CAPITULO DECIMOSEXTO.

La semana en que Lily cumplió la mayoría de edad mágica se convirtió en una de las peores de su vida. Durante años, había deseado cumplir los 17 para así poder enseñar a sus padres las cosas que aprendía en el colegio y por qué no, también poder molestar un poco a Petunia. Pero cuando llegó el momento, Evans supo con certeza que nunca se había sentido tan miserable.

Las cosas no mejoraron mucho después de esa semana, lo único bueno que surgió de todo aquello, era la perspectiva de las clases de aparición y poder obtener su licencia antes de las vacaciones de Pascua, así al menos si decidía volver a casa podría aparecerse y no tendría porque coger un tren sola o aún peor depender de Benjy para ello. Por muy bien que las cosas estuvieran con su ex, la pelirroja prefería no verlo, se sentía rara cada vez que lo hacía.

Desde que Lily descubrió la existencia del mundo mágico se había sentido atraída por la adivinación. Con sus inocentes 9 años, la materia que prometía adivinar el futuro había conseguido cautivar su corazón. Y ¿quién puede culparla?, la capacidad de predecir el futuro, mirar en el pasado e investigar el presente es inverosímil, y más cuando creces en un mundo sin magia. Sin embargo, Lily siempre se había caracterizado por ser inteligente, por eso tenía claro que la adivinación era una rama extremadamente compleja de la magia, en la cual la mayoría de personas que decían practicarla no eran más que meros impostores.

Ese fue el motivo por el cual Evans rápidamente empezó a desencantarse con la materia. Actualmente, casi cuatro años después, Lily no sabe como se le ocurrió tan siquiera coger esta asignatura como optativa, por suerte para ella y para su profesor, en dos semanas de clase vio que a menos que tuvieras el don adivinación no merecía la pena y se cambió corriendo a aritmancia.

Te preguntarás, por qué te estoy contando esto, pues bien, la realidad es que nuestra querida pelirroja, siendo tan dramática como siempre, está actualmente autoculpándose de no ser capaz de prever todos los males que se le venían encima, y no paraba de cuestionarse qué cruel divinidad le había convencido para que se cambiara de clase. Es su más firme convencimiento y postura, Lily sabía que ella debía haber sido capaz, a raíz de lo que enseñó la señorita Débora en dos míseras semanas de clase, de predecir que las cosas solo irían de mal en peor para ella en cuanto recibió la invitación a la boda de su hermana Petunia.

La fecha fijada para la boda de su hermana era el 23 de julio, tres semanas después del comienzo de las vacaciones de verano. Junto a la invitación, había una nota en la que Petunia le informaba que sería una de las damas de honor. Cuando Lily leyó lo que ponía sintió una calidez en el pecho que llevaba años sin percibir. A pesar de todo lo que las separaba, Tuney quería que formara parte de su vida, la pelirroja sintió ganas de llorar.

El trato con Petunia se había vuelto prácticamente insoportable en los últimos años, incluso a veces carecía de la cordialidad que se espera que uno procese a un familiar, así que Lily debería haber tomado este gesto por parte de su hermana como el mal presagio que era. Aun así, la pelirroja decidió dejar de lado su pesimismo y creyó, aunque solo fuera por esta vez, que su hermana la quería, incluso tal y como era, y además quería que formara parte de su boda.

Ahora ese domingo 30 de Enero, tan frío y cruel, ella solo deseaba desaparecer. Pero más de eso luego.


El mayor de los Black estaba desayunando tranquilamente en el gran comedor junto con sus amigos, estaban los cuatro planeando la siguiente luna llena para la que faltaba escasamente una semana. Esta vez sería en viernes, así que los chicos podrían pasar el día siguiente durmiendo para reponer fuerzas. Cuando una lechuza pequeña se posó frente a él, no reconoció al animal ni la caligrafía de la letra, pero la carta parecía haber sido trazada de manera apresurada, casi desprolija e incluso nerviosa.

Querido Sirius:

Me mal acostumbraste a recibir tus cartas los meses antes de Navidad, y aunque sé que no me has escrito por mi propia petición no puedo evitar sentirme inquieta e incluso melancólica. Sé que debes estar ocupado en el colegio, aunque dudo que sea por estudiar. Las cosas por aquí se ponen cada vez más y más feas, no sé cuánto más podrá aguantar el ministerio. Ted cree que dentro de poco nos tendremos que esconder. La idea no me hace gracia pero me han llegado rumores de Bella... y quizá sea lo mejor, sobre todo por Dora, quiero verla crecer Sirius.

La verdad es que el motivo de está carta no es una altruista preocupación por mi parte, debo decirte algo desagradable, aunque no me apetezca que solo recibas noticias malas por mi parte. Pero me temo que es lo único que vamos a tener durante un sabido, por unos buenos amigos, que tío Alphard no se encuentra bien, la edad y el peso de toda su vida se le ha echado encima, parece ser que nuestra "querida familia" es tan venenosa como nos temíamos y el pobre tío Alphard lo está pagando.

Como renegada de los Black me resulta imposible comunicarme con él, sobre todo porque no sé como reaccionaría mi madre o la tuya si llegan a descubrir que nos ha estado ayudando, temo que aún se vuelvan más locas de lo que ya están. Por suerte mis amigos me mantienen al día, porque dudo mucho que tú tengas más suerte que yo a la hora de hablar con él. Intentaré mantenerte lo más informado que pueda.

Sirius, escúchame, no hagas nada incautó, no te atrevas a dejarte llevar por las emociones ni te pelees con Regulus, mantén un perfil bajo por favor te lo pido. Primo, tu y tío Alphard sois la única familia que me queda. Te necesito con vida, no sé qué será de Ted y de mi, pero si algo nos pasara Dora te necesitará, por favor Sirius piensa en ella, piensa en mi hija antes de hacer nada.

Te quiere,

A.

Los ojos grises metálicos recorrían las palabras de su prima una y otra vez, ávidos de más información, pero por mucho que buscara resultaba infructuosa su inspección sobre la hoja. Un nudo se cerró en su garganta dificultando su respiración y una punzada apareció en su pecho. El mismo dolor que sintió cuando se vio obligado a huir de casa, el mismo dolor que sentía cada vez que Regulus no lo miraba o fingía que no existía, la sensación horrible de perder tu hogar y a tu familia. Sirius empezó a sentir cómo su mundo nuevamente se venía abajo, tenía que respirar, pero si lo hacía era muy probable que el nudo de su garganta y pecho se desatara, y rompiera a llorar ahí mismo, en el Gran Comedor.

Abruptamente se puso de pie y salió de la sala a toda prisa dejando a unos desconcertados merodeadores detrás que lo siguieron con la mirada, pero que comprendieron que debían darle espacio y tiempo para asimilar el contenido de la misteriosa carta.

Sirius caminaba a paso apresurado por los corredores sin fijarse en nada, todo a su alrededor eran borrones y parecía que el suelo se movía bajo sus pies. Cuando llegó a una esquina que solía estar desierta, el adolescente se obligó a parar y respirar antes de perder el control de sí mismo, se apoyó en la pared y cerró los ojos, ignorando si había gente cerca o si alguien le miraba. Estuvo allí unos minutos, y deseó por una vez que alguien apareciera, alguno de sus amigos, e incluso Evans o Mckinnon, y le ayudará. Nunca había sido demasiado bueno digiriendo emociones, en su casa no se aceptaban bien, eran un signo de debilidad. Podía escuchar la voz de su padre resonando en su cabeza "te hacen parecer débil, y un Black nunca se debe mostrar débil." Sin embargo, con sus amigos de gryffindor todo era distinto, ellos le hacían sentirse más humano, vulnerable, le hacían ver que tener sentimientos e incluso expresarlos no era algo de lo que avergonzarse, sino que estaba bien y era incluso necesario y sano.

Escuchó distorsionadamente como una puerta se abría cerca de él, y el sonido de unos pasos resonando contra el suelo, no se percató de cómo este mismo sonido se detenía a unos treinta centímetros de él hasta que escuchó una voz. Era una voz joven, un tanto hipnótica y muy melodiosa, cuando habló lo hizo de forma impostada, muy distinta a la manera fría, distante e incluso soberbia que solía emplear durante sus clases. Los ojos grises de Black, los cuales se habían oscurecido para volverse de un color mucho más metálico y frío, se clavaron en la figura que se estaba dirigiendo a él, era su joven profesora de defensa.

Por supuesto que James había compartido sus sospechas sobre Dorcas Meadowes con él: como está siempre aparecía en momentos propicios, como sabía todo de toso, como analizaba todo con ojo crítico expectante y demás. James siempre decía que la chica parecía, ver más allá, significara lo que significara eso. Pero Black, había descartado la idea, asumiendo que con los acontecimientos recientes en el mundo mágico y con los que en especial habían afectado a la familia Potter y sus allegados, James se había vuelto un poco paranoico y receloso de la gente que no conocía. Y la profesora no era la excepción.

Sin embargo nada de eso vino a su mente cuando la vio parada frente a él en uno de sus mayores instantes de vulnerabilidad, la preocupación por su tío Alphard y Andrómeda era mayor que cualquier otra cosa que pudiera sentir o pensar, y todas las emociones reprimidas habían embotado su cerebro ligeramente.

Meadowes que si era capaz de pensar con racionalidad, con una amabilidad y calidez impropia de ella invitó a su alumno a pasar a su despacho, donde sorprendentemente el muchacho se sintió rápidamente reconfortado.

- Señor Black -dijo ella pausadamente -¿desea hablar de algo?

¿Deseaba hablar de algo?, ¿de lo que acababa de leer? No, verdaderamente dudaba que lo hablará tan siquiera con sus amigos. Entonces unas ganas enloquecedoras de reír inundaron el pecho del joven león, sentado en una silla cómoda y reconfortante en el despacho de su profesora de defensa. Permitió que estas escaparan sin ningún tipo de reparo, debía parecer un lunático cualquiera, pero le daba igual, de alguna forma esa risa hizo que se sintiera mejor, y así fue como ilógicamente y de una forma completamente antinatural se vio revelando parte de la información de la carta a Dorcas Meadowes, aminorando la pesadez en su pecho y la angustia de su garganta.


Severus no podía parar de pensar en el ultimátum de Lily, sabía que esta vez sí era para siempre, aunque no fuera la primera vez que pensaba eso en lo que se refería a la pelirroja algo en la verde mirada de la prefecta le había hecho darse cuenta de que ya no habría retroceso. Pero ahora mismo no debería pensar en eso porque había asuntos más importantes de los que ocuparse.

Se encontraba en Cabeza de Puerco con varios de sus compañeros de casa, solo aquellos de estricta confianza y que eran o cumplirían la mayoría de edad aquel verano, es decir alumnos de sexto y séptimo, con la excepción de Regulus Black que era quién los había llevado hasta ahí. Polux Avery, Angus Mulciber, Thorfinn Rowle, Walden Macnair y él Severus Snape habían sido elegidos por el menor de los Black para esa reunión exclusiva. Al ser un día entre semana por la noche el local estaba lleno, era donde se hacían muchos de los intercambios y juegos ilegales porque al tabernero mientras no le afectará directamente no le importaba, así que nadie notaría a unos adolescentes.

- ¿Black se puede saber para qué nos has traído aquí? -Preguntó Avery con su arrogancia habitual -nos merecemos una explicación.

Regulus lo miró por encima del hombro como si no fuera más que mugre que cubría su zapato, después de todo así le habían enseñado a hacerlo en su casa.

- La paciencia es una virtud Avery -contestó tranquilo el más joven -y yo a ti no te debo nada.

Justo cuando Polux iba a cometer la equivocación de contestar a Regulus la puerta del local se abrió dando paso a dos personas envueltas en una capa negra, los encapuchados se dirigieron a donde estaban ellos y se sentaron junto a Regulus que ocupaba él solo un lado del banco. Cuando lo hicieron Snape pudo distinguir los rasgos que había debajo de la capucha, reconociendo en seguida al prefecto que le había recibido en su primer año Lucius Malfoy y a Evan Rosier, el hermano mayor de su compañera de casa y prefecta.

- Regulus -habló la voz de Malfoy arrastrando las palabras -te dije que trajeras gente de estricta confianza.

- Y así ha sido -respondió el chico tensándose.

- No parecen mucha cosa -comentó despectivo Rosier.

- Es lo mejor que hay -replicó Black.

- Me parece que slytherin está perdiendo su toque -volvió a decir con sorna, Malfoy le acompañó con una sonrisa.

- Bien -corto los comentarios mordaces el rubio -Regulus ya no haces falta aquí, Bella te espera fuera.

El chico asintió y con rapidez se levantó y salió fuera a reunirse con su prima, Snape siguió de cerca sus pasos con sus ojos negros y no pudo evitar tensarse al momento, con Regulus ahí sabía que esperar, sin él adolescente la reunión era otra cosa. Notó los ojos grises de Lucius sobre él evaluándole, Severus sabía que si no tenían en cuenta su sangre él era el mejor y más indicado de todos los presentes, pero por desgracia su madre se tuvo que casar con un sucio muggle, y eso era un inconveniente.

- Si estáis aquí es porque creéis en la causa y Regulus os ha considerado apropiados para uniros a nosotros -todos los presentes menos Snape dejaron ver su emoción, el prefecto presentía que el discurso no acababa ahí -pero eso no significa que nosotros lo hagamos. Para uniros tendréis que pasar una prueba, y habrá una fecha límite para cumplirla.

- Si para esa fecha habéis hecho un trabajo satisfactorio -continuo Rosier con placer -os haremos saber si habéis entrado.

Los adolescentes tragaron saliva algo nervioso ante la perspectiva.

- ¿Queda claro? -Preguntó susurrando Malfoy, todos asintieron.

- ¿Qué es lo que tenemos que hacer? -Indagó Mulciber ansioso por probarse ante los mayores.

Los dos mortífagos presentes se miraron entre sí, y una sonrisa un tanto demente se formó en los labios de ambos.

- Para demostrarnos que sois afines a la causa y estáis dispuestos a todo -el rubio pronunciaba cada palabra con placentera lentitud -tendréis que usar la máxima expresión de magia prohibida que existe en nuestro mundo con alguien del castillo.

- ¿Magia negra? -La voz de Rowle salió estrangulada.

- No cualquier tipo de magia negra niñato -exclamó Rosier enfadado -si no una de las tres maldiciones prohibidas.

Todos guardaron silencio ante eso, si les pillaban irían a Azkaban, significaría el fin de sus vidas.

- Supongo que todos conocéis los tres maleficios -comentó desinteresadamente Malfoy.

- ¿Queréis que matemos a alguien? -Inquirió escéptico Mulciber.

- No seas idiota niño -gritó Rosier -existen otras dos maldiciones que se pueden usar, si matais a alguien se abrirá una investigación en el colegio y nada de esta tontería tendrá sentido -gruñía cada palabra, molesto ante la estupidez del chico. -Te dije que eran demasiado jóvenes y estúpidos, Lucius no están listos para la causa.

- Tranquilo Evan -tranquilizó Malfoy -Mulciber no lo decía en serio, sabe que fastidiar los planes del Lord no le conviene, al igual que abrir una investigación bajo las narices de Dumbledore, ese viejo entrometido está causando más problemas de los esperados.

- Echarán a perder todo -seguía murmurando Rosier -será una pérdida de tiempo, todo esto inútil, y el Lord ¡oh el Lord se enfadar...

- Nadie echará a perder nada -comentó una voz nueva, era fría, cruel y contenía advertencia, hasta demencia en ella. Hizo que a todos se les helará la sangre.

Detrás de ellos estaban las figuras imponentes de Regulus Black que miraba a sus compañeros con frialdad y desprecio y Bellatrix Lestrange, la mujer observaba a los adolescentes presentes como meras hormigas a las que podía aplastar y manipular con diversión y a su antojo, y probablemente así fuera. Severus no pudo más que contener la respiración ante la imagen de los dos primos, siempre había despreciado a Sirius Black, pero la sangre que corría por sus venas era digna de admiración, pues los dos individuos delante de él, poseían una belleza sobrenatural y oscura en la que te daban ganas de sumergirte.

Bellatrix Lestrange poseía una belleza hipnotizante capaz de robarte la razón por unos segundos, sus cabellos negros como la noche caían ensortijados, sus rasgos finos, elegantes y aristocráticos parecían esculpidos en mármol. Sus felinos y grandes ojos negros brillaban y en sus gruesos labios carmesí había una sonrisa tan fría que te robaba la respiración. Aunque Snape no pudo evitar pensar que la belleza de Lily no tenía nada que envidiar a la de esa mujer, no pudo evitar sentirse atraído por ella.

- Ninguno de ellos fallará -comentó -porque de hacerlo, harán que mi primo aquí presente quede mal. Y de ser así yo misma me encargaré de ellos, por desprestigiar el nombre de la noble y ancestral familia Black, frente al amo.

Todos se estremecieron ante las palabras, la amenaza y el porte oscuro de Bellatrix.

- Bella -llamó Regulus -no hace falta que los amenaces, ya saben que no seré clemente con quién falle.

La chica sonrió y por primera vez Snape vio una emoción en ella que no le asustó, pero que tampoco quedaba natural en su cara.

- Así se hace Reg -volvió a mirarlos a ellos endureciendo su mirada nuevamente y trastornando el gesto de su cara por completo -tendréis hasta las vacaciones de pascua, Regulus nos informará. Quién no haya cumplido para entonces estará fuera.

Con eso les hizo un gesto a los otros dos, que habían perdido toda su pose frente a la chica, los dos mortífagos se apresuraron a ponerse en pie y seguirla apresuradamente fuera del local perdiéndose en la oscura noche invernal.

Regulus no esperó tampoco y rápidamente les indicó que siguieran sus pasos, así lo hicieron todos salieron del local y tomaron rumbo al castillo para llegar antes de que amaneciera. Todos menos Black y Snape comentaban emocionados lo que había ocurrido en el local y planeaban sus posibles ideas de cómo cumplir con lo mandado por los mortífagos. Los slytherin se deslizaron en el castillo de forma silenciosa aprovechando las sombras oscuras que la luna proyectaba.


Desde la salida a Hogsmeades el ánimo de Marlene había mejorado considerablemente, la "fiesta sorpresa" de sus hermanas y amigas había tenido mucho que ver y la había ayudado a darse cuenta de que ninguna era indiferente a su soledad, que aunque no lo entendieran la situación siempre estarían ahí. Sus amigas simplemente le habían dejado un tiempo para sanar y para asimilar las cosas, no es que pensaran que estuviera rota o no mereciera la pena.

Sin embargo, tenía que admitir, no sin cierta vergüenza, que lo que más le había gustado de la excursión a Hogsmeade fue la visita a la tienda de Acteón. Marlene nunca había sido muy fan de los animales, le gustaban y muchas veces le parecían fascinantes y misteriosos, pero también le infundían respeto, además con tantos hermanos en casa no necesitaban un bicho al que poder torturar. Pero por otra parte, la rubia se sentía identificada con ellos, esos pobres animales se veían obligados a vivir enjaulados por haber sufrido algún accidente terrible dejándolos con secuelas vitalicias. Internamente se preguntaba si esa había sido la verdadera intención de la slytherin al llevarla ahí, hacerla ver que ni siquiera las criaturas más indefensas eran indiferentes al dolor.

Esa era otra de las cosas que rondaba en la cabeza de Marlene desde ese día, si bien desde el momento en que la conoció le había parecido alguien curiosa y la había observado con la intención de encontrar ese algo que la hacía tan diferente, no fue hasta el fin de semana que todo cambió.

Celine Cosmello, había investigado el nombre de la chica, era todo un misterio. Una chica extraña de la que no había oído hablar en su vida, pero con la que de repente parecía estar conectada desde todos los ángulos: 1) la similitud de sus edades, 2) sus padres trabajan juntos, 3) Poppy había sido su institutriz los dos años anteriores a Hogwarts, 4) su familia era de la alta sociedad inglesa mágica y 5) habían acudido a las mismas fiestas. Además, la rubia había podido saber por su hermanas, que al parecer Celine ya había rechazado tantas propuestas de matrimonio que las familias más antiguas y poderosas los empezaban a rechazar, por otra parte, el hecho de que fueran extranjeros no ayudaba a ello.

Estaba yendo a su cita con Lily cuando vio pasar a la slytherin con su uniforme perfectamente colocado y sin poder resistirlo la llamó.

- Cosmello -ella se giró sorprendida al escuchar su apellido no existía mucha gente en Hogwarts con la que hablara.

- Hola Marlene -saludo, mientras acortaba la distancia y se acercaba a la rubia.

- ¿Qué haces?

- Nada -se encogió de hombros -¿y tú?

- He quedado con Lily -contestó y creyendo que la chica igual no sabía a quién se refería añadió -Lily Evans, es una de mis amigas.

- Sé quién es -le cortó ella -la pelirroja, delgada, alta, y con mucho carácter.

Marlene sonrió ante la descripción pensando que su mejor amiga no apreciaría eso.

- La misma.

- Bueno, pues no te entretengo -dijo la castaña mientras se alejaba -adiós Marl...

- ¡Espera! -No sabía por qué no quería que se fuera -si no tienes nada que hacer puedes venirte -los ojos ligeramente rasgados y de intenso color chocolate de la chica la miraban curiosos -quiero decir, vamos a estar en la biblioteca adelantando cosas y seguramente acabaremos haciendo cualquier chorrada. Pero solo si tu quieres.

Desde lo de Hogsmeades se habían encontrado un par de veces más, pero aún no habían tenido la oportunidad de hablar como ahora, y Marlene tenía muchas preguntas que necesitaban respuesta. Además había notado como la italiana había bajado su guardia un poco frente a ella, o al menos eso le parecía a ella.

- No creo que Evans lo aprecie mucho.

- ¿¡Lily!? -Se sorprendió el águila -si lo dices porque eres slytherin, su mejor amigo hasta el año pasado era Snape, además no es para nada así... -se llevó un rizo detrás de la oreja pensativa -creo que la gente que no conoce a Lily, tienen una idea preconcebida y poco acertada de cómo es, ¡Merlín! Creo que quienes la conocen pecan de lo mismo.

- No lo decía por eso -aclaró la slytherin divertida, ante las divagaciones de la rubia -sino porque es vuestro rato juntas, además no tengo mis cosas y solo sería una molestia.

- Oh -fue todo lo que pudo decir la rubia sorprendida. -¿No tienes nada que hacer?

- Herbología, pero no me gusta y nunca se me ha dado bien interactuar con ningún ser vivo, así que lo retrasaré lo máximo posible.

- Pues yo resulto ser brillante en ella, que me dices si me ofrezco a ayudarte, ¿entonces vendrías?

Y sin dar lugar a réplicas la cogió del codo y la arrastró hasta la biblioteca donde la obligó a sentarse con ella y con la pelirroja que pareció sorprendida al principio con la presencia de la slytherin pero, no se opuso cuando Celine se sentó. Al contrario, sonrió a la chica con amabilidad para volver a fijar sus ojos en los pergaminos rápidamente.


Después de haber atrapado a Hunter Wilkens la popularidad de Peter con su novia había incrementado bastante, nadie a parte de los merodeadores y Charity Burbage sabía con certeza quién era el responsable de tal hecho, aunque se escuchaban rumores al respecto. Pero nadie había confirmado nada, pues hacerlo hubiera implicado un castigo por merodear por el colegio a deshoras y un interrogatorio de como lo habían hecho. Y la realidad era que aunque los cuatro adorasen el protagonismo no querían nada del resto.

Charity cada día le gustaba más, y aunque sabía que eran muy pequeños, sobre todo ella ¡aún no había ni hecho los TIMO'S! Peter no veía tan difícil un futuro con ella, porque la ravenclaw había conseguido con él algo casi imposible. Peter Pettigrew se creía merecedor de lo que tenía.

Y así era, veía el cariño que tenían sus amigos hacia él, como su presencia siempre los ayudaba y como estos acudían a él por consejos. Sus notas habían mejorado y en todas sus asignaturas habían conseguido "supera las expectativas" mezcladas con algún "aceptable" e incluso algún "extraordinario", y se dio cuenta de que la gente no lo miraba como un merodeador de tercera como había creído hasta el momento sino como a sus amigos. Por primera vez en su vida, Peter Pettigrew se empezaba a sentir valorado.

Ahora que la confianza en sí mismo se había disparado y sus notas se habían convertido en las que desearía cualquier alumno Peter empezó a plantearse su carrera de futuro, total solo le quedaba un año y medio para terminar el colegio para siempre. Aunque por ahora nada le atraía especialmente, si bien al hablar con Charity se dio cuenta de que había muchas cosas que mejorar del mundo mágico y que los muggles habían hecho muchos más avances sociales que ellos, eso podría ser interesante. Se había planteado la idea de interactuar con los muggles como trabajo, seguro que había algo para eso.

Había solicitado una charla con la profesora McGonagall para volver a hablar de lo que podría suceder, y esta había accedido encantada. Por eso Peter se encontraba ahora frente al despacho de su jefa de casa a punto de llamar a la puerta con su novia al lado. Estaba mucho más nervioso que la última vez que había ido hablar de ese tema, quizá porque la realidad ahora era mucho más certera o puede que porque ahora tenía motivos para querer esforzarse.

Tras despedirse de su novia el rubio tocó tres veces la puerta, y esperó escuchar la voz de la profesora dándole paso.

- Buenas tardes profesora McGonagall -la mujer le observaba con sus intensos ojos verdes y el semblante serio habitual.

- Pase Pettigrew, estoy terminando de mirar unos papeles -el rubio avanzó y se sentó en una de las sillas expectante.

Estuvieron en silencio durante unos minutos mientras McGonagall terminaba de corregir el trabajo en el que había estado cuando él ingresó en el despacho, Peter sentado frente a ella observaba a la profesora que había admirado desde el día uno y quien siempre se había comportado de manera dura y exigente con él especialmente. Cuando terminó la jefa de gryffindor hizo los trabajos a un lado.

- Bien señor Pettigrew usted ha solicitado esta charla para poder hablar de sus opciones nuevamente -empezó la profesora -si bien es algo a lo que les encaminamos en quinto, se puede seguir hablando y requiriendo ayuda de los profesores durante los siguientes años.

Él asintió con la cabeza ante lo dicho por la profesora.

- Supongo que a diferencia del año pasado tendrá alguna idea de lo que quiera hacer cuando termine el colegio -comentó ella.

- Si profesora, -replicó Peter, la mirada inquisitiva de su jefa de casa le instó a hablar -me gustaría dedicarme a algo relacionado con el mundo muggle, pero no sé qué se puede hacer con eso exactamente, me preguntaba si usted podría ayudarme en ese tema.

La animaga pareció sorprendida momentáneamente, pero una vez recompuso su rostro volvió a su temple tranquilo y hermético.

- Por supuesto, existen distintas opciones para algo como eso -explicaba ella -está el departamento legal que se encarga de los enlaces entre ambos ministerios. Aunque no creo que quiera trabajar en un despacho todo el día, me parece usted demasiado inquieto para ello -esperó una confirmación del joven que asintió con la cabeza, asqueado ante la idea de pasar encerrado en un cubículo todo el día. -Bien, también tiene la opción de entrar en el departamento de desmemorización, quienes se encargan de cubrir el estatuto mágico, el padre del señor Lupin trabaja en ese departamento podría usted hablar con él para profundizar más en lo que se hace ahí verdaderamente. -Nuevamente la profesora le miró esperando ver su reacción y el rubio sonrió tímidamente -por otra parte, si quiere tener contacto con objetos e invenciones muggles, podría entrar en la oficina que se encarga de regular el uso incorrecto e indebido de los mismos -a Peter le brillaron los ojos ante esta posibilidad. -Veo que la última opción le ha gustado, usted no ha coincidido en su tiempo aquí con él, pero seguramente haya oído hablar de Arthur Weasley, alguno de sus sobrinos están en gryffindor -el adolescente asintió -bien, pues trabaja en ese departamento. Si quiere podría escribirle para que le explicara cómo es, Arthur es un joven trabajador y muy amable estoy segura de que no tendrá ningún problema.

- Sería fantástico profesora -comentó feliz el joven león -pero ¿me preguntaba si tendría algún problema con las asignaturas que cursó?

- Bien, si -asintió ella contenta por lo centrada que veía a ese joven siempre tan inmaduro en su opinión -sé que no cogió nunca estudios muggles, por eso me ha sorprendido que se esté inclinando a esta opción. Aunque eso supondrá una dificultad, siempre puede hablar con la profesora para que le deje cursar el año que viene y presentarse al EXTASIS, yo me encargaré de hacer el trámite si tiene alguna dificultad. En lo que respecta al resto de asignaturas, es mucho más sencillo, veo que sigue con encantamientos y transformaciones, las cuales necesitará, tampoco ha dejado aritmancia un requerimiento para el departamento del uso indebido de los objetos muggles y aunque para el departamento de leyes se anima a los estudiantes tener el EXTASIS de historia de la magia esta opción la hemos descartado ya. Así que lo único será estudios muggles, pero como ya le he dicho puede solucionarse fácilmente.

- ¡Genial! -Exclamó emocionado, recibiendo una mirada reprobatoria de su profesora -disculpe por el grito. Pues entonces hablaré con la profesora de estudios muggles, ¿cree usted que tendré que tomar el TIMO de esa asignatura?

- Puede ser, aunque lo hará un año más tarde y creo que le resultará difícil en unos meses estudiar toda la materia de tres años.

- Puedo hacerlo -dijo él con determinación.

- Bien pues creo que está todo solucionado -dijo la jefa de gryffindor escondiendo una sonrisa orgullosa -puede irse señor Pettigrew. No se olvide de hablar con la profesora y avíseme de todo lo que tiene que hacer para facilitar el papeleo.

- Muchas gracias profesora Mcgonagall es usted la mejor -y con una sonrisa abandonó el despacho deseando contarles a sus amigos y novia todo lo que había decidido.


Un par de días después de la escapada nocturna a Hogsmeade Regulus se vio notificado acerca de una reunión secreta en su sala común durante la noche, para que los aspirantes informaran de las decisiones que habían tomado desde aquel día. En un principio deseo fingir que no había recibido la notificación y retirarse pronto a la cama, había sido una semana agotadora. Las cosas parecían estar mejorando para los suyos en el exterior y en nada harían que el ministerio cayera por completo, Regulus estaba temeroso de lo que eso podría implicar. Sabía que como miembro del nuevo régimen no debería preocuparse por su vida o la de sus familia, sin embargo esa pequeña voz en la parte posterior de su cabeza que sonaba un tanto parecida a la de Sirius no paraba de pincharlo. Además de los avances acerca del movimiento, Bella había llegado con noticias de su hogar.

Estas, según su prima, no eran nada alentadoras al menos en lo que se refería a su hermana, finalmente se había fijado una fecha a las nupcias que contraería su prima Cissy con Lucius Malfoy, el 17 de Marzo. Bellatrix detestaba la idea de que su hermanita se casara con alguien que ella consideraba un patán como Malfoy, sin embargo Regulus sabía que ninguna de las dos chicas tenía nada que decir en esa unión, en lo personal Regulus opinaba que Narcissa no había corrido con la misma mala suerte que Bella, quien se había casado con un loco psicópata controlador. El pequeño de los Black había obtenido un permiso expreso para dejar el colegio y asistir al evento ese día. Por otra parte, además de las "dichosas" nuevas que hablaban del casamiento de Cissy, Bella le había comunicado sobre el delicado estado de salud de su tío Alphard y su posible e inminente muerte, el chico no pudo más que sentirse apenado, su tío era de los pocos que habían sido amables con él desde pequeño. Pero Bella no opinaba igual, y se había visto extasiada ante la posibilidad de recibir una suntuosa herencia a repartir entre los tres, de la que poder disponer y así ofrecer al Lord.

Finalmente lo que más alteró al chico fueron dos encomendaciones hechas por su madre y transmitidas a través de su sobrina favorita, Bellatrix.

La primera, aunque le resultaba repugnante era la más sencilla de realizar, Regulus debía elegir a una bruja con quien formalizar un matrimonio de conveniencia para antes, o en su defecto, el final del curso escolar. El pequeño de los Black siempre había sabido que ese día llegaría, si bien, la presión sobre él había aumentado tras la fuga de Sirius, al ser el único hijo apto y heredero de los Black. Ahora todo el peso recaía sobre él, el único que podía perdurar la línea sanguínea. Regulus detestaba la idea de tener que escoger a una de esas opciones "correctas" que había en la lista de su madre.

Mientras que la segunda le causa aún más náuseas de solo pensar en ella, Bella debido a su extrema habilidad y gran desempeño en las misiones, había sido otorgada con la gracia de poder pedir y cumplir cualquiera de sus deseos, la joven lo había tenido claro desde el principio y no tardó en decidirse. Quería la cabeza de la traidora de su hermana y toda la familia de esta como trofeo, el Lord mismo le había dicho a Bellatrix que podía disponer de toda ayuda y recursos que quisiera, y por lo tanto Bella había acudido a él exigiendo su ayuda en la noble tarea de limpiar el árbol familiar de la suciedad y la podredumbre muggle. Regulus no sólo debía obedecer las órdenes del Lord, que le indicaban que ayudara a su prima, sino que además su madre había demostrado la misma ilusión y anhelo que Bellatrix en que esa tarea se viera cumplida. Toda su familia sospechaba que los dos traidores de la familia Black mantenían contacto, aunque se desconocía si este hecho era verídico al cien por cien, o una simple e infundadamente conjetura, de todas formas Regulus debía averiguar si este hecho era verdad y entonces facilitar a Bella información sobre el paradero de Andrómeda, para así acabar con ella y su indeseada estirpe.

Cuando solo faltaba un minuto para que la reunión diera comienzo Regulus salió de su cama, debía ser el último en llegar, puesto que un Black no esperaba si no que se hacía de esperar, cuando bajó a la sala común, como había supuesto, se encontró ya allí a los cinco adolescentes esperando por él. Contuvo una sonrisa burlona al ver las caras expectantes y llenas de deseos, de aprobación que tenían esos slytherins, mayores que él. Pensó en todas las veces que se habían comportado de forma arrogante con él debido a la mera diferencia de edad, y ahí sí que no pudo evitar sonreir.

- Llegas tarde Black -fue Avery quién formuló la frase con su clásica pedantería.

- Te lo dije el otro día Avery, -replicó el más pequeño -la paciencia es una virtud.

- Pongámonos a ello entonces -cortó la discusión Mulciber ansioso por demostrar lo que sabía.

- Bien -acepto Regulus -os escuchó.

- ¿Vamos a ser juzgados por ti? -Preguntó escéptico y con un poco de burla Macnair.

- No, -contestó secamente Black -pero yo seré quien hable con el resto y sí, juzgaré si vuestras ideas son apropiadas o simple chiquerías no dignas de perder el tiempo.

- Vale -respondió calmadamente Avery -entonces te presentamos nuestras ideas ahora y tú decides si son apropiadas para llevarse a cabo y en tal caso juzgadas por los demás, ¿no?

Regulus asintió tenso, no le gustaba nada la idea, pero era su obligación como Black. Uno a uno empezaron a exponer sus ideas y defenderlas frente al menor de los Black, quién se esforzaba por mantener una expresión neutra y no demostrar las náuseas que sentía ante las propuestas sádicas y bien ideadas de sus compañeros de apenas 18, 17 y 16 años. Cuando llegó el turno de Snape todos esperaron ansiosos, Regulus conocía bien al muchacho, y de haber sido decisión suya sería al único que se uniera a la causa, pero necesitaban nuevos reclutas, la contraofensiva dirigida por Dumbledore empezaba a dañar sus filas. Para Regulus, solo Snape parecía tener la madurez, capacidad intelectual y habilidad necesaria para ser un mortífago, sin embargo, sabía que de los presentes era quién más debía destacar y demostrar su cercanía a la causa por su sangre, un mero mestizo.

- Bien Snape estamos esperando, -dijo con sorna mal disimula Mulciber, quien no consideraba digno al chico por su sangre.

- Si, ¿o esta vez también nos decepcionaras como en Septiembre con la sangre sucia? -Todos menos Regulus rieron con el comentario de Avery, la mandíbula de Snape se tensó -demuestra que vales algo Snape...

- Tengo una idea, -dijo lentamente el prefecto -aunque aún no la he perfeccionado. Pero sé en quién quiero practicar mi maldición y sé cuál va a ser.

Todos le miraron intrigados, si Severus había llegado hasta donde estaba era por su gran agilidad intelectual y conocimiento de las artes oscuras, estaba claro que el chico sentía pasión por ellas y sí había decidido que alguien sería su objetivo esa persona sufriría.

- ¿Cuál es el plan? -Preguntó intrigado Regulus.

- Aún lo estoy definiendo -comentó el chico receloso -pero será la maldición cruciatus.

Todos contuvieron la respiración ante eso, ninguno de los cuatro anteriores se había atrevido a elegir esa maldición, todos se habían decantado por el uso de imperio, aunque Mulciber parecía haber dudado entre las dos, Avery le había empujado a usar la segunda ya que era más fácil no dejar pruebas.

- Y no pienso borrarle la memoria -continuó el prefecto disfrutando de cada palabra con placentero sadismo -sé que no se atreverá a chivarse o decir nada, temerá demasiado por sus amiguitos.

- ¿En quién piensas usarla Snape? -Inquirió curioso Avery.

- James Potter.


Todo sucedió muy rápido, desde que le había dicho la verdad de con quién se había acostado a Lily, esta no paraba de insistir en que tenía que contarle a Heather todo lo sucedido en la fiesta. Eso incluía su charla con Turpin y lo que este había hecho posteriormente con Toddler, Lily sostenía que si el chico quería mantener la historia oculta quizá se debía a que no era la primera vez. Y aunque Blish estaba de acuerdo, no pensaba que a ella le concerniera lo que hiciera o dejase de hacer Turpin. No debía meterse.

La cazadora estaba cansada de las continuas batallas verbales con la pelirroja, y las amigas de ambas chicas no paraban de preguntar sorprendidas que pasaba, Blishwick en más de una ocasión se tuvo que morder la lengua para no gritarle a la cara lo que había dicho Toddler en Octubre. La pelirroja estaba llegando a un nivel de exasperación de Blish en el cual, la cazadora no se hacía responsable de sus actos y por ende, no se le podría culpar si atacaba a Evans. Si Lily continuaba persiguiéndola con argumentos morales y demás, recibiría como mínimo un maleficio.

Blish había acabado encontrado una salida a todas esas emociones que sentía mezclarse en su interior. Normalmente se desquitaba con el quidditch, pero Potter le había gritado en varios entrenamientos por su escasa concentración, y si no fuera por el pavor y respeto que desprendía el morocho sobre una escoba, el temperamento de Angelina la hubiera traicionado, y hubiera acabado fuera del equipo. De alguna forma, horas después de haber recibido una bronca monumental por parte del capitán y haber tenido que limpiar y recoger el material ella sola, la negra se había visto obligada, nuevamente, a huir de Lily y había acabado chocando con Liam Lyle. En cierto modo, ver la influencia y el control que ella podía ejercer sobre el chico había excitado a Blish, y el ravenclaw se había convertido en su vía de escape durante la última semana. Las reglas eran sencillas, nada de hablar, nada de caricias, nada de sentimientos, solo sexo.

Pero ese día no había podido encontrar al chico por ninguna parte y Lily había vuelto a atacar sus nervios sin piedad. Ese sábado Angelina no solo se había levantado temprano para entrenar, sino que había hecho un desempeño pésimo en el entrenamiento y consecuentemente se había ganado otra bronca, más una amenaza de expulsión y sustitución del equipo si no mejoraba rápidamente. Blish sabía que Potter no dudaría en cumplirlo.

Entonces, aguantar el humor de Lily no entraba en sus planes ese día.

- Mira Lily, si te lo conté fue porque necesitaba hablar con alguien, no para que me juzgarás -exclamó molesta, llevaban un rato hablando de lo que había sucedido en la fiesta y como Turpin había estado ligando con Blish para acabar acostándose con Toddler, una vez la morocha le rechazó. -Así que déjame en paz.

- ¡Basura! -Gritó de vuelta la pelirroja -si me lo contaste es porque sabías que te obligaría a hacer lo correcto.

- Lily no todo el mundo quiere hacer lo correcto.

- Eso es absurdo -replicó -además si te molesta tanto es porqué sabes que es verdad.

- No pienso decirle nada a Jorkins, eso es asunto de Turpin -le devolvió la morocha -Lily, no te metas. No se lo digas a Heather.

Un ruido seco proveniente del baño hizo que las dos se sobresaltaran, y una pálida Heather Jorkins salió de este con sus ojos abiertos de par en par.

- ¿No se lo digas a Heather? -La voz de la castaña salió estrangulada y cada palabra fue pronunciada con tortuosa lentitud -¿Blishwick, qué clase de amiga eres tú?

- Heather... -intentó intervenir Lily, mientras se ponía en pie.

- ¡No! -Cortó la otra chica gritando exaltada, y la pelirroja retrocedió un paso -no Lily, no. Tú tampoco te libras ¿lo sabías y no me dices nada?

- Yo no lo sabía -respondió lo más tranquila que pudo.

- Pero pensabas que quién se había acostado con mi ex novio era Blish -el tono de Heather era mordaz -¿acaso crees que haberte callado eso te hace mejor persona?

- Yo le insistí en que te lo dijera -dijo dolida por la acusación de Heather.

- Pero no hiciste nada para cerciorarte -acusó.

- No, no lo hice, debería haberlo hecho, pero estoy en e...

- Deberías, pero en lugar de eso salvaste tu propio culo -por las mejillas de Heather habían comenzado a caer lágrimas -la perfecta Lily Evans, no vaya a provocar algo que esta vez no pueda arreglar.

- Eso no es justo -a Lily le estaba costando mantener sus propias lágrimas -no puedes pagarlo conmigo, yo no tengo la culpa de...

- ¿Pagarlo contigo? ¡Oh no, ni se me ocurriría cometer semejante atrocidad! -Ironizó Jorkins -¿cómo puedo esperar que des la cara por mí cuando ni siquiera lo hacías por Snape frente a los merodeadores?

Las palabras de la castaña golpearon a Lily como una bofetada.

- No te atrevas a meterlo en esto... -su dolor se estaba convirtiendo en rabia -el no tiene nada que ver.

- No, tienes razón -aceptó la mestiza -pero sirve para probar un punto, que en realidad solo miras por ti misma a tus "amigas" que les jodan.

- No sabes lo que dices, estas dolida y... -la pelirroja quería creer lo que estaba diciendo, quería decirle lo mucho que se iba a arrepentir de eso, pero no pudo.

- ¿Sabes Evans?- Había ironía y dolor entremezcladas en la voz de la trigueña, ensalzadas por las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas. -Eres peor que ella -señaló a la cazadora que veía todo impotente -por lo menos Blishwick no va de santa, ella no esconde como es, a diferencia de ti. Que eres una perra rastrera que apuñala por la espalda.

Las dos chicas se habían quedado demasiado perplejas con las palabras de Jorkins para reaccionar, así que no pudieron evitar que esta saliera del cuarto hecha una furia. Cuando la pelirroja pudo por fin asimilar lo que había dicho se dejó caer sin fuerzas en uno de los sofás, y finalmente las lágrimas rodaron por sus ojos libres, llenas de dolor e impotencia. Blish se había quedado clavada en el mismo lugar estática, y cuando por fin reaccionó e intentó consolar a Lily esta se echó para atrás como si quemara.

- No me toques -murmuró en un susurro entrecortado por los sollozos -esto, todo -hizo una pausa larga -es culpa tuya. Si solo me hubieras hecho caso.

- Yo no tengo la culpa de esto -se exasperó Blish -Heather está enfadada, se acaba de enterar, se le pasará. No hagas un drama de esto Lily.

- ¡No todo el mundo es un jodido robot como tu Blishwick! -Gritó Lily poniéndose de pie -a la gente no se le pasan las cosas y ya. ¿Crees que esto es una chorrada? He traicionado su confianza ¿sabes acaso que significa eso?

- Y no todas las vidas son tan perfectas como la de Santa Lily -le devolvió ella -¡oh, buju! Tu amiguita se ha enfadado, ya se le pasara. Mientras tanto llamemos a Potter para que haga uno de sus esfuerzos estúpidos para hacerte sonreír y tu le puedas ridiculizar una vez más delante de todos. O quizá podamos escribir a Fenwick que siempre está ahí para animarte aunque tu no le contestes las cartas, pero si no te parece suficiente siempre está alguno de tus absurdos animadores que hay por todo Hogwarts.

- ¡Deja de decir gilipolleces! No sé de qué estás hablando -gritó Lily fuera de sí -esto se trata de Heather no de otra cosa, nada de lo que estás diciendo tiene sentido.

- ¡Pero si lo tiene!- Grito Blish en respuesta. -Hablo de ti y de tu perfecta vida, y de cómo parece que todo se va a la mierda cuando tienes un pequeño problema, porque no sabes lo afortunada que eres todo el rato.

- ¡Afortunada! ¿Te has vuelto loca? ¿Crees que mi vida es fácil? No sabes de lo que hablas.

- Quizá lo supiera si alguna vez contarás algo de lo que sientes, pero no.

- A ti nunca te ha interesado lo que sienten los demás.

- No me eches a mi toda la culpa de lo que no funciona aquí -refutó Blish -no soy solo yo el problema Evans, dices que no tengo sentimientos ¿pero cuando has contado algo que te afecte? -Angelina no se estaba conteniendo. -Si alguna vez mirarás más allá del perfecto mundo que tienes en tu cabeza lo sabrías.

- ¿Qué quiere decir eso?

- Que todo lo que no encaja en él lo borras o lo ignoras hasta que desaparece -dijo Angelina -y ya me he cansado de estar bajo las expectativas de Lily Evans.

Con eso último salió ella también de la habitación dejando a la pelirroja de piedra.


Estaban a 29 de Enero y faltaba un día para el cumpleaños de Lily, pero la pelirroja a pesar de estar a punto de entrar en la mayoría de edad del mundo mágico no quería ni tenía intención de celebrarlo. La situación con Blish y Heather había afectado mucho a la prefecta, y no era para menos, ahora con las únicas que se hablaba de su cuarto era con Elea Lynch y Emmeline Toddler, Marlene reprimió un escalofrío ante esa idea, no le convenía temblar allí.

Estaba en uno de los pasillos de San Mungo esperando para la que, esperaba que fuera, su última revisión, sus padres como siempre andaban muy liados con el trabajo así que no había podido asistir ninguno de los dos. Pero claro, cuando tienes nueve hijos y sigues manteniendo a siete de ellos, y ayudando económicamente a dos no era de extrañar. Sin embargo, su madre le había enviado una carta indicando que Poppy o Will irían con ella, y viendo la tardanza de su acompañante no pudo más que asumir que sería su irresponsable hermano mayor. Por eso la rubia había rechazado el ofrecimiento de Dorcas Meadowes cuando dijo que ella la acompañaría. Y como estaba sola tenía tiempo de pensar en la situación en la que se encontraba su mejor amiga.

Unos pasos apresurados por el pasillo sacaron a Marlene de sus pensamientos, que eran una mezcla entre el estado de Evans y una retahíla de insultos contra su hermano favorito. La rubia estaba enfadada, como llegara su turno y su hermano no hubiera llegado, no saldrían del hospital en todo el día por lo que le haría ella a él y su precioso rostro en cuanto le viera. Pero, se llevó una gran sorpresa al ver a la mayor de todos sus hermanos avanzando con rapidez por el pasillo, la chica localizó a Marlene enseguida y apresuró aún más el paso hasta llegar a su lado.

- Perdona, perdona, perdona Malen -murmuró mientras la envolvía en un abrazo -¿aún no has pasado no?

- No, claro que no -contestó mientras le devolvía el abrazo, y se fijó en ella bien.

Sus ojos verdes estaban enrojecidos, su lacio pelo castaño siempre bien peinado se encontraba mal recogido en un moño, estaba más pálida de lo normal, mantenía una mueca extraña en su gesto el cual parecía demudado por el miedo, y su túnica tan pulcra siempre se encontraba ligeramente arrugada como si hubiera pasado por unos cuantos hechizos hacía nada.

- Poppy ¿estás bien? -Preguntó con cuidado.

Ella le devolvió la mirada y Marlene pudo ver como intentaba tranquilizarse ante ella.

- Si, ya sabes los niños que...

- Poppy, tú nunca llegas tarde -cortó la rubia -¿qué ha pasado? -Los ojos verdes de su hermana se llenaron de lágrimas -¿estáis todos bien? ¿los niños, Edgar...?

- Marlene, por favor... -suplicó la mayor -estamos bien, deja de hacer preguntas que no puedo responder.

La voz de una de las enfermeras frenó la insistencia de la pequeña de las dos hermanas, por el rabillo del ojo pudo observar como Poppy se recomponía un poco y se encaminaba hacía la enfermera, los nervios que había sentido durante su solitaria esperaba habían sido sustituidos por la preocupación por su hermana y la familia de esta. Pero en cuanto estuvieron en la consulta volvieron a ella como una bola de demolición.

- Marlene Mckinnon ¿verdad? -La enfermera poseía una de esas sonrisas dulces tan falsas que la rubia detestaba -ponte el camisón y espera al doctor, él te hará una serie de pruebas y te dará los resultados concluyentes cuanto antes. Aún no eres mayor de edad, así que un adulto tendrá que estar presente en todo momento -se giró hacía Poppy -¿será solamente usted la adulta que la acompañe?

- Así es -la enfermera asintió mientras le daba unos papeles.

Marlene se cambió y se sentó a esperar, mientras lo hacía volvió a observar a su hermana, y de repente con cierta exaltación notó que en la parte exterior de su muñeca izquierda tenía un resto de sangre seca. Notó como una sensación de terror la llenaba ¿qué le había pasado a Poppy antes de llegar? Esperaba de verdad que su cuñado y sus sobrinas estuvieran bien, su hermana tenía dos hijas muy pequeñas, la mayor tenía apenas tres añitos y la segunda no llegaba al año, las dos habían heredado el cabello rojizo de su padre, pero solo la mayor sus ojos grisáceos. Solían quedarse a cargo de la señora Bones, la madre de Edgar y cuando esta no podía Edgar tenía dos hermanos que ya habían terminado en Hogwarts, una era Seraphina quién ahora se ocupaba de los hermanos de Marlene, y el otro un chico que se había casado con una muggle aquel mismo verano.

La puerta de la consulta se abrió y dejó pasar al sanador, lo que sacó nuevamente a Marlene de todas sus teorías, rápidamente el hombre se presentó e hizo que Marlene realizara una serie de pruebas. Tras treinta minutos donde comprobaron su resistencia, su magia, la capacidad de sus huesos y mucha más cosas, el medimago le dio permiso para cambiarse y tras eso les mandó sentarse con él en la mesa para hablar del resultado.

- Marlene, tengo entendido que el accidente fue mientras volabas -la miró para confirmar sus palabras, ella asintió -¿estás en el equipo de tu casa?

- Soy la capitana -respondió orgullosa, aunque ese puesto había sido ocupado por su segundo al mando temporalmente.

- Oh osea que eres muy buena -una sonrisa triste se formó en los labios del hombre pero la rubia no se percató -¿de qué casa eres?

- Ravenclaw señor -orgullo destilando en cada palabra -el año pasado ganamos la copa gracias a mí.

- Yo también fui ravenclaw -ahora una sonrisa sincera iluminó su cara -una buena casa...

- Sanador -interrumpió Poppy, -no quisiera ser impertinente pero ¿podría darnos los resultados?

- Oh, si claro -su semblante se volvió completamente serio y profesional -seré directo, no me gusta lo que tengo que decir. Parece Marlene que el control sobre tu magia está volviendo lentamente a su cauce -la rubia tragó saliva y asintió -eso es bueno.

- ¿Entonces? -Insistió Poppy preocupada.

- El método por el que lo está haciendo es algo poco convencional, pero no creo que sea nada que temer, simplemente es desconocido, sólo hay dos casos registrados en la historia mágica actual -miró a Marlene con la curiosidad y la intriga reflejada en sus ojos -dime Marlene ¿desde cuando eres consciente de que puedes hacer magia sin varita?

Sus ojos azules se abrieron con cierto pavor, el jadeo de sorpresa de Poppy no ayudó en nada, Marlene se había percatado de ese pequeño hecho hacía ya unos cuantos días. Fue pura casualidad, se encontraba con Pandora y Lily practicando hechizos no verbales básicos y estaba frustrada porque no conseguía hacer un solo hechizo, cuando tiró su varita y sólo deseó poder hacer el hechizo. Ante su sorpresa tras pensar las palabras mentalmente, el libro que estaba sobre la mesa voló a sus manos y sus dos amigas la miraron asombradas. No solo había hecho magia no verbal, si no que no había tenido necesidad de varita.

- Hace unos días señor -dijo suavemente, él asintió -pero fue por error, yo no quería...

- Marlene, no debes temer -la interrumpió -no es algo malo. La varita es solo un instrumento que nos ayuda a canalizar nuestra magia, antiguamente los magos no tenían varitas y realizaban hechizos sin ellas, pero era demasiado agotador y apenas podían hacer unos pocos sin caer rendidos. Solo los mejores magos eran capaces de hacer muchos hechizos seguidos.

Le informó el hombre, ella ya sabía eso, Merlín había sido el primer mago en crear una varita, ni siquiera los fundadores de Hogwarts tenían. Pero entonces no entendía una cosa.

- ¿Entonces por qué ha dicho que no le gustaba?

- No me refería a ese hecho en particular, -respondió -en otras circunstancias no me preocuparía, pero tu cuerpo no ha sanado del todo y puedes acabar agotada fácilmente, parece que tras el accidente tu mente ha dejado salir capacidades que desconocías y que tenías un tanto reprimidas. por eso algo que debería resultar agotador para cualquier persona, para ti no lo es, porque tu cuerpo de alguna forma lo ha comprendido.

- ¿A qué se refería antes sanador? -Preguntó Poppy recuperada del susto.

- Me temo que este tipo de magia tiene alguna consecuencia -continuó el hombre -está más en contacto contigo, fluye con más fuerza por cada célula de tu cuerpo. Me temo que al ser así, tus heridas han sanado antes de tiempo por la influencia de la magia, pero eso no es bueno. El cuerpo de un mago es un equilibrio entre su parte mágica y muggle, y necesita de ambas para encontrarse sano, de la vitalidad que otorga la magia y de la ciencia muggle. Tu magia ha acelerado la curación, no dando el tiempo necesario a tus articulaciones y algunas han cicatrizado de mala manera, y debido al alto nivel de magia no podemos hacer nada.

- ¿Qué quiere decir eso? -Se había formado un nudo en su garganta, y los ojos le escocían ligeramente.

- Quiere decir Marlene, que tendrás secuelas toda la vida. -Suspiró el hombre -no te dolerá, pero no tendrás la misma habilidad para moverte que antes, tus articulaciones están resentidas y deberás hacer ejercicios rehabilitadores para que no se atrofien por toda tu magia. -El sanador clavó sus ojos en ella -Marlene siento decirte que no podrás volver a volar nunca más.


Hacía días que Sirius había recibido esa carta y desde entonces no había llegado ninguna otra carta, los chicos aún no sabían que había en la primera carta, pero si sabían que se trataba de algo muy serio y relacionado con su familia. Habían visto al pelinegro intentar hablar con Regulus, lo cual solo había terminado en una pelea, y el mal humor y su carácter taciturno parecían aumentar por momentos, lo cual no era bueno. En los últimos días a pesar de compartir clases y habitación con él apenas le habían visto. Esa era la tercera noche consecutiva que faltaba a su dormitorio después del toque de queda, y James a pesar de no tener el mapa había decido salir en su búsqueda con solo la capa.

Estaba andando por el pasillo que daba a la biblioteca cuando escuchó un ruido proveniente de esta, era el ruido apagado de sollozos, y James se sobresaltó, no le gustaba espiar a la gente, menos cuando estaban mal. Pero no podía escuchar a alguien llorando y dejarlo solo. Entró con el mayor sigilo que pudo, y en una de las primeras mesas distinguió una figura femenina llorando, no fue hasta que la luz de la luna que entraba por la ventana lo iluminó sacando destellos que se percató de su color rojo sangre. Lily.

Con cuidado se quitó la capa, la guardó en su bolsillo como pudo y avanzó hasta donde estaba ella, para intentar ayudarla.

- Evans -llamó suavemente.

La chica que tenía la cara enterrada en sus brazos los cuales estaban apoyados sobre la mesa formando una x, se incorporó lentamente y miró a su alrededor hasta topar con Potter. Intentó inútilmente limpiar su cara de todo rastro de llanto, pero los leves espasmos que seguían sacudiéndola y sus irritadas y enrojecidas mejillas la delataban. James sintió como se le clavaba algo en el pecho al escuchar su voz rota.

- Potter ¿qué haces aquí? -Susurro la chica.

- Estaba buscando a Sirius -respondió lo más suave posible -oí un ruido y entre, y cuando te he visto... ¿Qué ha pasado Lily?

- Potter...

- Evans dijimos que íbamos a ser amigos -le cortó el chico -los amigos se ayudan.

Una sonrisa imperceptible iluminó los labios de la pelirroja, pero aunque James no la pudo ver, si notó cómo el cuerpo de la prefecta se relajaba.

- Estaré bien... -se tomó unos segundos para continuar -solo necesitaba tiempo a solas.

- Sabes que cualquier cosa puedes hablar conmigo ¿no? -Las palabras de esa tarde de Blish acudieron nuevamente a su mente.

- Lo sé.

El chico la observó un par de segundos más en silencio, el dolor que había sentido en su pecho no se había aliviado ni un poco, los ojos verdes de Lily estaban rojos, sus mejillas tenían líneas rojas del rastro de las lágrimas al caer, sus labios estaban ligeramente hinchados de morderlos para intentar contener los sollozos y había una expresión de tristeza y dolor en sus rasgos que no desaparecía. Pero había percibido la sinceridad en sus palabras, y sabía que no debía presionarla, por ahora solo le quedaba distraerla.

- Bien pues ya que estamos -dijo el mientras se levantaba -me vas a ayudar a buscar a Sirius, es pasado el toque de queda y estás fuera de tu habitación. Si fuera prefecto te restaría puntos.

- ¿Qué te hace pensar que no te quitaré yo a ti los puntos? -Dijo ella volviendo a su ingenioso carácter.

- Que tendrías que hacer lo mismo contigo, además mis motivos son altruistas como siempre -ella resopló ligeramente divertida -vamos.

Los dos salieron al pasillo y anduvieron sin apenas hablarse en busca del merodeador que faltaba, solo sugerían sitios donde podía estar y continuaban la búsqueda cuando ésta probaba ser infructífera. Desde su castigo el trimestre pasado con el merodeador Lily se había hecho muy cercana al chico, y con sorpresa había comprobado que bajo la faceta de chico malo pasota de Black había mucho más. De hecho se sorprendía de las similitudes que ambos compartían, había cogido mucho cariño al gryffindor. Y lo consideraba un buen amigo.

- ¿Qué ha pasado con Sirius? -Se animó a preguntar al cabo de un tiempo.

- No lo sabemos -respondió James mirándola de refilón -recibió una carta el lunes y desde entonces ha estado malhumorado y raro.

- ¿Por eso ha faltado tanto a clase y se peleó con Regulus? -El azabache asintió -vaya debe ser muy grave para que se salté también las comidas.

James negó con la cabeza.

- No es solo eso -dijo suspirando resignado -su carácter ha empeorado, está volviendo a cerrarse sobre sí mismo, como en primero y justo antes del verano de quinto aunque tu no lo puedes saber porque no lo conocías... No ha dormido en el dormitorio ningún día, o al menos no ha llegado a una hora decente e incluso... -parecía que lo último que tenía que decir era lo que más le preocupaba. -Ha contestado a McGonagall, Sirius jamás le faltaría al respeto, él la adora, Minnie siempre se ha portado muy bien con él y ha intentado cuidarlo de su familia...

- Sé a lo que te refieres Potter -dijo ella tan sorprendida como él, había podido vislumbrar por todas las bromas y comentarios lo muchísimo que todos ellos adoraban a su profesora de transformaciones, en especial Potter y Black. -Entonces es mucho más que grave.

- Me temo que sí.

- ¿Crees que le ha pasado algo a alguien de su familia? -El chico la observó con sus ojos avellanas unos segundos, no había pensado en esa posibilidad pero la descartó rápidamente.

- No, sé que Sirius sigue queriendo de alguna forma extraña y retorcida a su familia -dijo él ante la inminente protesta de la chica -pero Regulus se habría ido y el periódico hubiera publicado algo si la "eminente familia Black" -pronunció estas palabras con sarcasmos -se hubiera visto involucrada en algún accidente.

- ¿Cómo pasó con la tuya? -En cuanto lo dijo Lily supo que había sido una estupidez, los ojos de James se oscurecieron ante el recuerdo.

- Exacto.

Y de repente el chico cayó en algo. no todos los ataques contra su familia habían salido. Nadie había comentado nada de su primo Tim porque no tenía tanta importancia como los dos mayores. Tim era como una especie de secreto de familia, porque sus tíos se avergonzaban de él, era como si no hubiera existido, como si fuera un traidor...

- A menos que...

- ¿Qué qué?

- Que esa persona ya no sea un Black -dijo clavando su mirada en la verde de Lily.

La parte que se había enrojecido de la pelirroja parecía resaltar.

- Andrómeda, su prima -comprendió.

- Oh no, esto es muy malo -dijo James nervioso. -Si algo le pasara a Andy, Sirius no podría... Ella es su única familia.

- Te tiene a ti.

-No es lo mismo -refutó.

Un ruido previno a ambos y un maullido hizo que se pusieran completamente alerta, James extrajo la capa y empujando a Lily contra una pared cubrió a los dos. La chica sorprendida no pudo reaccionar, pero cuando vio acercarse al conserje sus ojos se abrieron con pánico, y los hubiera delatado si no fuera porque la cálida y gran mano de James tapó la boca de ella a tiempo, evitando el grito. Asombrada vio como el conserje seguía avanzando sin detenerse ante ellos, asegurándole a su cachorro de gata que había oído un ruido. Cuando desaparecieron por la esquina James, finalmente, apartó su mano de los labios de la pelirroja y quitó la capa de encima de ambos. La prefecta, aún turbada por la sensaciones que había sentido, siguió con sus ojos el objeto y entonces notó el extraño color y el hecho de que parecía poseer una textura similar al agua.

- ¡Es una capa de invisibilidad! -Comentó obnubilada -¿ese es vuestro secreto? ¿Por eso no os pillan nunca?

- Uno de ellos -comentó el chico mientras se encogía de hombros y guardaba la capa en su bolsillo -y te agradecería que siguiera siéndolo, es un objeto muy valioso que no quiero que me confisquen hasta salir de Hogwarts.

- ¿Por qué? -Preguntó ella curiosa -quiero decir que las capas de invisibilidad pierden su poder al cabo de unos cinco años, no creo que le quede mucho.

Él sonrió divertido mientras negaba con la cabeza.

- Esta es distinta -respondió -es un legado familiar, lleva en mi familia siglos. Ha pasado de padres a hijos.

- ¿Cómo es posible? -Inquirió asombrada -entonces si es tuya no te la pueden quitar -razonó ella -quiero decir es tuya tuya, de tu familia si fuera una simple compra pues puede... pero en este caso.

- No quiero arriesgarme -dijo él simplemente -será mejor que volvamos a la torre ya hemos tenido un encontronazo y Sirius no parece estar por ninguna parte y sin el ma... -se auto interrumpió antes de seguir -no daremos con él.

Ella asintió, en silencio y con cautela los dos adolescentes volvieron a la torre de gryffindor, la señora gorda los miró curiosa y les reprendió un poco por las horas. Pero la expresión preocupada de él, y los ojos aún rojos de Lily la disuadieron de sus típicos sermones.

- ¿Qué ibas a decir antes? Cuando te has interrumpido -aclaró ante la falsa mueca de confusión del chico, él fingió no entenderla, ella bufó. -Eso de que no íbamos a encontrar a Sirius sin...

- Ya has descubierto suficientes secretos merodeadores por una noche ¿no crees "Pops"? -Le guiño el un ojo cómplice a la par que andaba hacía sus escaleras - y Evans.

Ella que se había girado frustrada ante la falta de respuesta volvió la cabeza hacía el chico con curiosidad, aunque creyendo saber lo que iba a decir dijo.

- Tranquilo Potter no le contaré a nadie lo de tu capa.

- Me alegra saberlo, pero no era eso lo que quería decirte -respondió él -sé que hace poco que somos amigos, pero si necesitas hablar con alguien puedes venir a mi.

- Lo sé -sonrió la chica agradecida, y un sentimiento desconocido se alzó entre los dos llenando la sala común.

- Aunque te recomiendo más Remus, él no hace chistes inapropiados cuando ayuda a la gente -comentó el azabache liberando la tensión extraña que se había formado entre los dos -yo puede que te este abrazando para consolarte y finja una pedorreta.

La pelirroja, muy a su pesar, rió divertida por la ocurrencia del chico.

- Eres de lo que no hay -dijo mientras negaba con la cabeza.

- Lo sé -admitió él encogiéndose de brazos -me alegro de que estés mejor.

Ella asintió, y comenzó a subir los escalones.

- "Pops" -nuevamente se giró -feliz cumpleaños.

Con esas últimas palabras él desapareció a toda prisa escaleras arriba, dejando a Lily mucho más feliz que cuando había empezado la noche.


¡Hola a todos! Como siempre siento haber tardado en actualizar, pero ya ves que he prometido volver y aquí continuo. No prometo tardar menos con el siguiente, de verdad que este mes está siendo horrible, pero sí que no lo dejaré.

Espero que vosotros estéis mucho mejor, donde sea que viváis. También espero que os guste el capítulo de hoy, admito que contiene mucha información, sobre diversos personajes y que igual es un poco confuso. Estoy deseando ver que opináis la verdad, porque hay algunas ideas que he incluído que quizá no gusten demasiado, pero bueno esta es mi historia. Y si tenéis alguna duda o lo que sea, ya sabéis preguntad!

Como siempre si veis erratas, fallos o cualquier cosa mal me podéis avisar, estaría genial.

Gracias gracias y gracias a Guille y a 322claurs por los review, me han alegrado la vida y me han hecho sonrojar un poquito la verdad. Os dedico el cap.

También gracias a los demás por pasaros y leer.

Besos,

B.