Snifeando: Verbo mal adaptado al español, significa que sorbio los mocos.*
Izuku estaba nervioso, jugueteando con la argolla de su collar.
Había pasado unos días desde que Katsuki le había mandado su collar. Había recuperado su olor a jazmines, que ahora se mezclaba maravillosamente con la dulce canela ahumada de Katsuki gracias al collar. Nadie le pregunto por el collar, la mayoría asumió muchas cosas. No era trabajo de Izuku verificar o negar dichos pensamientos de los demás.
Pero ahora, Mitsuki lo había ido a buscar a su trabajo, diciéndole que al fin, Katsuki quería verlo. Está demás decir que salió corriendo en dirección de la casa Bakugou. Y en esos momentos se encontraba en la sala, esperando que su amado Alpha saliera por el pasillo.
-¿Izuku?
El corazón del Omega casi se parte al escuchar el susurro vacilante de Katsuki, el cual, aún no salia del pasillo. El pecoso se levantó de golpe y camino en dirección a la voz.
-¡No, espera ahí un momento!
Izuku se detuvo en seco, tratando de manejar todas las emociones que tenía a flor de piel.
-¿Que sucede Kacchan? ¿No querías verme? Tu madre llegó a la cabaña de medicina diciendo que al fin estabas listo para verme. No sabes cuánto te he extrañado Alpha.
Izuku escucho claramente el gemido frustrado de su Alpha. Estuvo a punto de volver a hablar cuando Katsuki por fin se asomo.
Fue imposible que el Omega ocultara el jadeo de sorpresa al ver a su Alpha.
Katsuki estaba usando un bozal.
En un sentido estético, era casi hermoso, hecho de barras de metal. Enmarcaba la mandíbula de Katsuki casi a la perfección, lo justo para permitirle hablar. Había una pequeña apertura justo frente a su boca. La idea de que eso fuera para comer significaba que no pensaba quitarse eso en un futuro próximo. Ese pensamiento horrorizo a Izuku.
-¿Porque estás...? ¿Quien te...?
Izuku sentía que le faltaba el aire. Camino torpemente hasta su Alpha, buscando su mirada. Encontró los ojos rojos llenos de remordimiento y culpa.
-Nadie me esta obligando 'Zuzu. Yo lo decidí hacer y usar.
El Omega podía sentir sus lágrimas correr libremente por sus mejias. Una de sus manos tocó el maldito bozal a la altura de la mejia, tocando el frío metal en lugar de la cálida piel de su Alpha. Lo odio al instante.
-Estuvo mal lo que hice. Cause pánico y tal vez rompí la confianza con Eijiro. Pero realmente estuve cerca de morderte. -Izuku quería interrumpirlo, decirle que nada de eso importaba, era un tropiezo que a cualquiera podía pasarle. Pero su Alpha al fin le estaba explicando, sabía que sí le cortaba, ya no tendría valor para seguir hablando y la verdad es que el pecoso quería entender.
-No solo lo se porque mis padres me contaron lo que paso, lo sé porque lo recuerdo. Los pensamientos de reclamarte. El deseo de morderte y hacerte mio. No quiero hacerlo de esa manera. -Katsuki comenzó a secar las lágrimas de Izuku, que caían silenciosamente mientras hablaba. -No tengo garantía de que eso no vuelva a pasar, no hasta que realmente te haga mio. Por eso, solo un poco más de tiempo, hice ambas cosas, para protegernos de mi mismo.
Metiendo su mano en su bolso de caza, el rubio saco una pequeña llave. Se veía diminuta en la palma del Alpha.
-Esta es la llave de mi bozal y quiero que la tengas tu Izuku. Llévala en tu collar. Así serás tú el que decida cuando quiere mi mordida.
Snifeando, Izuku se quitó el collar y tomo la llave, ahora sabía para que era su argolla. Sostuvo en sus manos el hermoso collar que combinaba con la llave, su Alpha había pensado en todo.
Katsuki siempre pensaba en todo. Era metódico, dedicado y muy perfeccionista con todo en su vida. Incluso en la manera de escoger un Omega y como quería la vida con ese Omega. Izuku levanto la mirada, la determinación rugiendo en todo su ser.
-Escuchame Katsuki, estoy listo para ser tuyo desde el momento que desperté de mi primer celo y mi cuerpo anhelaba un Alpha, te anhelaba. Eres tu, Alpha, quien me a puesto límites y tiempo de espera. Tu último paso es nuestra cabaña. Así que tengo una condición para volver a usar este collar y no solo quitarte ese bozal y exigirte un nudo ahora mismo.
El rubio se estremeció visiblemente. A veces olvidaba que su Omega era una pequeña fiera. Cuánto adoraba a este ser frente suyo.
-Trabajaras todo el tiempo que puedas en nuestra cabaña. No me importa si tengo que cazar yo mismo para suplantarte. Vas a terminar nuestra cabaña lo más rápido que puedas y te juro por Dios Lobo que en el momento que des el último martillazo, voy a quitarnos estás cosas.
A pesar del semblante sombrío que tenía su Omega, Katsuki no pudo suprimir la risa que soltó. Todos veían a Izuku como un pequeño Omega angelical. Solo él podía ver este lado de Izuku. No por primera vez pensó que Izuku fue creado perfectamente para él.
Tomo el collar de las manos de Izuku y se lo volvió a colocar en su cuello, pasando ligeramente sus muñecas sobre el para volver a perfumarlo.
-Yo también espero ese día con ansias 'Zuzu. Voy a poner todo mi empeño y tiempo en nuestra cabaña. Te lo juro, mi Omega.
Fiel a su palabra, Katsuki redobló los esfuerzos para trabajar en la cabaña, exceptuando cuando fue a hablar con Eijiro. Le pidió a Izuku compañía, pero fue innecesaria, el Alpha pelirrojo ni lo dejo saludar cuando se le tiró encima en un gran abrazo de oso, exclamando al mundo que extrañaba a su mejor amigo. Para luego llorar lo más masculinamente que podía al ver el bozal.
El bozal de Katsuki si fue un tema en toda la aldea.
En los días siguientes, la pareja escuchaba todo tipo de murmullos en contra del Alpha. Era humillante usar un bozal. Pensaban que Izuku lo obligó a usarlo, a pesar de que el peliverde era el que ayudaba a su dulce Alpha a comer y beber. Práctica que dejaron de hacer en la fogata por las contantes miradas que recibían.
Izuku trato de ayudar en la construcción, pero Katsuki se negó rotundamente a qué su Omega hiciera cualquier trabajo pesado, por lo que se tomó muy enserio el trabajo de cocinar para ambos. Mitsuki, en un acto de ayuda, cazaba también para ellos. Izuku hacia maravillas con esa carne, era su forma de alentar a seguir a Katsuki.
Un pedazo del corazón del peliverde se rompía cada vez que tenía ganas de besos, y veía el atroz bozal en la cara de Katsuki. Le incomodaba al acurrucarse en el cuello de su Alpha. Incluso, se podía ver una pequeña capa de barba en su mentón, declarando el tiempo que Katsuki había usado el bozal.
El consuelo de Izuku era que cada día estaba más cerca de estar terminada su cabaña, su hogar.
