Bajo las Estrellas (IV)
Saliendo al aire frío de la noche, Leona siguió a sus acompañantes hacia el nuevo visitante. Desde la sombra de los altos pinos, un hombre avanzaba hacia ellas bajo la luz pálida de la Luna. El recién llegado era un espécimen fornido, más alto que la mayoría, con un rostro curioso que era a la vez tosco como el de un salvaje y delicado como el de los peregrinos Jonios que a veces encontraban su camino hacia Targón. Sus vestiduras parecían elegantes, pero estaban desgarradas, sucias y manchadas, y él mismo era un desastre. Los moretones y magulladuras se podían apreciar incluso bajo la pobre iluminación, y uno de sus brazos colgaba a un costado, hinchado, dejando caer de vez en cuando hilillos de sangre oscura. A pesar de su estado lamentable, una ancha, franca y hermosa sonrisa adornaba su rostro, como si nada de lo anterior hiciera mella en su espíritu. Acuciada de pronto por una curiosidad que acalló rápidamente el abatimiento de su corazón, la Solari aceleró sus pasos para alcanzar a las demás.
La Curadora Celestial se había adelantado a ambas elegidas presurosa, como si ya supiera el estado del Protector, y estaba ya junto a él, sus manos rezumando de una luz verde llena de vida que desvanecía todas las heridas como si nunca hubieran estado allí. Diana, en tanto, se había detenido a cierta distancia de la escena, y a su altura se detuvo también su contraparte, aunque guardando las distancias. Tras un par de minutos la de ojos dorados terminó su labor, y sin siquiera comprobar su propio estado, el hombre llamado Taric la envolvió en un abrazo efusivo, soltando una risotada profunda y chispeante como el rugir de una cascada.
- Me alegro que tu buen humor siga intacto - comentó la del cuerno en la frente con voz burlona pero llena de regocijo.
- ¡Ja! Se necesitaría más que un Darkin para cambiar eso - contestó él con una voz ronca y aterciopelada - Además ¡Vamos! ¿Quién no estaría contento? Estaba preparado para morir y sin embargo sobreviví, las heridas me dolían como el demonio y ahora ya no están, y por sobre todo, llegué a ti para poder decirte: ¡Te lo dije! ¡Estos abdominales esculpidos son mucho más que un adorno! - exclamó sorpresivamente mientras alejaba gentilmente a su benefactora, se señalaba el vientre y soltaba otra carcajada estruendosa, a la que se unió el claro repicar de campanas de la Celestial. La castaña estaba ciertamente extrañada, por cuanto su apariencia agraciada y noble contrastaba con la despreocupación de sus actos. Además, no podía evitar sentirse incómoda con la inapropiada familiaridad que mostraba hacia su Salvadora, por más que esta no pareciera molesta por ello, sino más bien lo contrario.
Entonces la atención del recién llegado se centró en ellas, y su sonrisa ya reluciente pareció destellar con luz propia.
- Lo lograron, Elegidas - dijo con su grave voz vibrante de emoción- Sabía que podían hacerlo, pero aún así… Sobre todo tú, Elegida del Sol. Tu voluntad de vivir inquebrantable ha de ser seña de lo mucho que protege tu escudo. Mis respetos por eso - continuó el Protector mientras hacía una elegante reverencia en un estilo extranjero. Su ligero acento, aquel gesto y el hecho de que se refiriera a la diosa en masculino le dejaron claro a la Solari que aquel hombre era un extranjero, alguien que había nacido y crecido lejos de la sombra del Monte. A pesar de que no había nada que indicara que no se pudiera, aún así ella sintió sorpresa ante el hecho de que un afuerino fuera elegido como el avatar de un Aspecto. Nunca se le había pasado por la mente que alguien de fuera pudiera demostrar ser digno.
- Tú también, Elegida de la Luna… cargar con alguien de su tamaño a través de las sendas traicioneras de la Montaña, más aún luego de la terrible batalla que viviste, es una hazaña encomiable incluso para alguien que porta tu poder - prosiguió él dirigiéndose a la peliblanca, repitiendo el gesto para ella.
- Si fuera solo por mí, no lo habría conseguido - afirma en respuesta la aludida mientras una sonrisa tenue suavizaba su rostro - La señorita Soraka nos salvó entonces, cuando mi fuerza falló. Si no fuera por ella, no habríamos conseguido siquiera llegar hasta aquí.
- Diana, no menosprecies tu esfuerzo - retrucó la de piel violeta mientras pasaba uno de sus brazos por un brazo del Protector - Yo solo te di el último empujoncito que necesitabas para conseguirlo - La Lunari bajó la mirada ante esta respuesta, su sonrisa ensanchándose en sus labios. Luego, la Sanadora se dirigió a todos diciendo - Ahora que ya hemos intercambiado los saludos pertinentes, entremos a la casa. Aquí afuera el frío no es ninguna broma.
- Oh, me encantaría - dijo Taric con sus cálidos ojos de pronto llenándose de ansiedad - pero no puedo demorarme más. Ahora que estoy sanado, debo ir a devolverle la mano a aquel que me salvó. De hecho, ya he perdido demasiado tiempo.
- Por cierto que has perdido demasiado tiempo - contestó entonces la señorita Soraka con expresión atribulada. El caballero de las gemas la miró con una expresión de la que había desaparecido toda su anterior desaprensión - El combate al que te diriges… ya habrá terminado para cuando llegues allí, Taric. No tiene sentido que lo intentes.
Un silencio de plomo siguió a esas ominosas palabras. El temor se filtraba de los rasgos del avatar del Protector cuando preguntó, con voz de pronto débil:
- ¿Puedes ver cómo… cómo terminará?
- No - negó la Sanadora Celestial tanto con sus palabras como con su cabeza - Pero… no… no parece que vaya a ir bien - terminó casi en un susurro, una fugaz pero desgarradora expresión de desconsuelo asomándose en su rostro.
La campeona solar no pudo evitar un escalofrío frente a esta lapidaria afirmación. Ni siquiera el legendario Aspecto de la Guerra, aquel que se decía no tenía igual en combate ni siquiera entre los Aspectos, parecía ser capaz de compararse al monstruo llamado Aatrox. Por su mente destelló la visión que había tenido justo antes de ser herida de muerte por él: su rostro tan horriblemente humano en su inhumanidad, lleno de odio y desprecio, sus ojos carmesíes amenazando con quemar el mundo entero. Un miedo que creía haber olvidado adormeció las puntas de sus dedos. Antes, no pensaba que existiera criatura capaz de enfrentar a un Aspecto excepto otro Aspecto. Ahora, temía que ni siquiera los 3 avatares allí reunidos fueran capaces de pararle los pies al demonio que los amenazaba.
El avatar del Protector, en tanto, al escuchar estas palabras, apretó con fuerza el puño e inhaló profundamente, cerrando los ojos. Cuando exhaló y los abrió, una expresión de decisión había reemplazado al temor, aunque sus ojos delataban aún su vacilación.
- En ese caso, solo nos queda confiar en que él podrá sobreponerse a esto. Ya lo ha hecho antes, puede volver a hacerlo ahora - declaró con una convicción inestable. Luego, suspiró y recuperó su sonrisa, aunque esta no se extendió hasta sus ojos - Bien, dejemos de tomar frío, entonces. Estoy entumido justo ahora ¿Entremos, Soraka, elegidas?
La castaña lo miró con cierta tristeza, y pudo ver que la peliblanca hacía lo mismo. Ciertamente, aquel era un hombre realmente fuerte como para decir semejantes palabras vacías solo para sobreponerse a su propio desconsuelo ¿O tal vez lo hacía para no descorazonar a sus compañeras? Fuese como fuere, más allá de lo que ya había hecho, Leona podía decir que sería un compañero de confianza en la lid. Pero no podía evitar preguntarse si eso sería suficiente en el combate por venir…
- Vamos, no se queden ahí paradas mirándome. Ahora que me relajé realmente el hielo me está calando en los huesos - se quejó entonces él en un tono que intentaba ser jocoso. Se acercó a ellas haciendo el ademán de empujarlas, pero sin tocarlas, y las Elegidas se pusieron en movimiento hacia la pequeña edificación.
- Me encantaría escuchar el relato de tu travesía hasta acá, Elegida de la Luna - comenzó a charlar él casualmente mientras se ponía a la altura de sus compañeras.
- Diana, mi nombre es Diana - retrucó la aludida educadamente, aunque con un poco de rigidez.
- Muy cierto, no es que nos hayamos presentado adecuadamente ¿No? Entonces y ahora habían asuntos más importantes que requerían de nuestra atención - dijo él a su vez con una sonrisa sardónica y dolorosa. Con esfuerzo visible, suavizó su expresión y continuó - pero "más vale tarde que nunca" dicen en mi tierra. Mi nombre es Taric, Elegido del Protector y su compañero de confianza - Mientras decía esto, guiñó el ojo a cada una en un gesto tan exagerado y ridículo que la castaña no pudo evitar sonreír.
- Yo soy Leona, Elegida de la Sol - declaró ella a su vez con la sonrisa aún en los labios, siguiéndole la corriente - aunque me parece que eso último ya lo sabías - Ante este comentario, la sonrisa de su interlocutor se profundizó y se tornó mucho más genuina - Diana me contó lo que hiciste por nosotras. Ambas te debemos la vida, y es una deuda que no olvidaremos y nos aseguraremos de pagar.
- Lo que dice Leona es cierto. Nos ayudaste en un momento de extrema necesidad, con tu vida en riesgo y sin claridad de cómo terminaría todo. Cuando nos necesites, cuenta con nosotras - aportó la de ojos níveos a su vez, aunque la forma en que decía "nosotras" se sentía extraña, antinatural. La castaña la miró de reojo, preguntándose si sería sólo su impresión, y creyó notar una pequeña molestia acerando sus iris argénteos.
- Sus agradecimientos y ofertas son bien recibidos - contestó el hombre con una sonrisa amable, aparentemente sin percatarse del estado de ánimo de su compañera lunar - Pero yo diría que las deudas irán y vendrán cuando… bueno, en la batalla por venir. Les aseguro que sobrarán ocasiones en las que me salven el pellejo.
Un pequeño silencio cayó sobre ellos, silencio que el Protector interrumpió rápidamente.
- Hablando de batalla ¿Ya probaron las infusiones mágicas de Soraka? Seguro que sí, después de todo, ella nunca ha sido tacaña con ellas ¿No les pareció que no hay mejor cosa en el mundo para, al mismo tiempo, reponer energías y eliminar el cansancio? Y con el agua recién hervida, encima son perfectas para el frío. Ah, realmente muero por un poco justo ahora. Confío en que tendrás la tetera al fuego ¿Cierto, Soraka? - Nadie respondió a sus palabras, por lo que se dio la vuelta, buscando a la Curadora Celestial que los había estado siguiendo silenciosamente. Diana y Leona hicieron lo mismo, la inquietud creciendo en sus corazones, y se encontraron a la Celestial quieta en medio del páramo, con la mirada fija en los valles a sus pies. Sus ojos parecían nublados, como si su mente estuviera en otro lugar, y aunque su expresión parecía vacía, una fuerte aura de tensión la rodeaba. Los 3 avatares se quedaron quietos, atrapados por una expectación sorda, y el ambiente casual que Taric tanto se había esforzado por construir se derrumbó como la frágil ilusión que era. La Solari no entendía del todo qué estaba pasando, pero intuía que la Hija de las Estrellas estaba, de alguna manera, viendo un lugar muy lejano, probablemente un cruento campo de batalla. Quería preguntar, pero no se atrevía a romper un silencio que parecía una criatura asfixiándolos a todos, en espera del destino fatídico. Durante varios minutos ninguno se atrevió a moverse ni a decir nada, con la vista fija en la estatua en la que se había convertido su anfitriona, a la espera de que ella diera su veredicto. De pronto un rayo de luz como el destello final de una estrella moribunda refulgió en la lejanía, seguido pocos segundos después de un trueno que resonó y se multiplicó entre los picos de piedra. La celestial juntó sus manos frente a su pecho a la manera de los suplicantes, su expresión ahora rezumando aprehensión y sus ojos concentrados en algo que ninguno de los demás podía ver. A pesar de ello, se acercaron a ella como si de esa forma pudieran enterarse de lo que tenía absorta a la Sanadora, todos por algún motivo tensos y vigilantes, como si el monstruo que los atemorizaba pudiera materializarse en cualquier momento. Otro minuto pasó, y entonces la de piel violeta soltó un suspiro tan profundo que bien podría haber exhalado todo el aire dentro de sus pulmones.
- ¿Soraka? - preguntó con un hilo de voz el Protector, acercándose un poco más a ella, pero la aludida no le prestó la menor atención mientras respiraba rítmica y profundamente, como preparándose. Entonces abrió la boca y elevó su voz a los cielos en un canto que la campeona solar estaba segura que ninguna criatura viviente o creada podría jamás imitar. Las notas cristalinas eran como olas que perturbaban el aire mismo, haciendo que este vibrara como si de alguna clase de líquido se tratase, y la castaña podía sentir su música atravesándola, cada pequeña fibra de su cuerpo agitándose, deseosa, exaltada, extasiada. La luz de las propias estrellas pareció entretejerse y danzar en aquel espectáculo surreal, completamente entregada al ritmo de la tonada a medida que las notas se elevaban, volviéndose cada una como una aguja disparada al firmamento. Entonces el himno llegó a su cúspide y la luz se concentró alrededor de la Curadora Celestial, que pareció ella misma volverse luz y elevarse a los cielos infinitos, de vuelta a casa, al mismo tiempo que el último tono se extendía más allá de aquella pequeña meseta, como un pulso cálido cubriendo las montañas y los valles. Pero el hechizo se desvaneció casi inmediatamente, y todos pudieron ver a la del cuerno en la frente derrumbarse silenciosamente sobre sus rodillas, jadeante y temblorosa.
Todos los presentes se apresuraron a alcanzarla, pero solo Taric se atrevió a tomarla cuidadosamente entre sus brazos, apartando sus cabellos mojados de sudor de su frente.
- Lo logró - afirmó desde esta posición la de ojos dorados con una expresión cansada pero satisfecha y alegre - No logró derrotarlo… pero logró sobrevivir. Todos tendremos una segunda oportunidad.
Una risa de puro alivio brotó del pecho del avatar del Protector al oír estas palabras.
- ¿No lo dije? Ni el destino ni un vulgar Darkin pueden doblegar la voluntad de La Lanza Inquebrantable - declaró con la voz quebrada de emoción, delatando cuán poco convencido estaba él mismo de sus propios dichos. Más luego algún pensamiento nubló su optimismo, pues su sonrisa vaciló y, mirando a quien cargaba en sus brazos, preguntó - ¿Él podrá… quiero decir… quedó en condiciones de unírsenos?
- Él llegará - afirmó sin asomo de duda la consultada - Pero… aún tardará un tiempo. Entremos de una buena vez. Necesito un té.
Sin decir nada más, Taric se levantó aún cargándola y se dirigió a la cabaña con una sonrisa de oreja a oreja, seguido por las Elegidas. Leona estaba algo confusa. Podía entender que, de alguna forma el Aspecto de la Guerra había sobrevivido a su mortal encuentro con Aatrox, pero no podía entender cómo podía ser que no lo hubiera derrotado y aún así este lo hubiese dejado con vida. Tampoco tenía idea de lo que acababa de hacer la Celestial, ni por qué había quedado de pronto tan débil que necesitaba ser cargada. Miró a la peliblanca en busca de respuestas, pero esta parecía ahora sumida en sus pensamientos, por lo que sencillamente la campeona solar se guardó sus dudas para ella.
Una vez todos estuvieron de vuelta en la pequeña cabaña, Taric dejó su preciosa carga sobre el mismo camastro sobre el que la Elegida de la Sol había estado reposando y procedió a repartir las tazas a todas, pero dándose cuenta de que el líquido dentro se había enfriado, descolgó un cazo desde la pared de la chimenea, vertió en él el contenido de los recipientes y lo puso al fuego.
- Demaciano tonto, si hace eso restarás propiedades a la bebida - lo recriminó con voz frágil la de piel violeta desde su postración.
- Té caliente es lo que necesitamos y té caliente es lo que tendremos - respondió el aludido con una pequeña sonrisa burlona - Nos tuviste los dioses saben cuánto tiempo en vilo, congelándonos, mientras te recreabas tú solita en la batalla de Pantheon y no te dignaste ni siquiera a compartir un poquito de lo que veías. Ahora te aguantas.
La de ojos dorados soltó un pequeño suspiro de exasperación, pero una cálida sonrisa delataba que no estaba ni un poco molesta. Leona, en cambio, sí que lo estaba ¿Quién se creía que era, ese afuerino, para dirigirse de forma tan descarada e irrespetuosa hacia la señorita Soraka? Sin poder contenerse preguntó, aunque refrenando lo más posible la agresividad en su voz:
- Disculpa ¿Taric? ¿Tienes siquiera la más remota idea de quién es la señorita Soraka?
El consultado, que acababa de sentarse en una de las contrahechas sillas, la miró confundido durante unos segundos, por lo que ella debió precisar:
- Me refiero al origen de la señorita Soraka. A quien era… antes.
Ni siquiera aquella explicación pareció dejar las cosas claras para su interlocutor, hecho evidenciado en la forma en la que miró desesperadamente a la Elegida de la Luna en busca de respuestas. Esta solo soltó un suspiro, y desde su sitio en el camastro, la de piel violeta se removió, incómoda.
- Leona… - la llamó ésta con voz débil pero evidentemente incómoda.
- Señorita Soraka, puedo entender que, en su infinita humildad, prefiera ser tratada de forma coloquial. Pero este hombre, por más que sea el avatar de un Aspecto, cruza con creces esa línea ¿No cree que es demasiado irrespetuoso con usted? - preguntó la Solari volteándose hacia su anfitriona. Esta nuevamente se removió en su sitio con expresión atribulada, mientras por el rabillo del ojo la castaña podía ver como el demaciano intercalaba la mirada entre ambas, al parecer aún sin comprender lo que estaba pasando. La Lunari nuevamente suspiró, esta vez de forma audiblemente exasperada, y se dirigió a la persona en el ojo del huracán.
- Lamento esto, Taric. Es solo que ella viene de un lugar estúpidamente jerarquizado, donde las formalidades valen más que casi cualquier cosa, y ella misma es además más rígida que una barra de hierro. Si tan solo la hubieras visto hace no mucho arrodillada frente a la señorita Soraka como si fuera…
- ¡Es una diosa encarnada! ¡Es lo más natural del mundo reverenciarla y dirigirse respetuosamente hacia ella! - saltó entonces Leona sintiendo la cara caliente. El Protector abrió mucho los ojos, finalmente entendiendo lo que estaba pasando, luego soltó un bufido y se tapó la boca con las manos, en el gesto descarado del que contiene la risa. Diana soltó un bufido burlón y esbozó una sonrisa sardónica.
- Leona, entiendo tu… molestia, pero te aseguro que prefiero mil veces esto a los modales tan severos que usas tú - declaró entonces la Sanadora Celestial pareciendo como una madre abochornada por el berrinche de su hija. La castaña cerró la boca y se sentó entonces, sintiéndose indeciblemente avergonzada de sí misma. Su celo la había llevado nuevamente a cometer un error, al parecer. Con la cabeza gacha, murmuró una disculpa por extralimitarse y se quedó quieta, deseando que la tierra la tragara.
- Sigues siendo igual de necia que siempre ¿No nos había dicho ya la señorita Soraka que le disgustaban las formalidades? - aprovechó de burlarse entonces la campeona lunar - Además, es evidente que ella y Taric tienen una relación muy cercana. Nosotras aún somos desconocidas y corresponde cierta distancia, pero para él, está bien tratarla así, siempre que la señorita lo permita.
La Lunari se permitió esbozar una de sus clásicas sonrisas engreídas, como si dijera "¿Esto fue lo suficientemente claro para tu pequeño cerebro?". Sin embargo, Taric preguntó entonces, con el fantasma de una sonrisa apareciendo en las comisuras de sus labios:
- Um… Creo que tú y yo nos conocemos más o menos lo mismo que se conocen tú y Soraka ¿Por qué ella es "la señorita Soraka" y yo soy "Taric" a secas?
La castaña levantó la cabeza, encantada de encontrar un aliado inesperado, y pudo ver el casi imperceptible temblor en las esquinas de la boca de la peliblanca, antes de que contestara con seguridad:
- Luchamos juntos, Protector. Un compañero de batalla es un conocido de toda la vida.
- ¿...Aunque no recuerdo que hayas dado siquiera un golpe en mi presencia? - refutó este ahora con una sonrisa en toda regla, evidentemente disfrutando el momento. Pero era también evidente que él no conocía a Diana.
- ¿Uh? ¿Aunque recuerdo que atacamos juntos, y durante ese ataque fui incluso tu pantalla? - retrucó esta levantando ligeramente el mentón mientras una gélida y arrogante sonrisa congelaba su gesto. En respuesta Taric resopló, divertido, y parecía dispuesto a proseguir ese tira y afloja verbal, cuando la Solari decidió que podía aprovechar la oportunidad para devolver la humillación, aunque fuera siquiera un poco.
- Pierdes tu tiempo, Protector - afirmó intentando remedar el tono juicioso de la campeona lunar - No se puede ganar una discusión contra Diana. Siempre encontrará la forma de retorcer el argumento a su favor. Como Guardiana de la Ley habría sido imbatible.
Al escuchar esto, Taric lanzó una carcajada suave y profunda, secundada por el tañido claro de la Hija de las Estrellas, aunque este se quebró en un jadeo al final. Inmediatamente el hombre dejó de reír y se levantó para revisar el cazo, desde donde se desprendían ya amplias vaharadas de vapor. Con mano segura, sirvió el líquido caliente en los 4 recipientes y repartió uno a cada una. La Solari, aunque no se sentía particularmente helada, recibió el suyo con agrado, disfrutando acunar la taza caliente entre las manos. Acercando la cara al recipiente, inhaló los vapores fragantes con placer, e hizo lo que debió haber hecho apenas despertó: elevó una plegaria silenciosa a la Luz de su Vida, agradeciendo haber sobrevivido a aquellas terribles batallas, y agradeciendo también ese pequeño remanso de paz donde podían discutir cosas tan estúpidas sin preocupación alguna. En el camastro, la señorita Soraka se enderezó para recibir su taza, que acunó entre las manos y sopló con gesto delicado. Diana, en tanto, solo puso sus manos alrededor del recipiente y cerró los ojos en gesto digno, evidentemente disfrutando del calor… y al parecer un poquito avergonzada por las palabras de su contraparte. Las puntas de sus orejas brillaban de un adorable tono carmesí. Ante esta visión, la campeona solar bajó la vista ocultando su sonrisa… e intentando contener la oleada de recuerdos y sentimientos que le trajo. Una vez todas hubieron recibido su taza, Taric se sentó con su pequeño cuenco humeante sujeto por una de sus grandes manos, el que llevó hacia su boca para soplarlo en un gesto que contrastaba con la elegancia de la del cuerno en la frente. No se molestó en intentar enfriarlo mucho tiempo: impaciente, se llevó el cuenco a los labios y dio un sorbo, solo para dar un pequeño respingo y fruncir el ceño mientras se obligaba a tragar. A continuación, dejó la taza en la mesa y sacó la lengua con gesto adolorido.
- No te entiendo, Taric ¿Para qué lo calientas tanto si luego no podrás beberlo? - lo reconvino la de ojos dorados.
- Touché - contestó él con una sonrisa derrotada. A su lado, Diana lo miró tanto a él como a su anfitriona, y preguntó lo que la castaña llevaba tiempo queriendo saber:
- Señorita Soraka ¿Sería mucho atrevimiento preguntar cómo se conocieron, ustedes 2? Pensaba que había recorrido los senderos del Monte de punta a punta, y sin embargo jamás me encontré con este lugar, y escuché sólo rumores aislados y difusos sobre el Protector ¿Cómo es que se encontraron?
Los aludidos se miraron un momento, y luego la Curadora cerró los ojos con una sonrisa y señaló al avatar del Protector, diciendo:
- Sé que te encanta narrar esa historia, aunque no sea nada especial, Taric. Haz tú los honores.
Este esbozó una ancha sonrisa y apartó la taza de frente a él, como despejando el camino:
- Ahhh… como dijo mi querida ca… mi querida amiga - se corrigió rápidamente mirando de reojo a la campeona solar - no es ninguna historia extraordinaria. Pero me gusta mucho, porque ella fue la primera celestial que conocí fuera del propio Protector… y gracias a ella he podido ver tantas otras cosas tan hermosas… - dijo mirando con inmenso cariño a la del cuerno en la frente, que le devolvió la cálida sonrisa - Esto pasó no mucho después de que el Protector me eligiera. Después de aquello recuerdo haber estado vagando durante mucho tiempo por el Monte, ayudando a quien me encontrara en el camino, guiado por esas corazonadas con las que me guía mi Constelación. En esos viajes me encontré con cierto… cierta joven y su grupo, atribulados y atrapados en una de las rabietas de cierta criatura enorme y malhumorada que habita el Monte ¡Qué temperamento difícil que tiene ese Risco en particular! No tienen idea cuanto me costó calmarlo. Puede que haya estado todo un día distrayéndolo con luces, masajes, canciones y mucha, mucha paciencia y cuidado. Cuando terminé, me acerqué a las pobres criaturas, que habían tenido que aguantar como pudieran semejante prueba. Supe inmediatamente que no eran como la mayoría, que había algo especial en ellos. Sobre todo su líder, Tyari ¡Vaya joven! Parecía un viajero común y corriente a primera vista, pero mientras más compartías con… ella, más te dabas cuenta de…
- Taric ¿Estás aprovechando el momento para presumir sobre La Viajera? - lo interrumpió de pronto la de piel violeta con una ceja alzada en un gesto de cómica desaprobación.
- Es importante entender el contexto en una historia - se defendió el regañado con teatral indignación.
- Solo cuando tiene que ver con la propia historia. Taric ayudó a Tyari a transformarse en La Viajera - explicó ella a las Elegidas que los miraban un poco perdidas - y al parecer no puede resistirse a alardear de ello cada vez que tiene oportunidad. Pero eso no tiene nada que ver. No, es más simple que eso: luego de separarse de aquel grupo, se encontró con una persona que yo conocía y protegía - en este punto la Celestial las miró con dudosa, antes de continuar - En los círculos superiores del Monte, existe un lugar, un santuario, al que van a parar las jóvenes estrellas que por curiosidad caen a Runaterra. Allí, una tribu de vastayas las cuida y las ayuda a volver hacia el firmamento. Ellos fueron los primeros seres conscientes que me encontré cuando regresé aquí, y desde entonces han sido algo así como mis protegidos. Una de estas estrellas fue traviesa de más y dejó el santuario, y una de estas vastayas se arriesgó a ir tras ella. De no ser por el gallardo caballero aquí presente, ella muy probablemente no habría regresado jamás, de modo que no pude estar más agradecida. Y eso es todo - finalizó la de ojos dorados dejando a Leona con un leve sentimiento de decepción.
- Soraka, realmente eres una aguafiestas ¿Cómo te las arreglaste para contarlo de la forma más aburrida posible? - se quejó el "gallardo caballero" con una mueca - Si ibas a hacer eso, me hubieras dejado contar mi historia. Habría sido bastante más del gusto de las señoritas.
- Oh, Taric, te conozco - retrucó la aludida girando los ojos con una sonrisa - Habríamos estado aquí hasta el amanecer y aún no habrías llegado a la parte que ellas querían saber.
- Pero habrían estado entretenidas. Además, todo eso de resumir está bien, pero hay un límite ¿No crees?
- Disculpe, señorita Soraka, hay algo más que me gustaría saber - interrumpió de pronto Diana, aparentemente sin interés ya en el relato - Usted no… ¿No vio venir que…? Quiero decir ¿No previó su encuentro con Taric?
La consultada la miró un segundo, antes de responder:
- Ciertamente vi ese encuentro. Después de todo, estaba destinado a suceder. Pero… el momento del encuentro solo se definió cuando su camino y el de Illi se cruzaron. Hasta entonces, sabía que algún día nuestros destinos se cruzarían, pero podrían haber pasado años antes de que ocurriese.
La peliblanca asintió, su ceño ligeramente fruncido en su clásico gesto pensativo. Probablemente estaba meditando acerca de cómo funcionaba el poder de la Celestial, o tal vez en cómo funcionaba el destino, o tal vez en otra cosa acerca del funcionamiento del mundo. Todos aquellos años… ella seguía siendo ella: siempre hambrienta de conocimiento, siempre deseosa de desentrañar hasta el último de los mecanismos que regían el mundo. Se había visto obligada a aprender a pelear, y era muy competente en ello, pero para la castaña su antigua amiga siempre había tenido el alma de una erudita. La Solari… se había visto obligada a aprender, y a fuerza de perseverancia se había vuelto competente en ello, pero prefería que su espada hablara por ella. Era mucho más elocuente con ella que con las palabras. Por eso, ellas siempre habían sido el complemento perfecto. Por eso, cuando la peliblanca la había abandonado, la campeona solar se había encontrado tan perdida, habiéndose acostumbrado a apoyarse en ella para suplir sus falencias. Aún con la vista fija en el perfil de la Lunari, Leona se preguntó si habría sido siquiera similar para ella ¿Habría sentido como ella que había dejado atrás a su otra mitad? ¿O no le había importado en lo absoluto? ¿O, aún peor, se había sentido… liberada? En aquel entonces jamás había dudado de su amor. Pero ahora, mirándolo en retrospectiva, tal vez era solamente ella engañándose a sí misma, como siempre. No, no ¿No había arriesgado su vida para salvarla a ella, una carga inútil? ¿No indicaba eso que había al menos un poco de cariño por ella, después de todos aquellos años? ¿Pero y si era otra su motivación, una que su mente no alcanzaba a ver por estar demasiado focalizada en otras cosas? Diablos, detestaba las dudas que corroían su mente y le apretaban el estómago. Detestaba estar concentrada en un conflicto personal a todas luces irrelevante frente a los acontecimientos en curso ¿Alguna vez dejaría de ser una tonta sentimental?
- Leona, si tienes algo que decirme, hazlo y deja de mirarme - la interrumpió la de ojos níveos, fijándolos con dureza en los suyos. Ella apartó la mirada rápidamente, pero respondió:
- Es increíble que tus expresiones no hayan variado ni un poco en todo este tiempo.
Un silencio siguió a su afirmación, y aunque la Elegida de la Sol quería ver qué expresión estaba poniendo Diana en ese momento, no se atrevió a dirigir nuevamente su vista hacia ella. Entonces el avatar del Protector inquirió, curioso:
- Tal vez sea estúpido preguntar, pero ¿Ustedes 2 son bastante cercanas, no es así, Elegidas? Ya que les contamos nuestra bonita historia de amistad, aunque simplificada y arruinada por la impaciencia de nuestra anfitriona ¿Podrían contarnos la vuestra?
El silencio no sólo continuó, sino que se hizo más pesado. Si fuera por ella, la Solari no diría una palabra. No solo porque aquella historia no terminara bien, sino porque el recuerdo de aquellas semanas era un tesoro, una memoria compartida solo por ella y Diana que no quería nadie más compartiera. Era infantil y egoísta, pero era un sentimiento al que no pensaba renunciar. El mutismo se alargó aún, por lo que finalmente la castaña contestó al demaciano sin mirarlo:
- Es… una historia complicada.
Al decir estas palabras pudo sentir la mirada de la campeona lunar en ella, pero se negó a mirarla. Ahora, no quería saber qué expresión tenía. Entonces sintió una risa, una risa metálica, sarcástica y amarga, proveniente de la Elegida de la Luna.
- Decir que es una historia "complicada" es un eufemismo… pero sí, Protector, se podría decir que somos "cercanas".
Al levantar la mirada, Leona pudo ver a Taric con una expresión complicada en su rostro, mientras desviaba la mirada hacia la Sanadora Celestial, que no decía nada y tomaba la infusión de su taza con gesto grave. Al notar los ojos del hombre sobre ella, se levantó del camastro con cuidado y se sentó en el único puesto vacío de la mesa, antes de explicar:
- Estas 2 fueron muy… amigas, durante su adolescencia, pero cuando recibieron el llamado, sus conflictos estallaron hasta llevarlas a una enemistad a muerte. Su relación es sumamente complicada, pero ciertamente son cercanas - dijo la del cuerno en la frente de forma sucinta.
La Solari miró con sorpresa a su anfitriona cuando dijo esto, y cuando vio la expresión lívida de la peliblanca se dio cuenta de que su conocimiento no tenía nada que ver con ella ¿Sus poderes le permitían ver también el pasado? ¿O las habría estado vigilando desde la lejanía todos aquellos años? Un escalofrío de temor reverencial recorrió su espinazo al pensar en la última posibilidad.
- Oh, uh, creo que me metí donde no debía - comentó el avatar del protector con expresión compungida - Sepan disculpar mi necia curiosidad, Elegidas.
La campeona solar no dijo nada ante estas disculpas, sabedora de que no era en modo alguno su culpa, pero la de ojos de plata fue más lejos, diciendo con voz a la vez suave y acerada:
- ¿Por qué pedirías perdón por querer saber lo que pasó? ¿No es natural que los humanos queramos saber la verdad, por más difícil de digerir que sea? - finalizó girando durante un segundo los ojos hacia su contraparte. Esta no salió de su mutismo. Ella tenía razón, por más que le doliera la forma en que parecía echárselo en cara. El Protector, en tanto, sonrió de forma extrañamente cálida y profunda, con un deje de melancolía en sus ojos.
- Los opuestos inextricablemente unidos, como 2 caras de la misma moneda - murmuró, más para sí mismo que para los demás.
Por algún motivo, estas palabras golpearon incluso más profundo que las de Diana, y sin poder contenerse, la Elegida de la Sol se volteó hacia la Elegida de la Luna, que la miraba también. Sus miradas se encontraron durante un segundo eterno, plata y oro danzando juntos, pero sin tocarse… y luego ambas apartaron la mirada al mismo tiempo. Entonces la peliblanca dijo lo que la castaña rumiaba para sus adentros con pesar:
- Atadas, no unidas, Protector. Las caras de una misma moneda jamás podrán estar juntas.
Un silencio como una lluvia de plomo siguió a estas palabras. La señorita Soraka intercaló su mirada entre ambas elegidas, mientras Taric parecía sumido en sus pensamientos. La Solari, en tanto, apretó con fuerza su mandíbula y sus puños bajo la mesa. Incluso si pensaba, no, temía exactamente eso, decirlo en voz alta se sentía como si las hubiera condenado a ambas a ese destino nefasto. Atadas por el conflicto, atadas por los resentimientos, atadas por las heridas, pero sin poder estar jamás realmente juntas ¿Cuán cruel podía ser eso? ¿Por qué lo había dicho? ¿Por qué diablos lo había dicho? ¿Ella en verdad creía que era verdad? ¿Ella ya había renunciado a poder estar realmente unidas? Lo peor era que… no la podía culpar. Había sido Leona quien había rechazado la tregua que ella ofreció. Si ella pensaba que no quedaba esperanza de real reconciliación, era su culpa. Y sentía que su corazón se desgarraba por eso.
Diana se levantó entonces de su asiento, dirigiéndose con rapidez hacia la puerta y saliendo por ella con brusquedad. Antes de que saliera, por un momento, la castaña creyó ver una lágrima argéntea resbalando por su mejilla. Al segundo siguiente la acometieron unas ganas terribles de levantarse y seguirla, alcanzarla, envolverla en sus brazos como antaño… pero mucha agua había pasado bajo el puente, y dudaba que eso provocara sino más ira en su amada. Maldita sea ¡Maldita sea! ¿Podría ser que el abismo que se había creado entre ellas fuera ya tan profundo, tan ancho, que no hubiera forma de salvarlo y volver atrás? ¿Podría ser que ella solita, con sus propias manos, con sus propias palabras, había jodido su propio destino así? Sin decir una palabra, la Sanadora Celestial se levantó también de su asiento, evidentemente con el objetivo de acompañar a la elegida de la Luna. El demaciano le hizo un gesto llevándose ambas manos a los hombros y, asintiendo, la de ojos dorados sacó un par de mantas de debajo de su camastro y salió de la edificación.
- Parece ser que mi pregunta no solo fue de lo más inoportuna, sino encima muy disruptiva. Incluso si antes no debiera disculparme, definitivamente ahora sí - comenzó Taric apenas se cerró la puerta mirándola directamente con sus profundos ojos castaños.
La campeona solar lo miró un momento sin decir nada. Aquel hombre daba una sensación de seguridad y de confianza, aunque de una forma distinta a su salvadora. Si ella era como una cálida fogata que espanta el frío, él era… como aquella cabaña, alguien que, aunque no te calentaría, no dejaría que lo peor de la intemperie llegara hasta ti. Su actitud despreocupada no era del todo de su gusto, pero aún con eso, sabía que podía confiar en él. La Solari suspiró, llena de pesar.
- La verdad, desde que nos reencontramos hace solo unas horas hasta ahora, esta tensión es constante. Si no hubiera sido su pregunta hubiera sido otra cosa. Hay… ha… han pasado muchas cosas, demasiadas, entre nosotras - dijo finalmente con dolor palpable en su voz.
- Y a pesar de todo eso siguen unidas ¿No? - retrucó él - Todo lo que ha pasado entre ustedes no ha sido capaz de separarlas. Oh, bueno, tal vez de "desatarlas", como dijo Diana.
Leona sonrió amargamente en respuesta a estas palabras.
- Si realmente estamos atadas, preferiría cortar estas ataduras. Yo… no quiero estar atada a ella, quiero estar unida a ella. Sé que ella tampoco quiere estar atada a mí, pero… no sé si quiera… - la castaña fue incapaz de terminar la frase, temerosa de echarse a llorar.
- Corrígeme si me equivoco, pero hasta ahora la Elegida de la Luna me ha parecido una persona sumamente directa. Si no quisiera nada contigo, no se habría andado con rodeos y te lo habría dejado saber. Me parece que sus palabras ácidas no tienen el fin de separarlas, sino de hacer evidentes sus problemas… pero claro no las conozco realmente, no conozco su situación, por lo que podría estar equivocado - afirmó con cautela el afuerino mientras daba un sorbo a su té, seguramente ya frío.
Nada le traería mayor alegría a la Elegida de la Sol que aquellas palabras fueran ciertas. Y había esperanza ¿No la había recibido de vuelta de su trance mortal con la misma calidez que le prodigaba antaño? Pero recordaba perfectamente que después de su estúpido gesto de rechazo el tono de la de ojos níveos había sido más y más sarcástico, más y más confrontacional. Tenía que pedirle perdón. Por todo. Tenía que revelarle cómo se sentía, cómo, al final, su amor por ella no había siquiera menguado… pero el miedo le atenazaba el corazón ¿Y si aquellos sentimientos ya no eran recíprocos? ¿Y si toda esa ternura no era más que un reflejo del pasado que ella había querido ver? Pero ¿No se había acercado ella también, mirándola de aquella forma, sus narices tan cerca, sus labios tan cerca…? La mente de la Solari era un desastre, y el caos de su corazón no se quedaba a la zaga, de modo que para aclararse un poco, ella también bebió de su taza, aunque de forma mucho menos elegante y más desesperada que su compañero Aspecto.
Taric, en tanto, dejó su taza en la mesa, una pequeña sonrisa melancólica asomándose a sus labios, sus ojos nublados mirando algo que probablemente solo existía ahora en sus memorias. Luego, salió de su trance y atrapó la mirada de su interlocutora con sus profundos ojos castaños.
- Hay… una historia que me gustaría contarte, Leona. De algún modo siento que es similar a tu actual predicamento, y creo que puede ayudarte, tal vez.
La castaña buscó en sus ojos, y decidió seguir confiando en él, de modo que asintió. Entonces el avatar del Protector comenzó:
- Hace… bueno, mucho tiempo para mí, pero probablemente ni siquiera una década, yo era un soldado demaciano. Yo diría que no tanto por elección sino por herencia - confesó llevándose una mano a la parte posterior de la cabeza, avergonzado - Largas generaciones de mi familia habían servido a Demacia en el campo de batalla, y tenía las aptitudes para seguir el legado familiar, de modo que yo también me enlisté en la milicia, llegado el momento. En Demacia el deber para con la nación es lo más importante para todos sus ciudadanos, desde el más humilde campesino hasta el mismísimo rey. Para un soldado, la patria es su vida y su muerte, su padre y su madre, su hermano, su esposa, su hijo. Cuando entré al ejército, yo creía compartir ese ideal ¿Qué había más noble que dejar la vida por la patria? No pasó mucho tiempo hasta que comprendí que mi definición de "patria" y la definición de todos los demás era un poco muy diferente. - Taric resopló por la nariz y compuso una pequeña sonrisa burlona. De algún modo, a la campeona solar le parecía que se burlaba de aquella versión más joven de sí mismo - Para mis compañeros, para mis superiores, para el rey y sus nobles, patria era la gente y el territorio. Para mí, patria era el territorio y todos y cada uno de los que habitaban en él: un viejo roble pétreo, hogar de mil pequeñas criaturas; una solitaria flor a la orilla del camino; el vuelo carmesí de un águila sangrienta; la risa diáfana de una niña en un festival de la cosecha; la balada de un bardo en una taberna perdida en las fronteras… todo eso era "patria" para mí, todo eso era lo que yo quería proteger. Cuando me di cuenta de esto, me enfrenté a la elección más difícil de mi vida… y, superado por el peso de esta elección, sencillamente no la tomé. Como un hipócrita, quise servir en el ejército, como me exigía la nación, y servir a mi ideal, cómo exigía mi corazón.
Al escuchar estas palabras la Solari se estremeció, recordando aquellos meses previos al desastre, cuando Diana parecía cada vez más ida y ella fingía no darse cuenta, negándose a elegir entre su amada y el culto al que dedicaba su vida. Su interlocutor pareció no darse cuenta de su turbación, perdido en sus recuerdos.
- Durante un tiempo todo fue bien… pero creo que ese fue precisamente el problema, todo fue demasiado bien. Al parecer, mi talento como soldado era muy grande, tanto, que aún haciendo las cosas a medias llamé la atención de los superiores del cuerpo militar más prestigioso de Demacia: la Vanguardia Valerosa. Son un poco el equivalente a los Ra'Horak de los Solari. Al principio yo estaba reticente, sabedor de la inmensa responsabilidad que un puesto allí acarreaba, pero hubo alguien que me convenció. Su nombre era Garen Crownguard, un viejo compañero de entrenamiento y un soldado ejemplar, con un talento desbordante y una convicción más dura que el Viejo Galio. Eso es muy duro - aclaró el demaciano ante la mirada perdida de su oyente - Él había ascendido entre los rangos mucho más rápido que yo, y era él quien me había propuesto a su comandante. Iba a ser además, si me unía, mi superior directo, que fue lo que más me persuadió, más allá de todos sus sermones. Él era probablemente el tipo más estricto en cuanto a la disciplina que había conocido jamás, pero al mismo tiempo era el dueño del sentido de justicia más puro e inquebrantable que yo nunca había visto. Pensé que él podría verme, y juzgarme, por quién era, y en eso tuve razón. El problema fue que el yo de aquel momento no era el yo que él quería que fuera - el protector suspiró, ida su sonrisa y una mirad francamente triste en sus ojos - Viendo mi potencial, él soñaba para mí un puesto a su lado guiando a la Vanguardia Valerosa, abocados todos mis esfuerzos en servir y proteger a la patria, justo como él. Él quería ponerme a la vanguardia del ejército demaciano, liderando a la próxima generación de jóvenes soldados. Pero… yo no quería eso, no la había querido nunca ¿Por qué sacrificar tanto, perdiéndome todo lo bello en el mundo, sumergido solo en la sangre y el acero? Y si al menos haciendo eso pudiera proteger toda la belleza que veía a mi alrededor… Pero ¿Por qué solo las personas, y solo los demacianos, debían ser protegidos? ¿Por qué era insubordinación salirse de la formación para salvar a un bebé cornupétreo? ¿Por qué estaba siendo irresponsable si durante la guardia me ocupaba de alimentar a las ardillas? ¿Por qué procurar refugio a un retoño de acebo era perder mi tiempo? ¿Haciendo eso no estaba protegiendo a los demacianos, a todos los demacianos? - un suspiro lleno de pesar se escapó de sus pulmones tras decir esto, y Leona sintió que estaba escuchando a esa joven Diana a la que las doctrinas Solari no le hacían sentido. También ella suspiró apesadumbrada. Si tan solo la hubiera escuchado en aquella época…
- Bueno, Garen no estaba de acuerdo con nada de eso - continuó Taric con una pequeña sonrisa amarga. Incansable, intentó una y otra vez lo que él consideraba "ponerme en vereda". Se devanó los sesos para pulir sus argumentos, apeló a todo lo que se le ocurrió para despertar en mí el "sentido patriótico" y alejarme de las "distracciones"... y yo también lo intenté. Admiraba a Garen, no, aún lo admiro. Sentía que era tan parecido a mí dentro de sus enormes diferencias, y al final terminamos siendo buenos amigos. Terminé pensando que lo que me proponía, tal vez… tal vez no sería tan malo. Tal vez, de alguna forma, haciendo lo que me proponía terminaría protegiéndolo todo, al final… Tonto de mí. A pesar de las evidencias, seguía intentando conciliar lo irreconciliable, seguía intentando cazar 2 liebres al mismo tiempo. Pero al final, incluso si mi mente pujaba con fuerza en una dirección, mi corazón siempre tiraba en la otra, y siempre ganaba, recayendo en el "abandono de deberes" para hacer lo que creía importante. Finalmente, garen decidió que no podía seguir así, y negoció mi traslado a una unidad donde pudiera reformarme. No puedo decir que no me dolió, pero lo entendí. Era su forma de , al mismo tiempo, cumplir su deber como capitán y protegerme a mí como su amigo. El puesto al que se me destinó era casi ceremonial. No debería entrar en combate hasta que la situación se pusiera realmente seria. Ambos confiamos en eso. Pero el destino tenía otros planes - el hombre suspiró, un arrepentimiento pesado como la propia montaña abrumándolo - El puesto era, bueno… irremediablemente aburrido, y comencé a tomar la costumbre de saltarme guardias para dedicarme a mis propios proyectos. Un fatídico día, mientras yo estaba lejos, una asesina noxiana cayó sobre nuestro campamento. No sé qué clase de oscuras habilidades usó, no sé cómo supo donde estaba mi general, no tengo idea siquiera cómo logró infiltrarse a Demacia. Lo que sí sé es que superó a todos y cada uno de los soldados que montaban guardia ese día, soldados que no habían visto el campo de batalla en mucho tiempo pero soldados de élite al fin y al cabo, y los liquidó a todos ellos junto a nuestro general. Cuando volví a mi puesto, solo me encontré con el hedor a sangre y cadáveres… el hedor de mi propio fracaso.
La voz de Taric se quebró al pronunciar la última palabra, y se quedó callado un momento con los ojos cerrados, como si elevara una plegaria, una lágrima solitaria resbalando por su mejilla. Leona se recordó a sí misma, al finalmente bajar de la Montaña, encontrándose con el caos y el espectáculo dantesco de la masacre de los ancianos. El sentimiento de que si hubiera logrado convencer a Diana, o al menos detenerla, nada de aquello hubiera pasado… aquella culpa que la devoraba por dentro. Aún ahora, sabiendo lo que sabía, creía que si ella al menos se hubiera quedado a su lado, si al menos ella la hubiera aceptado, su amiga jamás habría llegado a esos extremos. La castaña apretó la mandíbula y luego suspiró, compartiendo la amargura de su interlocutor.
- Puede que sea presuntuoso de mi parte pensar que mi presencia habría cambiado algo - continuó al fin el demaciano con voz ronca - Todos los que murieron ese día eran soldados bien entrenados, los mejores de Demacia. Es probable que mi único aporte habría sido morir con ellos. Pero, aún así, el hecho es que no estaba allí cuando se me necesitaba, que no fui útil para mis compañeros… que no pude proteger ni siquiera aquello que había jurado hacerlo. En aquel momento sentí, y aún lo siento, que aquella tragedia fue el precio de mi indecisión, de mi hipocresía. El resultado de hacer las cosas a medias, de la cobardía de no tomar una decisión - Una vez más el hombre calló, rumiando en aquellos recuerdos dolorosos. Luego, levantó la mirada y la dirigió directamente hacia la Solari - Por supuesto yo, como único sobreviviente, fui juzgado como traidor por una corte militar. Los cielos fueron a la vez crueles y generosos conmigo, pues fue Garen quien ejerció de juez, al ser el sucesor del general asesinado. Recuerdo que… recuerdo que no podía mirarlo a la cara. No quería saber con qué expresión me miraba. Me sentía tan avergonzado y triste que habría podido morir… pero suicidarme no era una opción. Haberlo hecho habría sido el último clavo en el ataúd de mi indignidad. Si debía ser condenado a muerte, al menos debía enfrentar el hacha del verdugo como correspondía - en ese punto el avatar del Protector cerró los ojos y sonrió resoplando, lleno de una amarga diversión - Pero mi viejo amigo me dió una última oportunidad. Me condenó a "La Corona de Piedra", una vieja costumbre demaciana que impele al condenado a escalar el Monte Targón. La mayoría de los así condenados simplemente se exilian, dado que nadie supervisará el cumplimiento de la condena y realmente hacerlo es casi un suicidio. Pero, cuando escuché su sentencia… - El hombre volvió a abrir los ojos, atrapando los de la campeona solar con una mirada de radiante cielo estrellado - No puedo describir exactamente la tormenta de emociones que me embargaron en aquel momento. Pero recuerdo, por sobre todo lo demás, la gratitud. La gratitud de saber que, a pesar de todo lo que había hecho, Garen aún me veía como un amigo. La gratitud de poder aún tener un último viaje redentor. La gratitud de poder morir en el lugar donde las estrellas bajan a la tierra. Morir como un soldado demaciano y no como un criminal, y al mismo tiempo, morir en un lugar de belleza incomparable… no podía pedir nada más. Aunque, supongo que dependiendo de cómo lo mires, los cielos no fueron tan piadosos - al decir esto, Taric soltó una suave risotada que era a la vez amarga y alegre.
- ¿Te arrepientes de haber sido elegido por un Aspecto? - preguntó entonces la Elegida de la Sol casi en un susurro, como si no se atreviera a decir semejante cosa en voz alta, pero sin ninguna clase de reproche en su tono. Su compañero la miró y sonrió de forma melancólica.
- A veces. Sigo siendo un humano, después de todo, y ser el avatar de un Aspecto es una carga muy, muy pesada. Tú lo sabes mejor que la inmensa mayoría. Pero ¿Sabes? Aún conservo ese sentimiento de gratitud. Porque, aunque es cierto que ahora soporto una carga pesada como la Montaña misma, ya no estoy partido. Aquella jornada eterna hasta la cima fue el fin de Taric, el díscolo soldado demaciano. Dejé a esa parte de mí morir en la nieve, eternamente congelado junto con los demás cadáveres. Mi vida es ahora más cercana a la que soñaba, más cercana a lo que yo quería hacer. Yo creo que fue precisamente por eso que el Protector me eligió. Lo que yo quería hacer, y lo que él quería que hiciera, eran uno y lo mismo. Él… me liberó.
Él dejó de hablar entonces, pero sin quitar su profunda mirada de caoba de ella. Ella bajó la cabeza ante sus ojos insistentes, pero la pregunta que portaban la siguió hasta el interior de su mente. Aquel día que había quedado grabado a fuego en su corazón, la Diana Solari había muerto, y la propia Diana había sido liberada ¿Y ella misma? ¿Qué parte de ella había muerto aquel día? ¿Por qué, siendo ahora avatar de su diosa, se sentía más esclava que nunca? Ella… la Leona que había muerto aquel día no estaba reposando en el Monte junto a los demás. Ella la había cargado todo el camino a la cima y de vuelta, y todos aquellos años había seguido arrastrando con ella aquel cadáver putrefacto. Ella no había sido capaz de dejar ir a la vieja Leona. Y ahora… ahora ya no sabría distinguir entre la Leona anterior y la Leona avatar de la Sol. O tal vez, sencillamente era demasiado cobarde para hacer esa elección. Tal como Taric en su tiempo, intentaba aferrarse a realidades contrapuestas e irreconciliables. Seguía escondiéndose de la realidad, de la misma forma que se ocultaba de la mirada del demaciano. Qué paradójico. La campeona del Lucero del Mundo, negándose a ver y encima escondiéndose de la luz de la verdad ¿Hasta dónde podría llegar su indignidad?
- Tal vez este no sea el mejor momento para pensar en estas cosas - oyó decir al avatar del protector con voz comprensiva - Después de todo, hay una batalla muy importante por librar y deberíamos centrar toda nuestra energía en ella. Pero… Leona, si el Sol te eligió es por algo. Tu deseo, y el deseo del alto Celestial que te escogió seguramente coinciden. Si entre los cientos, tal vez miles de personas que ascienden al Monte Targón cada año fuiste tú a quien se le concedió el poder de las estrellas, es por un motivo. Muy seguramente, no hay nadie mejor que tú para ejecutar la voluntad del Sol. Y, si estás perdida, probablemente la más indicada para encontrar el camino de vuelta… seas tú.
Ante estas palabras el nudo en su garganta pareció volverse una roca para luego disolverse gentilmente en las lágrimas silenciosas que resbalaron por aquellas mejillas doradas. Entonces, aún llorando suavemente, Leona sonrió y levantó la vista. Su interlocutor la miraba con las cejas ligeramente alzadas de preocupación pero con una mirada acogedora y comprensiva en sus cálidos ojos marrones.
-No sé si lo que dices es verdad, pero… eso es algo que yo misma debo descubrir, ¿No es así? De cualquier manera, gracias Taric, bendito del Protector. Por compartir tu historia conmigo y por quedarte a aconsejarme. Muchas gracias.
Ante las sentidas declaraciones de la Solari, el aludido cerró los ojos y asintió con una sonrisa, sin decir nada más. Muchas palabras se habían vertido ya y más no eran necesarias, por lo que la castaña agradeció el silencio.
Tras unos minutos de calma, interrumpidos solo por los sorbeteos del demaciano a su té, este enderezó la cabeza y desvió la mirada hacia afuera de la cabaña, como si hubiera escuchado algo, y unos momentos después la campeona solar lo sintió también. Algo se acercaba, algo grande y poderoso. Ella se tensó, temiendo lo peor, pero a su lado el Protector ostentaba una sonrisa alegre. En ese momento se abrió la puerta y una Soraka entusiasmada, con las mantas en las manos, les dijo:
- Ya viene. No pensé que fuera tan veloz ¡Vamos, vamos a recibirlo! - con prisa, dejó las mantas de cualquier manera sobre el camastro y volvió a salir, evidentemente presa de una gran excitación. Sin perder tiempo, ambos avatares la siguieron afuera, para presenciar como una estrella fugaz grande y brillante se dirigía hacia ellos… no como si estuviera cayendo, sino más bien como si se estuviera elevando desde alguno de los valles. La Solari se sintió angustiada e inmediatamente echó en falta sus armas, que reposaban aún dentro de la cabaña. Ansiosa, miró a sus compañeros: el rostro de Diana revelaba la misma tensión expectante, pero el rostro del demaciano mostraba alegría y ansia, como si no pudiera esperar para que, lo que fuera que se acercaba, estuviera ya allí. Y la Sanadora Celestial…. la mirada solemne en sus ojos de oro fundido era la mirada de una madre que recibe a su hijo después de la guerra.
El fulgor rojo ardiente se hizo cada vez más intenso, hasta iluminar toda la meseta, y Taric murmuró audiblemente:
- Tal vez deberíamos retroceder un poco…
No alcanzó a terminar la frase cuando el fuego se cernió sobre ellos, barriendo el lugar con su calor, como si de un meteorito se tratase. Por mero reflejo Leona alzó un brazo en gesto protector hacia Diana y la señorita Soraka, y pudo sentir su extremidad chocar con la del demaciano, que había hecho lo mismo. En un segundo las llamas los envolvieron, y al segundo siguiente, con un fuerte sonido de choque, el fuego se había apagado, el frío de la Montaña retomaba su lugar… y un bulto humeante en medio de un pequeño cráter era todo lo que quedaba de aquel espectáculo.
- ¡Atreus! - gritó entonces la del cuerno en la frente con preocupación, dirigiéndose a toda prisa hacia el caído… pues aquel bulto, ahora lo podía ver, era una persona. Fuera del polvo que lo cubría por doquier, su yelmo estaba torcido sobre su cabeza, y se podían notar las costras de sangre aplicándolo por doquier, además de sus brazos muy maltrechos. No solo eso: su presencia de Aspecto, tan intimidante cuando se acercaba, casi se había desvanecido, haciendo que la Elegida de la Sol se preguntara si aquel hombre no estaría al borde de la muerte. Sus temores se reforzaron cuando vio a la de piel violeta arrodillada sobre él, sus manos brillando de esmeralda, seguidos por el fulgor aguamarina del Protector. El estómago de la castaña se retorció, pensando que de alguna manera aquella criatura bestial lo había golpeado con tal poder que lo había enviado hacia allí. Pero segundos después pudo escuchar un gruñido ronco, y el hombre se levantó con cierta dificultad.
- Con cuidado, Atreus. No quiero gastar más energía curándote - le dijo Taric con voz burlona, pero con genuina preocupación detrás de la burla.
- De modo… que tú también estás aquí - contestó el aludido con una suerte de áspero alivio en su tono gastado. Acto seguido, revisó su cuerpo con cautela, y terminó de incorporarse del suelo con una agilidad felina que contrastaba enormemente con su desastrosa presentación. Su casco cayó, y solo entonces pudo la Solari ver sus facciones. Unas cejas pobladas enmarcaban unos ojos castaño oscuro, casi negros, duros como el pedernal. Sus pómulos angulosos y barbilla afilada le daban un aire severo y marcial, impresión reforzada por el rictus determinado de su boca, como si estuviera en un campo de batalla aún. Su corte militar y los tatuajes dorados que adornaban los costados de su cabeza sorprendieron enormemente a Leona: ese hombre era un Rakkor ¿Cómo es que un Rakkor con capacidad suficiente para volverse avatar de un Aspecto se le había pasado por alto? Y sin embargo, por algún motivo, aquel rostro se le hacía familiar, solo que no podía recordar de dónde…
- ¿Cómo te sientes? - preguntó la Curadora al recién llegado.
- Como siempre que llego aquí - contestó el aludido con sorna, aunque una sonrisa genuina suavizaba aquel rostro de acero - Una de tus infusiones milagrosas me vendría bien, Soraka. No he tenido reposo decente en días, y me temo que aún no podré tenerlo, de modo que algo que me ayude a mantenerme en pie sería muy bien recibido.
- Vayamos adentro, entonces - completó el demaciano poniéndole una mano en el hombro - Yo aún no he terminado mi té, y me gustaría poder hacerlo.
Con un gesto que pareció casi involuntario, el hombre llamado Atreus se quitó aquella mano del hombro, pero asintió a las anteriores palabras. El protector no pareció ofendido, y la castaña intuyó que las relaciones entre ambos hombres eran así. Entonces, a punto de ponerse en marcha, la mirada del rakkorano se encontró con las elegidas que se habían mantenido al margen de la escena. Su ceño se frunció cuando vio a Diana, pero cuando sus ojos se encontraron con los de la Solari… una ira desconocida se apoderó de su semblante.
- ¿Estas están con ustedes? - preguntó con los dientes apretados a la Celestial y el demaciano, marcando con desprecio la primera palabra.
- Sí. "Estas" fueron las primeras en enfrentarse a Aatrox, arriesgando sus vidas para darles tiempo a Taric y a ti - contestó la del cuerno en la frente de pronto severa. Pero la expresión de ira y desprecio no desapareció del rostro del hombre.
- Y, a pesar de que lucharon contra él, aún me tocó a mí ir a detener al Darkin - afirmó Atreus con la mandíbula aún muy tensa. Luego, dirigió sus ojos hacia los de la Elegida de la Sol, una cabeza y media más arriba, como quien mira a un enemigo a vencer - Tanta altanería, Solari, solo para terminar derrotada… y humillada - completó mirando el evidente agujero en su armadura. La insultada no entendía nada ¿Acaso no eran compañeros Aspectos? ¿De dónde venía esa hostilidad?
- ¿Tú eres el avatar del Aspecto de la Guerra? ¿Tú eres Pantheon? - preguntó ella entonces con el enfado creciendo en su voz.
- Yo soy Pantheon, pero no soy avatar de ningún Aspecto - contestó él sin dejar de desafiarla con la mirada - No me pongas a tu nivel, Solari. No soy como tú.
- Pantheon, este no es el momento de ventilar tus resentimientos personales - lo increpó duramente el Protector nuevamente poniendo una mano en su hombro en un gesto más bien amenazante - Soraka dijo que no lograste derrotar al Darkin tú tampoco ¿Sabes dónde está ahora?
La furia en la cara del rakkor se apagó como una vela en una ventisca, y bajó la mirada con una expresión de amargura y remordimiento.
- Asolando alguna aldea indefensa para recuperarse, seguramente - contestó con voz cansada, como si 100 años le hubieran caído encima - La última vez que lo vi se alejaba hacia el este del Valle de las Saetas Rojas, pero podría haber cambiado su curso e irse en cualquier dirección desde allí. hay que apresurarse. No podemos dejar a esa calamidad suelta por ahí.
- Antes, tú y todos aquí deben reponer sus fuerzas adecuadamente - retrucó la Hija de las Estrellas - Tú sabes mejor que la mayoría quién es Aatrox y de lo que es capaz. Si no lo enfrentan en plenitud de fuerzas, la victoria es incierta, y no podemos arriesgarnos a una derrota. Ante estas palabras el recién llegado apretó sus puños con fuerza, pero asintió sin levantar la mirada. Antes esta actitud, la expresión seria de la de ojos dorados se suavizó, y se adelantó hacia la cabaña.
La Solari, en tanto, aún no tenía idea porque había sido blanco de una agresividad tan evidente, y estaba a punto de abrir la boca para quejarse, pero la voz gélida de la Lunari se le adelantó.
- Espera - dijo con cólera fría - Señorita Soraka, disculpe mi atrevimiento, pero no creo poder luchar lado a lado con alguien que nos ha mostrado tanta animadversión. Explícate, Atreus o Pantheon, como te llames. No recuerdo haber hecho nada que merezca tu enemistad.
- Pasearse por Targón inútilmente mientras no solo tu pueblo sino todos los habitantes del Monte necesitaban de ti me parece motivo suficiente - contestó el guerrero con voz acerada y sin apartar la vista de la mirada despiadada de aquellos ojos de nieve - Pero incluso eso, podría entenderlo. En cambio, a esa mujer, no, a esa esclava de los dioses, no quiero ni puedo entender - completó señalando a la Elegida de la Sol.
La ira pareció estallar en el pecho de la aludida al escuchar estas palabras, y sin darse cuenta se adelantó, cerniéndose sobre el rakkor.
- Si tu lengua está tan suelta, te falta entrenamiento, rakkor - dijo con la mandíbula apretada y su voz vibrante de furia. por un momento vio como su ofensor se congelaba en su lugar… y luego una cólera fría se apoderó de sus ojos. Ante esa mirada asesina, la Solari inconscientemente buscó su espada, solo para recordar que no la traía consigo.
- Bajo en verdad han caído los Ra'Horak, si las formalidades son más importantes que cumplir con su deber - retrucó el guerrero con una voz que era casi un susurro, y que sin embargo cortaba como una espada afilada.
.- ¡Es suficiente! - exclamó Taric con una voz de mando digna de un general, mientras se interponía entre ambos Aspectos. Pero la castaña no pensaba dejar pasar aquel veneno tan fácilmente.
- No, Taric - dijo con una voz baja y ardiente, quemante como una llamarada solar - No permitiré que nadie me acuse de no cumplir con mi deber, sea Aspecto, Darkin o semidios. Habla claro, "Pantheon". Menciona hechos. Dime una, solo una vez que haya sido negligente.
Una sonrisa sardónica y amarga se formó en el rostro del recién llegado, mientras sus ojos parecían endurecerse aún más, cuando contestó:
- "La Sol brilla para todos" ¿No es así… Leona, campeona de los Solari?
La mención de su nombre sobresaltó a la castaña ¿Cómo lo sabía?
- Y sin embargo, la propia representante de la Sol en esta tierra no parece pensar igual. Al parecer, los bajos Rakkor no merecen de su valioso tiempo, ni de la protección del Lucero del Mundo - se quedó un segundo callado sin dejar de mirarla, como esperando algo, y cuando no lo obtuvo, su sonrisa se ensanchó, volviéndose aún más odiosa - De hecho, al parecer, ni siquiera un lugar en su memoria. Hace no tantos años atrás, 2 soldados rakkor acudieron a ti, desesperados, derrotados, rogando porque la gran Elegida de la Sol salvara a su gente ¿Recuerdas lo que contestaste entonces, Solari? ¿Recuerdas cómo fueron recibidos los ruegos de aquellos soldados?
Solo entonces una memoria perdida volvió a Leona. 2 rakkor insistentes, molestando acerca de una invasión bárbara, mientras rumores sobre el regreso de Diana abrumaban su mente. Recordaba su disgusto ante la debilidad de quienes acudían a ella para solucionar problemas que ellos mismos deberían haber soslayado, mientras asuntos mucho más importantes ocupaban sus pensamientos. La figura más alta y la que más habló era borrosa en su mente, pero ahora recordaba a la otra, de rostro afilado y ojos duros como el pedernal, cuya actitud, más que de súplica, era de feroz exigencia.
- Recuerdo haber rechazado las exigencias insolentes de 2 guerreros patéticos que no podían hacerse cargo de simples bárbaros - retrucó con tono acerado y fuego en la mirada, pero con una duda insidiosa detrás de la bravuconería ¿Podría ser que, cegada por Diana… había fallado una vez más? Mientras tanto, pareció que la mirada del rakkor se apagaba, o más bien, ardía con un fuego sin llama, y una intención asesina se manifestó, tan fuerte que todos los presentes se envararon. El hombre bajó la mirada y en respuesta la Elegida de la Sol bajó su postura, preparándose para el ataque. Pero cuando alzó la mirada Pantheon soltó una carcajada, una que parecía, al mismo tiempo, un llanto y un grito de guerra.
- Si, por supuesto que así lo vería la gloriosa Leona, Elegida de la Sol, la mirada tan encandilada de luz estelar que no es capaz de ver a quienes se arrastran por la tierra. Esos "guerreros patéticos" subieron luego al Monte, y ninguno volvió. Solo volvió el Aspecto de la Guerra a quien tú buscas, y que ya nunca encontrarás.. Tan enhiesto y orgulloso era esa criatura como tú, y así de arrogante desapareció del firmamento por la espada de un monstruo a quien la propia Sol ayudó a crear en su día. Ahora, El Guerrero ya no ilumina más los cielos nocturnos, y de él solo queda Pantheon. Supongo que, en realidad, debería darte las gracias, Solari. Me abriste los ojos con respecto a la verdadera naturaleza de los dioses y sus esclavos, y de paso tus acciones llevaron a la desaparición de un demonio despiadado que se llamaba a sí mismo dios.
A pesar de que la ira aún bullía en su pecho, un miedo sin nombre amenazaba con tragarse a la castaña. El Guerrero… ¿Se refería al Aspecto de la Guerra? ¿Qué quería decir con "desapareció del firmamento"? ¿Y bajo la espada de "un monstruo a quien la propia Sol ayudó a crear en su día"? ¿No se estaría refiriendo a…?
- Entonces… ¿Es verdad? ¿Realmente la constelación del Guerrero ha desaparecido de los cielos? - preguntó Diana con la voz plana por la consternación.
Quien se hacía llamar Pantheon no dijo nada, y el silencio se impuso durante unos segundos, hasta que la Sanadora Celestial tomó la palabra.
- Atreus no miente. El Guerrero… subestimó al monstruo llamado Aatrox - afirmó con su dulce voz teñida de una pesadumbre profunda como el vacío interestelar - Como resultado, su espada maldita logró desaparecer su fulgor del firmamento. De esa constelación, ahora solo queda una estrella - completó mirando al guerrero que compartía nombre con ella.
La furia se apagó en el pecho de la Elegida de la Sol, o más bien, fue tragada por un asqueroso sentimiento donde el miedo, la desesperación y el autodesprecio se mezclaban ¿Entonces… Sus acciones de aquel entonces llevaron, incluso si fue indirectamente, a la muerte de un Celestial? ¿Era siquiera posible matar a los Celestiales? No, no podía ser, debía ser un truco. Se negaba a creerlo. Ella… ella estaba cumpliendo su deber como Guardiana de los Solari, como Guardiana de la Fe. No era su culpa. No podía serlo. Unos simples bárbaros… ¿Cómo podía haberlo sabido, siquiera imaginado…?
- Cientos de guerreros, tanto rakkor como bárbaros. Cientos de aldeanos: hombres, mujeres, niños, ancianos. Ninguno de ellos es importante para ti, sus vidas ni siquiera ameritan un pensamiento en esa cabeza tuya. Pero un solo Celestial es suficiente para callarte la boca, Solari. Ni aún ahora te dignarás a bajar la vista de tus preciosas estrellas, de tus adorados dioses - tras estas palabras el rakkor escupió al piso entre ellos en un gesto lleno de vulgaridad y desprecio - Tú luchas por criaturas más allá de las estrellas, a las que les importas tanto como a un titiritero una marioneta rota. Yo lucho por todos los que moran aquí abajo y alzan sus miradas hacia las estrellas con esperanza, solo para encontrar indiferencia. Cada uno de ellos es mi hermano - tras decir esto, desvió su mirada hacia alguien al lado de Leona, probablemente Diana - Si es por derrotar a ese monstruo, lucharé al lado de gente como ustedes, pero no lo olviden, Leona, Elegida de la Luna: no estamos en el mismo bando. Y probablemente no lo estaremos nunca.
Ella quería replicar, pero su corazón era un caos por milésima vez aquella noche larguísima, y solo podía observar a ese hombre con los ojos desorbitados y congelada en su lugar. Al ver esto, Pantheon resopló con desprecio y se alejó en dirección a la cabaña, llamando a sus armas en el camino. Taric se apresuró a seguirlo, sermoneándolo en tono severo con palabras que la castaña no podía procesar. Puedo escuchar las voces de la señorita Soraka y de la Lunari intercambiando palabras en susurros, antes de que ambas entraran en la cabaña… dejándola sola en la inmensa y fría semipenumbra.
Por fin ¡Por fin! (insertar aquí música de "Nightmare before Christmas"). Ya, regresé con su dosis... a estas alturas anual, de vergazos mal narrados, dramas mal desarrollados y por sobre todo verborrea interminable. Sí señores y señoras, he aquí un nuevo capítulo de "Bajo la Montaña". Esta vez no me voy a explayar mucho en la lloradera. Escribí 6 versiones de esta cosa, solo para que el primero y el definitivo no tuvieran realmente muchos cambios. Esta versión "definitiva" se completó hace 2 meses, y yo, queriendo hacerme el buenito, no quise publicarlo hasta terminar el siguiente a este, para tirar los 2 juntos en compensación. El capítulo que sigue, y probablemente el último del interludio, sigue ahí, tirado, a medio terminar, así que al final lo único que hice fue incrementar su espera de 6 meses a 8. Maravillosa jugada, muy digna de mí. No voy a llorar más por Leona. Si mal no recuerdo, ya me quejé en la versión anterior de lo poco que me gustaba lo que Rito hizo y está haciendo con ella como personaje, y lo mucho que me costaba reconciliar el canon (porque, creo que también lo mencioné, soy una de esas basuras puristas que NECESITA apegarse todo lo que pueda a la versión oficial) con lo que quiero hacer con ella. Por eso, por intentar solucionar ese predicamento, fueron escritas esas 6 versiones. Todo para aprender que es un esfuerzo inútil. La Leona de este fic sigue siendo inconsistente, y me parece que se quedará así hasta el final, a menos que me caiga alguna clase de revelación divina. Lo siento, no puedo hacer más. F por mí y por todos nosotros.
Este es el capítulo más largo a la fecha (12.000 palabras, nada menos) y espero sinceramente que lo hayan disfrutado. Tiene de todo: drama, comedia, traiciones, revelaciones... durante un tiempo incluso pudo haber tenido vergazos (esa parte de Pantheon... en serio, debí quedarme como 2 horas meditando como evitar que los niñitos se fueran a las manos de forma coherente. No estoy seguro de haberlo logrado). Lo que quiero decir es que le "metí enjundia" como decimos por aquí, así que más vale que les haya gustado. En serio. Si no me voy a poner triste :(
The Minister of Darkness, desde que leí tu comentario he estado ansioso por responderlo. Podría haberlo hecho a través de los mismos comentarios, pero soy al mismo tiempo un imbécil orgulloso y una diva irremediable, asi que, 8 meses después, aquí te va tu respuesta.
Primero que nada, debo mencionar que el Vacío es mi región favorita (como diría mi querido Aatrox "¡So edgy!"). No solo porque sea la región más poderosa de Runaterra, no solo porque mi primer main (Cho'Gath) proviniera de ahí. Siempre se me hizo interesante el concepto de TODA UNA DIMENSIÓN actuando como una colmena, como un ente consciente. Y cuando tocaron un poquito al Vacío, con el rework de lore, se me hizo aún más interesante. La forma en que las criaturas cambiaban al llegar a Runaterra siempre me pareció un nicho no explotado... hasta ahora (bueno, más o menos, porque como pinta la cosa jamás habrá seguimiento del asunto de Bel'Veth y Kaisa con los vigilantes). Seré claro: AMÉ este giro de tuerca. Una disidencia dentro del Vacío, una disidencia que además es producto de la propia adaptación del Vacío a lo existente... me parece, sencillamente, genial. Es el epítome de la característica más notable del Vacío: la adaptación. Si no puedes destruir lo existente... entonces cómetelo y vuélvete uno con ello, transfórmate en algo nuevo. Maravilloso, simplemente maravilloso. Sin contar con que, así como jugando, nos entregaron a un personaje muy interesante y con el potencial de ser el ser más poderoso no solo de Runaterra, sino de todo aquel Universo. Terrorífica, misteriosa... no voy a mentir, soy un simp de Bel'Veth. Usted ordene, emperatriz, y se cumplirá. Traeremos la revolución al Vacío. Fua ¡Se la re vivía el pibe! En cuanto a tocar este tema, hay un prototipo ya escrito de lo que podría ser un oneshot, uno bastante diferente a lo que suelo escribir, más parecido a las historias de Aatrox o Sion en la página de Universo ¿Lo publicaré o no? Quién sabe. Si las musas me bendicen con su gracia y logro moldearlo de una forma que me deje conforme, lo publicaré. Si no, no. Me llaman "el mismísimo conchasumadre".
Ahora, antes de despedirme tengo que mencionar este tema, que no es otro que la Guerra Darkin que se sacó Rito de la mochila. Por un lado, que rabia, me demoré tanto que la narrativa me alcanzó. Por otro... bueno, disfruté muchísimo esa saga, incluso narrada solo a través de cartas y sus interacciones (aunque el final me deja un poco...dubitativo). Y por un tercer lado... que paja, ahora hay un millón de personajes carismáticos que muero por incluir pero que no sé cómo carajos hacerlo de forma orgánica. Si se me ocurre algo, lo haré... pero, por el bien de TERMINAR EL MALDITO FIC ANTES DEL 2030, no creo que lo haga. Si con el fic ya hecho en la mente y solo faltando escribirlo ya me demoro siglos, no quiero ni imaginar si tengo que hacer incorporaciones que no planee (y por ende para las que no preparé el escenario). Aunque creo que esto va a cambiar el final culero que tenía en mente. Ya veremos, ya veremos, no sé qué fecha será para el punto donde tenga que tomar esas decisiones.
Ya, charla del autor terminada, nuevamente espero que hayan disfrutado el capítulo y espero también volver antes de 8 meses. Escúchanos señor te rogamos. Ya, besitos, cuidensela 3
