—Ay, Border Collie, no puedo creer que, ya teniendo una parte de tu armadura, ¿Y no puedes proteger tu cabeza? Ja, ja, ja, no vas a escapar esta vez.
La muerte se dio la vuelta para irse cuando algo atravesó su vestidura, siendo la parte del pecho. Eso nunca le había pasado, pero cuando pudo ver que se trataba de una espada, algo que le hizo enojar mucho, era la espada de Mackenzie.
—¡Imposible! —reclamó fundiendo el ceño.
—¿Aún crees que soy débil? Mientras más pase tiempo, aquí tengo más habilidad con la espada —comentó Mackenzie retirando del ángel de la muerte la espada que tenía sangre dorada.
—Bien, quieres pelear, ¿eh? —La muerte volvió a partir en dos su hoz para tener dos en lugar de una.
La muerte corrió en dirección de Mackenzie, aunque Mackenzie no se quedaría sin hacer algo. Corriendo hacia la muerte, empachó su escudo y espada. La muerte con una hoz golpeó el escudo, recibiendo en la otra el impacto de la espada. Esto no era bueno para él, el chico estaba tenía, creía firmemente que iba a volver a su vida normal, no podía darle un ataque fácil para terminar con la pelea. Con el escudo, la espada, la coraza, y las sandalias, la muerte no podía atacarlo como él quería, sino fuera la cabeza del chico; con asunción dio un brinco para estar a espaldas de Mackenzie, estaba listo para volver a cortar su cabeza, sin embargo, sobre la cabeza de Mackenzie apareció una luz que cubrió toda su cabeza, revelando que era un casco como lo que usaban los antiguos soldados romanos del imperio ya extinto.
—NO, ESO NO ES JUSTO, ESTO ES OBRA DEL GUIONISTA —reclamó la muerta viendo cómo una de sus armas se rompió a pedazos—. Eso solo es el principio del fin, Mackenzie, apenas estoy comenzando.
La muerte desapareció en un parpadeo, volviendo a comer pizza en una apariencia normal como un dálmata, solo que poniéndose cubrebocas. Era improbable que se estuviera escondiendo de alguien. En el Limbo, Mackenzie estaba sorprendido de que tuviera el casco de la salvación; le faltaba un solo elemento: el cinturón de la verdad. Como dijo la muerte, solo faltaba poco para que esto terminara. La fe en su corazón se volvía más grande, por eso el escudo también se hizo más grande.
—Veo que tienes mucha fe —indicó el ángel de la vida viendo al Border Collie que parecía cada vez más a un soldado romano—. Bueno trabajo.
—Gracias, ángel.
—Es un placer.
—¿Aún puedo ver el recuerdo? —preguntó.
—Oh, claro, vamos a ver eso.
Mackenzie siguió al ángel de nuevo al GlassHouse donde volvió a ver su primer encuentro con Bluey. Ese mismo día, en la casa de los Heeler se estaba llevando un juicio dado por Chilli quien sabía que su hija y su marido estaban metidos en lago que le hacía perder la cordura.
—Bien, estamos aquí reunidos «De nuevo», por la demanda del señor Heeler hacia su hija Bluey.
—Bien, su señoría, mi hija, teníamos un acuerdo, y ella no cumplió con su parte del trato y exijo que sea castigada por incumplir con el acuerdo, me siento tan decepcionado —dijo Bandit llevando su mano invertida a su frente con los ojos mirando hacia el techo de la casa.
—Señor Heeler, por favor, menos drama y más relato, por favor —conversó Chilli siendo la jueza.
—Su señoría, mi cliente tiene derecho a ver por el Border Collie que fue atropellado por un vehículo hace tres semanas, siente la necesidad de ver por él. Desde la edad de 6 años ellos han sido amigos inseparables, se podría decir que son algo más que solo amigos —relató la abogada, que es a saber, Bingo.
—Señor Heeler, ¿qué tiene de malo que su hija vea al chico? No veo que haya algo malo con visitar a un amigo cuando está convaleciente.
—Su señoría, ella no lo hace solo por ser amigos, ella lo hace… —Bandit no terminó su respuesta, pues sabía bien lo que habría de decir
—¿Qué es lo que no quieres decir? Llamó a la señorita Bluey Heeler al estrado —dijo Chilli para golpear su mazo.
Entonces Bluey se levantó de su asiento para estar a un lado de la jueza, añadiendo—: su señoría. Mi padre, el señor Heeler no ha hablado por una sola razón, y es que yo ya no puedo ocultar esto que he de revelar.
—Díganos, señorita Heeler, ¿qué es lo que pasa? —preguntó.
—Yo lo amo — susurró al bajar la cabeza.
—¿Perdón? —cuestionó levantando una ceja.
—YO LO AMO, QUIERO QUE SU HERMOSO PELAJE DE GALLETA OREO SEA MÍO Y SOLO MÍO, PASAR EL RESTO DE MI VIDA A SU LADO, VIÉNDOLO REÍR Y SONREÍR. —Sonreía con el ceño fundido, la determinación era inminente en su forma de hablar.
—Entonces, yo no tengo nada que hacer contra el amor, por lo tanto, la demanda del señor Heeler no procede. La señorita Heeler es libre de amor a su amigo de la infancia.
—Chilli, me haces ver como el malo de esta historia.
—Lo siento, Bandit, pero Bluey ya no es una niña para que la puedas controlar a su gusto —comunicó Chilli viendo a su esposo con una sonrisa y el ceño relajado, pasando su mano derecha por la mejilla de su amado.
—Mientras más pasa el tiempo, siento que yo no tengo a mis niñas conmigo.
—Lo sé, y debes aceptarlo, el tiempo con ellas ya pasó, es hora de dejarlas ir para que formen su propio hogar, ya lo habían hablado antes.
—Lo he olvidado con el pasar del tiempo —respondió al punto de llorar.
Los dos padres de familias se besaron, mostrando así su amor. Bluey que vio su oportunidad, tomó sus cosas y las llaves de bobo para irse al hospital, ya que el juicio le quito mucho tiempo y tenía que estar ahí después de desayunar. Sentía que Mackenzie podía despertar en cualquier momento, y ella quería estar cerca para recibirlo con los brazos abiertos. No quería otra cosa que no fuera ver a su amado.
