CAPITULO QUINCEAVO.
Hunter Wilkens no fue expulsado permanentemente de Hogwarts, si no amonestado con una expulsión temporal indefinida, Lily Evans se encontraba pensando ¿qué tenía que hacer un alumno en ese colegio para que lo expulsaran?, pero no llegaba a una conclusión lógica. Para ella si alguien era capaz de sembrar el pánico y aterrorizar a los alumnos hasta llegar a amenazarlos con la muerte, esa persona debería abandonar la institución de inmediato. Pero claro esto era el mundo mágico y sabía que funcionaba ligeramente distinto que el mundo muggle, cosa que molestaba profundamente a la prefecta.
La pelirroja, estaba sentada sobre el alfeizar de la ventana de su cuarto intentando leer un libro, porque últimamente si no era ahí le resultaba imposible encontrar paz en ningún sitio del castillo. Eso sucedía desde que Sirius Black había decidido que el mejor pasatiempo del momento era molestar a Lily Evans, y se dedicaba a seguir a la adoslecente por todas partes con esa sonrisa ladina y su molesta manera de llamarla "Pops".
En una conversaicón que había tenido con Remus no hacía tanto, el chico le había advertido o más bien se había quejado, de lo cansino que podía ser Black. Pero Lily no había comprendido lo real que era este hecho, gasta que se le hizo imposible deshacerse de Sirius. Ahora sabía, que cuando se le metía algo en la cabeza al mayor de los Black, no había vuelta atrás. A pesar de todo, Lily podía ser igual de testaruda que Black, y parecía estar echando un pulso al chico a ver quien de los dos era más cabezota. Pero Lily alcanzó su límite cuando desesperada se metió en el baño de Myrtle la llorona para huir de Sirius, la prefecta casi se quedo allí a vivir con el fantasma para siempre debido al casi paro cardíaco que le provocó ver la cabeza de Sirius por encima del cubículo en el que estaba metida. Y la respuesta posterior que recibió a su pregunta no mejoró su ritmo cardíaco.
*Varios días antes*
- ¡Black! -Grito Lily sobresaltada al ver su cabeza flotando -¿qué demonios haces?
Salió del cubículo abriendo la puerta y propiciando la caída de su compañero al suelo, sin embargo el bastardo supo caer con gracia y hasta elegancia.
- ¡Pops! No sabes como me aburro -respondió él ignorando la expresión enfadada en su rostro -y me he dicho ¿sabes quién te puede entretener? Pues claro tu más querida pelirroja y por eso estoy aquí.
- No soy un juguete para disipar tu aburrimiento Black -contestó ella mortífera.
- Oh vamos pelirroja, sabes que todas son un juguete para mí -bromeó el mientras le guiñaba un ojo.
- Me vas a hacer vomitar -replicó ella con un gesto de asco dibujado en su cara.
Por toda respuesta el solo se rio, y se paso una mano por su cabello largo.
- Puede que tu no seas como todas -dijo el pelinegro -pero si eres un misterio sin resolver. Aún no me has dicho con quién te lo montaste la primera vez ¿te acuerdas?
Lily sintió sus mejillas enrojecer escandalosamente ante el comentario tan poco apropiado del joven, y volvió a mirarle dejando que sus instintos asesinos se reflejaran en sus ojos.
- ¡Lárgate! ¡Lárgate! ¡Lárgate! -Exclamó con fuerza mientras lo empujaba fuera del baño, pero el chico no se movió ni un centímetro y ella desesperada dejó escapar la frase que iba a hacerla arrepentirse el resto de la semana -¿es qué acaso no tienes a nadie más con quién pasar tu rato? ¿Por qué tengo que ser yo?
- Tranquila Pops, si te sirve de consuelo, eres el último recurso de mi larga lista de cinco personas -ella alzó la ceja sorprendida por el número -siendo adelantada por Remus o Peter, se van turnando según el día depende de cual de los dos este más molesto. Pero ahora uno esta en sus momentos de "no merezco nada por mi ppp" y al otro le esta robando el alma un dementor -Lily no entendía nada de lo que escuchaba. -El segundo puesto lo mantiene firme y defiende James, pero últimamente le deslumbran tanto las tías que no es capaz de hacerme caso.
Una molestia se instauró en el pecho de la hija de muggles con esa frase, y Sirius lo debió notar porque esbozó una de sus icónicas sonrisas ladeadas que hacen suspirar a toda la población femenina y al 70% de la masculina y la miró con cierta perversidad. Lily queriendo desviar el tema hizo la pregunta que no debía.
- ¿Y quién es el afortunado que ocupa el codiciado puesto número en tu lista? -La verdad que si no era Potter no sabía quién podía ser la única respuesta a esa pregunta, a menos que la respuesta fuera el mismo, eso si que no le sorprendería. -Si se puede saber -se apresuró a añadir.
- Por supuesto que si, -se aclaró la garganta para adquirir un tono más formal y decir -ese codiciado puesto es para más ni menos que el amor de mi vida, la persona que ocupa todos mis sueños, lo más aptos y hasta las mayores depravaciones sexuales que te puedas imaginar -Lily rodó los ojos ante este comentario pero no pudo evitar sonrojarse -la magnífica Minerva McGonagall.
La pelirroja se atragantó con su propia saliva y empezó a toser descontrolada al imaginarse a su propia profesora en una de las escenas que había descrito Sirius y vio como el sonreía con placentera malicia ante su sonrojo.
*Presente*
Se estremeció ante el simple recuerdo y se planteo seriamente que clase de retorcida infancia había tenido Sirius Black para insinuar una cosa como aquella, claro está que proviniendo de una familia de magos oscuros no debía haber sido muy buena e igual lo que necesitaba Sirius para superar sus traumas del pasado y comenzar a respetar las figuras de autoridad era terapia. Una de choque a ser posible, que incluyera descargas y todo. Suspirando nuevamente cerró el libro que tenía acomodado entre las piernas y decidió que era hora de bajar a la sala común incluso si significaba enfrentar sus demonios personificados.
Al día siguiente seria la primera excursión a Hogsmeade en todo el año, ahora que habían atrapado al culpable de los carteles les dejaban volver a salir, y como compensación Dumbledore había decidido dejarles tener un par más de las que correspondían esa mitad del año, siendo la primera el inmediato sábado después de que cogiesen a Hunter Wilkens. Y ella había quedado con Alice en Las Tres Escobas, la bruja a la que no había podido ver en Navidad, se pasaría para hacer una visita a sus amigas más jóvenes y darle una sorpresa a Marlene, aunque no sabía si la aprendiz de auror vendría o no acompañada lo cual ponía a la pelirroja extremadamente nerviosa. El caso es que Alice le había dejado un libro esa Navidad que ella necesitaba para un trabajo de defensa y ahora debía encontrar el dichoso libro que había perdido en algún lugar de la sala común, Lily lo había ido posponiendo porque no le apetecía cruzarse con ninguno de los merodeadores, pero había llegado el momento de buscarlo.
Sin embargo la escena que encontró en la sala común la distrajo de su misión.
James Potter estaba parado frente una fila de alumnos gryffindor de diversos cursos, tenía las manos a los lados de la cabeza y un gesto mezcla de concentración, mezcla de dolor en la cara. Los otros tres merodeadores observaban todo a un lado como si no quisieran intervenir.
- ¿Qué...? -Intentó preguntar Lily entre susurros.
Pero rápidamente Peter le mando callar, usando como excusa que James necesitaba concentrarse ¿desde cuando Potter requería de concentración para nada? Remus al ver su cara de confusión se apiadó de ella, con un gesto le indicó que se acercara y la pelirroja se colocó a su lado.
- James está demostrando sus poderes psíquicos -comentó Remus con una sonrisa traviesa.
- Potter no tiene poderes psíquicos -aseveró la prefecta.
- ¿Estas segura? -Inquirió el sonriendo taimadamente.
- Si.
Remus solo agrandó su sonrisa y volvió la vista a la escena.
- Agnes Zealot eres tú -declaro dramáticamente James mientras señala a una chica de la fila.
Los ocho alumnos que estaban en la fila se miraron entre sí sorprendidos al igual que los observadores, la adolescente en cuestión era una rubia, poseía unos grandes y redondos ojos azules, y una tez blanca que se coloreaba en sus mejillas dándole un aire de inocencia. Sin embargo y a pesar del claro nerviosismo que sentía, cuando habló lo hizo con firmeza y fuerza, demostrado su vena gryffindor.
- Bien soy yo -admitió -pero te queda una parte James, dime ¿cuál es el número?
Una sonrisa pícara se dibujo en el rostro varonil de Potter ante la provocación de la chica, sin embargo le duro unos segundos ya que volvió a adoptar la misma posición de concentración en la que Lily lo había encontrado cuando bajo.
- Seis -dijo con firmeza.
- ¿Seis? -Pregunto ella, a pesar de haber abierto un poco los ojos no dejo pasar ninguna emoción.
- Seis -se reafirmó Potter.
Entonces la chica se giró hacía la fila y los otros siete miembros restantes que la componían se reunieron a su alrededor, a ellos se sumó Adam Robins. Quien por lo que le dijo Remus a Lily era quién había elegido a la persona de la fila que debía pensar un número. Tras unos minutos deliberando, rompieron el círculo y Adam se adelantó a todos, andando con solemnidad se paró enfrente de James.
- Nos rendimos Potter, -un suspiro frustrado escapó de sus labios -tienes poderes psíquicos, el número era seis.
La sala común estalló en vítores ante la hazaña, mientras los merodeadores reían y negaban con la cabeza a partes igual, Lily no salía de su asombro, sin embargo una voz se alzó robándole las palabras de la boca.
- Eso no prueba nada -gritó Alan Scrupuos que había estado parado en la fila.
- ¿Ah no? -James Potter había dejado de recibir la ovación mediante inclinaciones y demás.
- No -dijo el chico firme -puede haber sido pura suerte, ¿qué más tienes?
El azabache no se dejo intimidar si no que sonrió ante la perspectiva de ser puesto aprueba delante de toda la sala común una vez más con un reto aún mayor. Entonces un brillo de diversión apareció en su mirada avellana que hizo que Lily desde su sitio sintiera pena por el pobre alumno de quinto, Potter volvió a poner la misma cara de concentración mientras se llevaba las manos a la cabeza.
- Charlotte Myers.
- ¿Qué tiene que ver ella con esto? -Preguntó incómodo el chico.
- Le pediste que fuera tu cita a Hogsmeade en la salida de mañana.
Alan rápidamente se puso colorado y miro con cierto pavor y vergüenza a su al rededor, algunos de sus amigos un poco más allá negaban con la cabeza mientras que otros preguntaban a los demás si era cierto.
- Yo...
- Pero te dijo que no -continuo el azabache sin inmutarse ante el atolondramiento del chico -sin embargo Holly Florence te dijo que sí, enhorabuena esta bastante fuera de tu alcance.
Ahora los ojos de Scrupuos prácticamente se salían de sus órbitas, y boqueaba como un pez fuera del agua, su cara estaba completamente roja ante las burlas de toda la sala común y el comentario un tanto malvado del capitán de quidditch.
- Vale -aceptó finalmente, con la mirada fija en el suelo por la vergüenza -tienes poderes psíquicos Potter.
Y después se fue donde sus amigos que lo recibieron con muestras de apoyo antes de subir a su dormitorio.
Un divertido, y un tanto pagado de sí mismo James Potter se acercó a sus amigos que nuevamente se habían quedado solo los tres, ya que cierta pelirroja había comenzado su infructuosa búsqueda en la sala común. Los tres merodeadores le recibieron con rictus de diversión y alabanzas ante sus habilidades.
- Lunático -llamó al prefecto -paga.
Dijo mientras estiraba la mano, el chico fingió no saber de que le hablaba intentando por todos los medios no tener que cumplir la apuesta.
- ¿Perdón?
- No te hagas el tonto -declaró Potter sin perder la sonrisa -no sé como te atreviste a apostar en mi contra.
- Es que me aún me parece inverosímil que hayas convencido a toda la sala común de que eres capaz de leer la mente -exclamó mientras le extendía unos galeones.
- ¿Por qué? Si tengo poderes psíquicos -replicó con un guiño.
- Seguro... -gruñó mientras se retiraba a un sofá seguido de sus dos amigos.
James sin embargo había posado su mirada en el cuerpo agazapado de una chica que se encontraba dejado de una de las mesas de la sala común, aunque le era imposible ver la parte superior de su tronco y por lo tanto su pelo y cara, reconocería a esa persona en cualquier parte.
- ¡Evans! ¿Qué estas haciendo? -Exclamó mientras se acercaba metiendo las manos en sus bolsillos de forma casual.
Al escuchar como alguien le llamaba la prefecta se sobresaltó, golpeándose la cabeza contra la parte inferior de la mesa y salió de debajo gruñendo alguna que otra maldición por el dolor.
- ¿A ti qué te parece que estoy haciendo Potter? -Bufó.
- No sé, por eso te pregunto.
- ¿Es qué acaso no eres capaz de usar tus poderes psíquicos para adivinarlo? -Preguntó irónicamente.
- Así que has visto mi demostración de poder -sonrió complacido.
Ella asintió de forma distraída mientras retomaba su búsqueda hasta ahora ineficaz, seguramente parecía una loca arrastrándose por el suelo de la sala común y levantado todo lo que se encontraba a su paso, pero le daba igual, Alice Fostercue era capaz de inspirar auténtico pavor cuando se lo proponía.
- ¿Y bien?
- Busco un libro -respondió ella con irritación por la reticencia de él de dejarla sola -aunque eso seguro que ya lo sabías.
- Por supuesto -asintió el de acuerdo con ella, lo que solo la irritó más -¿has probado a convocarlo?
Ella alzó la vista desde su posición a cuatro patas en el suelo y sus ojos se clavaron en los de él como dagas, indignados como si con esa sola sugerencia la hubiera llamado estúpida.
- ¿Crees que no lo he intentado? -Prácticamente gritó, para añadir con frustración -pero el título es muy largo y no me acuerdo y cada vez que intento invocarlo con el nombre de su propietario no sucede nada.
- ¿De quién es? -Curioseó él.
- ¿Es qué no lo sabes ya? -Atacó de forma sarcástica.
- Mis poderes no me permiten ver todo -inventó el capitán.
- Ya... -Lily se puso en pie y quedó a una altura similar a la de él, estaba apunto de girarse y marcharse cuando se le ocurrió algo -¿no habrás visto un libro gordo negro con letras blancas y matices de colores simulando hechizos verdad?
El meditó unos segundos y luego asintió, Lily sintió ganas de abrazarla de la emoción pero se contuvo.
- ¿Dónde? -Gritó feliz.
- Aquí -respondió mientras señala su cabeza con el dedo índice de su mano izquierda.
Las ganas de abrazarlo de la pelirroja se convirtieron rápidamente en ideas homicidas, ¡no podía estar hablando en serio!
- Potter -empezó muy lentamente como si le costara controlarse, y le costaba -no tienes poderes psíquicos de ninguna clase así que deja de inventarte cosas para molestar y deja de hacerme perder el tiempo.
- Si los tengo, ya has visto la demostración.
- ¡Basura! -Exclamó ella -no te creo ni una palabra, conociendo a los merodeadores como os conozco seguro que os la habéis apañado para comunicaros sin que nadie se de cuenta.
- ¿Es qué acaso tienes miedo de admitir que tengo poderes psíquicos?
- Si tienes poderes psíquicos por favor Potter dime dónde esta mi libro -cada palabra que salía de su boca estaba recubierta de ironía.
- Ya te lo he dicho -replico el sonriendo -solo lo he visto en un plano astral.
- Ahh eres insoportable -el por toda réplica se rio -bien si no puedes decirme eso solo dime donde crees que lo has podido ver por última vez.
- Aquí -y volvió a señalarse la cabeza.
- ¿Sabes Potter? Yo estaba en esa clase de adivinación en la que la profesora comentó que eras la persona menos perceptiva, con el menor ojo interior y más escéptica que había conocido en su vida -sonrió triunfal -así que no Potter. Sé que no posees poderes psíquicos de ningún tipo, que no hay plano astral en ti u ojo interior alguno, y como sigas por este camino también te quedaras sin ojos exteriores.
- Si lo hago -replicó el sin perder su sonrisa ante las amenazas de la chica.
- Demuéstramelo.
- ¿Cómo? Si no me crees.
Lily pareció meditarlo un segundo antes de fijar sus ojos verdes en los avellana de él y decir.
- Dime lo que estoy pensado.
Si James se sorprendió no lo demostró, entrecerró los ojos unos segundos.
- Demasiado sucio para decirlo en voz alta.
Y Lily de verdad que lo intentó con todas sus fuerzas, no quería hacerlo, de verdad que lo intentó y no es que fuera una persona con poca fuerza de voluntad, pero no pudo evitarlo. Al principio una pequeña sonrisa se formó en sus labios, sin embargo se mordió estos para no dejarla escapar, la mirada expectante del azabache sobre ella no ayudaba nada, y finalmente fue incapaz de contenerse. Una sonrisa iluminó su rostro a la vez que una pequeña carcajada salía de sus labios.
- Idiota -dijo entre risas intentando sonar molesta, sin éxito.
- ¡No es mi culpa si es lo que estas pensando! -Exclamó el alzando las manos con falsa inocencia mientras ella le propinaba un suave golpe en el hombro.
Los dos se quedaron así unos segundos mirándose y sonriendo con el eco de las voces de la sala común de fondo y sus risas congeladas en el brillo de sus ojos.
- Bueno -empezó Lily rompiendo el contacto visual con el -creo que me voy a la cama, mañana hay excursión y quiero aprovechar el día.
- ¿Qué pasa con tu libro? -James se había llevado la mano al pelo en un auto reflejo un poco incómodo.
Los ojos de Lily se quedaron ahí clavados donde su mano encontraba su pelo y una sonrisa tierna apareció en sus labios, antes de sacudir la cabeza como espantando alguna idea.
- Había quedado en devolvérselo mañana a Alice y seguramente quiera mi cabeza por no hacerlo, pero estoy agotada.
Sin darse cuenta ambos habían llegado al pie de las escaleras de las chicas, y Lily ya estaba en los dos primero escalones.
- Buenas noches Potter.
- Buenas noches Pops.
Blish suspiró pesadamente llevaba cerca de media hora intentando calmar su respiración y sus nervios crispados ante el continuo buen humor de una de sus compañera y mala leche de la otra. Y es que nadie podía ser tan feliz como Pandora Meadowes, era inhumanamente posible, ni tan obtusa como Heather Jorkins, sin embargo ahí estaban las dos demostrando que sí, era posible. Iba a matar a Lily y a Mckinnon por dejarla con ese par de chifladas, ella ni siquiera quería haber ido a Hogsmeade ese día, simplemente se había visto en la obligación porque tenía que comprarle algo a Lily para su cumpleaños que sería en cinco días.
- Meadowes ¿te importa dejar de observar las cosas invisibles del aire y entrar de una vez a Las Tres Escobas? -Preguntó derrochando sarcasmo -se me esta helando el trasero aquí afuera.
- Oh claro, -acepto la rubia tan inmutable como siempre a la actitud ácida de su acompañante -y por cierto las energías de los objetos no son invisibles, solo difíciles de ver para quienes no miran.
- ¿Qué mierdas quiere decir eso? -Inquirió confusa Heather, mientras Blish sacudía la cabeza, no queriendo saber.
Las tres entraron en el bar más famoso de todo Hogsmeade, aún no estaba completamente lleno porque los alumnos seguían con sus compras pero aún así le costó encontrar un sitio donde sentarse, vislumbró una mesa libre unos metros más allá y se apuró a tomar asiento antes de que nadie más lo hiciera. Las dos chicas se sentaron en frente y por cincuentava vez en el último rato deseo estar con alguien más, ya que sabía que si iba ella a pedir las bebidas alguien más se sentaría en la mesa ya que Pandora no vería ningún problema con ello y Heather estaba demasiado ocupada rumiando. Y si se quedaba ella a guardar el sitio nunca conseguiría su bebida ya que la rubia era demasiado tranquila para luchar por una simple bebida y la trigueña no parecía tener cabeza para hacer nada en esos momentos. Cuando estaba apunto de ceder y decidir que si igual iba ella y volvía podía espantar a cualquier idiota que se hubiera atrevido a sentarse, la puerta de la entrada se abrió y por esta entraron tres chicos que rápidamente tomaron asiento junto a ellas. La morena frunció los labios.
- Espero que no os importe esta invasión Blish -dijo Remus con una sonrisa de disculpa -pero hemos visto que os sobraba hueco.
- Por supuesto que no lo hace ¿has visto con quién está? -Declaró Black mientras señalaba a la rubia y hacía un gesto indicando locura.
- Black cierra el pico -por fin Jorkins había salido de ese trance malhumorado -o te lo haré cerrar.
Blishwick no sabía lo que le sucedía a su compañera de habitación ese día, pero acertadamente creía que no era conveniente tocarle las narices. La morena tenía que admitir, que esta nueva Heather Jorkins le gustaba más, ahora tenía más carácter, no le importaban tanto las trivialidades, ni se preocupaba por los chicos.
- O venga Jorkins sabes que es cierto -replicó el chico.
- Voy por cervezas de mantequilla -exclamo Remus viendo la tensión -¿quién quiere?
Cuatro manos se alzaron en el aire con rapidez, y el castaño se puso de pie para poder salir de ahí unos segundos pero antes de irse se giró y con delicadeza preguntó a la rubia que era la única que no había contestado.
- Dora ¿quieres algo de beber? -La chica desvió la mirada de la ventana y le observó con sus brillantes y soñadores ojos azules, y asintió - otra cerveza de mantequilla entonces.
- Espera que te ayudo -se adelantó Blish, con la excusa de huir de ahí un poco.
Y entre los dos se hicieron rápidamente hueco hasta la barra, donde Remus hizo uso de todo su encanto para encandilar a la joven hija del dueño del bar, Rosmerta, para que les sirviera cuanto antes las seis bebidas mágicas y así lo hizo, mientras en la mesa volvían a un tema más tranquilo.
- ¿Dónde está el capitán? -Indagó Blish ante la falta del azabache.
- Tenía una cita -respondió Remus tranquilamente.
- Vaya...
- ¿Tan raro se te hace? -Inquirió divertido.
- En realidad no debería ¿no? -Respondió ella -quiero decir ha tenido muchas citas, pero para mi solo es mi capitán así que -se encogió de hombros.
- ¿Y todas las veces que le ha pedido a Lily una cita?
- Ella nunca lo ha aceptado.
Y Remus tuvo que darle la razón, justo en ese momento llegó Rosmerta con sus bebidas y entre los dos las llevaron a la mesa.
- ¿Con quién es? -Preguntó, ella no era cotilla pero esperaba que no perjudicara al equipo.
- Una hufflepuff creo -respondió mientras daba un sorbo a su bebida.
- ¿El qué? -preguntó rabiosa Heather ante la mención de esa casa.
Los chicos la miraron atónitos.
- La cita de James -replicó Remus mientras la miraba confuso.
La facciones de Heather parecieron relajarse mientras un ligero "oh"escapaba de sus labios.
- No que va era ravenclaw -le corrigió Peter aún confuso por la reacción de la trigueña.
- Vaya... -El prefecto imitó lo que había hecho antes Blish.
- ¿Y tu por qué no estas en una cita con tu ravenclaw? -Preguntó Heather ahora suavemente.
El rubio se sonrojó un poco ante la mención de Charity y sonrió bobamente, como cualquier adolescente enamorado.
- Hemos quedado después, por ahora queríamos pasar tiempo con nuestros amigos -explicó tranquilamente.
- Oh genial, tiene que ser una cita especial recuérdalo Pete -dijo Heather emocionada.
- ¿Por qué ? -Inquirió nervioso ante la perspectiva de no haber organizado una buena cita.
- Lo digo por experiencia, -se encogió de hombros ella mientras daba un sorbo a su bebida -mi primera cita con Edward no fue la mejor.
Ante esa declaración Blish que había estado bebiendo pacíficamente casi se ahoga con su bebida, recibiendo miradas extrañas de la mesa.
- Pero saliste con el durante dos años y algo -dijo confuso Peter.
- Si -asintió ella mientras seguía mirando a su amiga que aún no se había repuesto -pero siempre que podía se lo recordaba.
- ¿Podemos cambiar de tema? -Preguntó Sirius Black aburrido.
Todos aceptaron y desviaron la conversación hacía temas más banales, pero al parecer ninguno resultaba del agrado del mayor de los Black quién continuamente resoplaba y se quejaba.
- ¿Qué propone u majestad que sea de su entretenimiento? -El sarcasmo en la voz de Remus era obvio.
Los ojos grises de Sirius relampaguearon y esa debió ser la primera señal de que fuera lo que fuera, lo que iba a proponer Black, no era una buena idea.
- 10 dedos.
¿Cómo mierdas había acabado en esa situación? Necesitaba que alguien se lo explicara, porque el día había empezado de manera maravillosa y ahora se veía capaz de asesinar a la primera persona que se pasara un poquito con ella.
Lily había empezado aquel día de buena forma, había amanecido descansada y feliz, y ni siquiera las protestas de Mary a la hora de levantarse o su posterior histeria por su cita con Shafiqs habían conseguido alterarla, y el día desde el momento en que abrió los ojos fue mejorando. Hasta los comentarios malintencionados de los slytherin acerca de su ropa muggle le habían sentado como auténticos halagos, si es que cuanto más les molestara a ellos más feliz se lo pondría ella.
No fue hasta llegar a la entrada de Hogsmeade, que el que pintaba como uno de los mejores días empezó a torcerse, antes de entrar por el sendero principal del pueblo mágico Lily pudo distinguir en una de las callejuelas la figura familiar de alguien que le hizo una seña discreta para que se acercara. Sin embargo, ese día tenía un humor tan estupendo que no quería que se viera empañado por nada, así que fingiendo que no la había visto la pelirroja reanudó su camino junto con sus amigas, quienes parecían bastante emocionadas con la expectativa de pasar un día de chicas como cuando eran más niñas. Pero su plan se vio frustrado cuando noto que el mismo sujeto de antes les seguía de manera prudente y muy discreta, y con una excusa se vio obligada a alejarse de sus amigas para que ellas no se enfadaran.
Reticente se había acercado a la figura, y así era como el buen humor de la pelirroja había muerto y encontrado la forma de arrastrarse fuera de los infiernos para poseerla y convertirla en lo que quedaba de día en alguien malhumorado. La voz fría y pegajosa del joven frente a ella la sacó de sus cavilaciones, acerca de lo maravilloso que podía haber sido ese día.
- Creí que la elección era obvia -dijo de forma despectiva -pero supongo que no eres mejor que el resto, tarde o temprano te acabaras arrepintiendo de darle la espalda a alguien que lleva siendo tu amigo por más de un octenio.
Respiro hondo antes de contestar.
- Yo no te he dado la espalda Severus -declaro cansada -y no intentes hacerme chantaje emocional, no te servirá.
- ¡¿Qué no me has dado la espalda?! Te has amigado con ¡ÉL! Y... -su frustración no parecía dejarle hablar.
- No somos amigos, Snape no digas cosas que no...
- Claro porque los amigos no hablan tranquilamente por los pasillos, o les siguen la gracia al otro, y ni siquiera se me ocurre sugerir que se ayudan mutuamente.
- ¡Joder Severus! Es mi compañero de casa, no puedo odiarla toda la vida y no podemos estar todo el rato haciéndonos mutuamente la convivencia imposible -ahora prácticamente gritaba ella -James Potter y yo tenemos una relación cordial de dos compañeros de casa -aunque sabía que esto era cierto y que no estaba mintiendo, no podía evitar sentirse mal al decir esas palabras.
- Eso no es lo que dice la gen...
- La gente puede decir misa, eso no quiere decir que sea cierto -le cortó furibunda retándole con la mirada.
- Pero últimamente es imposible hablar contigo, y si no es Potter, es Black, o...
- ¿Es qué acaso no tienes otro tema de conversación? ¿Por qué siempre acabas hablando de ellos? -Preguntó harta de la situación -pareces obsesionado con ellos, ¡por Merlín! Severus déjalo estar de una vez. No tenías algo importante que decirme, pues dispara porque ya has agotado mi paciencia por hoy y tengo prisa he quedado y llegaré tarde.
- No habrás quedado con Potter.
El rugido de frustración de la pelirroja le indicó que no debería haber vuelto a mencionar ese nombre, pero lo peor fue cuando ella pasó por su lado dispuesta a marcharse.
- No Lily perdona yo lo dejaré... -ella le miró con el enfado brillando en sus ojos -lo prometo.
La pelirroja asintió, pero permaneció lejos de él.
- Es por mi madre esta cada vez peor y yo no sé con quién hablar...
Tenía ganas de mandarle al infierno de decirle que solo la buscaba para hablar cuando no podía hacerlo con nadie más, de reclamarle que nunca la buscaba para darle una noticia buena o para pasar un rato agradable, pero no podía porque veía el dolor en sus ojos, porque veía la desesperación dibujada en sus facciones y porque ella sabía lo que era perder a un ser amado frente a una batalla contra la que no podías hacer nada. Por eso se quedó ahí con él, dejando que se desahogara, que le contara sus penas y que buscara consuelo en unas palabras que sabía que en cuanto se fuera su madre no servirían de nada.
Los dos se mantuvieron de pie alejados el uno del otro en ese callejón durante horas, y mientras el le contaba sus temores ella le explica su experiencia con la muerte de su abuelo.
- Y es que es ilógico -dijo frustrado -somos magos, ¿por qué le tiene que pasar a ella? Nunca ha hecho nada para merecerlo, ella siempre fue buena y no como el otro monstruo. ¿Por qué a ella? Que tiene capacidades con la que los muggles solo pueden soñar -a Lily no se le escapó el tono de despreció que había utilizado para referirse a la gente no mágica, pero no dijo nada solo apretó los labios. -Maldita sea, ¡somos mejores, somos superiores!
- ¡Severus! -Le cortó ella ya harta de tonterías, tenía paciencia pero toda paciencia tenía un límite -¿es que acaso tus compañías te han cegado tanto que no lo ves? No somos mejores, no eres superior a nadie por el hecho de tener magia, magos y no magos todos somos iguales, todos somos mortales, todos enfermamos, todos sufrimos y todos moriremos. Hay cosas que la magia no puede curar.
- No, no lo somos -replico él -poseemos un don, algo que nos hace distintos y especiales, no puedes decir que seamos como el resto.
- La magia también puede ser una maldición -sentenció ella.
- Lo que paso con tu hermana...
- ¡No metas a Tuney en esto! No tiene nada que ver -se exaltó ella -yo hablo de quién-tu-sabes y todos sus seguidores, no son más que asesinos y escorias que se esconden detrás de mascaras para hacer el mal.
- No hacen el mal defienden sus ideales -refutó él slytherin.
Ella se quedó muda de la impresión ante esa declaración, sus ojos verdes se habían abierto grandes, llenos de terror y decepción ante lo que veía delante de ella, cuando por fin pudo hablar su voz era un susurro.
- Tus ideas nunca pueden ir por delante de tu humanidad.
- Y no lo hacen, ¿es que no lo ves? El solo quiere mejorar las cosas para todos, quiere que todos aprovechen sus dones al máximo.
- Quieres decir que quiere categorizar a la gente como a simples animales, esclavizarlos, privarlos de su libertad y capacidad de decisión.
- No, el solo quiere que todos estén en el lugar que les corresponde.
- ¿Y quién es el para decidir que lugar corresponde a quién?
- Pues es un mago muy poderoso y...
- Es malvado y avaricioso, solo busca su propio bien. ¿Dime Severus dónde entro yo ahí?
- Tu eres talentosa, eres brillante, podrás hacer lo que quieras, eres poderosa y ahora...
- No, no podre -le cortó ella -porque no soy digna, porque soy una sangresucia -dijo escupiendo cada palabra.
- No digas eso -le recriminó él.
- Tu lo dices.
- No yo... -parecía nuevamente desesperado -solo fue una vez y Potter me obligó yo...
- ¡El no te obligó a nada Severus! Es hora de que crezcas y dejes de culpar a todos por tus errores y por todo lo malo que ocurre a tu al rededor. ¿Sabes? -Una sonrisa triste se dibujo en sus labios -tu también eres talentoso, pero eres rematadamente estúpido si crees que poseer magia o ser hábil con ella te hace mejor que al resto de humanos. -Hizo una pausa en la que ninguno dijo nada, para añadir -y yo ya no puedo seguir justificándote más.
- Lily -su voz sonó casi como una súplica.
- Ahora soy yo la que te plantea una elección Severus, -los ojos de ella reflejaban infinito dolor -y estaré aquí esperándote con los brazos abiertos de ser la adecuada, pero hasta entonces no me busques... duele demasiado.
Y con esas últimas palabras se marchó del callejón dejando al slytherin solo, Lily no paró hasta estar fuera de su vista y con disimulo se metió en otro callejón donde nadie más podía verla y se dejo caer hasta el suelo, con lágrimas cayendo silenciosas por sus mejillas. Lily no supo nunca cuanto tiempo estuvo ahí hasta que se calmó, la pelirroja solo sabía que en esos momentos deseaba tener aquella caja que le había regalado por Navidad a Marlene para que se llevara todos sus males. Una vez su respiración se volvió normal y el nudo en su garganta había desaparecido, se puso de pie, sacó un pequeño espejo de mano de su bolso, comprobó que el frío había borrado los rastros de llanto, y se dirigió a paso rápido a la calle principal a hacer unos recados y comprar unas golosinas para poder enviarlas a casa.
Estaba llegando a la calle principal cuando impulsada por el frío metió las manos en el abrigo, y se percató de que en su bolsillo derecho había algo que no había notado antes, cuando lo sacó el objeto aumento mágicamente de tamaño hasta tomar el habitual y convertirse en un libro. No en cualquier libro, si no el que había estado buscando como una frenética en la sala común la noche anterior, sorprendida y confundida a partes iguales lo abrió y en la primera página encontró una nota dirigida a ella.
Pops,
Ya te dije que poseo poderes psíquicos,
de nada por encontrarlo.
Potter.
P.D: esta encantado para asumir el tamaño
que quieras hasta dárselo a Alice.
P.D: soy así de genial.
No pudo evitar que una ligera risa escapara de sus labios al leer la desfachatez de Potter, y mentalmente se anotó agradecerle más tarde en cuanto le viera, con una sonrisa reanudo su marcha de recados, tenía que apresurarse o llegaría tarde a su cita.
Marlene se había perdido de sus amigas hacia tiempo, probablemente Blish la mataría cuando llegara a Hogwarts por dejarla sola con Pandora y con una molesta Heather, pero es que necesitaba tiempo para estar a solas, visto que en Hogwarts uno era incapaz de mantener un poco de privacidad aunque fuera cinco minutos, por ello decidió que Hogsmeade era la excusa perfecta. Además no era solo culpa suya, se suponía que irían en grupo, pero Mary había quedado con Cedric Shafiqs en el último minuto y Lily desapareció una vez habían llegado al pueblo, la pelirroja alegó que no tardaría más de cinco minutos que iba a comprar unas cosas y regresaba pero no había sido así. Si la rubia no hubiera tenido la cabeza hecha un lío probablemente se hubiera preocupado por la inusual tardanza y por lo tanto consecuente desaparición, de una hija de muggles en un pueblo mágico, pero por desgracia no era así.
Una risa suave, musical aunque parcialmente fingida distrajo a Marlene de sus desdichas y lamentaciones de auto compasión, e hizo que parara en seco y alzara la mirada para posarla en la figura de una chica de tez aceituna y bucles oscuros, con una educada sonrisa fina en sus gruesos labios rosados. La dueña de tal sonido iba vestida con una esplendorosa túnica beige de invierno, diseñada fielmente a las últimas tendencias de la moda europea que resaltaba contra su piel y que de alguna forma remarcaba el color de sus labios y ojos. Andaba al lado de un chico delgado cuya pálida piel y pajizo cabello rubio contrastaba de manera poco agraciada en comparación con ella, se notaba que el chico aún era joven pues sus rasgos detonaban restos de los de un niño que recién entra en la adolescencia. Marlene, creía recordar que aquel adolescente iba al mismo curso que Daegal y si no se equivocaba, este le había dicho que apenas se relacionaba con gente de su casa ya que su padre había sido nombrado jefe del Departamento de Seguridad Mágica hacia un par de años, lo cual no fue muy bien recibido en su casa, slytherin.
Marlene sin darse cuenta se había quedado estática en medio de la calle mientras observaba analítica la escena frente a ella, perdida en sus propias cavilaciones, no fue consciente de como la chica frente a ella con delicadeza se deshizo de su acompañante y evitando que este se diera cuenta, se acercó hasta donde estaba ella. Cuando una neblinosa figura, como consecuencia de haberse quedado mirando a un punto fijo sin pestañear indefinidamente, entró en su campo de visión y empezó a aumentar de tamaño, Marlene se percató del repentino acercamiento de la slytherin que había conocido varias noches atrás en la torre de astronomía y a la que había estado observando desde ese día cada que podía.
- Hola Mckinnon -susurró la chica con ese casi imperceptible acento.
La rubia la miró fijamente pero no respondió.
- ¿Estas sola? -Preguntó esta vez mirando en derredor como si esperara ver a las amigas de la chica -supongo que eso es un sí, aunque es raro siempre te veo muy bien acompañada.
La rubia seguía impasible frente a ella, no dejando que ninguna emoción, gesto o ruido se le escapara, no sabía por qué, esa chica conseguía perturbarla. Pero desde que hablaron por primera vez en la torre aquella noche le había sido imposible no desear desentrañaba esa críptica chica, que al parecer sabia tanto de ella y que no era como los otros slytherins. Sin embargo, siempre que había sido sorprendida mirándola en el comedor o en algún pasillo, la slytherin no mostraba signos de molestia típica de quién es observado, si no una sonrisa enigmática y una arqueada ceja retándola.
- Sígueme -declaró con voz firme.
Y sin dudarlo un segundo así lo hizo Marlene.
No había nada extraño ni medianamente malo en Caroline Howertorn, era guapa de una manera no obvia que cumplía con el perfecto arquetipo inglés: cabello castaño claro, ojos avellana, nariz recta y fina un pongo respingada en la punta, pómulos marcados y labios finos. Caroline Howertorn entraba dentro del modelo intelectual de chicas de 15 años, incluso puede que fuera un poco superior a la media, por la aparente necesidad incansable de saber que había demostrado en el último rato y era graciosa de una manera poco convencional y con un humor un tanto inteligente. Era una buena chica y simpática, de una forma convencional. Por todo esto no había nada intrínsecamente malo con Caroline Howertorn, sin embargo estaba vacía.
James Potter no había tardado mucho en llegar a esta conclusión, llevaba 2 hora y 30 minutos con ella desde que había iniciado su cita, y 3/4 de ese tiempo los había pasado planeando como salir de esta sin parecer un desgraciado, y es que desde que había empezado no había reído genuinamente ni una sola vez, tampoco había estado realmente interesado en ningún tema de convseración y todas sus sonrisas habían sido insulsas, falsas. Por eso, en ese momento la puerta trasera o cualquier puerta nunca le había parecido más apetecible.
Y es que el azabache se preguntaba ¿cómo alguien podía quitarle la gracia a una tienda de bromas? Era algo que no entendía, como tampoco entendía que alguien que no fuera Filch censurara los artículos de broma, sin embargo Caroline Howertorn lo hacía. Ella aprobaba los chistes pero no los artículos de broma, consideraba poco ético el servirse de un instrumento para realizar una jugarreta a alguien, James estaba seguro de que la adolescente algún día llegaría lejos en su carrera en el Wizengamot. También había muchas cosas que no aprobaba, o más bien en las que no creía, porque según ella eran vestigios de una sociedad arcaica atrofiada en el tiempo, si bien Potter estaba de acuerdo en que la sociedad mágica necesita una revolución social en cuanto a ideas se refiere, los cambios no podían darse drásticamente o todo el sistema se caería. Como había escuchado una vez a Remus "no se le puede pedir peras al olmo."
- ¿Alguna vez has probado esto? -Le pregunto mientras le señalaba las píldoras ácidas.
James asintió.
- Si generalmente me las tomo cuando me apetece saltarme una comida -declaro mientras ella entrecerraba sus ojos y le miraba reprobadoramente -ya sabes por eso de que hacen un agujero en la lengua.
- Supongo que si es muy necesario -cedió finalmente la chica, aunque a él no podría haberle dado más igual -o mira ¡sapos de menta!
Y si el azabache había necesitado una prueba irrefutable de que eran completamente incompatibles ahí la tenía, ¿qué clase de persona se entusiasmaba ante los sapos de menta? Sin embargo, ella le había dado una oportunidad de oro al adelantarse a todo correr entre los estantes, con rapidez, el azabache se metió en uno de los pasillos más apartados de la tienda y extrajo un espejo de su bolsillo.
- Canuto -llamo, nada sucedió, el espejo seguía viendo su reflejo, echo una hojeada y vio como Caroline permanecía aún enfrascada con los sapos -¡Canuto! -Repitió desesperado.
Lo intentó tres veces más, pero nada el espejo permaneció imperturbable como si solo fuera un simple objeto y no un espejo mágico de doble cara, y en el momento que estaba pensando en que iba a matar a ese chucho sarnoso por no llevar su espejo a Hogsmeade una voz llegó a sus oídos, esperanzado alzó el espejo pero seguía inmutable.
- Vaya Potter nunca pensé que llegaría el día en que tu vanidad te llevara a hablar con tu reflejo -comentó una voz sarcástica y cuando se giro se encontró con una sonrisa burlona que era la solución a todos sus problemas.
- ¡Pops! -Exclamó feliz, pasando su comentario por alto y alzando del suelo a la chica en un abrazo espontáneo -necesito tu ayuda.
El toque siempre dramático en las declaraciones de él hizo que la pelirroja le mirara con curiosidad, mientras se tambaleaba sonrojada alejándose de él.
- Vale ¿creo?
- Estoy en una cita...
- Enhorabuena -las facciones de la pelirroja se endurecieron pero el no se percató.
¿Es que acaso tenía que restregarle que mientras ella estaba soltera el podía salir con cuanta chica se le antojara? No era justo, no es que ella no se esforzara, solo que ningún chico nunca le pedía salir ¿acaso era tan fea? Decidió dejar sus cavilaciones e inseguridades para cuando no estuviera enfrente de James -narciso-Potter.
- Tienes que sacarme de aquí -ella le miró escéptica -o me suicidaré.
- No puede ser tan malo -no pudo evitar sonreír para su molestia ante el dramatismo de él -¿con quién estas?
- Caroline Howertorn.
- Es simpática.
- Lo es, es simpática, guapa, amable, inteligente y graciosa de una forma intelectual, pero también es extremadamente aburrida, crítica, un tanto cínica y demasiado contundente y obtusa en sus ideas.
- ¿Y tu no lo eres? -Devolvió ella defendiendo a su género con fervor, -quiero decir no hace mucho tiempo que estáis en una cita y ya tienes una opinión de ella completamente formada.
- Llevo 2h y 30min con ella, y me estoy planteando llevar mi vida a término, creo que la situación lo amerita. Por eso tienes que ayudarme.
- ¿Cómo? -Preguntó reticente.
- Solo dame unos segundos, sal fuera vuelve a entrar a Honeydukes y di que ha surgido una emergencia con alguno de los chicos, te llevará como mucho cinco minutos.
- Potter...
- ¿Te he dicho que considera los artículos de broma poco éticos y que odia el quidditch? ¡El quidditch Evans! Por Merlín, no sé como alguien que...
- Esta mal es deshonesto y...
- ¡Pops! La chica odia las horquillas ¿qué clase de persona tiene una oposición moral contra las las horquillas y los pasadores?
- ¿Alguien con el pelo rizado?
- Lo tiene liso.
Se quedaron unos segundos mirándose mutuamente el uno al otro con la mirada en un duelo de poder, hasta que finalmente Lily cerró los ojos suspiro y dijo.
- Lo siento, no voy a ayudarte a mentir a una chica, aguanta un par de horas más y podrás marcharte, es deshonesto y no estaría bien por mi parte hacerle eso a otra chica... -Lily se veía realmente mortificada -yo... lo siento.
- Bien -suspiró el dramáticamente -si no vuelvo al castillo dile a Sirius que cuide de mis padres, a Remus que viva un poco más y a Peter que se valore más a sí mismo.
- No seas dramático -regaño ella mientras se alejaba -y buena suerte Potter.
James la vio alejarse por el pasillo e intentó llamar a Sirius una vez más por si había suerte, nada. Por eso guardo el espejo en su bolsillo y se acercó a la chica que no había notado su desaparición, fue justo en el momento indicado porque ella se giraba a informarle de las golosinas que había escogido, el asintió sin verdaderamente prestar atención y se resigno a pasar por lo menos dos horas más de mortal aburrimiento. Se acercaron a la caja a pagar, y James sacó su cartera, como todo buen caballero su madre le había enseñado a nunca dejar pagar a una dama, sin embargo ella tomó su brazo y soltó una risa sarcástica.
- Por favor... no me insultes -declaró mientras sacaba su propia cartera.
Y llevado por un impulso que no supo controlar James estalló.
- Si los buenos modales y el código de caballerosidad están obsoletos como afirmabas antes, eso significa que no tiene cavidad en nuestra sociedad, ¿cómo encuentras insultante que quiera pagar? Quiero decir si en verdad esas ideas, como tanto afirmabas antes, ya no existen y no son más que meros vestigios, ¿cómo puedes basarte en ellos para tachar de insultante una acción como esta? Si no la puedes comparar.
Ella pestañeó varias veces confusa y dijo.
- ¿Cómo...? ¿Qué? -Lo dicho Caroline Howertorn era inteligente de una manera convencional y poco reflexiva.
El hombre detrás de la caja les miraba divertido, pero James recapituló y en vez de seguir con su idea se resignó y dejó la cosa como estaba, total como había dicho Lily solo eran un par de horas más.
- ¡Potter! -Tanto James como su cita se giraron rápidamente hacía la puerta alertados por el ruido seco de esta al abrirse y el grito proveniente de la misma.
El corazón de James dejo de latir un seguro para hacerlo de manera frenética y desenfrenada un segundo después, al fijarse en la respiración errática de la pelirroja, sus mejillas sonrojadas, sus ojos brillantes por las lágrimas acumuladas y la expresión de intenso terror y dolor en su rostro.
- Ha habido un accidente tienes que venir inmediatamente -declaro de prisa y corriendo, las palabras salían de forma atropellada de su boca casi ininteligibles -no sé que ha pasado solo sé que todo es un caos y...
- Caroline -James cortó a la pelirroja asombrado por esa verborrea -tengo que irme, espero que no te importe pero como ves es una emergencia y no me perdonaría arruinarte la primera excursión del año.
- Dame tres minutos y voy contig...
- ¡No! -Grito la pelirroja fuertemente, atrayendo aún más atención -tiene que ser ¡AHORA!
James podría haberla besado ahí mismo o alzado en el aire y haberla hecho girar al percatarse de la duda que pasó efímera por su mirada, se había decidido a rescatarlo al final, hasta ese momento había actuado tan bien que creyó que era cierto, pero el la conocía mejor que eso y esa duda había bastado para distinguir la verdad. Se contuvo justo a tiempo y miro a su cita, la castaña le miró apenada y asintió, con un ligero beso en la mejilla a modo de despedida el azabache salió corriendo hacía la puerta, tomo la muñeca de la pelirroja y ambos continuaron corriendo calle abajo, hasta perderse en un callejón oculto de las vistas de los curiosos.
- Eso ha sido impresionante Pops -declaro el con una sonrisa -no sabia que eras tan buena actriz por un momento me has asustado.
- Que sepas que estoy muy decepcionada conmigo misma -declaro sin un rastro de sonrisa.
Pero eso fue más de lo que el pudo soportar y una risa alegre y contagiosa escapo de sus labios impregnando a la prefecta a pesar de sus claros intentos de reprimirse.
- Oh se nota -comento el burlón.
- No me lo restriegues, ya me siento lo suficientemente culpable.
- Lo siento Pops, pero eres prácticamente "uno más": mientes, me ayudas a librarme de citas...
- Como sigas volveré y le contaré todo a Caroline, puede que añada que me has echado un confundus.
- Vale vale -apaciguó él, a sabiendas de que era capaz -aunque eso no sería muy amigable de tu parte.
- Hasta donde yo recuerdo no somos amigos Potter -cortó ella sarcástica -fuimos potencialmente amigos y ni siquiera eso somos ya.
Los dos se quedaron en silencio tras esas palabras, era cierto que desde esa pelea que había acabado en bofetón en Octubre habían dejado todo intento de amistad atrás, si habían hablado un par de veces, incluso habían estado a solas, pero nunca aclararon nada y muchas de esas charlas se tornaron en desagradables peleas y acusaciones.
- Bueno pues creo que va siendo hora de dejar eso atrás ¿no crees? -Habló él con firmeza finalmente.
La pelirroja, que había clavado su mirada en el suelo tras sus últimas palabras, alzó tan rápidamente la vista que se escuchó un chasquido proveniente de su cuello, pero si le dolió no lo demostró, clavó sus ojos con ansiedad en los avellanas orbes de Potter, como queriendo saber cuanto de cierto había en esas palabras y cuando vio que el sonreía se tranquilizó.
- Si creo que si.
- Aunque suponía que con ese rescate ya lo éramos -bromeó el para disipar el ambiente, y ella rio ligeramente.
- No aún no Potter.
- Entonces ¿por qué me rescataste?
Ella se quedo callada unos segundos, como pensando la respuesta, y a continuación dijo.
- Supongo que me gustan las horquillas y los pasadores -se mordió ligeramente y añadió -además los artículos de broma no están mal cuando no se usen para hacer daño y el quidditch aunque no se me de muy allá ¡es genial!
El sonrió ligeramente.
- Bueno en ese caso te debo una, déjame invitarte a una cerveza de mantequilla.
- No puedo -dijo ella rápidamente comprobando su reloj de muñeca -he quedado y ya llego tarde, además estamos a mano tu encontraste el libro.
La chica se alejó andando marcha atrás como corroborando sus propias palabras.
- Ah lo has visto -dijo él intentado que no se notara su decepción por el rechazo -ya te dije que tenía poderes psíquicos. Bueno no te entretengo más -comentó incómodo ya que no le apetecía que viera la decepción en sus ojos -nos vemos luego.
Ella solo sonrió divertida por las ocurrencias del azabache, sin percatarse de nada.
- Adiós Potter.
- Adiós Pops -estaba ya al final del callejón cuando James volvió a alzar la voz - ¡Pops! ¿Dónde has aprendido a actuar también? Eres digna actriz de teatro.
Lily que se había girado al escuchar su apodo le hizo un gesto muy obsceno con la mano antes de desaparecer definitivamente.
Marlene Mckinnon a pesar de llevar seis años en Hogwarts nunca había estado ahí. Se encontraba en una de las tiendas más apartadas del pueblo estaba casi al final de este, cerca del bosque, por ende era poco frecuentada por los estudiantes de Hogwarts, a menos que fueran esos pocos valientes que se atrevían a ir a la casa de los gritos. La tienda estaba abarrotada de animales, y por lo que podía deducir se trataba tanto de animales mágicos como comunes y corrientes.
- ¿Qué es esto? ¿Una tienda de mascotas?
Su acompañante la miraba expectante posada en el mostrador de la tienda, y tenía una suave sonrisa que Marlene no sabía interpretar en los labios.
- No, no lo es -pero dejando que el enigma persistiera no aclaró lo que era.
Entonces un hombre de unos cuarenta años salió por la puerta que había tras el mostrador, su expresión educada se torno en una genuina sonrisa al reconocer a la slytherin.
- ¡Celine! Hace meses que no me visitas, pensaba que te habías vuelto como el resto de chicas -bromeo el hombre mientras la abrazaba con cariño, para luego posar sus ojo en Marlene -¿y a quién tenemos aquí?
- Marlene Mckinnon -se apuró a presentarse ella adecuadamente mientras estiraba su mano.
- ¿Mckinnon? ¿Algo que ver con Tristan Mckinnon? -Inquirió con una ceja alzada.
- Si, puede ser mi hermano o mi tío, aunque por edad supongo que el segundo.
- Mmm... si fui con el a Hogwarts, simpático aunque no éramos grandes amigos yo era slytherin.
Marlene sonrió con sinceridad su tío Tristan era uno de sus favoritos y era el padrino de su hermana Sarah.
- Acteón -interrumpió Celine, de quién Marlene acababa de descubrir el nombre -he traído a Marlene aquí para enseñarle esto, si te parece bien.
- Oh claro, claro, pasad -dijo entusiasmado -no sabes cuanto te han echado de menos y yo también -añadió mientras le pasaba un brazo cariñoso por la espalda a la chica -francamente pequeña estas en los huesos.
La rubia veía toda la interacción sorprendida, en lo poco que hacía que "conocía" a esa chica no la había visto más que interactuar con dos personas, el resto del tiempo se lo pasaba sola, siempre haciendo algo o tan solo mirando al vacío como si tuviera mil cosas en las que pensar. Solo la había visto sonreír genuinamente con una persona y era un señor mayor ajeno al colegio, y por lo que había indagado de ella se trataba de alguien verdaderamente talentosa. No sabía que hacía allí, ni porqué había seguido a una total desconocida hasta una tienda cualquiera, donde hablaba con un señor mayor extremadamente entusiasta que por todo lo que sabía podía ser un psicópata en potencia.
Sin embargo parecía que esa parte y racional de la que todos los ravenclaw presumían se había fundido en su cerebro, porque no dudo un segundo en seguirlos al fondo de la tienda, fuera de las vistas de posibles clientes, con decisión. Cuando entró en la parte de atrás sus ojos azules se abrieron desmesuradamente, estaba literalmente llena de jaulas, pero los animales en ellas no parecían incómodos ni mucho menos.
- Las jaulas están hechizadas por dentro para ser tan espaciosas e imitar el hábitat del animal -le explicó el hombre con un risa ante su evidente desconcierto.
- Señor -llamó Marlene, que aún miraba los diversos animales fascinada -¿qué es lo que hace exactamente esta tienda?
- Rescatamos animales, no somos como La Reserva Scammander, si no que nos encargamos de una pequeña parte y los más graves se los enviamos a ellos.
- Y ¿por qué una vez curados no quedan en libertad? -Su curiosidad ravenclaw había salido a la luz.
- Tristemente muchos de estos animales resultan tan heridos que no pueden volver a ser libres, y otros muchos no están ni remotamente cerca de su país de origen -explicó esta vez Celine mientras acariciaba un demiguise.
- Vaya -comentó Marlene posando su mirada azul en ella, que seguía centrada en el animal.
- Si muchas veces el mismísimo Newt Scammander viene en persona a devolverlos a su lugar pero últimamente la cosa ha estado complicada...
Todos callaron sabiendo a que se refería el hombre, y por primera vez Marlene fue consciente, de que a pesar de lo que creía mucha gente esa guerra no involucraba solo a los magos y brujas, si no que muchas especies mágicas estaban sufriendo represalias y seguramente tomando lados. Y se preguntó cuanto afectaría esto al equilibrio del mundo mágico, su naturaleza y fauna.
- Acteón ¿qué pasará si intentan robarte animales que pueden resultar peligrosos? -Pregunto dubitativa Celine, y por primera vez Marlene fue completamente capaz de vislumbrar una emoción en su rostro, miedo.
- No te preocupes pequeña no les pasara nada -aseguró.
- ¿Y a ti? -Insistió incapaz de ocultar su ansia, y Marlene no mentía cuando decía que ella también quería saberlo.
- Sé defenderme solo niña -declaré el hombre -no me subestimes.
Celine debió entender que el tema se había acabado porque frunció sus labios rosáceos con claro descontento y continuó su camino entre las celdas acariciando y saludando animales. Marlene la observo con fascinación ¿quién era esa chica tan extraña? Y ¿por qué se había acercado a ella?, pero no se movió ni un ápice de su sitio, al menos no hasta que el dueño la invitó a moverse libremente y a saludar y tocar cualquier animal siempre que supiera hacerlo.
Heather sentía la embriaguez correr por su cuerpo, ese año su anatomía había cambiado completamente y era cierto que hacía bastante que no bebía, porque por mucho que su prima Bertha hubiera insistido en Navidad que dejaran beber a los que eran casi mayores de edad, su familia solo la había mirado con reprobación. Bertha era tres años mayor que ella, y un verdadero caso aparte pero resultaba siempre muy divertida y alocada, a veces Heather le preocupaba tener esa veta alocada de su prima. Sin embargo no había mayor prueba que ese momento, ¿a quién se le ocurría aceptar jugar a un juego de beber con Sirius Black? Solamente a ella, pero si además había forzado a Blish, quién había tomado represalias por su mal humor de antes y la estaba haciendo beber hasta la inconsciencia.
- ¡Jorkins! -Gritó Sirius desde el otro lado de la mesa -¿lo has hecho o no?
Ella parpadeó confusa un par de veces, de ¿qué estaban hablando? Ella estaba pensando en su prima Bertha, ella no había hecho nada con su prima Bertha nunca.
- Mmm... yo... -miro a su al rededor en busca de una pista -¿cuál era la pregunta?
Las risas de sus acompañantes no se hicieron esperar, Peter se había ido hacía una media hora con su novia, Pandora le había seguido veinte minutos después porque había quedado con su hermana, así que solo quedaban Remus, Sirius, Blish y ella. Y de los cuatro ella era quién peor aguante tenía, no le sorprendía de Sirius y Blish, al fin y al cabo el primero era legendario por las cogorzas que se cogía y la segunda tenía un físico atlético envidiable, además estaba segura que la reciente resaca navideña era recordatorio suficiente para que bebiera con calma. Quién si le había sorprendido era Remus, que parecía el que mejor estado estaba, como si no le hubiera afectado nada.
- ¿Qué si te lo has montado de noche en el cuarto con las cortinas echadas y un hechizo silenciador mientras los compañeros de alguno de los dos dormían en la habitación? -Preguntó Sirius cuando finalmente terminó de reír.
- Y sin echar las cortinas.
Los ojos miel de Lupin abiertos de par en par, el trago a mitad de camino de Blish y la risota que soltó Sirius, fueron suficientes para que se diera cuenta de lo que había dicho causando un fuerte sonrojo, pero es que el alcohol había embotado sus sentidos y ni siquiera había podido pensar en lo que decía.
- Yo... -intento decir algo que lo justificara, pero es que no había nada realmente.
- ¡Eres mi ídolo Jorkins! ¿Por qué no éramos amigos antes?
- Dime que no fue en nuestro cuarto -pidió Blish, mientras la fulminaba con la mirada.
La trigueña negó con la cabeza, mientras escondía la cara entre las manos, no antes de apartar la bebida del mal de su alcance, no comprendía como con tan solo dos cervezas se había puesto así, pero lo que desconocía es que Sirius les había añadido whisky de fuego mientras no miraban. Y es que ¿quién en su sano juicio aceptaba un juego de beber con Sirius Black?
- Oh Merlín, oh Merlín, oh Merlín... -repetía una y otra vez, mientras seguía sacudiendo la cabeza entre las manos.
- Heather no te tortures -le dijo Remus intentando contener la risa que ahora pugnaba por salir -comparto cuarto con ese animal, he escuchado cosas peores.
Pero Heather seguía repitiendo lo mismo.
- Dime Jorkins -el prefecto miró a Sirius con la advertencia dibujada en sus pupilas -¿es eso lo que repites en la cama?
- ¡Sirius!
Pero una voz llena de burlona y acidez cortó el reproche del licántropo hacía su compañero de cuarto.
- Oh Black ¿es esto en lo qué malgastas tu tiempo estos días? Merlín que feliz soy de haberme graduado -exclamó la recién llegada desde atrás -no creo que aguantara un año escuchando tus fetiches pervertidos.
- ¡Alice! -Exclamaron tres de los cuatro presentes.
Mientras al cuarto se le formaba una sonrisa traviesa y pecaminosa en sus labios finos y aristocráticos.
- Fostercue -saludo Black feliz de ver a la chica que siempre le había causado cierta fascinación.
- Hola chicos -saludo alegre mientras le devolvía una sonrisa burlona al pelinegro.
La trigueña se apuró a ponerse en pie para poder abrazar a su amiga, pero lo hizo tan aprisa y olvidándose por completo que se encontraba en la parte interna de la mesa que en su camino si no llega a ser por Remus hubiera tirado todas las jarras vacías de su lado de la mesa e incluso las que aún tenían contenido.
- Ey, tranquila niña -dijo la aprendiz de auror alegre -me parece que por hoy ya has bebido bastante.
- No sabes que mal Ali, ¡menos mal que has llegado! -Confeso la chica cuando por fin consiguió estar libre para poder tirarse a los brazos de su amiga -por cierto ¿qué haces aquí?
- He quedado con Lily, si queréis os podéis unir -dijo mirando su reloj -se supone que debería estar aquí hace 15 minutos.
- Es raro que Pops llegue tarde -comento Sirius sin quitar su mirada depredadora de la auror que no parecía inmutarse.
- Aún es más raro verte a ti hacer un comentario lógico y razonable -llegó una sexta voz -perdón por la tardanza, tuve un... percance.
- Lils -la auror se deshizo de los brazos de Heather y se fundió en un abrazo con su pelirroja amiga.
- Oh Pops me ofendes yo que creí que nuestra amistad había alcanzado su punto álgido.
- Nada más remoto a la verdad -replico la pelirroja.
Sirius puso cara de ofendido mientras ella le sacaba la lengua infantilmente aumentando las risas del grupo.
- ¿Esta todo listo? -Preguntó Alice a la pelirroja.
Esta por toda respuesta se giró hacía la barra e hizo una seña al hijo menor del dueño, el hermano pequeño de Rosmerta, que también ayudaba en Las Tres Escobas, Mercurio las miraba embelesado al ver la seña reaccionó y con un asentimiento desapareció en la parte trasera de la barra.
- ¿Listo para qué? ¿Dónde iréis?
- Sirius no seas cotilla -replicó Lily que seguía mirando la barra.
- No soy cotilla -exclamó ofendido, mientras a Remus se le escapaba una risa por la nariz -solo que si ese... -dirigió sus ojos grises a la barra justo a tiempo para ver a Mercurio salir de esta e intentar acercarse a ellos -perversor de menores lo sabe yo tendría que saberlo para poder protegeros.
Tres de las cuatro chicas hablaron a la vez con el mismo tono de incredulidad y escepticismo en su voz, mientras que la última hundía un poco más el orgullo del chico.
- ¿Menores? -En la cara de Alice una sonrisa ladina había aparecido.
- ¿Perversor? -Se rio Heather.
- ¿Proteger? -La ceja alzada de Lily no desmentía la burlona en sus palabras.
- Black que te haga la competencia con las chicas no lo convierte en un pervertido -declaro Blish, haciendo finalmente estallar a todos en carcajadas menos a uno.
El mayor de los Black se enfurruño como un niño pequeño y se cruzó de brazos mientras fulminaba con la mirada al atractivo camarero que casi había llegado.
- Te lo mereces por no dejarlas en paz Canuto -declaró Remus divertido.
- ¿Tu de parte de quién estas Lupin? -El prefecto alzó las manos como si la cosa no fuera con el.
- Aquí tenéis preciosas -Mercurio había llegado a ellas y extendía una cesta -el pedido que me hiciste y por ser vosotras os lo dejo al 50% -añadió guiñando un ojo -se queda en un total de 2 galeones, 7 sickles y 12 knuts.
Alice rápidamente extrajo de su cartera la cantidad ante las protestas de Lily, a quién le aclaró que luego repartirían gastos entre todas, y sonriendo se la extendió al chico quién con una sonrisa desapareció tras la barra nuevamente.
- Vaya -se asombro Remus -si que debéis llevar un manjar ahí.
- Si, hemos quedado con las hermanas de Marlene y le hemos preparado una merienda sorpresa entre todas para animarla un poco -le contó Lily -¿Angie vienes cuándo termines los recados no? -La susodicha asintió -y tu Heather ¿estáis seguras Mary y tu de que no podéis venir?
- Si algo cambia nos pasaremos -dijo la trigueña que parecía estar volviendo en sí.
- Vale pues nosotras nos vamos a prepararlo -instó Alice -adiós chicos, hasta luego chicas.
Y las dos salieron por donde habían venido.
Blish se apresuraba por las calles de Hogsmeade, Lily le había prohibido dejar sola a Heather con Black y con Lupin para que no volviera a embriagarse por eso la negra se había quedado con ella hasta que llegó una colorada Mary sonriendo de la mano de Cedric Shafiqs, la cazadora no demoró ni un minuto y partió rápidamente a buscar el regalo de Lily antes de que se quedará sin nada que regalarle a su única amiga. Además debía pasarse luego por esa estúpida merienda para animar a Marlene que había organizado la pelirroja, o al menos así se lo había hecho saber la prefecta.
Iba tan apurada que no vio por donde andaba y al girar una esquina chocó de bruces contra alguien, casi precipitándose al suelo por suerte sus reflejos de cazadora eran mejores que eso y pudo evitarlo, alzo los ojos furibunda hacía la persona con la que se había chocado y cuando se fijo que era un grupo de alumnos de Hogwarts iba a gritarles hasta que escuchó su nombre proviniendo de los labios de uno.
- Angelina Blishwick -se giró furiosa hacía aquel que se había atrevido a pronunciar su nombre.
Era un mago alto, con el pelo cobrizo, ojos marrones, y una cara un tanto alargada pero con un cierto atractivo, salpicada con pecas, tenía una sonrisa de quién sabe algo que tu desconoces en sus labios finos.
- Lyam Lyle -reconoció Blish.
El chico acentuó su sonrisa y les indicó a sus amigos que continuaran sin él, quienes le miraron confusos pero no dijeron nada y así lo hicieron desapareciendo rápidamente de la vista, Angelina miraba la situación con su ceño fruncido no teniendo tiempo para charlas pequeñas e insignificantes ahora, y en realidad nunca.
- Te acuerdas de mi -sonaba muy satisfecho de si mismo.
- Vamos al mismo colegio -Blish chasqueó la lengua ante la molesta obviedad.
- ¿Es así como lo llaman estos días? -Replicó el con tono irónico, la cara de Blish se llenó de confusión -¿qué? -Preguntó él mientras se acercaba a ella para inclinarse y dejar una distancia casi inexistente entre ellos y susurrando dijo -¿No te acuerdas de mi, Blishwick?
Y ella se acordó
*Unas semanas atrás*
Odiaba las fiestas y odiaba a los adolescentes, pero si había algo que odiaba más era a los adolescentes borrachos y salidos, y esa fiesta estaba llena de ellos, dirigió una mirada de asco a la gente faltaban poco más de 15 minutos para cumplir con el plazo de cortesía y poder marcharse. Así que tambaleante se puso de pie, sí, puede que ella odiara a los adolescentes borrachos y salidos, pero eso no quitaba que hubiera bebido, la diferencia entre ella y el resto es que ella era mejor, y que no estaba salida solo un poco borracha, no mucho.
Uno de los chicos cerca de ella se apresuró a ayudarla, seguramente con la esperanza de ligar un poco, y afianzo su brazo por detrás de la espalda de ella, iba a decirle cuatro cosas a ese tío cuando otra voz intercedió por ella.
- Estas perdiendo el tiempo niñato -dijo una voz que le sonaba, pero no sabía reconocer -¡piérdete!
Ante ese gritó el niño se fue corriendo, y Blish decidió que ya era hora más que suficiente para marcharse ya había tenido que amenazar a Turpin por intentar hacer algo que no debía para verle cinco minutos más tarde enrollándose con Toddler de una forma muy desagradable. Blish pasó por delante de quién había hecho al chico esfumarse y se dirigió a la puerta, cuando llegó a esta escuchó la misma voz.
- ¿Ya te vas? -Ella solo asintió a la pregunta -¿cómo?
Fuera quién fuera era muy pesado, Blish se giró molesta, y pudo enfocar al anfitrión Liam Lyle.
- Me apareceré.
- No tienes edad -observó él para luego añadir -además en tu estado sufrirás una dispartición.
- Sé hacerlo.
- No lo dudo -sonrió el socarronamente -pero dudo que sepas hacerlo borracha y como te pillen te multan. Puede usar la red flu, si es que en tu casa hay.
Se lo pensó unos segundos, ¿en su casa había? Si, claro que había así es como llegaba siempre su hermana. Se encogió de hombros y siguió a un divertido Liam Lyle escaleras arriba quién no la paraba de mirar de reojo. Cuando llegaron frente a la chimenea le extendió una caja donde guardaban el polvo.
- ¿Podrás sola? -Preguntó el chico entre divertido y preocupado por la fascinación que mostraba la siempre arisca Angelina Blishwick ante los polvos flu.
- Claro -respondió ella lo más fría que pudo, ignorante de que no había surtido efecto alguno.
- ¿Segura? -Insistió.
- No -contestó con franqueza y el no pudo evitar reírse -que te den Lyle.
- Estas realmente borracha -comentó aún más divertido.
- Lo sé -admitió ella, pero como si se hubiera dado cuenta de que le había dado la razón a alguien frunció la nariz.
Un golpe seguido de unas risas fuertes distrajo a Blish del nuevo comentario cortante que estaba planeando, que se perdió bajo una nueva idea. Sin embargo la morena volvió a clavar sus ojos nuevamente en la caja que contenía el polvo mágico.
- ¿Sabes lo que no soporto?
- ¿A la gente? -Comentó el sarcástico.
- No...bueno sí -admitió ella -solo me gusta Lily.
- ¿Entonces? -Pregunto el divertido.
- A los adolescentes salidos y borrachos.
- Tu eres una adolescente salida y borracha -observó el aún más divertido.
- No -negó ella -yo solo estoy borracha, nada más.
Entonces él se acercó a ella hasta quedar a escasos centímetros y sus respiraciones se entremezclaron.
- ¿Y ahora? -Preguntó con una sonrisa ladina, pero ella pareció no haberlo oído tan perdida en sus cavilaciones.
- ¿Y sabes qué más odio?
- A los tíos.
- Si, pero no eso otra cosa.
- ¿Cómo qué?
Por primera vez Angelina levantó la vista que seguía clavada en la caja de los polvos flu y se fijo en la cercanía de su interlocutor, seguían pegados y sus alientos entremezclándose, y clavó sus ojos en los labios de él.
- Como...
- ¿Cómo? -Indagó Liam.
No le dio tiempo a más pues ella le había cogido fuertemente del cuello de su túnica y estampado sus labios contra los de ella, haciendo que la caja cayera al suelo y quedara olvidada, el pasó sus brazos por la espalda y su nuca apretándola fuerte contra sí y ella dejó escapar un gemido que lo volvió loco. Cuando se separaron sus respiraciones eran erráticas y sus pupilas estaban dilatadas por la lujuria.
- Estoy quedando con una chica -comentó él a duras penas, olvidándose completamente del aspecto de la otra chica que había quedado completamente eclipsado por la belleza de Angelina.
- Que se joda -contestó ella mientras volvía a aprisionar sus labios contra los suyos, se aferraba a su espalda y abrazaba su cintura con sus piernas haciéndolo perder completamente el control.
*Presente*
- ¡Fuiste tu! -Exclamó eufórica -oh joder, que alivio que fueras tu.
- ¿No te acordabas? -Dijo él perdiendo su confianza.
- ¡Oh si que me acuerdo! -Volviendo a gritar, haciendo que se pudiera malinterpretar sus emociones -quiero decir, como eres tu se queda en una cosa de una noche y ya.
- Menuda clase Blish -comentó el con una sonrisa socarrona.
- Lo dice el que estaba quedando con otra chica y se acostó conmigo cuando estaba completamente borracha -refutó ella.
El se acercó rápidamente y como aquel día volvió a acortar la distancia hasta hacerla casi nula
- Eso no fue solo culpa mía -su aliento chocó contra los labios de Blish cuya respiración y pulso se aceleró al acordarse de aquella noche y un calor proveniente del bajo vientre inundó su cuerpo -tu no es que seas muy inocente.
Y con un ligero guiño y un cercano beso a la comisura de sus labios se alejo, dejando que Angelina volviera a respirar con normalidad
¿Qué había sido eso? ¿Desde cuando se comportaba ella como una adolescente estúpida de esas que odiaba? ¡Por las barbas de Merlín! Su amistad con Lily la había ablandado.
Sobra decir que después de esa confusa charla que dejó a la adolescente completamente trastocada, esta se olvidó de comprar ningún regalo para el próximo cumpleaños de Lily. Tanto su amiga como la merienda a la que se suponía que debía asistir obligatoriamente, quedaron en un segundo plano y en vez de ir hacía la calle principal del pueblo cambió de dirección y tomó el camino largo que la llevaría de vueltas hasta las puertas de Hogwarts. Por ese camino tendría tiempo más que suficiente para poder pensar y despejar su confusa mente.
No fue hasta esa noche que volvió a ver a sus amigas cuando todas ingresaron en la habitación después de la cena, la cual ella había decidido saltarse, que se acordó de todo lo demás. nada más verla la cara de Lily se transformó, borrando todo rastro de su sonrisa y felicidad, y transformándose en una mueca de preocupación, sin embargo la pelirroja no le pregunto nada en ese momento, ni le reclamó por haber faltado a su promesa, pero si le envió una de esas miradas que dejaba en claro que tenían una charla pendiente, y no tenía pinta de que fueran de esas fáciles de hablar. Pero por primera vez en su vida a Angelina Blishwick no le importaba hablar de sus sentimientos, y eso la asustó.
Holaaaaa queridos lectores, ¿cómo estáis? Espero que bien.
Como veréis esta vez he cumplido y he actualizado antes, intentaré que la próxima sea algo parecido pero no prometo nada, solo que no voy a dejar la historia en el aire.
Como siempre ya sabéis si tenéis alguna corrección, comentario, que hacer o alguna sugerencia, yo encantada. Este capítulo toca un poco todo, pero otra vez tenemos una interacción interesante entre Lily y James.
Besos,
B.
