capítulo 3: un camino incierto

Este relato es una obra de fanfiction basada en la serie RWBY. No poseo los derechos de autor de la serie original mencionada. Este trabajo de ficción ha sido creado con el fin de explorar las vastas posibilidades de la imaginación y, sobre todo, proporcionar entretenimiento. Deseo que encuentren placer en su lectura,...tampoco poseo a batman...eso es obvio


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"¡Feliz cumpleaños!"

Gritaron seis personas en la sala del comedor de una gran mansión.

Whitley estaba en el centro de esa gran mesa rectangular, frente a él un enorme pastel de chocolate. Ahora tenía 12 años.

Se le veía simplemente sonriendo con su gorrito de cumpleaños, una servilleta en su cuello para evitar mancharse. En esa gran mesa rectangular había una gran cantidad de alimentos, todos de la mejor calidad, todo lo que el dinero podría comprar.

—"Feliz cumpleaños, Whitley" ,Emma puso una mano en el hombro de Whitley Schnee.

El niño le sonrió, tomó la mano de Emma y la apretó fuerte.

—"Muchas gracias, y muchas gracias por venir" ,se dirigió al grupo de personas que estaba frente a él. Eran sus vecinos. Al principio se sentía extraño tener vecinos; nunca en su vida los había tenido, pero se había acostumbrado tanto a ellos que parecían una constante en su vida desde que llegó a Argus. Parecía que simplemente las cosas cambiaron para mejor.

Nunca creyó tener personas tan cercanas en su vida en tan poco tiempo, y cinco, eso era mucho considerando de dónde viene él. Aunque se sentía un poco extraño llamar amigos a un hombre mayor y a una mujer de unos 35 años, podría considerar amigos a su hija y a su hijo.

Whitley miró a sus vecinos con una mezcla de gratitud y sorpresa. Nunca había pensado que podría tener una relación tan cercana con personas que no fueran de su familia. Recordó cómo al principio el señor Nikos, el padre de sus amigos, siempre lo miraba con desconfianza, pensando que Whitley intentaba conquistar a su hija. ¡Qué malentendido tan divertido! Whitley solo quería ser amigo de todos ellos.

—"Espero que disfruten de la fiesta" ,dijo Whitley, tratando de sonar lo más adulto posible. Internamente, se reía de la idea de que alguien pudiera pensar que él, un niño de 12 años, estuviera interesado en algo más que juegos y diversión. No estaba interesado en tal cosas pero tampoco es que negara que se divierte si jugara videojuegos, pero su mente y cuerpo se concentraban en otra parte, en otro campo ,en otras cosas

Emma, notando la expresión pensativa de Whitley, le dio un suave apretón en el hombro.

—"¿Estás bien, Whitley?" ,preguntó con una sonrisa.

—"Sí, solo estaba pensando en lo afortunado que soy de tenerlos a todos aquí" ,respondió Whitley, devolviendo la sonrisa.

Estas personas eran muy amables, demasiado amables para los estándares normales de una persona. Eran realmente bien intencionados, en serio. Parecía que no les importaba lo rico que era él, ni quién era él en realidad.

Parecía que la buena fortuna le sonreía a Whitley. Su recién formada empresa, que había nombrado Empresas Wayne, había emergido con fuerza en el mercado, tanto así que era sorprendente.

Su padre le preguntó por qué no usó el nombre o el apellido de su familia para formar su negocio. Whitley respondió con una respuesta que en sí era muy sensata.

—"No quiero que mi éxito se vincule al nombre de mi familia. Quiero hacerme un nombre propio donde mis éxitos se deban a mis esfuerzos".

Su padre asintió, de hecho, parecía extrañamente orgulloso. Whitley se asustó un poco, porque ese tono de orgullo en verdad no era propio de su padre. Por un momento, desconoció al hombre que estaba enfrente de él, pero tan pronto como dijo esas palabras, su padre volvió a ser el mismo desgraciado de siempre.

Whitley sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Quién era ese hombre que parecía su padre pero actuaba de manera tan diferente? Por un instante, creyó que podría ser otra persona, tal vez reemplazado por un reptiliano o alguna entidad cósmica. La idea era absurda, pero no podía sacársela de la cabeza.

Esa noche, a hurtadillas, entró en la habitación de su padre y tomó muestras de ADN para confirmar su teoría. Se sintió como un espía en una misión secreta, su corazón latía con fuerza mientras recogía un cabello del cepillo de su padre y un vaso que había usado.

—"Esto debería ser suficiente" ,pensó Whitley, guardando las muestras en una pequeña bolsa de plástico.

Pasaron unos días antes de que pudiera obtener los resultados. Cuando finalmente los tuvo en sus manos, su teoría resultó ser incorrecta. Su padre era, efectivamente, su padre. Whitley se sintió aliviado y un poco tonto por haber pensado en algo tan descabellado.

—"Supongo que todos podemos tener momentos de orgullo inesperado" ,reflexionó Whitley, riéndose de sí mismo.

A pesar de todo, la experiencia le enseñó a no subestimar a las personas, incluso a aquellas que creía conocer bien.

Ahora todo el mundo habla del joven y exitoso emprendedor que ha emergido de la nada. Claro, "de la nada" entre comillas, porque todos sabían quién era él, pero no deja de ser impresionante. Su fortuna ha crecido exponencialmente, superando incluso a empresas que han estado en el mercado durante años y generaciones.

No esperaba alcanzar el mismo nivel de fortuna que su padre, al menos no por el momento. Lo bueno es que no tenía que competir con él, ya que el nicho de mercado de Whitley no era la industria del polvo. En todo caso, se hacía millonario a cada momento que pasaba.

El éxito de los paneles solares fue un gran logro. Como dijo Emma, su nicho fueron los pueblos fronterizos. Muchos de ellos ahora casi no usan polvo; en su lugar, utilizan paneles solares para iluminar sus casas. Claro, el polvo no ha desaparecido por completo, pero su uso se ha reducido casi en un 60%, lo que para él significa ganancias y más ganancias.

Pero Whitley no se quedó solo con eso. Gracias a los nuevos conocimientos adquiridos por cortesía del doctor Polendina, que ahora era su maestro en todo lo relacionado con tecnología, comprendió muchas de las ideas que tenía en ese libro de ciencias que mágicamente apareció en su habitación. Ahora, el doctor Polendina era más que un maestro; era su socio y amigo. Bueno, socio sí lo consideraba, amigo... Whitley no estaba muy seguro, pero esperaba que el doctor Polendina lo considerara de esa manera.

Entre Whitley y el doctor Polendina, las sesiones de experimentos científicos eran siempre emocionantes y, a menudo, divertidas. Una vez, mientras trabajaban con químicos volátiles, lograron poner en emergencia toda el área militar de Atlas. El experimento salió mal y causó una pequeña explosión que activó todas las alarmas. Como castigo, Whitley tuvo que limpiar el baño de la milicia durante una semana. A pesar de todo, Whitley no perdió su sentido del humor y bromeaba diciendo que al menos ahora sabía cómo funcionaban los sistemas de seguridad de Atlas.

Estas experiencias no solo fortalecieron su conocimiento, sino también su relación con el doctor Polendina. A menudo, Whitley hacía bromas durante los experimentos, como cuando intentó crear un "robot bailarín" que terminó haciendo un desastre en el laboratorio. El doctor Polendina, aunque serio, no podía evitar reírse de las ocurrencias de Whitley. Estas anécdotas se convirtieron en parte de su rutina, haciendo que el aprendizaje fuera no solo efectivo, sino también divertido y memorable.

Durante años, han trabajado arduamente en diversas innovaciones: paneles solares, siembra de nubes, cultivo hidropónico, energía eólica, nuevas formas de cultivo y crianza de animales. Todo esto ha impulsado significativamente las industrias alimenticia, energética y de construcción.

Ahora, junto al doctor Polendina, están desarrollando la primera represa hidroeléctrica de todo El Remanente. El doctor ha estado más emocionado que nunca, pero llevar a cabo un proyecto de tal magnitud tomará tiempo. Actualmente, el proyecto está en fase beta y aún se está eligiendo el lugar donde se realizará.

Whitley, con entusiasmo , presentó el proyecto al doctor Polendina. —"Doctor, este es un proyecto innovador para El Remanente", dijo Whitley mientras desplegaba los planos sobre la mesa.— "Aquí están los detalles técnicos de cómo se llevará a cabo. Esta represa funcionará utilizando el flujo del agua para generar electricidad, algo que, aunque sencillo, nadie había considerado antes debido a la dependencia del polvo para generar energía".

El doctor Polendina observaba maravillado los planos. —"Es increíble, Whitley. ¿Qué instrumentos necesitaremos?", preguntó con genuino interés.

—"Necesitaremos turbinas, enormes,generadores y un sistema de control avanzado", explicó Whitley. —"Además, he pensado en integrar sensores para monitorear el flujo del agua y optimizar la producción de electricidad".

El doctor Polendina asintió, impresionado.— "Nunca pensé que algo tan simple pudiera ser tan revolucionario. Con este proyecto, podríamos cambiar la forma en que El Remanente produce energía".

Whitley sonrió, inventando una anécdota de cómo había surgido la idea. —"Recuerdo cuando estaba en el río con mi familia, observando cómo el agua fluía con tanta fuerza. Fue entonces cuando pensé: ¿por qué no aprovechar esta energía?"..

Había una pequeña incongruencia en esa historia ,primero ,no había ríos en su casa y en el raro caso de que hubiese ,estarían tan congelados que prácticamente no habría una corriente en ese río ,o no se podría ver dicha corriente,

El doctor Polendina rió.— "A veces, las mejores ideas vienen de los momentos más simples. Estoy ansioso por ver este proyecto en acción".

Con esta conversación, ambos se sintieron más motivados que nunca para llevar a cabo el proyecto, sabiendo que estaban a punto de hacer historia en El Remanente.

Y con respecto a su entrenamiento, tenía que decirlo de esta manera: ¡es una tortura completa! La vieja bruja era verdaderamente tortuosa y maliciosa, con un sentido del humor perverso. Parecía disfrutar haciendo sufrir a la gente. En serio, nunca había conocido a alguien así. A pesar de su vejez, tenía la mentalidad de una niña de 15 años, lo que la hacía aún más insoportable. Su diminuto tamaño no le impedía saber exactamente cómo causar dolor físico a las personas.

Whitley, aunque reconocía todas estas características negativas, tenía que admitir que ella era una excelente maestra. Todo lo que aprendía de ella resultaba ser increíblemente útil. Sus habilidades de combate eran incomparables, algo que Whitley nunca había visto antes. Aunque no había presenciado el entrenamiento de un cazador veterano, había visto grabaciones de los torneos del Festival Vital, y esta vieja mujer superaba con creces a cualquier estudiante aspirante a cazador.

Una tarde, después de una sesión de entrenamiento particularmente agotadora, Whitley se encontró reflexionando sobre su maestra. —"Es increíble cómo alguien tan pequeño puede ser tan poderoso", pensó mientras se masajeaba los músculos doloridos. Recordó una conversación que tuvo con ella al inicio de su entrenamiento.

—"¿Por qué haces esto?", le preguntó Whitley, jadeando por el esfuerzo.

La vieja bruja sonrió con malicia.— "Porque, muchacho, el verdadero poder no viene sin sufrimiento. Solo a través del dolor puedes alcanzar tu verdadero potencial".

Whitley no pudo evitar sentir una mezcla de admiración y resentimiento. A pesar de todo, sabía que sus palabras eran ciertas. Cada golpe, cada caída, cada momento de dolor lo estaba haciendo más fuerte, más rápido, más resistente.

Una noche, mientras repasaba las técnicas aprendidas, Whitley recordó una anécdota que su maestra le había contado.— "Cuando era joven, entrené con los mejores cazadores. Aprendí que la verdadera fuerza no está en los músculos, sino en la mente. La estrategia y la astucia son tus mejores armas".

Estas palabras resonaron en Whitley. A pesar de su dureza, la vieja bruja le estaba enseñando lecciones valiosas, no solo sobre combate, sino sobre la vida misma. Con cada día que pasaba, Whitley se daba cuenta de que, aunque su entrenamiento era una tortura, estaba forjando a un verdadero guerrero.

Durante todos estos años, ella se ha encargado de fortalecer su cuerpo hasta el límite, y eso es algo que él agradecía mucho. Sus manos, que siempre llevaba enguantadas para evitar sospechas, eran tan duras como una piedra y tenían callos sobre callos. Aunque Emma sabía que él estaba tomando clases de autodefensa, eso era solo lo que él le decía.

Llevando una buena alimentación, buenos cuidados y chequeos médicos al día, a sus 12 años era muy alto y su cuerpo era fornido; casi no parecía tener 12 años. La señorita María estaba muy a gusto con su progreso, pero había algo que le molestaba un poco: su aura, o más bien, la falta de ella.

—"¡Oye, Bruce! Una pregunta. Sé que esto es repetitivo para ti, pero te he ofrecido abrir tu aura tantas veces y siempre te niegas ",dijo María Calavera, mirando al chico que hacía flexiones de pecho.—"¿Por qué?".

Whitley, sin parar su ritmo, respondió:

—"Como la última vez que le respondí, no estoy buscando ser un cazador".

—"Sí, por supuesto que no, pero pareciera que sí ",María golpeó su bastón en el piso y luego golpeó una mano de Whitley, haciéndolo tambalear, pero él no paró. Seguía haciendo flexiones de pecho, ahora con una sola mano.—"Pero no necesariamente si tu aura está abierta tienes que ser un cazador".

—"Tiene razón, señorita María, pero hay regulaciones para personas que tienen aura y, además, tengo otros motivos personales",Whitley hizo un gemido de esfuerzo; estaba llegando al límite, había estado haciendo flexiones de pecho durante tres horas.

María lo observaba con una mezcla de frustración y admiración. Whitley, con su determinación inquebrantable, era un enigma. ¿Por qué se resistía tanto a abrir su aura?

—"Vamos, Bruce. Llevamos cinco años de conocernos, dime María", sonrió la anciana, sus ojos chispeantes tras las gruesas lentes.

—"Entonces llámeme señor Wayne", respondió Whitley, esbozando una sonrisa desafiante.

—"¡Eso nunca!", replicó María, riendo con una calidez que contrastaba con su dureza habitual.

—"Entonces, para mí seguirá siendo la señorita María Calavera", replicó Whitley, igualando su tono.

María frunció el ceño, estudiándolo con detenimiento. —"Pareciera que te estás preparando para enfrentarte a algo", comentó, su voz grave y profunda.— "He visto a muchos con esa mirada, una mirada feroz y decidida. Tú tienes esa misma intensidad, Whitley. Te he visto caer, levantarte, soportar dolores que otros no podrían ni imaginar. El entrenamiento que te doy es para convertirte en un cazador, pero no uno cualquiera. Te haré excepcional. El problema es que para soportarlo, debes abrir tu aura".

Whitley no respondió, simplemente asintió y continuó con sus flexiones. María observaba cada movimiento, cada gota de sudor que resbalaba por su frente.

—"Pero tú, Whitley, eres diferente a todos los que he entrenado. Todos se han rendido, menos tú. Un humano normal, soportando un entrenamiento diseñado para seres poderosos. ¿Cómo lo haces?, ¿Qué te impulsa?".

Whitley se detuvo, respirando con dificultad, pero su mirada seguía fija en un punto indeterminado.— "¿Usted ha visto el Abismo, señorita Calavera?", dijo finalmente, su voz apenas un susurro.

María se quedó perpleja. ¿El Abismo? ¿A qué se refería? Era una palabra que resonaba con un eco antiguo, evocador de misterios y peligros desconocidos.

—"¿El Abismo?, No entiendo, muchacho. ¿De qué hablas?"
Whitley cerró los ojos, como si estuviera reviviendo algún recuerdo doloroso. Un escalofrío recorrió su espalda, erizando cada pelo de su nuca. Miró su mano izquierda, luego la derecha, trazando las cicatrices dejadas por innumerables horas de entrenamiento. Sus ojos, antes llenos de determinación, ahora ardían con una intensidad que heló a María.

—"Donde todo sueño muere y donde cada atrocidad es permitida", susurró, su voz apenas un ronquido áspero. —"Donde la esperanza simplemente no existe y cada vestigio de humanidad es borrado sin dejar rastro. Yo he visto lo bajo que puede caer alguien que ha visto el Abismo, los horrores inimaginables que son capaces de cometer cuando esa oscuridad los consume."
Whitley no apartaba la mirada de sus manos, flexionándolas una y otra vez, como si tratara de estrangular algún demonio interno. Sus ojos se habían vuelto oscuros, llenos de una ira primitiva que contrastaba con la calma que solía emanar. —"No me convertiré en un Cazador, no quiero serlo y nunca lo seré", afirmó con voz firme, como si estuviera respondiendo a una acusación silenciosa.— "Pero tiene razón en algo, hay algo a lo que tengo que enfrentarme".

María sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La oscuridad que emanaba de Whitley era palpable, como una niebla espesa que envolvía todo a su alrededor. Por un instante, creyó ver una figura oscura revolotear a su alrededor, como un murciélago sediento de sangre. Era una ilusión, claro, pero el miedo que le provocó fue real.

—"Whitley...", comenzó a decir, su voz temblorosa. —"No entiendo lo que estás diciendo, pero si estás pasando por algo, debes saber que no estás solo".

Whitley la miró fijamente, sus ojos como dos pozos sin fondo. —"No estoy solo, María. El Abismo me persigue, y yo lo perseguiré a él. Hasta el fin del mundo."

En ese momento, María comprendió que estaba ante algo mucho más grande de lo que había imaginado. Whitley no era simplemente un joven rebelde; era un hombre marcado por una experiencia traumática, alguien que había visto el rostro más oscuro de la existencia. Y estaba decidido a enfrentarlo, solo o acompañado.
La noche se cernía sobre ellos, envuelta en un silencio tenso. María y Whitley se quedaron mirando fijamente, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. La oscuridad que los rodeaba parecía cobrar vida, susurrando secretos y promesas de destrucción. Y en medio de esa oscuridad, Whitley se erguía como un faro, una luz solitaria en un mar de sombras.

...

—"Whitley, ¿en qué tanto piensas?", preguntó Emma, interrumpiendo sus pensamientos con una voz suave. El chico había estado perdido en sus recuerdos, su mirada fija en un punto indeterminado.

Él le sonrió débilmente, tratando de disimular la tristeza que lo embargaba. —"Nada, solo pensando en mi hermana".

Emma suspiró, sus ojos llenos de comprensión. Había escuchado esa misma respuesta cientos de veces. Whitley llevaba años intentando construir un puente hacia Weiss, pero parecía que ella lo derribaba cada vez que lo intentaba.

—"Whitley...", comenzó a decir, eligiendo cuidadosamente sus palabras. —"Sé que es difícil, pero creo que ya es hora de aceptar la realidad. Weiss no parece interesada en tener una relación contigo, al menos no ahora. No quiero que sigas lastimándote."

Whitley asintió lentamente, sintiendo un nudo en la garganta. Emma tenía razón. Weiss siempre lo había rechazado, construyendo un muro invisible entre ellos. Y por más que él lo intentara, no podía derribarlo.

—"No digo que renuncies a ella", continuó Emma, suavizando su tono. —"Solo que tal vez debas aceptar que las cosas son como son ahora. Quizás en el futuro, cuando ambos sean mayores y más maduros, puedan reconstruir su relación. Pero por ahora, debes cuidarte a ti mismo."

Whitley se quedó en silencio, mirando sus manos. Emma había tocado una fibra sensible. La relación con su hermana era una herida abierta que nunca parecía cicatrizar. Y no solo con Weiss, sino también con Winter y su madre.

No entendía muy bien por qué el rechazo de sus hermanas, Supongo y dedujo que tal vez era porque han conocido a Whitley desde pequeño y vieron que antes de su cambio, él se estaba convirtiendo en una versión pequeña de su padre, y no podía culparlas a ellas por seguir pensando eso ,estaba muy lejos de ellas como para convivir , pero las visitaba regularmente pero ellas siempre parecían distantes.

La única que parecía más o menos dispuesta a tener una relación con él era su madre, pero el problema de alcoholismo que ella tiene francamente hace difícil esa mejora ,parecía siempre estar perdida en su mundo, y Whitley no importaba qué tanto intentara tener una conversación llevadera con su madre ,era como hablar con una pared, las palabras no entraban

—"Mi familia está jodida, ¿no?", murmuró finalmente, su voz apenas audible.

Y el único que está más o menos cuerdo en ese lugar era su padre y eso no era alentador. Había convivido con su padre tanto tiempo, aunque no quisiera. Francamente, eran negocios y los negocios debían llevarse profesionalmente incluso con las personas que odias. Se dio cuenta de que su padre no era simplemente una persona racista, sino más bien... bueno, no sabía cómo describirlo. Emma tenía una descripción muy detallada del hombre, una descripción que nunca saldría de su mente y por la que ella se había disculpado muchas veces. No tenía nada por qué disculparse, tenía toda la razón.

Su padre era simplemente un hombre que no veía a las personas como personas en sí, sino más bien como números, cifras, estadísticas. Si los faunos no estuvieran en las minas de polvo y fueran humanos en su lugar, su padre no habría cambiado su actitud en lo más mínimo. Seguiría siendo el mismo imbécil, sin importar quién fuera, con tal de que le fuera útil. Ese era su padre... Y le daba mucho miedo pensar que en algún momento de su vida él había mirado a las personas de la misma manera.

—"No puedo culpar a mi hermana por cómo es. Puedo culpar a las decisiones que toma, pero no por lo que es ahora", Whitley se sirvió un vaso de agua, tratando de calmar su sed y su agitación. —"Ella sospecha mucho de mí, ella sospecha que tengo intenciones hacia ella. ¡Jajaja! ¡No la culpo! .Puesto que todo el mundo va a ella con segundas intenciones, todo para hacer conexiones comerciales con mi padre. A ella la ven como una puerta de entrada hacia una oportunidad de riqueza". Emma pudo ver tristeza en los ojos de Whitley, pero también pena, compasión hacia su hermana, por la vida que tenía.— "No dejaré de intentar ganarme la confianza de mi hermana, ganarme ser su hermano, ser una familia".

Sí no podía culpar las circunstancias lo mejor que podía hacer era avanzar con lo que tenía ,al menos tendría el consuelo que al final hizo todo lo posible para unir a su familia.

Pero aunque tal vez nunca lo sepan y no necesitan saberlo, él siempre estaría cuidando de su familia.

Ya sea a su hermana Winter ,facilitándole nuevos contratos con la empresa de su padre, convenciendo a su padre a hacer nuevos contratos con el ejército de Atlas, ayudando a la imagen de su hermana pues ella negociaba con su padre.

Y a su hermana Weiss, que hace años ya empezó su entrenamiento para ser una cazadora , se sorprendió mucho que ella diera ese paso y siguiera los pasos de su hermana mayor, cosa que su padre no le pareció en lo más mínimo ,pero Whitley tuvo que intervenir ,diciéndole que esto ayudaría a su carácter ,a su disciplina ,fue difícil, le llevó casi dos meses convencerlo pero su padre dejó que Weiss tuviera entrenamiento para ser una cazadora.

Pero ellas nunca lo sabrían, pues una de las filosofías que ha aprendido a lo largo de este corto tiempo y que practicaba un superhéroe ,es que no hacías una buena acción para recibir reconocimiento ,solo lo hacías

Y con su madre ...no podrías ayudar a alguien que no quiere reconocer que tiene un problema... o que reconoce que tiene un problema pero no hará nada al respecto, lo mejor que podía hacer era acompañarla

Emma sintió un nudo en la garganta. Whitley era demasiado persistente, demasiado terco para entender que no valía la pena ayudar a alguien que no quería ser ayudado y que no valía la pena salir herido por ello. —"Escucha, Whitley, entiendo tu forma de pensar. ¡Carajo, sí que lo entiendo! .Pero tu familia está mal, ¡tu familia es como una jodida droga que te mata por consumirla!, ¡Consumió a tu madre, consumió a tu hermana y a tu otra hermana! ,Ellas son así porque tu padre es como un maldito cáncer que destruye todo lo que hay dentro de tu sistema. ¡Y lo mismo podría pasarte a ti! ,¡Tú ya saliste de esa familia, escapaste, has hecho por ti mismo todo esto!" ,Emma levantó los brazos, señalando la cocina, su gesto era tan exagerado que Whitley no pudo evitar sonreír. —"¡Esto es serio, Whitley!, Mira todo lo que has hecho en cinco años, formaste una empresa que vale millones, y no solo eso, has crecido como persona. ¿Crees que quiero verte otra vez como ese chico antipático y sarcástico, que siempre hacía lo que quería? ¡Caprichoso, desinteresado hacia los demás! ,!¿Crees que quiero verte convertirte en tu padre?!"

Whitley no pudo contenerse, estalló en risas.— "¡Jajaja! ,¿Qué? ,Jajaja, Dios, esto fue hermoso. Me encanta cuando simplemente pierdes el juicio, es maravilloso. Es como la vez que cuando intenté construir esta mansión, quería cambiarme de residencia y curiosamente en ese lugar había un prostíbulo".

Emma gruñó, recordando vívidamente aquel día.— "¿Sí, Whitley? ,No, no me lo menciones, ¿de acuerdo? ,Tuvimos esa conversación hace tiempo. ¿En qué demonios pensabas al hacer eso?".

—"A pesar de tener todo el dinero del mundo, algunas cosas simplemente no puedo cambiar. A veces me da hambre de noche y, bueno, el prostíbulo funciona de noche y curiosamente tiene una sección de comida". ¿Cómo sabía Whitley ese detalle? No lo mencionaría, solo tenía algo que ver con el señor Nikos rogándole a Whitley que no le dijera nada a su esposa por un cierto incidente. —"El plan era simplemente estar cerca de ellos para no tener que pedir tanto a domicilio, simplemente tendría que cambiar unos pasos por allá y pedir algo".

—"No voy a preguntar cómo es que un prostíbulo tiene una sección de comida y no quiero saber cómo es que tú sabes eso, pero siento la necesidad de saber", Emma gruñó, mirando ferozmente al chico enfrente de ella.

—"Por favor, no es tan malo. No he hecho nada que sea indecente, te lo juro. Ni siquiera he entrado. Me mantendré virgen hasta casarme", Emma no sabía por qué, pero esas palabras de Whitley sonaban como una mentira descarada. Sus ojos, normalmente tranquilos, ahora brillaban con una intensidad que hacía temblar a Whitley.—"Pero te lo tengo que decir ahora, sus alitas de pollo en verdad son fantásticas. No puedo creer que un prostíbulo lo cocine tan bien, de hecho las probé ayer, son maravillosas y..."

Las palabras de Whitley se perdieron en el aire cuando Emma, con un movimiento rápido y decidido, se plantó frente a él, cortando sus palabras como un cuchillo.

—"¿Sigues yendo a ese lugar?", preguntó Emma, su voz baja pero cargada de una ira que helaba la sangre. Whitley tragó saliva, sintiendo cómo su rostro se ponía cada vez más rojo.

—"Bueno, ahh, por supuesto que no voy a dejar de ir a un lugar solo por su reputación. Me reservo el derecho de guardar mis opiniones hasta que lo vea por mí mismo", balbuceó Whitley, retrocediendo un paso. Emma se acercó aún más, acorralándolo contra la pared.

—"Si te sirve de consuelo, me disfrazo siempre para llegar allá. Nadie sabe que soy yo quien pide comida a las 12 de la noche. Siempre voy disfrazado de Bruce ... tú sabes...", dijo Whitley con una sonrisa nerviosa.

Emma soltó una carcajada irónica.—"No entiendo cómo es que tienes la necesidad de ir a un jodido prostíbulo para comer alitas de pollo cuando puedes ir a cualquier restaurante de Argus", espetó Emma, furiosa.

Whitley se encogió de hombros.—"No todos los restaurantes están abiertos a las 12 de la noche", argumentó, tratando de sonar razonable.

Emma lo miró con incredulidad.—"¡Aún sabiendo que en esta mansión tenemos uno de los mejores chefs de Atlas!"

—"Es que nadie hace las alitas como las hace la señorita Green. Son... ¡son mágicas!", exclamó Whitley, cerrando los ojos con éxtasis.

—"Dijiste que nunca habías entrado en ese prostíbulo", lo acusó, recordándole su mentira. Whitley se quedó callado, mordiendo su labio inferior.

—"Bueno, técnicamente... la puerta siempre está abierta, ¿no?", intentó justificarse. Emma lo miró fijamente, sin decir nada. Whitley se aclaró la garganta. —"Además, es un lugar muy tranquilo. Siempre hay música clásica de fondo y un aroma a lavanda que te relaja..."

La discusión se intensificó, los gritos de Emma resonando por toda la mansión. Los vecinos, acostumbrados al escándalo semanal de la pareja, apenas levantaron una ceja. Algunos incluso se ofrecieron a traer palomitas para disfrutar del espectáculo.

—"¡Eres ridículo, Whitley!, ¿Cómo puedes ser tan infantil?"

—"¡Pero las alitas!"

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—"¿Ya terminaron de discutir?", preguntó Arnold Nikos con una sonrisa burlona, mientras hundía su tenedor en un jugoso trozo de pastel. Elena, su esposa, lo fulminó con la mirada.

—"Cariño, no deberías molestar a Whitley", lo reprendió, aunque su tono de voz sugería que estaba disfrutando del espectáculo.

Gerald, el hijo menor de los Nikos, se unió a la conversación con una sonrisa pícara. —"¿Y de qué discutían esta vez? ¿Whitley quería entretenimiento y no se lo dejaste?" Se volvió hacia Emma, cuya expresión era un cóctel de enojo y frustración.— "Parece que se divirtieron mucho", agregó con un guiño.

Whitley se encogió de hombros, pero su mirada se encontró con la de Emma. —"No deberías hablar de esos temas en público, Gerald", murmuró, incómodo.

Wendy, la hermana mayor de Gerald, cruzó los brazos y lo miró con desdén. —"¿Acaso anda estafando a personas otra vez? ,Típico de los hombres".

Wendy y Gerald eran amigos de Whitley desde hacía años, ,con Gerald siendo un año mayor que él y Wendy siendo dos años mayor que él,pero a veces sus bromas traspasaban los límites. y aunque los apreciaba, a veces se sentía agobiado por sus acusaciones.

Elena negó con la cabeza, incapaz de creer las acusaciones de su hija. —"Wendy, no deberías acusar así a las personas. Whitley nunca estafaría a nadie. No tiene por qué, es un niño millonario".

Whitley desvió la mirada, sintiendo cómo la sangre le subía a las mejillas. Emma lo observó con una mezcla de cansancio y fasi. Había visto a Whitley hacer cosas que la habían dejado perpleja, cosas que no encajaban con la imagen del chico dulce e inocente que todos creían conocer. Y lo peor era que, en el fondo, ella sabía que era capaz de cualquier cosa.

—"Por supuesto que no", respondió Whitley con voz temblorosa. —"Yo no necesito estafar a nadie".

Emma no pudo evitar soltar una carcajada .— "Claro que no, Whitley. Tú tienes todo el dinero del mundo".

Por suerte, Whitley era un experto en cambiar de tema. Aplaudió con entusiasmo para captar la atención de todos y exclamó, —"¡Bueno, bueno, dejémonos de trivialidades!". Pero parece que Arnold no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de indagar un poco más.

Con la boca llena y una sonrisa pícara, Arnold preguntó,—" ¡Oh, vamos! En serio, ¿de qué estaban discutiendo esta vez?".

Emma, su esposa, le propinó un suave codazo en señal de reprimenda.

Whitley, sin perder la compostura, inventó una historia para desviar la atención,—"Nada del otro mundo, solo negocios. Emma no me deja llevar a cabo algunos movimientos". Su expresión era tan seria que casi se creería la historia, si no fuera por la evidente tensión en el ambiente.

Gerald, el amigo del grupo, decidió echar más leña al fuego,—Escuché algo sobre un prostíbulo". Whitley lo miró con una expresión de incredulidad mezclada con fastidio. ¡En serio! Tenía que complicar las cosas más de lo necesario. Si no fuera su amigo, seguramente lo habría mandado al diablo en ese mismo instante.

—"Creo que escuchaste mal", respondió Whitley, tratando de mantener la calma. —"En cualquier caso, la discusión no debería haber llegado a ese punto. Y también creo que fue de muy mala educación discutir cuando tenemos invitados. Aunque tengo que ser claro, mi propuesta era completamente razonable". Whitley se encogió de hombros con una expresión de inocencia, mientras que Emma rodó los ojos y apretó los dientes.—"No era para tanto. Ahora entiendo por qué sigue soltera a los treinta", comentó con sarcasmo.

Whitley sintió un dolor agudo en la costilla cuando Emma le propinó un suave golpe. Pero no dejó que la sonrisa se le borrara del rostro. —"¡Era broma!', exclamó con una risa
. —"Cualquier hombre sería afortunado de tenerte. Solo tienes que dejar de fruncir el ceño todo el tiempo y ser menos estricta".

Las risas estallaron en la mesa, pero Whitley notó que la de Emma era un poco forzada. Sabía que había tocado un nervio y que la discusión aún no había terminado.

Demonios

Whitley volvió a captar la atención de todos. Con una sonrisa pícara, anunció,—"¡Muy bien, vamos a abrir los regalos! A ver, este es de Arnold. Veamos qué trae...", Con dedos ágiles, Whitley desató el envoltorio y reveló una caja de herramientas. —"¡Vaya, vaya! Esto me lo veía venir. Al igual que el taladro del cumpleaños pasado, la pulidora del anterior y el juego de llaves que me diste. ¿Planeas convertir mi habitación en una ferretería?", bromeó Whitley, mientras Gerald le devolvía la sonrisa.

Arnold se defendió, —"Todo hombre necesita herramientas en su casa para una emergencia".

—'En eso te doy la razón", aceptó Whitley, aunque con un tono ligeramente irónico.

Tomó otra caja y la abrió con curiosidad,—"A ver, este regalo es de Elena". Dentro encontró una tienda de campaña y un kit de supervivencia. El chico sonrió con gratitud. —"¡Gracias, señorita Elena!".

Elena le devolvió la sonrisa, sintiéndose halagada. —"Es un placer, Whitley".

Whitley examinó detenidamente el equipo de camping. —"¡Vaya! Con esto ya puedo organizar una expedición al bosque esmeralda", bromeó, mientras los demás se reían. —"En serio, gracias. Es un regalo muy original y útil".

Arnold, al ver la evidente emoción de Whitley, no pudo evitar sentir un poco de envidia. Había puesto mucho esfuerzo en elegir el regalo perfecto, pero parecía que Elena había acertado de lleno. Se dijo a sí mismo que la próxima vez tendría que ser más creativo.

—"A ver, y este regalo es de Gerald. ¿Qué tenemos aquí?... ¡Eh, qué es esto?" ,Whitley alzó una ceja, examinando con curiosidad una planta de aspecto extraño. Sus hojas tenían un tono azulado inusual y sus flores emitían una suave luz fosforescente.

Gerald sonrió enigmáticamente. —""¡Ah, eso! Aunque no lo parezca, es algo muy especial" Se aclaró la garganta y comenzó a narrar la historia de la planta con un tono dramático. —"Hace unos meses, un explorador un tanto excéntrico se adentró en las tierras salvajes. Nunca regresó", Gerald hizo una pausa dramática, dejando que la tensión se acumulara. —"Sí, las tierras salvajes. Ese lugar donde ni siquiera un cazador experimentado se atrevería a poner un pie. ¿Y qué hace un loco aventurándose en semejante lugar?, Bueno, no lo culpo del todo. Es un territorio inexplorado y, francamente, de gran interés científico. Pero ni los científicos más valientes se atreven a entrar allí. Y hablo de las tierras salvajes porque no es ni mucho menos el lugar más peligroso que existe. El primero son las tierras Grimm. Ese sí que es un lugar del que nadie pronuncia el nombre"

Gerald continuó su relato con un aire de superioridad. —"El caso es que, de alguna manera, el equipaje del explorador fue arrastrado por un río. Y resulta que ese río estaba conectado a otro que desembocaba directamente en el pueblo fronterizo de Hansel. Un chico de allí lo encontró y, como no le pareció nada del otro mundo, se lo dio a un amigo suyo, que a su vez se lo dio a un amigo mío. Y así es como llegó a mis manos".

Whitley observó la planta con creciente fascinación. Era evidente que Gerald estaba orgulloso de su peculiar regalo.— "El punto es que a mí no me interesan estas cosas ocultas, pero este objeto es realmente extraño. No se encuentran muchas cosas de las tierras salvajes, ni siquiera una simple piedra. Así que, como sé que a ti te gustan las cosas inusuales, decidí regalártela".

Whitley tomó la planta con cuidado y la examinó bajo la tenue luz. Era hermosa y misteriosa a la vez. —"Gracias, Gerald. Lo aprecio mucho".

Gerald frunció el ceño. —"No pareces muy emocionado".

Whitley se encogió de hombros. —"Es que, normalmente, yo recibo flores de las mujeres. Y bueno, no me siento muy cómodo recibiendo flores de un hombre. ¿Hay algo que quieras confesarme, amigo?".

Gerald soltó una carcajada sonora. —Púdrete, Whitley", dijo con una sonrisa burlona.

Whitley simplemente devolvió el gesto, sin inmutarse.

Abrió otro regalo, esta vez uno más pequeño y envuelto en un papel brillante. —"A ver, esto es de Wendy. ¿Qué tenemos aquí?, Un masajeador y un cupón para un masaje gratis", leyó en voz alta. Whitley examinó el regalo con una sonrisa. Era un detalle muy atento. Con los dolores musculares que había estado teniendo últimamente, un masaje le vendría de maravilla. Aunque ya tuviera uno en casa, el cupón para un masaje profesional era tentador. —"Es una decepción", bromeó, —"por un momento pensé que tú me darías el masaje, pero no puedo pedir más. Los mendigos no pueden ser exigentes", Whitley fingió un suspiro de resignación, dramatizando su decepción para provocar una reacción en Wendy.

Wendy rodó los ojos con diversión. —"Como si yo te fuera a dar un masaje a ti. Crece un poco más, en unos años y tal vez tengas alguna oportunidad conmigo", respondió con una sonrisa pícara, lanzándole una mirada desafiante. Whitley se animó al instante. Esa propuesta era demasiado tentadora para dejarla pasar.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Whitley dirigió su mirada hacia Emma. —"Emma, ¿me regalaste una máquina del tiempo?', preguntó con un tono juguetón. Emma lo miró fijamente, con una expresión que dejaba entrever que estaba considerando seriamente su pregunta.

—"No", respondió finalmente, con una sonrisa irónica. —"Pero si hubiera tenido una, probablemente te habría enviado a una época en la que supieras comportarte".

Whitley fingió indignación. —"¡Hey! Eso no es justo. Soy un caballero de la vieja escuela", protestó, aunque su tono era más jocoso que ofendido.

Emma, sin inmutarse, le entregó un pequeño paquete envuelto en papel elegante. —"En todo caso, este es tu regalo", dijo con voz firme. Whitley lo abrió con curiosidad y encontró una elegante libreta de cuero. —"Te servirá para anotar cuentas, números y cualquier cosa relacionada con la empresa", explicó Emma con seriedad.

Whitley frunció el ceño, confundido. —"Pero yo ya tengo una libreta", argumentó, mostrando la libreta en cuestión. Era una libreta de tamaño mediano con la imagen de un gato sonriente en la portada.

Emma soltó un suspiro exagerado.— "¡Una jodida libreta que compraste en una librería de barrio! ,¡Tiene la imagen de un gato! ,¡Un gato, Whitley! ,Eres el dueño de una empresa multimillonaria y vas por ahí actuando como un niño", siendo objetivos , Whitley era un niño ,—"Tienes que ser más profesional", lo regañó con severidad. Whitley se encogió de hombros, sintiéndose como un niño regañado. Parecía que, a pesar de su edad y posición, Emma aún tenía la capacidad de hacerlo sentir pequeño.

—"Pero me gusta esa libreta", insistió Whitley, aferrándose a su objeto sentimental.

Emma lo miró con una expresión que no dejaba lugar a dudas. —"¿Y te gustará que te quite tu consola de videojuegos?", La amenaza era velada, pero Whitley la entendió perfectamente. Su querida consola de videojuegos era su mayor tesoro, y la idea de perderla lo hizo estremecerse.

—"No, señora", respondió Whitley, su voz apenas un susurro.

Emma asintió con satisfacción. —"Entonces, usarás la libreta. Y te aseguro que te acostumbrarás. Es mucho más elegante y profesional que esa tontería de gato".

Whitley suspiró resignado y tomó la nueva libreta. Sabía que no tenía otra opción. Emma era su socia y, a veces, su némesis. Era como tener a una entrenadora personal, pero en versión empresarial.

Sus ojos se posaron en una pequeña caja que aún quedaba sobre la mesa. estaba envuelta en un papel brillante. Una sonrisa se dibujó en su rostro al leer el nombre escrito en la tarjeta,'Pyrrha Nikos',— "Vaya, se acordó de mi cumpleaños", comentó con sorpresa.

Arnold, notando su expresión, explicó,—"Sí, mi sobrina no pudo venir. Acaba de ganar su segundo campeonato de Mistral y, ya sabes, los patrocinadores, la prensa y esas cosas la tienen muy ocupada". Se disculpó con una leve inclinación de cabeza, pero Whitley hizo un gesto con la mano para tranquilizarlo.

—"No te preocupes, envíale mis felicitaciones. No, la llamaré esta noche. ¡Segunda vez campeona del campeonato juvenil de Mistral ! ,Vaya, debe ser toda una celebridad entre los niños".

Gerald, con una sonrisa pícara, añadió,—"Y eso que no has visto su último comercial de cereales. Tienes que verlo, Whitley. Es... bueno, es algo que tienes que ver".

Whitley abrió el regalo con entusiasmo infantil. Dentro encontró un par de mancuernas, pequeñas pero pesadas. Las levantó y las examinó con curiosidad. —"Interesante", comentó, colocando las mancuernas cuidadosamente en la palma de su mano. —"Esta chica sabe cómo motivar a un hombre", Hizo una pausa dramática antes de añadir con una sonrisa,—"Es una lástima que este hombre sea tan irresistiblemente encantador. Dígale a Pyrrha que debe esforzarse más para ganarse mi corazón".

Todos estallaron en carcajadas. Era evidente que Whitley estaba bromeando,

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Y así pasó otro año.

—"¿Así que esto es Hansel?", Whitley escudriñó el horizonte del pueblo fronterizo, su mirada perdida en la lejanía. —"Tranquilo, sí... Aunque, tal vez cuando tenga 70 me gustaría jubilarme en un lugar así", murmuró, más para sí mismo que para alguien en particular. El panorama de Hansel se extendía ante él, una inmensidad que le hacía sentir pequeño y, al mismo tiempo, infinitamente curioso.

Contaré,Mistral, un reino de proporciones colosales, se asemejaba en su extensión a una ciudad como Washington DC. Al menos, así lo estimaba Whitley. Un gran muro, fruto de un siglo de arduo trabajo, circundaba el reino entero, delimitando sus fronteras y protegiéndolo de lo desconocido. Dentro de este vasto territorio, cuatro sectores principales se repartían el poder: Altar al sur, Elder al este, Alt al oeste y, por supuesto, Mistral al norte, la capital, es un poco curioso que todos los reinos tengan como capital un sector que llevaba el mismo nombre.

Más allá del muro, se extendían los Pueblos Fronterizos, asentamientos dispersos que, aunque ajenos al reino en sí, se beneficiaban de su protección. Los cazadores de Mistral, formados en una prestigiosa academia, eran los encargados de garantizar la seguridad de estas comunidades, librándolas de las amenazas que acechaban .

Whitley, en ese preciso momento, se encontraba en uno de estos pueblos fronterizos, el más cercano a las Tierras Salvajes pero lo suficientemente alejado para ofrecer seguridad.

Sin embargo, la sensación de estar al borde del mundo era palpable. El viento, que soplaba con fuerza desde el sur, traía consigo el aroma de la tierra húmeda y el lejano aullido de algún animal salvaje. Whitley se estremeció, no tanto por el frío, sino por la idea de que un oso grizzli gigante pudiera estar mirándolo fijamente desde los matorrales.

—"Muy bien", Whitley miró las calles polvorientas del pueblo, su mirada perdida en un futuro lleno de tiendas y centros comerciales. —"En unos años sí quisiera que este lugar prosperara un poco más. ¡Imagínate! Un centro comercial con una tienda de cómics tan grande como una cancha de baloncesto, un centro de videojuegos con máquinas que te teletransporten a otros mundos... ¡Y un restaurante de cinco estrellas donde sirvan hamburguesas con oro!".

Whitley se reía solo, imaginando a Hansel convertido en una versión rural de Las Vegas.— "Sí, sería interesante hacer que uno de los reinos tenga una ciudad como esa, con edificios tan altos que llegaran hasta el cielo ".

Pero Whitley no estaba aquí para hacer turismo, ni siquiera para comer hamburguesas con oro. Esa era la excusa que le había dado a Emma, su fiel compañera de aventuras (y la única que lo soportaba).

—"Negocios", había dicho con toda la seriedad del mundo.

— "¿Qué tipo de negocios?" pregunto ella, con los ojos muy abiertos.

Bueno, la había convencido de que crear una agencia de seguridad era una idea brillante.

—"Contrataremos a los cazadores más rudos de todo Remnant", había dicho el, —"¡Seremos como la liga de la justicia!".

—"!¿Que Mierda es la liga de la justicia?!".

Emma había asentido, aunque Whitley sabía en que estaba pensando ella ,'¿ a quién se le ocurre crear una agencia de seguridad en un pueblo donde lo más peligroso que hay es una ardilla ?'

Whitley Había investigado un poco sobre Hansel. Por suerte, había encontrado algunos registros antiguos, Según esos documentos, Hansel era un lugar donde los cazadores venían a retirarse cuando se cansaban de luchar contra monstruos y preferían pescar truchas. Perfecto, había pensado Whitley, un vivero de cazadores experimentados, listos para ser entrenados y convertidos en mis secuaces... digo, en su equipo de seguridad.

Claro, la idea de una agencia de seguridad era solo una tapadera. Su verdadero plan era mucho más ambicioso, tenía un objetivo... bueno, en realidad tenía dos objetivos.

Primero, formar otra Batcueva. Hace ya unos meses que inició con los planes para realizar Batcuevas a lo largo del mundo, sedes que servirán como bases cuando esté en diferentes regiones. Se encuentra haciendo una en Argus, otra en Mantle, y en muchos otros pueblos fronterizos.

¿Cómo es que hace todo esto sin llamar las sospechas de, no sé, los líderes de esas regiones?, Tiene sedes de su empresa en esos lugares, así que él puede estar ahí haciendo una inspección. Eso es una parte de la tapadera. La otra tapadera es que tiene que tener a alguien que construya todo eso, ¿no? Ya sabes, mano de obra. Ese es uno de los grandes problemas que debería tener. El problema es que no necesitaba mano de obra, no citaba personas que construyeran sus bases, no citaba a alguien que hable y mencione ,y sospechara y preguntara para qué es todo esto.

Entonces, ¿quién está construyendo las Batcuevas?

La tecnología era maravillosa y, con el doctor Polendina, han estado trabajando en nuevos robots que servirían al ejército de Atlas. Él estuvo muy involucrado en eso. De hecho, por insistencia del mismo doctor, quería que Whitley trabajara con él y así lo hizo. Hicieron cientos de patentes y los fabricaban en multitud para ayudar en la milicia de Atlas. Puede que unos centenares de estos robots, al rato de ser desplegados hacia las bóvedas de guardado, hayan sido robados por el Colmillo Blanco. Puede ser que ese Colmillo Blanco en realidad no sea el Colmillo Blanco y haya sido Whitley quien planeó un robo en sí. Puede que haya contratado un par de ladrones y les haya dicho dónde y cuándo estarían esos robots y los robaran para él. Una vez que les pagara, simplemente los ladrones no necesitaban saber para qué se usarían. Ellos sospecharían que tal vez era para una guerra.

Y también puede ser que Whitley haya modificado esos robots, quitando los rastreadores, poniendo un nuevo software, modificando circuitos y esas cosas, y hacerlos su mano de obra.

Imagina la escena: Whitley, con una sonrisa traviesa, observando cómo los robots trabajan incansablemente, construyendo sus Batcuevas. Los robots, con movimientos precisos y eficientes, levantando paredes y cavando túneles, mientras Whitley se toma un café y revisa planos. ¡Qué espectáculo! Y todo esto sin que nadie sospeche nada.

Jajaja, pero puede ser.

Whitley no se iba a detener a reflexionar sobre la moralidad de sus actos. Al fin y al cabo, el fin justificaba los medios, ¿no? Y su plan ya empezaba a tomar forma.

Pero ¿qué hacía él aquí, en medio de la nada? Pues buscaba a alguien especial, un auténtico fenómeno. Había oído hablar de este tipo, un héroe de guerra, todo un cazador. ¡Ironía del destino que su profesión fuera tan literal!

Necesitaba aprender de él. María era una luchadora excepcional, sin duda, pero Whitley quería algo más. Quería dominar todas las formas de combate, hasta al momento sabía 37 formas de pelea , Y este hombre, según sus fuentes, era un maestro en el arte de la pelea. Si sus sospechas eran ciertas, este tipo podría enseñarle cosas que ni siquiera María, con toda su experiencia, podría.

—"Aquí debe ser",murmuró Whitley, mientras se adentraba en un bosque cercano al pueblo de Hansel. El camino era largo y solitario, pero el paisaje era bonito. Eso sí, el calor era insoportable. ¡Vacuno parecía un paraíso comparado con este infierno! ,( exageraba),Sudaba a mares y su peluca empezaba a despegarse. (Se lo puso a la maldita sea),Con un gesto de fastidio, se la quitó, revelando su cabello blanco, ahora completamente despeinado..

¡Qué calor! ¡Y qué camino más largo! A cada paso, Whitley maldecía en sus adentros el calor y la distancia.

Pensaba en cómo sería su encuentro con este supuesto maestro de artes marciales. ¿Sería un tipo excéntrico que vivía en una cabaña en medio del bosque? ¿O quizás un antiguo soldado retirado que pasaba sus días entrenando jóvenes promesas?
Mientras caminaba, Whitley no podía evitar imaginar las posibles reacciones de su objetivo. ¿Se sorprendería al verlo? ¿Lo recibiría con los brazos abiertos o lo trataría con desconfianza? Y lo más importante, ¿estaría dispuesto a enseñarle todo lo que sabía?

Whitley siguió caminando hasta que, entre la hierba alta, divisó a un jovencito. Parecía un año mayor que él, quizás dos. Tenía el cabello rubio y despeinado, los ojos azules y vestía como un granjero, aunque con cierto estilo. Lo más curioso era que estaba blandiendo una especie de espada de madera, más bien un palo con una hoja rudimentaria, y la estaba descargando con fuerza sobre un árbol.

—"Tienes la postura incorrecta",comentó Whitley, sin previo aviso.

El joven se sobresaltó y lo miró con una mezcla de sorpresa y conmoción.
—"¡Ah! ,¡Dios mío!, ¡Me asustaste!, ¿Quién eres? ,¿Y qué haces con una peluca en la mano?",preguntó el chico, señalando la peluca que Whitley sostenía.

—"Es una gorra",mintió Whitley, sin mucha convicción.

—"No, eso es una peluca, ¡obvio!",replicó el chico con una sonrisa.

—"Bueno, da igual. Perdona por interrumpirte",se disculpó Whitley, sintiéndose un poco culpable.

Sin embargo, para su sorpresa, el joven no se molestó en absoluto. Al contrario, parecía entusiasmado.—"No te preocupes, no pasa nada. Dime, ¿qué hago mal? ",preguntó, ansioso por aprender.

Whitley, viendo la disposición del chico, decidió aprovechar la oportunidad. Después de todo, un joven tan entusiasta y con ganas de aprender era justo lo que necesitaba.

—"Bueno, para empezar, estás muy rígido. Tienes que relajar el brazo y mover la muñeca con más fluidez. Y la postura... bueno, la postura deja mucho que desear ",comentó Whitley, con una sonrisa.

El chico asintió con la cabeza, atento a cada palabra. Whitley tomo la peluca y se la colocó al joven, haciendo una reverencia exagerada.—Muy bien, joven padawan, ¡prepárate para recibir una lección de esgrima!",exclamó Whitley, adoptando una pose épica..

—"¿Qué es un padawan?".

—"ni idea de qué es"

Y así, en medio del bosque, comenzó una peculiar clase de esgrima. Whitley, con su actitud extravagante, enseñaba a un joven granjero los rudimentos de la lucha con espada. El chico, a pesar de su falta de experiencia, era un alumno aplicado y pronto empezó a mejorar.
Con cada movimiento, Whitley no podía evitar sonreír. Era como volver a ser un niño, jugando a los espadachines. ( El es un niño todavía),Y aunque su misión original era encontrar a un maestro de artes marciales, quizás había encontrado algo mucho más valioso: un amigo.

—"¡Wow, gracias!" ,El chico sonrió, pero luego abrió los ojos de par en par. —"¡Ahh, lo siento, perdón! Mi nombre es Jaune, Jaune Arc."

—"No, perdóneme a mí por mi falta de modales. Debí presentarme primero. Mi nombre es Whitley Schnee." Whitley miró la peluca en sus manos. Bueno, ya no había razón para fingir. Dijo su nombre, suponiendo que el chico ya sabría quién era él, pero sorprendentemente, parecía que este joven no lo conocía. Extraño, todos en Remnant conocían su nombre, el nombre del gran Whitley Schnee. —"Es un honor conocerte", Extendió la mano y Jaune la tomó, haciendo un apretón firme.

—"¿Un Arc?" ,Whitley sonrió, parecía que la buena fortuna le sonreía de nuevo. —"Supongo que conocerás a Arthur Arc."

—"Sí, es mi abuelo," respondió Jaune. —"Si lo estás buscando, puedo llevarte con él".

—"Muchas gracias."

Y así, Jaune guió a Whitley hacia la casa de Arthur Arc. Jaune era un chico muy alegre, la verdad, y hablador, tenía que decirlo. Pero no era un hablador que te hacía sentir rechazo, sino alguien que atraía a una conversación.

Jaune no paraba de hablar. Era como una fuente inagotable de anécdotas sobre su familia: historias de sus siete hermanas, de su padre cazando jabalíes y de su madre haciendo los mejores pasteles del condado. Whitley escuchaba, divertido, mientras se imaginaba a Jaune, con su cara de niño bueno, intentando cocinar y terminando por quemar hasta la sartén.

—"Imagínate, ¡siete hermanas!",exclamó Jaune, con los ojos brillando,—"Soy el único chico en casa. ¡Soy el rey!".

Whitley asintió, aunque por dentro se sentía un poco... envidioso. Él era el hijo menor, uno más del montón. No tenía la cercanía con sus hermanas que Jaune parecía tener con sus hermanas. Y eso le dolía un poco.

—"¿Y por qué llevas esa peluca?",preguntó Jaune, señalando la cabeza de Whitley,—"¿Eres un espía o algo así?".

Whitley se rascó la nuca.
—"Soy una persona muy famosa",respondió con una sonrisa,—"Y a veces, uno necesita pasar desapercibido".

Jaune lo miró con incredulidad.

—"¿Un famoso?, ¿Y te dedicas a enseñar esgrima en medio del bosque? ¡Eso sí que es original!", Jaune se burló.

Whitley no pudo evitar reír.
Mientras caminaban, Whitley no podía dejar de pensar en la vida de Jaune. Era una vida sencilla, llena de amor y risas. Una vida que él, en el fondo, anhelaba. Se imaginó a sí mismo rodeado de una gran familia, celebrando las fiestas en una casa llena de su familia. Era una imagen tan cálida y acogedora que le hizo sentir un poco triste.

—"Oye, Whitley, ¿por qué estás tan callado?, ¿Te pasa algo?",preguntó Jaune, notando el cambio de humor de su nuevo amigo.
Whitley sacudió la cabeza para despejarse.

—"No, no es nada. Solo pensaba en cosas mías".

—"Bueno, si quieres hablar de ello, aquí estoy yo",dijo Jaune, dándole una palmada en el hombro.

Whitley sonrió. Tenía suerte de haber conocido a Jaune. Era justo lo que necesitaba: un amigo sincero y divertido. Y quién sabe, quizás algún día él también tendría una familia tan unida como la de Jaune.

—"Supongo que estás entrenando para ser un cazador igual que tu padre", inquirió Whitley, pero la mirada de Jaune se oscureció como si una nube hubiera eclipsado el sol.

—"Mi padre... nunca quiso enseñarme", suspiró Jaune, la resignación pesando en cada sílaba.— "Ya estoy muy grande para empezar ahora, ¿no crees?"

Whitley frunció el ceño, sin comprender del todo. —"No es así, Jaune. Muchos cazadores comienzan tarde. Las academias aceptan a estudiantes de todas las edades. ¡No te rindas tan fácil!"

Jaune sonrió amargamente, una sombra de tristeza en sus ojos. —"Creo que ya me rendí hace mucho. Siempre soñé con seguir los pasos de mi padre y mi abuelo, pero él... él nunca me dio esa oportunidad". Su voz se apagó, como si las palabras fueran demasiado pesadas para cargar.

Miró al cielo, un lienzo azul infinito que parecía burlarse de sus sueños frustrados. —"Quería que me entrenara él, como hizo mi abuelo con el. Pero no quiso saber nada de mí sueño". Se volvió hacia Whitley, su mirada llena de una tristeza profunda. —"No puedo pedirle ayuda a ningún otro cazador. Todos me conocen y saben lo que mi padre piensa de mí sueño. Y las academias... son demasiado caras. Mi padre podría pagarlo, pero no lo hará".

Whitley observó a Jaune con una mezcla de pena y frustración. El chico que tenía ante él era un fantasma de lo que pudo ser. Veía la pasión en sus ojos, la llama que aún ardía a pesar de todo. Pero también veía la resignación, la derrota que se había arraigado en su alma.

Whitley sintió un nudo en la garganta, una opresión que le impedía respirar. Quería ofrecerle a Jaune palabras de aliento, un bálsamo para su alma herida, pero las palabras se le escapaban, tímidas y vacilantes. ¿Cómo consolar a un corazón que había sido partido en dos?

—"¿Y eso es todo lo que vas a hacer?", espetó Whitley, la frustración hirviendo en su interior. No era ira hacia Jaune, sino hacia las circunstancias que lo aprisionaban, hacia un mundo que parecía empeñado en sofocar los sueños de un joven.¿Cómo puede alguien arrebatarle el futuro a otra persona, especialmente un padre?.

Ambos se detuvieron en seco, el peso de sus emociones colgando en el aire. Jaune lo miró, perplejo, como si no comprendiera la vehemencia de su amigo.

—"¿Vas a dejar que te venzan así?, ¿Vas a aceptar que tu padre decida tu destino? ,Ser granjero no es malo, pero ¿es eso lo que realmente quieres?", insistió Whitley, sus ojos ardiendo con una intensidad que sorprendía a Jaune. Podía sentir la rabia contenida en su amigo, una rabia que resonaba con la suya propia.
Jaune se sintió acorralado, sus defensas se alzaron como un muro.

—"¿Y qué quieres que haga? Estoy atado de pies y manos. Incluso si tuviera la locura de irme de este pueblo y buscar entrenamiento, no tengo los medios. Fracasaría y volvería con la cola entre las piernas, más derrotado que nunca". Su voz se quebró, revelando la profunda herida que llevaba dentro.

Whitley lo miró con una mezcla de tristeza y rabia. —"¿Así quieres que termine todo? ¿Rendirte sin siquiera luchar?"

Jaune soltó un grito ahogado, su puño golpeando el suelo con fuerza.— "¡Claro que no quiero!, Mi padre es un egoísta, un tirano que me niega mis sueños. Entrenó a mis hermanas para ser cazadoras, pero a mí... ¿qué excusa tuvo? ¡Ninguna!, Me dejó a la deriva, sin rumbo, sin esperanza".

Las palabras de Jaune resonaron en el aire como un lamento desgarrador, arrancando un profundo suspiro a Whitley. En ese instante, se vio reflejado en los ojos desesperanzados de su compañero.

No podía culpar a Jaune por sentirse atrapado en una red de expectativas y limitaciones impuestas por otros. Al fin y al cabo, ¿quién era él para juzgar?, Él mismo había tenido la suerte de nacer en un entorno que le había brindado oportunidades, una vía de escape hacia un futuro prometedor. Jaune, sin embargo, parecía condenado a un destino preestablecido, sin voz ni elección.

Una oleada de compasión y determinación inundó a Whitley. Jaune necesitaba lo mismo que él había tenido: alguien que creyera en él, que le ofreciera una mano amiga y le mostrara el camino.

—"Y tú crees que voy a permitir que esto termine así, amigo", dijo Whitley, la voz firme y decidida. La palabra 'amigo' ,resonó entre ellos, forjando un vínculo inesperado. —"Si tú estás dispuesto a luchar por tus sueños, yo estaré contigo hasta el final. No permitiré que te rindas."

Jaune lo miró, atónito. ¿Quién era este chico? ¿Por qué le importaba tanto su destino? Se conocían hacía apenas una hora, y sin embargo, Whitley parecía dispuesto a cambiar el curso de su vida.

La sorpresa de Jaune se transformó en asombro cuando Whitley le tendió una tarjeta, un objeto aparentemente sencillo que escondía un significado profundo. El sello en la tarjeta era inconfundible: el símbolo del reino de Atlas, un emblema de poder y aventura.

—"Escucha, Jaune", comenzó Whitley, su mirada azul clavándose en los ojos de su amigo. —"Los hombres como nosotros tenemos un llamado, una misión más allá de nuestros sueños personales. Somos guardianes, protectores de un mundo que necesita nuestra ayuda" .

Sus palabras resonaron con una fuerza inesperada, llenando el aire de una energía electrizante.— "Y tú, Jaune, tienes el potencial para convertirte en uno de ellos".

Jaune sintió un escalofrío recorrer su espalda. Las palabras de Whitley resonaban en lo más profundo de su ser, despertando una llama de esperanza que había creído extinguida. ¿Sería posible escapar de las cadenas que lo ataban? ¿Podría él, un joven sin recursos ni experiencia, convertirse en algo más grande que sí mismo?

En ese instante, Jaune supo que su vida estaba a punto de dar un giro radical. Y aunque el camino que se extendía ante él era incierto y lleno de escollos, no se sentiría solo. Tenía a Whitley a su lado, un faro de esperanza en la oscuridad, un amigo que creía en él incondicionalmente.

—"Nosotros no permitimos que otros guíen nuestro destino", proclamó Whitley, su voz resonando con una convicción inquebrantable.

— "Cuando algo nos desagrada, cuando nos imponen límites, cuando nos dicen que no podemos, es nuestra responsabilidad rebelarnos contra el statu quo. No aceptamos las cosas como son, sino como queremos que sean".

Los puños de Jaune se cerraron con fuerza, expulsando la frustración y la resignación que lo habían oprimido durante tanto tiempo. Sintió cómo un peso se levantaba de sus hombros, liberándolo de las cadenas de la duda. Era cierto. ¿Cuántas veces había desafiado las órdenes de su padre, simplemente por el impulso de hacer lo que él quería? Y aunque había intentado convencerse de que se había rendido, en el fondo sabía que la llama de la rebeldía aún ardía dentro de él.

—"Tú no naciste para rendirte, Jaune", continuó Whitley, su mirada fija en los ojos de su amigo. —"Tú naciste para liderar, para moldear el mundo a tu imagen. Naciste para comandar ejércitos y conquistar nuevos horizontes".

Whitley le ofreció una sonrisa desafiante, una sonrisa que encendía una chispa en el interior de Jaune. Con esas simples palabras, había avivado la llama que se estaba apagando, devolviéndole la fe en sí mismo.

— "Tú naciste para ser un héroe."

-{}-

Y ahí estaba, imponente y solitaria, la mansión Arc. Había escuchado tantas leyendas sobre esta familia de cazadores, esperaba encontrarse con una especie de castillo encantado. Pero, bueno, al final del día, era solo una casa, aunque bastante grande.

Siempre le habían contado que los Arc eran como la realeza de los cazadores, una especie de dinastía de exterminadores de monstruos. Imaginaba a Arthur sentado en un trono de huesos de Grimm, dando órdenes a un ejército de cazadores. Pero claro, eso era solo fantasía.

La casa era enorme, como para albergar a una familia de veinte. ¿Cómo demonios una sola persona podía vivir en un lugar así? Seguro tenía un ejército de sirvientes invisibles que se encargaban de todo. Bueno, o eso pensaba Whitley, hasta que me enteré de que Arthur era más de la vieja escuela. Un tipo que prefería hacer sus propias compras y hasta barrer el suelo. ¡Un verdadero hombre del Renacimiento, o más bien, un cazador del Renacimiento!

Se preguntaba si tendría un sótano lleno de armas antiguas y pergaminos misteriosos, o si guardaba un grimm disecado como trofeo. (Sabía a ciencia cierta que ningún Grimm podía ser disecado porque al rato de morir se disolvió ,pero era bueno soñar),Y hablando de trofeos, ¿tendría una sala llena de medallas y reconocimientos? ¡Imagínate la cara de Arthur con una medalla de "Mejor Cazador del Año"! ,Seguro que la colgaría en un lugar muy visible, junto a una foto suya con un Grimm muerto.
En fin, era evidente que la casa de Arthur Arc era mucho más que una simple vivienda. Era un monumento a la historia de su familia, era un legado

Tocó la puerta, una cosa tan grande que parecía más bien la entrada a un banco. Caoba, plata, oro... el señor Arc tenía buen gusto, o al menos mucho dinero. Y sí, tuvo que tocar. ¡En pleno siglo XXI! ¿Quién no usa timbres ya?, Bueno, supongo que si eres un cazador de monstruos con un ego del tamaño de su mansión, te puedes el lujo de ser conservador.

Unos segundos después, la puerta se abrió de par en par, revelando a Arthur Arc en persona. ¡El mismísimo! Y vaya que estaba bien conservado para su edad. Según los registros, el tipo debía estar cerca de los cien, pero parecía más bien un adonis de sesenta. Era como uno de esos vinos añejos que te dicen que saben a mil cosas, pero en realidad saben a vinagre. Y tenía el derecho de decir eso, porque ha probado vinos de 100 años

Arthur se ve como si tuviera 60, y de los 60 que te ves bien, un hombre de 60 años que parecía de 40 años, pero en realidad tenía 95 años, muy parecido a un jugo de limón que se ve de Jamaica pero sabe a tamarindo.

—"Y tú, ¿quién eres? ¿Qué quieres aquí, mocoso?", preguntó Arthur, con una voz que parecía sacada de una película de vaqueros. Era tan profunda y resonante que casi se esperaba que se le saliera un puro de la boca.

¡Qué tipo más directo!, se había preparado para un recibimiento más cordial, pero bueno, así era él. , Respiró hondo y ajusto su peluca, que por cierto, le quedaba de maravilla.

Jaune se había ido corriendo antes de que Whitley le contara todo el plan. ¡Qué impaciente! ,Pero bueno, ya tendría tiempo de explicarle todo después.

—"Quisiera hablar con usted, señor Arc. Mi nombre es Bruce Wayne", dijo, haciendo una reverencia exagerada. A ver si con un poco de adulación se ganaba al viejo gruñón.

Arthur asintió con la cabeza, como si estuviera concediendo una audiencia real.

—"Adelante, mocoso. No tengo todo el día." Y así, con la magnanimidad de un rey concediendo una petición, le invitó a pasar. No sé si era más grande su ego o su mansión.

El comedor era una cosa de locos. Paredes cubiertas de trofeos, desde cabezas de animales hasta espadas gigantescas que parecían sacadas de una película de fantasía. Era como el salón de la fama de un cazador, solo que en vez de medallas, tenía cabezas de animales. Y encima de todo eso, un trono de madera tallado que parecía sacado de una película de piratas. ¡El señor Arc se tomaba muy en serio lo de ser un cazador!,
Arthur se sentó en su trono, apoyando la barbilla en la mano como si estuviera juzgando a un criminal.

—"Bien, señor Wayne, ¿qué te trae por aquí?, No suelo recibir visitas, especialmente de mocosos como tú".

Whitley sintió un nudo en la garganta ante la brusquedad de Arthur. Intentó responder, pero el viejo cazador levantó una mano, imponiendo un silencio sepulcral. Su dedo señaló el suelo, una orden tácita que no admitía réplica.

Con una mezcla de resignación y determinación, Whitley se arrodilló. La madera fría del suelo contrastaba con la calidez de su determinación.

— "He venido de lejos, señor, atraído por su leyenda. He oído hablar de sus hazañas, de su sabiduría. Anhelo aprender de usted, ser su discípulo".

Arthur lo observó con una mirada penetrante, como si estuviera escaneando su alma. —"Y crees que simplemente vas a conseguir lo que quieres, ¿eh? ,Te equivocas, muchacho. Yo no entreno a cualquiera. No busco discípulos". Su voz era como el rugido de un león, imponente y autoritaria.

Whitley se sintió herido, pero no se dejó intimidar.— "Sé que mis palabras pueden parecer vacías, pero mi deseo es sincero. Estoy dispuesto a pagar cualquier precio, a superar cualquier prueba..."

—"El dinero no me interesa, mocoso", interrumpió Arthur, cortando sus palabras de raíz. —"Vete de aquí".

Whitley se puso en pie de un salto, la ira hirviendo en su interior.— "No puedo simplemente irme así, señor. He recorrido un largo camino, he arriesgado mucho por esta oportunidad".

Arthur lo miró fijamente, desafiándolo con la mirada. Y en ese instante, Whitley no podía rendirse. Se había enfrentado a monstruos más intimidantes que este viejo cazador.

Arthur lo miró fijamente, desafiándolo con una mirada que parecía penetrar hasta lo más profundo de su alma. Y en ese instante, Whitley supo que no podía rendirse. Se había enfrentado a monstruos más intimidantes que este viejo cazador, pero ninguno lo había puesto tan a prueba.

—"Interesante", murmuró Arthur, una sonrisa burlona curvando sus labios.— "¿De verdad crees que poniendo esa actitud me convencerás? ,Ya veremos".

Whitley sintió un escalofrío recorrer su espalda. Su instinto, agudizado por años de entrenamiento, le advirtió del inminente peligro. Antes de que pudiera reaccionar, Arthur se lanzó contra él, su puño describiendo un arco mortal. Con un ágil movimiento, Whitley se apartó justo a tiempo, sintiendo el impacto del golpe contra el suelo, que se agrietó bajo la fuerza bruta.

Si hubiera intentado bloquear ese ataque, su mano estaría irremediablemente fracturada. Arthur era mucho más hábil y poderoso de lo que había imaginado.

—"Tus reflejos son buenos, muchacho", elogió Arthur, su voz llena de un respeto inesperado.— "Un cazador en entrenamiento habría intentado bloquear ese golpe y ahora estaría lamentándose. Pero tú..."

Antes de que Whitley pudiera responder, Arthur volvió a atacar, esta vez con una velocidad sorprendente. Sus ataques eran precisos y letales, cada uno diseñado para explotar la menor debilidad. Whitley esquivó y bloqueó, luchando con todas sus fuerzas.

La sala se convirtió en un torbellino de movimiento, el aire vibraba con la energía de la batalla.

Whitley sintió la adrenalina inundar su cuerpo. La lucha contra Arthur era como bailar con la muerte, cada movimiento era una apuesta. Con un salto ágil, logró desviar un golpe bajo y contraatacó, lanzando una patada circular que hizo tambalear a su oponente.
Arthur rió entre dientes, admirando la tenacidad del joven.

— "Muy bien, muchacho. Me estás divirtiendo. Pero no te confíes, aún no has visto nada".

Y así, la batalla continuó, una danza mortal entre dos guerreros. Whitley luchaba con la desesperación de quien sabe que su vida pende de un hilo, mientras que Arthur combatía con la serenidad de un maestro experimentado.

Más que una batalla, era una demostración de superioridad. Whitley esquivaba, bloqueaba, pero era como intentar atrapar el viento. Los golpes de Arthur, precisos y contundentes, lo hacían retroceder, dejando en su cuerpo una sorda vibración de dolor.

Arthur, sin embargo, no parecía del todo comprometido. Jugaba con su presa, probando sus límites. En un movimiento rápido, agarró la muñeca de Whitley, doblándola con una facilidad aterradora. Un golpe certero al estómago envió al joven volando varios metros, estrellándose contra la pared.

—"Esa forma de pelear... no la he visto en años", murmuró Arthur, intrigado. —"Quién te enseñó eso, muchacho?" Mientras observaba a Whitley levantarse, su curiosidad crecía. Esa agilidad, esa resistencia... no era algo que se aprendiera en cualquier lado. Había notado que Whitley no tenía aura ,pero golpearlo era como impactar contra una piedra, este chico no era normal.

Whitley tosió, un hilo de sangre asomando por la comisura de sus labios. El dolor era intenso, pero su determinación era aún mayor. —"Mi maestra se llama María Calavera", respondió con voz ronca.

Al oír ese nombre, los ojos de Arthur se agrandaron, iluminados por una emoción que Whitley no supo descifrar. Una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro, una sonrisa que parecía contener siglos de secretos y experiencias. "—"¿María Calavera dices? ,¿Eres su alumno? ¡Jajaja! ¡Jajaja! ¡Jajaja! ¡Jajaja! ¡Jajaja! ¡Jajaja!", resonó su risa por toda la sala, sacudiendo las pesadas armaduras colgadas en las paredes como si fueran hojas al viento.

—"Sabes, chico", dijo Arthur, su voz ronca pero llena de una extraña calidez,— "si eres alumno de María Calavera, ¿qué haces aquí? ,¿Qué esperas que te enseñe yo que ella no te haya enseñado ya?" ,Su mirada se clavó en Whitley, desafiándolo a responder.

Whitley sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La pregunta era directa, pero la respuesta no era tan sencilla. —"Mi maestra es excepcional, no lo niego", admitió, su voz apenas un susurro. Pero su mirada, fija en los ojos de Arthur, ardía con una determinación férrea.— "Pero he oído hablar de usted, he leído sobre sus hazañas. En la Gran Guerra de la Revolución de los Faunos, usted fue uno de los pocos humanos que se puso de su lado, que luchó por su libertad. Ayudó a conseguir la independencia que tanto anhelaban".

Al oír estas palabras, la sonrisa de Arthur se ensanchó. Cerró los ojos por un instante, como si estuviera reviviendo viejos recuerdos. —"Sí, así fue", murmuró. —"La Guerra de los Faunos... una época turbulenta. Una guerra que, en mi opinión, nunca debió ocurrir. ¿Por qué hacer una guerra por algo tan insignificante como la raza? ,Todos deberíamos ser iguales, ¿no crees?".

Whitley asintió lentamente. —"Lo sé. Pero la intolerancia y el miedo ciegan a muchos".

—"Así es", dijo Arthur, volviendo a abrir los ojos. —"Y tú, ¿qué buscas? ¿Por qué quieres aprender de mí?"
.

Whitley se enderezó, su mirada fija en la de Arthur. —"Usted era temido, su nombre resonaba como un trueno en los oídos de sus enemigos. Se decía que aquellos a quienes usted perseguía estaban condenados desde el principio" ,Sus palabras eran un cumplido velado, una invitación a un duelo de voluntades.

Arthur sonrió, una sonrisa que revelaba años de experiencia y un sinfín de secretos. —"Me estás diciendo todo lo que ya sé de mí mismo, pero aún no me has dicho qué esperas que te enseñe".

Whitley no dudó un instante. —"Quiero que me enseñe a cazar", respondió con firmeza.

Arthur alzó una ceja, sorprendido. —"María ya debe haberte enseñado eso", dijo con escepticismo.

—"Sí, lo hizo", admitió Whitley, —"pero parece que aún no me ha entendido bien. No quiero que me enseñe a cazar Grimm. Quiero que me enseñe a rastrear a mis enemigos, a seguir sus huellas, a anticipar sus movimientos. Quiero que me enseñe a cazar personas".

Al oír estas palabras, la expresión de Arthur se transformó. Sus ojos, antes llenos de curiosidad, se endurecieron, adquiriendo un brillo gélido. Esta era una petición que resonaba profundamente en él, que despertaba recuerdos de un pasado violento y despiadado.

—"Has llamado mi atención, muchacho", dijo, su voz grave como el trueno. —"Tu entrenamiento comenzará una vez que me hayas llevado donde está María Calavera."

Whitley sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, una mezcla de emoción y temor. Había encendido una llama en el corazón de Arthur, una llama que podría consumirlo o iluminarlo. Pero estaba dispuesto a correr ese riesgo. Había encontrado a otro maestro, a aquel que podría forjarlo en el guerrero que anhelaba ser.

Whitley no cuestionó los motivos de Arthur para buscar a María Calavera. Intuía que entre ellos existía una historia compleja, llena de secretos y rivalidades. Sin embargo, dudaba que se enfrentaran en una batalla. Ambos eran hombres maduros, demasiado sabios como para dejarse llevar por impulsos juveniles. Pero Arthur pareció sabio y María inclusive a esa edad era muy impulsiva

—"Aprecio mucho que me haya aceptado como aprendiz", dijo Whitley, su voz firme pero respetuosa. —"Pero quisiera plantearle una condición".

Arthur arqueó una ceja, intrigado.— "¿No sería yo el que debería estar poniendo las condiciones?", preguntó con una sonrisa burlona.

—"Sí, muy cierto", admitió Whitley, —"pero créame, no me iré de aquí hasta que acepte mi condición".

La curiosidad de Arthur se intensificó. —"Te escucho".

—"No soy solo yo al que quiero que entrene".

-{}-

¡Tres meses!, ¡Quién iba a decir que el tiempo vuela cuando estás siendo torturado por un par de sádicos disfrazados de maestros!, Uno pensaría que tres meses son muchos, pero créanme, cuando estás entrenando con Arthur Arc y María Calavera, cada segundo se siente como una eternidad.

Arthur, con su cara de sabio y su aire de superioridad, resulta ser un auténtico sádico. Le encanta ver sufrir a los demás, especialmente a aquellos que considera indignos de su compañía. ¡Y María Calavera! Esa mujer es la personificación del mal. Se ríe a carcajadas mientras te somete a las pruebas más crueles. ¡Entre los dos hacen una pareja de lo más divertida!

Lo más irónico de todo es que Jaune, el mimado de la familia Arc, tiene un abuelo tan sádico. ¡Imagínense! , Pero por las noches, Arthur se transforma en el abuelo más amoroso del mundo, contándole cuentos a Jaune y llevándolo de aventuras por el bosque. ¡Qué contraste tan absurdo!.

Resulta que cada mes, Arthur se convierte en el centro de atención en la Plaza Central de Hansel. Se sienta en un banco, saca su pipa y empieza a narrar historias fantásticas sobre dragones y princesas. ¡Y qué historias! Parece que en su juventud vivió mil y una aventuras. ¡Whitley pagaría una fortuna por ver esas historias convertidas en un reality show!.

Jaune, pobre chico, no daba crédito a la doble vida de su abuelo. ¡Un momento era el abuelito más cariñoso del mundo, contándole cuentos de hadas, y al siguiente se convertía en un tirano despiadado, sometiéndolo a entrenamientos brutales! ¡Qué lío tenía el pobre en la cabeza!.

Al final, Whitley apenas consiguió convencer a Arthur de entrenarlo. Claro, con la condición de que María Calavera también formara parte de su adiestramiento.

Jaune , con el corazón en un puño, se fue a Argus junto a su abuelo guiados por Whitley

Por lo poco que Jaune le había contado a Whitley, sus padres y hermanas no habían tomado nada bien su decisión de irse a entrenar. ¡Y eso que ni siquiera sabían que su abuelo iba a ser uno de sus instructores! ,Jaune les había dicho que se iría a Atlas a recibir una formación militar, gracias a una inscripción que Whitley le había conseguido.
Esa inscripción era un pase directo a la academia militar, un regalo del general Ironwood.

Parece que el general tenía la idea de que Whitley quería seguir los pasos de su hermana mayor y convertirse en un especialista. ¡Quién sabe por qué se hizo esa idea! .Tal vez fue por la gran amistad que Whitley tenía con el doctor Polendina o por sus contribuciones tecnológicas al ejército

Whitley nunca había sido muy fan del ejército, pero pensó que un buen entrenamiento militar no le vendría nada mal a su amigo. Total, ¿qué más da? ¡A Jaune le encantaría!.

Antes de meter a Jaune de lleno en la academia militar, Whitley decidió que necesitaba una buena base. Así que, con una sonrisa de oreja a oreja, le soltó a Jaune que su abuelo se encargaría de entrenarlo durante un año entero para convertirlo en un auténtico cazador de monstruos.

Jaune, al escuchar eso, se puso más contento que una perdiz con un grano de maíz. ,¡Un año entero con su abuelo, aprendiendo a luchar y a sobrevivir!, Estaba tan emocionado que hasta se atrevió a bromear con Whitley sobre ser su padrino de boda. ¡Vaya futuro que se imaginaba el chico!.

Whitley soltó una carcajada ante la confianza de Jaune. ¡Quién iba a decir que su amigo se veía tan seguro de sí mismo!, Pero le dejó claro que antes de pensar en bodas y padrinos, tenía que aprender a mantenerse en pie durante el entrenamiento. Y eso, con Arthur de maestro, iba a ser todo un reto.

Sin embargo, los planes de entrenamiento de Whitley se vieron interrumpidos de repente. Emma, su socia y, en realidad, la mente maestra detrás de su empresa, lo llamó a Vale. Resulta que había abierto una nueva sede allí, ¡y sin avisarle!.

Aunque para el mundo exterior era Whitley el dueño de todo el imperio empresarial, todos sabían que la verdadera jefa era Emma. Él ponía la cara, las ideas locas y los diseños extravagantes,el patrimonio ,mientras que ella se encargaba de todo lo demás: contratos, negociaciones, marketing... ¡Era una máquina de hacer dinero!.

Whitley, a pesar de su ego inflado, sabía perfectamente que sin Emma su empresa sería un barco a la deriva. Así que, con toda humildad, tuvo que admitir que le debía todo a ella. Y como muestra de agradecimiento, le había ofrecido un sueldo... bueno, más bien un cheque en blanco..

—"El cheque está en blanco, tú dicta cuánto quieres ganar",le había dicho Whitley, con una sonrisa que intentaba disimular su nerviosismo.

Emma lo miró con una ceja levantada, como si estuviera evaluando si estaba loco o simplemente generoso.

—"¿Estás seguro? ",preguntó, con una sonrisa burlona.

—"Por supuesto",respondió Whitley, aunque por dentro estaba pensando: '¡Por favor, no pidas una cifra astronómica!'.

—"Y si te digo que quiero ganar un millón de lien al mes, ¿no te echarás atrás?",insistió Emma, disfrutando de la reacción de Whitley.

—"No, claro que no... pero recién estamos empezando, así que trata de no ganar un millón de lien por lo menos en este primer año",respondió Whitley, con una sonrisa nerviosa.

Emma se echó a reír. ¡Whitley era tan predecible!.

Ese fue un buen recuerdo.

Emma siempre supo cómo sacarle una sonrisa. Whitley recordaba con cariño aquella conversación sobre su sueldo.

Whitley se sumergió en el bullicio de la ciudad. Disfrazado con una sencilla capa y un sombrero, caminaba por las calles como uno más. Sabía que no necesitaba ocultarse, pero años de habitar en la sombra lo habían convertido en un maestro del disfraz. Además, ser reconocido por la calle no era precisamente lo que buscaba en ese momento.

El aroma a marisco lo llevó hasta un puesto callejero. —"¡Calamar asado!" exclamó, emocionado. En Argus era casi imposible conseguir pescado fresco, así que esta delicia era todo un lujo.

—"¿Eso es calamar asado?, en Argus es muy difícil conseguir esto, ¿Cuánto cuesta señorita?", preguntó Whitley, salivando ante la brocheta. La vendedora, una mujer de aspecto amable, sonrió y respondió

—"Cinco lien."

Whitley buscó en su bolsillo, seguro de que tenía su billetera. ¡Pero no había nada! Sus ojos se abrieron como platos. Imposible. Siempre llevaba su billetera asegurada con un imán

—¿Y ahora qué?" se preguntó en voz alta, pasándose una mano por el cabello. La sensación de vacío en sus bolsillos era palpable. Revisó una y otra vez, pero no había duda: su dinero había desaparecido. ¿Se lo habrían llevado mientras no estaba mirando? La idea lo ponía nervioso.
Se imaginó la escena: alguien acercándose sigilosamente, deslizando una mano experta en su bolsillo y escapando sin dejar rastro.

Pero no, eso era imposible. Sus sentidos estaban tan afinados que habría notado el más mínimo movimiento. Además, su billetera estaba asegurada con un pequeño imán que se adhería al interior de su pantalón. Hacía falta cierta fuerza para extraerla, y él lo habría sentido.

—"Imposible que me hayan robado", murmuró para sí mismo, negando con la cabeza.

Sin embargo, la evidencia era irrefutable.

De repente, una oleada de frustración lo invadió. No era tanto por el dinero perdido, sino por lo que llevaba dentro de la billetera. ¡Justo ese día! ¡Con esa mala suerte! Entre los billetes y las monedas, había una tarjeta de acceso que le permitía entrar al laboratorio del doctor Polendina. Un objeto invaluable que no podía perder bajo ninguna circunstancia.

—"Whitley, otra vez te metes en problemas", pensó con resignación. Suspiró profundamente, tratando de mantener la calma.

Pero la situación era desesperada. Sin la tarjeta, no podría acceder al laboratorio

—"Mierda".

-{}-

Esmeralda había consumado su cometido..

Era una niña de la calle, forjada en el crisol de la miseria, donde la supervivencia era un arte que se aprendía a base de golpes. El robo era su oficio, su única herramienta para sortear el abismo de la pobreza. Y en este juego cruel, había perfeccionado sus habilidades hasta alcanzar una maestría que la hacía temible..

Sus ojos, endurecidos por la vida, habían visto más de lo que cualquier niño debería. Habían presenciado la crueldad del hombre, la indiferencia de la sociedad y la traición de la suerte. Y sin embargo, bajo esa coraza de indiferencia, latía un corazón que anhelaba algo más que sobrevivir.

Recordaba vívidamente la primera vez que había robado. Tenía apenas nueve años y el hambre la había empujado a un acto desesperado.

Había sustraído un pedazo de pan de un puesto callejero, creyendo que nadie la vería. Pero el dueño, un hombre corpulento y de mirada feroz, la había sorprendido.

La paliza que había recibido aquel día había sido brutal, marcando su cuerpo y su alma. Sin embargo, había sido en ese momento de dolor extremo cuando había despertado algo dentro de ella: su Aura.

El Aura, esa fuerza misteriosa que latía en el corazón de los cazadores, la había protegido de las garras de la muerte. Había sentido una energía cálida y reconfortante envolverla, mitigando el dolor y dándole la fuerza para levantarse.

Y con ese despertar místico llegó a su vida la mayor de las bendiciones: una semblanza. Una habilidad única, tejida con hilos de luz y sombra, que la diferenciaba de los demás. Su semblanza era un don celestial, un arma secreta que le permitía moldear la realidad a su antojo. Con una simple mirada, podía manipular los sentidos de aquellos que la rodeaban, sumergiéndolos en un mar de ilusiones. Podía hacerlos ver lo que no estaba, oír lo que no existía, y sentir lo que nunca habían experimentado.

Para una niña que había conocido solo la dureza de las calles, esta habilidad era un tesoro invaluable. Era un velo que la ocultaba a los ojos del mundo, una llave que abría puertas que antes estaban cerradas. Con su semblanza, podía pasar desapercibida, deslizándose entre las sombras como un fantasma. Y así, podía alimentarse, podía sobrevivir.

Cada robo era un ritual, una danza macabra entre ella y su víctima. Observaba a su presa, estudiaba sus movimientos, y luego, con un susurro de poder, tejía su ilusión. El mundo que la víctima percibía se distorsionaba, y en ese instante de confusión, Esmeralda actuaba. Era rápida, silenciosa, eficiente.

Y sin embargo, a pesar de la frialdad con la que ejecutaba sus robos, un atisbo de compasión a veces asomaba en su corazón. Al mirar a sus víctimas, veía reflejada su propia desesperación, su propia lucha por sobrevivir. Pero el mundo era cruel, y ella había aprendido a endurecerse. No había lugar para la debilidad en las calles.

—"Pobre tonto", murmuró, mientras sus dedos acariciaban el grueso fajo de billetes.

La sorpresa la había dejado sin aliento. Había robado innumerables billeteras en su vida, pero nunca había encontrado una como esta. Un tesoro inesperado que yacía oculto entre el cuero gastado.

Al contar las notas, una sonrisa de incredulidad se dibujó en su rostro. Cien, doscientas, trescientas... ¡Tres mil lienes! ,Una fortuna que podría cambiar su vida por completo. ¿Quién era ese niño?, ¿De qué familia adinerada provenía? ,Preguntas que se arremolinaban en su mente mientras la embriagaba una sensación de euforia.

Con el botín asegurado, Esmeralda se sumergió en una espiral de derroche.

Las calles del mercado se convirtieron en su patio de recreo. Comió hasta saciarse, compró ropas nuevas, brillantes y coloridas, que contrastaban vivamente con sus andrajos habituales. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió viva, poderosa.

Al caer la noche, regresó a su humilde morada, un rincón oscuro y olvidado en los barrios bajos del reino de Vale. Un lugar donde la esperanza era un lujo que pocos podían permitirse. Allí, rodeada de las sombras, contempló su reflejo en un charco de agua sucia. Ya no era la misma niña que había vagado por las calles, hambrienta y desvalida. era una mujer joven que aún se sorprende que haya llegado a vivir hasta este punto.

Los barrios bajos de Vale eran un laberinto de callejones estrechos y casas destartaladas, un lugar donde la ley apenas se hacía cumplir.

Era el basurero de la sociedad, un lugar donde los marginados y los olvidados encontraban refugio. Los habitantes de este lugar eran una mezcla heterogénea de humanos, faunos , unidos por su pobreza y su desesperación.

El reino de Vale, con sus demás distritos ,centros comerciales ,calles asfaltadas, restaurantes cinco estrellas, se erigía como un símbolo de todo lo que ellos nunca tendrían. Y sin embargo, los gobernantes parecían indiferentes al sufrimiento de sus súbditos más débiles.

—"¿Por qué invertir en los barrios bajos cuando había tantos otros lugares más importantes que atender?" ,La pregunta resonaba en su mente, una acusación muda contra la indiferencia del reino. Y sin embargo, ella había encontrado en este lugar marginal un refugio, un espacio donde podía ser quien quisiera ser.

Los alquileres eran bajos, casi ridículos comparados con los precios exorbitantes del centro. Nadie hacía preguntas sobre su pasado, sobre su familia. Solo les importaba el dinero, y ella lo tenía. Era un trato conveniente, una tregua tácita entre ella y la sociedad.

Pero la calma era engañosa. Una sombra se había cernido sobre su felicidad recién encontrada. Lo sentía en los huesos, en la piel. Alguien la estaba siguiendo. No era una corazonada, era una certeza tan sólida como la piedra.

Y entonces lo vio. Un hombre, alto y corpulento, con una mirada fría y calculadora. Lo reconoció al instante. Era uno de los matones que trabajaban para el señor del crimen local.

La sorpresa se convirtió en resignación. Había sido demasiado bueno para ser verdad. La vida en los barrios bajos era así, una constante lucha por la supervivencia.

Sin dudarlo, echó a correr. Las calles estrechas y sinuosas de los barrios bajos se convirtieron en su campo de batalla. Conocía cada rincón, cada callejón sin salida, cada atajo. Era una liebre huyendo de los perros de caza.

Dobló una esquina y allí estaba, otro matón, bloqueándole el paso. Saltó una valla, aterrizando en un callejón oscuro y húmedo. Pero allí lo esperaba otro. Los esquivaba con una agilidad sorprendente, burlándose de sus torpes intentos por capturarla.

—"¡Idiotas! ¿En serio creen que pueden atraparme?", se burló, su voz resonando como un eco en el laberinto de callejones. La adrenalina pulsaba en sus venas, alimentando su confianza. Conocía estos callejones como la palma de su mano, cada sombra, cada esquina era un refugio potencial. Había pasado incontables noches esquivando a la ley, a los matones, a cualquiera que se atreviera a cruzar su camino.

Sin embargo, la confianza ciega es un arma de doble filo. En su arrogancia, había subestimado a sus perseguidores. Con cada callejón que doblaba, con cada salto que daba, los estaba conduciendo directamente a la trampa que habían preparado para ella.

Era como una mariposa revoloteando alrededor de una llama, cada vez más cerca de su propia destrucción.

Al doblar una esquina, se encontró con una escena que heló su sangre. Un grupo de hombres, más numerosos y mejor organizados de lo que había imaginado, la esperaba al final del callejón. Era una emboscada, una red cuidadosamente tejida para atraparla. Intentó retroceder, pero ya era demasiado tarde. Un muro de cuerpos se interpuso en su camino, cortando cualquier posibilidad de escape.
La habían acorralado como a una rata.

La ira y la frustración la invadieron. Había sido ingenua, confiada. Y ahora, las consecuencias de su arrogancia se cernían sobre ella.

-{}-

La oscuridad se desvaneció lentamente, revelando un espacio angosto y claustrofóbico.

Esmeralda parpadeó, tratando de adaptarse a la repentina luz del foco que colgaba del techo. Sus muñecas ardían, aprisionadas por unas cuerdas ásperas que la inmovilizaban. Un nudo en la boca la impedía gritar.

Con un esfuerzo sobrehumano, logró levantar la cabeza y echar un vistazo a su alrededor. Una mesa destartalada, cubierta por un mantel manchado, ocupaba el centro de la habitación. Detrás de ella, sentado en una silla de madera, había un hombre. Su rostro, oculto en la penumbra, era una máscara de indiferencia.

—"Por favor, quítenle esa cosa de su boca a nuestra invitada", dijo el hombre con una voz suave y engañosamente amable.

Un hombre corpulento, que hasta ese momento había permanecido en las sombras, se acercó a ella y desató la cuerda que ataba su boca. El aire fresco le quemó los pulmones mientras inhalaba profundamente.

—"¿Quién mierda eres tú? ¿Qué quieres de mí?", espetó Esmeralda, su voz ronca y llena de desafío. Pero detrás de la fachada de bravura, un escalofrío de miedo recorría su cuerpo. Sabía perfectamente quién era ese hombre y por qué la habían capturado. Sus acciones finalmente la habían alcanzado.

El hombre sonrió, una sonrisa fría y calculadora que no llegaba a sus ojos.— "No me agrada mucho cuando una linda jovencita tiene un vocabulario tan vulgar", dijo, su voz untuosa como la miel. Se levantó de la silla y se acercó a ella, sus ojos recorriéndola con una descarada lujuria.

—"Una joven muy linda en realidad", continuó, acariciando su mejilla con la punta de los dedos. —"Es increíble que en este lugar de muerte y desolación haya nacido una flor tan bella... pero parece que la actitud de este lugar te ha contaminado".

Esmeralda lo miró con odio. La audacia de este hombre la enfurecía. ¿Cómo se atrevía a tocarla así? Con un movimiento rápido, él la soltó, y ella se tambaleó hacia atrás.

—"Pero no estoy aquí para halagar tu belleza", dijo el hombre, su voz endureciéndose.

Con un brusco movimiento, la agarró del cabello, tirando de ella con fuerza hasta que su cabeza quedó a la altura de su rostro.— "Ha habido numerosos robos en cierto lugar que me pertenece".

Esmeralda sintió cómo su cuero cabelludo se tensaba bajo sus dedos. La ira la cegaba, pero también sentía un miedo atroz. Este hombre era más peligroso de lo que había imaginado. Con un tirón violento, la soltó, enviándola a estrellarse contra el suelo. La silla de madera se hizo añicos bajo el impacto de su cuerpo.

El dolor físico era intenso, pero el dolor emocional era aún mayor. Había sido humillada, tratada como un objeto. Y lo peor de todo era que sabía que no había escapatoria.

—"Empecé a investigar", el hombre continuó hablando, su voz fría y calculadora.— "Por un momento creí que alguno de mis hombres me estaba robando. Así que tuve que cortar algunas cabezas, y estoy hablando literalmente".

Una nueva ola de terror se apoderó de Esmeralda. Este hombre era un monstruo, capaz de cualquier atrocidad. Sin previo aviso, la pateó en el estómago con una fuerza brutal, enviándola a estrellarse contra la pared fría y húmeda.

El aire le escapó de los pulmones en un quejido ahogado. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no solo de dolor físico, sino también de desesperación.

—"Pero vaya sorpresa que me llevé al saber que la responsable de robarme eras tú, una pequeña alimaña", el hombre se burló, su risa resonando en la habitación como un eco macabro. La miró con desprecio, como si fuera un insecto insignificante.

— "No te voy a pedir que devuelvas todo lo que me robaste, francamente tal vez ya lo vendiste, tal vez lo regalaste, tal vez lo intercambiaste. Así que recuperar todo eso es francamente una pérdida de tiempo. Pero al menos me consolaré sacando provecho de ti, jajaja, muchas personas amarían tener a alguien tan hermosa para hacer lo que quieren".

Las palabras del hombre resonaron en la mente de Esmeralda como un golpe mortal. Sabía a lo que se refería. El tráfico de personas era una realidad cruel en los barrios bajos, una sombra oscura que se extendía por las calles. Había visto a muchas chicas como ella ser arrastradas a ese mundo, sometidas a la voluntad de hombres despiadados. Y ahora, era su turno. Un escalofrío de terror la recorrió de pies a cabeza. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo había pasado de ser una niña hambrienta a ser una mercancía?

—"No, por favor", suplicó Esmeralda, su voz apenas un susurro. Las palabras del hombre resonaban en sus oídos como una sentencia de muerte. Había visto el horror en los ojos de otras chicas, la desesperación y la resignación. No quería ese destino para ella.

—"¿Tratas de suplicar?, No, es inútil para mí, pagarás con tu cuerpo", el hombre escupió las palabras como veneno. Se volvió hacia uno de sus secuaces, un hombre corpulento y sin rostro, y le ordenó,—" "Llévatela y...".

Pero antes de que el secuaz pudiera acercarse, un destello de luz iluminó la habitación. Un pequeño objeto, que parecía una moneda común, se había incrustado en el pecho del hombre. El objeto emitió un resplandor rojo intenso antes de explotar con una fuerza sorprendente, lanzando al secuaz contra la pared. Cayó al suelo inmóvil, un saco de carne inerte.

En ese mismo instante, pequeñas esferas metálicas comenzaron a rodar por el suelo, esparciendo un humo negro que se expandió rápidamente por la habitación.

La visibilidad se redujo a casi cero, y un tosco olor a pólvora llenó el aire

—"¡Pero qué mierda!", el líder de la pandilla gritó, su voz llena de pánico. No podía ver nada, la oscuridad era total.

— "¡Qué demonios está pasando! ¡¿Quién hizo esto?". Su voz se perdió en la confusión y el caos.

Esmeralda, cegada por el humo, se arrastró por el suelo frío y húmedo. Sus manos tropezaron con algo sólido: un zapato. Alzó la mirada, entrecerrando los ojos para tratar de ver a través de la neblina. Y entonces lo vio: uno de los secuaces, suspendido en el aire, como si una fuerza invisible lo hubiera levantado. Un segundo después, un grito desgarrador resonó en la habitación y el cuerpo del hombre se estrelló contra la pared, desapareciendo en la oscuridad.

—"¡No se queden ahí!, ¡Ataquen!", ordenó el líder de la pandilla, su voz temblorosa de miedo.

—"¿A dónde, señor?", preguntó uno de los secuaces, su voz incierta.

—"¡¿Qué importa?,! ¡Solo búsquenlo! ,¡Busquen al responsable de esto!", gritó el líder, su ira y su miedo mezclándose en un coctel explosivo.

Los disparos estallaron en la habitación, como fuegos artificiales en una noche oscura. Las balas silbaban por el aire, chocando contra las paredes y el techo. Gritos de dolor y de terror se entrelazaban con el sonido de los disparos.

Esmeralda se estremeció, aferrándose al suelo con todas sus fuerzas. No podía ver nada, pero podía sentir la violencia que la rodeaba.

—"¡No, por favor!, ¡No!", suplicó una voz, llena de pánico. Un crujido horrible rompió el silencio, como el sonido de un hueso que se quebraba.

Esmeralda cerró los ojos con fuerza, imaginando la escena: un hombre siendo torturado, suplicando por su vida. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

Esmeralda cerró los ojos con fuerza, intentando aislarse del caos que la rodeaba. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y se acurrucó bajo la mesa, buscando refugio en la oscuridad.

La madera fría rozaba su piel mientras imaginaba las escenas de violencia que se desarrollaban a su alrededor.
La batalla llegó a su fin tan rápido como había comenzado.

El tiroteo cesó, y el único sonido que quedaba era el de la respiración agitada y los gemidos de dolor de los heridos. El humo comenzó a disiparse lentamente, revelando una escena de caos y destrucción.

Los cuerpos de los secuaces yacían esparcidos por el suelo, como marionetas rotas.

El líder de la pandilla se acercó a la ventana, observando con incredulidad el resultado de la batalla.

—"¿Pero qué demonios?", murmuró, su voz ronca y llena de asombro. En un abrir y cerrar de ojos, su ejército había sido derrotado. Y allí, en medio de la habitación, estaba la causa de su derrota: un joven, aparentemente insignificante, vestido con ropa raída.

El joven tenía los ojos azules, penetrantes como el acero, y el cabello negro como el ala de un cuervo. Su rostro, aunque marcado por la juventud, irradiaba una calma sorprendente.

La escena era tan absurda que el líder de la pandilla no pudo evitar reír.— "¡Jajaja!", exclamó, su risa resonando en la habitación vacía. —"¡No puedo creerlo!, ¡Todos mis hombres han sido derrotados por un niño!", Su risa se transformó en un gruñido de ira.

—"Así que tengo a un jovencito aspirante a héroe, ¿eh? ,¿Conoces a esta chica? ¿Es algo tuyo?, ¿Es tu novia? Por cierto... ¿A dónde se fue?"

El joven no respondió, manteniendo la mirada fija en el líder de la pandilla. Su silencio era más elocuente que cualquier palabra.

—"No eres muy hablador, ¿verdad?", el hombre suspiró, su voz ronca y amenazante. —"Tanto para no llamar la atención. Ahora tengo que matar a un jodido niño. Bueno, siempre hay una primera vez. Mi nombre es William, es un gusto conocerte, muchacho. Y adiós".

Con un movimiento rápido y preciso, William se abalanzó sobre el joven. Sus puños, endurecidos por años de peleas callejeras, se dirigían hacia el rostro del muchacho. Pero para sorpresa de William, el joven esquivó el golpe con una agilidad sorprendente.

Se apartó a un lado, colocando sus pies en una posición firme, listo para contraatacar.

William sonrió, divertido por la audacia del muchacho. —"Me gusta tu espíritu", dijo, mientras adoptaba una postura de combate. Sus ojos brillaron con un ansia de pelea que hacía estremecer a cualquiera.

La batalla comenzó. Los puños se cruzaron en un baile mortal. William era fuerte y experimentado, pero el joven era rápido y ágil. Sus golpes eran precisos y certeros, conectando con el cuerpo de William una y otra vez.

El líder de la pandilla gruñó de dolor, pero no se rendía. Su ira lo impulsaba a seguir luchando.

William lanzó una poderosa patada circular, pero el joven la bloqueó con su antebrazo. Aprovechando la oportunidad, el joven contraatacó con una rápida combinación de golpes, conectando un uppercut que hizo retroceder a William. El líder de la pandilla se tambaleó hacia atrás, chocando contra una pared.

Sin embargo, William no se quedó quieto. Se recuperó rápidamente y se lanzó de nuevo al ataque. Sus golpes eran más salvajes ahora, llenos de desesperación. Pero el joven los esquivaba con facilidad, moviéndose como una sombra.

Con un movimiento rápido, el joven agarró el brazo de William y lo torció con fuerza, como si fuera un simple palo. El líder de la pandilla soltó un grito de dolor que resonó en la habitación, un sonido gutural y animal. Cayó al suelo, retorciéndose como un gusano aplastado.

Pero William era un luchador experimentado. Con una ferocidad que sorprendió al joven, se levantó de un salto y volvió a atacar. Sus puños, se movían como sombras, buscando una rendija en la defensa del muchacho.

El chico bloqueó, desvió y esquivó cada ataque con una agilidad sorprendente. Era como si bailara con la muerte, sus movimientos fluidos y elegantes.

Sin embargo, un golpe directo al estómago lo hizo jadear y retroceder un paso. El aire le faltaba, pero su determinación no flaqueó.

Aprovechando la momentánea distracción de su oponente, el joven se deslizó detrás de William como una serpiente. Con un movimiento rápido y preciso, pisó con fuerza el talón de Aquiles del hombre, haciéndolo perder el equilibrio. Antes de que William pudiera reaccionar, el joven se subió a su espalda y clavó sus rodillas en el cuello del líder de la pandilla. Con un último esfuerzo, lo derribó al suelo con un fuerte golpe.

William se levantó con dificultad, la ira ardiendo en sus ojos. Su cuerpo dolía, pero su espíritu de lucha seguía intacto.

Atacó al joven con renovada furia, pero el muchacho había cambiado su estilo de combate. Ya no era el boxeador ágil y elusivo de antes. Ahora, sus movimientos eran más bruscos y poderosos, como los de un animal salvaje.

Desvió un puño de William y, con una rapidez asombrosa, conectó una poderosa palma en el estómago del hombre. El aire salió de los pulmones de William en un quejido ahogado.

Antes de que pudiera recuperarse, el joven esquivó otro golpe y se lanzó hacia adelante, conectando un codazo certero en las costillas de William.

El líder de la pandilla se agarró las costillas, su rostro contorsionado por el dolor. El joven golpeaba con una fuerza brutal, cada golpe parecía extraer una parte de su alma.

Una gota de sangre escarlata resbaló por la comisura de los labios de William. Nunca antes había sentido un dolor tan intenso. Había sido herido más de lo que quería admitir, pero su orgullo le impedía mostrar debilidad.

"Esos golpes tuyos...", el chico comenzó a hablar, su voz suave y ronca como el graznido de un cuervo, estaba fingiendo su voz. —"Tus manos son prótesis, ¿no es así?".

William frunció el ceño, desconcertado por la observación del joven.— "¿Y eso qué tiene que ver?", preguntó con desdén.

—"Nada, en realidad", respondió el chico con una sonrisa enigmática. —"Pero significa una debilidad".

Sin previo aviso, el joven sacó un arma de fuego y apuntó directamente al corazón de William. El líder de la pandilla abrió los ojos de par en par, aterrorizado.

En ese instante, una ráfaga de disparos resonó en la habitación. Dos pequeñas anclas, brillantes como estrellas fugaces, se incrustaron en las prótesis metálicas de William.

—"!ahhhhh ahhh!".

Un grito desgarrador escapó de los labios del hombre. Una corriente eléctrica, potente y brutal, recorrió su cuerpo metálico, paralizándolo por completo. Era como si miles de agujas le atravesaran los nervios.

William se retorció de dolor, su cuerpo convulsionándose violentamente.

—"El metal es un excelente conductor de electricidad", explicó el joven con calma, mientras observaba la agonía de su enemigo. —"Aunque el cuerpo humano no está diseñado para resistir tales descargas, incluso con Aura".

William gritó una y otra vez, un lamento gutural que resonaba en la habitación como un trueno distante. Su cuerpo se contorsionaba de forma espasmódica, sacudido por la brutal descarga eléctrica.

La aura que lo protegía, esa barrera invisible que lo había hecho invencible, se desvaneció como la niebla ante el sol, dejando al descubierto su fragilidad.

—"¡Ahhhhhhhhhhhh!", rugió, su voz ronca y entrecortada.
El joven, impasible, observó la agonía de su enemigo.

— "Siente un poco del dolor que has causado en toda tu vida", dijo con voz fría y calculadora.— "Y créeme, aún no has pagado nada de lo que has hecho. Recordarás este día, William, recordarás esta humillación. Sentirás vergüenza de ti mismo, esa vergüenza yo la transformaré en miedo, un miedo que te perseguirá hasta en tus sueños más oscuros".

William se retorció en el suelo, su cuerpo convulsionándose violentamente. La electricidad recorría sus venas como un rayo, quemándolo desde dentro. Sus ojos, antes llenos de arrogancia y crueldad, ahora expresaban un terror profundo e inimaginable.

—"¡Ahhhhhhhhhhhh!", volvió a gritar, pero esta vez su voz era apenas un susurro.
Poco a poco, las convulsiones cesaron y William quedó inerte en el suelo, su cuerpo temblando como una hoja al viento. La electricidad había hecho su trabajo.

El líder de la pandilla, el hombre que había sembrado el terror en el barrio, había sido reducido a un cascarón vacío.

Yacía tendido en el suelo, un espectáculo patético de lo que una vez había sido un hombre poderoso.

Whitley observó el cuerpo inerte de William con una mezcla de desprecio y satisfacción. Sus ojos, fríos y calculadores, se posaron en el rostro contorsionado del hombre derrotado.

— "Siéntete afortunado de que no te haya hecho sufrir más", murmuró con voz suave pero llena de veneno.

A continuación, Whitley dirigió su mirada hacia la mesa donde Esmeralda se había escondido.

La joven sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Su corazón latía con fuerza en su pecho, como un pájaro a punto de salir volando.

Si un solo chico había podido derrotar a todos esos hombres, ¿qué posibilidades tenía ella? ,Se acurrucó más aún bajo la mesa, deseando hacerse invisible.

La figura del joven se acercó lentamente a la mesa, sus pasos resonando en el silencio de la habitación como el latido de un corazón ominoso. Esmeralda contenía la respiración, su pecho subiendo y bajando con cada latido frenético. Esperaba lo peor, preparándose para lo que pudiera venir.

De repente, la manta que cubría la mesa fue arrancada con un movimiento brusco, revelando su rostro pálido y asustado a la luz de la luna que se filtraba por la ventana.

Esmeralda retrocedió, chocando contra la fría pared de piedra. Sus ojos, grandes y llenos de terror, se inundaron de lágrimas.

Sin embargo, la expresión de furia y odio que había pintado el rostro de Whitley se desvaneció en un instante, como si se hubiera apagado una llama. En su lugar, floreció una sonrisa suave y tierna, y sus ojos, antes llenos de ira, ahora brillaban con una luz amable y reconfortante.

—"Muy buenas noches, señorita", dijo con una voz suave y melodiosa, su tono completamente cambiado. —"Perdón por asustarla, pero usted tomó algo que me pertenece, y créame que le haré pagar por todos los percances que me ha causado este día".

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Hola! Antes que nada, quiero expresar mi más sincero agradecimiento por tomarse el tiempo de sumergirse en las páginas de este capítulo.

Si bien la historia es un fanfic de la serie RWBY, no será 100% fiel al canon original, así que habrá algunas incongruencias. Espero que esto no sea una molestia para los fans.

Para aclarar, Whitley es solo un año menor que Weiss, o solo algunos meses menor.

Me he tardado mucho en actualizar ,no tengo una excusa ,simplemente soy perezoso.

Poco a poco el camino de Wittley va tomando forma y encontrará ¿nuevos aliados?,¿ quién sabe?.

Para responder una pregunta ,no, Clover seguir haciendo hombre igual que el Canon original.

De hecho ,no cambiaré el género de ninguno de los personajes ,solo algunos detalles en su vida.

Sí ,se que en ese capítulo Whitley se ve un poco cruel ,pero ya saben ,Batman no mata ,pero si te deja con heridas de por vida, jajaja

Espero que esto sea bien recibido.

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