Las Villanas de Saint Michael's

Capítulo 13 – En la Enfermería

Enfermería de Saint Michael's

Unos minutos más tarde de que Eiko colapsara en el salón de clases, nos las arreglamos con ayuda de la maestra para traerla hasta la enfermería donde ahora descansa. No ha reaccionado desde que se desmayó.

– Eiko-san…

Ninguna de las tres (Ikue, Sakura y yo) podemos evitar sentirnos apenadas al ver a nuestra siempre tan animada y energética amiga de esta manera.

Con la piel hirviendo, un pañuelo de agua helada en la frente y un termómetro en la boca.

Ikue se encuentra al lado derecho de ella, con los ojos llorosos aunque manteniéndose fuerte por ella. No ha soltado su mano desde que llegó.

Sakura se acerca a tomar el pañuelo de su frente y dice.

– Ya se volvió a calentar, iré a ponerle más agua fría para ella.

– Gracias, Sakura.

Sakura toma el pañuelo y va a mojarlo con más agua helada, cuando entonces entra la enfermera en turno.

– Muy buenos días, linduras. Vienen del anexo de secundaria ¿Cierto?

– Así es... ¿Uh? ¡¿Eh?!

Cuando entra, me quedo con la boca abierta, y no por sólo por su enorme delantera (que sí impresiona a mis amigas), sino porque en cuanto entra, la reconozco de inmediato.

Una enfermera de ojos azules de unos 26 años de edad, de larga cabellera color morada, alta, con zapatillas blancas y… ¿Cómo decirlo? La delantera más grande que haya visto desde que aterricé en el mundo de los pétalos, vistiendo un elegante y limpio uniforme color rosa característico de una enfermera.

Ella es una de las protagonistas de los juegos de las ángeles, un spin-off de la saga principal enfocado en estudiantes universitarias del anexo de enfermería de Saint Michael's, la cual se caracteriza por ser la única en tener como protagonistas a estudiantes en su etapa de universidad. Ella es la interés amoroso del primer juego de las ángeles, Takao Chiaki-sensei.

Ignorando con una sonrisa mi sorpresa, Chiaki va con nosotras y comienza a revisar a Eiko quien continua recostada en su cama.

– Bien, veamos que tenemos aquí.

Mientras lo hace, no puedo evitar quedármela viendo un buen rato, sorprendida de encontrármela aquí en la enfermería del campus. Usualmente ella siempre anda ya sea en el hospital de Saint Michael's dando clases o atendiendo pacientes, o en su departamento a solo unos pasos del hospital que comparte con su novia y alumna, Ringo (la protagonista del primer juego de las ángeles).

Es aún más bella de lo que siempre imagine en persona y su sonrisa es tan angelical que… ahora entiendo porque todas sus alumnas siempre caen rendidas por ella, aún cuando ella solo tiene ojos para Ringo.

Estoy tan perdida observándola, que no noto la mirada llena de celos que me lanza Sakura.

Ya que termina de revisar a Eiko, toma el termómetro de la boca para ver su temperatura. Y al verla.

– 38.8, no cabe duda que tiene una fiebre muy fuerte. Debió haber venido cuanto antes.

– Ella… se pondrá bien ¿Verdad?

– Claro que sí, pequeña – le dice a Ikue con una sonrisa acariciando su cabellera pelirroja para tranquilizarla – sólo que le tomará algo de tiempo y mucho descanso para recuperarse.

Toma el pañuelo helado que trae Sakura con ella y lo pone con cuidado en la frente de Eiko.

– Ahora estamos en verano. No es tan común que a las chicas les de una fiebre tan alta como esta en estas épocas del año ¿Saben si Eiko ha enfrentado algún cambio de temperatura extremo últimamente?

– Bueno…

Ikue comienza hablar.


Flashback – Hace un par de días

Ikue POV

El otro día cuando salimos del colegio estaba lloviendo y Eiko como siempre había olvidado su paraguas.

– ¡¿Eh?! ¿Cómo que olvidaste tu paraguas? ¿No recuerdas que ayer te dije que llovería todo el día?

– Lo lamento, jaja, lo tenía listo desde anoche, pero ya sabes lo olvidadiza que puedo ser por las mañanas, jaja.

– Cielos, tú.

– Descuida, no tienes que preocuparte por mí. Sólo esperaré a que baje un poco la lluvia y entonces iré a mi casa. Puedes adelantarte si quieres.

– Eiko-chan…

Abro mi paraguas y se lo ofrezco a Eiko diciéndole.

– Eres una tonta. Ya sabes que puedes compartir mi paraguas conmigo… si quieres.

– Ikue – sonríe – sabía que siempre puedo contar contigo.

– Muoh, igual trata de ser más responsable y trae tu sombrilla la próxima vez.

– Jaja.

De esa manera salimos de la escuela y caminamos de regreso a casa, juntas y bajo la misma sombrilla sobre la calle.

En el camino a casa platicamos, o al menos es Eiko la que platica mientras yo sólo me limito a escucharla, fascinada por la energía y ánimos con los que siempre platica. En verdad, me hace muy feliz verla y escucharla hablar de esa manera.

Pero en eso, estaba tan distraída viéndola y escuchándola, que no me di cuenta cuando un gran camión iba a pasar justo junto a nosotras.

Y lo peor de todo, es que estábamos pasando justo junto a un gran charco de agua.

– ¡Ikue, Cuidado!

– ¿Uh? ¡Kyaaaaaaa!

Cuando pasa el camión sobre el charco de agua, termina generando una gran cascada que cae sobre nosotras, la cual me habría empapado por completo de no ser porque Eiko (quien sí había logrado ver el camión a tiempo) se puso en mi camino y me cubrió a tiempo para que el camión no me mojara, sólo que al hacerlo…

– Ikue ¿Estás bien?

– Eiko… pero qué…

Había usado su propio cuerpo para cubrirme y ahora estaba completamente empapada de pies a cabeza.

– Que alivio – suspira toda mojada – por un segundo pensé que ese idiota camionero hijo de $ también te mojaría, me alegra ver que estés bien.

– Eiko… ¡Idiota! – le grito golpeándola.

– ¡¿Eh?! – sorprendida por mi reacción.

– ¡¿Por qué rayos hiciste eso?! ¿No podías simplemente movernos de lugar o haber tomado mi paraguas para cubrirnos? Mírate cómo acabaste.

Le digo viéndola totalmente mojada desde los pies hasta la cabeza.

– Ah, bueno pues… supongo que quizás tienes razón, jaja.

– Baka ¿Por qué siempre tienes que actuar sin antes pensar las cosas?

– Lo lamento, es sólo que yo… en verdad quería protegerte, Ikue.

– Eiko-san – conmovida, sonrojada y quizás algo más.

– Descuida, no pasa nada, ya sabes que yo nunca me enfermo, jaja – responde con una sonrisa – tan pronto como llegue a casa, te prometo me daré un buen baño caliente para evitar cualquier cosa ¿De acuerdo?

– Eiko… en verdad deberías pensar mejor las cosas antes de actuar.


De vuelta en la enfermería

Kurara POV

– Después de dejarla en su casa, supuse que un baño bastaría para que se sintiera mejor, pero ahora veo que no fue así.

– Ikue…

Ikue termina su historia con un pequeño nudo en la garganta, aunque aún se mantiene fuerte para no llorar.

– Ya veo, conque eso fue lo que pasó ¿Eh? – dice Chiaki con una sonrisa – descuida, no tienes porque preocuparte que Eiko estará bien, después de todo dices que es una chica bastante fuerte ¿no es así?

– Sí, así es.

– Muy bien. Ahora lo mejor será que la dejemos descansar todo lo posible para que se recupere. Mientras tanto, necesitará a alguien que la cuide y este al pendiente de ella en caso de que despierte ¿Alguna de ustedes, linduras, tendrá el número de sus padres para que puedan venir por ella?

– Sus padres ahora mismo se encuentran en un importante viaje de negocios (al igual que los míos y los de Ikue), por lo que no podrán venir por ella hasta muy tarde.

– Ya veo, eso sí que es un problema. ¿Saben si hay alguien más en casa que pueda cuidar de ella?

– No, no hay nadie más en casa. Pero sí hay alguien aquí – declara Ikue poniéndose de pie – yo cuidaré de ella. Me quedaré con ella y la cuidaré hasta que vengan por nosotras en la noche. No la dejaré sola.

– Ya veo, de alguna forma, ya imaginaba que dirías eso – dice con una sonrisa – muy bien, en ese caso, dejo a Eiko-san a tu cuidado, Ikue-san.

Dicho eso, le deja las instrucciones que necesitaría durante el día.

– Por el momento, lo más importante es que la dejes descansar y veas que se encuentre en un ambiente de paz y relajación. Cuando despierte, asegúrate de que se sienta tranquila y cambia el pañuelo de su cabeza cada media hora o cada que veas que se pone caliente.

Toma unas pastillas de su camisa de enfermera y se las entrega.

– Asegúrate de que se tome estas pastillas cuando despierte. Debe alternarlas y tomarlas cada cuatro horas por al menos tres días o hasta que se recupere. De todas maneras, si necesitaras algo, yo estaré sólo a unas salas de distancia atendiendo a otras lindas pacientes. O si no me encontraras, puedes hablar con mi asistente, la enfermera Ringo quien se encuentra en la sala de enfrente para que me busque ¿Esta claro?

– Sí, muchas gracias, enfermera Chiaki.

– No hay de que, cuento contigo, Ikue. Nos vemos más tarde.

Dicho eso la enfermera Chiaki se prepara para salir de la sala, pero antes de que pueda, intento llamarla para hablar con ella.

- Enfermera Chiaki, espera.

- Tú te quedas conmigo.

- Kyaa.

Antes de que pueda ir tras ella, Sakura me toma del cuello de mi camisa y Chiaki sale de la sala.

Ya que se ha ido, me pregunta.

- Con que te gustan las tetas grandes ¿No es así?

- ¿Eh? - pregunto sin entender lo que quiere decir.

- Pues para que lo sepas, las mías todavía están en desarrollo y confío en que crecerán en los próximos años, así que…

- Espera, observa.

Ambas volteamos a ver a Ikue, quien continua al lado de Eiko y suspira diciendo.

– Bueno, al menos es un alivio ver que sólo se trata de una fiebre.

– Así es. Por cierto, Ikue-chan, no es necesario que te quedes todo el día aquí en la enfermería, si no quieres. Si gustas podemos hacer turnos entre las tres para cuidarla.

– Seguro, no me importaría…

– Agradezco mucho su ayuda, chicas, pero no puedo aceptarla.

– ¿Uh?

– Eiko se encuentra aquí por mi culpa, fue a mí a quien salvó de que ese camión me mojara, y por salvarme ahora ella – pareciera que va a llorar, pero una vez más, su fuerza de voluntad la supera y con una mirada firme y seria, nos dice – tengo que ser yo quien la cuide hasta que vea que esta de vuelta en la salud. Sé que tengo que hacerlo, yo… quiero hacerlo. Espero por favor que lo entiendan.

– Ikue-chan…

Quiero decirle algo más, como que no es para nada su culpa que Eiko ahora este como esta, pero antes de que pueda decir algo, Sakura pone su mano sobre mi hombro y responde.

– Esta bien, Ikue-chan, lo entendemos. En ese caso, iremos a avisarle a la maestra y traeremos las mochilas de ambas para que estén aquí.

– Sí, igual vendremos a verlas durante el receso y ya que terminen las clases para que no estén solas.

– Chicas… muchas gracias, amigas.

Dicho eso nos levantamos y salimos de la sala de enfermería para regresar al salón de clases y avisarle a la maestra de lo sucedido.

Antes de salir, doy un último vistazo a la cama donde se encuentra Eiko con Ikue sentada a su lado y me doy cuenta de un pequeño detalle, que me deja pensando en todo el resto de aquella tarde.

Desde el momento en el que entramos hasta que salimos, Ikue jamás soltó la mano de Eiko.