CAPÍTULO OCTAVO.

El buen humor que había conseguido traer la fiesta de Halloween al colegio fue solo aplacado efímeramente por la aparición de los carteles. Si bien, los alumnos se vieron obligados a retirarse a sus casas, muchos decidieron quedarse en las salas comunes y seguir con la celebración no dejando que la repentina aparición de la propaganda opacara el poco entusiasmo que había resurgido en el castillo tras dos meses de tristeza infinita. Claro que ignorar lo ocurrido resultaba mucho más fácil para aquellos que no tenían conexión con el mundo muggle, o para aquellos que eran muy pequeños y no terminaban de entender la complejidad detrás de los mensajes.

El caso, querido lector, es que el buen humor una vez más estuvo presente en el colegio y por sorprendente que parezca perduró los días subsiguientes a Halloween. Sin embargo, nada de esto evitaba que la racha de castigos, que había ido en aumento desde la cancelación de las excursiones a Hogsmeade, descendiera. Los alumnos aún estaban aburridos y una mera fiesta no iba a acabar con esta realidad. Además seguían siendo adolescentes, lo cual como comprenderás no es una buena combinación, o ¿alguna vez has oído hablar de un adolescente aburrido que tuviera una buena idea? Yo desde luego que no, por ello muchos de los estudiantes por simple aburrimiento acababan realizando actos estúpidos que por toda consecuencia terminaban en problemas y especialmente en castigos.

A pesar de esto, aún y con todo lo que os he contado, este no era el caso de Heather Jorkins. La trigueña se había despertado del duro golpe que había recibido el primero de septiembre, en noviembre. Y se había encontrado con el curso bien avanzado y demasiado trabajo acumulado por hacer, aunque para ella el tiempo se hubiera detenido el resto del mundo había seguido indiferente a su dolor. Era como si tras un largo invierno despertara de su letargo y se encontrará con que era otoño otra vez y tenía que proveerse antes de que el frío la atrapará. Las clases particulares de la profesora McGonagall, fueron tan duras como su jefa de casa había prometido, además de una gran ayuda supusieron un verdadero reto, ya que McGonagall no exigía nada menos que la perfección. Además al ver el cambio en su amiga y su determinación a volver a ser ella misma, Lily se había ofrecido a ayudar en todo lo que pudiera. La pelirroja no solo le estaba dando clases de refuerzo a Heather, sino que además había conseguido movilizar a su grupo de amigos, para aunar fuerzas y hacerlo todos juntos, para que así las notas de Heather no pudieran salir resarcidas -o al menos no tanto como uno se espera- después de aquellos meses tan malos. La prefecta lo había organizado todo para cubrir las materias más complejas, menos defensa pero sorprendentemente esta no parecía estar suponiendo un reto para Jorkins. Por un lado: Remus le impartiría runas, Marlene le explicaba herbología, mientras que Lily se encargaba de encantamientos y pociones. Siguiendo la lógica matemática y cuadriculada de Lily eso le daba tiempo más que suficiente a Heather para estudiar por su cuenta, asistir a particular con McGonagall, comer y descansar. Evans había creado un calendario especializado para la trigueña, el cual contenía todos los extras. Sin embargo, lo que la pelirroja no sabía, es que a parte de todo eso y siendo la principal razón por lo que le iba tan bien en defensa, Heather había añadido dos cosas más a su agenda, y ambas eran impartidas por James Potter. Se trataban de defensa contra las artes oscuras y entrenamiento físico, aunque el joven capitán afirmaba que venían de la mano, no podías ser bueno en la primera si eras un desastre en la segunda, "todos los mejores magos sabían cómo esquivar una buena maldición".

Pero, Heather había aprendido su lección durante estos meses de abrumadora soledad e intentaba sacar tiempo para estar con sus amigos y pasar algún rato con sus hermanos. Pero la pobre empezaba a estar verdaderamente agotada y lo que es peor, en esos momentos también empezaba a estar aburrida. Ahora mismo le tocaba refuerzo de runas, estaba en la biblioteca con Remus y Lily, mientras el joven le explicaba, la prefecta hacía la función de cerbero y supervisaba todo con ojo avizor, dispuesta a ladrar a Heather a la mínima distracción. Según la pelirroja esto lo hacía para asegurarse que Heather no manipulaba a los "profesores", de manera que en vez de cumplir con el calendario y estricto horario que Lily había creado, Heather tirara de ellos hacía sus áreas de preferencia. Aunque la trigueña tenía la impresión de que su amiga la estaba utilizando de excusa para huir de algo, pero no sabía qué. Un ruido unos estantes más allá distrajo al grupo de estudio de la explicación de Remus, quien llevaba más de diez minutos intentando que Heather se concentrara y entendiera de qué estaban hablando. Pero Jorkins no conseguía prestarle atención, y el ruido de las estanterías atrajo su mirada verde, Heather escrutinio entre los estantes intentando vislumbrar la causa del alboroto, su pelirroja amiga notando el movimiento dejó salir un suspiro y levantó la cabeza de sus hojas.

- Tranquila -la voz de Lily sonó sarcástica -no hace falta que sigas ignorando a Remus voy a ver qué ha pasado por ti, y en cuanto me entere te lo cuento ¿vale?,- dijo mientras se levantaba de la silla -ya que todo esto es esencial para aprobar runas -añadió sarcástica.

Heather enrojeció ligeramente, pero no se arrepentía de haber mirado, y con una sonrisa de disculpa miró al castaño, y Remus negó ligeramente con la cabeza.

- No te preocupes, es jueves por la tarde. Estás cansada y yo también, -añadió cerrando los ojos para volver a abrirlos un segundo más tarde -mira vamos a dejarlo y te lo explico en otro momento en el que ambos tengamos energía. -Remus se aflojó la corbata un poco con la mano derecha mientras la mano izquierda la comprimía en un puño para volver a estirarla después -¡vete! Sigue a Lily que seguro que si descubre algo no te contará nada, creo que ella es la única que se está tomando enserio este calendario de locos -añadió mientras sacudía una hoja que tenía encima de la mesa junto a los libros de runas y los apuntes.

La ojiverde agradeció una vez más al licántropo, y con una sonrisa y un beso en la mejilla del prefecto siguió a su amiga, quien se había perdido con rapidez entre los altos estantes. Avanzó lenta pero con un paso seguro entre los pasillos que creaban las estanterías, intentando vislumbrar aunque fuera un destello de ese pelo rojo o percibir su olor fresco. Estaba girando otra esquina más cuando vio a Lily de frente y frenó de golpe. Su amiga hablaba con un chico un tanto desgarbado, alto y con el pelo negro, en un principio no reconoció al muchacho, al menos no hasta que se fijó un poco más, su pelo crecía hasta la línea de la mandíbula largo y descuidado más graso de lo normal, su postura era encorvada y su piel tenía un color cetrino, no era otro que Severus Snape.

Dándose cuenta de que sí su amiga inclinaba la cabeza un poco hacía la derecha podría verla, retrocedió unos centímetros y se ocultó con la sombra de la estantería. La razón por la cual Heather no había distinguido al misterioso acompañante en un principio era sencilla, se suponía que Lily no debía estar hablando con él. Al menos eso había dicho después del incidente en el lago el curso pasado, y repitió lo mismo después de la pelea en el patio del reloj en septiembre, y en opinión de la trigueña nadie podía llamar "hablar" a lo que había sucedido durante el altercado hacía unos meses. El caso es que Lily había jurado en junio del año pasado que esa era la última vez que hablaba con Snape, y que jamás le iba a perdonar por lo que hizo, o al menos eso les había dicho a sus amigas después de subir de hablar con él aquella noche que se presentó en la sala común. Jorkins no entendía entonces ¡qué sapos hacía Lily hablando con él!, y no sabía si le había vuelto a dar una oportunidad, pero lo único que tenía claro en ese momento es que se estaban peleando. Él agarraba con fuerza la muñeca de Lily, mientras ella le apartaba de su cuerpo con la otra mano, empujándolo lo más lejos que sus brazos le permitían.

Los nervios de Heather se crisparon al ver a la pelirroja forcejeando con alguien como él y con rapidez extrajo la varita de su túnica, saliendo de las sombras la levantó y apuntó al chico.

- Suéltala Snape -el tono de Heather era firme, se había adelantado unos pasos y ahora se podía vislumbrar perfectamente la silueta de la joven.

- No te metas Jorkins -a pesar de que la castaña había pillado a los dos por sorpresa, Snape habló con una fingida tranquilidad que no engañó a la joven leona -esto no es asunto tuyo.

Cuando Heather iba a mandarle al diablo y decirle que si era asunto suyo si a quien tenía agarrada era una de sus mejores amigas, Lily la interrumpió.

- Por favor Heather... déjalo ¿vale? -El tono suplicante de su amiga, en vez de tranquilizar a la castaña la asustó, Lily no suplicaba, si su voz cambiaba era para decir un 'te lo dije' o para dar una orden, nunca para nada más -lo tengo todo bajo control ¿si?

- Lily…

- Heather vete, en serio, ahora -la pelirroja ya no suplicaba sino que había vuelto a su tono autoritario de prefecta con una orden directa.

La confusión y el enfado invadían a la trigueña, pero aunque no entendiera la situación Lily le había dejado claro que no la quería ahí, aún no gustándole nada decidió hacer caso a su amiga e irse de ahí. La trigueña se dio la vuelta y ando entre las estanterías esperando encontrarse en la mesa aún a Remus, si él estaba y le preguntaba qué había ocurrido tal vez haría algo al respecto. Pero cuando llegó a la mesa, notó que Lupin ya no estaba, Jorkins metió sus cosas en la mochila y cuando iba a dirigirse a la puerta cambió de idea, durante unos segundos dudo que hacer. Lily era su amiga y parecía en problemas, pero a pesar de todo no quería que la prefecta la sorprendiera, ya que la pelirroja se las gastaba bien. Al final decidió dejarlo como estaba, Snape no era rival para Lily, y aunque lo fuera sabía que el chico podía ser peligroso para mucha gente, pero sospechaba que estaba perdidamente enamorado de su amiga.

Era jueves por la tarde y ella al día siguiente no tenía clase, daría un par de vueltas así se despejaba.


Sirius estaba enfadado, y no era precisamente uno de esos enfados que se pasaran rápidamente. No, él estaba cabreado de verdad, tenía motivos para estarlo y todo era culpa de sus amigos.

No entendía qué coño estaba pasando, o a qué cojones venía todo eso, ¿desde cuando eran tan amigos de las chicas de su curso? O más bien de ninguna tía en general. Desde que el año académico había empezado las cosas iban de mal en peor, no solo fuera de Hogwarts sino en su grupo de amigos, y si tenía que ser franco, su verano tampoco había sido el mejor, aunque la vuelta a casa nunca suponía nada agradable para él este año se había llevado la palma. Por lo general la familia de Sirius lo relegaba a un quinto plano -si eso existía- y se olvidaban de él hasta que hacía algo que no 'debía' o les deshonraba de alguna forma. Sin embargo, las cosas en Hogwarts nunca habían sido así, desde la primera vez que pisó el Expreso y conoció a James, Sirius supo que ahí iba a estar su hogar, pero ahora todo en el castillo era diferente y para él, todo estaba verdaderamente jodido.

Primero habían atacado al primo de James, y Potter no había viajado con ellos en el Expreso el 1 de septiembre; después había ocurrido todo lo de Lissy; la lista; Evans; los carteles; y de nuevo un ataque hacia los Potters. Todo eso sin contar otros factores menos relevantes, pero que sí contribuían a fastidiar todo, como por ejemplo que las chicas de su casa tal vez podrían haber descubierto el secreto mejor guardado de los merodeadores, o las peleas entre ellos, y con ellas y todos los embrollos que habían surgido desde ese momento. ¿Desde cuando su vida parecía una novela dramática escrita por algún ravenclaw sin vida?

Lunático por algún motivo parecía haberse vuelto inseparable de Macdonald y de las demás chicas, pasó de esquivar a las chicas de las formas más ridículas a no separarse de la castaña ni con un hechizo ahuyentador, y si no estaba con ella estaba en la biblioteca. Si por lo menos se la estuviera tirando, Sirius podría perdonarlo, pero sabía con certeza que no era así. Por otro lado, James había dejado de perseguir las faldas de Evans para estar todo el rato con Jorkins, lo que Sirius consideraba una mejora, pero no mucho, porque a pesar de haber dejado de ser ridiculizado por la prefecta, seguía siendo la misma historia: su mejor amigo ignorándolo por una tía, y esto no le hacía ninguna gracia. Pero sin duda alguna la peor y mayor prueba de que todo estaba verdaderamente mal para Sirius Black, era que Peter Pettigrew estaba teniendo, con bastante diferencia, más citas que él, y probablemente, también más sexo.

Todos estos eventos habían dejado al joven merodeador prácticamente solo, y un Sirius Black solo, necesitado y aburrido nunca resultaba en nada bueno. El adolescente estaba acostumbrado a ser el centro de atención, pero principalmente a estar rodeado de sus mejores amigos y dado que todos ellos encontraban otras cosas más interesantes, no tenía ninguna opción o al menos ninguna que a él le pareciera bien. El joven león se encontraba enfadado, aburrido, ofendido y sobre todo abandonado, y eso, como ya he dicho, no era bueno. En esos momentos estaba merodeando los pasillos de Hogwarts, había acabado con sus reservas de tabaco hacía unos días, la única cosa que parecía calmarle en esos tiempos, y hasta que no pudiera pisar Londres dudaba mucho que pudiera conseguir, ya que en Hogsmeade no vendían. Y se había descubierto paseando para deshacerse de sus nervios, pensando en lo mucho que deseaba que fuera ya luna llena, él y los chicos necesitaban un tiempo a solas, aunque eso significara que no tenían que ser estrictamente chicos en ese momento.

Unas voces sacaron a Sirius de sus pensamientos, que cada vez se dirigían a un lugar más oscuro, a solo unos metros de él podía distinguir múltiples voces. Llevado por la curiosidad se acercó hasta la esquina quedando medio oculto por las sombras y lo que vio hizo que todo el cabreo y mala leche acumulada esos meses, aumentará dentro de él precipitadamente y con la fuerza de un volcán en erupción. Tres slytherin estaban acorralando a una niña pequeña, no sabría decir de qué curso pero por su aspecto no podía tener más de 14 años, y desde su sitio podía distinguir la corbata azul y cobre brillando, sobre la blusa blanca. Aunque no reconoció a la joven sí que reconoció a los tres slytherin se trataban de Mulciber, Gibbon y su hermano pequeño Regulus. Los dos primeros se encontraban casi encima de la chica a la que apuntaban con su varita y miraban socarronamente. Regulus estaba más retraído, no parecía tener intención de impedir nada pero tampoco tenía su varita fuera para herir a la joven. La chica estaba temblando de pies a cabeza, y a pesar de no estar llorando el gryffindor era capaz de detectar los sonidos de terror saliendo de su garganta.

Esto pareció enfurecer más a Sirius quien sin pensarlo dos veces saltó en defensa de la joven y ahí mismo se desató un infierno.

- ¿Qué pasa Mulciber? ¿No tuviste suficiente en septiembre? - Cuatro pares de ojos se posaron en él, la chica que había mantenido un poco la compostura estando sola estalló en llantos.

- Black -respondió el slytherin girándose hacía él con un brillo de pánico en los ojos, e ignorando a la ravenclaw -¿donde están tus amiguitos? ¿acaso te han dejado solo?

- No los necesito para darte una lección.

- Parece que en gryffindor no os enseñan a contar Black -replicó Gibbon, quién aún tenía la varita clavada en el esternón de la chica -por sí no te has dado cuenta somos tres, y tu uno.

- Muy slytherin por vuestra parte -argumentó el león, entonces Gibbon olvidando al águila se adelantó hacía él para atacarle, pero Mulciber lo detuvo.

- Si te refieres a que sabemos pensar y no meternos donde no nos llaman desde luego que sí -declaró Mulciber con una sonrisa torcida.

- Porqu nadie os quiere -Sirius no temía las represalias de sus actos, de hecho, estaba buscando una excusa para pelear - decidme ¿a quiénes de vosotros han vendido papá y mamá a quién-no-debe-ser-nombrado? -Los tres slytherin se tensaron, y la ravenclaw sollozó aún más fuerte -¿o ese, solo has sido tú, Reg?

Su hermano pequeño clavó en él aquella mirada tan gris como la suya, durante su intercambio de palabras, había hecho lo mismo que antes de que Sirius apareciera por la esquina, mantenerse a un margen dejando a los otros hacer lo que quisieran.

- No sé de qué me hablas- las otras dos serpientes miraban ahora a los Black, mientras que Mulciber parecía muy interesado, Gibbon lucía bastante asustado.

- Venga hermanito es evidente que si no era yo tenías que ser tú -los ojos de Regulus se volvieron de un tono más metálico al crecer su pupila.

- Tú no eres mi hermano -declaró el pequeño de los dos.

- Eso es lo más bonito que me has dicho en tu vida -replicó Sirius mientras se se secaba una falsa lágrima de felicidad.

- Madre te borro del árbol el día en que huiste -el rostro de Regulus seguía impasible, pero Sirius como su hermano mayor era capaz de detectar lo mucho que Reg quería herirle con esas palabras, y aunque el no desaba que fuera así, sabía que el slytherin había conseguido hacerle daño. -Yo opino que debería haberlo hecho mucho antes.

- ¿Eso es todo lo que tienes que decir? -Sirius empezaba a sentirse aún más enfadado, ¡ese no era el Regulus que él recordaba! Su hermano pequeño había sido un niño bueno y feliz, ¿qué le habían hecho sus padres?

- Yo no hablo con traidores a la sangre -arguyó el slytherin.

- Bien -cortó la pelea Mulciber -ahora si nos disculpas Black, nosotros seguiremos con lo nuestro. -La niña que había dejado de llorar al ver que la atención pasaba al gryffindor, volvió a sollozar cuando Mulciber clavó su mirada azul en ella.

Sirius dejó escapar un largo suspiro antes de agitar la varita en el aire a la vez que decía:

- Deberías haberla dejado irse cuando tocaba -un rayo de luz azul se estampó contra Gibbon haciéndole tambalearse unos segundos, y así se desató el caos.

Al cabo de veinte minutos la pelea parecía estar llegando a su fin, la ravenclaw se había dejado resbalar hasta el suelo temiendo que le dieran por casualidad. Gibbon estaba desmayado en el suelo con un bulto supurante en la frente, Mulciber tenía un par de cuernos en la cabeza y una cola que Sirius había pretendido que fuera de burro, pero no sabía exactamente qué era, mientras que Regulus se había mantenido al margen solo esquivando hechizos que se desviaban y lanzando algo de vez en cuando sin demasiado interés y tan si quiera apuntar. Finalmente Sirius tenía un moretón muy feo en la cara, varios cortes en los brazos y parte de la ropa chamuscada. Tanto el mayor de los Black como Mulciber seguían lanzándose hechizos, hasta que un "desmaius" que el mismo Mulciber había desviado rebotó en la pared y le dio en el costado de lleno. En ese momento quedaban despiertos la ravenclaw que seguía agazapada en el suelo, Regulus y Sirius, los dos hermanos retándose con una varita mutuamente, cuando el pequeño bajó la suya no queriéndose pelear con su hermano, Sirius se adelantó y le propinó un puñetazo en la cara que tumbó al slytherin. Regulus observó a su hermano asombrado aún desde la fría piedra, con una mano limpiándose la sangre que manaba de su labio.

- Eso Reg -empezó a hablar Sirius con la respiración agitada -es para que despiertes de una puta vez y veas el lío en el que te estas metiendo. -Sin añadir nada más se giró hacía la ravenclaw y le tendió la mano para levantarla, la chica se lo agradeció y saltó por encima de los dos cuerpos de los slytherin tumbados.

- ¿Qué ha pasado aquí? -Se oyó la voz chillona de Flitwick, Sirius maldijo sabiendo que no se libraría del castigo.

En los siguientes minutos nadie habló mientras el profesor Flitwick analizaba toda la escena, después un tiempo y de que los otros dos slytherin se hubieran despertado, el jefe de ravenclaw señaló a Regulus que era el único prefecto presente. El chico se había levantado del suelo y se sacudía la suciedad de su túnica. Sirius se tensó visiblemente y Mulciber sonrió complacido, si Regulus contaba su versión de los hechos seguro que hacía ver al gryffindor como el villano de la historia, y aunque Sirius sabía que no era completamente inocente el no se merecía cargar con las culpas, sí al menos le dejara explicarse y decir que él solo había intentado proteger a una alumna de una panda de matones slytherins. Sin darse cuenta el mayor de los Black contuvo la respiración, mientras veía a su hermano enderezarse antes de responder.

- Disculpe profesor pero desgraciadamente no creo que haya otra explicación más compleja que una mera rivalidad entre nuestras casas -la voz de Regulus había sonado, firme, fría y distante. Y mientras que Flitwick se indignaba, Sirius y Mulciber se quedaron helados en su sitio, Gibbon aún seguía demasiado preocupado por su herida que seguía supurante. -Me temo que no hay justificación ninguna.

- Ustedes ya son mayores para dar ejemplo a los más pequeños -la voz de por sí chillona de Flitwick había subido al menos tres octavas más, y señalaba a la joven de su casa, que se había apostado detrás del profesor y le sacaba 6 cabezas por lo menos. -Señor Black lleve a sus compañeros al despacho del jefe de su casa, y asegúrese de que reciben un castigo. Usted -ahora se había girado hacía Sirius -venga conmigo, y usted también -su voz se había suavizado al dirigirse a su alumna que seguía teniendo rastros del llanto en la cara.

El pequeño profesor empezó a andar por el pasillo seguido de cerca por la ravenclaw, Sirius antes de imitarles miró a su hermano una última vez quién no le devolvía la mirada, si no que tenía esta clavada, en la frente de Gibbon. Pero Sirius estaba seguro de que sabía perfectamente que le estaba mirando, y la única razón por la que miraba a Gibbon era para no verle a él. El mayor de los Black estuvo a punto de decir algo, aunque fuera solo su nombre, pero en el último momento se acobardó, y rápidamente giró sobre sí mismo para dar alcance al profesor de encantamientos.

No tardó en alcanzar al profesor, cuando lo hizo, la ravenclaw tímida le dedicó una sonrisa de gratitud, y por primera vez en todo el día Sirius se sintió contento. Tal vez no había salido extremadamente bien parado de la pelea, tal vez sus amigos le tenían olvidado, seguramente se iba a ganar un buen castigo, una reprimenda por parte de McGonagall y unos cuantos puntos de menos, tal vez su hermano era un gilipollas -aunque puede que un poco menos de lo que Sirius pensaba inicialmente-, pero al menos la chica le había agradecido su intromisión en la pelea. En silencio hicieron todo el camino hasta el despacho de la jefa de gryffindor, y cuando Sirius ya se estaba mentalizando de lo que le esperaba, se dio cuenta de que Flitwick pasaba de largo y giraba en la bifurcación a la derecha, para a posteriori detenerse en una puerta, abrió esta con un toque de varita y con un ademán de la mano les indicó que pasaran dentro.

La sala era acogedora, en la pared frente a la puerta colgaba el blasón de ravenclaw por encima del marco de la ventana, delante de esta había un escritorio con una silla de aspecto cómoda a un lado y dos al otro, en la parte más cercana a la puerta. Tenía una biblioteca que llegaba hasta el techo en un lado de la habitación, y el otro lado estaba ocupado parcialmente por una chimenea y un par de puff, y en el otro por estanterías que contenían desde souvenirs, fotos de miembros de ravenclaw, hasta premios y copas. Lo único raro es que la sala parecía hecha para alguien del tamaño de un niño.

Con sorpresa Sirius se dio cuenta de que nunca había estado en el despacho de Flitwick, si bien sabía donde estaba porque aparecía en el mapa, nunca había estado dentro. El profesor anduvo hasta rodear el escritorio y sentarse en la silla grande de cuero marrón que había ahí, con un movimiento de la varita encendió el fuego que inmediatamente empezó a calentar la sala, y con la otra mano les indicó que se sentaran, en cuanto lo hicieron una bandeja con té caliente y pastas apareció sobre la mesa.

- Ah -dejó escapar el profesor entusiasmado -increíbles criaturas los elfos domésticos, -empezó a servir té en tres tazas distintas mientras seguía alabando a los elfos -extremadamente poderosos y de un carácter muy noble y leal. Una pena que solo sirvan a los magos -hizo una pausa como si estuviera pensando su afirmación -o quizá una suerte para nosotros. ¿Té Dots? -La chica sentada a la izquierda de Sirius asintió, Flitwick entonces hizo flotar una de las tazas hasta ella, -¿señor Black té? -Sirius negó con la cabeza.

- No gracias profesor -Flitwick se encogió de hombros y tomó la segunda taza que había llenado para él mismo. -Señor ¿podría decirme qué hago aquí en vez del despacho de McGonagall? -Preguntó el león tan impaciente como siempre.

- Ah sí -contestó Flitwick con un brillo en los ojos después de beber un sorbo -verá señor Black, la señorita Dots aquí presente ha intercedido por usted hace un rato, mientras que usted decidía si darnos alcance o no -añadió divertido, Sirius estuvo a punto de protestar, él no había intentado escaparse del castigo sólo se había entretenido pensando si debería hablar con su hermano o no, pero un ademán del profesor evitó que dijera nada. -Como iba diciendo, la señorita Dots me explicó lo que ocurrió realmente, así que en vez de mandarle con mi colega que puede ser un poco mmm… ¿cómo lo diría usted señorita Dots?

- Intransigente -respondió ella sonrojándose.

- ¡Eso es! Efectivamente, mi querida Minerva es extremadamente justa, pero un poco intransigente especialmente con sus alumnos de quienes espera un comportamiento intachable -aclaró a los presentes como si no supieran cómo era la profesora de transfiguraciones -por eso he decidido que yo le impondré su castigo. Y sí, antes de que me lo pregunte, tendrá un castigo, no desapruebo lo que ha hecho señor Black, ayudar a una alumna en problemas es lo que todos deberían hacer, sin embargo condeno el uso de la violencia, y me temo que lo último que percibí entre su hermano y usted iba más allá del altercado. Por ello, mañana por la noche limpiará los trofeos bajo la vigilancia de uno de los premios anuales de este año, y se le sumarán 5 puntos.

Sirius asintió con la cabeza antes de procesar del todo lo que había oído

- ¿Sumarán profesor? -Preguntó perplejo.

- Eso es -asintió él -ahora puede marcharse.

Sirius al salir del despacho no podía creerse su suerte, sin embargo seguía algo frustrado así que pateó con furia contenida la armadura más cercana, por una jodida vez que intentaba hacer algo bueno por alguien que no conocía de nada, le tocaba pagar los platos rotos de otros. ¡Jodidas serpientes!


Era pleno noviembre, el tiempo estaba nublado y soplaba un viento helador, sin embargo la temporada de quidditch estaba a punto de empezar. Se había visto retrasada por todos los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Hogwarts, sin embargo hace un par de días se había anunciado que por fin comenzaría y Blishwick como la mejor cazadora de todo Hogwarts no podía permitirse no practicar todos los días. De hecho hacía días que entrenaba sola en el campo.

James Potter había sido nombrado el capitán del equipo quidditch de gryffindor en su cuarto año, mucho antes de lo que cualquiera hubiera esperado y más teniendo en cuenta que existían otros veteranos que habían entrado antes que él en el equipo. Sin embargo el joven había aplastado todas las dudas y críticas levantadas contra su persona en su primer año como capitán, no solo había ganado la copa, sino que además había hecho grandes cambios en el equipo que habían tenido un resultado positivo y también había hecho entrenar duramente a su equipo. Pero por algún motivo que la morena desconocida, de un tiempo atrás desde este año, James había dejado caer la pelota y su función como capitán estaba dejando mucho que desear ese año. Para empezar, había reducido los entrenamientos semanales, ahora en vez de entrenar cinco veces a las semana entrenaban tres y ya no les imponía las horas de ejercicios físico matutinos diarios, como salir a correr por el campo. En definitiva, este año el joven se había descuidado y Angelina no tenía intención de que su equipo pagara por ello. Sin embargo, cuando sugirió al resto del equipo entrenar ratos extra aunque fuera por diversión todos habían rechazado la idea y la habían llamado loca. La verdad es que no le había importado, Angelina no era una chica muy social, más bien lo contrario. Ella solo había ido a Hogwarts con intención de ser la mejor y aprender a controlar su magia, no le interesaba ninguna de las demás cosas que podía experimentar en el castillo, Hogwarts era para formarse en su educación, no para hacer amigos ya haría eso cuando fuera rica. Se había hecho amiga de sus compañeras de gryffindor por casualidad. Angelina era una de esas misteriosas personas que nace con el don de la organización y el control, y por ende tenía planeada su vida entera desde los diez años, si no era desde antes.

El plan comenzó justo el año antes de entrar a Hogwarts, 1971, cuando rumores de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado fueron escuchándose por todos los rincones de Inglaterra. La negra pertenecía a una familia sangre pura de alto standing de Inglaterra, compuesta por cuatro miembros, sus padres y su única hermana mayor. Sin embargo, el verano pasado su familia se había ampliado tras el casamiento de su hermana Caliope con Perseo Johnson. En lo que respecta a sus padres, ambos habían mantenido cargos prominentes en el ministerio durante muchos años. Su padre había sido jefe del departamento de leyes y su madre una inefable reconocida, ambos eran un tanto mayores y aunque no seguían manteniendo sus puestos porque se habían retirado hacía un tiempo, si seguían ejerciendo funciones secundarias para el ministerio. Por todo esto, la abierta posición de su familia en la guerra contra Aquel-que-no-debe-ser-nombrado, había supuesto un gran alivio y ejemplo para muchas familias de magos. Sin embargo, Angelina no podía evitar pensar que sus padres habían cometido un error al ponerse tan rápida y abiertamente contra el creciente mago oscuro. Estaba en total desacuerdo con ellos y creía que sus padres habían sido idiotas y los habían condenado a todos ellos, es decir tanto a ellos como a sus dos hijas.

Por eso fue en ese momento de 1971, que la pequeña de la familia tomó una decisión. Para ello creó un plan infalible, al menos eso pensaba a sus escasos 10 años, que la llevaría lejos y la mantendría a salvo del caos inminente que iba a surgir en Inglaterra. Según dicho plan ingresaría en Hogwarts el próximo Septiembre, quedaría en ravenclaw y se rodearía de la gente más lista de su año, pero no se haría su amiga. Simplemente trabaría relaciones que pasarían del formalismo sin llegar a compartir ningún nivel de compromiso. Así sería más fácil obtener las mejores notas del curso y entrar en el equipo de quidditch como cazadora, no sabía si quería ser capitana ya que debía ser premio anual y eso le llevaría mucho tiempo y esfuerzo, lo que posiblemente se viera afectando a su media honorífica. Pero gracias a su esfuerzo y dedicación le ofrecerían varias becas en el extranjero dónde podría huir de lo que sucedía en Inglaterra y centrarse en las relaciones internacionales basadas en deporte, al menos los primeros años de su carrera para posteriormente optar por un puesto mucho más importante y ambicioso, una carrera diplomática.

Sin embargo su plan se había visto frustrado desde el primer día, cuando en vez de acabar en ravenclaw con los inteligentes terminó sentada en la mesa de los leones, con los brutos tampoco debería haberla sorprendido ahí era donde su hermana mayor había terminado a pesar de que sus padres fueran ravenclaw. Pero a diferencia de lo que creía, caer en una casa distinta no le supuso ningún problema inicial, obtuvo altas calificaciones y fue capaz de mantenerse alejada de sus compañeros. Sin embargo poco tiempo después, en su segundo año, fue donde se encontró con un nuevo obstáculo, Lily Evans. La cazadora había pasado todo el primer año dispuesta a ignorar a la pequeña pelirroja que andaba con el slytherin raro y que trataba de hablar con ella cuando su amigo no estaba alrededor. Blish deseaba continuar así hasta graduarse, pero no pudo, y esa pequeña pelirroja se ganó un lugar en su corazón sin poder evitarlo. Desde entonces aquella a quien Angelina, consideraba su única y mejor amiga, había desbaratado todos los planes de la morocha sin que ninguna de las dos fuera consciente de ello, solo a base de brindarle cariño y amor, ablandando parcialmente el corazón cuadriculado y controlador de la cazadora.

No fue hasta el verano antes de empezar sexto, cuando el mundo mágico empezaba literalmente a desmoronarse ante sus ojos, que volvió a pensar seriamente en aquel plan que había trazado hacía casi 7 años, la situación en Inglaterra se volvía cada vez más surrealista y terrorífica. Y fue cuando Angelina cayó en la cuenta de que no había conseguido casi ninguno de sus objetivos y se había desviado bastante de su meta. Pero si los últimos meses habían servido de algo, había sido para recentrar a la chica en su antiguo plan y conseguir sus objetivos. Inglaterra estaba cayendo y ella no tenía ninguna intención de caer con su país.

Angelina no había conseguido el puesto de capitana, pero seguía siendo una de las mejores jugadores del equipo y ¿por qué no decirlo?, de todo Hogwarts también. La morocha estaba dispuesta a mejorar hasta el punto de que le ofrecieran algo por su talento deportivo, sabía que James también buscaba salidas profesionales en el quidditch, pero ella no aspiraba a Inglaterra ni siquiera Europa, solo quería irse lejos de ahí a un sitio donde le asegurasen un futuro. Por eso ahora mismo se encontraba entrenando sola en el campo de quidditch, y como única espectadora tenía a Pandora Meadowes. Así que cuando la lluvia volvió a arraizar por cuarta vez desde que había comenzado el entrenamiento Angelina se dio por vencida, podría haber seguido un par de horas más, pero llevaba unas cuantas jugadas en condiciones extremas lo cual duplicaba su dificultad, además de que Pandora debía estar aburrida después de tanto rato. Frustrada desencantó la madera que había hechizado para que jugara de guardián, y contempló como esta caía al suelo y se hacía añicos al estrellarse contra la tierra, aunque el suelo estuviera blando nueves metros de altura partiría cualquier cosa. Luego se dio la vuelta y con la quaffle bajo en brazo voló hasta las gradas donde estaba sentada la ravenclaw.

- Ya he terminado por hoy -declaró mientras la rubia levantaba la vista de unas nutrias de agua que había creado con su varita y quienes jugaban en el aire a su alrededor.

- ¿Tan pronto? -Preguntó la chica risueña.

- Llueve -replicó Angelina secamente.

- Lo sé -dijo Dora alegre -puedo oír a las ninfas del bosque cantar desde aquí -Blish no comentó nada, sabía lo rara que podía ser el águila.

- ¿Vamos? -Preguntó con brusquedad y Meadowes asintió.

Mientras descendían deprisa para no mojarse demasiado por las gradas dirección a los vestuarios de gryffindor, Angelina se sorprendió disfrutando de la canción que a su lado Pandora cantaba alegremente acerca del amor entre entre el calamar gigante y las ninfas del bosque.


Lily estaba harta, necesitaba vacaciones ya. Que el mundo parara y dejara de girar a su alrededor porque ella ya no tenía fuerzas y sentía que se estaba ahogando, aunque quizá volver a casa y lidiar con Tuney no era su definición perfecta de vacaciones y descanso. El curso había sido una auténtica mierda, desde el momento en que se montó en el expreso de Hogwarts todo fue de mal en peor. Y para mejorar las cosas ahora se dirigía a un castigo, un viernes por la noche, mientras sus amigas iban todas a la cocina, probablemente a atiborrarse de dulces y chocolates, las tripas de Lily rugieron solo de pensar en los pasteles de chocolate que hacían los elfos. Cuando llegó a la sala de trofeos se encontró con Filch cara a cara, por un momento su corazón se paró, ¿no se suponía que eran los premios anuales quienes vigilaban el castigo?, pero no dijo nada viendo la cara de malas pulgas del conserje, y la sonrisa petulante que se había formado en su fea cara al verla entrar.

En cuanto entró el conserje la mandó sentarse a un lado, la pelirroja estaba impaciente por empezar, puesto que cuanto antes empezara antes acabaría, pero Filch se negó alegando que todavía tenían que esperar a alguien más, así que el castigo no comenzaría hasta que su compañero llegara. ¡Genial! pensó la joven "además de que me castigan por su culpa también tengo que hacer el castigo con él, y el muy idiota llega tarde."

Pero tras quince minutos de espera, no había ni rastro del otro castigado, y eso solo causó que la irritación característica de Filch creciera y la indignación de la pelirroja fuera en aumento. Cuando se iba a ofrecer para ir a buscar a Snape escuchó unos pesados pasos, que solo podían ser de hombre, cerca de la puerta. No quería ni verle así que dejó su varita sobre la mesa donde Filch le había indicado, cogió un trapo y se dirigió al otro lado de la habitación. Escuchó como Filch le quitaba la varita al joven y se iba de la sala, seguido de un portazo y vuelta de llave.

Lily decidida a ignorar a su compañero siguió con su tarea sin dejarse distraer por su llegada, pero entonces un ruido la paralizó. Snape estaba cantando, bueno no cantando tarareando, pero eso no podía ser, Severus odiaba la música, y no lo hacía sin motivo, al chico se le daba tan mal que parecía estar torturando gatos en vez de cantando. Algo en toda esa situación no cuadraba, así que la pelirroja se giró lentamente y se encontró con un chico de pelo negro, mirada brillante y sonrisa socarrona. Sirius Black estaba sentado en una silla, con los pies encima de la mesa, el uniforme desarreglado, una sonrisa ladina iluminando su rostro que hizo estremecerse a la chica y balanceándose sobre las patas traseras con tranquilidad, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

- ¡¿Tu?! -la exclamación de sorpresa, solo pareció divertir más al joven Black -pero pensé, pensé que eras…

- ¿Quién se supone que era? -Preguntó él ensanchando aún más su sonrisa.

- Nada da igual déjalo -respondió ella sabiendo lo mucho que se enfadaría Black de conocer la persona con la que Lily le había confundido -¿qué haces aquí Black?

- Podría preguntarte lo mismo zanahoria, ya que de normal soy yo quien está aquí y no tu.

- Ya, pero yo pregunte primero -Lily se maldijo por lo infantil que había sonado su respuesta pero no bajó la cabeza a pesar del rubor que notaba calentar sus mejillas, la carcajada perruna de Sirius no ayudó a la joven provocando que el sonrojo fuera en aumento.

- Ya que insistes… me han castigado.

Lily esperó un rato a que el pelinegro dijera algo más, pero el chico permaneció callado.

- ¿Ya está? ¿Solo dices eso? Pero si ¡si es obvio! -La prefecta se estaba empezando a sulfurar, nunca había llevado bien que se burlaran de ella - me refiero a ¿por qué te han castigado?

- Bueno, pues la próxima vez deberías formular bien la pregunta -Sirius la estaba sacando de quicio muy deprisa con sus tonterías y respuestas evasivas - ¡venga Evans creí que eras una chica lista! -Exclamó el solo para frustrarla más, y después para desgracia de la pelirroja añadió -ahora me toca a mi…

- Me han castigado -le cortó Lily bruscamente, consiguiendo por toda respuesta una carcajada mayor del joven.

- Ya pero veras pelirroja, yo aún no te he preguntado nada, -antes de que Lily volviera a cortarle continuó -he dicho que podría preguntarte lo mismo, pero no lo he hecho.

Un silencio tenso se instaló en la sala unos segundos, durante los cuales Lily se planteó seriamente aventarle al joven el trofeo que tenía en las manos y que habían comenzado a limpiar hacía un rato. Sin embargo, el merodeador se estaba divirtiendo mucho y viendo las intenciones de la joven decidió mejorar la situación.

- Así que bueno dime Pops ¿qué has hecho para estar aquí?

- ¿Pops? -Lily le miró extrañada, llevaba preguntándose el origen de ese extraño mote desde principios de curso cuando lo escucho por primera vez -Black ¿qué sustancia tóxica has estado fumando ahora? Sabes de sobra que mi nombre es Lily, no hay ninguna forma de donde provenga Pops, así que deja de usar eso.

- Oh lo sé, pero Pops no es un nombre, es un apodo.

- Y se puede saber ¿quién narices crees que eres para ponerme un apodo? -Preguntó ella cada vez más irritada -aún dudo de que sepas mi nombre de pila.

Las carcajadas de Sirius cada vez resonaban más fuertes en la sala de trofeos.

- Eres divertida Pops -declaró el chico como quien hace un gran hallazgo científico -no lo sabía, -Lily chasqueo la lengua y le dedicó una falsa sonrisa de odio. -No tengo porque ser nadie para ponerte un apodo, sin embargo Pops tú misma has establecido antes, al menos implícitamente, que nos conocemos desde hace tiempo -respondió él con una sonrisa triunfal en los labios -así que en mi defensa alegaré que un viejo compañero de clase.

- Eso no te da derecho -declaró ella.

- ¡Ah! -Sirius casi podía saborear el entusiasmo en cada palabra -pero nunca he sido alguien que se limite por lo que tenga o no tenga derecho a hacer.

- Eso -declaró Lily mientras apoyaba bruscamente un trofeo que acababa de limpiar en la vitrina de nuevo -esta claro.

- ¿Molesta Pops? -Pinchó él una vez más.

- ¿Si sabes la respuesta para qué preguntas Black? -Replicó ella sarcástica.

- Es divertido -contestó el encogiéndose de hombros.

- Además tu apodo no tiene sentido, ¿de dónde lo has sacado? -Preguntó la prefecta aún molesta, pero picada por la curiosidad.

- No es mío -declaró él, Lily se giró a mirarle y vio que una sonrisa victoriosa bailaba en sus labios, -solo lo he cogido prestado.

- Vaya ni imaginación tienes para inventar… -no pudo terminar de hablar, había intentado hablar con firmeza, pero algo en la expresión de Sirius y en el brillo de sus ojos le daba mala espina.

- No cuestiones mi imaginación Evans -su sonrisa había pasado de divertida a ladina en un segundo -hay muchas chicas en Hogwarts que podrían explicarte como no carezco de ella -Lily no tuvo que fingir unas arcadas. -Pero en lo que se refiere a ti, nunca he desperdiciado mi tiempo -la pelirroja sintió esto como un golpe en el pecho -jamás habría utilizado mi tiempo en pensar un apodo, no merece la pena.

- Me alegro -la declaración de Black había hecho más daño a Lily de lo que quería reconocer, además el chico parecía tan calmado mientras que lo decía que hacía las cosas peores aún -de que mi existencia te parezca una pérdida de tiempo.

- Oh no seas dramática Pops -le cortó el azabache - y no pongas palabras que yo no he dicho en mi boca. He dicho que no perdería mi tiempo en buscarte un apodo, no que me parezcas un desperdicio de espacio.

- Suenan igual -declaró ella, con los ojos fijos en el nuevo trofeo que tenía entre las manos para no llorar.

- ¿Podrías culparme si así fuera? -Preguntó Sirius, y el tono de su voz hizo que Lily se girara a verle, sonaba raro, como si le doliera, o quizá no le gustara lo que iba a decir a continuación. -¿Acaso no opinas tu lo mismo de nosotros?

- Yo nunca he dicho algo así -el tono de la prefecta se había elevado unas cuantas octavas.

- No, pero nos has llamado cosas muy feas a lo largo de los años -una risa sarcástica escapo de la garganta de Sirius -cosas que jamás habría pensando que podían salir de ti, y el año pasado en el lago -la pelirroja se tensó automáticamente -dijiste que James era peor que Snivellus -Evans dejó escapar un leve "no lo llames así" pero Black lo ignoró por completo. -Cuando su único pecado fue querer defenderte Evans, y tú se lo devolviste insultándole delante de todo el colegio.

- ¡Le estaba torturando! -Gritó ella, respiro una vez para volver a repetir -le estaba torturando mucho antes de que yo llegara.

- Eso no es torturar.

- Claro que lo es -sus ojos verdes brillaban con furia -humillar a alguien delante de todo el colegio, insultarlo, amenazar con exponer su cuerpo... todo eso, es una clase de tortura, y él las disfruta, Potter disfruta de hacer eso a otros.

Sirius se había adelantado hacía ella con rapidez y tomando su muñeca con fuerza le obligó a mirarlo a los ojos, Lily tuvo un escalofrío, ya no se veía el iris, sus pupilas se habían expandido ocupando todo su ojo, pero no se amedrantó.

- James es una de las mejores personas que conozco, no digas ¡jamás!, que disfruta haciendo daño a otros no tienes ni idea -le soltó la muñeca con brusquedad, y se alejó de ella unos pasos, sus ojos volviendo a recobrar parte del iris gris. -Puede que lo que hicimos ese día no estuviera bien -se encogió de hombros -sinceramente no me arrepiento creo que cualquier mortífago se merece ser tratado como la escoria que son -estaba vez Lily no defendió a Snape no dijo que no era un mortífago, su voz se había quedado atascada después de esa muestra de Sirius. -Pero deberías preguntarle a Lynn que le estaban haciendo justo antes del TIMO de defensa Snape y sus amiguitos, a ver que te parece peor, además por algún motivo James no se ha perdonado desde entonces.

Black volvió a la mesa en la que había estado antes sentado, mientras que Lily se quedó unos segundos parada en su sitio. El silencio llenó la sala, mientras ella retomaba lo que estaba haciendo y Black permanecía sentado con la respiración aún agitada por el enfado.


Regulus se miró el labio una vez más en el espejo, la hinchazón había bajado casi completo, la herida casi se había cerrado y apenas quedaba rastro del golpe. Sus ojos grises se levantaron y se clavaron en Snape que le miraba con curiosidad, Regulus tenía que reconocerle el mérito, a pesar de su curiosidad el chico no había preguntado nada, tan solo le había dado el potingue necesario para curarse.

- ¿Qué tiene esto? -Preguntó levantando el bote con la pasta verde-amarillenta.

- Muchas cosas -replicó el mayor con sequedad, Regulus sonrió con arrogancia ante la desconfianza de Snape.

- No te voy a robar la receta -declaró Black, Severus se encogió.

- No creo que pudieras elaborarla de todas formas.

- Ya -los ojos grises de Black estaban posados en la expresión de Snape a través del espejo, el chico tenía esa cara de estar pensando en la sangre sucia -¿qué te ha pasado en el ojo?

Snape automáticamente se llevó las manos al ojo izquierdo, que estaba un poco hinchado y tenía un ligero tono morado.

- ¿Qué te ha pasado en el labio? -Replicó el mayor, Black dejó escapar una carcajada controlada.

- Lo mismo de siempre -su respuesta era lo suficientemente críptica para no revelar nada, pero lo suficientemente elocuente para que alguien inteligente lo comprendiera, y así lo hizo Snape quién asintió.

- Entiendo -dijo tomándose una pausa -a mi también.

Regulus asintió como el lo había hecho hacia unos minutos, y los dos se quedaron en un silencio cómodo de mutuo respeto. Unos minutos después se abrió la puerta del cuarto de golpe, dando paso a una comitiva de slytherin con Mulciber y Gibbon a la cabeza. El primero parecía verdaderamente enfadado y sus ojos volaron por toda la habitación hasta caer en el reflejo del tocador de Black. Aunque hubiera pasado un día de la pelea, los signos de la esta aún eran evidentes en ellos, si bien los cuernos y la herida supurante habían desaparecido, Gibbon aún tenía una fea herida de color rojo sangre en la frente, y dónde habían estado los cuernos de Mulciber se podían ver dos pequeños círculos negros un poco abultados, además de que ambos tenían moratones por todas partes y pequeños cortes.

- ¿Se puede saber a que vino lo de ayer Black?

- Tendrás que ser más específico Mulciber -declaró Regulus mientras se levantaba con calma de la silla que estaba frente a su espejo.

- ¿Por qué defendiste al traidor de tu hermano? -Ante esa pregunta se levantaron varios susurros en el grupo de slytherin, pero el pequeño de los Black no pareció perturbado por ellos.

- ¿Y qué te hizo pensar que estaba defendiendo al traidor de mi hermano?

- ¡Esta claro que no quisiste delatarlo ante ese híbrido de Flitwick! -Alguna risa se escuchó ante el apelativo dado al profesor, pero la mayoría estaba más centrado en la pelea que iba tomando forma delante de ellos.

Snape observaba con interés a Regulus intentado vislumbrar alguna emoción en su cara, pero como siempre permaneció imperturbable. Black no le había contado lo que había ocurrido, tampoco le había hecho falta los rumores de la pelea llegaron a Snape la noche anterior, y al ver el labio de Black esa mañana, Severus asumió que Regulus había tomado parte en la pelea. Lo que Snape no había llegado a comprender, es porqué Black no había acudido a él la noche anterior cuando el labio debía de haberle estado doliendo horrores, ahora que Mulciber le había acusado de eso, puede que Severus ya tuviera su respuesta. Sí Regulus había en efecto defendido a su hermano traidor, puede que hubiera querido autocastigarse y la única forma de hacerlo era sufriendo las consecuencias de sus hechos. Había muchas cosas que por mucho que se esforzase Snape no llegaba a comprender del pequeño de los Black y tenía la sensación de que nunca lo haría, el chico era mucho más complejo de lo que parecía.

- Dime Mulciber ¿cómo pretendías tú justificar lo que paso?

- No hubiera justificado nada -replicó el chico -tu hermano nos atacó. -Una risa, medida, fría y sarcástica escapó de los labios de Regulus para acabar en una sonrisa calculada.

- ¿Y qué crees que hubiera hecho Flitwick? ¿Dejarnos ir sin más? -El silencio siguió a la pregunta de Regulus -no, hubiera querido una respuesta mejor, un motivo por el cual un alumno empiece una pelea contra otros tres. Y hubiera llegado a la conclusión de lo que realmente estaba pasando allí.

- ¿Qué era? -Preguntó Mulciber dudoso.

- Un estúpido gryffindor saltando a la defensa de una sangre sucia que no conoce -replicó Regulus mordaz -¿o se te ha olvidado lo que estábamos a punto de hacer?

- ¿Así que no estabas defendiendo a tu hermano? -Preguntó Gibbon con curiosidad, retrocedió un par de pasos al notar la fría mirada marca Black sobre el.

- Yo, no tengo hermanos -los murmullos finalmente cesaron entre los slytherin, y gestos de aprobación y asentimientos empezaron a verse por todas partes.

- ¿Ves, Angus? Te dije que Regulus no podía haber hecho tal cosa -dijo Avery dándole unas palmaditas al slytherin en el hombro, el pelinegro asintió en su dirección.

- Ahora, me gustaría estar a solas -declaró Black, y la puerta de su cuarto se abrió con un ligero movimiento de su varita, indicando a todos los presentes que no era una petición.

Así lo hicieron los slytherin muchos comenzaron a retirarse con lentitud intentado ver si pasaba algo más, otros no dudaron en salir notando la advertencia en la voz de Regulus. Los últimos en salir fueron la comitiva formada por Mulciber, Gibbon, Avery, Rosier y Zabinni, no sin antes Mulciber dirigirle una mirada de desconfianza a quien se la sostuvo imperturbable.


Había pasado un largo rato desde la pelea, Lily había seguido limpiando trofeos todo ese tiempo, pero apenas había avanzado, y aún le quedaba mucho por hacer, mientras que Sirius había permanecido sentado, al principio su cara del malhumor había mantenido a la pelirroja alejada, pero con el paso de los minutos esta se había relajado. Con un suspiro la prefecta apoyó el tercer trofeo que había limpiado desde que volvió el silencio entre ellos, y se giró para mirar a Sirus, era la cuarta o quinta vez que hacía eso. El chico, como había ocurrido antes, le devolvió la mirada al principio solo fue con curiosidad ahora sus ojos mostraban petulancia ante la falta de valentía de Lily e incluso dureza, estaba claro que Black no olvidaba lo que le había dicho la prefecta, Evans tomó aire antes de hablar.

- Nunca he querido decir que seáis peores que los mortífagos - declaró con firmeza -solo que yo no veo a Severus así.

Sirius asintió con lentitud antes de hablar.

- Es lo que es, ¿lo sabes no? -Lily quiso negar con todas sus fuerzas, pero la verdad era que ella no sabía que era su ex-amigo y eso la aterraba -o al menos lo va a ser, puede que ahora no tenga la marca, pero cuando estemos fuera no tardará en unirse a ellos.

- Supongo -asintió derrotada.

- No entiendo que ves en él -dijo el gryffindor sorprendiéndola.

- ¿Qué ves tu en tu hermano? -Preguntó ella por toda respuesta -al final son iguales ¿no?

- Solo veo a un extraño en Regulus -la declaración de Sirius, el dolor y la frialdad en su voz, dejó a Lily con un malestar general.

- Lo siento -Sirius se encogió de hombros, como sí no le importara -debe de ser difícil.

- Te acostumbras.

- No creo que pueda.

- Nunca lo creerás -dijo él, su voz sonando amarga.

- Y Black -los dos se miraron unos segundos -siento haber dicho eso de Potter sé que no es cierto, no le conozco, pero sé que él no es como ellos.

Sirius la miró durante unos segundos en silencio, quizá solo para hacerla sufrir o puede que estuviera intentando descifrar algo que Lily no veía en sí misma, pero al cabo de unos segundos que se hicieron eternos contestó:

- No pasa nada Pops.

- ¿Vas a llamarme así mucho más tiempo?

- ¿Acaso no te gusta?

- No es mi nombre -replicó Lily.

- Y eso no es una respuesta -refutó Sirius.

- No, no me gusta -respondió la pelirroja -¿acaso no es evidente?

- Eso -dijo Sirius dibujando una sonrisa en su cara -solo lo hace más divertido.

- ¿Se puede saber de dónde lo sacaste? Ni siquiera se parece a mi nombre -preguntó ella sabiendo que no obtendría respuesta.

- Ah tendrás que preguntárselo a James si quieres saberlo, fue todo idea suya -declaró Black analizando cada reacción de su compañera. Lily se quedó helada en su sitio, no debería haberla sorprendido, después de todo hasta ella había pensado hacía un rato, que fue Potter quién la llamó así por primera vez y no Black.

- No no quiero, esta claro que tu amigo esta completamente demente -dijo con firmeza -tuve un problema en la biblioteca y Madame Pince me ha castigado -Lily decidió cambiar rápidamente de tema, y los ojos de Sirius se iluminaron al escuchar esto.

- Vaya, vaya así que la perfecta prefecta causó un altercado en la biblioteca, parece que ya no eres tan perfecta. -Entendiendo que el tema de James se había acabado decidió divertirse por otro lado -no me digas que te han prohibido también la entrada.

- No fue así, exactamente -Lily resopló con resignación -hubo un lío y yo me lleve la culpa -Sirius miró con curiosidad a su compañera parecía ¿triste?, no más bien era una mezcla entre decepción y resignación -y sí estoy castigada sin poder entrar hasta después de Navidad… -la risa de Sirius cortó el aire, pero esta vez no era ni sarcástica, ni burlona, simplemente sincera.

- Bueno no te preocupes Pops siempre puedes estudiar conmigo, yo tengo prohibida la entrada de por vida desde primero -una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios.

- Pero yo te he visto en la biblioteca -dijo Lily confusa.

- Por eso mismo precisamente, pero no creas que me entristece mucho no poder entrar, simplemente me divierte llevar la contraría.

La pelirroja dejó escapar una risita a su pesar, y se quedó observando al joven un rato. No llevaba ni cinco minutos y él la había hecho reír varias veces ya, había conseguido que su mal humor desapareciera, que "confesara" como había acabado castigada y lo peor era que no parecía hacerlo con mala intención. Por un momento se planteó la posibilidad de que no fuera tan malo como creía al fin y al cabo nunca se había llevado mal con Black. Simplemente no eran amigos, pero verle ahí totalmente relajado bromeando con ella, haciéndola reír y luciendo tan increíblemente atractivo como siempre sacudió los cimientos de las pelirroja haciendo que se replanteará todo aquello que creía de los merodeadores.

Claro que todo esto duró solamente un segundo, y sin embargo la sospecha que le surgió a posteriori de haber sido inducida con alguna toxina o haber inhalado alguna toxina química que alteraba los componentes de su cerebro duraría meses.

- Pops tienes que dejar de mirarme así, que Cornamenta sino me matara -su tono pícaro hizo que Lily se sonrojara sin remedio -pensara que te has enamorado de mi y eso no le gustara.

- Me importa una mierda lo que le guste o deje de gustarle a Potter.


¡POOM! La explosión se escuchó por toda la torre haciendo que los más pequeños se sobresaltaran. La zona situada enfrente de la chimenea se había llenado de polvo de colores y los adolescentes que se encontraban dentro de la humareda estaban desperdigados por toda la alfombra.

- ¡Me estás jodiendo Lupin! -La voz de Angelina Blishwick destacó sobre las demás -eres un jodido tramposo eso no vale.

Las acusaciones de la joven solo hicieron que el barullo dentro de la nube, la cual se iba disipando, aumentará.

- Venga Blish, no jodas - la respuesta del licántropo provocó más risas -sabes que no han sido trampas sino más bien un as bajo la manga.

- Si Angie no seas corta rollos -la risa melodiosa de Marlene hizo que las carcajadas aumentaran aún más.

- Pero, es que … HA HECHO TRAMPA -la indignación en su voz y el dedo acusador apuntando directo a Remus la hacían parecer una niña pequeña con un berrinche, lo que aumentó la risas.

Viendo como la cara de su cazadora se contraía en una mueca de rabia y como su tez marrón se oscurecía en las mejillas James decidió intervenir.

- Blish tiene razón Lunático es un maldito tramposo, lo que pasa es que engaña con esa apariencia inocente -por toda respuesta el azabache solo recibió una pedorreta del castaño - pero no te preocupes Blish vamos a devolvérsela por tramposo. ¡Le desbancaremos juntos!

- Sí capitán -contestó la morena completamente motivada por el corto discurso de su compañero, ignorante a la diversión del azabache.

Después de cenar los tres merodeadores se habían sentado en la sala común a esperar a Sirius. Habían comenzado una partida de snap explosivo, pero al ser solamente tres esta había resultado más que aburrida. Por suerte al cabo de un rato sus compañeras de curso bajaron de su cuarto, iban a ir a las cocinas con sus amigas de ravenclaw pero Peter había conseguido persuadirlas para que se quedaran, al menos hasta que llegara Sirius. Ellas pusieron como única condición que dejarán entrar a las águilas en la sala común para que jugaran con ellos, ninguno de los tres merodeadores puso pegas, puesto que todos se llevaban muy bien con Marlene y no tenían problemas con Meadowes. Y las dos ravenclaw entraron en la sala de los leones, a pesar de las quejas y protestas de algún otro gryffindor que andaba suelto por ahí. Ahora todos ellos se encontraban sentados en el suelo jugando frente a la chimenea ya llevaban un par de partidas, la primera había sido ganada por Remus, la segunda vez fue Angelina quien consiguió la victoria y ahora que estaban en la tercera ambos querían el desempate. Sin embargo los dos estaban tan centrados el uno en el otro que no se dieron cuenta que Adam les seguía de cerca en esta partida.

Hacía tiempo que no estaban tan bien, James sabía que los dos grupos nunca habían sido amigos, pero siempre se habían llevado bien. Sin embargo, el joven no pudo evitar preguntarse por qué no se habían juntado antes, sabía que su relación con Lily no ayudaba pero si eran un grupo grande no tenían porque hablarse tan siquiera. Mientras pensaba en esto la respuesta a sus preguntas entró por la puerta.

Emmeline Todler y Elea Lynn, eran las dos leonas restantes pertenecientes a su año, no solían pasar tiempo en la sala común porque no se llevaban bien con las demás leonas. Sin embargo siempre se habían llevado fenomenal con ellos, hasta había quienes las consideraba las chicas de los merodeadores. Lo cual Sirius aseguraba era una tontería enorme porque ellos no admitían princesitas.

El buen rollo que se respiraba en el aire no tardó en volverse tenso, en cuanto Mary se dio cuenta de la presencia de sus dos compañeras. La partida se paralizó unos instantes mientras los dos grupos de chicas se observaban y analizaban unas a otras, aunque por lo que tenía entendido James, la guerra en su cuarto había terminado de una vez por todas con la tregua entre Toddler y Jorkins. Pero el ambiente entre "los dos bandos" nunca fue agradable y eso no iba a cambiar de la noche a la mañana, a pesar de esto y sorprendentemente para todos, en especial para Mary y Adam, Heather asintió en dirección a Emmeline Todler quien le devolvió el gesto antes de subir a su cuarto.

Con eso la partida se volvió a reanudar, sin embargo James se juró hablar más tarde con ella para ver que había que desde siempre esas dos habían sido las que más se odiaban. Suponía que todo esto venía desde el día en que Heather decidió volver a ser ella misma, pero aún así quería saberlo, ya que la castaña y él se habían hecho muy cercanos, para disgusto de su casi hermano.

Aunque claro James no se imaginaba que en un par de horas, estaría igual o más molesto con Sirius de lo que él había estado por lo de Heather. Y la razón no era ni más ni menos que una chica, algo por lo que jamás se habían peleado.


Mientras tanto en la sala de trofeos Lily finalmente había encontrado el método de convencer a Sirius para que limpiara con ella como le tocaba según lo que dictaba el castigo, la prefecta había intentado convencer al chico de hacer lo correcto, cuando vio que no daba resultado fue a la segunda opción que solía utilizar con los hombres, atacó su masculinidad y lo frágil que era por no querer ponerse a limpiar ya que eso era trabajo de mujeres. Pero el gryffindor ni se inmutó y aceptó el "insulto" con una sonrisa. Y cuando estaba a punto de rendirse y finalmente hacerlo todo sola le vino una idea brillante a la cabeza, haría una apuesta con él. Y así lo hizo, dividieron la estantería en dos, y cada uno debía limpiar su mitad, quien antes acabase de los dos ganaba. El ganador tendría derecho a hacer tres preguntas que debían ser respondidas con franqueza, y a estas tres se sumaba también por el número total de trofeos que la otra persona no hubiera limpiado el otro tendría derecho a hacer esa cantidad de preguntas. Lily estaba convencida de que ganaría ya que ella de los dos era quien tenía más práctica y llevaba la delantera por empezar con el castigo en el momento en que debían.

Pero la prefecta no contaba con que estaba compitiendo contra un merodeador, y estos siempre tenían un as bajo la manga. En ese instante escuchó un carraspeo a su espalda, se giró y comprobó con horror que Sirius ya había terminado y le sonreía de forma traviesa sentado desde la mesa. La pelirroja no se lo podía creer, no había tardado nada, a ella por lo menos le quedaban 31 trofeos, lo que quería decir que Sirius tenía derecho a hacer 34 preguntas y ella tendría que responder. Ese pensó Lily, sería el momento apropiado para que la tierra se abra a mis pies y me haga desaparecer para siempre.

- Bueno Pops, ven aquí -le dijo el chico mientras señalaba una silla al lado de la de él -ha llegado la hora de la diversión.

- ¿Cómo? ¿Pero cómo? -preguntaba Lily tartamudeando, aún sorprendida y atontada.

- No, no, no nada de eso aquí las preguntas las hago yo -vaciló el chico, ella se dejó caer sin miramientos en la silla ya que estaba segura de que las piernas le aguantarían mucho más.

- Bien Pops empecemos -Lily se giró hacia el merodeador y se puso recta, si iba a pasar por aquello lo haría con orgullo. - Primer pregunta ¿eres virgen?

O tal vez no, una vez más la pelirroja miró al suelo firmemente, pero este no se inmuto.

- Pasapalabra -contestó Lily levantando la cabeza mientras sus mejillas perdían todo el color, esto acababa de empezar y Lily ya iba perdiendo.

- ¿Pasapalabra? ¿Qué es eso? ¿Una expresión muggle rara? -El pelinegro había arrugado la nariz graciosamente lleno de curiosidad y confusión.

- No, -contestó Lily secamente -simplemente es una forma de decir que no voy a contestar a eso.

- No puedes pasar palabras -se rio Sirius.

- ¿Por qué no? No hemos establecido reglas -replicó ella infantilmente. Sirius se rio.

- Sí quieres puedes contestar más tarde -Lily lo meditó unos segundos -creo que aunque no lo hayas dicho en las normas está implícito el que se debe contestar a todas con sinceridad.

- ¡Ey que no soy ninguna mentirosa! -Exclamó ella ante la sugerencia.

- Lo sé, pero eres lista y quieres buscar una forma de escapar -ella le miró con curiosidad, ¿Sirius Black la acababa de halagar? y asintió pensando que así él se olvidaría, pero notando cómo la miraba con curiosidad supuso que tal vez no.

- Bien pues…

A partir de ese momento las preguntas que le hizo eran menos comprometidas, aunque tampoco resultaban poco triviales algunas resultaron verdaderamente vergonzosas para la joven. Pero aún así las contestó todas, incluso ella hizo alguna un tanto insidiosa y se sorprendió al ver que él las respondía todas con toda franqueza y sin ningún tipo de vergüenza. Estuvieron así por lo menos una hora, y cuando solo quedaban siete preguntas para terminar Sirius volvió a la primera que le había hecho al principio del todo.

- Ahora sí, dime Pops ¿eres virgen?

- No -contestó Lily con firmeza, intentando no sonrojarse. Por un momento se sintió poderosa y orgullosa ante la expresión de sorpresa de Sirius, pero no añadió nada más.

- ¿No? Pero ¿qué? ¿Estás segura? ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿Me estás mintiendo? -El pelinegro parecía totalmente perdido.

- Bien me parece que esas son seis preguntas y con ellas se termina este juego taaaan divertido -la sonrisa de suficiencia de Lily se hizo presente en su rostro. -Así que te contestaré a todas ellas y me ayudarás a limpiar. -Lily no pudo evitar pensar que; "Sirius Black se creía tan listo y creía tener a todo el mundo figurado, pues bien ella Lily Evans le había demostrado que no era así."

- ¡No! Espera no te quiero preguntar eso.

- Lo siento pero tienes que ser más claro, para la…-empezó la prefecta, pero el animago le cortó.

- No me vengas con esas Evans, yo te he ayudado antes -Lily a regañadientes aceptó que tenía razón y aceptó.

- Vale pues pregunta de una en una -dijo ella con tono frustrado.

- ¿Con quién fue?

- Con un alumno de Hogwarts -viendo que Sirius iba a protestar Lily levantó la mano - ah no, no has preguntado nombre, has dicho con quién, puedo decir cualquier cosa. Da gracias que te haya dicho con un chico.

- Mmm… ya veo -se carcajeó el adolescente -la gatita ha aprendido -Lily le miró con odio y asco.

- Te quedan cinco Black no las desperdicies.

- Bien ¿quién ha sido el causante de que te castiguen?

- Severus Snape -los ojos de Lily brillaron con un aire triste al pronunciar ese nombre, sin embargo Sirius no llegaba a entender por qué ese ser que era auténticamente repugnante, podía ser querido por alguien como la perfecta prefecta Evans.

- ¿Por qué tus padres nunca te acompañan a la estación? -Al ver la cara sorprendida de su compañera añadió -simplemente soy observador.

- A pesar de lo observador que eres, estas parcialmente confundido -declaró la pelirroja. -Mis padres sí me acompañan a la esatación, pero no me acompañan al andén. -Antes de que Black pudiera protestar la pelirroja levantó la mano, -pero respondiendo a tu pregunta, la respuesta es fácil. Soy la única bruja en la familia -eso Sirius ya lo sabía -y por eso no tengo buena relación con mi hermana, ella me odia, simplemente no quiero poner a mis padres en esa situación entre ella y yo -eso Black lo desconocía.

- Vaya, ni siquiera sabía que tuvieras una hermana.

- Hay muchas cosas que no sabes sobre mí Black -declaró ella.

- Aún así, hemos compartido casa durante seis años, debería saber un mínimo de ti -el chico parecía ¿dolido? Por no haber sabido algo tan básico de ella.

- Es mayor que nosotros y no nos parecemos -dijo como si nada Lily, restándole importancia, Black asintió.

- Bien pues ¿qué es lo que sientes exactamente por mi amigo James Potter? -Mientras realizaba esta pregunta no apartó la mirada de los ojos de Lily, la pelirroja parecía indecisa.

- No lo sé exactamente -confesó -no le odio, pero no lo soporto, tampoco me cae bien. Sigo pensando que es un abusón, egocéntrico e inmaduro. A mi me parece inaguantable y siempre me hace enfadar, pero en el fondo creo le tengo cariño, me refiero no puedes convivir 6 años con una persona y no sentir nada agradable por ella ¿no? -A diferencia de lo que Lily creía que sucedería, Sirius sonrió, como si comprendiera algo que ella no veía. -Supongo -empezó a decir ella, no sintiéndose cómoda con esa sonrisa, que me es indiferente.

- Si, puedes -declaró el firmemente mientras se aclaraba la garganta -quiero decir, que puedes vivir 6 años con una persona sin sentir nada agradable por ella.

- Pero... -Lily le miró fijamente, haciendo que se removiera incómodo en su sitio -¿estás seguro de ello?

En vez de contestar, el chico añadió.

-Y si te fuera indiferente no te haría sentir todas esas emociones.

Lily se removió incómoda en su sitio en el suelo.

- ¿Ahora después de esto te considerarías mi amiga? -La sonrisa burlona del pelinegro no inspiraba confianza en Lily, pero lo que ella no sabía es que Sirius anhelaba de verdad esa respuesta.

- ¿Le contarás a alguien lo que hemos hablado aquí? -Él negó con la cabeza, no tenía intención de hacerlo, esto había sido un juego de mutua confianza entre ellos dos y no estaba dispuesto a ser quién lo rompiera -entonces puede ser, aún no es definitivo pero por lo menos algo es algo -esto último lo dijo con una sonrisa.

- Y por último, dime pelirroja ¿lucharás o huirás?

- Lucharé -Lily no necesitó ni medio segundo para pensárselo, tampoco tenía dudas respecto a qué se refería el mayor de los Black. Su respuesta había sido clara y contundente, e hizo sonreír al león con orgullo.

- Bien, así me gusta.

- Black -dijo ella dudosa -¿cómo coño limpias tan rápido? -La carcajada que recibió como respuesta no se la esperaba, pero es que Lily llevaba toda la noche pensando en ello.

- Te voy a contar un secreto, pero prométeme que no te vas a enfadar, más bien que no vas a hechizarme-contestó él, ella simplemente asintió y vio cómo del bolsillo sacaba una varita.

- Pero si Filch te la quitó - dijo la prefecta.

- No que va -negó Sirius -me quitó la varita de Remus, a los castigos siempre traigo dos así se quedan con una y yo con otra, claro que no sirve con todos los profesores pero Filch nos odia tanto que nunca vuelve.

- Eso quiere decir que que ¡has hecho trampas! -Gritó con todas sus fuerzas, pero Sirius solo rio él no había roto ninguna regla simplemente fue más listo.

- Los merodeadores siempre tienen un as bajo la manga, pero tranquila te compensaré -y con un movimiento limpio todo el lado de Lily, para esconderla de nuevo en el bolsillo.

Después de eso hablaron un rato más hasta que la puerta se volvió a abrir, era Filch que una vez comprobó que estaba todo listo los mandó a sus cuartos. Lily y Sirius volvieron tranquilamente codo con codo hablando y bromeando como si de viejos amigos se tratase, hasta la sala común.

Aunque Sirius, nunca se había molestado en conocer a la chica por la cual su amigo perdía las bragas, siempre le había parecido una frígida, mandona, insufrible, pero hoy descubrió que no era así. Que había mucho más de Lily Evans debajo de su placa de prefecta y su perfecto uniforme bien colocado, y le había gustado. Había conectado con ella, como no lo había hecho con ninguna chica antes. Había atisbado algo de la Lily por la cual James estaba loco. Y supo, por primera vez, que esa chica no iba a poder quitarse de encima nunca a los merodeadores.

Entraron en la sala común riendo y burlándose el uno del otro, y se encontraron con un panorama un tanto extraño. No más del que ellos mismos habían creado. Sus respectivos grupos de amigos, estaban sentados juntos en un círculo en el suelo frente al fuego mirándolos, a ellos dos, con evidente sorpresa, en el centro del círculo estaba colocada una caja de madera pero lo más verosímil no era el círculo o la caja, sino el hecho de que todos ellos estaban sucios de pies a cabeza. Al parecer habían coincidido en la sala común y se habían dedicado a jugar al snap explosivo y tras varias partidas, en las cuales Adam se alzó con la victoria definitiva, para enfado de Remus y Blish, se quedaron hablando. Lily y Sirius se unieron a su pequeño círculo y una vez dio la una de la madrugada ambos grupos se retiraron a sus respectivos cuartos.

Pero antes de subir, Sirius se giró a Lily y le gritó desde el pie de las escaleras de los chicos:

- Pops -Lily se giró sorprendida -no tienes razón, antes te has equivocado -la pelirroja le miro confusa -creo que no está completamente demente después de todo. -Y con un guiño se dio la vuelta y subió a todo correr las escaleras.

Dejando a una ruborizada Lily en el pie de las de las chicas.


Ya en la habitación de las chicas se desató un pequeño caos. Marlene y Pandora se quedarían a dormir con ellas, mediante encantamientos habían ampliado la cama de Lily y la de Mary, y las ravenclaw se repartirían respectivamente con cada una de ellas.

- ¿Pero se puede saber que pasa hoy? -empezó Mary frustrada - tú se giró hacia Heather con un dedo amenazador ¿desde cuando te llevas bien con Toddler? -A esto Lily miró sorprendida a su amiga, pero no tuvo tiempo de preguntar nada ya que ahora era su turno -y tú ¿Sirius Black? Explicaos -exigió.

- Mer no grites tanto -dijo Marlene mientras señalaba a sus otras dos compañeras de curso ya dormidas.

- No te preocupes les he echado un muffliato -dijo mientras le restaba importancia con la mano.

- No es de tu incumbencia -el tono de Heather era duro y seco, y eso que se dirigía a su mejor amiga -pero si tanto te interesa te diré Mary que a pesar de no ser mi amiga Todler es la única que ha tenido los huevos de decirme lo mal que me veía. -La voz de Heather sonaba un tanto estrangulada como si intentara contener el enfado y su gesto sólo lo confirmaba. Las chicas se removieron incómodos en su sitio, todas menos una.

- No es cierto -apuntilló Pandora, todas se giraron a ella, Heather fulminándola con la mirada -Blish te decía siempre que estabas en la mierda -a esto la cazadora asintió de acuerdo con el águila.

- Bueno pero ella no cuenta, siempre dice mierda de todo el mundo -el tono de Heather era tan rotundo que no dejaba lugar a réplica.

- Lo siento -dijeron todas a la vez.

- ¿Lily? -preguntó Mary ahora con un tono menos autoritario, por el golpe anterior.

- No es nada, -declaró la pelirroja, pero pudo ver que esa respuesta no era suficiente para ninguna -hemos estado castigados cuatro horas castigados juntos y a solas. Al principio pensaba que iba a ser un auténtico suplicio y no negaré que me ha levantado dolor de cabeza, pero no ha estado tan mal francamente -dijo mientras se encogía de hombros y se daba la vuelta para meterse en la cama de una vez.

De esta forma todas dieron el tema por zanjado, Marlene rápidamente se colocó el pijama que Lily le había prestado y se metió a la cama con ella. Una vez dentro vio como su pelirroja amiga de intensos ojos verdes miraba al techo sin poder dormir.

- Lilu -ella era la única que la llamaba así -¿estas bien? -Lily asintió y se giró para mirarla directamente a los ojos.

- Lene -de la misma manera que Lily era la única que la llamaba así -¿y si llevo equivocándome toda la vida? -Su tono era de preocupación.

- ¿Qué quieres decir?

- Nada olvídalo, da igual -intentaba restarle importancia pero no podía.

- Lily -Marlene no quería insistir, conocía a la pelirroja y sabía que no le gustaría, pero su curiosidad ravenclaw innata le impedía dejar una frase así sin respuesta.

- Realmente no tiene importancia -declaró la prefecta.

- Bueno vale -la ravenclaw dejó escapar un suspiro ensañado -mientras que te deje dormir -notó como el codo de su amiga se clavaba en sus costillas -¡ay, Lily!

- Eso por intentar manipularme -declaró la pelirroja, Marlene se rio, y noto como Lily contenía también la risa.

- Pero ha funcionado -declaró la rubia sabiéndose victoriosa.

- Lo ha hecho -estuvo de acuerdo Lily, dejaron que el silencio flotara unos segundos en el aire, hasta que la hija de muggles lo llenó. - Hoy me he dado cuenta de que Black, a pesar de ser un pedante, ególatra y tramposo, no es tan malo como yo creía, -los ojos de Marlene apenas distinguían el rostro de su amiga en la oscuridad, pero la incertidumbre era obvia en su tono. -Cuando le vi aparecer por la puerta, sentí que el castigo iba a ser 100 veces peor, pero si no fuera por Black hubiera sufrido mucho más, ¿qué sufrir? ¡Sí, Lene me lo he pasado hasta bien! -Una risa sarcástica escapó de los labios de la pelirroja. -Y no solo hemos hablado de chorradas, él quiere luchar Marlene ¿sabes? Como tú y yo… -este era el punto crítico que la rubia había estado anticipando, el tono de voz de su amiga estaba lleno de dolor. -Pero Snape creo… -Lily tragó saliva- creo que quiere luchar para el otro bando, nunca me he atrevido a preguntárselo, pero es obvio ¿no? Y no necesito confirmación, o al menos no la quiero -no dijo nada más, sin embargo Marlene permaneció callada, presentía que no había terminado, solo se dedicó a tomar su mano entre las suyas con fuerza.

- Lene ¿y si..? ¿No soy tan lista como me creo? ¿Si he juzgado mal a las personas toda mi vida, Black, Snape, Po..? ¿Si por culpa de eso muero o lo que es peor le pasa a algo a quienes quiero? A ti, a Mary, a Alice, Benjy, mis padres… -la voz de la pelirroja empezaba a romperse -No seré capaz de enfrentarme a él, nunca Lene, nunca, no sería capaz de perdonarlo -las lágrimas que había estado reteniendo caían libremente por sus mejillas ahora.

Marlene abrazo fuertemente a su amiga, no sabía qué decirle, estaba asustada, ¿pero cómo no estarlo? Se habían pasado la tarde despreocupados riendo y jugando, pero en el exterior del castillo la guerra seguía su curso. Y Lily, su Lilu, estaba en el centro de ella, era uno de los objetivos a eliminar. Y a pesar de que Marlene sabía que Lily aún no entraba dentro del punto de mira de los mortífagos, la rubia no estaba ciega. En algún momento de los últimos seis años habían dejado de ser unas niñas y se habían convertido en mujeres. En el caso de Lily, una bruja muy fuerte y capaz, que no dejaba pasar las injusticias, y aunque por ahora estuviera protegida por los muros del castillo, dicha protección no duraría para siempre. Era poderosa y Marlene sabía que él iría a por ella, Voldemort iría a por su amiga. Marlene en un principio no corría peligro alguno, era sangre limpia, pero su mejor amiga era nacida de muggles. No sabia que decirle, para consolarla pero lo peor es que Marlene no sabía si Lily en su última frase se había referido a Snape o a James. En lo más profundo de su ser deseaba que fuera al segundo, porque de algún modo ella sabía que esos dos ex amigos estaban destinados a luchar y si tenía que haber un enfrentamiento entre Lily y Snape, ella tenía que salir victoriosa.


¡Hola a todos! Siento muchísimo la tardanza, se suponía que iba a subir un capítulo cada mes, pero con todo el caos y los estudios no ha sido posible.

Pero que sepáis que no tengo ninguna intención de abandonar la historia, ya tengo el final decidido para casi todos la verdad, aunque alguno son obvios (soy fiel al canon, es lo que más me gusta). Pero lo difícil es conectar las ideas y demás, eso lleva más tiempo. Sorry.

Bueno ¿qué os ha parecido? ¿ha merecido la pena? Espero que un poco sí aunque no lo sé. Ya sabéis como siempre si veis cualquier fallo o error ya sea gramatical, ortográfico o referente a la historia me avisáis (os lo agradecería mucho si lo hicierais de verdad), y si tenéis cualquier duda o idea sabéis que podéis decírmelo.

Gracias por pasaros y leer, de verdad y más aún por ser tan pacientes. Eternamente agradeciéndooslo, especialmente a quienes me seguís, tenéis en fav y a, los que enviáis reviews. Gracias a M.U por sus reviews y a Raigana, thecelaena2 y clubamerica por seguir/ poner en favoritos mi historia.

Espero que llevéis bien las Navidades y que os cuidéis mucho. De nuevo siento mucho haber tardado, con amor:

B.