El recorrido por las calles se hacía eterno a medida que el auto avanzaba. El sol ya pintaba de naranja el cielo anunciando el final del día y Sukuna se encontraba asqueado de estar sentado en la parte trasera del auto esperando que el embotellamiento repentino se disolviese.
—P-perdón, Ryomen-Sama.— le dijo con nerviosismo el conductor —La vigilancia dijo que estaba despejado.
Un segundo después la radio sonó anunciando un arrepentido choque de un camión de helados contra un auto que cruzó en rojo, esto provocó una serie de choques continuos de 5 autos.
Un chasquido fastidiado abandonó la boca de Sukuna mientras veía más y más carros llegar detrás de ellos impidiendo de alguna manera que pudiera hacer retorno.
Sin mediar palabras habrío la puerta del auto dispuesta a marcharse.
—¿Señor? N-no es recomendable que ande por ahí usted solo.— el confundido conductor quiso detenerlo pero una mirada dura bastó para hacerlo callar.
Empezó a caminar entre los autos hasta llegar a la acera. Logró escuchar algunos murmullos a su alrededor, algunas personas lo veían de reojo y apartaban por completa la mirada cuando se encontraban con esos ojos fríos y vacíos.
Estaba arto. Arto de sus estúpidos subordinados, arto del papeleo, de las peleas, de la vida en general. Ser jefe de una mafia Yakuza era realmente agotador, la vida era demasiado tediosa.
Estaba aburrido.
Terminó de recorrer las calles hasta llegar al puente que divide las ciudades. Allí el sol hacía brillar el agua y era tan resplandeciente que cegaba, pero lo que más le llamó la atención fue el chico de cabellos azabaches que estaba sentado contemplando el atardecer bajo el puente.
Lo más inusual fue que el asiento de aquel chico estaba hecho de los cuerpos de un grupo de maleantes tatuados. Una pandilla rival que Sukuna reconoció, a penas unos aprendices.
La brisa movía su cabellera negra y el sol bañaba de dorado su piel. Se veía imponente y hermoso. La curiosidad por él nació en Sukuna, pero antes de que pudiera acercarse el chico volteó revelando sus brillantes ojos olivos y su expresión seria.
—¿Qué?.— la hermosa voz arrullo sus sentidos —¿Vienes por una paliza tu también?
Una gran sonrisa surcó el rostro de Sukuna, se sintió retado y le gustó.
—Señor Ryomen, logramos salir del embotellamiento. Acompañenos por favor.— y ahí estaban, dos de sus guardaespaldas listos para limpiar sus zapatos con la lengua si él lo pidiese.
Le dio un último vistazo al chico y este le devolvió la mirada con altanería y sin miedo.
«Qué interesante», pensó .
—Señor Ryomen.— era la quinta vez que Uraume le hablaba a su jefe y este seguía sin prestar real atención —Por favor le pido que se concentre. Esto es importante, los Kamo están invadiendo nuestro territorio.
Sukuna le dirigió una mirada aburrida para luego hechar la cabeza hacia atrás con cansancio.
—Quiero que investigues quién era ese chico.— le dijo mientras cerraba los ojos rememorandolo una vez más
—¿Cuál chico, Señor?.— Uraume ya estaba más que lista para acatar órdenes
—El precioso azabache del puente.— le dijo mientras recordaba los profundos y brillantes ojos verdes, le recordaban a los de un lobo a punto de saltar a la yugular —Uraume, creo que me he enamorado.
La cara de su subordinada era de total desconcierto ante tales declaraciones. Ciertamente había alcanzado a ver al joven cuando fue en búsqueda de su amo y su belleza era innegable pero eso a que su jefe se fuera a enamorar a primera vista era simplemente ridículo.
Por supuesto no lo diría en voz alta, deseaba conservar su lengua.
—Encárgate de encontrarlo.— y órdenes eran órdenes por lo que Uraume ni lenta ni perezosa comenzó su tarea.
Y ese fue el primer encargo que su subordinada no pudo cumplir. Ya había pasado más de un mes y ni siquiera había conseguido el nombre de aquel individuo.
La paciencia de Sukuna se agotaba cada vez que le preguntaba por su "encargo" aunque más que un encargo parecía un capricho, uno del que decidió encargarse él mismo.
Y así se aventuró a caminar sobre aquel puente donde fue su primer encuentro. Bajo este había un par de chicos fumando así que con toda la buena intención se acercó a ellos.
—Hey, basuras.— exclamó el yakuza —¿No han visto por aquí a un chico de ojos verdes y cabellos negros? Parece un erizo.— fue la descripción
Los chicos se voltearon dispuestos a comenzar una disputa hasta que vieron el rostro delineado con negros tatuajes del hombre que les hablaba.
En ese momento el cigarrillo se les cayó de las manos mientras hacían una torpe reverencia.
—N-no Señor.— dijo uno —No conocemos a nadie con esa descripción.
—Cómo qué no, si el otro día vi como les daba una paliza.— bramó Sukuna
—Oh...— susurró el chico restante — Habla del lobo solitario.
La alegría les recorrió las venas pensando en que al fin la yakuza le daría una lección al chico que no los dejaba hacer sus maleantadas en paz.
—¿Lobo solitario?.— preguntó Sukuna con algo de ironía, después de todo el mismo lo había comparado con un lobo antes —¿Cuál es su nombre?
—No lo sabemos. Raras veces es visto por aquí, dicen que es de la ciudad vecina.— respondió uno
—Sí. Se dice que la primera vez que anduvo por aquí un grupo de delincuentes lo quisieron asaltar y los apaleo a todos.— respondió el otro —Desde entonces lo empezaron a buscar para darle una lección pero las pocas veces que apareció terminó derrotando a cualquiera que se le quizo hacer frente.
Sukuna se llevó dos dedos a la barbilla mientras pensaba en la información que su estúpido subordinado no había podido obtener.
«Con que lobo solitario, eh» que ganas tenía de jugar al cazador...
—Por favor, hermano...— hablaba Yuji mientras estampaba ambas manos sobre el escritorio de Sukuna —Es la final, tienes que ir a verme jugar.
Con pesadez el susodicho levantó la vista de los documentos para prestar atención a su hermano menor.
—No puedo, si me apareciera por ahí seguramente cancelarían el partido porque la jodida Yakuza decidió interrumpir.— ya se lo había explicado muchas veces. El hecho de que Yuji llevara una vida relativamente normal no significaba que él también pudiera andar por ahí a sus anchas.
—Lo prometiste.— reprochó molesto —Además quiero que conozcas a alguien.
—No gracias, no me gustan los mocosos malcriados.— le dijo mientras volvía a su trabajo —Pero puedes llevarlo a la finca cuando ganen, pediré que les preparen un banquete.
—¿Tú estarás presente?
—Por supuesto.— le dijo mientras bajaba sus gafas —Ya, largo.
Yuji se dio la vuelta y cuando estuvo a punto de cruzar la puerta la voz de su hermano lo detuvo.
—Buena suerte.— y eso fue todo lo que Yuji necesitó para que sus ánimos subieran.
Sukuna lo vio partir con gran confianza en si mismo y se sintió orgulloso de él. Que al menos uno de los dos llevara una vida normal lo hacía feliz.
Un día el padre de ambos llegó a casa del abuelo y ambos chicos palidecieron al verlo ya que lo creían muerto. Y ojala realmente lo hubiera estado ya que no llevaba las mejores intenciones.
Al parecer la Familia le estaba exigiendo a uno de sus dos hijos, un heredero quien asumiera la responsabilidad cuando él muriese.
Al ser Sukuna cinco años mayor que Yuji decidió que sería él quien se haría cargo y procuró dejar a su hermano fuera de todos esos líos, eso pasó cuando a penas tenía 16 y Yuji 11, pasaron solamente 3 años para que su padre muriera y el asumiera el poder.
Bueno... Tal vez él le había un empujóncito para que la muerte le llegara más rápido pero sinceramente había llegado a detestar a su propio padre. Las injustas muerte que ocasionaba y el terror que vivía la ciudad era demasiado.
Sukuna no quería eso. Ciertamente no era una blanca paloma pero tampoco hiba por la calle sacándole los ojos a las personas o saqueando negocios por mero capricho.
Ahora a sus 26 años era respetado y no simplemente por llevar el título de jefe sino porque había ganado esa confianza y respeto de toda la familia.
"Habla" fue lo primero que dijo al contestar la llamada
"Tenemos muy malas noticias, Señor"
"Los Kamo interrumpieron el partido de su hermano"
"Se lo llevaron"
Al escuchar aquello su mundo se paralizó. Su pequeño hermano había sido raptado y no solo eso sino que interrumpieron su partido más importante.
"Haz que rodeen su territorio por completo, les daremos una paliza"
Sin esperar respuesta, colgó.
Mentiría si dijera que no estaba asustado, claro que lo estaba, pero era momento de pensar con la cabeza fría. Iría allá y traería de vuelta a Yuji sin importar el costo.
Había recorrido ya más de siete habitaciones, pasillo tras pasillo y no lograba encontrarlo.
Sus subordinados estaban luchando afuera y de alguna manera le habían abierto paso dentro de la finca Kamo. Es así como ahora se encontraba destripando la cabeza de un tipo contra el suelo.
Un revuelo lejano lo llevó hasta lo que parecía ser un sótano descuidado, húmedo y maloliente. Allí pudo ver la máxima expresión de belleza, cuando el chico de sus sueños le daba en la cabeza a un tipo con un tubo de metal.
—Ohh pero si es el famoso Lobito.— canturreó con gozo mientras paseaba sus ojos por el salón —Parece que disfrutas golpear personas.
Llevaba puesto un traje de béisbol, bastante sucio y con algunos cortes. Al parecer el también había sido arrastrado hasta allí.
Se sorprendió cuando el azabache se le fue encima para darle también con el tubo.
«Es rápido» pensó cuando a penas lo pudo esquivar.
—Woah, tranquilo chico.— le dijo con una sonrisa socarrona —Este príncipe solo a venido a salvarte.
Pero el lobo parecía hacer caso omiso a sus palabras. Simplemente seguía tratando de asestar golpes sin éxito alguno y Sukuna pudo ver su desesperación.
Su bello rostro estaba golpeado. Un fino corte rozaba su mejilla y el uniforme estaba pintado de sangre que se empezaba a oxidar.
En un rápido movimiento lo tomó de la muñeca para estamparlo sin tanta fuerza en la pared.
—¿No me escuchaste?.— le dijo acercando el rostro —Vine a salvarte, princesa. Así que deja esos pobres intentos de querer golpearme y dime a dónde se llevaron a mi hermano.
Lo vio abrir sus bellos ojos olivo con sorpresa a la vez que se pegaba más a la pared.
—Eres el tipo de la otra vez.— Oh, entonces si lo recordaba, pensó —Bajo este sótano hay un piso más, se lo llevaron ahí.
—Qué chico tan listo eres, me gusta que te fijes en esos detalles importantes.— no hiba a perder tiempo para ligarselo —Iré por mi hermano y luego vendré por ti sí, esperame.
Lo vio fruncir el seño mientras trataba de soltar el agarré que ejercía en sus muñecas.
—Iré contigo.— declaró con convicción
Es así como ambos se encaminaron hasta el último piso. Se encontraron con algunos hombres a los que derrotaron sin problema.
Para Sukuna ambos hacían un magnífico equipo, para Megumi el hermano de su amigo era un magnífico acosador.
Cuando llegaron al lugar de destino encontraron a Yuji dándole una paliza a un tipo de con la cara remendada. Sukuna sintió orgullo, Megumi sintió alivio.
—¿Oh, entonces este es el amigo que me querías presentar?.— preguntó Sukuna con una dulce sonrisa
—Estas muy cerca, aléjate.— reprochó el azabache
Sukuna estaba a centímetros de su cara. Desde que lo encontró se le había pegado como chicle y no importaba lo que Megumi dijera este no se apartaba.
—¿Y dime, porqué te llaman Lobo Solitario? .— preguntó con curiosidad
—Oh, sobre eso...— fue Yuji quién respondió tratando de recuperar el espacio personal de su amigo —Son nuestros nombres de equipo, yo soy El Tigre de Sugisawa.
—Patético.— le dijo sin prestarle mucha atención a él
—Y a mí me llaman lobo solitario por una razón muy específica— esta vez fue el turno de Megumi para hablar —, eso es porque me gusta estar SOLO.
Por cada palabra que decía daba un paso al frente hasta lograr encarar a Sukuna.
—A tí te queda bien, lobito.— fue la respuesta socarrona del otro.
—No llames así, tengo un nombre...
—Entonces dímelo, me deleitare llamándote.— a este punto Yuji había salido de la habitación, demasiada tensión para soportar.
La plática fue interrumpida por Urame quién entró con el rostro lleno de pánico por la puerta ya abierta.
—Señor, los Zenín llamaron. Dicen que si no soltamos al heredero nos declararán guerra.
El rostro de Sukuna se volvió en total desconcierto.
«¿Heredero? No tenían a ningún heredero con ellos.»
—Megumi...— escuchó la voz del chico detrás de él, casi lo había olvidado. Se volteó para verlo y le pareció verlo sonreír por primera vez. Una sonrisa retorcida y burlona — Megumi Zenin , mucho gusto.
¿¿Qué??
FIN
