Tony Montana corría frenéticamente por el cementerio de Echidna, sus pisadas resonaban contra las losas frías. Sus pensamientos eran un torrente de furia, rabia y traición.

- ¡Maldito, maldito! - gritaba, casi desgarrando su garganta.

- ¡Fue ese maldito pedazo de mierda! ¡TE MATARÉ, HIJO DE PERRA!

El tropezó con una raíz que sobresalía del suelo, pero se levantó de inmediato, tambaleándose hacia adelante como un depredador enloquecido.

Cuando salió del santuario, la preocupación de Rem lo alcanzó al instante.

- ¡Tony-kun! ¿Qué sucede? ¡Espera!

Pero él no respondió. Pasó como un vendaval, ignorando las miradas confusas de Ram y Garfiel.

- Ese tipo... - murmuró Garfiel, entrecerrando los ojos mientras Tony desaparecía en la distancia. - Algo anda muuuy mal con él.

Sin embargo, Tony no escuchó nada. Su objetivo estaba claro, y no iba a detenerse.

La puerta de la cabaña se abrió de golpe con un estruendo ensordecedor. Tony fue a toda velocidad, empujando cualquier obstáculo en su camino. Finalmente, llegó a la habitación de Roswaal. El hechicero estaba reclinado sobre su cama, con una expresión tranquila y esa sonrisa enigmática que siempre parecía saber algo que los demás no.

- Ohhh, ya estás aquí, Tony. - dijo Roswaal, alargando las palabras con su característico tono burlón. - ¿Cooomo te fueeee en el santuario? Espero que nooo haya sido demasiado... traumaaático.

Tony se detuvo justo frente a él, su respiración agitada. Su mirada estaba llena de un odio ardiente.

- ¡Tú, maldito pedazo de mierda! - escupió, sacando su arma y apuntándola directamente a la frente de Roswaal. - ¡¿TIENES ALGO QUE DECIRME?!.

Roswaal, lejos de mostrarse intimidado, inclinó la cabeza con curiosidad, como si estuviera disfrutando de un espectáculo inesperado.

- ¿Mhhhm? - murmuró, con un tono que sonaba casi divertido. - Qué... acalorado estás, Tony-kun. ¿A qué se debe tanta hostilidad?

- ¡No te hagas el imbécil conmigo! - rugió Tony, dando un paso adelante. - ¡Tú nos traicionaste, desgraciado! ¡Tú sabías lo que iba a pasar! ¡TÚ LO PLANIFICASTE!

El rostro de Roswaal permaneció sereno, como si las palabras de Tony no tuvieran ningún peso. Con un gesto lento y elegante, levantó una mano.

- ¿Deeeee qué hablas exactamenteee, Tony-kun? Si tienes una acusación tan grave, al meeenos... preséntala con pruebas. Nooo me parece justo que te pongas así conmigo.

- ¡¿Pruebas?! - gritó Tony, y apretó el arma con más fuerza. - ¡Tienes suerte de que no te haya matado ya, maldito! ¡Tus mentiras no me engañan!

Roswaal suspiró, como si estuviera hablando con un niño al que había que corregir.

- Toooony, Toooony... ¿por qué piensas que soy yo quien te traicionó? No olvides que esto es un juego de ajedrez, y cada movimiento tiene un propósito... incluso cuando parece caótico.

- ¡Calla de una maldita vez con tu filosofía barata! - escupió Tony, avanzando otro paso. - ¡Tus juegos se acabaron! ¡No puedes jugar conmigo como haces con los demás!

Roswaal soltó una risa suave y siniestra. Sus ojos, maquillados y llenos de un brillo misterioso, se clavaron en Tony como si pudieran atravesarlo.

- Qué interesante... ¿así que eres inmune a mis "juegos"? Eso... - Roswaal hizo una pausa, su sonrisa ensanchándose. - Eso lo sabremos pronto.

Tony no dejó que dijera nada más. Jaló el gatillo. El disparo resonó como un trueno en la habitación, y la pared detrás de Roswaal se tiñó de rojo. El cuerpo del nigromante se desplomó al suelo, quedando inerte.

- Creías que podías burlarte de mí, ¿eh? - murmuró Tony, observando el cadáver. - Maldita escoria... púdrete en el infierno.

- Al parecer nacer de esperma no es permanecer, maldito perro.

La puerta se abrió de golpe. Ram entró corriendo, y la escena la dejó paralizada por un segundo. Su maestro yacía en el suelo, muerto, mientras Tony sostenía el arma aún humeante. Sus ojos se llenaron de rabia al instante.

- ¡¿QUÉ HICISTE, MALDITO?!

Sin esperar una respuesta, levantó una mano y concentró una ráfaga de viento furiosamente.

- ¡MORIRÁS POR ESTO!

La explosión de magia fue tan rápida que Tony apenas tuvo tiempo de lanzarse al suelo para esquivarla. La onda de choque destrozó parte de la pared, llenando la habitación de polvo y escombros.

- ¡Maldita sea, maldita sea! - gruñó Tony mientras se levantaba, cubriéndose la cara. - ¡Esa loca me quiere matar!

Sin pensarlo, corrió hacia la ventana más cercana y la rompió con el codo. Saltó al exterior, aterrizando torpemente en el jardín. Los gritos de Ram lo persiguieron como un eco infernal.

- ¡VUELVE AQUÍ, MALDITO! ¡VAS A PAGAR!

Los hechizos de viento de Ram explotaban a su alrededor mientras corría por el bosque. Los árboles eran destrozados, y los escombros volaban en todas direcciones. Tony jadeaba, zigzagueando para evitar los ataques. Su cuerpo estaba al límite, pero su determinación lo mantenía en movimiento.

- ¡Maldita mujer, está loca! - gruñó mientras esquivaba otra explosión. - ¡Tengo que salir de aquí!

Después de lo que parecieron horas, el sonido de las explosiones cesó. Tony seguía corriendo pero giró la cabeza para ver a Ram, desplomada en el suelo. La furia seguía ardiendo en sus ojos, pero su cuerpo ya no tenía fuerzas y no podía seguirlo más.

- ¡VUELVE AQUÍ, DESGRACIADO! - gritó con desesperación. - ¡VUELVEEE!

Tony la miró un momento, con una mezcla de desdén y algo de lástima. Pero no tenía tiempo para detenerse. Volvió a girarse y corrió hacia la espesura del bosque, desapareciendo en las sombras.

Mientras los últimos rayos del sol iluminaban el lugar, el mundo parecía prepararse para el siguiente enfrentamiento, que sería aún más brutal.

El sudor corría por la frente de Tony mientras avanzaba por el bosque, maldiciendo en voz baja por lo estrecho del camino y las ramas que se interponían. Se detuvo un momento, apoyándose contra un árbol, cuando escuchó un ruido detrás de él. Rápidamente sacó su arma y giró en dirección al sonido.

- ¡Tony-kun! -la suave voz de Rem rompió el silencio del bosque mientras salía de entre los árboles.

- ¿Rem? -Tony bajó el arma, sus hombros relajándose ligeramente-. ¿Qué demonios haces aquí chica?

Ella avanzó con pasos rápidos hasta él, el ceño fruncido de preocupación.

- Te vi correr tan rápido que me asusté. Ram estaba demasiado ocupada con Garfiel, así que vine a buscarte. ¿Qué está pasando?

Tony pasó una mano por su cabello, suspirando con frustración.

- Mira, chica, no hay tiempo para charlas largas. Algo muy malo está por pasar.

Rem inclinó ligeramente la cabeza, desconfiada pero atenta.

- ¿Qué quieres decir, Tony-kun?

Tony miró a su alrededor como asegurándose de que nadie estuviera cerca, y se acercó un paso a Rem, bajando la voz.

- Hay una asesina que va tras la mansión. Frederica, Petra... están en peligro. Si no llegamos allá antes que ella, no quiero ni imaginar lo que pasará.

Rem abrió los ojos con sorpresa y su expresión cambió a una de determinación inmediata.

- ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar tan seguro? No lo entiendo...

- No tengo tiempo para explicártelo todo, pero créeme, sé cómo trabajan este tipo de personas. No es la primera vez que me cruzo con alguien así.

Rem lo observó por un momento, como buscando señales de duda en su rostro. Pero lo que vio fue una resolución inquebrantable. Finalmente asintió.

-Si es como dices, entonces debemos irnos ahora mismo, Tony-kun. ¿Cuál es el plan?

Tony dejó escapar un leve suspiro de alivio, agradeciendo que ella no insistiera demasiado en los detalles.

- El plan es simple: vamos a robar un dragón de tierra y largarnos directo a la mansión. Si esa loca ya está allí, entonces tendremos que enfrentarnos a ella sin otra opción. Y si no, saquemos a las chicas de la mansión.

Rem asintió ante el plan y se dispuso a ir con el.

Mientras ambos avanzaban hacia el establo, Tony notó la mirada de Rem fija en él. Había algo en sus ojos, una mezcla de preocupación y admiración.

- Tony-kun... siempre hablas con tanta seguridad, como si nada pudiera detenerte. Pero a veces me pregunto... ¿no tienes miedo? ¿Y si mueres? Yo no podría...

Tony mantuvo la vista al frente, y contestó tranquilamente a la chica.

- Miedo... claro que tengo miedo aveces, Rem. Todo el mundo lo tiene. Pero te diré algo, si dejas que el miedo te controle, estás acabado. Así es este juego.

Rem lo observó con más atención, intrigada por la forma en que hablaba, como si llevara el peso de muchas vidas en sus palabras.

- Entiendo. Pero no tienes que hacerlo solo, Tony-kun. Estoy aquí para apoyarte siempre que me necesites.

Tony giró ligeramente la cabeza hacia ella, con una pequeña sonrisa que apenas llegó a sus labios.

- Lo sé, Rem. Por eso confío en ti para esto. Aparte de que eres fuerte, muy fuerte.

Rem se sonrojó un poco y siguió a Tony.

Al llegar al establo, Tony inspeccionó rápidamente el lugar. Había un par de dragones de tierra descansando, atados a los postes.

- Bien, chica. Tú mantén la puerta abierta mientras yo saco a uno de estos bichos -dijo Tony mientras se acercaba a uno de los dragones con movimientos calculados.

Rem lo siguió, levantando la voz en un susurro urgente.

-¿Sabes cómo manejar al dragón de forma adecuada Tony?

- Si, seguro. -respondió Tony, agarrando las riendas del animal con confianza excesiva.

El dragón bufó y giró su cabeza hacia él, pero Tony le lanzó una mirada fija y severa.

- Escucha, amigo. No estoy de humor para tus tonterías. Vas a llevarnos a la mansión, y punto.

Rem no pudo evitar reír suavemente, subiendo al dragón detrás de él.

-Tony-kun, creo que el dragón está un poco intimidado por ti.

- Y debería estarlo. Soy Tony Montana después de todo. -respondió él, apretando las riendas.

El dragón de tierra, aunque un poco renuente al principio, obedeció y comenzó a avanzar.

El viento golpeaba sus rostros mientras avanzaban a toda velocidad hacia la mansión. Rem, abrazada a la cintura de Tony para no caerse, habló por encima del ruido del aire.

- Tony-kun, ¿qué haremos si la asesina ya está allí?

-Eso depende. Si podemos sacarlas antes de que pase algo, perfecto. Pero si esa loca está esperando... bueno, entonces me aseguraré de que no salga viva.

Rem apretó más fuerte su agarre, pero esta vez no por miedo, sino por una mezcla de confianza y preocupación.

- Tony-kun... por favor, ten cuidado, no quiero imaginar que pasaría si tu...

Tony soltó un leve gruñido, sin voltear a mirarla.

-Siempre lo tengo, chica. Aunque hay veces que no, pero eso da igual. No te preocupes. Yo no pienso morir hoy.

Cuando la silueta de la mansión apareció en el horizonte, Tony apretó las riendas, haciendo que el dragón se detuviera.

-Bien, aquí estamos. -Saltó del dragón, mirando la mansión con los ojos entrecerrados-. Ahora viene la parte difícil.

Rem bajó con cuidado, sosteniendo su bola de pinchos con firmeza por si las dudas.

-Estaré a tu lado, Tony-kun. Pase lo que pase.

Tony miró hacia la entrada, ajustando su corbata y sacando su arma de la cintura.

-Eso espero, Rem. Porque ahora, no hay margen para errores.

Tony y Rem irrumpieron en la mansión, ambos bastante tensos.

Petra, que estaba limpiando el vestíbulo, se acercó rápidamente al verlos con una sonrisa.

- ¡Señor Tony! ¡Rem! ¿Qué está pasando? Volvieron rápido y se ven preocupados por algo... -preguntó alarmada.

Tony levantó una mano para calmarla, aunque sus ojos mostraban seriedad.

- Escucha, pequeña. Tenemos problemas. Un enemigo peligroso está en camino, necesitaría que te escondas.

- ¿Enemigo? -preguntó Petra, llevándose una mano al pecho preocupada.

Frederica apareció desde el fondo del corredor, con una expresión grave al escuchar las palabras de Tony.

- ¿Qué ocurre exactamente? ¿Qué clase de enemigo?

Tony habló con seriedad y autoridad en su voz.

- Es una asesina, y no cualquier asesina. Es rápida, despiadada y disfruta de destrozar a la gente. Su nombre es Elsa Granhiert, y créeme, no viene a charlar con una taza de té.

Rem frunció el ceño, notando la dureza en las palabras de Tony.

- ¿Tony-kun, tú ya te has enfrentado a ella antes?

Tony asintió, ajustando su pistola.

-Sí, y casi me mata. Esa fue la maniática que intentó acabar con Emilia justo antes de que nos conociéramos. Si no fuera por ese espadachín pelirrojo, yo no estaría aquí contándolo.

[Aunque si me mató]

Menos mal que los pensamientos no se pueden escuchar.

Frederica frunció el ceño aún más al escuchar a Tony.

-¿Y estás seguro de que viene aquí? ¿Cómo puedes saberlo?

- Tan seguro como de que me llamo Antonio. No hay tiempo para hablar sobre como lo sé. -respondió Tony, pero su tono reflejaba la urgencia -.

Rem miró a Tony con preocupación, aunque sus ojos ya mostraban determinación.

- Entonces debemos detenerla antes de que haga daño a alguien.

Frederica asintió, cruzándose de brazos.

- Prepararé la defensa. Petra, quédate detrás de nosotros o escóndete por favor.

Petra asintió con nerviosismo mientras Tony la veía.

- Bien, vamos a darle un recibimiento que no olvide, ¿entendid-

De repente, un sonido agudo cortó el aire.

- ¡Cuidado! -gritó Tony, empujando a Petra a un lado.

Un cuchillo se clavó en la pared, justo donde Petra estaba hacía un segundo.

Rem se giró rápidamente, adoptando una postura defensiva con su arma mientras buscaba al agresor con la mirada y el olfato.

Una risa burlona resonó por toda la sala dándole un escalofrío a más de uno de los presentes.

- Vaya, vaya... ¿Tony Montana, otra vez? -La voz de Elsa Granhiert llegó acompañada de sus pasos elegantes al entrar. Su sonrisa era tan afilada como su cuchillo-. Qué emocionante encontrarte de nuevo, querido. Pensé que Reinhard ya te había salvado demasiado.

Rem frunció el ceño, desconfiada.

-¿Tony-kun, es ella verdad?

Tony la miró de reojo, su mandíbula tensa.

- Es Elsa, la loca de mierda esa. Rem, Mantente alerta.

Elsa rió suavemente, evaluando a Rem con sus ojos oscuros.

- Oh, ¿tu novia? Qué adorable. ¿Crees que puedes detenerme, querida?

Rem levantó su bola de pinchos, su rostro serio aunque algo sonrojada por lo primero que dijo.

-No sé quién eres exactamente, pero no te permitiré hacer daño aquí asesina.

Elsa ladeó la cabeza, su sonrisa amplificándose.

-Qué valiente. Pero ya sabes lo que dicen, la valentía no evita que las entrañas se derramen.

Frederica dio un paso al frente, sus ojos encendidos de ira.

-No importa quién seas. Si vienes aquí a lastimar a mis amigos, no saldrás con vida.

Elsa la miró con fascinación, como si evaluara a una nueva presa.

- Ah, una mujer bestia... Qué interesante. ¿Qué tan rápido se abrirá tu carne?

Tony levantó su pistola, apuntando directamente a Elsa.

-Ya cállate de una vez perra. Hoy no vas a salir viva de aquí.

Elsa desenfundó otro cuchillo, su sonrisa se amplió aún más.

-Entonces hazlo, Montana.

Frederica se transformó instantáneamente en su forma bestial, su cuerpo creciendo mientras un pelaje dorado cubría su piel. Con un rugido feroz, se lanzó hacia Elsa con una velocidad sorprendente.

Elsa esquivó el ataque con una gracia sobrenatural, girando sobre sí misma mientras lanzaba un cuchillo hacia Rem. Rem bloqueó el ataque con su bola de pinchos, sus ojos fijos en Elsa.

- Tony-kun, cuida de Petra. Yo me encargaré de esto.

Tony asintió, apretando los dientes mientras activaba su magia de fuego, envolviendo su pistola en llamas.

-Bien, chica, pero no te confíes. Esta zorra no caerá tan fácil.

Petra se fue a esconder a una habitación mientras todo pasaba.

Elsa se rió al ver las llamas que surgían del arma de Tony.

- Oh, qué lindo ¿es un nuevo truco?. ¿Eso será suficiente para acabar conmigo?

Tony disparó una bala envuelta en fuego, obligando a Elsa a retroceder por primera vez.

- ¿Qué opinas, perra? Vamos a ver cuánto puedes aguantar ahora.

Rem activó su forma Oni, su cuerno brillando con intensidad mientras se abalanzaba sobre Elsa, su bola de pinchos descendiendo con fuerza. Elsa esquivó por poco, pero una garra de Frederica logró rasgarle el costado haciendo que se tiña de rojo.

- Ah, interesante... -dijo Elsa mientras observaba cómo la sangre fluía de su herida. A pesar del daño, su expresión seguía siendo la de alguien que disfrutaba el momento-. Esto se está poniendo divertido.

Frederica rugió nuevamente, lanzándose sobre Elsa, mientras Tony disparaba más balas de fuego para limitar sus movimientos. Elsa, aunque rápida, comenzó a mostrar signos de irritación al tener que enfrentarse a tres oponentes al mismo tiempo, con un movimiento audaz ella logró sacar de la mansión a Frederica con una patada mandándola a volar al césped del jardín luego de romper una ventana. Ella la siguió y Rem junto a Tony hicieron lo mismo.

La tensión en el aire era palpable mientras Elsa se deslizaba por el campo de batalla, esquivando cada ataque con una agilidad sobrenatural. Su risa burlona resonaba por encima del estruendo de la lucha, como si nada de lo que hacía Frederica, Rem o Tony pudiera tocarla. Pero Tony no se dejaba engañar, sabía que Elsa era poderosa, pero él no iba a dejar que la asesina se saliera con la suya.

Con un rápido movimiento, Tony sacó su pistola de fuego y disparó un tiro a la pierna de Elsa. La bala de fuego impactó directamente, pero Elsa se giró rápidamente, apenas sintiendo el golpe antes de que su herida comenzara a sanar lentamente. Sin embargo, Tony ya estaba preparándose para otro disparo.

-¡No creas que me voy a quedar de brazos cruzados! -gritó Tony, apuntando con la pistola mientras el arma recargaba automáticamente.

Elsa giró hacia él, con una sonrisa desafiante en su rostro, pero fue Rem quien, en ese momento, se adelantó. Usando su poder Oni, lanzó su bola de pinchos con una velocidad feroz, apuntando directamente a la cabeza de Elsa.

La asesina reaccionó de inmediato, pero justo cuando parecía que esquivaría el ataque, una bala de Tony alcanzó su hombro izquierdo, clavándose profundamente en su carne. Elsa por poco pudo esquivar el ataque de Rem pero no salio ilesa, una de sus orejas salió volando debido al ataque de la sirvienta. La asesina soltó un gruñido de dolor, pero su regeneración fue casi instantánea, aunque la oreja no reapareció, la herida comenzó a cerrarse mientras ella comenzaba a reír enfermizamente de nuevo.

-Esto no es más que un juego para ti, ¿verdad? -dijo Rem, su voz llena de furia, pero Elsa solo la miraba con diversión.

De repente, Elsa saltó hacia adelante con una velocidad impresionante y, antes de que Frederica pudiera reaccionar, lanzó un cuchillo a gran velocidad hacia Rem. Ella logró esquivarlo en el último segundo, pero el cuchillo rozó su costado, dejándola con una herida superficial. Sin embargo, Rem no titubeó y, con su cuerno Oni brillando aún más intensamente, lanzó una serie de ataques con su arma, buscando matar a la asesina.

Tony, por su parte, volvió a disparar, utilizando su magia de fuego para fusionar la bala con llamas intensas. La bala voló a gran velocidad hacia Elsa, que, aunque intentó esquivarla, se vio alcanzada en el abdomen. La explosión de fuego la empujó hacia atrás, pero, nuevamente, su regeneración comenzó a sanar las heridas al instante.

- ¡Maldita sea! -gritó Tony, con furia y frustración. No podía permitir que Elsa siguiera regenerándose sin consecuencias.

Entonces, Elsa se detuvo un momento, mirando a los tres con una expresión de diversión sádica.

-Qué bonito, lo que realmente me divierte es que, aunque me hieran, ustedes no pueden detenerme -dijo Elsa, mientras su cuerpo se regeneraba lentamente.

De repente, sin previo aviso, Elsa desapareció en un destello de velocidad, apareciendo detrás de Tony, lista para asestarle un golpe mortal. Pero antes de que pudiera hacer algo, Frederica, en su modo bestial, se lanzó hacia Elsa, tomando la iniciativa para proteger a Tony. La bestia dorada atrapó a Elsa por la cintura, aplastándola contra el suelo con una fuerza devastadora. Elsa, aunque sorprendida por la fuerza de Frederica, usó sus cuchillos para intentar liberarse.

Rem aprovechó el momento, lanzando un par de proyectiles de hielo hacia Elsa, pero la asesina se movió con rapidez, esquivando los ataques mientras trataba de cortarle las piernas a Frederica. Tony, viendo la situación crítica, apretó el gatillo de su pistola ya recargada para disparar una vez más, disparó una ráfaga de balas de fuego, las cuales impactaron en el suelo cerca de Elsa, haciendo que la asesina se viera forzada a retroceder por un momento.

Pero justo cuando parecía que la batalla estaba tomando un giro a su favor, algo extraño sucedió. Un rugido profundo resonó en el aire, seguido por un estruendo que sacudió el terreno. Las Mabestias aparecieron de repente, con un gran número de ellas rodeando el campo de batalla. Meili, la usuaria de las Mabestias, apareció en el horizonte, observando la lucha con una mirada tranquila pero peligrosa.

-Parece que la diversión acaba de comenzar -dijo Meili, observando con calma cómo las Mabestias se posicionaban, preparándose para atacar.

Elsa se detuvo al ver a las criaturas, mirando con una sonrisa a Meili.

- Oh Meili, ahí estabas.

Pero antes de que pudiera decir más, las Mabestias se lanzaron al ataque, interponiéndose entre Elsa y los tres guerreros. El suelo se estremeció bajo el peso de las criaturas mientras se acercaban con ferocidad. Elsa, con una risa cruel, se preparó para enfrentarse a las Mabestias, pero Tony, Rem y Frederica sabían que esta batalla recién comenzaba.

La lucha estaba lejos de terminar.

La batalla se desató en un caos total, con Elsa y Meili atacando a la par, rodeados por las Mabestias de Meili, que arremetían contra Tony, Rem y Frederica. Elsa, con su agilidad y crueldad habituales, saltaba entre los árboles y las rocas, esquivando cada golpe y lanzando ataques letales con sus cuchillos afilados.

Tony no retrocedía, disparando sus balas de fuego con rapidez y precisión, pero incluso esas poderosas municiones no lograban detener a las Mabestias. Cada vez que derribaba a una, más aparecían, creando una presión insoportable sobre ellos. Rem, transformada en su forma Oni, luchaba ferozmente contra las Mabestias, mientras Frederica, en su forma bestia, desgarraba a los monstruos con garras y colmillos.

Pero el verdadero desafío era Elsa, que nunca dejaba de moverse, deslizándose entre los ataques y burlándose de cada intento de golpe. Tony disparaba su pistola con furia, pero Elsa se anticipaba a cada movimiento, su risa llenando el aire mientras se acercaba más a ellos. En un momento, con una velocidad impresionante, lanzó uno de sus cuchillos hacia Rem. Ella lo esquivó, pero el peligro era inminente, y Elsa no dejaba de atacar con rapidez.

El campo de batalla era un escenario de caos y sangre, con los ataques de Elsa y las Mabestias forzando a cada uno de los combatientes al límite. Rem, con su brazo lleno de cicatrices y sudor en la frente, estaba a punto de lanzar otro ataque cuando, de repente, vio a Elsa frente a ella, con su cuchillo levantado y una expresión demoníaca.

Con una risa maquiavélica, Elsa se acercó rápidamente a Rem. "Creías que podrías detenerme, ¿verdad? No lo harás sirvienta, muere."

Antes de que pudiera reaccionar, Elsa le lanzó un golpe directo a su abdomen, con una precisión mortal. Rem intentó bloquearlo, pero no iba a poder evitar el daño. El cuchillo estaba por rebanar el estómago de Rem, hasta que...

"¡NO!" gritó Tony, quien había estado observando la pelea desde la distancia.

Con un impulso de desesperación, Tony saltó frente a Elsa, usando su cuerpo como escudo para proteger a Rem. Elsa, sorprendida por la acción, no tuvo tiempo de reaccionar antes de que Tony la empujara y se interpusiera entre ella y su víctima.

El cuchillo de Elsa, afilado como el filo del abismo, atravesó el cuerpo de Tony con una brutalidad implacable. La hoja cortó su estómago, desgarrando la carne y abriendo una herida mortal. Las tripas de Tony cayeron al suelo, una visión espantosa para todos los presentes. La sangre brotó de su cuerpo, llenando rápidamente el suelo mientras su rostro mostraba una expresión de agonía y dolor.

"¡TONY-KUN!" gritó Rem, horrorizada viendo la escena.

Tony cayó de rodillas, su respiración entrecortada mientras la vida se le escapaba. La visión de sus entrañas expuestas y la sangre cubriendo el suelo dejaban claro lo irreparable de sus heridas.

"¡Maldita sea!" maldijo Tony, luchando por hablar, aunque las palabras se deslizaban lentamente de su boca. "No... me... rendiré... no... otra... vez..."

Pero no pudo seguir. Con un último esfuerzo, miró a Rem, a Frederica, y luego a Elsa, su rostro torcido en una expresión de rabia.

"Maldita zorra..." murmuró, antes de caer finalmente al suelo, sin vida.

El campo de batalla quedó en silencio por un instante, solo el sonido de la respiración de los combatientes y el crujir de los árboles llenaba el aire. Rem, temblorosa y con lágrimas en los ojos, miró a Tony, incapaz de procesar lo que acababa de suceder. La furia se apoderó de su cuerpo, y su fuerza Oni comenzó a desbordarse aún más.

"¡TE MATARÉ! ¡TU, MALDITAAAA!" gritó Rem, su voz llena de furia incontrolable. Su poder aumentó, pero en ese momento, las Mabestias de Meili la rodearon nuevamente, evitando que se acercara a Elsa. Los monstruos atacaron con violencia, intentando morderla y cortarla con sus colmillos, pero ella furiosamente los masacraba con su bola de pinchos.

Frederica, sin perder tiempo, atacó con toda su fuerza. Las garras de la bestia desgarraban a las Mabestias, pero el sentimiento de desesperación estaba claro en el aire. La muerte de Tony había desestabilizado a todos, y la fuerza de la pelea comenzó a desmoronarse.

Elsa observó la escena con calma, como si todo fuera parte de su juego. Meili, al ver que la situación se estaba tornando aún más caótica, sonrió.

"Parece que ahora es hora de que la diversión termine," dijo Meili en voz baja.

La batalla continuó, pero la sombra de la muerte de Tony colgaba sobre ellos, una marca de desesperación en el campo de batalla.

Mientras todo esto pasaba, dos personas llegaron a la escena, montados en un dragón de tierra.

Eran Subaru y Ram, la cual se veía furiosa en busca de una persona.

La mirada furiosa de Ram no tardó en fijarse en Tony. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, rodeado de sangre y las entrañas expuestas, una escena que dejaba claro que la vida de Tony había sido brutalmente arrebatada.

"¡¿QUÉ HAN HECHO?! ¡¿QUIÉN MATO A TONY?! ¡YO DEBIA HACERLO!" Ram vociferó, su rostro torcido en furia y venganza. Sus ojos recorrían la escena como si buscaran al responsable, su cuerpo emanaba energía con cada palabra, como si estuviera a punto de desatar un ataque devastador. Pero sus pasos se detuvieron cuando vio a Rem, arrodillada junto al cadáver de Tony, llorando desconsolada. La furia de Ram titubeó, y su mirada se suavizó, desbordada por el dolor de ver a su hermana en ese estado.

Ram no podía creer lo que veía. Su mente luchaba contra la realidad. El hombre que había odiado, el que había matado a su maestro y al que le juró venganza, yacía muerto en el suelo con su hermana llorando por el.

Pero lo que más le dolía era el sufrimiento de Rem. Su furia, que había sido alimentada por el deseo de venganza, se desvaneció como el viento. Miró a su hermana, a sus lágrimas, y a la figura de Tony, cuyo sacrificio había cambiado el rumbo de todo.

"No... No permitiré que nadie más lo mate. ¡Solo yo tengo ese derecho!" murmuró Ram con rabia contenida. A pesar de su dolor, el deseo de proteger a Rem, de luchar junto a ella, se encendió en su interior. Tony no debía morir a manos de otra persona, pero no podía cambiar el pasado.

Subaru mientras todo pasaba estaba pasmado, nunca había visto a Tony morir, el era casi un ejemplo a seguir para el y ahora estaba tirado con todas las tripas afuera. No lo podía creer, quería vomitar y quería vengarlo.

"T-Tony... no... no puede ser esto posible..."

Ram respiró hondo y se giró hacia la batalla. "¡No más! ¡No permitiré que nadie más destruya lo que queda de esto!"

Con una mirada decidida y la furia apagada pero siempre presente, Ram avanzó hacia Elsa y las Mabestias. A su lado, Rem, su rostro lleno de lágrimas, también se preparó para continuar la lucha. A pesar de la pena y la rabia que consumían sus corazones, ambas hermanas sabían que no podían rendirse.

"T-Tony, por-por favor no, no te vayas... tu no me dejarías sola... tu no... no morirías, p-por favor, despierta, por favor no te duermas..."

La voz de Rem estaba totalmente quebrada y sus lagrimas no paraban de salir viendo el cadaver inerte de Tony.

"Te mataré por lo que le hiciste a mi hermana..." dijo Ram con voz firme, sus ojos brillando con determinación.

Elsa, viéndolas acercarse, sonrió con desdén. "¿Así que ya se olvidaron de su amado? Qué triste, niñas. Pero nada podrá salvarlas ahora..."

Ram se lanzó contra Elsa con su magia de viento desatada lanzando un feroz ataque. Elsa lo esquivó, pero la furia de Ram era imparable, como una tormenta que arrasaba todo a su paso. Rem, por su parte, también atacaba con su bola de pinchos furiosamente, no solo para vengar a Tony, sino para defender a su hermana de cualquier ataque.

La pelea se desató con una violencia extrema, y la furia de Ram se desbordaba con cada golpe. Elsa, aunque herida, continuaba regenerándose y burlándose de sus oponentes, sabiendo que cada ataque solo las agotaba más. Mientras tanto, las Mabestias de Meili acechaban, listas para devorar a cualquiera que se les acercara.

Pero Ram no cedió. Sabía que, aunque Tony había muerto, su lucha no podía quedar en vano. No podía dejar que su hermana fallezca. Y mucho menos dejar que Elsa saliera victoriosa.

Por otra parte, el rugido de las Mabestias retumbaba en el aire, y la intensidad del combate no daba señales de disminuir. Frederica, transformada en su forma de bestia, luchaba con una furia descomunal, sus garras y colmillos desgarrando a las Mabestias que intentaban atacar a sus compañeros. Cada golpe que asestaba parecía destruir a sus enemigos, pero la marea de criaturas era demasiado grande. El agotamiento comenzaba a hacer mella en su cuerpo, y el peso de la batalla se volvía insoportable.

"¡Rem, ten cuidado!" gritó Frederica, viendo cómo una Mabestia se acercaba por la espalda de su amiga mientras está intentaba alcanzar a Elsa.

Mientras ella avisaba a Rem, una gran mabestia se abalanzo por su espalda sin dejarla reaccionar. No tuvo tiempo. Una de las Mabestias más grandes, un monstruo de enormes garras y colmillos afilados, se lanzó directamente hacia ella. Frederica, en su estado de bestia, apenas tuvo tiempo de girarse antes de ser atacada. La criatura la golpeó con su enorme pata, derrapando por el suelo mientras las garras de la bestia la desgarraban.

"¡No...!" gritó Rem, viendo cómo su amiga era lanzada al aire por el impacto. Su cuerpo cayó con fuerza al suelo, el polvo levantándose a su alrededor.

Pero la Mabestia no la dejó descansar. En un segundo, la enorme criatura saltó sobre Frederica, clavando sus colmillos en su hombro, desgarrando la carne con un solo movimiento. Frederica gritó de dolor, pero en su interior, sabía que no podría resistir por mucho más.

A pesar del dolor, ella no se rindió. Con un grito de furia, luchó contra la bestia, usando sus garras para intentar desgarrar a la criatura. Sin embargo, las fuerzas ya no le respondían como antes. La Mabestia, con una fuerza inhumana, le dio un golpe directo en el abdomen, enviándola al suelo con un estrépito. La bestia, ahora sobre ella, clavó sus colmillos en su pecho, dejando escapar un rugido triunfante.

"¡Noooo!" gritó Rem, corriendo hacia ella, pero Elsa se interpuso en su camino con una sonrisa burlona.

"Estas peleando contra mi, sirvienta".

Frederica, con su última reserva de fuerza, levantó una mano y la apoyó en la cara de la Mabestia, empujándola lo suficiente como para que la criatura apartara su rostro. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. La sangre manchaba su rostro y su cuerpo, pero su mirada estaba llena de determinación. Sabía que había dado todo por sus compañeros sin importarle el precio.

"C-cuida d-de t-todos, R-rem..." susurró con voz quebrada, antes de que su cuerpo se relajara y su respiración se detuviera. La criatura, al ver su resistencia menguante, la dejó ir y dio un último rugido antes de alejarse para atacar a otros.

Rem logró apartar a Elsa varios metros con una fuerte patada a su mandíbula para poder ir con Frederica. La sangre de su amiga la salpicó, pero ella no podía dejar de mirar su rostro, en el que se reflejaba el sacrificio y la valentía. El eco de su última palabra resonó en su mente, llenándola de rabia y tristeza.

"Frederica..." murmuró Rem, su voz quebrada por las lágrimas que derramaba.

El cuerpo de Frederica yacía inerte en el suelo, su mirada perdida hacia el cielo, como si hubiera alcanzado finalmente la paz tras su heroico sacrificio. La batalla continuó, pero para Rem, el mundo se detuvo un instante, al igual que el de sus compañeros. La furia y el dolor de ver morir a alguien tan valiente en el campo de batalla alimentaron su rabia, transformándola en una fuerza imparable, dispuesta a vengar a sus amigos caídos.

La guerra aún no había terminado, pero el sacrificio de Frederica nunca sería olvidado por ella.

La batalla continuó, pero la muerte de Frederica dejó una marca profunda en el corazón de todos los presentes. Rem, llena de dolor y rabia, se levantó con la determinación de vengar a su amiga caída. Sin embargo, la lucha era interminable. Elsa y las Mabestias no daban tregua, y sus enemigos parecían infinitos. Los cuerpos caían uno tras otro, y la desesperación se apoderaba de los últimos sobrevivientes.

Subaru, cuyo rostro mostraba un dolor incontenible, se lanzó en un ataque de ira contra Elsa, su furia alimentada por la pérdida de Frederica y de Tony. A cada golpe, el deseo de vengar a sus amigos lo consumía más, pero Elsa estaba en otro nivel, ella lo esquivaba como si se tratara de un niño de 3 años intentando golpearla.

"¡Maldita sea, no puedes seguir haciendo esto!" "¡POR QUE, POR QUE NO DEJAS DE MATAR GENTE!" gritó Subaru, con los ojos llenos de lágrimas y rabia intentando golpear a la mujer.

Pero Elsa, como siempre, lo miró con desdén, su sonrisa burlona intacta.

"¿Crees que puedes detenerme? Eres demasiado débil, niño".

Antes de que Subaru pudiera reaccionar, Elsa se movió con velocidad letal. En un parpadeo, sus cuchillos brillaron en el aire, y antes de que pudiera esquivarlo, un destello metálico cortó su cuello con una precisión mortífera. Subaru cayó al suelo, con una expresión de incredulidad en su rostro, su vida estaba apagándose rápidamente.

"¡Subaru!" gritó Rem, y la desesperación la invadió al ver caer a sus amigos poco a poco sin poder salvarlos.

El aire estaba cargado de tensión. Elsa, furiosa y decidida a destruir a todos de una vez, luego de matar a Subaru rebanando su cuello ella fue a atacar incansablemente a Rem con sus cuchillas en un ida y vuelta mientras las Mabestias de Meili rodeaban a los luchadores. Pero Ram, con sus ojos llenos de furia y determinación, no iba a dejar que la situación se escapara de sus manos. El sacrificio de Frederica y Subaru no podía ser en vano. No había tiempo para lamentos, era aquí y ahora.

Con su cuerpo agotado, pero con la ira alimentando su determinación, Ram concentró toda su energía en su magia de viento. A diferencia de las otras luchas, esta vez la magia de viento parecía estar imbuida de un poder mucho más intenso, como si estuviera canalizando toda su desesperación y dolor en cada ráfaga.

De repente, un giro rápido y preciso de su muñeca invocó un enorme remolino de viento, que cortó el aire con un sonido ensordecedor. Ram, con la furia de un huracán, apuntó directamente a Meili, quien se encontraba rodeada de Mabestias y avanzaba hacia su próximo objetivo.

"¡Ei Fura!" gritó Ram, y de su cuerpo emergió una tormenta de viento afilado como cuchillas. El aire se partió en dos mientras una gran ráfaga surcaba el campo de batalla, disparándose hacia Meili con una velocidad mortal.

Meili, que hasta entonces había estado confiada en su control sobre las Mabestias, no logró esquivar a tiempo. La ráfaga de viento la alcanzó de lleno, cortándola de manera precisa y cruel. El viento atravesó su torso con una fuerza imparable, dividiéndola en dos. Las partes de su cuerpo cayeron al suelo, la sangre brotó violentamente junto a sus pequeños órganos tiñendo el terreno a su alrededor mientras su cuerpo se desplomaba sin vida.

Ram observó, su pecho agitado por la extenuación, mientras la última partícula de magia se disipaba en el aire. Había sido un golpe letal. Meili ya no representaba una amenaza.

Pero el combate no había terminado. Elsa, viendo caer a su hermana, emitió un grito de furia. La rabia la consumió y su velocidad se duplicó, se lanzó hacia Ram con una furia cegadora, dispuesta a vengar a su hermana a toda costa.

Ram, exhausta pero firme, se preparó para lo que vendría. Sabía que aún quedaba mucho por pelear, y que la muerte de Meili, aunque satisfactoria, no había sido el final. Elsa aún estaba allí, y la batalla no perdonaría a nadie.

Tras la caída de Meili, la furia de Elsa se desató de una manera aún más despiadada, pero el sacrificio de Ram fue el último esfuerzo de lucha por un futuro sin más sangre derramada. Su cuerpo estaba exhausto, agotado, casi al límite de lo que podía resistir, y la magia de viento que había usado para dividir a Meili en dos había drenado toda su energía.

La tormenta de viento que había arremetido contra Meili se desvaneció lentamente, mientras Ram respiraba con dificultad. Su mirada estaba fija en Elsa, su cuerpo temblaba por el esfuerzo, pero no iba a rendirse. Aunque su cuerpo decía lo contrario, su espíritu seguía luchando, cada fibra de su ser dispuesta a dar lo último de sí misma.

Pero la oscuridad de la batalla aún no había terminado.

Una feroz Mabestia, que había estado al acecho durante todo el combate, vio en Ram una oportunidad de venganza por la muerte de su ama, Meili. Con un rugido ensordecedor, la criatura se abalanzó sobre Ram, sus ojos llenos de furia. La bestia, gigantesca y letal, con colmillos tan largos como cuchillas y garras tan afiladas como espadas, se lanzó en un ataque mortal.

Ram no tuvo tiempo para reaccionar. Su magia de viento, agotada completamente, no le permitió crear la barrera que tanto necesitaba. Su cuerpo ya no respondía a sus órdenes. De repente, la sombra de la Mabestia la envolvió, y con un movimiento rápido, la criatura le clavó sus garras directamente en su torso.

Ram gritó, un grito agónico que resonó por todo el campo de batalla, pero no pudo hacer nada para defenderse. La bestia, con un golpe brutal, destrozó su cuerpo. Sus ojos se apagaron lentamente mientras la vida se le escapaba, y el sonido de sus huesos quebrándose bajo la fuerza de la criatura solo aumentaba el horror de la escena. Su cuerpo cayó al suelo, inerte, mientras la Mabestia se retiraba triunfante, dejando atrás el cadáver de Ram, que había caído en la lucha como tantos otros.

Las lágrimas de Rem, que ya no podían detenerse, comenzaron a brotar sin cesar, al ver cómo su hermana había sido arrancada de la vida en su último sacrificio. La furia de la batalla, el dolor de la pérdida y la impotencia de no poder salvar a sus seres queridos se mezclaron en un torrente de emociones que arrasaron a Rem. Pero la lucha no podía detenerse, aunque la última esperanza se desvaneciera.

Con Ram fuera de combate, la batalla continuó, ahora dejando a Rem completamente sola, contra Elsa.

El aire parecía congelado en el tiempo mientras Rem, bañada en la sangre de sus seres queridos y con los ojos inundados de lágrimas, veía el cadáver de su hermana yaciendo sobre el suelo. Cada parte de su ser estaba envuelta en un dolor indescriptible. Pero dentro de ese sufrimiento nació algo más: una furia tan profunda, tan visceral, que comenzó a arder como un fuego incontrolable en su interior.

Su cuerno, blanco y brillante, comenzó a brillar con un resplandor casi cegador. La puerta de su maná, que siempre había utilizado con moderación, se abrió de par en par. Todo el poder que había estado conteniendo durante años fluía ahora en su cuerpo como un torrente indomable. Su aura azulada se intensificó, y una ráfaga de viento sobrenatural sacudió el área, arrancando la hierba del suelo y haciendo retroceder a las pocas mabestias que aún acechaban, estas salieron corriendo ante tal intención asesina.

Elsa, de pie frente a ella, sonrió con su característica burla. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero seguía siendo tan amenazante como siempre.

- Oh, querida -dijo Elsa, relamiéndose los labios mientras observaba la transformación de Rem-. Así que finalmente estás mostrando tu verdadera cara. Me pregunto, ¿serán tus tripas tan bonitas como las de los demás?

Rem no respondió. Sus ojos rojos se clavaron en Elsa, y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció de su lugar. Antes de que Elsa pudiera reaccionar, Rem ya estaba sobre ella, su bola de pinchos girando a una velocidad vertiginosa.

Elsa apenas tuvo tiempo de esquivar el primer golpe, que destrozó el suelo donde estaba parada. Las grietas se extendieron como telarañas mientras la fuerza del impacto sacudía todo a su alrededor. Elsa contraatacó con un veloz movimiento de sus cuchillas, cortando el aire en dirección a Rem. Pero Rem, impulsada por su furia y poder, bloqueó el ataque con su bola de pinchos y lanzó un contraataque que obligó a Elsa a retroceder.

El combate se volvió una danza frenética de movimientos. Elsa intentaba encontrar una abertura con sus ataques veloces y precisos, pero la fuerza bruta de Rem, potenciada por el maná concentrado en su cuerno, la mantenía a raya. Cada golpe de la bola de pinchos era como el rugido de un trueno, y cada impacto que fallaba dejaba cráteres en el suelo.

Elsa logró deslizarse detrás de Rem y lanzar una estocada hacia su espalda. Sin embargo, Rem giró con una velocidad sobrehumana y bloqueó el ataque, empujando a Elsa hacia atrás con un rugido de ira. Elsa trastabilló, sorprendida por la fuerza de su oponente.

- ¡No me subestimes! -gritó Rem, lanzándose hacia ella con un aluvión de ataques devastadores. Su bola de pinchos golpeó con tal intensidad que las ondas de choque derribaron árboles cercanos. Elsa, ágil como siempre, esquivaba con dificultad, pero el desgaste comenzaba a notarse. Cada movimiento era más lento que el anterior, y las heridas de su cuerpo no dejaban de regenerarse, pero a un ritmo menor que antes.

Elsa, jadeante pero aún con una sonrisa en los labios, lanzó un último ataque desesperado. Saltó hacia Rem con sus cuchillas apuntando a su pecho, lista para abrirla en canal. Pero Rem, impulsada por la rabia y el dolor, no retrocedió. En lugar de esquivar, avanzó directamente hacia Elsa, soportando un corte profundo en su brazo derecho el cual se lo arrancó por completo. Con un grito ensordecedor, Rem giró sobre sí misma y lanzó un golpe con toda la fuerza acumulada en su bola de pinchos.

El impacto fue monumental. La bola de pinchos conectó directamente con el rostro de Elsa, rompiendo brutalmente su mandíbula, arrancandole los ojos de sus cuencas y sus dientes en el primer contacto y llevándola al suelo con un estruendo que sacudió el área. Pero Rem no se detuvo. Con un grito desgarrador, saltó sobre Elsa brutalmente, cuya regeneración trataba de actuar pero no servía, y con un movimiento final, aplastó su cabeza con toda la fuerza que le quedaba matándola al instante.

La explosión de sangre y huesos fue brutal. El cuerpo de Elsa quedó inmóvil, tieso totalmente. Su sonrisa burlona había desaparecido para siempre junto a su cabeza.

Rem, cubierta de sangre y con su respiración entrecortada, cayó de rodillas junto al cadáver de su enemiga. Su cuerno comenzó a apagarse lentamente, y el brillo azul de su aura se desvaneció. Había usado todo su maná, toda su fuerza. Con lágrimas corriendo por su rostro, miró alrededor, viendo los cuerpos de su hermana, de Tony, Subaru y de Frederica.

La victoria había llegado, pero a un costo que parecía demasiado alto.

Lo que quedaba de su brazo no paraba de chorrear sangre y su Mana no existía más. Ella moriría ahí mismo.

Rem inclinó la cabeza hacia atrás y dejó escapar sus últimas lágrimas y sus últimos suspiros.

"Tony-kun... te veré del otro lado, madre, padre. Los veré a todos allá."

Rem cayó al suelo sin vida.

La única sobreviviente se encontraba en una habitación debajo de una cama esperando las buenas noticias.

Nunca llegaron...

Fin del capítulo 14.

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