ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas con contenido sexual explícito. Es decir, LEMON.


Hung Up

6.


Mi desnudez en la playa podría parecer algo vulgar para cualquier persona que pasase por allí, pero a los ojos de Kakashi, era algo bello. Tenerlo respirando sobre mi pecho, relajado, haciendo círculos en la arena y en mi piel mientras el sol se escondía, me estremecía. Abrazarlo y sentir el calor de su piel, como si fuese una confortable cobija. No importaba si alguien venía y nos arrestaba; lo que importaba es que estuviera así conmigo siempre. Mi cuerpo se relajó gracias al placer alcanzado; quería dormir con él.

—¿Qué piensas…? —le pregunté acariciando sus cabellos plateados. Refregó su cara en mi pecho y tardó un poco en responder.

—En nada en particular, preciosa, ¿y tú? —Levanto la mirada y la poso en mí. Kakashi era tan guapo que, hacía cortar la respiración de cualquiera, y tenerlo así a mi merced era fantástico.

—Pienso en ti. —Le hice saber con una sonrisa tierna en mis labios. Cerró sus ojos y besó mi vientre, haciéndome cosquillas.

—Podríamos ir a nadar si quieres. —Propuso.

—Me encantaría.

Tardamos un rato más unidos. Unos minutos después él se incorporó y me ayudó a sentar. Se vistió con sus pantalones blancos rápidamente y alcanzó mi bikini que estaba tirado algo lejos. Se me acercó para ayudarme a colocarlo. Alzo mis brazos y me dejé hacer. Lo amarro a mi espalda, y prosiguió con el bikini, levantando mis muslos. Lo acomodo para que esté lo suficientemente ajustado. Agradecí ese gesto. Vi el amuleto que me había regalado a lo lejos y lo envolví en mi vestido para que no se perdiera.

Nos tomamos de las manos y caminamos hacia el agua. Poco a poco entramos en ella; estaba tibia por el reciente sol. Cuando el mar nos cubrió hasta los hombros, lo abracé y quise llorar. Enredé mis manos en su cuello y me aferre.

Así fue la tarde con Kakashi: un atardecer precioso, acompañado de sus besos, de la buena comida y el sentimiento que por él crecía, queriendo salir de mi pecho y repartirse por el universo. No sabía cómo reprimirlo. Ya siendo de noche, cuando salimos del mar, me pidió quedarme en su casa; dijo que podría irme a la mañana siguiente si tenía cosas que hacer. Acepté.

Durante el viaje en auto escuchamos aquel programa sobre historias de terror y me dieron ganas de ahondar más en su vida.

—Kakashi…Siempre quise saber sobre tu pasado. ¿Puedo preguntar? —Mi pregunta lo agarró desprevenido, me miró de soslayo.

—Claro, ¿qué quieres saber? —Me pensé la pregunta.

—Durante todos estos años, siempre quise saber si tuviste hijos o si alguna vez te casaste, ¿lo hiciste? —Me arriesgué con eso. El silencio se instaló en el auto.

Esperé su respuesta, emocionada, pero no hubo, por lo menos en el tiempo que desee recibirla.

—No… —empezó. —Nunca me casé, tampoco tuve hijos.

Dudé en si seguir preguntando o mejor mantenerme callada, pero estaba intentando conocerlo, saber de él.

—¿Saliste con alguna chica? —Fue mi segunda pregunta. Sonaba muy obvia, pero de todos modos la hice.

—Sí, salí con Anko cuando estabas en la universidad. —confesó. Me quedé perpleja y sentí algo en mi pecho: Celos.

—Oh… —Fue lo único que pude decir.

—Terminamos porque ella conoció a otro hombre y yo conocí a otra mujer. —Continúo relatando. —Tuve una relación relativamente larga con ella y fui feliz en verdad. Pero ella quería tener hijos. —Guarde silencio. —Yo no puedo tener hijos. —Reveló. No comprendí del todo lo último que dijo, pero sentí como si me hubiera caído una piedra encima.

—¿Por qué? —inquirí temerosa. Kakashi suspiró.

—Porque no puedo, Sakura. —Un auto que estaba a nuestro lado hizo un mala maniobra y casi nos choca. Kakashi comenzó a pitarle, enojado por la imprudencia. No sabía cómo tomar su relato. ¿No podía tener hijos? ¿Por qué no me daba más detalles? ¿Era algo doloroso para él? Por supuesto que debía serlo. Quería entenderlo, abrazarlo y decirle que no me importaba.

—Entiendo. —Dije, mirando mis manos. —Entonces, ¿qué pasó con esa mujer? —Seguí escarbando.

—Decidimos terminar.

Tuve sentimientos encontrados.

—¿Hace cuánto? —Retomé las preguntas. Necesitaba saberlo todo.

—Hace un año y medio exactamente. —Me imaginé la silueta de aquella desconocida, imaginé que era hermosa, incluso más que yo.

—¿Qué edad tenía? —Me atreví. Él sonrió y me miró.

—Oh, Sakura… —Musitó. —Ella tenía treinta años. —Apartó su mirada de mí y la volvió a fijar en la carretera.

—Entiendo… —Me sentí demasiado minúscula.

Kakashi cambió el programa de radio; en la siguiente estación se escuchaba algo de Phil Collins.

—¿Y tú, Sakura? —Ahora el de las preguntas era él. —¿Por qué terminaste con Sasuke Uchiha? —El estómago se me revolvió. En realidad, no deseaba hablar de eso, pero él tenía que saberlo.

—Porque no me trataba bien. —Respondí a secas. —Mejor no hablemos de eso, lo siento. —Dije mirando a otra parte. Se conmovió ante eso y tomó mi mano para besarla.

—Tranquila. —Beso de nuevo mi mano. —Para mí siempre fue un… bastardo, qué bueno que ya no estás con él. —dijo aliviado.

—Lo sé… —Me rasqué la cabeza. —Aunque no lo creas, Itachi me ayudó a salir de ahí. —Le conté.

—No me sorprende. Ellos dos son muy diferentes entre sí. —dijo. —Sasuke es un niño mimado que piensa que el mundo está en su contra. —Y era cierto, desde la universidad siempre fue así. Quería vengarse de cualquiera que se metiera con él. Recordé uno que otro enfrentamiento que tuvo con Kakashi y me sonrojé.

—Kakashi…si tú no puedes tener hijos. ¿No podremos estar juntos? —pregunté de la nada. Sus ojos me cortaron el alma cuando los puso sobre mí. ¿Desde cuándo fui tan arriesgada?

—Preciosa…esa es una conversación que podemos tener después. No te preocupes ahora por eso. —Y por tercera vez beso mi mano. Tenía razón, tal vez no era el momento para hablar de eso, me estaba apresurando.

—Está bien…

Cerca de las ocho de la noche, retornamos a Tokio. Su casa quedaba en el barrio de Ueno. Nunca visité la casa de mi ex-sensei; esta sería la primera vez. Era enorme, para ser solo él. El espacio era pulcro y organizado. Lo que más me sorprendió fue la gran biblioteca que hacía parte de toda su sala de estar. Podía calcular a ojo cientos de libros.

—¿Todos son libros porno? —pregunté divertida. Él se carcajeó.

—¿Crees que solo leo eso? —Negué riendo. —Ven aquí. —Me guío a su habitación. Era muy acogedora. Tenía una cama grande y un edredón verde oscuro la cubría. También noté la presencia de distintos tipos de plantas. Identifique una aralia y una azalea a los costados de su closet. Me senté en la cama.

—Podemos pedir algo para comer, ¿qué te apetece? —preguntó buscando algo en su closet. Lo miré de arriba abajo; nunca había visto detenidamente su amplia espalda. Me levanté de la cama y me acerqué sigilosamente a él.

—¿Podemos pedir sushi y sake? —Lo miré tiernamente, tomándolo de los hombros.

—Solo el sushi. Mañana debes trabajar, ¿no? —Carajo, recordé que debía hacer un par de cosas, entre esas hacer un turno en el hospital.

—Está bien, solo el sushi. —Rodé los ojos.

Lo vi salir de la habitación, así que lo seguí. Busco algo en su biblioteca; al parecer era música. Noté que poseía diferentes vinilos. Eligió uno cuidadosamente y lo sacó de la funda. Posterior a su librería, había un tocadiscos.

—¿Siempre has vivido aquí? —Curiosee mientras checaba el pequeño catálogo de vinilos. Red Hot Chili Peppers, Megadeth, Led Zeppelin y ¿Shakira? Comencé a reír en voz baja. Era un catálogo bastante sencillo, sin afán de parecer pretencioso.

—No. Antes vivía en Shinjuku. Pero me mudé aquí porque es más tranquilo. —dijo acomodando la aguja en el vinilo. Luego sacó una cajetilla de cigarrillos y me ofreció uno.

En la sala se reprodujo la estruendosa voz de Robert Plant. Nunca me había gustado realmente el rock. Le acepté el cigarrillo y me ayudó a encenderlo. Chupé el filtro y dejé que el humo invadiera mis pulmones. Él hizo lo mismo.

—Yo antes vivía en Shibuya. Pero es muy caro. —Le conté. —Papá y mamá viven allí, pero desde que me hice médico, quise probar suerte en otro lado. Ino me ayudó a encontrar mi departamento en Nakano.

—Es un barrio bonito. —Admitió. Le di otra calada al cigarrillo.

—Sí…

Fumamos un rato callados.

—Sakura, ¿siempre has gustado de mí? —La pregunta me tomó por sorpresa.

—¡Ja! ¿Por qué me preguntas eso? —Sonreí coqueta y enseñando mis dientes.

—Porque si quieres que sea honesto contigo, siempre me pareciste una chica linda. —Me pareció bonito que dijera eso. Ino estaría gritando como loca si lo hubiese escuchado.

—Oh…Kakashi. —Lo miré con ilusión. —Desde que te vi en la universidad, todas las chicas hemos pensado que eres demasiado guapo, ¿nunca te diste cuenta? —Él se sonrojó escandalosamente.

—No. Yo solo me concentraba en mis lecturas y en las clases. —Dijo haciéndose el rogado. —Estoy preguntando por lo que pensabas tú, Sakura, ¿yo te gustaba? —insistió en saber. Observe con atención su cara. Ya casi no usaba esa mascarilla, solo la utilizaba para el trabajo. Tuve un recuerdo del primer día de clases. Su postura relajada, la seriedad en su mirada, la voz apacible y el libro en sus manos. Supe que lo que leía era porno porque Ino me lo dijo y eso prendió la chispa en mí de algún modo. Yo estaba enamorada de otro, sí. Pero mi atracción hacia Kakashi comenzaría en forma cuando lo encargaron de mi grupo de prácticas, en el que estaban Naruto y Sasuke. Siempre fue muy protector conmigo, elogiaba mi inteligencia y era muy respetuoso. A veces me sacaba de quicio su exigencia, pero sabía que lo hacía para que aprendiéramos.

—Siempre tuve una especie de crush contigo. —Rei nerviosa. —Nunca pensé que tendría posibilidades. —Exprese sacudiendo el cigarrillo en un pequeño cenicero que estaba cerca del tocadiscos.

—Vaya… —dijo, imitando lo mismo con su cigarrillo. —Quién diría que mi alumna se convertiría en una mujer tan hermosa y talentosa. —Bajé la mirada avergonzada, pero contenta por el cumplido.

—Quién diría que años después haría el amor con mi ex-sensei. —Lo miré deseosa. —Cualquier chica querría estar en mi lugar. —Le dije de manera seductora.

Kakashi no lo soportó, aplastó el cigarrillo en el cenicero, me tomó por la cintura y comenzó a besarme apasionadamente. Me recargué sobre el estante de discos y él comenzó a buscar a tientas mi trasero, el cual apretó violentamente, haciéndome soltar un gemido alto. Con sus labios, recorrió mi cuello, el cual besó con tanta pasión que estaba segura de que al día siguiente tendría unos moretones del tamaño de unas uvas. Dejé que hiciera lo que él quisiera; no me di cuenta de que ya me tenía otra vez en ropa interior. El vestido negro había caído al piso y sus dientes ahora mordían el sostén, arrancándolo en el acto. Acaricie su suave cabello, que olía a hierbas y a mar. Bajó mis bragas con la boca para después, con su mano izquierda, acariciar los labios de mi vagina, húmedos por la excitación que me provocaba el solo hecho de tenerlo presente. Introdujo su dedo índice en mi cavidad y su lengua comenzó a hacer círculos sobre mi clítoris, volviéndome completamente loca. Jadeé con cada toque; el sexo oral nunca había sido tan bueno para mí. Más que proporcionarme placer, parecía como si estuviera degustando una fruta, como si mi sabor fuera el más dulce del mundo. Expandí mis piernas todo lo que pude, facilitándole el acceso a mi intimidad, sin detener mis caricias en su cabeza. Introdujo su lengua en mí, intentando penetrarme con ella. Comencé a acariciar mis senos, estimulándome yo misma, suspirando y apretando mis pezones, provocando que el placer me llevara al orgasmo. Grité, no me pude contener. Aturdida, me escurrí lentamente hacia la alfombra que adornaba la sala, donde había estado él de rodillas complaciéndome. Me rodeó con sus brazos y me sostuvo como a una niña.

Alguien tocó la puerta.

—Parece que el sushi llegó. —Anuncio. Me cargo en sus brazos y me llevo hasta su habitación. Sentí frío, así que me cubrió con el edredón. Desapareció por el pasillo y comencé a observar todo a mi alrededor. Había una repisa en la que posaban varios retratos; en uno de esos reconocí una foto que nos tomaron en la universidad. En ella salíamos Sasuke, Naruto y yo. En otra de las fotografías posaba él con un grupo de personas que no conocía; entre esas estaba una chica de cabellos castaños muy simpática. ¿Sería ella la mujer con la que no pudo tener hijos? Preferí ignorar eso, no me quería sentir mal.

Kakashi regresó y me prestó una de sus camisetas para cubrirme. Me la coloqué y aluciné por lo grande que me quedaba; llegaba hasta mis rodillas. Nos sentamos a comer en su alfombra. Había una chimenea cerca de la cocina, así que la encendió. Esto invadió de calor la sala; fue reconfortante.

Agarre los palillos y nos dispusimos a devorar la comida. Me ofreció un vaso de vidrio que contenía un líquido transparente; supuse que era agua. Lo bebí pensando que era eso, pero para mi sorpresa era sake.

—¡Kakashi! —exclamé. —¿No que no íbamos a beber? —le dije divertida.

—Es que la estamos pasando bien, linda. —dijo bebiendo un trago.

—Es cierto… —Rememore lo que había ocurrido momentos antes.

Cuando terminamos de comer, trajo la botella de sake con una de agua y me pidió que no bebiera mucho para evitar la resaca al día siguiente. Esa noche dormí con él e hicimos el amor por segunda vez.


3 meses después

El tiempo pasa muy lento…

Me asfixia tener que esperar una llamada de Kakashi; no puedo estar un segundo sin él. Desde que me convertí en su chica, el tiempo pasa lento cada vez que estoy lejos de él y desde entonces, no sé qué hacer con mi cabeza. Los viajes fuera de la ciudad, las cenas románticas, el sexo, los besos, los abrazos, las caricias y las cosas que me había enseñado hasta ahora me tenían obsesionada. Vivía en constante ansiedad por perderlo; aunque todo pareciera ir bien, mi respiración siempre se aceleraba cuando no podía verlo. Me hice dependiente. El trabajo, pese a llegar a sus puntos más altos, no supuso un problema para que mi romance con Kakashi fluyera. Hinata no sabía; no quería decepcionarla por mis decisiones apresuradas, pero si algún día se enterase de mi relación con él, le diría que lo había conocido lo suficiente y que había sido bueno conmigo durante todo ese tiempo.

Las idas a la discoteca se volvieron algo común los viernes por la noche; bailar, sentir la vibra de la música y nuestros cuerpos mezclarse era mi actividad favorita luego de un estresante día en el hospital. Pero repito, si no llamaba, el tiempo pasaba muy lento; era una pesadilla esperar a que me llamara…Pensaba día y noche en él, en su cuerpo, en sus manos fuertes y expertas. Me volvía loca. Nunca fui más feliz, nunca fue tan soportable un trabajo asfixiante estando enamorada; era mi preludio al verdadero amor. El verdadero amor que me proporcionaba, y solo era el principio de lo que se avecinaba…O eso es lo que yo creía. En el hospital varios lo notaron, y aunque no dijeran nada directamente, sí se escuchaban los malos comentarios por el pasillo.

—Hatake está saliendo con esa chica, ¿Sakura es que se llama? Es una nenita para él…—Escuche una vez decir a una de las doctoras del área de cardiología. Tragué hondo con esa frase, porque lo admito, me ofendió escuchar eso. Con el tiempo, comencé a notar cómo varias mujeres del hospital me observaban cuando cruzaba algún pabellón o la cafetería. Eran miradas de recelo y de envidia. Comenzaba a incomodarme, pero me propuse no hacerles caso. De todos modos, solo Kakashi y yo sabíamos lo que teníamos y lo felices que éramos.

Accidentalmente, Hinata se tuvo que enterar de lo nuestro.

—Sakura, vamos al balcón a fumar, tengo una reunión a las cinco. —Era común que de vez en cuando saliéramos a fumar; se convirtió en un hábito en mí. Pero solo lo hacía cuando estaba con él; de lo contrario no lo hacía. No veía la necesidad y la nicotina nunca me causó adicción. Más bien, mi adicción era el hombre de treinta y ocho años que, cada vez que veía la oportunidad, me llevaba a su casa y me hacía el amor de todas las maneras posibles.

Hasta me acuerdo de una ocasión en específico; íbamos camino a su casa cerca de las dos de la madrugada, después de una fiesta de viernes por la noche. No dejaba de besarme y acariciar mi trasero desde que tomamos el Uber. El conductor nos hacía miradas inquisidoras, acusativas, como queriendo decir que lo que hacíamos no era correcto. Poco o mucho me importaba. Yo solo quería que Kakashi me jalara los pantalones y se hundiera dentro de mí hasta el cansancio, hasta no poder más con las piernas. Eso ocurrió tantas veces que ya tenía marcas en mis piernas por la fuerza con la que a veces me aprisionaban sus manos, pero lejos de lastimarme, me excitaba demasiado. Acepto que le permití muchas veces besarme en partes recónditas del hospital; me había olvidado de todo lo que al principio consideré, mi imagen profesional. Le permití todo lo que quiso. Besos en el ascensor, en el balcón, caricias indecentes después del almuerzo, fuera del trabajo. Se contenía la mayoría de las veces para que no nos descubrieran, pero yo le imploraba que lo hiciera; me encantaba. Ya me daba miedo lo mucho que lo necesitaba en lugar de preocuparme por mi trabajo.

—Calma, Sakura. —Me susurró al oído un día, mientras estábamos en el balcón fumando. Mis manos se habían colado en sus pantalones y acariciaban su miembro continuamente. La suavidad de esa parte de él me estremecía; la firmeza y dureza de su tronco no hacían más que rogarme por caricias y besos. Mordí mis labios sensualmente, pero debía detenerme.

—¿No entiendes que te necesito? —le reproché. Me escuché a mí misma y sentí vergüenza. ¿Cómo mierda había llegado hasta ese punto?

—Sakura, no podemos hacer eso acá. Estamos en el trabajo, linda. —dijo poniéndose serio, alejándome con tacto. Poco a poco fui retirando mis manos de sus pantalones.

—Está bien… —Suspiré intentando calmar mis ansias. —Está bien…

Dolía, de verdad me dolía lo mucho que necesitaba de Kakashi. Pero la recompensa siempre era magnífica. Con el rostro hecho un dilema por la pena, apoyé mi cabeza sobre mis brazos cruzados en el barandal. Estaba volviéndose un problema lo que sentía por él. Lo necesitaba como se necesita comida y agua para vivir el día a día.

—Eh…Sakura-chan. —Escuché que alguien decía mi nombre inesperadamente; enseguida reconocí la voz de Hinata. Quise que me tragara la tierra.

Dirigí mi nerviosa mirada hacia mi amiga, que tenía las manos cruzadas y su rostro sonrojado. Kakashi la miró sin ninguna emoción en su rostro.

—P-perdón, perdónenme por favor…No quise… —Suplico haciendo reverencias continuas con la cara compungida.

Me quedé en silencio y agaché la cabeza; el corazón me latía a mil por hora. Hinata había visto un lado de mí que solo le correspondía a mi intimidad con Kakashi. La odié por un segundo, pero luego recordé que estaba en el lugar menos indicado para llevar a cabo mis deseos carnales. Me llevé una mano a la cara.

—No te preocupes, al contrario… —Temblé, profundamente avergonzada, evité mirarlos. —No debería de hacer estas cosas acá, perdónenme. —Decidí irme de ahí caminando; después hablaría con ellos.

Ninguno se fue detrás de mí, así que me dispuse a continuar con mis labores y pensé seriamente en cambiar mi inmadura y necesitada actitud para con Kakashi. Si bien él no se mostraba incómodo o molesto por mi efusividad, esto último había sido el límite. No quería que se aburriera de mí; al contrario, quería que él se quedara para siempre conmigo y ese fue el deseo más tonto que pude haber tenido en la vida.


Los días siguientes, Ino estuvo organizando una fiesta que se celebraría en su casa; me invitó a mí y a otros compañeros de la universidad para celebrarlo a lo grande. Me pidió que le ayudara a comprar cosas para la fiesta, pero me negué por el poco tiempo que contaba a causa del trabajo; a cambio le ofrecí aportar con algo de dinero para la comida. Acepto sin problema.

—Dile a Kakashi que está invitado. —Me pidió, haciéndome un guiño. —Que no piense que va a ser una fiesta de solo jovencitos. —dijo divertida y bailando brevemente. Era sábado y estábamos en su casa viendo televisión. A duras penas le presté atención; seguía sintiendo vergüenza por lo que pasó con Hinata. Me daba pena invitarlo a ese plan, pero podía intentarlo.

—Lo intentaré… ¿Quiénes más vienen? —pregunté.

—Casi todos los que se graduaron con nosotros, inclusive los de Akatsuki, me empecé a llevar bien con ellos cuando terminamos la universidad. —dijo con orgullo.

—Mm, vaya. No me digas que va a ir ese rubio molesto. —Refunfuñe recostándome en su sofá sin despegar mi mirada de la televisión. Deidara era uno de los chicos que pertenecían a ese grupito rock que se hacía llamar "Akatsuki'' del cual también hacia parte el hermano de Sasuke. El rubio me pretendió desde el día uno, pero jamás le hice caso porque estaba con Sasuke. Era demasiado intenso, insistía demasiado e intentaba provocarme cada vez que coincidíamos en alguna parte.

—¿Deidara? —Se rió. —Por supuesto que viene. Es más, también invité a Itachi. —Me sorprendí.

—¿Itachi...? Creí que estaba en Inglaterra con sus asuntos de abogado. —Ino negó con la cabeza.

—Ah…Pensé que sabías, frentona. —Me miro confusa. Medité la última vez que hablé con el Uchiha; lo último que recordaba era que le estaba yendo bien fuera del país y que vendría para el verano. Pero nada más.

—No sé nada, Ino… —Espete, ansiosa. Además, ¿desde cuándo Ino se llevaba con Itachi?

—Lo despidieron de su bufete de abogados. —Entorné mis ojos.

—Pobre de Itachi. —Dije con tristeza. —Debería hablar con él…

—Y si te preguntas cómo lo supe…pues, sí, es por lo que estás pensando. —Expreso con picardía. Me la quedé viendo incrédula unos segundos.

—No…

—¡Sí!

—Ino, no. No puede ser, ¿estás saliendo con Itachi? —Ella asintió emocionada.

—Así es, frentona, me levanté al hermano de Sasuke, que incluso está más bueno. —Canturreo eufórica. Eso sí que me sorprendía.

—Pero, ¿cómo? No entiendo. —Ino resopló.

—Instagram, esa es la respuesta. —Contesto esbozando una sonrisa de orgullo. Ok, tenía sentido. Sin embargo, Itachi era algo reservado con su vida personal; lo interesante era saber cómo había llegado a hacer contacto con la rubia. Claro, ahora entendía su afán e interés por organizar esa fiesta; eso era por el regreso de Itachi a Japón.


Notas de autor: ¡Hola! Me hubiese gustado colocar más drama en este capítulo, pero eso viene después, por lo que quise darle un poco más de magia a la relación de Kakashi con Sakura. Itachi va a regresar de su viaje, así que las cosas se van a poner curiosas, porque también aparecerán otros personajes importantes.

Canciones mencionadas o a las que se hace referencia:

Para la parte donde están hablando en el carro, regresando a Tokio, se reproduce una canción de Phil Collins, esa sería Against all odds (1984)

En la parte donde están en casa de Kakashi y él reproduce el vinilo, la canción que se escucha es Good Times, Bad Times de Led Zeppelin (1969) y para la parte lemon, Babe, I'm gonna Leave you del mismo año.

Términos o lugares desconocidos:

Sake: Bebida alcohólica japonesa hecha a base de arroz fermentado.

Ueno, Shibuya y Shinjuku: Barrios de la ciudad de Tokio.

Aralia: Planta nativa de japon. Se puede tener en interiores.

Azalea: Arbustos de flores que tambien se pueden tener en interiores, generalmente son de color rosado.

¡Mil gracias por leer!