres no les importa lo que diga o deje de decir, a los hombres solo les importa los centímetros que formen mi escote y lo que pueda esconder bajo la lencería." Contestó rodando los ojos, era algo que hacía mucho tiempo había dejado de sorprenderle. Su instinto era básico.
Shinichi rió brevemente y puso los ojos en blanco tras su comentario. "Hay gente que todavía cree en el amor y en las conexiones, por si no lo sabías."
"Lo siento, pero yo no." Respondió mirándole fijamente antes de levantarse. "Voy a descansar, buenas noches."
Shinichi se desabotonó el primer botón de su camisa y miró a su alrededor algo nervioso después de mirar la hora. Ran debía estar por aparecer y se sentía igual de inquieto que las primeras veces que habían quedado en la adolescencia.
"Vaya, te has puesto muy guapo." Escuchó decir a su espalda.
"Ran, tú estás igual de espectacular que siempre." Respondió con una sonrisa mientras la miraba de arriba a abajo .
"No exageres." Rodó los ojos. "¿Entramos?" Preguntó señalando al restaurante que tenían al lado.
Se sentaron cerca de una ventana y pidieron algo sencillo y un par de bebidas. No parecían muy habladores, le dieron los primeros sorbos a sus bebidas con el rostro pensativo y la mirada baja mientras que la música ambiental del local se hacía hueco entre el silencio que compartían.
"¿Cómo has estado?" Preguntó ella empezando con la conversación.
"Bien, ajetreado con el trabajo." Respondió removiendo el contenido de su plato. "Mi vida no ha cambiado mucho estas semanas."
"Bueno, ahora estás casado." Comentó ella.
Shinichi apretó los labios sabiendo que no era un tema que pudiese apartarse, después de todo, ellos estaban ahí porque eso era un tema que necesitaban dejar zanjado. "Sabes que lo que tengo con ella no es nada parecido a lo que tengo contigo." Dijo cogiendo sus manos. "A lo mejor debería haber apostado antes por lo nuestro..."
"No es tu culpa." Intervino ella. "Yo también te quiero, pero no quiero empezar a sentirme como si fuese la otra."
Él asintió entendiéndola. "Lo sé, yo también quería hablar sobre esto. Quiero que seas mi novia, pero así no, no a este precio."
Ran parecía algo aliviada, sin embargo, la sonrisa de su rostro todavía se veía amarga y acarició su mano al ver que él todavía parecía preocupado. "Puede que esto sea una señal para separarnos o puede que lo sea para decirnos que en cinco años las cosas serán diferentes y definitivamente será nuestro momento."
"Quiero que seas tú, Ran." Insistió sintiendo que cada vez que hablaban sobre esto sentía que se le escurría de las manos.
Ella asintió intentando que esa situación fuese lo más llevadera para ambos. "Esto lo correcto, además, no es un adiós." Le sonrió.
Shinichi tuvo ganas de besarla, pero sabía que no era lo correcto. Empezaría a tachar todos los días del calendario esperando con ansia el momento de reencontrarse, era paciente. Ellos siempre volvían y esa era la mayor motivación que podía encontrar.
Su vínculo era fuerte y ambos lo sabían.
"¿No vas a querer postre?" Preguntó Ran después de pedir el suyo.
"Con el café estaré bien." Sonrió agradecido de lo bien que había ido la comida pese a lo nervioso que había aparecido.
"Por cierto, Sonoko ha querido organizar una cena de exalumnos la semana que viene, ¿te apetece venir?" Preguntó antes de saborear su trozo de pastel de queso.
"Intentaré hacer un hueco para ir, pero no prometo nada." Contestó sin saber bien si podría librarse del trabajo.
"Puedes traer a Miyano si quieres." Comentó intentando naturalizar ese tema entre ellos.
Él asintió y bebió de su café en silencio mientras se acordaba de su mujer. Había intentando no hacer ruido y despertarla cuando salió esa mañana, se había ido pronto para pasarse por su despacho y revisar unas cosas antes de quedar con Ran, sin avisar y sin dejar nota. Típico de él.
"Solo la he visto un par de veces, pero parece una mujer agradable."
"No sé yo si agradable es una buena definición para ella."Contestó Kudo bebiendo de su café para no hablar de más.
"¿Por qué dices eso?" Preguntó Ran alzando una ceja.
Él negó con la cabeza queriendo morderse la lengua, pero sentía tanta confianza con Ran que no pudo callarse. "No es una persona cálida que digamos y tiene la lengua demasiado afilada."
Ran puso cara de sorpresa a primer momento, pero segundos después no pudo evitar que le hiciese gracia su comentario. "Nadie es perfecto, Shinichi. Todos tenemos cosas mejorables en nuestro carácter y manera de ser o actuar…sin embargo, también tenemos cosas únicas dentro de nosotros."
Shinichi asintió intentando transmitirle una sonrisa más tranquila. Era una persona demasiado amable y comprensiva, era imposible no querer sonreírle cuando transmitía esa calidez. Ella siempre sabía que decir y que comentar para que la situación se volviese menos pesada y más optimista. Ran era el día y Shiho era la noche.
"Eres muy mal perdedor." Sonrió Shiho mientras cogía su botellín y bebía.
"No lo soy, todo es culpa del árbitro que se ha pasado el partido favorecido a tu equipo. Tú también lo has visto." Se defendió resoplando con los brazos cruzados.
"No te pongas de mal humor, lo único que pasa es que tu equipo está pasando por una mala racha." Siguió burlándose, disfrutando de la nueva victoria. "Te dije que Higo es el mejor."
"Ya veo, ¿Te gusta el futbol solo porque Higo está bueno, no?" Preguntó rodando los ojos.
"Eres un envidioso." Contestó ella rodando los ojos antes de darle el último sorbo a su botellín.
"No tengo nada que envidiarle, somos personas completamente diferentes."
"No te deprimas, tú también estás bueno, pero Higo tiene un encanto especial."
"Supongo que gracias." Respondió rodando los ojos al notar su peculiar manera de tratar de no ofenderle. Era irritable, pero aun así le entretenía seguirle el juego, era una de las pocas maneras de tener una conversación sin acabar insultándose o manteniéndose en un silencio incómodo. "La última vez me dio la sensación de que no era tan agradable para tus ojos."
"Que no seas mi prototipo no significa que no te vea atractivo." Explicó ella alargando la mano para abrir un botellín nuevo.
"¿Y cual se supone que es tu prototipo?" Preguntó curioso. A él le gustaba gustar, era inevitable, era un rasgo algo feo que había heredado de su madre. En el colegio y en la secundaria nunca había tenido dificultades para llamar la atención de la chica que le gustaba, y al salir a la vida adulta y madurar físicamente, había perfeccionado sus técnicas y engordado su ego y su autoestima.
"Tampoco es que tenga algo definido, no soy quisquillosa, pero sí sé lo que no me gusta." Dijo un poco incómoda con su pregunta. "¿A qué viene esto?"
"Curiosidad." Respondió sin más. Fue inevitable ignorar la imagen del rubio platino que apareció en su cabeza, había visto tantas imágenes de ellos juntos, que solo lograba que su imaginación volase con más facilidad cuando ella hablaba.
"¿Así que estás buscando todas las piezas para descifrarme? ¿Cómo si fuese una especie de puzzle?" Preguntó ella antes de volver a beber de su cerveza.
Shinichi no pudo evitar reír ante su comentario, era cierto que su mente y perspectiva le creaban más que curiosidad, pero tampoco la veía como una herramienta material. "En todo caso, descifrarte como mujer." Rectificó sus palabras haciendo que ella pusiese los ojos en blanco.
"Es la misma falta de respeto… ¿Es que no sabes que la curiosidad mató al gato?" Preguntó pensando en todas esas cosas que él se moría por saber y que ella todavía no estaba dispuesta a compartir.
"Tampoco tengo miedo." Contestó mirándola fijamente.
El bullicio de la gente hacía callar la lluvia de abril que se escuchaba chocar a través de las ventanas. No había lluvia suficiente que pudiese impedir reunirse a todo ese puñado de ricos con traje. A Shiho le repugnaba, no sabía que diferencia podía haber entre esos personajes y los cuervos disfrazados con los que antes tenía que tratar, ambos soltaban las mismas mierdas por la boca y le hacían sentir la misma incomodidad cuando la miraban.
Ella no era más que un títere en todos esos lugares, tenía su diálogo memorizado, la sonrisa perfecta pegada en su rostro y un agradable perfume a juego.
"He escuchado cosas espectaculares sobre tu mujer estas últimas semanas." Comentó uno de los inversores mientras sostenía una copa de champán en una de las manos y sujetaba con la otra el brazo de la mujer que le acompañaba. "Si he de ser sincero, no estaba seguro de que un proyecto así pudiese ponerse en marcha como lo ha hecho, así que tengo que decir que estoy muy sorprendido." Comentó alzando la copa para brindar. "Los ingresos empiezan a dar sus beneficios y eso me pone muy contento, así que brindemos por la prosperidad."
Juntaron las copas antes de beber de ellas y Yusaku sonrió aliviado al ver como las cosas iban bien pese a las adversidades. "Siempre hemos sido buenos socios, nunca jugaría con tu dinero."
Ambos rieron y Shiho levantó la cabeza al notar que la acompañante del hombre no dejaba de mirarla. No recordaba conocerla, sin embargo, su mirada fija le hacía saber que no parecía muy cómoda de estar a su alrededor y el gesto de enredar más su mano en el brazo de su compañero como si se lo fuese a robar en cualquier momento le hacía notar la estúpida rivalidad y amenaza que sentía.
"He escuchado que tienes un doctorado en bioquímica y otro en química avanzada. Es una sorpresa que una mujer dirija un proyecto como ese, sin embargo, he de admitir que he sentido curiosidad por tu última tesis sobre biomedicina." Comentó la mujer mientras los dos hombres seguían hablando.
Shiho se sintió sorprendida al ver que la mujer tenía más que la información necesaria y no sabía si su mirada seguía desafiándola o simplemente quería demostrarle que ella tampoco era estúpida. A Shiho le daba igual, no tenía nada que demostrar y ni siquiera quería estar ahí hablando con ellos.
"¿Tú también has estudiado química?" Preguntó Shinichi al ver que su mujer había decidido no contestar.
La mujer negó la cabeza, aparando la mirada con cierta timidez. "Empecé a estudiar medicina pero lo dejé el último año para pasarme a la facultad de derecho."
Shinichi asintió notando que la mujer no parecía querer especificar más sobre el tema. "Derecho es una carrera bastante interesante, tuve asignaturas sobre leyes en mi carrera así que puedo imaginarme como eran tus clases." Dijo intentando volver a relajar el ambiente.
"Me saqué la carrera con buena nota, aunque es mucho más sorprendente la carrera científica de tu mujer." Contestó sin perder el ojo de la pelirroja.
"Miyano es una friki de la ciencia." Contestó Shinichi con una sonrisa a la vez que su mujer le daba un codazo.
"¿Estás celoso de que sea más inteligente que tú?" Preguntó la científica alzándole una ceja.
"Eso no está demostrado." Se defendió.
Yusaku se despidió de la pareja cuando apareció Yukiko y se reunió con su hijo con la cara algo seria.
"¿Ahora qué pasa?" Preguntó Shinichi al notar la molesta mirada de su padre.
"No deberías llamar a tu mujer por su apellido de soltera." Le advirtió con un tono bajo. No, para su suerte no se le había pasado desapercibido el pequeño comentario que había soltado segundos atrás. "Tienes que ser más cuidadoso, lleváis medio año juntos."
"Sí lo sé, se me ha escapado." Se defendió bebiendo de su copa para no tener que seguir con esa bronca.
"¿Me acompañas a la terraza?" Preguntó Shiho al ver que él parecía necesitar despejarse un poco.
La pareja consiguió deshacerse del control de los padres de Shinichi y se alejaron de la multitud para salir a la terraza exterior, el fresco hacía que no estuviese tan concurrida como el interior, así que les permitía relajarse un poco.
Shinichi frunció el ceño cuando la vio sacar un cigarro. "¿Todavía sigues con eso?" Preguntó algo molesto. "Con lo poco que fumas, podrías dejarlo de una vez."
"Tú lo has dicho, con lo poco que fumo, puedo hacer lo que me de la gana." Contestó rectificando su frase a la vez que soltaba el humo en su dirección para molestarle. "Relájate un poco, llevas toda la vida presentándote a estas fiestas, no sé porqué pareces tan molesto ahora."
"La multitud me agobia." Comentó girándose para mirar hacia el interior, reconociendo al instante la silueta de Ran a través de la ventana que los separaba del salón.
Shiho lo vi sorprendido y miró hacia su dirección para ver a la morena. "¿Cómo van las cosas con ella?" Preguntó antes de darle un calo al cigarro. "Te escucho hablar todos los días sobre el trabajo, pero nunca hablas de ella." Dijo notando como Shinichi apretaba los dientes.
"Decidimos dejarlo temporalmente después de la ceremonia." Explicó con pocos detalles. "Puede que sea un marido de mierda, pero no quería ponerme en esa situación tan desagradable y tampoco quería que ella se sintiese mal por mi culpa."
Ella asintió. Sabía que era el problema de sus desastres románticos, pero nadie les había puesto una pistola en la cabeza para hacer eso, ambos habían aceptado ese acuerdo con sus respectivos beneficios. Y parecía que Shinichi tenía que recordárselo constantemente.
Sus puños se apretaron cuando vio la mano de Ran entrelazada con la de un hombre demasiado familiar, Eisuke Hondo, y entonces recordó aquella reunión de exalumnos en la que Ran le había insistido tanto que fuese, y que como siempre, él no había priorizado. No era la primera vez que la veía con otro hombre, al igual que ella lo había visto con otras mujeres, pero esta vez era la que más le molestaba. Suponía que era por el simple echo de saber que ahora era un tipo de prohibición.
Se giró sin aguantar seguir mirando esa escena y observó que su compañera parecía algo pensativa, tenía la mirada baja y la ceniza estaba a punto de caer de su cigarro. Se sentía un poco idiota por haber tenido esa reacción tan celosa delante de ella y no quería sentir que lo jodía todo ahora que habían conseguido una extraña amistad entre ellos.
"¿Has escuchado a mi padre?" Le preguntó dándole la espalda a la ventana para acercarse un poco a ella. La terraza estaba cubierta, pero podía sentir alguna gota golpearle el hombro de vez en cuando.
"¿Lo de que eres un idiota por no comportarte en público?" Preguntó mientras ponía un dedo en su barbilla para pensar y expulsaba el humo lentamente.
"Eso no." Protestó frunciendo el ceño. "Lo de que ya llevamos medio año juntos."
Ella rodó los ojos antes de apagar el cigarro y apoyarse en la barandilla para mirarle. "¿Y bien?"
Shinichi mantuvo el instinto de alejarse cuando ella le miró tan profundamente e intentó no hacerse pequeño con el poderío que transmitía. "No sé, ¿Tú que opinas? Siempre hablamos de mis quejas, pero yo no sé las tuyas."
"¿Cómo que no? Si me paso el día insultándote."
"Venga, Miyano. Hablo en serio." Comentó apoyando el codo en la barandilla.
"¿Qué quieres que te diga?"
Shinichi resopló, joder, era tan difícil hablar con ella a veces. "Pues empezaré yo." Dijo algo nervioso. "Quería disculparme por las cosas que dije al principio de esto, sé que es difícil estar con alguien sin amor y también hay muchas cosas que todavía no entiendo, pero lo cierto es que eres una buena compañera y tus dotes de actriz hacen las cosas muy fáciles los días como hoy."
Ella sonrió inclinándose un poco hacia él. "¿El detective se siente camelado?"
Él negó con la cabeza algo nervioso. "Solo pretendía ser amable."
"Entonces debería dar las gracias." Amplió su sonrisa haciendo que a él se le apretase el estómago. "Puedo admitir entonces que no eres tan capullo como imaginaba."
Shincihi rodó los ojos. "¿Y ya está? ¿Es que no sabes decir nada bueno?" Preguntó resoplando. "No sé, algo como por ejemplo: la convivencia no es tan mala, eres un poco pesado pero divertido o me gusta que lo sigas intentando porque eres el único que tira de esta amistad."
"Tienes razón en eso de que eres un poco pesado pero divertido." Contestó ella haciendo que él se removiese el pelo.
"Contigo es imposible." Suspiró con ganas de rendirse.
"Es que por más que te observe no acabo de entender que es lo que buscas. Empezaste sin querer saber el mínimo detalle de mí, me juzgas y te pasas las semanas evitándome, pero luego pretendes ignorar las cosas desagradables para ¿tratar de estrechar lazos con una amistad?" Medio preguntó sin comprender a la vez que lo veía fruncir el ceño.
"No tiene nada de malo intentar ser un buen amigo." Contestó él como pudo.
"Me parece genial Kudo, pero nosotros no somos amigos y, seamos realistas, no creo que ese papel funcione nunca entre nosotros." Contestó ella sintiendo que era la única consciente de ello. "No sé, pero necesito que me lo aclares. ¿Quieres que te ignore como me haces entender tantas veces o que te persiga constantemente con una sonrisa en la cara? ¿Qué no te roce bajo las sábanas o que busque ese contacto? ¿Quieres acostarte conmigo? ¿O quieres jugar a algo retorcido? ¿Qué quieres, Kudo?"
Él se quedó pensando unos segundos antes de contestar. Había soltado demasiadas preguntas igual de confusas para él, lo que sí que estaba claro, era que tenía que ponerlo todo sobre la mesa. "No creo que pudiese enamorarme de este matrimonio, pero quiera o no, me siento algo atraído por ti. Al menos, algo más de lo que imaginaba." Respondió esperando que lo hubiese escuchado con claridad porque no sabía si tenía el valor de volver a repetirlo otra vez en voz alta. "Eres irritable y fría, pero tienes cosas que me atraen sin darme cuenta y me llenas de curiosidad aunque no me guste admitirlo." Acabó diciendo entre dientes, sintiendo que perdía la partida al decir eso.
Con toda la rabia que había pasado, no podía admitir en voz alta que ella no era tan horrorosa como imaginaba, ni que era demasiado agradable para el gusto de sus ojos. No podía admitirlo, pero acababa de hacerlo.
Y ella parecía igual de sorprendida que él.
¿Se estaba abriendo de verdad o era un impulso favorecido por el ataque de celos que le había ocasionado otra persona? No lo tenía claro, pero se sentía aliviado de decirlo.
