El pelaje de Mackenzie se puso de punto haciendo que el Border Collie pareciera un erizo al momento en el que dijo el nombre completo de Bluey, algo que era imperdonable por Bluey era que le llamaran Christine, el cual era su segundo nombre, según su acta de nacimiento. El ángel de la vida estaba sorprendido de ver a Mackenzie en este estado, era como si tuviera más miedo de Bluey que de la muerte. Empero no podía seguir perdiendo el tiempo, debían buscar las demás partes de la armadura para que Mackenzie enfrentara a la muerte y vuelva con Bluey. Pero hablando de la Heeler, Bluey tenía la cara que su madre siempre hacía cuando estaba furiosa o enojada: el ceño fundido, sus labios neutros. Su mirada estaba sobre el Border Collie, algo le decía que él había sido el causante de que sintiera que alguien le dijo "Christine" en su cara. Por unos segundos mantuvo esa mirada, hasta que la cambio el ceño de estar fruncido a caerse sus labios haciendo que sus ojos se cristalizaron por las lágrimas que no quería soltar, se sentía mal de solo ver a su amado con la mascarilla de oxígeno y aún vendido por sus heridas que tenía por a haberla salvado. Esto no le hacía sentir mal a Bluey; ella debía estar ahí, ella debía estar en coma, ¿realmente el amor que sentía por Mackenzie era honesto? O ¿solo estaba con él, por qué estaba en deuda por salvarla? La mente de Bluey estaba hundiéndola en las dudas, era estaba tan inmersa en ese tipo de pensamientos que no se había dado cuenta de que una enfermera estaba entrando con un carrito con todo tipo de medicamentos, botellas de alcohol, bandas y utensilios entre ellos tijeras, algodón, etc.
—Señorita —llamó la atención de Bluey, pero ella no respondió—. Señorita, señorita. —Pero Bluey no contestó, hasta que—. ¡Señorita!
—¡Ah! —gritó asustada, poniendo sus ojos en la enfermera—. Oh, Buenas tardes, ¿necesita que salga?
—No, señorita, está como familiar del Joven Border Collie, ya han pasado una semana desde que el chico está en coma y ya Huele mal, necesito que me ayude a bañarlo, además de que hoy se le quitan las vendas porque sus heridas han sanado y no puede quedarse así por siempre —informó la enfermera.
—Oh, claro, ¿en qué puedo ayudarle para bañarlo? —preguntó Bluey.
—Ja, ja, ja, yo no voy a bañarlo, usted va a hacerlo, yo solo vengo a quitar los vendajes que tiene.
Bluey se estremeció cuando escucho las palabras de la enfermera, ella jamás había bañado a una persona y menos que fuera un macho como lo era Mackenzie. La familia del Border Collie estaba ocupada y no podía negarse a bañarse, Border Collie sabía que ella tenía que hacerlo, estaba nerviosa por hacerlo, pero lo haría. La enfermera mientras iba reiterando los vendajes le explicó cómo bañarlo en seco, además de que podía hacerle escuchar su música favorita o hacer otras cosas. Para cuando la enfermera termino su trabajo, se retiró, pero Bluey tenía que bañarlo. La Heeler sabía que ella era la única que estaba cuidando al Border Collie, vio que se la había dejado un jabón, esponja y algunos cubos llenos de agua y uno vacío para el agua enjabonada. Por un momento lo dudo, pero alguien llegó a su rescate.
—Hola, Bluey, ¿no te han dicho nada? —preguntó la señora Border Collie.
—Bueno, solo hicieron unos chequeos, aunque aún hay algo que debo hacer —respondió tragando saliva, mientras su rostro se tornaba color rojo.
—¿Qué cosa? —dudó.
—Me encargaron bañarlo…
La señora Border Collie sabía que la chica estaba sonrojada, era evidente que la chica no quería hacer algo que no fuera incómodo para ella cuando el chico saliera del coma, entonces le dijo.
—Bueno, vamos a bañarlo juntas para que no sea tan pesado para ti —indicó la madre de Mackenzie.
En el Limbo, Mackenzie estaba en combate nuevamente con la muerte, no paró de esquivar sus ataques con la espada, aunque la muerte de repente intentaba tratar sus pies no podía, ya que el calzado había sido hecho especial para hacer temblar su cuchilla, la muerte podía ver que el Border Collie no se iba a dejar, no iba a irse sin pelear por su vida, era valiente y audaz, pero no tenía toda la armadura dando ventaja a la muerte sobre Mackenzie. De un golpe en la cabeza lo hizo caer al suelo tomando al chico de una pierna, lo lanzo al aire para caer en el árbol del parque que hacía lo llevaba a su casa.
—¡Auch! —gimió—. Esta vez me dolió.
Mackenzie vio que estaba en la copa del árbol viendo un recuerdo que le produjo malestar.
Hace cuatro meses…
Eran las 11:50 de la noche del 31 diciembre, Mackenzie había sido enviado a una tienda de autoservicio por Hielo que ya se había acabado para ellos. Caminando por ese mismo parque escucho unos chillidos proviniendo de ese árbol, sabía de quién eran esos chillidos.
—¿Bluey? —preguntó, mientras sus pies lo guiaban hacia aquel árbol.
Fue que su suposición era correcta, "su amiga" estaba ahí, aunque estaba llorado sin parar, se le acercó.
—Bluey, ¿qué es lo que sucede? —se preocupó por ella.
La Blue Heeler dirigió su mirada hacia él, con sus manos limpias las lágrimas que salían de sus ojos, su desesperación era tal que no quería que el chico que le gustaba la viera llorar.
—Oh, hola, Mack, ¿qué hay?, ¿cómo te va con la cena familiar? —evadió con más preguntas.
—Va genial, pero responde mi pregunta —contestó con seriedad.
Bluey sabía que no podía engañarlo, sabía que él estaba preocupado por ella, engañarlo no sería fácil, en cambio, sería inútil.
—Me peleé con Bingo, por el desastre que fue la cena familia, y por esto estoy aquí —lloró de coraje.
Mackenzie dobló las rodillas para estar a su altura, acercándose a ella metiendo sus manos entre los costados de Bluey acercándola hace él terminado de formar un abrazo…
