Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es beautypie, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to beautypie. I'm only translating with their permission.


Capítulo 12

Bondad

Finalmente, el día llegó.

Fue extrañamente agridulce volver a mirar los familiares letreros de neón brillantes del Club Bluewave. Nunca había puesto un pie en la nueva sucursal principal después del golpe, pero se sintió gratamente satisfecho cuando notó que su hijo no había renunciado a nada de la antigua estética. El chico solo la había hecho más grande e imponente.

Era su hogar, de principio a fin.

A Carlisle no se le pasó desapercibido que el estacionamiento estaba muy lleno. Eso era... bueno. La mayoría de los socios respetaron su pedido de asistencia. O tal vez tenían miedo de las consecuencias si no acudían.

—Me encargaré de ello —le aseguró a su chofer una vez que llegaron a la entrada, bajándose del auto y abriendo la puerta para su acompañante.

Las puertas principales del club se abrieron antes de que la pareja diera tres pasos, y un hombre corpulento y familiar con un atuendo formal elegante salió con una expresión cautelosa en su rostro. Lo seguían otros cuatro hombres de traje.

—Bernard —Carlisle saludó con su característica sonrisa pacífica.

Atticus metió las manos en los bolsillos en los escalones de entrada, sus ojos observaron a la pareja varias veces mientras se acercaban. Sus ojos finalmente se fijaron en las bandas doradas a juego alrededor de sus dedos entrelazados.

—Hola, viejo amigo —saludó Atticus con gravedad, asintiendo una vez—. Mis felicitaciones.

Carlisle envolvió un brazo alrededor de la cintura de Tanya, presionando un beso en su sien.

—¿Y bien, cariño?

La mirada de Tanya era indescifrable mientras miraba al hombre que tenían delante. Inhaló lentamente antes de decir finalmente: «Atticus siempre ha sido leal a Edward. Sus guardias me protegieron».

—Hmm. —Los ojos de Carlisle se volvieron hacia el viejo—. Estás a salvo por ahora, supongo. Pero no pienses ni por un segundo que he olvidado tu papel en el golpe.

La mirada de Atticus se desvió hacia el suelo, casi derrotada.

—Por favor, Carlisle. Debes entender que este es un terreno neutral. Edward no está, pero yo estoy aquí para representar sus deseos de mantener las reglas en su lugar.

—¿Has olvidado que yo soy el que hizo las malditas reglas en primer lugar?

—También fuiste el primero en romperlas.

Hubo un silencio tenso después de eso, y Tanya sintió que la mano de su esposo se apretaba alrededor de la tela roja de su vestido, sus uñas clavándose ligeramente en su piel.

—Entonces es una bendición que esté aquí, ¿no crees? —dijo finalmente Carlisle, su tono bastante ligero—. Después de todo lo que ha sucedido recientemente con nuestros socios narcóticos. En este momento, creo que querrás a alguien con pelotas de tu lado si queremos mantener el control sobre ellos y Bluewave.

Atticus suspiró profundamente.

—Tu hijo comparte tu sentimiento. Y la Sra. Cullen tiene razón. Soy leal a él.

—Bien —decidió Carlisle.

Sin embargo, antes de que la pareja pudiera entrar por las puertas, uno de los guardias les bloqueó el paso.

—S-Señor —dijo el hombre de traje con nerviosismo, incapaz de mirar al imponente hombre a los ojos—. Te-Tenemos que asegurarnos de que no esté armado.

—Oh, por el amor de Dios... —empezó Tanya.

—No hay problema —dijo Carlisle con soltura, con una expresión ligeramente divertida. Dio un paso adelante y se encontró con la mirada del hombre mientras sacaba el revólver plateado de su bolsillo trasero. Le entregó la pieza con brusquedad en las palmas abiertas del hombre.

—¿Algo más, señor?

—¿De verdad le gustaría comprobarlo? —lo desafió Carlisle.

El guardia frunció los labios, el sudor ya se acumulaba en su frente. Finalmente, se hizo a un lado sin decir palabra y abrió las puertas para los dos.

Atticus y los trajeados los siguieron de cerca mientras la pareja se dirigía al interior del club. Ya había una bailarina en el escenario, una nueva, ya que Carlisle no la reconoció. Sin embargo, tan pronto como llegaron a las mesas centrales, todas las conversaciones en la pista se detuvieron, hasta que todo lo que se escuchó fue la música a bajo volumen.

—Rosalie —llamó Tanya a la bailarina—. Puedes ir al vestuario por ahora.

—Yo... Está bien —respondió la chica, separándose del poste para dirigirse rápidamente detrás del escenario.

Carlisle continuó caminando hasta que llegó a la mesa más cercana al escenario. Estaba ocupada. Sin embargo, una mirada a los recién llegados hizo que el grupo se pusiera de pie de inmediato, retrocediendo nerviosamente mientras el rubio sacaba tranquilamente una de las sillas de madera.

Giró la silla y se sentó con un profundo suspiro, frente a la multitud nerviosa de socios y patrocinadores que tenía delante. Le dirigió una sonrisa a su esposa y la jaló del brazo hacia él hasta que se sentó en su regazo.

—Buenas noches —saludó Carlisle, con su voz resonante pero amistosa de todos modos—. Es un placer ser... bienvenido de nuevo a Bluewave. Antes que nada, me gustaría presentarles a todos a mi esposa, Tanya.

Hubo varios movimientos nerviosos alrededor de la habitación.

—Ahora, cariño —murmuró dulcemente—. Adelante, señálalos para mí.

Tanya respiró hondo y de forma irregular. Luego levantó un dedo para señalar a varios grupos y figuras que se encontraban en las inmediaciones.

—Los McKay. Gordon Stiller. Los hermanos Lester. Ellos... Ellos fueron algunos de los que amenazaron con matarme.

—Ah. —Carlisle se rió entre dientes—. Todos narcóticos. Muy interesante.

—Terreno neutral —le recordó Atticus desde su derecha—. Y... solo unos pocos de esa facción están presentes.

—¿Quieres decir que Wynona no hizo caso a mi llamado? —preguntó Carlisle, sus labios se curvaron en una sonrisa burlona—. Vaya, me pregunto por qué.

—Señor Cullen —gritó un joven, dando un paso adelante desde el grupo de los Lester—. Usted sabe muy bien que nuestras razones estaban fundadas. Dama Tanya... Ella traicionó a la organización. Pero ahora que usted ha sido admitido, nosotros... estamos dispuestos a dejar que el pasado sea pasado si usted elige hacer lo mismo.

—¿Traicionó? ¿Dejar el pasado?

Carlisle se levantó lentamente, empujando a su esposa bruscamente hacia un lado. Había desaparecido la alegría en su semblante; sus rasgos angelicales ahora estaban contorsionados por la pura rabia. Había un destello de peligro en sus ojos, por lo que, mientras avanzaba a grandes zancadas, la multitud retrocedió instintivamente.

—Solo me llamaron de nuevo porque ustedes, malditos traficantes de drogas, traicionaron a su propio jefe —rugió Carlisle, ahora a solo un paso del hombre—. Wynona ha estado abasteciéndote con suficiente munición para una guerra. Debería desollarte ahora mismo por tu osadía. Y eso todavía está en discusión.

El chico Lester se mantuvo firme.

—No nos hubiéramos presentado aquí si estuviéramos involucrados.

Carlisle entrecerró los ojos.

—Pero tú lo sabías.

Ante eso, el chico miró hacia otro lado y no dijo nada.

—Señor Cullen.

Se giró rápidamente hacia la nueva voz. Levantó una ceja al observar al familiar hombre alto y flacucho vestido con un traje violeta. Había varios moretones y cicatrices frescas en su nariz y mejillas. Por lo menos, recordaba que este compañero de Bluewave permaneció neutral durante el golpe.

—Garrett —Carlisle saludó lentamente—. Escuché que eras la rata.

—Yo... apreciaría que no me llamaran así —dijo Garrett, riéndose nerviosamente mientras sus ojos recorrían la habitación—. Pero sí. Yo fui quien informó a tu hijo. Espero que eso demuestre algo sobre mi lealtad hacia los Cullen.

Carlisle caminó tranquilamente hasta que estuvo cara a cara con el hombre.

—También escuché que mi hijo te tuvo que amenazar y hacer esto —señaló las heridas prominentes en el rostro de Garrett— para sacarte la información. ¿Qué lealtad?

Garrett tragó saliva.

—¡Estoy rodeado de un montón de malditos desagradecidos! —gritó Carlisle ahora, paseando frenéticamente por la habitación—. No veo ni una sola cara en esta habitación que pudiera tener éxito o incluso estar viva si no fuera por esta organización. Renuncié porque todos ustedes creyeron que iba a iniciar una guerra interna, y sin embargo, casi tan pronto como lo hice, se dieron la vuelta para iniciar una ustedes mismos.

—No estuvimos involucrados —insistió Lester de nuevo.

Carlisle respiró profundamente varias veces, con las manos todavía cerradas en puños, antes de finalmente dar un paso atrás hasta llegar a su silla de nuevo. Se sentó lentamente y se reclinó.

—Entonces explícate —exigió en voz baja.

Fue Garrett quien dio un paso adelante para representar a la rebelde facción Bluewave.

—Queremos que se nos asegure protección.

Los labios de Carlisle se curvaron en una sonrisa torcida.

—Yo decido si vale la pena proteger sus vidas.

—Está bien —suspiró Garrett—. A Wynona nunca le importaron tus matanzas, Carlisle. Solo apoyó el golpe de Edward porque creía que sería capaz de controlar por completo el mercado de drogas en los EE. UU. sin tu mano de hierro. Pensó que Bluewave te aislaría por completo, y que la confianza de Edward en el consejo y la falta de sed de sangre la harían... más libre, para manipular el mercado como quisiera.

Demasiado fácil, había pensado Carlisle en aquel entonces en Westfield cuando Edward había incluido a Wynona como objetivo. Al parecer, había hablado demasiado pronto.

Uno de los McKay también dio un paso al frente.

—Se benefició de que Víctor fuera un lobo solitario. Sus socios favoritos se mantuvieron en la cima del negocio porque Víctor se mantuvo en su carril. Pero cuando tú lo derrotaste y la venciste en el negocio de la cocaína tú mismo... El resultado final es que ella es una mujer despechada. Y ha ido demasiado lejos con sus planes como para decidir luchar contra Bluewave ella misma. Solo incorporó a socios de confianza con ella, eso nos excluye a nosotros, para ampliar sus participaciones en Estados Unidos y expandirse externamente. Una vez que obtenga suficiente apoyo, comenzará una guerra.

—Pero el hecho de que no haya involucrado a todos los socios de narcóticos en su plan no significa que se haya olvidado de nosotros —añadió el chico Lester con gravedad, con su mirada amarga fija en el suelo—. Ya se ha deshecho de los socios existentes que no se pusieron de su lado o amenazaron con exponerla. Los... Delgado en México, por ejemplo.

Las manos de Carlisle se cerraron en puños.

—¿Qué pasa con los Delgado?

—Parece que le gusta atacar a los débiles, especialmente... a los niños —dijo Lester lentamente—. Son... No me hagas describirlo.

Tanya tuvo que darse la vuelta y sostenerse del borde del escenario para mantenerse firme. Carlisle, por otro lado, solo parpadeó lentamente, sus rasgos angelicales estaban vacíos mientras procesaba la información.

—¿Lo entiendes ahora? —preguntó Garrett con gravedad—. ¿Por qué pedimos protección?

Carlisle se puso de pie lentamente.

—¿Quieres decir que le temes a Wynona más que a Edward?

Silencio.

—Estoy aquí para solucionar eso —continuó, su voz extrañamente tranquila esta vez. Se volvió hacia Atticus a su derecha—. El chico no está aquí por una razón. Sabía lo que yo haría y no quería estar aquí para eso.

Los ojos del viejo se abrieron de par en par. Sin embargo, antes de que alguien pudiera reaccionar, Carlisle se llevó la mano a la parte trasera de su bota derecha y sacó una simple navaja plateada. Caminó hacia la mesa frente al escenario y se sentó frente a ella.

Había un brillo maníaco familiar en sus ojos cerúleos mientras miraba a la multitud.

—Si buscan mi protección después de amenazar con matar a mi esposa y traicionar a mi hijo, voy a exigir un pago. Su compromiso de luchar de nuestro lado... y un dedo. Uno por cada vida que se salve.

La respiración de Tanya se entrecortó ante las palabras de su marido.

—Carlisle... —comenzó Atticus nervioso.

—No voy a dispararle a nadie, ¿verdad? —Se encogió de hombros—. En todo caso, esto es un gesto de bondad. He estado repartiendo bastantes de esos últimamente.

Arqueó una ceja cuando Garrett dio un paso adelante lentamente, con los labios temblando de miedo y ansiedad.

—¿Tenemos tu palabra?

Carlisle sonrió angelicalmente.

—Todo lo que tengo que hacer es hacer una llamada.

Eso fue todo lo que se necesitó para que los otros socios de narcóticos se quedaran en silencio y formaran voluntariamente una fila detrás de Garrett.

~DF~

Tanya permaneció en silencio, eligiendo observar tranquilamente a su esposo a su lado en el asiento trasero mientras él limpiaba despreocupada y lentamente la sangre de la cuchilla con un pañuelo. Su camisa blanca todavía estaba salpicada de rojo.

Estudió su expresión mientras lo hacía. Había desaparecido la manía y la sed de sangre en sus ojos que había visto antes cuando cortó tan fácilmente al menos quince dedos consecutivos. Ahora, se veía... pacífico. Pensativo.

—¿Eso te asustó? —murmuró Carlisle de repente, con los ojos todavía fijos en la tarea en cuestión.

Tanya frunció los labios.

—Te he visto hacer cosas peores. Y entiendo la intención.

—Bien.

Ella vaciló por un momento, antes de decidirse a preguntar: «Bueno, ¿cuál es tu plan ahora? ¿Con Wynona?»

Su esposo suspiró, guardando la hoja ahora limpia en su bota.

—Tendré que consultar eso con Edward antes de cualquier otra cosa. Después de todo, solo soy su perro faldero rabioso.

—Hmm. Pero si fuera por ti...?

—Si fuera por mí, la mitad de las personas que estaban en el club antes ya estarían muertas —dijo suavemente, haciendo crujir su cuello—. Pero Edward requiere mano de obra y apoyo si vamos a enfrentarnos cara a cara con Wynona. Ella tiene apoyo externo. Nosotros tenemos a estos idiotas.

—Te tenemos a ti —le recordó Tanya.

—Incluso yo soy lo suficientemente humilde para admitir cuando estoy superado por mi cuenta —se rió Carlisle—. Subestimé a Wynona. El hecho de que ni siquiera Edward fuera capaz de obtener una pista de sus planes dice mucho sobre su paciencia.

Tanya esbozó una sonrisa sin humor.

—Oh, cariño. Las mujeres siempre han sido pacientes.

Finalmente llegaron a su destino, que era la mansión de Carlisle, fuertemente vigilada y custodiada —y ahora el hogar de Tanya—, a lo largo de la costa. Sin embargo, ambos se sorprendieron al encontrar una figura familiar vestida con un suéter informal y jeans esperándolos frente a la alta puerta blanca, fumando casualmente y apoyada contra el capó de un sedán oscuro y sencillo.

—Interesante —murmuró Carlisle antes de salir rápidamente del coche.

La nueva asesina Bella Swan estaba claramente sola. Ni siquiera tenía un chofer con ella y parecía haber conducido ella misma hasta el lugar. Sus grandes ojos marrones se entrecerraron al observar su llegada.

—Fortuna —saludó Tanya con cautela, quedándose un par de pasos detrás de Carlisle.

—Hola, Tanya —saludó la mujer rotundamente, tirando el cigarrillo terminado al suelo y aplastando la colilla con un tacón. Giró la cara para mirar al hombre—. ¿Puedo hablar contigo?

La miró varias veces antes de decidirse a decir: «No tengo ninguna razón para hacerlo. Si estás aquí para hacer algo estúpido...»

—Tengo una razón. Y te beneficia.

Había algo familiar en la expresión de los ojos de la chica. A primera vista, estaban vacíos y carentes de emoción. Pero la forma en que las esquinas de sus párpados se endurecieron...

—Cariño —dijo finalmente Carlisle, volviéndose hacia su esposa—. ¿Qué tal si nos preparas un poco de té?

~DF~

Los dos finalmente se encontraron sentados uno frente al otro en la oficina de Carlisle. El hombre estaba en una posición más informal en su silla, con las piernas cruzadas y la mano apoyada en la sien para sostener su cabeza. Bella, por otro lado, estaba sentada más educadamente en el sofá frente al escritorio, con las manos entrelazadas libremente alrededor de la taza de té en su regazo.

—¿Cómo encontraste este lugar? —preguntó finalmente Carlisle.

—Porque eso importa.

—Hmm. ¿Sabes dónde está Edward?

—Me dijo que no estaría hoy. No creo que quisiera verte, después de lo que hiciste. —Hizo una pausa—. Pero finalmente me lo contó todo. Y yo también.

El rubio entrecerró los ojos.

—¿Todo?

—Sé que te advirtió que te mantuvieras alejada de mí —dijo Bella lentamente—. Sé sobre tu… historia en Oregon, en Jacksonville, luego aquí. Sé sobre tu historia con Tanya. Sé sobre tu plan original de cortar el contacto con los jugadores problemáticos de Bluewave. Sé sobre tu error con Victor. Y a cambio... le conté cómo tú y yo nos conocimos.

Carlisle soltó algunas risas divertidas.

—¿En serio? ¿Le dijiste cómo prácticamente le propusiste a su propio padre acostarse contigo?

Bella frunció los labios, luciendo ligeramente avergonzada ahora.

—Fue un error honesto. Él lo entendió. Y ayudó a tu favor que no permitieras que sucediera. ¿Por qué?

—Te dejaría libre si lo hiciera.

—¿No es eso lo que quieres? —Bella inclinó la cabeza—. Después de todo, me dijiste que estabas seguro de que iba a ser su perdición. ¿Por qué no me follaste en ese momento para que se deshiciera de su debilidad de una vez por todas?

Los ojos de Carlisle se abrieron de par en par mientras procesaba sus palabras directas. Su franqueza combinada con su rostro inocente era... inesperada.

—Tanya me convenció de que eras un invaluable. Que eres capaz de cerrar tratos que no todas las chicas son capaces de conseguir. Tenía curiosidad por ver hasta dónde puedes llegar.

—Hmm. ¿Y qué opinión tienes de mí ahora?

Carlisle descruzó las piernas, inclinándose hacia adelante mientras juntaba las manos sobre el escritorio. En un tono peligrosamente bajo, dijo: «Eres directa al hacer todas estas malditas preguntas. ¿Cómo diablos se supone que me beneficiaré de esto exactamente?»

Bella no pareció desconcertarse por sus palabras. Tomó un largo sorbo de su té antes de responder.

—Necesito saber si todavía me consideras valiosa. Que te he demostrado lo leal que soy a Bluewave.

Entonces lo miró y había fuego en sus ojos.

—Incluso después de todo lo que he aprendido, sé que Edward nunca me va a involucrar, no del todo. No voluntariamente. Su juicio está afectado porque piensa constantemente en mí. Incluso creo que se perdió los indicios de una guerra porque estaba distraído tratando de protegerme. Lo último que quiero es ser una carga.

Carlisle se mordió el labio, asintiendo muy lentamente mientras digería sus palabras.

—Ahora lo veo. Y es por eso que has venido a mí.

—Me contó todo sobre ti —dijo, dejando su taza sobre el escritorio antes de cruzarse de brazos—. A diferencia de todos los demás, no te veo impredecible. Te veo como alguien sin debilidades.

—Me halagas —se rió Carlisle.

—Lo digo en serio. Tengo una propuesta con la que Edward nunca estaría de acuerdo. Tal vez tú sí.

Él no pudo evitar sonreír ampliamente ante eso.

—Te escucho.

Bella inhaló lentamente antes de continuar.

—Todavía no estoy muy familiarizada con el funcionamiento de la guerra y de su organización... pero, al menos, entiendo que Wynona es la raíz del problema. Pero también tengo la impresión de que no va a ser muy fácil de derrotar.

—Hasta ahora vas bien.

—También entiendo que tu plan y el de Edward implican reunir suficientes partidarios dentro de Bluewave para combatir su eventual ataque. —Frunció los labios—. Es un enfoque muy típico de los hombres. Una maldita competencia de meadas, por así decirlo. Ambos han olvidado que están luchando contra una mujer. Las mujeres nunca irían voluntariamente a la guerra sin suficiente confianza, paciencia y estrategia. Por eso creo que también necesitas el enfoque de una mujer para contrarrestar el de ella.

Carlisle se inclinó hacia delante, esperando pacientemente.

Bella de repente esbozó una pequeña, pero petulante sonrisa.

—Garrett le dejó a Edward una migaja de pan que pareces haber pasado por alto. Laurent. El suministro externo de seguridad y municiones de Wynona. Supongo que no será fácil de cazar, pero si logras ponerlo en una habitación conmigo... —Se rió entre dientes una vez—. Dijiste que tenías curiosidad por saber hasta dónde puedo llegar, ¿verdad? ¿En cerrar tratos?

Carlisle... se quedó sin palabras. Esta vez estaba realmente asombrado.

—Será peligroso —dijo finalmente después de un largo rato.

—Estoy segura de eso.

—Edward nunca lo permitiría.

—Definitivamente no.

—Isabella Swan —se rió Carlisle, recostándose en su asiento—. No puedo creer que esté diciendo esto, pero en realidad me estás poniendo nervioso.

Bella frunció los labios por un momento. Levantó la mirada hacia él, sus ojos muy abiertos e inocentes, como los de un cordero.

—Espero que veas que soy buena para esto. Que soy confiable —dijo.

Carlisle tragó saliva. Pasaron varios segundos, hasta un minuto entero, en silencio mientras procesaba y consideraba la propuesta de la chica. Al final, decidió decir suavemente: «Se asimilará eventualmente, ¿sabes?»

La expresión confiada de Bella vaciló.

—¿A qué te refieres?

—A tu primer asesinato.

Carlisle observó cómo los ojos de la niña comenzaron a temblar mientras sus manos temblaban en su regazo.

—Siempre recordaré el mío —suspiró, apoyando la barbilla en la mano apoyada en el apoyabrazos—. Yo tenía… trece años, creo. Un asaltante. No fue muy difícil hacerlo, ya que era un idiota y una persona terrible en general. Pero ver la luz salir de los ojos de un hombre por primera vez a través de tu mano... Se queda contigo.

Ella permaneció en silencio, bajando la mirada hacia la mesa.

—Solo puedo imaginar lo que debes sentir —continuó Carlisle—. Sé quién es. Tu...

—Para —dijo Bella, con la voz estrangulada.

Carlisle lo consideró por un momento.

—Lo asimilarás —repitió con calma—. Y tengo que estar seguro de que cuando lo hagas, no harás nada estúpido.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Al final, yo te obligué a hacerlo. Bluewave te obligó a hacerlo. He visto y sobrevivido a todo tipo de planes de venganza por razones menores que el dolor. ¿Entiendes a dónde quiero llegar con esto? ¿Y por qué no puedes pedirme que confíe en ti?

Bella levantó lentamente la mirada para encontrarse con la de él. Sus ojos marrones eran solemnes.

—¿Qué haría falta, entonces?

—Bueno —suspiró Carlisle, juntando las manos de nuevo sobre el escritorio—. ¿Cuál es tu motivo?

Ella entrecerró los ojos.

—Pensé que sería claro, ya que solo estoy cumpliendo con lo que me pediste. Estoy haciendo esto por...

—¿Edward? —Había una sonrisa maliciosa en los labios del hombre—. No seas ridícula, cariño. Ni siquiera el amor más fuerte sería capaz de soportar el tipo de infierno en el que vivimos. Eso lo sé. Y, sin embargo, aquí estás, ofreciéndote como voluntaria para condenar tu maldita alma por la misma causa que ya te ha hecho perder tanto. No tiene ningún sentido. Así que te lo preguntaré una vez más. Sabré si mientes. ¿Cuál es tu motivo?

¡Ya estoy condenada de todos modos!

Carlisle se sorprendió una vez más, e incluso se sobresaltó en su asiento cuando la mujer se puso de pie de repente y golpeó la mesa con ambas manos. No solo estaba nervioso ahora. No, la pura furia y locura en sus ojos lo dejaron moderadamente asustado.

—Y estoy demasiado lejos para detenerme ahora, Carlisle Cullen —gruñó—. No sabes lo que ya he hecho, ni siquiera Ed... Dios, nadie lo sabe. Y yo no puedo... Si esto es lo que se necesita para que confíes en mí, entonces no puedes decírselo. Te lo ruego.

Finalmente recuperó la compostura. Sus ojos se endurecieron mientras él también se ponía de pie, plantando sus manos para imitar las de ella sobre la mesa.

—Explícate.

Sus labios temblaron, como si estuviera luchando por liberar las palabras.

—No quería mentir.

—¿A quién?

—A la policía —dijo, con los ojos lentamente llenos de lágrimas—. Cuando vieron el cuerpo. Pero lo hice de todos modos y lo hice tan creíble que incluso yo misma elegí creerlo.

Puedo hacer que cualquiera hable de cualquier cosa. Incluso que compre cualquier cosa. Parezco... confiable.

El día que vi su cuerpo en ese cuarto, esa parte de mí murió junto con él. Y nunca ha sido mi hogar para mí desde entonces, ni nunca lo será.

Carlisle se inclinó hacia delante.

—¿El cuerpo de quién?

—Tampoco quise huir —gimió—. Pero aun así lo hice.

Necesito empezar de cero. Estoy... realmente harta de Arizona.

El rubio caminó lentamente alrededor del escritorio hasta que estuvo detrás de ella. La tomó del brazo para girarla y mirarlo de frente.

—¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?

Bella cerró los ojos.

—Jasper nunca fue el primero.

Nunca supe realmente quién eras, Bella Swan, ¿verdad?

Esta vez no hubo un dolor agudo. Solo… vacío.