CAPÍTULO PRIMERO.
Las campanas lejanas de la iglesia que se erguía, pequeña pero imponente, al final de su pueblo, replicaron nueve veces, señalando las nueve de la noche. La joven pelirroja de 16 años, que se encontraba sentada en el suelo de su cuarto, se exaltó con el sonido. Hasta segundos atrás su mente había estado pérdida, repasando cada segundo de lo que había sucedido la noche anterior, buscando otra alternativa al final desafortunado de toda esa historia.
El suave golpeteo de la puerta hizo que una vez más dejará atrás cualquier pensamiento que intentaba colarse por las rendijas de su mente agotada. La luz anaranjada de la bombilla del pasillo se coló por la hendidura de la puerta que su madre había creado al abrirla ligeramente.
- Lily cielo, -empezó la señora de cabellos rubios-rojizos, -ya es hora de que te vayas a dormir, mañana te espera un día largo. -Los ojos verdes de su madre recorrieron la habitación, mirando el caos que se había formado alrededor de su hija menor. -Ya sabes que tu padre y yo no podremos acercarte a Londres querida.
- Voy mamá, -respondió la adolescente con tono derrotista al saber que aún le quedaban unas horas para terminar su baúl.
- Has estado muy distraída hoy -su madre había abandonado el umbral de la puerta para adentrarse en esa jungla de ropa, libros y productos de higiene, hasta sentarse en la cama de su hija.
Lily no respondió, pero tampoco miró a su madre, era su último día en el mundo muggle hasta dentro de unos meses. Y cada año solía dedicar este a visitar a su familia y amigos cercanos y despedirse de ellos, o a pasear por las ciudad y absorber cada detalle de la vida desde una perspectiva muggle. Sin embargo, esta vez no había sido así, no había habido ni visitas ni paseos, simplemente se había quedado ese precioso y caluroso 31 de Agosto en su habitación.
- ¿Ocurrió algo ayer? -Dahlia sabía en el fondo la respuesta, pero quería que fuera su hija quién se lo contase -¿quizá algo con Severus?
- No, no ha pasado nada con Severus -respondió Lily, y no mentía -sólo estoy un poco agobiada, sexto es un año muy importante en el mundo mágico.
La señora Evans no creyó ni una sola palabra de todo lo que había dicho su hija, pero entendió que fuera lo que fuera que había sucedido la tarde anterior, no hablaría de ello.
- Bien, -dijo Dalhia mientras se ponía en pie, y pasaba las manos por las arrugas que habían aparecieron en su falda intentando estirarlas. -Recuerda que tu hermana te dejará mañana a las 7:45 a.m. en la estación. Te he preparado unos sandwiches para el viaje y te he dejado la cena en la encimera para cuando termines tu baúl. -Las suaves y delicadas manos de su madre le acariciaron la cara justo antes de salir de su cuarto.
Lily suspiró mientras veía la puerta cerrarse tras Dahlia, sacudió la cabeza un par de veces antes de centrarse en el caos de alrededor y empezó a guardar todo al tuntún en su baúl. Total, no iba tener ningún problema para que cupiese todo, puesto que este tenía un hechizo de extensión indetectable que aún no se había desvanecido. Había sido cosa de Alice, su amiga siempre decía que "una chica debía disponer de todo el espacio del mundo".
Horas más tarde Lily abrió los ojos ante el sonido estridente de su alarma, le parecía que hacía tan solo cinco minutos que los había cerrado. Hizo un esfuerzo titánico para levantarse, sabía que si no estaba lista a la hora, Petunia la abandonaría y perdería el Expresso de Hogwarts.
El viaje en coche se le hizo pesado, la relación entre Petunia y Lily no había vuelto a ser la misma desde que la última tenía 11 años. Y el silencio que se erguía entre ambas era abrumador. Por eso Lily agradeció cuando por fin, después de dos horas y algo de viaje, Petunia paró frente a King Cross.
Como habréis imaginado, era el primero de septiembre de 1976 y Lily Evans se encontraba a punto de atravesar la barrera que separaba el mundo muggle del mágico. Al ser las 8 de la mañana apenas había gente en la estación, y los pocos que estaban se encontraban demasiado ocupados en el vaivén de su vida cotidiana para prestar atención a una adolescente pelirroja parada frente a una pared. Sin siquiera mirar alrededor se lanzó contra la barrera que separaba el mundo mágico del muggle.
Lo primero que vio nada más abrir sus ojos verde esmeralda, al otro lado de la barrera, fue el humo que despedía la chimenea de la locomotora roja, el "Expreso de Hogwarts". Esto dibujó una sonrisa en su rostro, cambiando un poco el rumbo que había tomado aquella mañana tan terrible. Una prueba de lo terrible que había sido, fue el hecho de que todavía quedaban 3 horas para que el tren partiera, y Lily era la única persona presente en todo el andén. Para Lily el llegar pronto debía ser motivo de celebración, pues ella nunca había destacado por ser una persona puntual. Pero si había algo que la pelirroja odiaba era madrugar.
No había sido hasta hace unos días que Lily se enteró que sus padres no podrían acercarla esa mañana a la estación londinense. Como consecuencia la pelirroja se había visto obligada a viajar en coche con su hermana mayor. Emprendieron el viaje aquella madrugada muy temprano. Ya que el viaje en coche desde Cokeworth duraba aproximadamente dos horas y media, y su hermana entraba a trabajar entre las 8:30 y las 9:00. Pero antes de eso le gustaba desayunar con su prometido en una cafetería. Lily apenas había visto a Vernon Dursley tres veces y no lo soportaba.
Así que esa misma mañana, cuando aún no había ni una señal de sol en el cielo, la adolescente se había despedido de sus padres en la puerta de su casa, y una reticente Petunia Evans condujo a la estación de Londres. Si a la pelirroja no le gustaba madrugar, menos le gustaba hacerlo debiéndole favores a su hermana. Desde que había entrado en Hogwarts, su relación con Petunia se había enfriado hasta el punto de ser prácticamente desconocidas. Y la rubia no dejaba pasar una oportunidad sin demostrar a Lily lo mucho que le molestaba su "anormalidad", más cuando sus padres la forzaban a 1. pasar tiempo con ella 2. hacer favores para su hermana pequeña.
Sacudiendo la cabeza para intentar espantar esas ideas, la hija de muggles tomó asiento en un banco vacío del fantasmagórico andén. Podría haber esperado en el vagón que desde el final de primero ocupaba con sus amigas, pero estaba convencida de que un espacio pequeño no iba a ayudar a que su irritabilidad actual disminuyera, además no deseaba pasar más horas de las necesarias encerrada en una lata de metal.
Y mientras las horas pasaban, su humor fue mejorando hasta el punto de borrar cualquier rastro de enfado. Lily vio como poco a poco la plataforma se iba llenando de gente, saludo a varios compañeros de casa y de distintos clubes, fue testigo de reencuentros entre amigos y de despedidas familiares. Y una vez el reloj marcó las 10:30 decidió que ya era hora de subir al tren. Estaba recogiendo sus cosas para subir a su vagón habitual cuando una pequeña lechuza le picoteo el pelo acaparando su atención.
El animal era parduzco, más pequeño y rechoncho de lo habitual y su plumaje indicaba una edad avanzada para una lechuza. Está, se posó sobre el baúl de la pelirroja y estiró su pata, donde llevaba atada una carta con su nombre, extrañada Lily estiró su mano y tomó la carta. Nada más coger el sobre, la pequeña lechuza salió volando sin esperar respuesta. Una vez más, la pelirroja miró su reloj comprobando la hora, había pasado 10 minutos recogiendo todas sus cosas. Así que en lugar de leer la carta, se apresuró a guardarla en un bolsillo, sin siquiera revisar el remitente, y subió al tren. Con tan mala suerte que dio a parar de frente con la última persona que quería ver.
Lily observó a dicha persona, su pelo seguía igual que siempre. Negro, largo, y peinado de tal forma que ocultaba parte de su rostro, proyectando sombras sobre su cara, dándole una aura un poco siniestra. Su piel extremadamente cetrina durante el invierno estaba un poco tostada, pero apenas un tono o dos, signo de que debía haber pasado el verano enclaustrado en su cuarto. Parecía más cansado de lo habitual, pero eso era normal, Lily sabía que no dormía bien en casa. En general estaba igual que siempre, y sin embargo había algo distinto. Parecía haber crecido unos centímetros aquel verano, iba vestido con ropa muggle que seguramente perteneciera a alguno de sus padres, lo más probable que fueran de su madre. Como de costumbre, estas estaban mal combinadas, además de viejas y un poco haraposas.
Apenas se habían visto un par de veces en todo el verano, y eso que vivían en la misma ciudad, pero en ninguna de esas ocasiones ninguno de los dos había hecho el esfuerzo de interactuar. Y ahora él, iba acompañado de sus amigos slytherins, quienes tenían tan poco estilo para la ropa muggle como él, y parecían encontrar la sola idea de llevar estas repugnante.
Los ojos negro oscuro de Snape miraron a Lily y un brillo de reconocimiento apareció en ellos, pero este rápidamente se extinguió, haciendo creer a la adolescente que se lo había imaginado. El joven mestizo no hizo ni un gesto en su dirección, ni una simple señal, sino que siguió indiferente ante la presencia de su amiga de la infancia.
Evans no quería, odiaba sentirse vulnerable, pero eso no impidió que su estómago se revolvíera ante la indiferencia de su ex compañero de juegos. Sin embargo, su orgullo gryffindor y testarudez heredada de su padre pudieron más que el nudo que se había formado en su garganta. Así que con altivez se alejó de los slytherin con la cabeza bien alta y sin mirar atrás. No obstante, la felicidad y las ganas que había empezado a sentir esa mañana sentada en un banco del andén al pensar en que iba a volver a ver a sus amigas y comenzar un año nuevo en Hogwarts, se esfumaron. Siendo eclipsadas, nuevamente por todo lo malo que le había sucedido aquella mañana y por la creciente amargura que le había producido aquel primer encuentro con Snape. Así que en vez de acudir al compartimento habitual busco uno vacío para estar a solas, lejos de los inquisidores ojos de sus amigas.
Después de empujar su baúl por todo el pasillo encontró un vagón vacío casi al final del tren y se sentó al lado de la ventanilla preparada para pasar el viaje observando el paisaje y auto-compadeciéndose de sí misma por tener tan mala suerte. Intento dejar de lado cualquier pensamiento negativo en referencia a su ex-amigo, pero no podía sacarse de la cabeza esos pequeños y oscuros ojos negros que la habían mirado como si fuera una extraña, y exhaló un suspiro. Apenas eran las 11 de la mañana y ya parecía un día extremadamente largo.
Siguiendo un hábito que le había enseñado su padre cuando era pequeña para controlar su explosivo carácter, metió las manos en los bolsillos y apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas, mientras exhalaba aire y contaba hasta diez. Fue una vez la rabia se había parcialmente disipado cuando su mano tocó la carta que había guardado justo antes de subir al tren. El desafortunado encuentro había hecho que se olvidase del sobre que había guardado en su bolsillo. Sacó el papel buscando encontrar en sus hojas una distracción a lo que acababa de suceder, y se tomó su tiempo para analizar el remitente que antes había pasado por alto. Una sonrisa melancólica se extendió por su rostro al reconocer la letra con la que tan prolijamente estaba escrito su nombre.
El resto del viaje lo pasó en ese compartimento sola, exceptuando las dos veces que salió de este para cumplir con su obligación de prefecta. Una para acudir a la reunión y otra para patrullar el pasillo con su amigo y compañero de año y casa Remus Lupin. Aunque en ninguna de las dos ocasiones tuvo demasiada interacción social. La primera fue la más extensa, cuando algunos de los prefectos se acercaron a saludar y preguntar cómo había ido el verano. Sin embargo a la hora de patrullar Remus parecía tan cansado como ella, y ninguno de los dos hizo el esfuerzo de hablar, se dedicaron a andar codo con codo, por la parte del corredor asignada en silencio.
Si bien, podrías pensar que resulta sumamente aburrido pasar un viaje que dura horas sola, la pelirroja no estaría de acuerdo, fue el viaje más tranquilo de toda su vida. Durante el trayecto se dedicó a leer y releer aquella carta hasta que fue capaz de recitarla de memoria. Realizó un par de hechizos mágicos con su varita, la cual no había podido usar en dos meses, ya que legalmente estaba prohibido y técnicamente seguía estándolo hasta que estuviera en los terrenos del castillo. Y habló con un par de personas que se pasaron a saludar. Antes de lo esperado el tren aminoró la marcha hasta entrar en la estación de Hogsmeade.
Comprobó la hora en su reloj de pulsera, faltaban 15 minutos para que partiera el tren así que tras dar las gracias y despedirse de Arnold con un leve asentimiento de cabeza, tomó su equipaje y se dirigió al tren. Hizo todo el camino pasando por alto a toda la gente de su alrededor y sin desviarse de su objetivo, llegar al compartimento que ocupaba con habitualidad junto con sus compañeras de año. Rápida y ágilmente subió las escaleras que separaban el andén de la locomotora, esquivando gente y haciéndose hueco fue directa al medio del tren, donde estaba localizado su objetivo. Como era normal, no se había equivocado, cuando entró en el comportamiento este ya se encontraba ocupado.
Dentro esperaba sentada leyendo una joven castaña bajita, Mary Macdonald. Quién alzó sus grandes ojos marrones de una de las tantas revistas rosas de cotilleos muggles que había comprado para el viaje, y los posó en la recién llegada. Una sonrisa pícara se formó en sus carnosos labios color frambuesa.
- ¡Blish! -Exclamó mientras se ponía en pie y abrazaba a la negra que acababa de entrar, tomándola por sorpresa. -¿Soy yo o este año estás lenta?
- Hola Macdonald -ignorando el intento de la castaña de picarle, la morena saludó de vuelta mientras se soltaba incómoda del abrazo. Haciendo que la sonrisa de Mary se acentuara y tomará un toque socarrón.
- Que poco entusiasmo, -chasqueó la lengua divertida la castaña, mientras se sentaba de nuevo con su sonrisa pícara volviendo a brillar en sus labios. -Pero no puedo esperar menos de ti.
Angelina Blishwick observó a su compañera antes de sentarse frente a ella, como pocas veces ocurría dejó pasar la contestación que su afilada mente ya había formulado, y centró su atención en su acompañante.
Mary Macdonald tenía el pelo castaño ondulado perfectamente cuidado, este le caía hasta media espalda y brillaba con tonos y mechas cobrizos cuando le daba la luz del sol. Su piel estaba morena, carente de imperfecciones, ni manchas. Llevaba una ligera capa de maquillaje, suficiente para tener un aspecto impecable, pero no demasiado para que sus intenciones se confundieran. Sus labios eran carnosos, grandes y estaban bien nutridos, siempre brillando con algún gloss del momento. Y sus grandes ojos marrones parecían chocolate fundido con virutas de oro. Era bajita y aunque no era delgada tenía un físico envidiable, que a sus dieciséis años aún dejaba ver rastros de la adolescencia.
La castaña solía cargar sus palabras de burla, y en su cara solía tener dibujada una expresión de diversión permanente que por lo general irritaba a Angelina. Le gustaban los cotilleos, y no le preocupan en exceso los estudios. Era la única hija de padres muggles, quienes poseían una floristería pequeña a las afueras del sur de Londres, cuyos principales clientes eran los eventos locales.
Ambas adolescentes, compartían cuarto desde primero. Se conocieron en su primera noche en Hogwarts, cuando Angelina Blishbick, en contra de sus deseos (pero más de eso más tarde), había sido sorteada por el sombrero seleccionador para la casa de los leones junto con otras cinco chicas. Conformando así una habitación de seis. La relación entre ellas, Mary y Angelina, siempre había sido un poco conflictiva. Ambas solían estar a la gresca como el perro y el gato, pues no podían tener personalidades más opuestas. Y sin embargo, dentro de su casa pertenecían al mismo grupo de amigas y existía un lazo de cariño y amistad entre ambas. Aunque las dos brujas presentes morirían antes de reconocerlo.
Así que Blish solo rodó los ojos exasperada ante la actitud infantil de la hija de muggles. Mary satisfecha por haber conseguido irritar lo suficiente a su compañera, volvió su atención a la revista muggle y Angelina se quedó callada observando la ventana. El silencio que había en el aire era cómodo, familiar e innecesario de llenar.
Pero pocos segundos después la paz que se había impuesto entre ellas se vio interrumpida.
- ¡Ahhh! ¿Es que el tinte mágico finalmente te ha llegado al cerebro? -La puerta del compartimento se había abierto de golpe, y en el umbral de la misma se encontraba una joven de espaldas a Blish y Mary. -Desaparece Toddler antes de que te lance un maleficio y llévate a tu aquelarre contigo. -Finalmente, tras decir aquello entró dentro del vagón y de un portazo cerró la puerta, para dejarse caer en uno de los asientos vacíos junto a Mary unos segundos después.
- Empiezas bien el curso querida -dijo la castaña con una sonrisa en sus labios.
- Calla Mary, -exhaló la aludida -¡no soporto a esa bruja!, y no me refiero bruja en el sentido literal. ¡No puedo creer que todavía tengamos que compartir cuarto con ella!, ¡y durante dos años más!
- Por una vez estoy de acuerdo con Jorkins -ante esas palabras la adolescente abrió sus ojos asombrada y finalmente sonrió a sus amigas.
- Vaya Mary tienes razón, sí que debo haber empezado bien el curso si Blish está de acuerdo conmigo. ¡Sexto será mi año! -Declaró feliz, haciendo reír a una de sus acompañantes y negar a la otra.
Heather Jorkins, era una de las otras previamente mencionadas compañeras de Gryffindor. Se trataba de la mejor amiga de Mary, y su relación con Blishwick era mucho más llevadera que la que sostenían la castaña y la morena. A diferencia de Mary, Heather había crecido en el mundo mágico, esto le facilita comprender la rigidez con la que Angelina se comportaba a veces, la cual era un poco inherente al mundo mágico.
La recién llegada resultaba ser una mezcla curiosa, de padres magos pero de abuelos maternos muggles. Siempre se había movido muy bien entre los dos mundos, y era un poco todoterreno, capaz de adaptarse a todo lo que le echaran. Era la única chica en una familia de cuatro hijos, y aunque la familia Jorkins provenía de una larga ascendencia de magos que nunca se habían inclinado por una casa, la gran mayoría de sus antepasados destacaban por ser slytherins o ravenclaws.
- ¡Oh Mary has comprado revistas muggles para el viaje! -Los ojos verdosos de Heather habían caído en la estridente prensa de cotilleos.
- Si, -asintió la castaña feliz de tener a alguien con quién hablar esas cosas -y no vas a adivinar qué ha hecho ahora mi futuro marido.
- ¿El príncipe Andrew? -Preguntó Heather riendo a su amiga, esta asintió y ambas rieron al unísono.
Angelina bufó ante el rumbo que la conversación estaba tomando, sus dos acompañantes, como dignas adolescentes, levantaron sus ojos de la revista muggle e infantilmente le sacaron la lengua. Desvió la vista a la ventana del vagón evitando así responder a los infantilismos de sus acompañantes, el sonido estridente del silbato indicó que había llegado la hora de partir, desde su asiento podía ver el movimiento de la familias que presurosas corrían a despedirse de sus hijos alertadas por el silbato de que está sería su última oportunidad en meses. Involuntariamente sus ojos dorados buscaron a sus padres, pero en su lugar toparon con Arnold, de pie en el andén el anciano señor tenía su vista posada en ella y la marca de una ligera sonrisa triste adornaba sus facciones tocadas por los años. Una vez más Blishwick simplemente desvió la mirada, incómoda ante esos ojos azules analíticos que parecían usar legeremancia. Y nuevamente poso estos en sus acompañantes quienes ya tenían la cabeza enterrada en la revista de cotilleos muggle, en ese momento más que nunca deseo que llegara pronto la única compañera de habitación normal que tenía, Lily Evans. Pero para desgracia de la joven no fue así.
Pasaron las horas y la pelirroja no daba señales de que iba a aparecer en todo el viaje. Sin embargo, por suerte para la afro-inglesa si que hubo otras interrupciones deseadas a lo largo del viaje. Blishwick dio las gracias a Merlín cuando las puertas del compartimento se volvieron a abrir y por estas entró Adam Robins, obligando a las dos chicas a dejar el tema de la corona real británica muggle para otro momento. A partir de ese instante y hasta mitad del trayecto, la entrada de su vagón estuvo continuamente en un vaivén, abriendo y cerrando sus puertas para dejar entrar a gente de todas las edades y cursos quienes iban a saludar a las tres gryffindor. Principalmente a las otras dos, la mayoría temían el conocido carácter de Angelina.
Finalmente, fue cuando hicieron su aparición Marlene Mckinnon y Pandora Meadowes arrastrando sus baúles, cuando la morena no aguantó más. Y declaró que las puertas se mantendrían quietas lo que restaba de trayecto. Ninguna de las integrantes del vagón se opuso a esto, pues las dos adolescentes recién llegadas, exceptuando a Lily, eran las últimas integrantes del grupo que faltaban y todas querían un poco de privacidad.
A diferencia de sus otras cuatro amigas, Marlene y Pandora, pertenecían a la casa de las águilas y no de los leones. Y la principal razón por la cual habían faltado la primera parte del trayecto era porque estaban con sus compañeras de casa.
- ¡Por fin! No aguanto otra visita más, al próximo que abra esa puerta le lanzó un maleficio.
- Blish tienes que ser más social -le reprocho Mary.
- ¿Más? Macdonald la puerta no ha permanecido cerrada desde que hemos subido al tren.
- Blish tiene razón -esta vez fue Heather quien habló, haciendo de mediadora entre sus amigas. -Necesitamos un poco de paz y tiempo a solas para ponernos al día sin que entre nadie ajeno. -Hubo un breve silencio en que nadie se mostró en desacuerdo así que la castaña volvió a tomar la palabra - bueno águilas contadnos, ¿qué es de vosotras?
- Pues no mucho, hemos estado con las chicas de ravenclaw poniéndonos al día y como ya os imagináis básicamente han estado comentando los cotilleos del verano.
- ¿Algo interesante de lo que os hayáis enterado? -Preguntó Mary ansiosa, a quién le podían las habladurías, y a quién le gustaba mantenerse informada.
- Pues..., -empezó Marlene resignada, pero se interrumpió a mitad de frase mirando a su amiga de casa -¿Dora se puede saber que haces?
- Limpiar el aura -contestó está encogiéndose de hombros, mientras movía sus manos arriba y abajo, con un ritmo constante y movimientos precisos, ante la mirada atónita de todas las presentes -Angelina la está llenando de frustración.
Marlene, Heather y Mary contuvieron una carcajada ante la explicación de Meadowes, y la cara de enfado de la negra. Los ojos dorados de Blishwick miraban a Pandora como si fuera a asesinarla ahí mismo, lo cual era bastante probable. Pero Dora estaba demasiado concentrada en su tarea para percatarse. Dejadme aclarar una cosa, si antes he mencionado que Heather Jorkins resultaba una mezcla peculiar, esta no tenía nada que envidiar a Pandora Meadowes, pero dejaré su historia para otro momento.
- Creo que deberíamos cambiar de tema -sugirió Heather, pues al fin y al cabo se habían pasado todo lo que llevaban de trayecto leyendo/escuchando cotilleos ya fuera de la gente que iba a verlas o de las revistas de Mary. Y sabía que a la afro-inglesa le faltaba poco para estallar. -Así puede que el aura de Blish se limpie. -añadió burlonamente hacía la morena.
- Me parece una buena idea -asintió Meadowes.
- Y a mí -secundó sorprendentemente Angelina, ignorando deliberadamente cualquier referencia a su aura.
El resto del viaje resultó tranquilo, tuvieron tiempo de ponerse al día e informarse de lo que habían hecho durante los días que no se habían visto, jugaron al snap explosivo y nadie limpio más auras, pues el ambiente que se respiraba en ese compartimento era de paz y diversión. Las puertas del vagón solo volvieron a abrirse tres veces más, pero a pesar de su juramento Blish no hechizó a nadie.
Una de las veces fue el novio de Heather quien pasó a buscarla para estar un rato los dos solos y juntos se fueron de ahí. La siguiente vez fue cuando Heather volvió, aunque esta vez acompañada de su pequeña vecina de 11 años, Lissy Quinn, as chicas ya conocían a Lissy. Pues la casa de Jorkins era uno de los lugares donde solían quedar durante el verano. Se trataba de una mansión solariega, con grandes ventanales y un extenso jardín verde que lindaba con un pequeño lago, además tenía acceso flu y tampoco resultaba difícil acceder en transporte muggle. Lissy Quinn, vivía con su familia en la casa de al lado, era la mayor de varios hermanos, y si Angelina no recordaba mal su madre y el padre de Heather estaban relacionados de alguna forma. Blishwick recordó que ese verano, en una de las veces que pasaron la tarde en la casa de Heather, la pequeña se había unido a ellas y les había informado de lo emocionada que estaba ya que días atrás había recibido su carta de Hogwarts. Finalmenre la tercera y última vez que se abrió la puerta, fue un prefecto de Hogwarts, quién entró a anunciar que pronto llegarían a Hogsmeade.
Tenía la cabeza cubierta por la capucha de su túnica, mientras esperaba en línea, podría haber utilizado su varita para protegerse de la lluvia mientras esperaba a los carruajes, como estaban haciendo muchos estudiantes. Pero le gustaba la sensación de las gotas golpeando su cuerpo, había algo romántico en ello, además técnicamente seguían sin estar en Hogwarts así que no tenía permitido usar magia.
Escuchó como un nuevo carruaje se detenía y vio a los cuatro alumnos que estaban delante de ella en la fila subirse, el próximo ya era su turno y este no tardó más de cinco minutos. Antes de subirse la pelirroja observo el imponente y esquelético caballo alado que tiraba del carruaje, un escalofrío subió por su espalda. Rodeo la criatura con respetuosa distancia, evitando mirar mucho hacía donde estaba el animal, y cuando llego ante la puerta del carruaje, Lily la abrió e intentó subir su baúl lo más rápido posible. Pero este era muy pesado, y cuando pensaba que no lo iba conseguir sin ayuda de su varita, sintió como alguien tiraba de su baúl hacía arriba. Dando las gracias sin mirar atrás subió detrás de su baúl y se hizo a un lado para dejar pasar a más gente. Tres personas más y su respectivo equipaje entraron detrás de Lily, siendo el primero quien la había ayudado, fue cuando se quitaron la capucha que esta reconoció a sus acompañantes.
- ¡Lily, qué sorpresa! -Exclamó uno de ellos mientras se levantaba para darle un fugaz abrazo.
- Hola Adam -sonrió la pelirroja -hola de nuevo Shafiqs, Cattermole -añadió dirigiéndose a los otros dos chicos.
- ¿Cómo estás? He pasado antes a saludar a las chicas y no te he visto -le preguntó su compañero de casa.
- Es que he viajado sola, me apetecía tener tiempo para mí antes de que empezara esta locura -sus compañeros de carruaje compartieron una mirada, pero Lily no dio ninguna explicación más, no tenía por qué dársela.
Adam Robins, a quién ya hemos mencionado antes, era un chico de sexto año de gryffindor, se trataba de un muchacho tranquilo y simpático que había encontrado a sus mejores amigos en otra casa, más concretamente hufflepuff. Tenía pelo castaño claro, de un color similar a la arena, unos preciosos ojos marrones y era de complexión fuerte y un tanto desgarbada, posiblemente debido a su puesto de guardián en el equipo de quidditch de su casa.
Los dos chicos que iban con él en ese momento eran Cedric Shafiqs y Reginald Cattermole, ambos pertenecientes a la casa de los tejones. El primero era un adolescente muy apuesto, de rasgos cincelados y expresión aristocrática, con ojos de un bonito color azul-grisáceo y el pelo negro, Lily ya lo había visto una vez ese día. Pues ostentaba el título de prefecto de Hufflepuff. Mientras que Reginald Cattermole era un muchacho castaño, bajito, de ojos marrones verdosos y cara un tanto alargada que se asimilaba graciosamente a la de un roedor. Aunque la pelirroja no le había visto aún aquel día, conocía al chico desde primero, compartían varias clases juntos y se llevaba bien con él, a pesar de la timidez de este.
- ¿Qué tal habéis pasado el verano? -Preguntó la leona a sus tres acompañantes llenando el vacío.
Y los tres chicos debieron encontrar el tema aceptable, pues pronto entablaron una conversación amena y ligera que les permitió llenar el tiempo que duró el trayecto en carruaje hasta llegar al castillo. Hablaron de vaguedades como el verano, las notas de los TIMO'S que habían tomado el año pasado, el nivel que les esperaba en las clases este curso. Además también especularon acerca del nuevo profesor de DCAO, ya que se decía que el puesto estaba maldito y nadie había conseguido durar más de un año. Una vez llegaron al castillo Adam nuevamente ayudó a Lily con su equipaje y los cuatro rápidamente colocaron sus cosas en el lado del hall donde se suponía que debían dejarlas para que los elfos se encargaran de ellas. Después de eso los dos leones se despidieron de los tejones antes de emprender rumbo a su mesa del gran comedor buscar en esta a sus amigas. Quienes se encontraban sentadas cerca de donde se pondrían los nuevos elegidos de Gryffindor, como cada año.
En cuanto les vieron acercarse Mary y Heather dejaron escapar una expresión de alegría y se pusieron de pie, apremiando a la pelirroja para que corriera a abrazarlas. Lily no opuso resistencia al pedido de sus amigas, y una vez estuvo al otro lado de la mesa frente a ellas, estiro su cuerpo por encima de esta. Después de los saludos se sentó al lado de Blish, a quién le sonrió con cariño antes de pasar un brazo por sus hombros y darle un ligero apretón, sabía que su amiga no era extremadamente fan de las muestras de cariño. Adam al contrario que ella se sentó al otro lado, colocándose junto a Heather, quién le abrazó a pesar de haberse visto unas horas atrás. Curiosamente, los dos adolescentes aún cuando llevaban tres años en la misma casa, no se hicieron amigos hasta que coincidieron en su primera salida a Hogsmeade, en tercero, y desde entonces eran inseparables.
- ¿Dónde estabas Evans? Me has abandonado durante el viaje -el tono de reproche en la voz de Blish hizo reír a la pelirroja.
- No es que tu seas la mejor compañía Blishwick- replicó Mary.
- Si Lils, no sé cómo te has atrevido a dejarnos a merced de está, podría habernos matado de camino aquí.
- Créeme Jorkins me lo he planteado seriamente -dijo mordazmente la negra.
- Haya paz -intervino la prefecta alegremente.
- ¿Y dónde has estado? Porqué supongo que tu después de visitarnos te fuiste con los tejones -Preguntó Heather esta vez, mientras señalaba a Adam con la cabeza, como queriendo dejar claro que dos de sus mejores amigos no habían decidido juntarse a sus espaldas.
- Así es -dijo él. -Fue en los carruajes cuando me encontré con Lily ya, hemos compartido esa única parte del trayecto hasta aquí -respondió el chico levantado sus manos al aire, fingiendo terror.
Los ojos de los cuatro gryffindors se posaron en la pelirroja tras esa cómica respuesta, quién comenzaba a sentirse incómoda.
- ¿Lils? -Insistió Mary.
- Me entretuve por ahí- contestó esquiva la ojiverde.
Escuchó un bufido proveniente de Mary, quien la miraba con sus castaños ojos entrecerrados de manera intensa.
- ¡Pasamos todo el verano sin verte y así es como nos lo recompensas!
- ¡Otra vez con lo mismo! -Bufó Blish, -por si no lo recuerdas nos vimos hace una semana- replicó haciendo mención a lo que había dicho todo el trayecto en el Hogwarts Express.
- Da igual, ella tiene razón- apoyó Heather a su amiga- no queremos que vuelva la Lily apática y que se encierra a estudiar.
- Sí, esa está bien para exámenes, pero no para ahora. Queremos a la Lily divertida de verano -continuo Mary.
- O la de navidad tampoco está mal -dijo la primera qué había hablado
- Mm… si pero esa es un poco despistada y melancólica -contribuyó Blish.
- Bueno vale lo siento, no lo volveré a hacer- cortó Lily apabullada por el rumbo que estaba tomando la conversación, ¿cuántas Lilys pensaban que había? Decidió dejar la fiesta en paz.
- Ya claro…- pronunciaron las tres a la vez.
Mientras tanto Adam negaba divertido con la cabeza por las ocurrencias de sus compañeras de casa, las chicas reían de la expresión molesta de su pelirroja amiga e incluso Blish se permitió sonreír.
- Ahora en serio Lily ¿estás bien? -Preguntó Heather.
- Si -asintió la prefecta -ya sabes Tuney -mintió ella, pues era más fácil que explicarles la verdad.
No tuvo que decir más, sus amigas sabían que el tema de su hermana era muy delicado y pronto la conversación fluyó de manera natural hacía otros lados. Haciendo tiempo hasta que la selección comenzase. Sin embargo, Angelina que había estado hablando, de un humor inusualmente agradable de su parte, empezó a impacientarse rápidamente. Sus aportaciones se volvieron más escasas, y todos sus comentarios o estaban llenos de acidez o resultaban cortantes. Todas sabían que su humor ya de por sí volátil lo era aún más cuando tenía hambre, sueño, perdía un partido o estaba estresada.
- ¿Cuándo va a empezar esto? Seguro que alguno de esos inútiles de primero se ha caído al lago y le han tenido que sacar - gruño.- ¡Nosotros no tardamos tanto!
- Blish, tranquilízate o vas a espantaras a los novatos antes de la selección y entonces sí que moriremos de inanición -llegó una voz socarrona desde uno sitios más allá, todavía más alejados de la puerta y aún más próximos al hueco que se dejaba para los de primero, estaban sentados los merodeadores.
Sirius Black sonreía a una corta distancia de ellos, pero a pesar de su sonrisa burlona su tono y cara delataban la misma molestia e impaciencia que su compañera de curso. Peter Pettigrew sentado a su lado, saludó alegremente a sus compañeros de curso y Remus Lupin quien se encontraba frente de ellos se tomó el puente de la nariz con los dedos en signo de resignación. El castaño claro miró con una sonrisa de disculpa al grupo. Sin embargo Mary y Heather ya habían estallado en carcajadas, ganándose una mirada asesinada por parte de la negra.
A pesar de la creencia popular existente en Hogwarts, los grupos nunca se habían llevado mal, como mucho tenían un roce aquí y allá, pero eso era común entre todos los adolescentes y más aquellos con los que tenías que convivir 24/7 diez meses al año. Por lo general ambos grupos pasaban la existencia el uno del otro por alto, a menos qué fuera estrictamente necesario o que algo requiriese espíritu gryffindor. Si bien, es cierto que había algunos integrantes que no se toleraban, el resto en general tenían una buena relación.
- ¡Oye! ¿Dónde está James? ¿No os acompaña? -Preguntó Mary, la primera en notar la ausencia del cuarto merodeador.
- Seguro que está con Katherine Lang por ahí, la he escuchado decir en el tren que de hoy no pasaba -dijo Heather riendo divertida -'ese sexy capitán de gryffindor será mío antes del anochecer'. -Imito la joven con una voz molesta, provocando caras de asco y carcajadas por todas partes.
- Ya le gustaría a esa -dijo Mary también entre risas -no podría conseguir a Potter ni en mil años. ¡Y ey! ¿Por qué no me has contado lo que has oído antes? -Reprochó a su amiga dándole un ligero codazo en las costillas, está se iba a disculpar pero...
- Pues no, James no está con Lang, aunque tampoco creo que sea demasiado bueno para ella...-replicó Black dejando claro a que se refería.
Las dos amigas, Adam y Peter rieron ligeramente a lio dicho por el joven oji-gris, y Remus y Blish dejaron escapar una sonrisa socarrona ante los gestos resignados de Lily. La prefecta era un tema aparte cuando se trataba de James Potter, ella evitaba opinar pues la relación entre ambos era… inestable por denominarla de alguna forma.
- Ahora enserio, ¿dónde está Potter, Black? -Cuestionó la prefecta.
- ¿Por qué tanta curiosidad Pops? -Devolvió el pelinegro, pero antes de que Lily pudiera preguntar nada o Sirius siguiera vacilando Remus les interrumpió.
- No está en Hogwarts, vendrá en unos días.
- ¿Y eso? -Preguntó Adam confundido dando voz a los pensamientos de todos.
- Está ocupado -dijo Peter evasivamente, solo ganándose más miradas.
- ¿Pero está bien? -preguntó ahora la prefecta.
- ¿Preocupada Pops? -Volvió al ataque Black con otra sonrisa burlona tan suya, la pelirroja le miró confusa una vez más.
- No Black -contestó Lily, al pelinegro, intentando borrar la molestia por ese nuevo apodo. -Solo lamentando muchísimo no poder escuchar este año como os avergonzáis segundo tras segundo, después de intentar adivinar y fallar la casa a la que va cada alumno nuevo, o quizá lo que lamento es que por primera vez desde que empezamos en Hogwarts no vamos a comenzar la clasificación de las casas en puntos negativos. -Añadió sarcásticamente.
- Temas familiares -dijo Remus mandando una mirada de advertencia a su amigo, y previniendo de que contestará ninguna maldad.
Los cinco gryffindors compartieron una mirada confundidos, pero si algo habían aprendido en sus seis años en el castillo, en especial Adam. Era que cuando los merodeadores querían guardar un secreto lo hacían y siempre era mejor estar lejos de sus asuntos.
Cuando Lily sintió sus tripas retorcerse de hambre, miró su muñeca donde tenía el reloj sorprendida, esto nunca sucedía, y en todo caso, solo era cuando la selección ya estaba avanzada. Al principio pensó que su reloj debía haberse estropeado, dado que según la hora ya deberían, por lo menos, estar llegando al final de la selección. Pero los murmullos de impaciencia y susurros que por primera vez llegaron a sus oídos a pesar de estar segura que llevaban un tiempo en el aire, extrajeron esa idea de su mente desviándose hacía el por qué de los cuchicheos.
Fue entonces cuando la voz de Lazy Bones una muchacha de cuarto de Gryffindor, sentada con sus amigas entre los dos grupos, llamó la atención de todos los adolescentes de sexto allí presentes.
- Chicas…-les dijo a sus amigas de forma insegura- ¿habéis notado que faltan el director y los jefes de las casas?
Y como atraídos por un imán, los ocho alumnos mayores, miraron en dirección a la mesa de profesores la cual debía ser ocupada por todos los profesores a excepción de McGonagall y Hagrid el guardabosques. Efectivamente, siete sitios se encontraban vacíos, cuatro pertenecientes a los jefes de las casas, el resto eran el de Hagrid, el director y el último suponían que pertenecía al nuevo profesor de DCAO. Por si eso fuera poco, fue en ese preciso momento, cuando las puertas del gran comedor se abrieron, dejando pasar la figura de una joven adulta que andaba con paso firme y seguro. Su presencia allí descolocó aún más a aquellos alumnos de los dos últimos cursos, sexto y séptimo, que fueron capaces de reconocerla, en especial a Lily y sus amigas.
- Esa es... -empezó Evans sorprendida de ver allí a la chica.
- Si -afirmó Jorkins, igual de impactada. -La pregunta es ¿qué hace aquí?
- No creeis que sea nuestra nueva profesora de defensa ¿no? -Cuestionó esta vez Mary.
Sirius dejó escapar una risa sarcástica -no Macdonald estoy convencido que viene aquí de vacaciones.
La castaña pasando por alto el comentario de su compañero compartió una mirada confusa con las 4 leonas.
No es que la joven hubiera cambiado mucho en el tiempo que llevaban sin verla, lo que para algunas apenas era unas semanas. La joven que entraba por las puertas siempre había desprendido un aura hipnotizante, y esto no había cambiado en los años que llevaba en el extranjero. Sino todo lo contrario, aún surtiendo un mayor y más profundo efecto. Pero no fue ese cambio lo que sorprendió a las leonas que no la habían visto, sino la identidad de la joven. Hacía años que creían que no volverían a verla atravesar las puertas del Gran Comedor, y menos vestida con una túnica blanca que se ajustaba a su esbelta figura y resaltaba contra su piel morena con elegancia, paso firme y mirada al frente. Dorcas Meadowes, se había graduado a finales del primer año escolar de su hermana pequeña, por eso su aparición causó todavía más murmullos y nerviosismo entre esos alumnos del Gran Comedor, que la reconocieron.
Los que no estaban en sexto o séptimo no podían saber quién era, sin embargo todos los mayores que la recordaban la conocían como la antigua alumna de slytherin y premio anual de 1971, es decir, se había graduado hacía ya cinco años. La joven subió de manera ágil y rápida los escalones que separaban la tarima, donde estaba la mesa de los profesores, del suelo donde se encontraban las cuatro mesas de las casas, apenas con un movimiento fugaz se apuntó a su garganta y aclaró la voz. Esta había sido mágicamente amplificada, y resonó por todo el comedor, imponiendo un silencio atronador.
- Para los que no me conocéis soy Dorcas Meadowes, seré vuestra nueva profesora de DCAO este año -varias exclamaciones se alzaron entre los estudiantes, y algún que otro aplauso cortés se perdió entre las paredes. -Ahora escuchadme, -su voz seguía siendo melódica, pero tenía un tono autoritario que Lily pocas veces había escuchado -por órdenes del director y el profesorado es obligatorio que todos los alumnos se retiren a sus casas pertinentes con la mayor rapidez posible. Los prefectos se encargan de organizar a los alumnos, los elfos les llevarán comida y bebidas para todos, cenarán en sus salas comunes y a menos que se les informe de lo contrario, mañana se seguirá el horario habitual de todos los años. Ahora, ¡retírense!
Y así como apareció se fue, la cara de perplejidad de los alumnos reflejaba la confusión del profesorado sentado en la tarima, la presencia y palabras de Dorcas Meadowes habían causado más estragos en el Gran Comedor, claro si esto era posible. Los ojos verdes de Lily recorrieron apresuradamente la mesa de los leones en busca de sus dos amigas rubias, pero fue incapaz de encontrarlas, le pareció ver a Marlene, pero era imposible que esta no estuviera acompañada de Pandora. Rápidamente y sin tiempo que perder, los prefectos se organizaron para dirigir a los más pequeños a sus habitaciones en las torres, y subsuelos. Sin embargo la pelirroja, dejó que ese papel lo asumieran los nuevos prefectos de quinto con la ayuda de los de séptimo. Y con la mayor rapidez posible se acercó a la mesa de ravenclaw, donde suponía a pesar de su infructuosa búsqueda, que se encontraban Marlene y Pandora, pero la pelirroja como había sucedido antes solo era capaz de ver a Mckinnon. Siguiéndole los talones estaban sus amigas y Adam, un poco por detrás los merodeadores.
- ¡Mar, Mar!- llamó Lily.
La chica se giró hacia ella, Marlene Mckinnon a quién ya conocemos, no solo formaba parte de un grupo integrado por gente de ravenclaw y gryffindor, si no que además era la mejor amiga de Lily Evans, a pesar de estar en casas distintas. Una sonrisa iluminó su rostro pero solo fueron unos segundos, y una mirada compungida la sustituyó velozmente. En su cara, ahora más pálida de lo habitual, resaltaban sus múltiples pecas, contrastando con esos zafiros que tenía por ojos. Que ahora estaban llenos de miedo a lo desconocido.
- Lils ¿cómo estás? No te he visto en todo el viaje- dijo mientras le daba un abrazo furtivo.
En lugar de contestar, Lily fue directa a lo que quería saber.
- ¿Marlene sabes algo de lo que acaba de ocurrir?
Marlene negó brevemente con la cabeza.
- Cuando nos separamos para tomar distintos carruajes -hablo mirando al resto de las chicas -Dora recibió un patronus de su hermana, no sé qué decía pues hablaba en código. Solo se que después de eso Dora no entró en el Gran Comedor y se quedó esperando a Dorcas fuera suponía que no iba a tardar mucho, me dijo que la esperase aquí. Supongo que ahora cuando entre nos podrá decir que ha pasado, si queréis quedaros, pero Lily -añadió esta vez solo mirando a la pelirroja -esto no tiene buena pinta. Ni siquiera se ha hecho la selección.
Ante la obviedad remarcada por su amiga ravenclaw la inquietud aumentó entre los leones, con muda comprensión se quedaron a esperar con ella junto a la mesa de las águilas. Lily tomó la mano de su mejor amiga y se fijó en ella. Marlene Mckinnon fue la primera amiga que se hizo en Hogwarts, aún recordaba como la niña de once años la ayudó en un momento delicado y la prefecta llevaba agradeciéndole desde entonces.
Marlene era poseedora de una gran belleza, puede que no fuera evidente como la de Mary, pero era indiscutible. Tenía un indomable cabello rubio, lleno de rizos que siempre se encontraban desordenados y le daba un aspecto salvaje como si de una leona se tratase, unos brillantes y grandes ojos azules de un color casi morado de lo oscuros que eran, y mil pecas esparcidas por todo su rostro, sus labios eran finos pero muy marcados y era poseedora de una sonrisa brillante. Era la capitana y buscadora de ravenclaw y eso le permitía tener una complexión fibrosa, aunque resultaba alta para su puesto de jugadora.
El sonido de unos pasos distrajo a la pelirroja del análisis al que estaba sometiendo a su amiga, y al girar el rostro se encontró con una Pandora poco común. Su expresión soñadora había sido sustituida por una sería y triste, andaba sin dar saltos de manera rápida y directa, y sus ojos estaban rojos y bañados en lágrimas que no había llegado a desbordar. La recién llegada se dejó caer en el banco de las águilas, y su compañera de casa y amiga se colocó rápidamente a su lado, pasándole un brazo por la espalda.
- Bueno ¿y? ¿Qué ha pasado Meadowes?
- Angelina -regaño Lily, a pesar de que ella también estaba notablemente impaciente -deja que se asiente.
La rubia tomó aire antes de hablar.
- Dor me ha dicho…-la voz se le entrecortó en ese punto, provocando que todos los presentes se tensaran un poco más. Inspiró fuertemente antes de decir con determinación- los mortífagos han secuestrado a una niña de primero justo antes de subirse a los botes, fuera de la protección de Hogwarts. Por lo que sé no ha sido bonito, Hagrid está herido intentó salvarla, pero... eran muchos y él tenía que proteger a todos los alumnos... -su voz quebrada, se había convertido finalmente en un suave llanto.
Sus palabras retumbaron en los oídos de todos fuertemente como si las hubiera pronunciado con un sonorus, Lily observó las reacciones de sus compañeros como si se tratara de una película a cámara lenta, su cerebro aún intentando comprender lo que acaba de escuchar. Mary se había agarrado con fuerza al brazo de Peter, mientras que Heather, quien ya estaba medio abrazada a Adam, apretó su abrazo y dejó escapar un gemido de horror. Sirius apretaba tan fuerte sus puños que gotas de sangre se deslizaban por su mano cayendo al suelo en un rítmico y escalofriante plop. Angelina apostada a la inmediata izquierda del joven también tenía los nudillos apretados, estos se habían vuelto blancos pero la sangre no caía de ellos. Marlene mantenía un rostro impasible al lado de Dora pero había afianzado su brazo y Remus se adelantó unos pasos en caso de que ella, Lily, le necesitara.
- Eso no es todo- continuó Pandora, esta vez levantó los ojos y clavó su mirada en Heather- lo siento tanto... -susurró con verdadero dolor en su voz, los ojos de la mestiza la miraban con expectación y terror. Ya anticipando el nombre de la víctima, pero negándose a creerlo. -Dor me ha dicho que la niña es Lissy Quinn.
Esas palabras fueron seguidas del estruendo que causó Jorkins al caer al suelo, mientras Adam intentaba evitarlo sin éxito.
Lissy Quinn, (como ya he mencionado antes), se trataba de la adorable vecina de Heather, y era casi como una hermana pequeña para la castaña. Lily la recordaba de todas las veces que habían sido invitadas a pasar el verano en casa de Heather, la pequeña siempre aparecía sonriente y queriendo jugar y hablar con las mayores, sentía una profunda admiración por su vecina mayor a quién quería como una hermana y el sentimiento era mutuo. Ese mismo verano, les había hablado de su carta de Hogwarts y las ganas que tenía de asistir por fin a la escuela. La niña ya había decidido que iría a la misma casa que su adorada Heather y sus amigas. Lo que la prefecta no sabía es que esa tarde, la pequeña tras compartir parte del viaje con sus amigas, se había despedido emocionada de Jorkins con un abrazo prometiéndole que pronto estaría cenando con ella, eso fue justo antes de tomar la dirección a los botes.
El sollozo que siguió hizo que el corazón de los presentes se encogiera. Heather, en el suelo, empezó rápidamente a convulsionarse mientras las lágrimas caían por sus mejillas como dos torrentes desbordándose, Mary soltó a Peter y como pudo se agachó al lado de ella, apretándole fuertemente entre sus brazos. Sin embargo, y a pesar de querer consolar a su amiga, lágrimas traicioneras caían por las mejillas de la castaña, al igual que sollozos involuntarios se escapaban entrecortadamente de sus labios.
Un silencio pesado y doloroso se había impuesto en el gran comedor, mientras todos los allí presentes asimilaban lo que acababan de escuchar. La idea de lo sucedido golpeando lentamente con comprensión a cada uno de ellos sumergiéndolos en un mar de oscuras y dolorosas emociones.
Lily no fue consciente de cómo llegaron al dormitorio, sin embargo en algún punto de la madrugada se despertó y se dio cuenta de que estaba metida en su cama. Desorientada miró alrededor para escuchar el llanto de dolor de Heather, y todo volvió a su memoria con filosa puntería. Aún más confundida cayó en la cuenta de que al día siguiente tenían clase y se suponía que debían continuar como si nada. Nuevamente la tristeza invadió cada uno de sus sentidos, y el dolor por no poder hacer nada por su amiga y por esa niñita la estaba volviendo loca. Suponía que todas las demás se sentían como ella, en especial Mary. Pero lo que nunca imaginó es que fuera a ser incluso peor unos días después, cuando el cuerpo de la niña fuese hallado.
Presentando signos evidentes de tortura, además de estar cubierto de sangre y suciedad como si de un simple trapo se tratase, su foto ocupó la primera página del periódico "El Profeta", y siguió siendo noticia durante varios días.
Tampoco sabía que desde ese momento la situación solo se volvería cada vez más oscura, retorcida y maquiavélica. Pero sí, cuando mirara hacía atrás, sabría identificar ese momento, como en el cuál comprendió la crueldad de la guerra.
Lissy Quinn murió a los pocos días del 1 de septiembre. No era la primera víctima en fallecer en esta guerra, pero sí fue la primera que tuvo gran repercusión en el todo grupo, cambiando para siempre el curso de sus vidas y el destino de la guerra.
¡Hola!
Gracias a todos por vuestra paciencia y por leer a todos los que lo habéis hecho, me hacéis muy feliz. Tengo una idea bastante clara de hacia dónde quiero encaminar esta historia (es la tercera vez que empiezo a reescribirla). Espero que os esté gustando por ahora, alguna sugerencia nunca viene mal y más siendo mi primera historia.
Si tenéis alguna duda ya sabéis podéis preguntarme lo que queráis, siempre que pueda responderos lo haré.
Gracias por todo, B .
