CAPÍTULO TRES.

Cuando ya habían pasado unos días desde su regreso, James pudo observar como los últimos acontecimientos no solo habían cambiado radicalmente la vida en la casa de los Potter, si no que también habían transformado la vida en Hogwarts. El colegio apenas era una sombra de lo que había sido unos meses atrás, las risas y el completo alboroto que solía llenar el castillo y sus terrenos habían quedado olvidados. Por lo que sus amigos le habían contado, había sido un comienzo de curso distinto, los encuentros y conversaciones en los pasillos habían disminuido hasta prácticamente desaparecer y en las salas comunes ya no se formaban aglomeraciones de estudiantes. Los muros del castillo que siempre habían guardado a sus habitantes de la realidad del mundo, parecían haber perdido su magia y el miedo se había colado por las rendijas llenando el aire.

Claro que esto no solo se debía a los acontecimientos del primero de septiembre, no, también se debía a que el castillo estaba más vacío que nunca. Muchos estudiantes no habían vuelto aquel curso, James no quería imaginarse a qué se debía. Pero creía que en su mayoría las familias mágicas, al menos aquellas que no se negaban a ver la realidad, habían una de dos posibilidades; o abandonado el país o dos decidido esconderse hasta que todo pasara.

El lunes que marcaba el inicio de la tercera semana des septiembre, James recibió la primera carta acerca de su primo. Era una breve nota de su padre, escrita con rapidez y descuido, contenía 6 palabras y ni una sola explicación, "El Ministerio ha cerrado el caso". James tuvo ganas de gritar al leerla, ¿acaso era un chiste?, no era mayor de edad pero ¿quería eso decir que no se merecía explicaciones?, rápidamente cogió una pluma y en el reverso de la nota escribió tres símbolos interrogantes seguidos por toda respuesta. Ató la pata a la lechuza que estaba descansado sobre su mesilla y bajó a desayunar de mal humor, sabía que el animal se iría cuando quisiera.

Dando vueltas al asunto se sentó a desayunar junto a Blish, quién le recibió con un asentimiento de cabeza. Sus amigos no bajaron aparecieron en el salón en toda la mañana. En lo que respecta a Sirius y Peter, cuando James salió del cuarto aún seguían roncando cada uno en su cama, y el azabache sabía que Remus tenía revisión con el sanador Apgar, así que se imaginaba que el prefecto se había despertado muy pronto esa mañana. James no podía evitar sentirse culpable. Se había saltado la noche de luna llena por haber estado en casa, y aunque ninguno de sus amigos le dijo nada, para el morocho era más que evidente que no había sido una buena noche. Remus había salido lesionado, y ahora tenía una nueva herida en la espalda que debía ir a revisarse con el sanador Apgar hasta que este le diera el alta o hasta que cicatrizara bien la herida. Por suerte, el licántropo, no había causado ningún daño a Peter o a Sirius, o de lo contrario James estaba seguro de que el prefecto hubiera vuelto a su fase de autoexclusión. Más o menos de esas tenía al año un par, y por lo general era cuando volvía a casa, no necesitaba tener a su amigo auto flagelándose.

En algún momento mientras James estaba perdido en sus ideas, el correo llegó. Como cada día cientos de lechuzas entraron volando por las ventanas del gran comedor para traer a los alumnos cartas y mensajes de casa, y a aquellos que estaban suscritos a revistas y periódicos, la prensa. Potter que no estaba suscrito a nada, menos a la revista nacional de quidditch que sacaba un ejemplar a principios de mes, no recibió ni una sola carta. Tampoco acostumbraba hacerlo, de vez en cuando, tenía cartas de sus padres, pero al parecer la breve nota de esa mañana debía ser suficiente comunicación. También recibía de vez en cuando, mensajes de amigos que vivían fuera de Hogwarts, es decir, gente que se había graduado, y por último la otra persona que acostumbraba a escribirle con más frecuencia era su primo Tim. Con una punzada en el pecho James fue consciente de que eso no ocurriría por un largo tiempo, si es que alguna vez volvería a suceder.

No se percató de la tensión que se había formado en el ambiente, hasta que notó como Blish frente a él apretaba la mandíbula y los puños, mientras que hacía a un lado sus gachas, sus ojos dorados estaban clavados en las páginas del periódico y evitaban mirarlo. El adolescente no hizo ningún movimiento ni dijo una sola palabra a su compañera, pero la reacción de Blish y el hecho de que esta evitara mirarle, le aseguraron que algo andaba mal, muy mal. Angelina Blishbick y James, tenían una buena relación desde tercero, cuando ella entró por primera en el equipo de quidditch como suplente. No eran lo que se podía considerar amigos, pero se llevaban bien. El azabache disfrutaba de su compañía, porque no se trataba de una persona con la que tuviera que tener una conversación carente de sentido e insulsa para llenar el silencio. Simplemente podía sentarse junto a ella, y la chica no le molestaría, como aquella mañana, o podía hablar de quidditch, cosa que siempre le apetecía. Sin embargo, algo había cambiado en Blish en las últimas semanas, parecía haberse vuelto más humana, menos indiferente a lo que ocurría a su alrededor. El capitán lo odiaba, no entendía porque no podía volver a ser como antes. James, recordaba que una vez había odio a Macdonald, en una de sus tantas peleas con la negra, llamar a Blish "robor" o algo así. Tuvo que preguntarle a Remus que era, ya que el castaño no había podido contener el ataque de risa, James ese día aprendió que los "robors" eran creaciones muggle de metal que no tenía sentimientos. En el momento al azabache le pareció una descripción muy acertada.

Los susurros empezaron a crecer en el comedor, tanto, que se estaba convirtiendo en un zumbido incesante en sus oídos. No sabía si se lo estaba imaginando o no, pero le pareció que todo el mundo le miraba. Fue finalmente ahí, cuando Blish sin decir nada le pasó el periódico bruscamente. En primer plano una foto de él y sus padres le sonreía de vuelta. James se quedó unos segundos contemplando la imagen, demasiado sorprendido para cualquier cosa más, luego abrió el periódico por la página correspondiente.

"Fleamont Potter contrabandista peligroso?"

¿Es la ambición de los Potter tan inocente como parece? ¿O son capaces de recurrir hasta rituales de magia oscura para lo que quieren?

Fuentes confidenciales informan a esta reportera que el pasado treinta y uno de agosto el sobrino favorito del famoso pocionista Fleamont Potter, sufrió un altercado en un bar del callejón gloomy a las tantas de la madrugada. Como muchos de ustedes sabrán, los Potter son una de las familias más antiguas y poderosas de Inglaterra, durante generaciones han ido ganando poder y respecto en nuestra sociedad mágica. Sin embargo, esta servidora no puede evitar preguntarse sí ¿aquellos eventos ocurridos la pasada madrugada no estarán relacionados con la forma de ganar poder de los Potter? Durante años han surgido numerosos rumores acerca de la reputación de esta familia, rumores que muchos hemos querido acallar e ignorar por el cariño que tiene esta comunidad hacía ellos y sus afable apariencia. Pero, ¿acaso no sabe toda la sociedad mágica la clase de cuchitriles que hay y el tipo de gente que se pasea por los bares de ese callejón? Entonces, ¿cómo es que el sobrino del mismísimo Fleamont Potter estaba ahí? La mujer del señor Potter, Euphemia Potter, también proviene de una antigua familia de magos, los Caradoc. Quienes como los Potter, nunca han sido ajenos a ingentes cantidades de galeones y poder, quizá acostumbrados a las comodidades, fue su ambición y ansias de reconocimiento lo que llevó al matrimonio a unirse.

Sin embargo, mis queridos lectores, se preguntarán que tiene que ver el pasado de ambas familias con lo acontecido ese día. Pues bien, se trata del sobrino político de Potter quién fue atacado, Tymain Dearborn. A diferencia de sus hermanos, Cincinato y Caradoc Dearborn, amados funcionarios del Ministerio con estelares carreras, Tymain carece de trabajo, y por lo que hemos podido averiguar, también carece de una educación mágica en Hogwarts. Aunque desconocemos los motivos detrás de esto último, solo podemos asumir que se trata de algo muy malo. ¿Por qué otro motivo una de las familias más antiguas y respetadas de la comunidad mágica como los Dearborn dejaría que sólo el último de sus hijos no recibiera una educación en Hogwarts? ¿Y por qué el menor de los Dearborn es el único que tiene una relación estrecha con su tía materna, la señora Potter? Para mí las respuestas a estas preguntas no pueden ser más claras.

La pobre señora Dearborn al nacer el tercero y último de sus hijos, actuando de manera inocente, nombró a su hermana política como madrina de su último hijo, creyendo que esto satisfaría las ansias de la señora Potter de ser madre. Fue ahí cuando la señora Potter, cuidó a Tymain Dearborn como propio, inculcándole sus ideales. Cuando la pobre señora Dearborn quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde, su hijo ya había sido corrompido por la ambición de Euphemia Potter. Y temiendo lo peor, la señora Dearborn evitó mandar a su hijo a Hogwarts y decidió educarlo en casa. Donde intentó mantenerlo alejado de su cuñada, pero ya era demasiado tarde y el niño había formado un vínculo con su tía. Ahora con todo lo que sabemos no podemos evitar preguntarnos sí ¿acaso ese "vínculo" no puede ser el resultado de un hechizo o aún más probable una poción, más que un lazo real?

Tymain Dearborn, ha crecido aislado de la sociedad mágica, con unos hermanos mayores que le sacan demasiada distancia y una madre viuda que ya ha gastado sus energías en sacar adelante a dos hijos ejemplares. Tymain afianzó más que nunca el "vínculo" con sus tíos alejándose lentamente de su madre y hermanos. Y cuando por fin alcanzó la mayoría de edad, ese "vínculo", meticulosamente cuidado por su tía se volvió de utilidad. Fleamont Potter, es famoso por sus pociones, sin embargo, quienes estuvieron con él en Hogwarts, son incapaces de recordar que esta asignatura o cualquier otra se le diera bien. Así nos lo cuenta un querido personaje público Theodore Nott V "Potter era un gryffindor y el hijo de un miembro del Wizengamot, muchos profesores le dejaban pasar toda clase de cosas, incluso le ponían buenas notas cuando su caldero explotaba. Nunca fue muy brillante, pero claro eso no es lo que piensa la gente." Tras esta declaración, no nos sorprende que su negocio de pociones haya perdido unos cuantos cientos de galeones, y que Potter a la desespera por mantener el poder de su familia tuviera que recurrir a su sobrino.

Si bien no sabemos mucho sobre Tymain Dearborn, lo que si sabemos con seguridad es que carece de habilidades sociales, que la persona más cercana a él es su ambiciosa y manipuladora tía Euphemia Potter, y que el joven proviene de una poderosa familia de altos y fuertes magos. Con esto en mente, no nos cabe duda de que Tymain Dearborn es un joven capaz de infundir miedo a cualquiera, y por eso el en apariencia afable señor Potter utiliza el "vínculo" que este tiene con su mujer para intimidar a la gente o incluso pasar pociones altamente peligrosas en el mercado negro que nadie más esta dispuesto a hacer. O eso nos cuenta una joven y dulce fuente que no se quiere identificar por miedo a represalias "una vez estaba con mis amigas en un bar, -nos dice la joven- era el cumpleaños de una de ellas, cuando se me acercó un joven alto y extraño. Me dijo que se llamaba Tymain Dearborn, y que si queríamos saber lo que era una fiesta de verdad el podía conseguírnoslo. Nos marchamos en seguida, no nos dio buena espina." Ya ven mis queridos lectores, que nada de esto tiene sentido de no ser Tymain Dearborn la mano derecha de Potter, o ¿por qué otra razón dejarían al muchacho en casa de sus tíos y no se sus padres, a menos que fuera un aviso para el mismo Fleamont Potter?

No sabemos en que anda metido el señor Potter, pero esta reportera no puede más que lamentarse de la mala suerte que ha vivido el menor de los Caradoc. Quién impulsado por la soledad e instigado por sus ambiciosos tíos ha sido cruelmente manipulado y se ha visto envuelto en ciertamente, cosas peligrosas, las cuales le han acabado costando caro. Espero mis queridos lectores, que todo esto haya resultado esclarecedor, tanto para ustedes como para el Departamento de Aurores, quienes sin ninguna duda tendrán que tomar cartas en el asunto. Solo queda decirles mis queridos lectores que las apariencias no son lo que parecen, y si bien los señores Potter sin lugar a duda dan la imagen de ser buenos y preocuparse por la comunidad mágica, no es la primera vez que hay rumores en torno a ellos. ¿O soy yo la única que recuerda todo aquel escándalo casi 18 años atrás? Cuando tras mucho intentarlo anunciaron que "tendrían un hijo", el único heredero de toda la fortuna, James Potter. Sin embargo todos sabrán, que esto era imposible dada la edad más que entrada en años de la señora Potter. Y fue ahí cuando los primeros rumores acerca de que el heredero Potter pudiera ser un niño robado o el resultado de un oscuro ritual mágico, fueron acallados. Nunca descubrimos la verdad sobre ese asunto, pero queda claro una cosa, sea James Fleamont Potter, da igual que sea el hijo biológico, robado o creado a partir de magia de los Potter. Porque el muchacho se ha criado con ellos, por lo tanto es igual de peligroso que "sus padres."

Informa la joven y atractiva, Rita Skeeter.

Una incrédula risa fría escapó de la garganta del joven nada más terminar de leer el artículo, no sabía quien era esa tal Rita Skeeter, pero sin ninguna duda estaba completamente demente, ¿quién en su sano juicio se iba a creer nada de eso? ¿Qué él era el resultado de un experimento mágico? ¡Venga ya! Sin embargo, los rumores, cuchicheos y las miradas de preocupación y temor que le lanzaba la gente decían lo contario. Los estudiantes se lo estaban creyendo. Poco a poco la incredulidad dio pie al enfado, noto como la ira rápidamente bullía por el. Sus manos se contrajeron en puños arrugando el periódico en las esquinas por donde lo tenía sujeto, Blish le lanzó una calculadora mirada, pero antes de que pudiera hacer nada por el. Una jarra con zumo estalló a escasos metros de ellos, cubriéndolos a los dos y a quienes estaban en sus inmediaciones de jugo. Eso fue lo que la gente necesitaba para confirmar los oscuros orígenes de Potter, más rápido de lo que alguien puede decir "nox" los gritos y murmullos no se hicieron esperar en el comedor. Cabreado, el azabache lanzó el periódico y rápidamente abandonó el gran salón, siendo seguido por cientos de ojos.

Por eso unos días mas tarde, aquella mañana de miércoles escolar, tras varios días de sometimiento constante a los cuchicheos de los alumnos y reacciones de pánico inesperadas, James Potter decidió que no estaba de humor para aguantar dos horas de pociones con Slughorn, donde estaba seguro se comentaría su habilidad para hacer pociones y de alguna forma se ligaría a su supuesto nacimiento. En lugar de eso James se tomó la mañana libre para pasear por el bosque y calmar sus alterados nervios. Mientras andaba entre los retorcidos y sinuosos caminos del bosque que tantas veces había recorrido, sus pensamientos vagaban libres huyendo a cualquier parte, lejos de los sucesos enfermizos e inquisitivos que inundaban su amado colegio. Sin embargo, la mente de James no pudo evitar viajar a un tema tanto o más inquietante, para el azabache no se trataba exclusivamente del ambiente desconocido y desolador que había invadido Hogwarts, sino que además las dudas sobre el estado de seguridad de su familia no paraban de asaltarle. Aún no había recibido ni una sola carta de su casa desde que se publicó el artículo, pero estaba seguro que así como le había afectado a él, seguro que también sus padres habían recibido represalias.

La falta de noticias, en opinión del adolescente, no auguraba nada bueno y sus padres no confiaban en que él fuera lo suficiente maduro como para soportar la información que pudieran darle, porque era solo un crío. A pesar de todo, y como ya hemos mencionado antes, James Potter nunca había sido de aquellos chicos que aceptaran un no por respuesta, y sino que se lo pregunten a Evans.

Si algo había aprendido es que siempre había que tener un número ilimitado de planes de escape, y el capitán de gryffindor siempre tenía un as bajo la manga. En este caso, se trataba ni más ni menos que de la elfina Bonky. Aunque en su última noche en casa el joven se había enfadado con la criatura por lo que consideraba una traición. Años de solitaria infancia y firme amistad con su elfo le habían llevado a formar una rápida tregua. El joven azabache le había dado antes de partir rumbo a Hogwarts estrictas órdenes de que le mantuviera informado en todo momento, y la cumplidora elfina se aparecía todas las noches en el dormitorio de los alumnos de sexto de gryffindor a traer un reporte diario de cómo estaban las cosas en la mansión. Aunque James sospechaba que sus padres ya sabían acerca del trato que había formado con Bonky y ellos mismos habían contrarrestado el mandato, ordenando no revelar nada demasiado revelador.

De cierta retorcida forma, esto suponía un alivio para el azabache, que sus padres tuvieran suficiente tiempo para pensar en las triquiñuelas de James era bueno.

Después de saltarse por lo menos todas las clases de la mañana y despejar su mente, el león decidió que ya era hora de reaparecer en el castillo, por lo menos para la comida si no los merodeadores empezarían a preocuparse. Cuando llegó al gran comedor vio a sus amigos sentados en la mesa de gryffindor, y como empezaba a ser costumbre estos días los rumores le siguieron desde el momento que entró por la puerta hasta que se sentó a un lado de Remus. Junto a sus amigos estaban comiendo las chicas de su curso, bueno decir chicas era mucho, pues de seis integrantes en su año solo estaban dos sentadas, frente a Canuto y Colagusano, y apostadas al lado de Remus, Mary y Blish.

- ¿Qué tal el paseo por el bosque? -Le preguntó Sirius nada más llegar -¿ha resultado esclarecedor?

- Shh -le acalló Lupin rápidamente -no hables tan alto ¿quieres?

- ¿Qué más da? -Refutó el oji-gris -no es que nadie le importe donde haya estado Cornamenta.

- Black tiene razón -apoyo Blish -no es como si fuera haber más rumores porque sepan que ha estado en el bosque. Total ya creen que eres un ser oscuro.

Por un segundo todos en el grupo se tensaron ante las palabras de la morena tan crudamente dichas. Los gryffindors dividian sus ojos entre Potter y Blish, y Sirius Black tenía una sonrisa de diversión que a duras penas podía o quería contener, hasta que James estalló en carcajadas, y segundos después le siguieron el resto.

- Bueno -dijo Mary quién se había recompuesto rápidamente -créeme eso no te ha restado popularidad entre las chicas de Hogwarts, -el azabache posó sus ojos avellanas en ella -de hecho creo que aún hay más chicas que desean a James Potter, algo acerca de chicos malos y esas mierdas -acabó la castaña con una sonrisa ladina en sus generosos labios.

Ahora si que la risa no se hizo esperar, mientras una sonrisa aparecía en James, quién al mismo tiempo sacudió la cabeza con nerviosismo y se pasó una mano por el pelo, desordenándoselo aun más de ser posible.

- Aún así creo que deberíamos cambiar de tema -comento Remus, señalando disimuladamente a un grupito que cerca de ellos cuchicheaba y les lanzaba miradas de reojo -aunque es divertido, lo mejor es no lanzar leña al fuego.

- ¿Leña al fuego? -Pregunto Peter curioso.

- Es una expresión muggle -respondió Mary, ya que ninguno de los sangre limpia supo explicarlo -quiere decir dar motivos a algo.

Una mirada de entendimiento brilló en los ojos de todos los presentes, sin embargo cierta tensión se había creado en el grupo al notar las reacciones de la gente de alrededor, el único que parecía completamente indiferente a todo ello era Sirius Black. Quién sin inmutarse se dedicó a mirar intensamente al grupito que cuchicheaba con la intención de hacerlos abandonar el gran comedor.

- ¿Habéis escuchado ya Venom Potion? Creo que esta muy bien, todo el mundo dice que los Basiliks son geniales -Peter quien no aguantaba bien el silencio tan incómodo que se había creado intentó iniciar una conversación.

- Pettigrew, si quieres acabar con silencios incómodos por lo menos hazlo hablando de un tema que conozcas.

- ¡Blish! No seas borde -exclamó Mary.

- Es verdad, no sabe de lo que habla y se nota -replicó la afro-inglesa. - La canción se llama Posionous Potion y el grupo Basiliks Venom, es básico.

- Eres una amargada -comentó Sirius.

- Lo seré -se encogió de hombros ella -pero al menos sé de lo que hablo y no intentó llenar vacíos innecesariamente.

James ante esto no pudo evitar reírse por lo bajo intentando no ofender a su amigo, siempre le había hecho mucha gracias lo directa y práctica que era su cazadora. Aunque veía que Peter ahora se sentía más incómodo que antes y era por su culpa.

- Y tu de todas formas ¿cómo sabe eso? Si no te gustan nada -interrogó Mary.

- ¿No has oído a Pettigrew? Todo el mundo habla de ellos -contestó cruda y sarcásticamente.

- Vaya Blishwick hoy estás más perra que nunca -contraatacó Sirius, Blish simplemente le ignoró.

- Ahora enserio Blish, -trato de desviar el tema Mary, mirando asesinamente a Sirius -¿cómo los conoces?

- Por Jorkins claro, es una fanática. Aunque ahora mismo no es que de mucho el coñazo con ellos o con nada en general, está bastante bien eso -el silencio se volvió más denso debido a la contestación de la chica.

- Blish -reprocho Remus.

- ¿Qué? -Preguntó ella a la defensiva.

- Pues -empezó Macdonald cortante, olvidando que hace un momento había defendido a su amiga -que tienes la sensibilidad en el culo.

Blishwick clavó sus ojos dorados en los marrones de su compañera, encontrándolos llenos de una frialdad inusitada en la hija de muggles.

- Perdón -dijo finalmente dándose cuenta de lo que había hecho, aunque estaba claro que era más un acto reflejo que arrepentimiento.

- ¿Bueno y por qué no hablamos del verano? Es más fácil -intentó volver a encauzar las cosas Remus, -¿os parece?

- Si genial, -exhaló Peter -pues, ¿qué tal el verano chicas? -Preguntó con un amago de sonrisa y temiendo que la negra volviera a contestarle de esa manera.

"Cansado" fue toda la respuesta que recibieron de la cazadora, Mary rodo los ojos aunque seguía demasiado ocupada mirando mal a Blish para contestar.

- Bien, -habló James, como si no hubiera pasado el verano con Peter, al ver que nadie estaba dispuesto a hablar más. -¿Sabéis? Estos tres zoquetes se han pasado la mayor parte del verano en mi casa así que no ha sido tan aburrido como siempre, -dijo en dirección a las chicas -ah y Marlene también ha estado varias veces.

- ¿Marlie? -Demandó la hija de muggles sorprendida, olvidando momentáneamente su cabreo, el azabache asintió -¿y cómo es eso?

- No sé -contestó Potter encogiéndose de hombros -siempre viene a pasar un par de semanas, desde que tengo memoria.

Marlene Mckinnon era la primera persona ajena a su familia que James Potter recordaba haber conocido, desde su infancia los dos chicos se habían visto abocados a formar lazos de amistad, impulsados por sus madres, quienes eran primas en segundo grado y tenían una relación muy cercana. Aunque James al crecer se dio cuenta de que existía una intención mayor detrás de esas quedadas, los señores Potter nunca habían creído en los matrimonios concertados pero si creían en inclinar las opciones de la balanza en su favor. Por eso a pesar de lo numerosa que era la familia de la rubia, ella era la única de sus hermanos con excepción de William y Daegal que iba a casa de los Potter. Aunque al crecer y percatarse de la intención de sus padres, James dejó en claro que él se casaría con quién quisiera, ya fuera sangre pura, mestizo, hijo de muggles, squib o muggle, haciendo sin saberlo sentir a los Potter más orgullosos que nunca.

A pesar de ello, James y Marlene ya eran los mejores de los amigos para cuando entraron a Hogwarts, y aunque cayeron en casas distintas y se distanciaron. Ese primer verano el águila volvió a acudir, puntual, como todos los veranos a pasar un par de semanas donde los Potter, sin embargo esa vez se encontró con que no era la única invitada. De esa forma retomaron los lazos que habían perdido ese año escolar, y la rubia conoció un poco a "los tontos compañeros" de casa de su amiga Lily. Tanto James como Marlene se prometieron seguir haciendo lo mismo todos los próximos veranos para asegurarse que esa amistad de la infancia no cayera en el olvido como muchas antes habían hecho.

- Vaya no lo sabía -Macdonald parecía verdaderamente sorprendida -¿tu Blish? -Preguntó olvidando su enfado con la morocha definitivamente, debido a la nueva y jugosa información.

- No.

El silencio volvió a caer sobre la mesa y durante unos minutos solo se escuchó el sonido que hacían los cubiertos contra el plato.

- Mucho ha durado el tema del verano -comentó sarcástica la cazadora, recibiendo miradas de todos.

- Eso es porque no nos habéis preguntado por qué vamos a casa de James -dijo Remus sonriendo a Peter, quién era el que más decepcionado parecía.

- ¿Es qué tenéis más motivos que verle? -Preguntó Mary interesada al prefecto.

- Si claro, ver a Cornamenta no puede importarnos menos -rio Black -la única razón por la que vamos a su casa es por Euphemia, ella es la luz de nuestras vidas -simulaba usar un tono confidencial.

- Y no olvidemos las galletas y el pastel de melaza.

- Tienes razón Pete eso es fundamental- Sirius asintió a lo dicho por su amigo.

Mientras Remus asentía serio, y James hacía burla a sus amigos, ya que sabía que solamente se comportaban como niños con la intención de animar a las chicas, cosa que parecía que estaba funcionando. Mary tenía una sonrisa en los labios, el azabache no pudo evitar notar que no era como las de siempre. Meticulosamente estudiada para ser la perdición de cualquier chico de Hogwarts, más bien parecía un mero reflejo de aquella, algo mucho más real. Sin embargo Blish encontró todo el comportamiento ridículo y no dudo en dejarlo claro, la suave risa de Mary llenó la mesa ante la respuesta arisca de su amiga. Y durante un par de minutos Hogwarts se sintió como siempre.

- Algún día James me tendrás que invitar a tu casa, tengo que conocer a tu madre y probar su cocina.

- Dalo por hecho- contestó el joven con un guiño.

- Si seguro que mamá se alegra de que Jamie lleve a casa una chica que no sea Marlene o McGonagall.

Esa era otra cosa sorprendente de Sirius Black y James Potter, no solamente eran amigos sino que además se comportaban como hermanos. Uno de los tantos rumores que había recorrido las reuniones de la alta sociedad mágica ese verano. Era que el mayor de los Black por fin había dejado la maldita casa de sus padres y había huido a la de Potter. Donde aparentemente solo pretendía quedarse un par de noches, hasta encontrar otro sitio, pero que los señores Potter se habían negado en rotundo y le habían acogido como un hijo propio, incluso se hablaba de una posible adopción.

Aunque Mary aún no había preguntado nada acerca del tema por respeto a sus compañeros, llevaba medio verano deseando una confirmación, desde que le llegó el rumor por su entonces novio de verano. Era uno de los tantos temas que Heather y ella habían tocado en el tren de camino a Hogwarts. A la castaña, le gustaba saber las cosas pero siempre había considerado que había límites, temas de los que no se podía hablar y otros que sí. Y uno tan serio como este, entraba en la categoría de inadmisible, sonrió ligeramente ante la interacción de los dos payasos que tenía enfrente. Y fue justo cuando James iba a decirle a Sirius por donde podía meterse sus comentarios, cuando Pandora Meadowes llegó como una exhalación a donde estaban ellos.

Tenía el cabello rubio más alborotado de lo normal, con flores trenzadas por todas partes, y los ojos azules le brillaban con intensidad parecían más conscientes de lo que ocurría alrededor que de normal, su piel pálida se encontraba colorada en las mejillas y su respiración era rápida e irregular, como si acabara de correr una maratón. Todos se pusieron alerta al verla.

- Dora ¿qué pasa? -Remus fue quien formuló la pregunta con amabilidad, pero a ninguno se le escapó el tono de preocupación detrás de su aparente tranquilidad.

- Marlie, Lily y Heather tienen problemas, Marlenne me ha dicho que viniera por vosotros. Estábamos en el patio del reloj tranquilamente sentadas, no se que ha pasado me distraje y de repente Lily estaba rodeada de slytherins...

No hizo falta que dijera más que eso para que las chicas y Remus se pusieran de pie como una exhalación y corrieran en ayuda de sus amigas, hacia donde les había indicado la rubia. James se quedó paralizado en la mesa, estaba en una encrucijada, después de lo ocurrido a finales del curso pasado se había planteado su comportamiento respecto a Evans seriamente, y en verano había tomado una decisión. El capitán fue el último en levantarse de la mesa y dirigirse allí, Sirius y Peter no habían tardado en seguir a los otros cuatro, seguramente llevados por las ganas de pelea y espectáculo más que por un instinto protector.


El viejo roble que se encontraba en el patio del reloj proyectaba sombras sobre las pálidas piernas de Lily. Las hojas creaban dibujos sobre su piel blanca, mientras los rayos de sol golpeaban su cara haciendo resaltar sus pecas y provocando que una sonrisa sincera pero cansada apareciera en sus labios.

La pelirroja sentía que su cabeza estaba a punto de estallar, hacía tres semanas que había empezado el curso y ya estaba resultando el más duro desde que entró en Hogwarts. A pesar de que era la hora de la comida no tenía hambre, su estómago estaba revuelto y su apetito se había cerrado durante las dos últimas semanas. Por eso había preferido sentir el aire fresco, a encerrarse en una sala donde solo recibirá miradas preocupadas y comentarios de sus compañeros. Cuando se lo propuso a sus amigas, Heather, Marlene, y Dora aceptaron al instante. Mientras que Blish y Mary fueron al Gran Comedor a almorzar. Ahora, ellas cuatro estaban sentadas en el patio interior del colegio.

Mientras Dora tarareaba una canción y se trenzaba el pelo con pequeñas flores que encontraba por ahí, Marlene rellenaba un crucigrama en voz alta y Heather simplemente estaba ahí parada sin hacer nada. Lily no pudo evitar refrendarse de pensar que, si lo sucedido había afectado a todos los alumnos de Hogwarts, a la mediana de los Jorkins le había sentado como una patada en el estómago. Pero no lo dijo en voz alta, eso hubiera sido demasiado.

La última vez que le habían escuchado hablar fue durante el funeral y ya había pasado una semana, su falta de reacción estaba empezando a preocupar seriamente a las chicas. Quienes pensaron que tras pasar el fin de semana pasado anterior, en casa junto a sus hermanos se encontraría mejor. Aunque para lo único para lo que había servido era para aumentar su dolor. Ni siquiera Edward o Adam eran capaces de hacerla reaccionar, la adolescente se paseaba como un autómata por el colegio. Y a pesar de que la prefecta deseaba estar equivocada estaba empezando a pensar que quizá el novio de la joven se estaba cansando de eso.

Así que los alumnos de sexto de gryffindor habían llegado a un acuerdo no tácito, mientras que Heather no hiciera ninguna locura todos la cubrirían como pudieran.

- Vaya, vaya qué tenemos aquí.

Lily abrió los ojos y se topó con un grupo de slytherins en frente de ellas, encabezado por Angus Mulciber, Regina Rosier, Polux Avery y lo peor, Severus Snape. Detrás de ellos se encontraban niños de diferentes cursos todos portando el uniforme de slytherin. Al fondo fue capaz de distinguir la esbelta figura de Regulus Black. El pequeño de los hermanos estaba lo suficientemente lejos para que nadie pudiera decir que formaba parte del grupo pero no tan lejos que no podía escuchar y ver lo que pasaba.

Pero eso no era lo que debía preocupar a ella, pues quién había hablado era Mulciber.

- Piérdete Mulciber, tu hedor no me deja pensar con claridad y aún no he terminado mi crucigrama -Marlene fue la primera en reaccionar, con una respuesta poco común en ella.

- ¿Hedor? Creo que te equivocas Mckinnon -replicó Mulciber.

- Si, el hedor proviene de tu derecha querida, no de nosotros -esta vez quién tomó la palabra fue Rosier, coreando a su compañero de casa. -Y si me refiero a ti sangre sucia. -Añadió dirigiéndose a Lily, quién no se dio por aludida.

Eso enfureció a Marlene quien inmediatamente tiró el periódico mientras se ponía de pie de un salto y enfrentaba a las serpientes.

- ¿Qué has dicho Rosier? -Dijo mientras se apartaba con brusquedad su pelo rubio rizado, y encaraba a la slytherin unos cuantos centímetros más bajita que ella.

- Ya la has oído Mckinnon, solo ha señalado la verdad.

- Marlene déjalo no merece la pena -intentó apaciguar Lily agarrando a Marlene del brazo, a pesar de sentir su sangre bullendo.

- ¿Habéis oído a la sangre sucia? No merecemos la pena -Mulciber hablaba en dirección a los slytherins, estos estallaron en carcajadas todos a la vez.

- Aquí lo único que no merece la pena sois…, bueno vosotras. Una sangre sucia, una tarada, una patética traidora a la sangre, y una especie de híbrido. ¿Cómo has podido caer tan bajo Mckinnon?

Heather a pesar de estar últimamente muy despistada, fue capaz de captar ese insulto hacia ella y sus amigas. Y eso hizo que por primera vez en días su carácter saliera a flote, se puso de pie a la altura de sus otras dos amigas. Quienes llevadas por el instinto protector se colocaron parcialmente delante de ella tapándola.

- ¿Híbrido? Vaya Rosier pensaba que tu eras aquí la única mezcla -contraatacó Lily sonriendo "dulcemente" -mitad humana mitad arpía.

- ¡TU! ¿Cómo te atreves asquerosa sangre sucia? -La slytherin perdió la compostura y se adelantó amenazadoramente como una cobra apunto de lanzarse.

- O créeme víbora no eres la única de lengua rápida.

- Si, pues ya verás…

- ¡Basta! No hemos venido para esto Regina -fue Avery quién la cortó. -Severus -tras escuchar como llamaban a su ex amigo, el corazón de Lily se saltó un latido y la confusión debió ser visible en su rostro porque las sonrisas de los slytherin se acentuaron.

- Cierto -estuvo de acuerdo Mulciber -Snape tiene que demostrarnos que lo que afirmaba el otro día es cierto.

- Procede Snape.

El corazón de Lily cada vez latía más fuerte, tenía un mal presentimiento acerca de esto, sin embargo no iba a dejar que pensaran que lo que su ex-amigo hiciera le afectaba de alguna forma. Se mantuvo recta y erguida, ignorando deliberadamente las miradas de Marlene. Severus Snape se adelantó hasta ponerse frente a la pelirroja, quien le miraba seria, intentando impedir que su cara transmitiera sus emociones reales.

- Danos su varita Severus -la voz de Avery perforó los tímpanos de Lily como si hubiera usado un sonorus ¿cómo? ¿Su varita? ¿La varita de quién?

- Si alguien como…, -Rosier miró a la pelirroja de arriba abajo con asco, esta incapaz de reaccionar con mil preguntas invadían la mente de Lily impidiendo que está procesara la información. -Bueno eso no debería tener una varita, son para la gente como nosotros, aquellos que nacemos con el derecho a poseer una varita -la maldad estaba impregnada en cada palabra de la slytherin.

- Snape ni se te ocurra, te juro que como te atrevas te voy a…

- Cállate Mckinnon -corto Mulciber.

- Severus -la prefecta de gryffindor intentó que el slytherin entrara en razón, más por ella que por él -para, no tienes que hacerlo.

- Snape es para hoy, no tenemos todo el día -la voz de Avery era pausada pero denotaba autoridad y su mirada se había oscurecido al oír el nombre de su compañero de casa saliendo de los labios de la hija de muggles.

El mestizo miró a la que había sido su mejor amiga a los ojos, mientras todos a su alrededor aguantaba la respiración. Lily sintió como el tiempo se detenía ahí mismo, y como la sensación que había sentido en junio de aquel año y hacía unas semanas en el tren volvía a invadirla. Segundos después las ganas irrefrenables de llorar hicieron su aparición en el tiempo marcado.

Pero, a pesar de todo, aguantó la mirada de aquellos ojos negros que hacía no tanto tiempo podía leer sin problemas, y tomó una decisión.

- Esto es absurdo, ¿queréis mi varita? Toma -dijo mientras extendía su varita a Snape parado frente a ella -cógela. Pero la necesitaré para clase cuando termine la hora de la comida.

- De eso nada -el amago del chico fue frenado por Avery una vez más -así no, quítasela de verdad. Utiliza la magia que ella no se merece, que ha robado.

- ¡Yo no he robado nada! -Gritó Lily por primera vez perdiendo la calma -es parte de mí como forma parte de ti Avery.

- Snape no puedes hechizar a un prefecto ni a ningún estudiante estarás violando el código de conducta si lo haces -era la primera vez que hablaba en una semana y la voz de Jorkins salió profunda y rasgada.

- O pero si la pequeña Jorkins puede hablar, y yo que pensaba que tu lengua había sido enterrada junto a tu vecinita. -Heather recibió ese ataque como una bomba. En vez de reaccionar como hacía siempre, sus piernas se tambalearon y lágrimas empezaron a caer por su mejillas, mientras finalmente caía al suelo.

Las reacciones de sus amigas fueron inmediatas, Lily olvidando su temor de hace unos segundos atrás. Ambas gritaron de todo a la slytherin y avanzaron hacia ella dispuestas a hechizarla si hacía falta. Pero no lo hizo.

- ¡Rosier! Eso serán diez puntos menos para slytherin, y se lo diré a tu jefe de casa -Cedric Shafiqs acababa de llegar, junto a varios hufflepuff y Adam. En el momento exacto para escuchar a la slytherin pronunciar esas palabras, el prefecto de hufflepuff miraba a Rosier con auténtico desprecio.

Aunque no tanto como Adam, quién corrió junto a su amiga.

- No te metas Shafiqs, esto no tiene que ver contigo -dijo Mulciber.

- Si puede que seas un simple tejón, pero no tienes la culpa, al menos sigues siendo sangre limpia.

- Al menos no soy como vosotros -devolvió el prefecto.

- ¿Qué clase de sangre pura se precia de ser de hufflepuff? -La burla en la voz de Mulciber caldeó aún más el ambiente.

- Ya vale Mulciber, eso serán otros cinco puntos menos para slytherin. Ahora dispersaos -esta vez fue la prefecta de hufflepuff quien habló.

- Vale vale, ahora volvamos a centrar la atención en lo que verdaderamente importa -Avery ignoró olímpicamente a los tejones como si no fueran más que suciedad de la suela de su zapato -la varita Severus.

Los vanos intentos de Cedric de deshacer la pelea, el llanto ahogado de Heather, los susurros de consuelo de Adam, la tensión visible en el cuerpo de Marlene apostada a su lado y la mirada determinada de Snape mientras afianzaba el agarre en su varita. Hicieron que el corazón de Lily y toda esperanza que había en él para su amigo de la infancia se quebraran definitivamente. El slytherin alzó su varita a la altura del pecho de Lily.

- Atrévete Snape y te juro que mi escoba va a ser lo más pequeño que te meta por el culo -Angelina Blishwick acababa de llegar al patio del reloj, tenía la respiración ligeramente acelerada, se podía distinguir un tono rosado en sus mejillas negras y sus ojos brillaban con intensidad.

A su lado estaban Remus y Sirius, y un poco por detrás Mary, Peter y Dora, esta última debía haber ido a avisarles en algún momento sin que la prefecta de gryffindor se diera cuenta. Los seis mostraban signos evidentes de haber corrido, pero aún demostraban más ganas de querer patear el culo a los slytherin.

- Vaya la que faltaba, doña delicadeza.

- Rosier, no te preocupes estoy seguro que Blish también tiene una escoba para ti, -intervino Black con un brillo peligroso en sus ojos -incluso estaría dispuesto a prestarle mi escoba para ello. Aunque preferiría que usase una del colegio ya que después tendría que limpiarla por el mero hecho de que tu la tocaste.

- Eres un salvaje Black, y todo por haberte juntado con sangres sucias. -Exclamó escandaliza la serpiente.

- Oh eso es que no conoces bien a mi familia Rosier, -la voz masculina de Sirius estaba llena de asco -ellos si que son salvajes. Tenemos cabezas de seres vivos como decoración en casa y mira que son todos sangre limpia -escupió con hastío, mientras jugaba con su varita en la mano.

- Tu no eres un Black, tu eres una deshonra para tu familia -Mulciber tomó la palabra.

- Que cosas tan bonitas me dices Mulciber, voy a sonrojarme. Mejor eso que ser un fiel seguidor, ¿verdad hermanito? -El mayor de los Black acababa de posar sus ojos en Regulus al fondo del todo -¿qué pasa que solo compartís un cerebro y tenéis que estar todos aquí? Lárgate de aquí Reg.

- Snape sigo esperando, ¿vas a hacer algo o acaso has olvidado lo que se te pidió? Puede que después de todo nos hayas metido sobre el estado de tu relación con la sangre sucia y sigaís siendo amigos.

- No, no ha mentido Avery, Snape y yo hace tiempo que no somos amigos.

- Severus -ignoró Avery a la hija de muggles.

- Esto es ridículo no va ha hacer nada -dejo caer Mulciber.

- Si lo hará, si sabe lo que le conviene. Ahora -el tono de Avery desprendía autoridad y auténtica frialdad.

Lily miró a Avery directo a los ojos, sabía que si Snape no hacía algo estaría en problemas, pero si lo hacía la destrozaría a ella por completo. Los ojos verdes esmeralda de Lily chocaron con los negros de Snape, este había alzado su varita nuevamente y esta vez le apuntaba al pecho, sus ojos negros ya no dejaban ver las dudas y Lily lo supo.

Cerró los ojos esperando el golpe y el mismo infierno se desató.


La lucha interna que se había desatado dentro del capitán del equipo de quidditch de gryffindor, al escuchar que sus compañeras en especial Evans se encontraban en problemas con slytherins, parecía haber alcanzado su punto álgido en ese momento James estaba parado en el porche mirando toda la escena. Quería correr en ayuda de la pelirroja, y tenía que luchar contra sí mismo y todos sus impulsos más básicos para no hacerlo, pero el recuerdo de lo que había sucedido en junio cuando intentó ayudarla volvía fresco a su memoria. Además, unos meses atrás había estado seguro de poder sacarla de su cabeza y se había hecho una promesa a sí mismo, y James Potter era un joven de palabra.

Le llegaron a la mente todas las veces que había tenido ganas de escribirle a lo largo del verano pero que se contuvo, o las veces que había frenado sus ansias que de preguntar a Marlene y Remus por ella. Se había intentado auto-convencer que se trataba solo de un tonto capricho nada más, a pesar de saber en lo más hondo de él que probablemente eso no era cierto, había pasado meses forzándola fuera de su cabeza. Las primeras semanas del curso no le había resultado difícil evitar pensar en ella, pues no la había visto y tenía cosas más serias sobre las que preocuparse, sin embargo ahora que las cosas volvían a su cauce natural se empezaba a complicar. La veía casi constantemente en clase, con sus amigas, comiendo, en la sala común y hasta en la biblioteca, lugar que él pisaba muy de vez en cuando, y en ese momento saber que se encontraba rodeada de serpientes no ayudaba.

Analizó la escena con la calma que solo un estratega posee, delante de Evans se encontraba Snape, estaba apuntando con su varita directamente al pecho de la pelirroja quien no parecía capaz de reaccionar. Al lado del slytherin podía ver a sus amiguitos, parecía que Mulciber y Avery habían estado presionando a Snape para que atacara a la prefecta. Evans, James estaba seguro, no se defendería. Justo cuando el joven Potter cansado de no hacer nada y dejándose vencer por el James que sabía que seguía enamorado de Lily, estaba pensando en adelantarse para poder soltar un golpe certero a Snape en la mandíbula y partírsela.

Se desató el caos.

Al parecer Mulciber se había cansado de esperar a que Snape hiciera lo que le había dicho y había lanzado un hechizo a la pelirroja, el cual le había dado directo en la cara. Mientras Sirius enfurecido, le cruzó la cara a Snape con un gancho perfecto, a su vez Marlene saltó enfrentándose a Avery cara a cara. Entretanto Shafiqs y varios hufflepuff sujetaban a duras penas a Remus y Blish quienes parecían querer arrancar la cabezas de todos los slytherins presentes, Peter se dividía entre calmar el instinto asesino animal de Lupin y proteger a Dora y Heather con la ayuda de Robins. Y por último la escena que faltaba, y la favorita de Potter, estaba Mary, la pequeña leona se había abalanzado literalmente sobre Rosier y subida a horcajadas sobre esta tiraba de su pelo rubio con todas sus fuerzas.

Pero a pesar de la gracia que le causaba ver a Regina Rosier gritar desde el suelo pidiendo ayuda, los ojos avellana de James se movían frenéticos buscando a Evans. Quien desde que le había golpeado el hechizo había caído al suelo y se encontraba a unos metros de Macdonald y Rosier aún en shock. La sangre del cazador empezó a bullir, al ver como pequeñas gotas de sangre se derramaban por la cara de la chica dónde le había golpeado el hechizo. James, perdió el control dejando su lugar en el porche, se encaminaba con zancadas rápidas y ágiles al lugar para literalmente matar a Mulciber, cuando alguien hizo su aparición. En un rápido movimiento desarmó a todos y obligó a cada uno de los presentes a marcharse de ahí, disolviendo la pelea y dejando claro que esta sería reportada al director. James se frenó en seco, todavía veía todo en tonos rojos y decidió que era mejor desaparecer de ahí antes de causar más problemas, no se quedó para ver el resto de la escena o escuchar qué más decía el interceptor de la pelea.

Andaba rumbo al aula donde tendría lugar la clase de DCAO, aun con el pulso acelerado y unas ganas incontrolables de matar a Mulciber. Sin poder aguantar más su cabreo y olvidando dominar sus impulsos propinó un puñetazo al muro y un sonido crujiente y un dolor intenso le informaron que se había roto la mano. Entró en el aula donde sería la clase aunque esta no fuera a empezar hasta dentro de media hora, con el puño sangrante y la mandíbula aún apretada por el enfado, y se dejó caer bruscamente en un pupitre al fondo.

- Señor Potter ¿qué hace aquí? La clase no empieza hasta dentro de un rato.

James levantó la vista sorprendido, estaba tan concentrado en calmarse que no había escuchado nada, además no pensó que pudiera encontrarse con nadie. Sin embargo no había ningún alumno en el aula, sino la nueva profesora de DCAO.

Dorcas Meadowes se había posicionado delante del pupitre de Potter y observaba su mano ensangrentada con la curiosidad brillando en sus ojos. El azabache se acordaba de ella de su primer año en Hogwarts ella, Meadowes estaba en séptimo y era uno de los premio anuales de aquel curso, además de la buscadora y única jugadora femenina del equipo de quidditch de slytherin. James recordaba que las serpientes ganaron el campeonato aquel año gracias a ella y a sus tácticas impolutas y algo arriesgadas.

- Perdone profesora, es que no me apetecía estar por los pasillos. Si no le importa me quedaré aquí hasta que empiece la clase -ella solamente asintió pero sus ojos no se desviaron de su puño, y cuando James pensaba que le iba a dejar solo habló.

- Debería curarse eso -señaló, no le pregunto como se lo había hecho y no había reproche en su voz -no quiero hacer creer a sus compañeros que está bien pegar cosas por ahí.

- Si -carraspeó mientras sacaba su varita y apuntaba a su mano, una mueca de dolor surco su cara al apoyarla sobre esta -espikey.

- Me acuerdo de usted de mi último año aquí, no iba a ninguna parte sin sus amigos -dijo viendo como se habían recompuesto los huesos de su alumno. -Mi hermana me dijo que ahora se hacen llamar los mer…

Ella hizo una pausa y posó sus ojos azules en él, esperando que el completaste el dichoso apodo que les habían puesto y que ellos tan contentos habían aceptado.

- Merodeadores, bueno no nos hacemos llamar así, la gente nos llama así, nosotros no lo discutimos. Fue McGonagall quien empezó todo, creo que se siente bastante orgullosa.

- Ya veo. Y ¿dónde están sus amigos?- La ex-slytherin no obtuvo ninguna respuesta a la pregunta recién formulada, tampoco le interesaba en verdad.

Dorcas Meadowes le evaluó durante unos segundos con sus intensos ojos azules, eran del mismo color que los de Pandora por lo que James pudo observar, pero por lo demás eran totalmente opuestos. Los de la joven profesora eran calculadores y denotaban astucia, mientras que los de su hermana pequeña estaban llenos de inocencia e ingenuidad, y tenían un brillo soñador, sin embargo, ambos denotaban inteligencia en ellos. Tampoco es que Dorcas y Pandora se parecieran en el resto de cosas, lo único que tenían en común era el color de los ojos, porque ni siquiera el color de la tez. James sabía que eran hermanas, pero solo porque se lo había dicho Remus, aún así seguía sin entender cómo era posible si eran de dos razas étnicas distintas. La piel de Pandora era blanca, casi traslúcida, mientras que Dorcas era negra, el pelo de la ravenclaw era de un rubio cenizo y liso, sin embargo el de la slytherin caía en bucles color chocolate, ambas eran altas y esbeltas, pero al contrario que su hermana Dorcas tenía una elegancia natural en sus movimientos, mientras Pandora se asemejaba a una niña danzando por el campo.

Aunque Pandora podía resultar una chica guapa, no se podía comparar a su hermana. Dorcas Meadowes era la mujer más hermosa que James había visto jamás, exceptuando tal vez a Evans.

- Bueno señor Potter dígame ¿qué desearía usted aprender este año?- La sonrisa que se expandió por el rostro de Dorcas hizo que James sintiera que le había estado leyendo el pensamiento, lo cual era posible ya que se había olvidado de poner sus barreras mentales. -He pensado que deberíamos empezar por hechizos no verbales, y después algún encantamiento de defensa y ataque de los éxtasis así tendrán tiempo para controlarlos bien el curso que viene -continuó ella sin esperar respuesta alguna. -Además para el final de curso tenía planeado hacer un torneo de duelos. ¿Qué le parece?

James se tomó un tiempo en contestar, no conocía de nada a esa chica, si bien era su profesora y les había impartido ya un par de clases, además de ser la hermana de una compañera de curso, no se fiaba nada de ella. Tenía una mirada demasiado calculadora y siempre los observaba como si los estuviera evaluando a todos, no de la manera en que debería hacerlo un profesor. Potter había podido deducir que se trataba de alguien extremadamente hábil con la varita, ya que era muy joven para impartir clases en Hogwarts, sin embargo Dumbledore la consideraba adecuada para el puesto. Además era capaz de controlar sus emociones a la perfección, lo había notado en clase un par de veces cuando la gente se metía con su hermana y ella no había siquiera reaccionado. Pero a pesar de todo esto, no sabía nada de ella, y había algo que no le gustaba, sentía como ella observaba cada movimiento que hacía como si le estuviera midiendo.

- Me parece que si ya tiene todo pensado mi opinión no le interesa en verdad, así que ¿por qué pregunta? -El tono de James sonó más impertinente de lo que pretendía, sin embargo le dio igual, no le gustaba que jugaran con él. La idea de un torneo le había parecido interesante, pero no tenía intención de dejarlo ver, como ya he dicho antes, no se fiaba de ella.

Dorcas solo sonrió satisfecha alejándose de él en dirección a su oficina, como si Potter hubiera cumplido con sus expectativas, mientras se alejaba en dirección a su oficina y James una vez más pudo volver a perderse en sus pensamientos, aunque ahora la incógnita de Dorcas Meadowes se había unido a ellos. Solo cuando empezaron a oírse voces al otro lado de la puerta anunciando el comienzo de la clase, volvió a la realidad.

Sus ojos avellana siguieron la figura de la profesora de DCAO, quien con un movimiento de varita a la par que salía de su oficina abrió la puerta, la cual debía haber cerrado en algún momento desde que el gryffindor había entrado, para dejar que los alumnos que aguardaban fuera entrasen.

Todos los ojos de sus compañeros que iban entrando volaban extrañados al joven Potter, entre las primeras en acceder a la clase fue Evans. James se fijo que tenía un feo corte en la mejilla en la cual el hechizo de Mulciber le había golpeado, la sangre aún estaba fresca y se la había empezado a colorear en los alrededores de la herida supurando. Junto a ella iban Blishwick y Marlene, las dos jóvenes mantenían una conversación bastante entretenía por lo que parecía que casi se había olvidado del incidente, sin embargo la tensión en sus hombros y mandíbulas de ambas desmentía este hecho. El capitán también noto que la pelirroja no participaba de la charla, estaba absorta en sus pensamientos.

Sin embargo mientras avanzaba a su sitio habitual algo fuera de lo común llamó la atención de la pelirroja, sacando a la prefecta de sus pensamientos, por la esquina de su ojo, de refilón, no pudo evitar notar la figura de Potter sentado en la última fila. El hecho de que él estuviera sentado detrás no era sorprendente, pues ese era su sitio habitual en todas las clases menos transformaciones. Lo raro era que a pesar de no haberlo visto en la fila para entrar, Potter estaba sentando antes que ella, y el muchacho, por lo general, no era de los que llegará nunca puntual. Mucho menos antes de hora o que ella, siempre llegaba tarde y les hacía perder puntos. Fijó sus ojos esmeraldas en él y notó como este giraba el rostro, aún así Lily pudo distinguir el ceño fruncido del joven como si algo le preocupara.

Fue recién en ese momento que la leona fue consciente que era el único de los merodeadores que no había estado en la pelea, y se preguntó donde había estado, escudriñó al joven con curiosidad y se fijo en su mano derecha, estaba cubierta de sangre seca pero esta no parecía suya ya que tenía la mano en perfectas condiciones. ¿Así que la razón por la que Potter no estaba en la pelea con los merodeadores es por qué había estado en su propia pelea? Evans arrugó la nariz ante ese pensamiento. Desde que había empezado el curso no había escuchado que el adolescente se hubiera metido en ningún lío, e ingenuamente pensó que quizá había empezado a madurar, ¡que equivocada estaba!

Puede que Potter no se hubiera metido en líos, hubiera gastado bromas y ni siquiera le hubiera pedido salir, pero seguía siendo el mismo adolescente malcriado, bravucón y chulo de siempre, la gente no cambiaba. Si le había visto más serio y taciturno últimamente y seguramente se debiera a las circunstancias familiares que retrasaron su llegada o al articulo que había salido a principios de semana en "El Profeta". Lily se dijo mentalmente que luego le preguntaría a Marlene o mejor aún a Remus, él no preguntaría a Lily por qué le preocupaba lo que le pasara a Potter, ¿qué estaba pasando con el chico?

La voz de Dorcas hizo que la joven volviera su atención a la lección de ese día, Meadowes les explicó que ese día empezarían practicando aquellos hechizos que ya tenían controlados, pero de manera no verbal. Les mandó agruparse de tres en tres, para que dos realizarán los hechizos y otro supervisará que todo salía bien, Lily buscó a sus amigas; Mary agarró a Heather del brazo y corrió al lado de Adam, a quién ya tenía atrapado, aunque el joven no parecía incómodo, Mary sujetaba a cada uno de un brazo. Mientras que Pandora había saltado hasta Angelina y se había colocado al lado de ella, la joven águila no parecía notar las miradas enfurruñadas que le mandaba la cazadora. Por suerte para la rubia, Remus se acercó a las chicas y les preguntó si podía unirse a ellas, esto hizo que el humor de Angelina mejorará, ya que consideraba al joven un buen oponente.

Eso dejaba a Marlene y a Lily para que buscaran un tercer miembro del grupo, a ellas se acercó Margaret Hudgens una de las compañeras de habitación de Marlene y muy buena amiga suya.

- Chicas si no os importa ¿podría unirme? Es que el resto ya tienen grupo.

- Maggie por supuesto, es más es genial ¿verdad Lils?

- Claro -contestó la pelirroja sin ningún tipo de interés.

- No te dejes engañar por el entusiasmo de Lily, - dijo Marlene mientras propinaba un codazo a la pelirroja -hemos tenido un percance antes y por eso está así.

- Si ya lo he oído, es Hogwarts las noticias vuelan -explicó ante la mirada de su compañera de habitación -¿el corte en tu mejilla es de eso? -Preguntó.

- Si pero no es nada, -respondió Lily mientras se llevaba una mano como reflejo a la mejilla rozando su herida y provocándose una puntada de dolor.

- ¿Por qué no te lo ha curado con magia? -Volvió a preguntar Margaret, al ver la expresión de la prefecta.

- No le ha dado mucha importancia -sonrió Marlene, desviando la atención del gesto de dolor de Lily.

- Menos mal- Maggie no tardó en sonreír de vuelta -bueno, a pesar de haberme quedado sola, yo sí que tenía ganas de estar con vosotras y saber que tal ha estado tu verano y como te va el curso Lily.

- Si perdona lo de antes, eso ha sido muy maleducado por mi parte -se disculpó la leona -entonces ¿qué tal tu verano?

- Oh no ha sido gran cosa, ya sabéis con todo lo que está pasando mis padres están muy tensos. Mi madre es nacida de muggles así que están pensando en marcharse, casi no me dejan volver a Hogwarts este año. Pero bueno podría haber sido peor, nadie nos ha atacado por ahora, ni siquiera en Hogwarts...

Aunque Margaret no había hecho ese comentario con ninguna intención la tensión en el grupo se hizo presente repentinamente y un silencio incomodo se alzó entre las tres, haciendo que Lily volviera a pensar una vez más en lo que había ocurrido en el patio.

- Será mejor que practiquemos ya -propuso Marlene intentando desviar la atención de la incómoda situación.

A pesar de ese pequeño momento incómodo, la clase siguió sin inconveniente alguno, Lily decidió dejar de lado todas sus emociones y concentrarse. Fue la primer en llevar a cabo los hechizos no verbales ganando así cinco puntos para gryffindor. Los cuales perdieron por lo único que pudo considerarse percance, que fue ver a Peter Pettigrew volando al otro lado de la clase y a Sirius Black colgando de la lámpara del techo. Mientras que James Potter se encontraba quieto en su sitio con una sonrisa "inocente" en los labios. Por eso gryffindor se quedó sin treinta puntos menos, pero a nadie le importo.


El resto del día al igual que el resto del mes transcurrió sin ningún inconveniente, algún pequeño percance aquí y allá, pero nada que tuviera importancia ya que la mayoría eran causados por tonterías de adolescentes. Poco a poco la vida fue volviendo a la normalidad en el colegio, si bien los estudiantes no habían terminado de olvidar lo ocurrido a inicios del año, los dramas juveniles fueron ganando terreno al terror real. Todo el resto del mes transcurrió tranquilo y Octubre parecía prometer seguir el mismo camino a pesar de haber empezado el curso de la peor de las maneras.

Pero todo se vio frustrado el sábado 11 de Octubre. Fecha en la que estaba planeada la primera salida anual a Hogsmeade.

Ese día Hogwarts amaneció como hacía tiempo que no ocurría, lleno de la ilusión y ganas antiguas por parte de los alumnos de tercero en adelante que podrían visitar el pueblo. Sin embargo, tras el desayuno y cuando faltaban escasos minutos para que los carruajes empezaran a rular, los pasillos del castillo se vieron cubiertos de folletos.

Los cuales no contenían ningún tipo de propaganda comercial, si no que estaban llenos de imágenes anti-muggle, propaganda purista, ensalzamientos y alabanzas hacía el Lord Oscuro y los más terrorífico de todo, en alguno de ellos aparecían los nombres de todos los alumnos que eran hijos de muggles, mestizos o pertenecían a familias que eran conocidas abiertamente como traidoras a la sangre.

Sin embargo lo más escalofriante de aquel folleto que contenía los nombres, no era la amenaza implícita si no que el primer nombre de esta ya estaba tachado. Escrito en rojo, simulando el goteo de la sangre sobre el pergamino, el primer nombre que se podía leer era el de Lissy Quinn.

Pero más de eso luego.


¡Hola otra vez! ¿Qué tal estáis? espero que bien. Bueno, bueno en este capítulo como habréis visto voy profundizando más en las relaciones de los grupos, pero poco a poco. Es el más largo hasta la fecha, así que espero que os guste.

Ya sabéis si tenéis tiempo dejad comentarios, correcciones, dudas... dejádmelo saber. Y quiero añadir, que la ultima vez se me olvidó agradecer a las dos personas que siguen mi historia waltraute, y SolyLuna96 quién además la ha puesto en favoritos.

Nos vemos pronto,

B.