Bluey se cuestionaba durante el trayecto por qué su padre no podía ver que ella amaba el Border Collie durante el trayecto. Tal vez su padre tenía razón, Mackenzie no era para, aun así, ella quería arriesgarse a probar de este fruto prohibido que se veía apetitoso. Durante mucho tiempo a las razas siempre se les pedía que fueran puras, a nivel global. Nadie, por más que alguien quisiera estar con alguien que no era de su misma raza, no podía desposarla porque las leyes tradicionales no se los permitían, sin embargo, en el año 2018 se aprobó la abolición de estas leyes trayendo así nuevos apellidos y nuevas características interraciales. Pero alguien aún tenía esas ideas conservadoras y fuera del lugar, ese era el caso de Bandit. Apoyaba la relación de su hija menor con su mejor amiga Lila, pero no apoyaba a su hija mayor por los sentimientos hacia el Border Collie, que era su mejor amigo desde la infancia. Bluey permanecía en el semáforo esperando a que la luz roja transcurriera hacia la luz verde para continuar su trayecto. Sin embargo, en el centro hospitalario, la progenitora de Mack se encontraba a la espera de que su progenitor se retirara a trabajar. No obstante, la progenitora del joven también se encontraba en la tarea de pintar las caritas de algunos cachorros a los que les agradaba pintar cualquier objeto. En un segundo apareció un Reposero americano, sus ojos caídos con el brillo de la humedad en ellos, parecía que iba a llorar al solo ver a su amigo ahí inerte.

—¿Aún no reacción verdad, señora Collie?

—No, Capitán, aún no despierta —sollozó la madre de Mackenzie.

—Es horrible que sea tu cumpleaños y no puedas estar de pie para celebrarlo.

—Lo sé, es su cumpleaños y está en coma, pero cuando desperté, Bluey le organizará una fiesta con todo lo que más le guste.

—¿Hablando de Bluey? Veo que ya se tardó, siempre es la primera en llegar. —pensó en voz alta al revisar su teléfono inteligente.

—Bueno, tal vez no tarde en llegar por alguna razón.

Los dos esperaban a que llegara Bluey. Algunos amigos de Mackenzie iban llegando como lo eran, Snickers, Coco, Honey, Indy, Rusty, Jack, Winnie y Lucky. Todos ellos estaban ahí para celebrar juntos el cumpleaños número 16 del Border Collie. Regalos y pastel había en la habitación del Border Collie, estaban esperando a la invitada de honor, la chica con la que Mackenzie más había convivido en una parte de su vida.

—¿Dónde está Bluey? —preguntó Honey.

—No, ha llegado, pero no tarda en llegar —dijo la madre de Mackenzie esperanzada.

—Bueno, hay que conversor de algo, ¿no? —sugirió Snickers.

El tema de conversación había sido abordado por todos los individuos, los cuales poseían conocimientos recientes acerca de los Terriers y Winston, quienes se encontraban estudiando fuera del país. Por lo tanto, los cuatro se optaron por estudiar en Australia. Solo ellos poseían motivos para matricularse en Italia, donde los Terriers se esforzaron por ser arqueólogos de aquel país donde alguna vez hubo un imperio. Aunque no sabían qué era lo que estudiaría Winston, podría ser cualquier cosa. En medio de la conversación apareció una Blue Heeler en la puerta: todos voltearon a ver a la puerta, viendo en ella a la chica, la cual era la invitada de honor.

—¡Bluey, qué bueno que llegas! —se alegró la madre de Mackenzie al ver a su nuera entrar a la habitación, recibiéndola con un abrazo.

—Al fin llegó, estamos todos aquí para festejar que Mackenzie, aún está con nosotros, cumpliendo ya 16 años, pero solo nos falta que despierte, y mientras no lo hace, celebremos con él su cumpleaños.

Durante una hora los amigos de Bluey y Mackenzie comieron, bebieron alguna gaseosa, y no faltaban las charlas entre amigos, recordando los días que ellos habían estado con el Border Collie.

—¿Se acuerdan cuando Mackenzie fue a la farmacia? —anunció Stickers intentando no reírse al recordar.

—¡Cómo olvidarlo! —exclamó Jack sonriendo al venirle a la memoria aquel suceso.

—¿De qué están hablando? —preguntó Bluey extrañada—. ¿Qué es lo que hizo Mackenzie?

—Oh, jo, jo, jo, Bluey, esto te va a dar risa.

—¿Qué es?

—Mackenzie entró a pedir preservativos —susurró Jack al oído de Bluey haciendo reír a la

Blue Heeler al escuchar lo que había hecho su amado.

—¡Salió con la cara roja!

—JA, JA, JA —se rieron todos juntos, pues solo era Bluey la que nunca supo de esto.

—¿Por qué nadie me habló de esto? —interrogó Bluey intentando no volver a reírse.

Todos se quedaron callados de golpe, sabía la razón del porqué el Border Collie no le había permitido a nadie contarle de esto a Bluey.

—Bluey… —llamó Indy para tapar su boca con la mano derecha.

—Mira, sabemos cómo ha sido la relación entre tú y Mackenzie —comentó Honey.

—Y él no quería que lo supieras porque… —No terminó de hablar el Red Kelpie.

—PORQUE SIEMPRE BUSCAS LA FORMA DE BURLARTE DE SUS DESGRACIAS —gritó Coco interrumpiendo a Rusty.

—Oh, sí, es verdad, olvido que es mi amigo, dejando que mis sentimientos por él tomen fuerza y hagan cosas que tal vez no sean de su agrado. —Bluey agachó la cabeza intentando no llorar, sabía que siempre actuó como una mala amiga, quería que la tierra se abriera y se la tragara.

Sin embargo, la Heeler sintió el brazo de alguien. La Heeler se levantó la mirada viendo a la madre de su amada.

—Pero es lo que más le gusta de ti, siempre que llegaba a casa, decía lo maravilloso que fue su día, estando a tu lado —confesó la madre del Border Collie sonriendo con calidez a su nuera.

—¿Lo dice en serio? —preguntó Bluey con los ojos lubricados por las lágrimas que se negó a dejar ir.

—Sí, en todas las cenas siempre eras el tema de conversación, a veces le decíamos, ¿qué?, ¿ya te vas a casar con Bluey? —Esas palabras calmaron a Bluey.