Los días eran maravillosos. Los pajarón cantaban en la mañana, el olor de pan y carne inundaba la fogata central en todo momento e Izuku había aceptado el cortejo de Katsuki.
El rubio había estado rodeado de su amigos estos días, ayudándolo a recoger madera y después trabajandola para llevarla a su futura cabaña.
Su mañia de que su cabaña huela solo a él se aplacaba un poco con el hecho que realmente, eran feromonas de felicidad de sus amigos lo que quedaba impreso.
Eijiro y Mina vivían besandose en cualquier momento y lugar que tuvieran disponibles, Denki era un desastre de olor a ozono por felicidad tan pronto aparecia Hitoshi. Este último era más reservado con sus feromonas y como Alpha, entendía el sentir de Katsuki, que la madera y demás tuviera el menor olor posible de otras personas.
Los únicos que ayudaban en realidad eran Hanta y Kyoka, que eran los solteros del grupo. Además que Hanta era un Maestre en construcción. Dejando su orgullo de lado solo en favor de hacer un buen trabajo, el rubio le pidió ayuda y asesoría a Hanta para hacer la cabaña.
Días después de que Izuku aceptará su cortejo, se encontraba con sus amigos en la fogata, tratando de mantener una conversación con Mina sobre las mejores maneras de curtir la piel del ciervo. La chica estaba sentada en el regazo de su novio, el cuál, dejaba pequeños besos en el cabello rosa de Mina. En el fondo, Katsuki estaba feliz con la alegría de sus mejores amigos. El olor a tierra abonada de las feromonas de felicidad de Eirijo era un olor tan conocido y bienvenido como los jazmines de su Izuku.
Mina volteo a ver a su novio, lo cual, el pelirrojo aprovecho para reclamar la boca de la chica. Katsuki, dandose por vencido de recibir más consejos por esa noche, se dirigió a la fogata. Su ceño fruncido se profundizó más al recordar que esa noche era noche de familia en la casa Yagi y que no vería a Izuku hasta el día siguiente.
El buen Toshinori había cortejado hace unos años a Inko y ahora trataba de ser una figura paterna Alpha para Izuku antes de que abandonará el nido de la mano de Katsuki. Y, a diferencia de la opinión popular, Izuku le había abierto su corazón a Toshinori y ahora tenían una agradable relación padre-hijo que alimentaban con pequeños momentos como ir al trabajo del otro o las cenas familiares.
Katsuki respetaba esos momentos, pero no era secreto que su humor mejoraba con la presencia del peliverde.
-Es delicioso, realmente no podía quitar la mirada de ese culito.
-Pero ese 'culito' ya tiene dueño Alpha, no eres competencia.
-Aun no está marcado, así que ese culo con aroma a jazmín mentolado aún es libre. Y cuando llegue su celo, no le importará él dueño de la verga que lo atienda tan...
Pero el otro ya nunca supo cómo lo atendería la verga de su amigo. Un profundo, ronco y fuerte gruñido los interrumpio de golpe.
Katsuki conocía la rabia, era una amiga constante en su vida. Demasiadas cosas en la vida le enojaban y le hacían rabiar. Pero nadie, jamás, se había metido con Izuku. Ni tratado de negar su obvio reclamo sobre el peliverde. Nadie más en la aldea olía a jazmines, no podían hablar de otro que no fuera Izuku.
El gruñido no paraba y no le importaba. Tampoco veía como las caras de los cercanos se tornaban preocupados o incluso asustados. No supo que comenzó a liberar feromonas de enojo y de advertencia, con un olor a madera de cedro quemada que casi se pensaría que el bosque se incendio. Ni como Mina salió corriendo a casa de Izuku para pedir ayuda.
Lo que si supo, fueron las feromonas calmantes que lo alcanzaron. Pero el olor a tierra abonada no era tranquilo, era el olor de otro Alpha y todo lo que podía pensar era en que querían quitarle a su Omega. Y había otro Alpha en su perímetro cercano.
No podía dejar que otro Alpha se quedara con su Omega. Su Omega peliverde era dulce y tierno y amable y maravilloso. Y era suyo. Era suyo desde antes de que ambos se presentarán. Era suyo porque el Omega lo acepto. Era suyo porque solo con él afloraba el olor de la grasa del Omega.
Izuku era suyo y de nadie más, no importa lo que tuviera que hacer para dejar eso en claro a quien sea.
Dejo de oler la tierra abonada por un olor a quemado, estaba superando a ese inútil Alpha con sus feromonas. Él era el Alpha más fuerte y su olor lo estaba demostrando. Nadie lo iba a superar.
-¡KATSUKI!
Dentro de todo el fuego y humo que lo rodeaba, una lluvia torrencial llegaba a inundarlo. Dejando a su paso el nuevo amanecer de jazmines en flor.
Izuku~
Su visión paso de ser solo rojo a un verde bosque, el verde que él amaba, el verde del cual era dueño.
-Mio.
Ignoro la tierra abonada, el café recién tostado, incluso ignoro la canela ahumada y se centro únicamente en los jazmines que lo llamaban.
Eran feromonas de llamado Omega. Izuku nunca había olido así de delicioso antes. ¿Porque nunca lo había hecho? Ni su alegría o incluso su grasa olía tan maravillosamente como ese llamado.
Y lo entendió. Era el momento. Su Omega lo llamaba tan desesperadamente porque quería ser mordido, reclamado, montado y criado por su Alpha elegido. Por él.
Y él también deseaba todo eso. El bosque de jazmines se llenó de caramelo tostado. Le diría a su pequeño y adorable Omega que también estaba listo. En unos momentos serían uno solo para siempre. Él era su Alpha y sería bueno con su Omega. Lo mantendrá a salvo y caliente con su nudo, hermosamente embarazado y tan contento de haber escogido al más perfecto Alpha de todos.
Casi podía saborear los jazmines amentolados deo L fuertes que eran las feromonas. Solo un poco más...
