Izuku no puede recordar un momento de su vida en que no haya sido consciente de la existencia de Katsuki. Era muy probable que una parte de su cerebro sea dedicado exclusivamente a Katsuki y todo lo que tiene que ver con él.

Siempre supo que su vida estaría ligada a la del rubio, solo que de cachorros no pensaba cómo, solo era una certeza en su alma. No sabe en qué momento se enamoro del rubio, pero debió ser antes incluso de poder comprender ese concepto.

Luego se presentaron y pasaron por sus primeros celos e Izuku descubrió lo que era el deseo puro. La necesidad del calor de un cuerpo ajeno. El anhelo del toque humano. El deseo de sentirse lleno.

Y eso solo creció a la par suya. Su conocimiento en medicina crecía a la par del saber que caricias encendían su cuerpo. Su cuerpo se llenaba de curvas saludables a la par de conocer cuando necesitaba contacto íntimo.

Y lo mejor de todo, es que todo esto fue de la mano de su Alpha. Suaves e íntimas caricias entre los dos, sin prisas en explotar, solo queriendo dar y recibir consuelo.

Pero Izuku llevaba dos meses sin poder disfrutar de esos toques por el estúpido bozal que su Alpha habia insistió en usar. Ese día estaba particularmente de muy mal humor. Había visto a Hitoshi despedirse dulcemente de Denki antes de que el rubio acompañará a Katsuki a dar los últimos retoques en las puertas. Se habían besado. Lento, despacio, disfrutando del sabor del otro y dejando un recuerdo que se dilataba hasta cuando se volvieran a ver.

En cambio él había recibido un suave choque de frente, una caricia de muñeca en su collar y habia visto a su Alpha alejarse.

Sabía que desprendía un olor a menta amarga, pero es que realmente estaba frustrado. Extrañaba a su Alpha y estaba cansado sobre las acusaciones del uso del bozal.

Quería a Katsuki de vuelta y por Dios Lobo, lo iba a tener. Hoy.

Ya.

Aún faltaban unas horas para el ocaso, que era cuando se reunía con Katsuki, pero ya no quería esperar más.

Su Alpha había decidido hacer su cabaña justo en medio de las cabañas de sus padres. Para tener acceso a ambas familias por igual. Solo que un poquito lejos de las ya construidas, para una pequeña sensación de privacidad. Izuku amaba a Katsuki por detalles tan cuidadosos como esos.

Su cabaña se veía muy bien, aunque aún se veía estéril sin muebles o plantas de decoracion en el rellano. Sabía que hoy debían poner las puertas internas, las que dan acceso a los diferentes cuartos, incluyendo a su futura bodega de medicamentos.

En sentidos muy prácticos y técnicos, la cabaña ya estaba terminada.

Su corazón se llenó de satisfacción al cruzar el umbral principal de la cabaña y solo olía a su Alpha en ella, Denki ya no estaba. Mejor para Izuku.

Con pasos decididos, fue hasta la fuente del olor de su Alpha, encontrandolo en su futura habitación. Su hermoso Alpha estaba trabajando en la ventana, un pequeño capricho del propio Izuku.

El Omega se acercó a la pieles en el suelo. Eran las antiguas pieles que habian estado en su amada cueva. Tenían sus olores de años, merecían estar en su recámara. Al llegar comenzó a ronronear muy fuerte.

El pobre Alpha rubio dió un brinco al escuchar dicho ronroneó, encontrando a su Omega en las pieles. Sin decir nada se dirigió al encuentro con Izuku, respondiendo con su propio arrullo.

Pero en un parpadeo, Katsuki se encontraba tirado sobre su espalda con el regazo lleno de Omega peliverde oliendo a menta amarga. Esmeralda se clavo en rubí mientras Izuku se quitaba el collar.

-Ya levantaste todas las paredes. Aseguraste el techo. Colocaste puertas y ventanas. La cabaña está jodidamente terminda.

Katsuki sonrió de lado, rindiendose ante la lógica aplastante de Izuku. Levanto la cabeza para que le quitarán su bozal, el cual, fue tirado con odio hacia el pasillo, lejos de su vista.

Por desgracia, Katsuki no pudo reírse como quería. Su boca estaba siendo besada profundamente. Las manos de Izuku tenían sujeta los lados de su cabeza para moverla a su gusto en su ataque. Sentía la lengua recorrer desde sus dientes hasta casi su garganta, los dientes del pecoso mordiendo todo a su alcance.

Era el mejor beso que había recibido.

Lucho por aire cuando fue arrancado de la boca de su Omega, solo para llenarse del delicioso aroma de jazmines mentolados, proveniente del cuello del pecoso, dónde estaba siendo presionada su boca.

-Muerdeme. Y juro por Dios Lobo Katsuki, te arranco las pelotas si no me muerdes en 5 segundos.

Está vez si pudo reírse libremente mientras manipulaba a su temperamental Omega hasta invertir los lugares. Pero nada le impidió lamer su glándula, llenadose la boca del rico sabor.

-Si me dejas hacer esto como he planeado toda nuestra vida, vas a terminar el día con una mordida y un orgasmo, mi 'Zuzu.

Eso llamo la atención del pecoso, lo suficiente para quitarle los pensamientos de desmembramiento de pelotas.

Manteniendo su sonrisa petulante, Katsuki se quitó la camisa que había usado para el trabajo y después despojo de la misma prenda a su Omega, quitando incluso la pequeña camisa que usaba para ocultar sus pequeños pechos.

Katsuki los había visto miles de veces. También los había probado. Poner su boca sobre uno mientras el otro era atendidos por sus dedos era un baile que se sabía de memoria pero jamás podría aburrirlo. Izuku solía soltar melodiosos gemidos, que aumentaban de volumen e intensidad a la par del olor a su grasa.

Katsuki alterno de atender con su boca hasta que ambos pezones estuvieron duros y rojos cuáles deliciosas cerezas, teniendo cuidado de no raspar la piel pecosa con su barba. Tenía que poner en marcha el evento principal.

Dejando besos en el abdomen pecoso, bajo los pantalones de Izuku. Luego su ropa interior que estaba empapada. El impulso de lamer la tela mojada era fuerte, pero si probaba solo un poco de esa grasa, nada lo separaría del tierno coño y su boca tenía que estar en otro lugar.

Acomodandose sobre Izuku, usando una mano de soporte, llevo la otra al húmedo coño, dejando caer una lluvia de suaves caricias. Su boca flotaba sobre la oreja derecha de Izuku.

-Ahora, se un buen Omega para tu Alpha y gime mi nombre, de esa manera que sabes que me gusta.

Y con el primer gemido, Katsuki dejo las burlas. Coordinando su mano y su boca, comenzó a prodigar de caricias. Su boca estaba encima de la glándula de Izuku, lamiendo y chupando, dejando leves moretones, pero sobre todo, buscando estimular a su Omega en dos puntos erógenos e íntimos, que solo Katsuki había tocado. Y solo el tocaría.

Por su parte, Izuku estaba en el cielo. Los dedos de su Alpha no le eran ajenos. Lo nuevo era la boca pegada a su glándula, junto a las caricias rasposas sobre su piel hechas por su barba. Eso le estaba enseñando un nuevo mundo de placer. No solo eran las ráfagas de placer que parecían viajar directamente a su vagina, si no que le despertaba aún más la desesperación y el deseo de ser mordido. Algo en el hecho de que su Alpha estuviera jugando con su glándula le hacía sentir la necesidad de ser bueno para su Alpha, ser lo que sea que Alpha quiera que sea.

Por lo que lucho por gemir el nombre de Katsuki, necesitaba complacer a su Alpha mas de lo que necesitaba un orgasmo. Después de un par de intentos, fue recompensado con el gruñido de satisfacción de Katsuki, el cual, ya tenía chapoteando en su vagina tres dedos y su pulgar atormentando su clítoris.

Izuku sabía que estaba cerca. Había extrañado esto en el tiempo del bozal. Más que el placer, sentirse cercano a su Alpha, sentir que eran del otro. Su Alpha estaba adorando cada parte que lo convertía en Omega, completamente enfocado en hacer que se corriera.

Izuku sintió que explotó de amor.

-¡Kachaaaan!

Esa era la señal que esperaba Katsuki, había llevado a su Omega al placer. Demostró que es capaz de atenderlo en todos los sentidos. Comida, vivienda y placer. Ahora sí era el mejor Alpha para unirse a Izuku.

Katsuki mordió fuerte la glándula de Izuku. El pobre Omega sintió como si se hubiera corrido otra vez, atrapado en un vórtice de placer y satisfacción. La idea de ser uno al fin con su Alpha mantenía tenso de placer su cuerpo. La calidez que recorría su cuerpo desde el cuello, dónde su Alpha estaba dejando su veneno de apareamiento, era embriagante.

Katsuki mantuvo la mandíbula cerrada hasta que su pequeño Omega se dejó de mover y termino de relajar el cuerpo. Despacio saco los colmillos, lamiendo la herida para limpiarla de sangre. Se levantó sobre el cuerpo de Izuku y en Omega le regaló la mejor vista. Su cuerpo sonrojado, con una mirada de satisfacción y la mordida brillando en su cuello. Katsuki bien podría haberse corrido solo con esa imagen.

-¿'Zuzu? ¿Puedes hacer algo por mi? -Con pereza, Izuku vio con duda a su Alpha. -Quiero que me muerdas también.

Las mordidas de Omegas a sus Alphas eran complicadas, ya que los colmillos Omegas no tenían veneno, por lo que era casi una simple mordida. El Omega debía morder muy fuerte para lograr dejar una cicatriz en la glándula. Dolorosa y difícil de curar, por lo que Izuku sabía. Toshinori era de los pocos Alphas que conocía que tenían una mordida Omega e Izuku aún recuerda las semanas que Toshinori paso con un vendaje.

Katsuki podía ver la duda e incertidumbre en los ojos verdes, pero deseaba pertenecer a Izuku tanto como el Omega le pertenecía ahora.

-Por favor 'Zuzu. Muerdeme de vuelta.

El pecoso admiro el cuello del rubio. Recordó como en la noche que se presentó, deseo ver ese cuello con su mordida. Se levantó, con más determinación de la que sentía y fue directo al cuello del rubio, mordiendo ferozmente.

Katsuki aulló de dolor, pero retuvo la cabecita verde contra su cuello, sabiendo lo importante de que se forme bien la herida. No en vano estuvo una tarde completa hablando con Toshinori sobre su marca. Solo que el viejo Alpha no le dijo que dolería como si lo fueran a decapitar.

Al menos terminaría el día con la pareja debidamente marcada por el otro.