AVISO MUY IMPORTANTE: contiene contenido sensible y explícito. Aquí es cuando las cosas se empiezan a poner más serias. Si no estás preparado para leer contenido que tenga abusos sexuales y demás recomiendo encarecidamente no seguir leyendo.

CAPÍTULO DECIMOSÉPTIMO.

Existen muchos tipos de amor; sin embargo, hay 2 clases que engloban la mayoría de las relaciones humanas, íntimas o no. Muchos de vosotros estaréis pensando que este autor se ha vuelto loco al decir algo así, pero, una vez que lo explique, entenderéis de lo que estoy hablando. Entre los muchos tipos de amor que existen, algunos son puros y nacen del corazón, buscando solo lo mejor para el otro, mientras que otros son más oscuros y peligrosos, surgen del rencor y la ira, y buscan solo fines personales, contaminando todo como aguas infestadas de bacterias.

El amor más frecuente en la adolescencia es el denominado 'eros', nombrado así por el dios griego del amor, hijo de Afrodita y Ares. Se trata de un amor romántico y pasional, propio de la juventud, que habla de intensidad y atracción. Tiende a ser efímero, pero lo inunda todo. Una versión más madura de 'eros' es el conocido como 'ludus', un amor que busca la aventura y la diversión, donde la parte de la atracción pasa a un segundo plano, sin dejar de ser del todo otro lado, dos versiones más profundas del amor puro y verdadero son 'storge' y 'ágape'. 'Storge' (del griego) es el amor que nace de la amistad y la lealtad. Es un amor comprometido que busca una relación duradera para vivir el resto de tus días. Asimismo, 'ágape' es un amor desinteresado que se basa en el bienestar del otro. No existen celos ni se busca reciprocidad; surge de una combinación de un deseo romántico y amistad, basándose en la lealtad.

Dentro de los amores más oscuros que mencionamos anteriormente, encontramos el peor de todos: 'manía'. Es un amor maniático que surge del comportamiento obsesivo-compulsivo y, a veces, se confunde con la pasión. Es muy propio de personas que tienen baja autoestima y ven a la persona objeto de sus deseos como alguien superior e inalcanzable. Por otra parte, 'pragma' es un amor pragmático, realista y práctico. No se basa en los sentimientos, sino que busca intereses en común, gustos similares o pertenencia a la misma clase social; en este tipo de amor no hay una conexión emocional, solo mejora o refuerza una posición buena para los implicados. Finalmente, 'agamia' es un amor dominador, en el que una persona se encuentra bajo el yugo de la otra. Aquí ya no existe una reciprocidad de sentimientos, sino una adoración unilateral y la esclavitud de la segunda parte. Es un amor que desprecia los derechos y sentimientos humanos.

Estimado lector, quizá te estés preguntando por qué es importante todo esto, pero entenderás su relevancia en este capítulo.


Manía

El segundo lunes del mes, las chicas del sexto dormitorio de la torre de gryffindor se despertaron como cualquier otro día lo harían, y siguieron la misma rutina de siempre. El ambiente en el cuarto no había mejorado en las últimas semanas y cada vez parecía enegrecerse más, ese lunes, no fue la excepción a la regla. Cuando Lily se despertó, la cama de Emmeline estaba vacía, como era usual, mientras que el resto seguían teniendo las cortinas echadas, signo inequívoco de que estaban dormidas. Así que ninguna pudo recordarle a la prefecta la fecha exacta del día, o si existía algún evento especial en relación al mismo. Ya que para todas ellas era otro lunes más.

Por eso, no fue hasta que Lily entró en el gran comedor y se acercó a la mesa de Ravenclaw, que se fijó en el ambiente festivo, adolescente, febril que había en el aire. Fue entonces, cuando se dio cuenta del día que era, y no pudo evitar sorprenderse. Risas y cuchicheos se oían por todo el salón, como llevaba sin ocurrir prácticamente todo el curso, daba la sensación que todas las chicas de Hogwarts se habían esforzado más que nunca en los hechizos de belleza y en que el uniforme les sentará bien.

- ¡Feliz día de los enamorados! -El tono de Marlene desprendía puro sarcasmo y repulsión. -Parece que tu compañera de cuarto ha recibido unas pocas cosas -comentó el águila señalando hacía la mesa de gryffindor, con una sonrisa sarcástica contenida en sus labios rosados.

Emmeline Toddler, la única chica que no se encontraba en el dormitorio cuando Lily despertó aquella mañana, estaba sentada en la mesa de los leones. Completamente sola, mientras bebía su batido verde y leía una de esas revistas de lo que Lily denominaba "yoga mágico", pero rodeada de cosas de estridentes tonos rojos y rosas. La pelirroja no comprendió cómo no había sido lo primero que vio nada más entrar en el gran comedor, pues esa montaña captaba inmediatamente la atención de todos los que miraban en su dirección. La atención de todos menos la de Toddler, o eso parecía. Por lo que Lily podía distinguir desde ahí, había postales, cartas, chocolates, peluches, cosas de estética y mucho más...

- Nada más entrar por la puerta una horda se le ha abalanzado encima -siguió comentando Marlene mirando a la volga con una mirada indescifrable para su pelirroja amiga, aunque su tono casi parecía divertido -incluso chicas, nunca había visto algo así. Ni siquiera Mary atrae semejante masa.

Lily no respondió, generalmente hubiera intercedido en favor de su amiga, no habría dejado que nadie comparara a Mary Macdonald con Emmeline Toddler, sin embargo todo lo que había pasado últimamente le había dejado sin fuerzas. Así que simplemente siguió mirando hacía Toddler, hasta que se cansó y bajó su verde mirada para posarla en las gachas que se había servido, no la levantó hasta un rato más tarde cuando cayó en algo.

- ¿Dónde esta Dora, Lene? -Preguntó Evans, la rubia por toda respuesta se encogió de hombros -me gustaría poder felicitarla antes de las clases.

- Creo que se ha ido a desayunar con Dorcas, para celebrar su mayoría de edad.

Tras esa frase Lily volvió a bajar la mirada y la única otra vez que levantó los ojos del plato en todo el desayuno, fue cuando Edward Turpin se marchó de la mesa de las águilas y se despidió de ella muy sonriente.

Cincuenta minutos antes de que las clases empezasen Lily se levantó de la mesa de Ravenclaw, se despidió de Marlene y se dirigió a la torre de gryffindor para lavarse los dientes, a pesar de no haber comido nada, y a recoger sus cosas para clase. Por el camino la pelirroja se cruzó con Blish, quién había desayunado sola y volvía a la torre a hacer lo mismo que ella, pero como la situación entre las dos estaba peor que nunca, ninguna de ellas habló o reconoció la presencia de la otra.

...

Elea Lynch se despertó cuando escuchó una puerta cerrarse. Sin embargo, la adolescente decidió quedarse en la cama un tiempo más, al menos hasta que fuera imperativo moverse. Pero para desgracia de la regordeta bruja, esta empezó a sentir un picor inusual en nariz y como los ojos le ardían.

Elea no entendía qué pasaba, nunca había tenido alergia a las mascotas de sus compañeras, y no creía haber contraído un resfriado. Contra todo instinto humano, Lynch se forzó a guardar el siguiente estornudo, por miedo a despertar a sus compañeras, y rápidamente se deshizo de sus sábanas, estaba corriendo las cortinas de su cama con intención de acercarse al baño lo más deprisa posible, para poder lavarse la cara y eliminar el picor de la nariz, cuando otro estornudo la obligó a parar en mitad del acto.

- ¡Achoo!

Elea esperó expectante la reacción irritada de alguna de las otras gryffindor, pero esta no llegó. Y la adolescente se descubrió a sí misma abriendo del todo las cortinas de su cama con cuidado, procurando hacer el menor ruido posible. Antes de poder estornudar por tercera vez, fue capaz de distinguir más rojo de lo usual. Pero no le dio tiempo a ver nada claramente, pues sus ojos estaban húmedos y un nuevo estornudo la forzó a cerrarlos cuando este llegó.

Mientras Elea luchaba por contener la cascada de estornudos que habían seguido al tercero, escuchó como la puerta del cuarto se abría, y aunque no podía ver de quien se trataba, si supo identificar a las personas por el sonido. El grito ahogado de sorpresa de la recién llegada se lo facilitó. Pero antes de poder preguntar qué era lo que le había sorprendido tanto, una nueva oleada de estornudos llegó a ella.

- ¡Toddler muévete! Puede que a ti no te interese, pero el resto no queremos llegar tarde a clase -la voz fuerte y demandante de Angelina llegó desde la puerta a los oídos de Elea, quien con sus ojos aún cerrados y llorosos, pudo distinguir unos movimientos desde la puerta y luego ruido de pasos, seguidos de dos gritos de sorpresa - ¡¿Qué cojo...?!

- ¡Angelina! -Cortó la voz de Lily Evans.

Fue entonces, por fin, cuando Elea pudo abrir los ojos a pesar del continuo picor y los molestos estornudos, el asombro de alguna forma entumeció todos sus sentidos durante unos segundos.

- ¿Qué eeh... achoo es esto? -Dijo mientras se incorporaba de su cama, en la que se había visto obligada a sentarse por los estornudos, teniendo cuidado donde pisaba. -¡Achoo!

- Deja ya de estornudar -refunfuño Blish por toda respuesta.

Lily le dio ligeramente con el codo a su compañera, para que se callara, los ojos verdes esmeralda de la prefecta aún estaban abiertos por la sorpresa, mientras una mueca de disgusto, seguramente dirigida a Blish por su forma de hablar, se había quedado dibujada en su cara. Simultáneamente y a pesar de su enfado y aparente frustración, la mandíbula de la cazadora se había descolgado ligeramente. No era para menos, la visión del color rojo sangre invadiendo y nublando todos sus sentidos era un espectáculo.

Cientos de rosas rojas invadiendo cada espacio libre de la habitación era una imagen sobrecogedora.

- ¿Quién podría...? -Empezó a hablar la pelirroja, cuando la realidad le golpeó nuevamente como había ocurrido en el Gran Comedor esa mañana, "San Valentín" -claro el día de los enamorados -murmuró por lo bajo mientras cruzaba los brazos.

Entonces, prácticamente a la vez la puerta del cuarto de baño se abrió y la cortina de la cama de Mary se fue descorriendo, finalmente mostrando a los dos miembros restantes del cuarto quienes se quedaron paralizadas en sus lugares con una mirada de estupefacción idéntica a la de todas las demás.

- Cuando yo me he metido en la ducha no había nada -dijo la trigueña con un hilo de voz aún sorprendida. -Pero supongo que será uno de los muchos admiradores de Toddler, que ha decidido ahogarnos con su amor... -comentó sarcásticamente Heather, mientras intentaba buscar un camino para salir del baño, desde que se había enterado de lo de Edward su relación con la volga había vuelto a ser horrible.

- Oh quizá ha sido tu dulce, dulce novio querida -devolvió el golpe la rubia.

Todas guardaron silencio ante el corte, hasta que un nuevo estornudo de Elea las sacó de la guerra de miradas en la que se habían sumergido. Mary seguía profundamente sorprendida con sus grandes ojos marrones bien abiertos y fijos en los cientos de rosas que decoraban la habitación, sin embargo se podían ver rastros de sueño en ella. Su pelo largo, castaño y ondulado estaba recogido en dos trenzas con las que solía dormir, y algunos mechones se escapaban de ellas cayendo sobre su cara y enmarcando su rostro, su pijama, un camisón claro estaba arrugado y mal colocado, uno de sus tirantes caía de su hombro sobre su brazo. Lo que demostraba los continuos movimientos nocturnos de la chica.

Fue en ese momento y con esa apariencia, cuando por fin reaccionó, dejando escapar un grito ahogado. Entonces, todas sus compañeras llegaron a una realización simultánea. Parecía que por primera vez desde la visión de las flores la aparición de estas cobraban sentido, cinco pares de ojos se fijaron en la castaña y a pesar de su enfado, Lily y Heather compartieron una sonrisa, si no se equivocaban por fin un chico trataba a Mary como se merecía. Pero duró unos segundos, después la tensión que acechaba desde hacía días se hizo evidente entre las dos otra vez, la prefecta fue la primera en ceder y apartar los ojos. Dejando paso a la castaña, reconociendo el hecho de que era la mejor amiga de la hija de muggles.

Heather, a quién parecía que los instintos animales le habían aflorado al oír gritar a su mejor amiga aunque fuera de simple sorpresa, había conseguido abrirse paso por todo el camino de rosas rápidamente. Alcanzó a la hija de muggles y sin delicadeza alguna, sacudió a su mejor amiga con fuerza. Mary entonces despegó la mirada de las rosas y la posó sobre Heather, dejando escapar un gruñido de sus labios, dando a entender que le prestaba atención.

- ¿Qué?

- Mer, ¿sabes de quién es esto? -Dijo Heather, coreada por varios estornudos de Elea.

La castaña abrió sus grandes ojos marrones nuevamente y miró con confusión a su alrededor, pasando por todas sus compañeras dejándolos fijos en Lynch que estaba doblada sobre sí misma por los estornudos.

- ¿Qué...? ¿Quién...? -Intentó articular.

- Prueba eso durante varios minutos más y serás como nosotras -cortó Blish de mal humor, para añadir sarcásticamente -"feliz día de los enamorados."

La comprensión inundó los ojos marrones de la hija de muggles.

- Bien ¿de quién es el novio maleducado que ha inundado nuestro cuarto?

- Eres la única con novio Mcdonald -contestó Toddler.

- Cierto -respondió Mary tras un segundo sabiendo que Toddler tenía razón, y que era el tipo de cosa de las que Cedric era capaz. -Bueno, no asumamos nada, busquemos una tarjeta, podrían ser de cualquiera en verdad -añadió, no creyendo del todo esto. Pero tampoco quería asumir que su novio había hecho algo así, porque francamente por mucho que la conmoviera también le había producido ganas de matarlo.

- Quizá es de un admirador secreto -dijo Elea mientras sujetaba un pañuelo contra su nariz roja y los ojos le brillaban debido a las lágrimas causadas por los estornudos y la excitación, Lynch tenía mucha alergia a las flores.

- De ser así probablemente sean de Potter -replicó Blish.

Los ojos de Elea brillaron con mayor intensidad, de ser posible.

- ¿Por qué dices eso? -Preguntó con un grito excitado.

- Porque Evans está aquí -respondió Heather malhumorada, provocando el sonrojo de la pelirroja, y lo que es peor una punzada de dolor en su pecho al escuchar como escupía su apellido.

- Oh... claro -se decepcionó Elea.

- No, eso ya no es así... -intentó defenderse la prefecta.

- Vamos a buscar esa tarjeta -replicaron las tres ex amigas a coro queriendo acabar con la situación antes de que empezara. Las tres compartieron una mirada tensa entre ellas ante su respuesta. Sorprendentemente la primera en apartar los ojos fue Blish.

-Si, nadie quiere llegar tarde a clase -añadió Toddler con sarcasmo hacía la cazadora.

Quién ignoró a la volga y desapareció bajo el mar de rosas, siendo seguida en pocos segundos por el resto.


Pragma

Regulus bebió su té con un gesto arisco en la cara, no es que estuviera amargo simplemente odiaba el día de los enamorados, nunca había sido fan, en su casa no se celebraba. Los Black no tenían tiempo para tales banalidades y estupideces. De hecho el adolescente no había oído hablar de ello, hasta que llegó a Hogwarts.

Las exclamaciones excitadas de sus compañeros, en especial los de alrededor, no mejoraban su humor, solo provocaban que su irritación aumentara. Una mirada de soslayo a todo el gran comedor hizo que el gesto de asco en la cara de Regulus se enfatizara, claro que el pequeño de los Black podría aprovechar ese día para acabar con alguna urgencia, como hacían la mayoría de sus compañeros. Pero ¿qué clase de Black sería él, si cediera a sus impulsos primarios?, uno que acaba desheredado como su hermano y su prima esa era la respuesta, y él no sería jamás esa clase de Black.

La risa divertida de Snape le sacó de sus pensamientos, no es que fuera estridente como la de muchos adolescentes, pero la escucha tan poco que cuando la oía no podía evitar distraerse. El mestizo apenas acostumbraba a reír, y cuando lo hacía era más un resoplido grave que el sonido vibrante y vivaracho de una carcajada. El pequeño de los Black clavó sus ojos gris oscuros en el alumno de sexto sentado a su lado, con frialdad.

- Black los dos sabemos que odias este día -respondió Snape a su pregunta muda. -Pero deberías empezar a controlar tus caras o pronto te confundiran con el inepto de tu hermano.

- Eso no pasará jamás -replicó Regulus con frialdad, para añadir -y no te olvides que el puede ser una deshonra, pero sigue llevando sangre Black. No hay nada inepto en él.

Regulus había hecho un verdadero esfuerzo para no saltar sobre Snape. Sabía que el chico, a diferencia de muchos de sus compañeros slytherins, no se lo decía para abochornarlo o con maldad. Si no que Snape sentía una verdadera acérrima aversión por su hermano mayor, y que incluso Snape lo consideraba a él, Regulus, un amigo. Sin embargo, Regulus jamás permetiría que nadie se metiera con un Black, ni siquiera si ese Black era su hermano mayor.

- No os pareceis en nada -contestó Snape lúgubremente -no te preocupes Regulus.

Finalmente el pequeño de los Black apartó sus ojos grises de Snape, el mestizo apretaba el puño fuertemente alrededor de la cuchara de sus gachas y miraba asesinamente hacía la mesa de gryffindor. Incluso de esa distancia se podía distinguir las voces de esos cuatro sobresaliendo entre el resto, creando escándalo sin importarles lo que pudiera ocurrir.

- De todas formas, -replicó Black -no entiendo que tienen que ver mis gestos con mi hermano.

- Tu hermano siempre tiene cara de asco -explicó el chico de sexto.

Regulus no creía que eso fuera cierto, más de una vez había sido testigo de las caras de asco de su hermano mayor, pero en contadas ocasiones había sido receptor de ellas, y de hecho en estos momentos el adolescente, ajeno a los dos slytherins, era todo sonrisas y risas al otro lado en la mesa de los leones. Sin embargo, Black no discutió con Snape, sabía el tipo de relación que los dos chicos tenían y no creía que 'Snivellus' hubiera recibido alguna vez un gesto amable por parte de Sirius. Regulus dejó de mirar a los merodeadores y volvió a fijar sus ojos en sus compañeros, hasta que estos se desviaron a un lado de la mesa verde, donde Celine Cosmello y Bartemius Crouch desayunaban juntos. Ambos, ignoraban el exceso de atención que la joven recibía ese día de sus compañeros desesperados por sentirse deseados en al menos el 14 de febrero.

Unos meses atrás, Regulus por primera vez había fijado su atención en la chica, no porque se sintiera de alguna forma atraído por ella, sino porque le causaba fascinación. Admitía que se trataba de una chica guapa, probablemente era de las más hermosas del colegio, Regulus era capaz de reconocer la belleza donde la había, pero jamás se había sentido deseo alguno hacia ella. Lo mismo le pasaba con Evans, el pequeño de los Black comprendía la fascinación que provocaba la sangre sucia en su amigo y en Potter, pero eso no significaba que la fuera a compartir.

Sin embargo, la situación era distinta con Celine Cosmello.

Aunque al principio había visto a su compañera de casa como un misterio, esta idea había pasado a segundo plano cuando se percató de las compañías que había empezado a frecuentar la italiana. La chica nunca se juntaba con nadie a menos que fuera Bartemius Crouch y últimamente Marlene Mckinnon. Ambos de familias reconocidas como sangrepuras, con una larga dinastía pero ninguna de esas familias, había sido jamás asociada con la pureza de sangre o con las artes oscuras. Ambas familias solían mantener una postura muy neutra, pero últimamente parecía que empezaban a inclinarse hacía el lado de Dumbledore. El padre de Bartemius Crouch, Bartemius Crouch Senior había adquirido hacía poco una postura de poder en el Ministerio de Magia, convirtiéndose en uno de los altos cargos de justicia del Ministerio y del Wizengamot. Mientras que la familia Mckinnon había declarado públicamente su apoyo a la familia Potter tras el ataque sufrido, esto no había sido nada sorprendente ya que las matriarcas de ambas casas eran familia, además de que los padres de Marlene habían ido retirándose lentamente de los eventos de la alta socied mágica hacia el exilio.

Sin embargo, nada de todo eso le interesaba al joven slytherin.

Regulus comenzó a fijarse en la chica cuando se dio cuenta de que esta comenzaba a pasar mucho tiempo con Marlene. El moreno no sabía de que se podían conocer esas dos, pues no coincidían en año o en casa, sin embargo en más de una ocasión se había encontrado a las chicas juntas y aunque no lo fuera admitir nunca en voz alta, esto le preocupó. Mckinnon ya había sufrido bastante ese año y a pesar de no haber sido el responsable, una remota parte dentro de él se sentía culpable, el adolescente solo se repetía que velaba por el bienestar de una sangre pura, pero sabía que no era solo eso. Sin embargo, eso le hacía ser capaz de reconocer a aquellos a quienes les pasaba lo mismo, y por eso sabía que, no importaba cuánto se esforzaran, ninguno de sus compañeros slytherin conseguiría jamás llamar la atención de la exótica extranjera. Justo cuando esa idea corría por su mente, y una sonrisa humorística se dibujaba en sus atractivas facciones, los ojos gatunos de la mediterránea chocaron con los fríos grises del inglés.

La chica no apartó sus ojos pardos, en su lugar le sostuvo la mirada firmemente. Al cabo de unos pocos segundos de mutuo análisis, una sonrisa cortés se dibujó en los gruesos labios de ella a modo de reconocimiento y saludo elevando ligeramente en su dirección la taza de té que sujetaba en su delicada mano derecha. Y fue así como Regulus supo, que aunque había descubierto uno de los misterios que envolvía a la deseada serpiente del sur de Europa. También supo que ella tenía una de las llaves que se esforzaban en quebrantar los muros que el pequeño de los Black se había empeñado en formar a su alrededor y hacían tambalear las ideas que Madre le había enseñado desde que era un infante. Por una vez, Regulus decidió actuar en contra de lo que le habían enseñado "un Black jamás reconoce a otros que le sean inferior, aunque todos son inferiores a nosotros", y por toda respuesta levantó la taza en dirección a la chica, devolviéndole el saludo cortés.

Quizá sería mejor no haberlo hecho, pero en ese momento le dio igual. Celine Cosmello representaba prácticamente todo lo que su madre hubiera deseado para el, era sangrepura, de familia rica, guapa, inteligente y slytherin, el único defecto que podía tener la chica es que no era inglesa, sin embargo Regulus no estaba interesado en ella. Ni en la italiana, ni en ninguna otra que pudiera ocurrírsele a su madre, aunque el adolescente sabía que algún día le tocaría apechugar y casarse con la mujer que eligieran sus padres, el apellido Black debía preservarse, y Sirius ya no era un candidato apto para ello. Cuando el día llegara Regulus se resignaría y sería práctico, mientras tanto el slytherin reconocería a sus rivales sí quería.


Ágape

Adam Robins odiaba San Valentín, no era un hecho conocido, ni nada oficial como con sus compañeros de cuarto y su famosa alcohololimpiada anti-San Valetín, pero lo odiaba. Aunque este año el día de los ensmorsdos le gustaba un poquito más.

Desde que era amigo de Heather la chica siempre había tenido pareja para esa fecha. En más de una ocasión la trigueña lle había ofrecido ir con ella y Turpin, pero Adam siempre había rechazado la invitación, no le apetecía ser la tercera rueda de una relación que no le gustaba. No es que Turpin tuviera nada de malo, simplemente el chaval había tenido la suerte de conocer a Heather antes y eso hacía que al guardian Edward Turpin no le gustara. Además Robins estaba convencido de que el águila conocía sus sentimientos por la chica y eso no era agradable para ninguno de los dos.

Por eso, por un año Adam se permitió que le gustase un poco San Valentín, ya que esperaba que fuera distinto para él.

Pero por desgracia para el adolescente todo fue de mal en peor desde el momento en que se despertó, ese día se decidió a desayunar en la mesa de los tejones, ya que estaba extremadamente nervioso y necesitaba que sus amigos le ayudaran, si por lo menos Frank o Benjy estuvieran ahí... podrían darle slgún consejo, pero los dos se habían tenido que graduar el año pasado. Y ahora no le quedaba más remedio que hablar con los dos tejones en el desayuno, delante de todo el gran comedor. El castaño claro se puso rápidamente el uniforme y bajo lo más aprisa que le fue posible al gran comedor.

Este estaba prácticamente vacío, con algunas excepciones, pudo distinguir a Marlene sentada en su mesa mirando distraídamente sin mirar a ningún sitio en particular, había un par más de alumnos de ravenclaw, entre ellos Edward Turpin, quien le miró directo a los ojos durante unos minutos antes de asentir en su dirección. También vio que en la mesa de slytherin había tan solo unos pocos alumnos de los cursos superiores, y finalmente se fijó en la mesa de los tejones. Donde únicamente distinguió a Foreman de todo el grupo de sexto.

- ¡Hola Adam! -Saludo la chica alegremente mientras él se sentaba, a pesar de sus nervios Robins fue capaz de responder y entablar una conversación con la simpática tejón hasta que llegaron sus amigos.

Un rato más tarde el joven estaba esperando en la fila de clase mientras hablaba con uno de los ravenclaw cuando Mary llegó corriendo a donde estaba y literalmente le arrastró a un lado para hablar con él de forma apresurada y cauta.

- Adam escucha -demandó, el chico la miró sorprendido ante el tono de su compañera de casa -no sé si tendrás algo pensado para esta tarde, pero ¡no lo hagas!

- No sé de qué...

- Corta el rollo -le interrumpió ella -te conozco desde hace años, y Heather es mi mejor amiga desde primero, os he visto juntos, he visto cómo la miras... Sé que te gusta y mucho, y créeme entiendo que esta es la mejor oportunidad que has tenido en años, pero no puedes.

- Yo... -intentó una vez más volver a negar todo.

- Es Turpin -volvió a cortarle ella impaciente, ante la falta de comprensión de su compañero león, elevando un poco la voz y haciendo que varios ravenclaw se girasen hacía ella. La chica sonrió en dirección a los cotillas y volvió a susurrar -ha hecho algo... -la castaña parecía entre enfurecida y enternecida -algo estupido y sorprendente. Así que en vez de tener mi cita a solas hoy con mi novio, saldremos con Heather -lo último lo añadió entre dientes como si le mortificara tener que hacer eso a Cedric.-Venid los dos, -le dijo a él, y pareció meditar unos segundos antes de añadir -ah y traed a ese que siempre está con vosotros, así parecerá más una quedada en grupo que algo organizado para apartar a su ex de su mente.

Adam siguió a Mary con la mirada mientras se alejaba de la puerta del aula y se marchaba por donde había venido en vez de ir a clase, el guardián siguió con detenimiento, confusión y frustración a McdDonald. Reprimiendo una arcada del más puro dolor emocional, Adam retiró sus ojos y estos se toparon con los de Donna quién le sonrió con compasión y un brillo extraño en los ojos, desde el marco de la puerta.

Si, definitivamente Adam volvía a odiar San Valentín con todas sus fuerzas.


Los merodeadores odiaban con todas sus fuerzas el día de San valentín, sin embargo ese año era distinto, normalmente celebran el día de los enamorados de la forma más vulgar que se les ocurría, que por lo general consistía en juegos de beber en su habitación de la torre, comiendo los chocolates que alguien les había enviado y realizando competiciones estúpidas mientras escuchaban música muggle que Remus les había enseñado, pero ese año fue distinto. Por primera vez uno de ellos tenía pareja formal por San Valetín, y como el joven había dicho "le tocaba celebrarlo con su novia", convirtiendo el cuarteto en un trio y haciendo imposible que la mitad de las olimpiadas merodeadoras pudieran llevarse a cabo por la falta de un participante. Las clases del día ya habían terminado y los merodeadores habían vuelto a su habitación para ocuparse de tradiciones antiguas.

- Peter es un traidor -comentó Sirius frustrado mientras miraba la disposición del alcohol y dulces que habían hecho Remus y James en medio del cuarto -mira que abandonarnos por una tía... ¿Qué tiene ella que no tengamos nosotros?

- ¿En serio quieres que te conteste a eso Sirius? -Preguntó Remus divertido, James soltó una carcajada ante la respuesta del prefecto y el pelinegro le mandó una mirada de admiración.

- ¿Acaso tu lo sabes?

- Canuto, hay pocas cosas que yo no sepa -replicó Remus.

- Si pero eres tan mojigato que me sorprende.

- Canuto, Lunático no es mojigato -le cortó James -simplemente es reprimido.

- No -interrumpió el prefecto -tengo control, algo de lo que vosotros dos carecéis. Pero sí, se perfectamente lo que hay debajo de la túnica de una chica.

- Vaya Lunático no me esperaba eso de ti... -Sirius se quedó callado unos segundos para añadir después -bien jugado.

Los tres volvieron a reírse de toda la situación.

- Bueno que -habló James -¿vamos a jugar o no? -Los otros dos sonrieron y asintieron.

- Antes tenemos que tomarnos el antídoto para la armonteita -recordó Remus.

- Cierto, imaginaos que acabamos como el traidor -dijo Sirius con un escalofrío.

- Venga Canuto no seas malo, Peter solo nos ha dejado un día, no es como si pasara constantemente de nosotros -defendió James a su amigo.

- Si Cornamente tiene razón -apoyó Remus -es un milagro que uno de nosotros tenga novia, asi que dejemos a Peter en paz y que disfrute. Mientras tanto ¿dónde está ese antídoto Potter? Espero que lo hayas hecho, porque no me apetece tener que entrar a robar en los armarios privados de Slughorn hoy.

- Que poco confías en mi Lunático -James se acercó a su baúl, lo abrió y tras extraer el falso fondo saco un par de botecitos lanzo uno a cada uno de sus amigos, y el mismo se bebió de un trago el suyo. -Perfecto, como siempre -dijo tras beberselo.

- Nunca entenderé por qué siendo tan bueno en pociones te empeñas en sacar solo supera las expectativas -exclamó el prefecto sorprendido -eres mejor que cualquier alumno, podrías ser incluso mejor que Slughorn, pero no te da la gana.

- Lunático si quieres confesarme tu amor alabando mi talento para pociones no es la forma -bromeó el azabache.

- Lo digo en serio es un desperdicio -exclamó el adolescente -con lo mal que se me da a mil pociones, daría lo que fuera por tener tu habilidad. -James se movió incómodo en su sitio, pociones era un tema delicado para el, y sus amigos lo sabían.

- Bueno vamos a jugar o ¿no? -Interrumpió Black -ya se está haciendo tarde y quiero alcohol y chocolate.

- Aunque habrá que cambiar las normas -observó Remus -la mitad de los juegos son por pareja.

- Nah Lunático no te preocupes, eso ya está decidido -comentó Sirius, recibiendo levantamiento de cejas por parte de sus dos amigos. -James y yo contra ti, no es justo que tu vayas acompañado ya que tienes la ventaja de tu ppp.

- Bueno ventaja... -intentó refutar Remus indignado.

- Ya ahí tienes razón Lunático -estuvo de acuerdo James -es una putada lo de no poder embriagarte.

- No lo decía por eso James -refunfuño el prefecto. -Me parece que lo más justo es sortear a quién le toca hacer los juegos solos en cada competición.

- Mmm... no es mala -estuvo de acuerdo el azabache acallando las múltiples razones que estaba enumerando Sirius porque el ppp resulta extremadamente ventajoso -y podemos usar magia para compensar alguno de los juegos aunque no todos.

Los dos chicos se pusieron manos a trabajar en las modificaciones de los juegos mientras Black se resignaba a ser ignorado.


Ludus

Heather cerró los ojos mientras intentaba concentrarse en la conversación de su alrededor. Pero cada vez que lo hacía la visión de un mar perfumado y rojo inundando su cuarto llegaba a su memoria, obnubilado aún más sus sentidos. La mañana había comenzado de manera rutinaria o al menos esa rutina tan desagradable de las últimas semanas, hasta que todo después de su ducha se volvió caos. Y desde ese momento parecía que todo lo que hacía solo provocaba mareos en ella.

En un principio, cuando encontraron la tarjeta, Heather intentó aparentar que todo estaba bien, y francamente había que darle el crédito que se merecía, pues había llevado a cabo una actuación muy creíble. Pero y a pesar de que con esa aparente actuación se había querido autoengañar, no lo había conseguido. Edward Turpin había sido su primer novio, formal o no formal, el ravenclaw había sido su primer amor, su primer beso, la primera vez que le dijo te quiero a un chico que no formaba parte de su familia, su primera vez y la primera persona que le había partido el corazón.

Si tenía que ser completamente sincera consigo misma, sabía que ya hacía un tiempo antes de su ruptura que sus sentimientos por Edward habían cambiado, igual que los de él por ella. Sin embargo, se trata de ese amor dependiente y adictivo adolescente el cual te niegas a dejar ir, y el que en opinión de Heather, de alguna forma permanece contigo para siempre.

La risa musical y estudiada de Mary inundó el aire de su alrededor, rompiendo la burbuja mental en la que se encontraba Heather y de alguna forma, induciendo nuevamente aire en los pulmones de la castaña. Los cuales parecían perder el 90% de funcionalidad con los recuerdos matutinos, esto, provocaba un nudo en su garganta, y Heather estaba bastante segura que solo se desharía con bocanadas de aire, las cuales no quería dejar entrar porque sabía que solo aflojarían la sensación de ardor de su pecho e incrementarían el picor en sus ojos. Sin embargo, Heather, tan testaruda como siempre, esperaba evitar a toda costa dejar caer esas lágrimas que tanto se estaba esforzando por retener. Con esa nueva inhalación de o2 y la sensación de oxígeno recorriendo su cuerpo, sus oídos parecieron volver a funcionar correctamente, permitiendo escuchar el barullo de "Las Tres Escobas".

Hacía pocas semanas que habían tenido una salida a Hogsmeade, sin embargo, el director había concedido otra segunda salida a sus alumnos con la excusa de celebrar el día de los enamorados. El bar del pueblo se encontraba al abarrote, lleno de estudiantes que desbordaban alegría y hormonas.

- ¿Tu qué opinas Heather? -Inquirió la hija de muggles, distrayendo nuevamente a Heather de sus pensamientos.

- ¿Perdón? -Contestó confundida, mientras miraba inquisitivamente alrededor con sus ojos verdes.

- Lo que os decía -comentó Mary confiadamente a sus acompañantes, -esas flores han provocado estragos en su cerebro completamente funcional. -Las risas de los otros tres causaron rubor en la mestiza.

- No es cierto yo... -intentó defenderse.

- Tranquila Heather, a mi también me afectaría saber que mi ex es en realidad una fan loca -dijo Adam guiñando un ojo a su amiga con complicidad.

- ¿Ah si, y me puedes decir qué ex Robins? -Le siguió la broma Mary, causando más risas entre los presentes. El guardián se llevó una mano al pecho fingiendo un gesto de dolor, aumentando la diversión en el pequeño grupo de cinco. Heather se forzó a sonreír siendo consciente del esfuerzo que estaban haciendo sus amigos por hacerla sentir mejor.

Las dos leonas se habían encontrado "casualmente" con los dos tejones y su compañero gryffindor en la taberna del pueblo. O al menos, eso pretendía Mary que creyera Heather, el problema es que su mejor amiga podía ser muy buena mintiendo a todo el mundo menos a ella. Jorkins sabía que la hija de muggles tenía planes ese día con Cedric, pero los había cambiado para estar con ella y aún así había sido capaz de orquestar todo para poder ver a su novio.

- Mary no seas mala -le regaño Cedric mientras le daba un corto beso en la mejilla. A la par que Mary esbozaba su mejor sonrisa de inocente.

Heather se quedó mirando a su mejor amiga y no pudo evitar sorprenderse. Mary y ella se hicieron amigas la primera noche que entraron en Hogwarts, las dos habían acabado sentadas juntas en la cena de la ceremonia y pronto conectaron. Sin embargo, con el paso de los años, a pesar del cariño y amor mutuo, Heather se dio cuenta que eran muy distintas.

Mary se preocupaba por su aspecto, su vida social, los chicos con los que salía, estar al corriente de las últimas novedades ya fuera ropa, maquillaje, música y similares pero nunca de política, la hija de muggles no sabía que iba a hacer al terminar Hogwarts, odiaba hacer deporte y no es sorprendente el hecho de que le volvían loca los cotilleos, tanto muggles como mágicos. Mientras que Heather era mucho más sencilla, tal vez se debía a que era la única chica en una casa rodeada de hermanos o puede que simplemente así había nacido, pero encontraba en el deporte una forma de desahogarse, tenía claro su futuro desde pequeña, y le gustaba considerarse distinta de los demás con su gusto retro y artistas desconocidos. Aunque no negaba que siempre se había preocupado de su aspecto y nunca rechazaba un buen cotilleo.

Pero ahora que Heather miraba a Mary y pensaba en todo esto, se percató que la castaña había cambiado mucho. Mary seguía sonriendo y, en apariencia, interesándose por las mismas cosas, pero ya no le preocupaban tanto las apariencias, al menos no sociales, su físico era algo que jamás descuidaba. Aunque no se esforzaba por sacar extraordinarios, no había bajado del aceptable en todo el año, y parecía haber cambiado sus revistas rosas por periódicos informativos. De alguna forma la chica vital, alegre, despreocupada, vivaracha que siempre había sido Mary, había sido parcialmente ocultada por una más silenciosa y menos vistosa. Y en cierta forma Cedric era el perfecto ejemplo de ello.

Mary había empezado el curso con citas, encuentros casuales y diversiones ocasionales, pero había sustituido todo esto por un chico verdaderamente bueno. Que si bien, no dejaba de entrar en los parámetros de belleza desmesurada de Mary, Cedric jamás hubiera cumplido el resto de criterios de la hija de muggles. Y a pesar de todo, ahí estaban los dos, sentados el uno al lado del otro, manteniendo conversaciones amenas y tranquilas junto a sus amigos en San Valentín, y ambos parecían verdaderamente felices, incluso Heather podría atreverse a decir que estaban enamorados.

Y una súbita tristeza invadió a Heather ante este hecho, ¿Edward y ella alguna vez parecieron tan felices como Mary y Cedric?


Regulus estaba sentado en una de las butacas de la sala común, leyendo un libro distraídamente mientras esperaba a sus compañeros.

El pelinegro por una vez, deseo ser un adolescente normal, no había ido a Hogsmeades a diferencia de los demás estudiantes, porque tenía cosas "más importantes" que hacer que disfrutar de su adolescencia y pasarlo bien. El y unos pocos slytherins se habían quedado atrás, pues había llegado el día en que dos de ellos tenían la intención de demostrar su lealtad a la causa. Un escalofrío recorrió al pequeño de los Black de arriba a abajo solo pensando en lo que eso implicaba, él no había tenido que pasar ninguna prueba para entrar, su apellido era suficiente prueba de lealtad para la causa, de no ser así, no sabía si hubiera sido capaz.

Unos pasos distrajeron a Regulus de esa idea, Snape fue el primero en llegar al punto de encuentro, el mestizo llevaba un libro de pociones en las manos estas estaban llenas de manchas de tinta negra por todas partes de haber estado escribiendo, el libro parecía viejo y desgastado como si le hubiera dado mucho uso. Pero Regulus sabía que ese era el libro reglamentario para los de sexto que aún seguían cursando pociones, y que por lo tanto no podía ser tan viejo.

- ¿Este es el mejor plan que tiene el maravilloso Black? -Comentó con un tono de burla en su voz, Regulus sonrió divertido, conocía a Snape lo suficiente para saber que no se estaba riendo de él.

- Bueno, he tenido unos cuantos ofrecimientos -contestó lentamente y con una sonrisa ladeada -pero ninguno que me interese realmente.

Snape sonrió de vuelta con la misma marca de superioridad que su compañero, pero esta se congeló al ver como el gesto del pequeño de los Black cambiaba radicalmente cuando unos pasos se escucharon por la Sala Común. Severus giró lo más disimuladamente que pudo para observar a quien acababa de entrar. Celine Cosmello andaba con paso decidido, salía de su dormitorio en dirección a la puerta, como muchos se había quitado el uniforme y llevaba puesta una túnica gris perla, que resaltaba su piel mediterranea, con toques negros que combinaban con su cabello y ojos, y una capa negra para resguardarla del frio. Sus ojos gatunos se desviaron hacía Regulus, cuyos ojos se habían oscurecido y tenían un brillo ligeramente peligroso, no apartó estos de ella hasta que la chica salió por la puerta de las mazmorras.

- Entiendo -dijo Severus, creyendo comprender lo que le ocurría a su amigo.

Regulus sin saber porqué se vio en la necesidad de defenderse.

- No es lo que tu crees, no soy como todos nuestros compañeros de casa -se justificó -no tiene nada que ver con ella.

- Lo sé -contestó Snape, dando a entender a Regulus que de verdad si comprendía que era lo que le sucedía.

El pequeño de los Black se odio a sí mismo por mostrarse tan vulnerable delante de cualquier persona, ni siquiera frente a Snape quien era el único amigo que tenía, debía mostrarse débil. Por suerte fue ese instante el momento en que el resto del grupo decidieron aparecer, y así el slytherin pudo ignorar lo que acababa de suceder. Las otras cuatro serpientes llegaban sonriendo y riendo, desprendiendo excitación por cada poro de su piel.

- Estamos listos -dijo Rowle con una sonrisa depredadora en sus labios rosados, los otros tres corearon las frase con risas estruendosas.

Regulus les dirigió una mirada reprobadora mientras chasqueaba la lengua.

- No se trata de montar un espectáculo -dijo alzando su voz con su tono más frío y duro -si no de cumplir con la misión que se os ha encargado sin levantar sospechas. ¿O acaso habéis olvidado que no podemos ser descubiertos o el plan del Lord se echará a perder?

- Bueno pero nadie dice que la misión no pueda ser divertida -dijo burlón, siendo coreado por las risas del resto.

- No se trata de diversión -contestó Snape -si no de honor.

Avery entonces le dirigió una mirada de asco y superioridad.

- ¿Qué sabe un mestizo de honor Snape?

- Suficiente -cortó Regulus, intentando detener todo antes de que explotara.

- Tienes razón -asintió Macnair, poniéndose repentinamente serio.

El resto rápidamente siguieron su ejemplo, todos menos Avery que envió una mirada desdeñosa al pequeño de los Black. Regulus, ignoró al slytherin pasando de él como si no se tratara más que de una simple mancha en la suela de sus zapatos.


Eros

Heather hacía rato que había dejado atrás a sus amigos en "Las Tres Escobas", se había excusado diciendo que tenía que ir al baño y había aprovechado para salir a escondidas por la puerta trasera, sabía que Mary se enfadaría y que Adam probablemente se preocuparía pero necesitaba estar a solas.

Ahora, paseaba sola por el pueblo mágico mientras veía a los alumnos ir y venir emocionados, cada vez se iba alejando más y más de las calles abarrotadas de estudiantes ruidosos, y se acercaba al camino que llevaba a Hogwarts.

Sabía que Mary se había esforzado para que ella estuviera bien, sin embargo, le resultaba imposible pensar que podía llegar a estarlo, al menos por ahora. Pero es que lo sucedido aquella mañana había sido un golpe inesperado, no se había imaginado jamás que ese gesto tan detallista podía venir de Edward. Su relación con él, a pesar de no ser una de estas preciosas historias de amor, había sido muy buena y sobre todo terminó bien por parte de los dos, sin embargo una vez se destapó todo el escándalo de Emmeline Toddler, Heather se sintió profundamente traicionada. Edward sabía la acérrima-aversión que Heather poseía a su compañera de casa, e incluso había sido testigo en más de una ocasión de la mala relación que tenían, sin embargo el adolescente se había acostado con Toddler en Navidad. Y de repente, ahora, después de un mes sin hablarse le enviaba cientos de rosas por San Valentín.

El corazón dolido y decepcionado de la castaña, no podía soportar, ni quería pararse a pensar en esa idea, ya había reflexionado bastante al respecto en "Las Tres Escobas." Sin embargo, parecía que la suerte no estaba de su parte aquel día, justo cuando llegaba al final del camino de barro de Hogsmeades, para internarse ya en el desprolijo camino de tierra que enganchaba directo con Hogwarts se encontró con que la estaban esperando.

Edward Turpin era un chico apuesto, siempre lo había sido, su cabello castaño claro que solía estar repleto de mechas rubias tenía unos tonos más oscuros debido al invierno, su piel tostada había perdido color, pero seguía siendo más morena que la media. Sin embargo, lo que no había cambiado eran sus pícaros ojos verdes y su sonrisa encantadora enmarcada por sus labios rosados, y su complexión atlética tampoco había variado. Y ahí estaba él, envuelto en una de esas gruesas capas que usaba durante el invierno y que tantas veces había usado para mantener caliente a Heather, la cual combinaba perfectamente con su bufanda de ravenclaw. Apenas se veía su cara, pero era suficiente para Heather, la bufanda le cubría hasta justo sus labios, mientras que un gorro de lana, que le había regalado ella hacía tiempo, llegaba hasta sus cejas. Su nariz, prácticamente la única parte de él que sobresalía, se había puesto ligeramente roja, y combinaba graciosamente con sus labios rosas que enmarcaban su sonrisa.

Heather se percató del momento exacto en el que el chico se fijó en ella, sus ojos verdes que estaban perdidos y desenfocados, puestos en el pueblo que se erguía detrás de ella, se iluminaron y su postura pasó inmediatamente de relajada a una tensa y expectante. Pero una sonrisa se había dibujado en su cara y la miraba fascinado, como si nunca hubiera visto nada mejor en todo el mundo.

- Heath -susurró él cuando ella estuvo prácticamente a su lado, y el corazón de ella se saltó unos cuantos latidos, nunca nadie a parte de él la había llamado así.

- Hola -contestó ella sin saber bien qué decir.

- ¿Te apetece tomar algo y hablar? -Se animó el a preguntar.

- La verdad que estoy cansada, estaba volviendo a Hogwarts.

- Pues te acompaño -contestó él sin dejarle lugar a réplica -nadie debería andar solo en los tiempos que corren.

La adolescente no se resistió, sabía que hubiera resultado inútil, cuando a Edward se le metía algo en la cabeza ya era imposible que no lo hiciera. Y para qué engañaros, tampoco le desagrada la idea.

- ¿Sabes que hoy Elea casi muere? -Dejo caer Heather casualmente un poco cohibida aun.

- ¿Ah si? -Cuestionó el águila divertido, pero ante el asentimiento de la trigueña se preocupó -¿y está bien?

- Ajá, solo ha tenido que ir a la enfermería -explicó -y bueno tendrá que pasar ahí la noche.

- ¡¿Qué dices?! Pero ¿qué ha sido

- Una alergia

- ¿Y ha comido algo a lo que es alérgica? ¡¿Pero que se ha vuelto loca?! -Exclamó el chico sorprendido.

La risa de Heather le hizo pararse un segundo, Jorkins negaba con la cabeza divertida. Tenía las mejillas sonrojadas por la vergüenza y una sonrisa traviesa en sus labios.

- No, más bien ha olido algo a lo que es alérgica.

- ¿Oler? ¿Y eso produce una reacción así?

- Bueno cuando lo que te produce alergia se multiplica por cientos en tu cuarto, creo que sí.

Fue con esa última frase cuando por fin el chico entendió todo, y llevándose las manos a la cabeza gritó:
- ¡Casi mato a Elea Lynch!

La carcajada de Heather no se hizo esperar. Edward, dejándose llevar por sus instintos, pasó el brazo por detrás de la castaña y la balanceó de lado a lado, aumentando su risa.

Ambos chicos empezaron a reírse y a jugar dándose golpes y fingiendo que tenían reacciones alérgicas a las cosas más absurdas mientras avanzaban por el camino, ajenos al resto del mundo, incluido un león que miraba todo de lejos con el corazón rompiéndose en mil pedazos.


Storge

Hacía poco que los merodeadores habían comenzado sus alcoholimpiadas, les había llevado un buen rato reorganizar las normas y después se habían tenido que poner de acuerdo en encontrar el mejor método de sortear quién iría solo, para finalmente pasar a colocar los muebles de forma tal que no intervinieran con las pruebas . Con todo esto solamente llevaban tres juegos hechos, cuando la puerta del cuarto se abrió violentamente.

Adam Robins entró hecho un huracán en el cuarto, y sin mirar se dirigió directamente al sitio en el que solía estar su cama para dejarse caer violentamente, pero esto solo aumento su enfado cuando su cuerpo choco violentamente contra el suelo.

- ¡Robins! -Exclamó James preocupado, quien fue el primero en reaccionar -¿estas bien? -El azabache se acercó a su guardián rápidamente y tiró de él para ponerle de pie.

El castaño iba a responder cuando la risa escandalosa de Sirius le interrumpió. El mayor de los Black se llevó un capón por parte de Remus que seguía al igual que el anterior mencionado, sentado en el suelo del cuarto.

- ¡No! -Grito frustrado el castaño, -¡odio esta puta mierda de día! -Añadió, su enfado empezaba a disiparse y las ganas de llorar empezaban a aparecer en él, pero no lloraría frente a sus compañeros de habitación.

El guardián fue consciente de la mirada que compartieron Remus y James, pero hizo caso omiso intentando evitar que las lágrimas salieran. Entonces Remus se puso también de pie y se acercó a donde estaban ellos dos. Ofreciéndole una rana de chocolate preguntó:

- ¿Ha pasado algo en especial Adam? -Ellos dos siempre se habían llevado especialmente bien. Después de James, era el segundo con el que más relación tenía.

- Nada -dijo intentando apartar la atención de él.

- Oye tío -intervino Sirius que era el único que iba un poco perjudicado, ya que "casualmente" le había tocado realizar las tres pruebas solo y había perdido en todas. -Puede que yo no te entienda, porque Minnie ha sido la única tía que me ha roto el corazón, -añadió como si Adam entendiese de quién estaba hablando -pero te aseguro que estos dos sí -señaló a sus amigos, para apuntar su dedo repetidamente a James -en especial este.

- Aunque me joda admitirlo -James apartó de una patada el dedo de Sirius -tiene razón.

- Pero... -inquirió Robins, sin embargo paró ante la mirada intimidante de James.

Aunque no hizo falta que continuará, parecía que los tres chicos le habían entendido a la perfección, James sonrió resignadamente mientras Remus se removía un tanto incómodo en su sitio y Sirius frunció el ceño.

- No puedo compararlo a lo que tu tienes con Heather, nunca lo haría -contestó a la pregunta no formulada de su guardián, incomodando a este en el proceso. -Pero a pesar de que resulte absurdo, y todo el mundo crea que es una broma. Es real, o lo era yo... -James parecía no saber cómo continuar -simplemente te entiendo.

Adam jamás había creído que James sintiera nada real por su compañera de curso, pero la sonrisa que se esforzaba por esbozar el capitán en ese momento le demostraba otra cosa. Puede que lo que James sintiera por Lily fuera más allá de una simple broma.

- ¿Cuándo decidiste que habías tenido suficiente? -Inquirió curioso -si se puede saber -añadió rápidamente.

Los tres merodeadores dejaron escapar risas divertidas.

- El año pasado -contestó tranquilamente James mientras se sentaba en el suelo e invitaba a Robins a hacer lo mismo -después del incidente de los TIMO'S -aclaró.

- Oh -Adam se acordaba de ese incidente.

- Me di cuenta que no solamente no tenía ninguna oportunidad, -continuó explicando -si no que Lily no estaba dispuesta a dármela jamás. No solo me odiaba, si no que no me conocía y tenía una concepción de lo quien soy yo poco acertada y jamás estará interesada en cambiarla. -La resignación en la voz del azabache simpatizaba con el castaño a niveles que le sorprendían -así que ese verano me decidí, iba a superar mi enamoramiento.

- Te ha ido bien -comentó sarcástico Sirius también desde el suelo, recibiendo una puñetazo de Remus, quien se había sentado ya a su lado.

- No quiero decir que sea fácil, porque no lo va a ser -los ojos avellana de James seguían fijos en Adam, ignorando a su mejor amigo -pero estoy en ello. Y por primera vez en mi vida creo que voy a ser capaz.

El silencio inundó el cuarto después de la última revelación del azabache, ¿de verdad James Potter estaba dejando atrás a Lily Evans? Estuvieron unos minutos más así hasta que Adam habló.

- Es el primer año que Heather no tenía novio, sé que suena cliché -añadió justificándose -declararse en San Valentín y tal... Pero tampoco he podido hacerlo antes, Heather no ha estado bien y ahora que empieza a estarlo... -respiró hondo para calmar sus nervios -tenía todo pensado y creía que no se que creía... -"¿que tendrías una oportunidad?" Adam escuchó como decía Sirius, pero apenas pudo oírlo porque Remus ya había procedido a taparle la boca. -Pero hoy, Turpin ha llenado su habitación de flores y... -les contó. -No había visto a Heather tan vulnerable desde Septiembre.

- Pero ¿ha pasado algo más? -Preguntó Remus, imaginando que había algo más detrás, Adam levantó los ojos del suelo y los fijó en él.

- Si, -tomó aire antes de continuar -hemos estado en "Las Tres Escobas" un grupo de cinco, y ella estaba hecha un auténtico desastre. He visto como se escapaba por la puerta trasera y la he seguido, -les contó, esperando recibir miradas reprobatorias por esto, pero ninguno dijo nada -volvía a Hogwarts, así que pensaba que igual podía continuar con mi plan a pesar de todo. Pero en el camino se ha encontrado a Turpin, y parecía tan cómoda con él...

- ¿Y ya está? -Exclamó Sirius -después de todo, ¿eso es lo que ha ocurrido? -James y Remus miraron al chico de forma asesina, -me esperaba sexo salvaje o por lo menos un beso, no un estaba cómoda. -El azabache intentó callarlo -no Cornamente, espera -le paró el pelinegro -aún tienes una oportunidad, ¿vas a dejarla ir sin más o vas a hacer algo para evitarlo?

Adam estaba verdaderamente confundido, y miró a los otros dos buscando apoyo.

- Yo... -empezó dubitativo -no lo sé.

- Bien -replicó Black firme -pues mientras te decides vas a jugar con nosotros, que estos dos están haciendo trampas -añadió señalando a sus dos amigos -puede que el alcohol o la diversión te ayuden a despejarte y a tomar una decisión.

- Canuto -contestó James, -esas dos cosas no suelen ir bien juntas.

-Yo lo hago así y estoy bien -zanjó el asunto Black.

Y a pesar de que Adam, tampoco creía que fuera buena idea tomar decisiones bajo la influencia del alcohol, no se negó a jugar. Después de todo, ¿quién puede decir que no a una alcoholimpiada? Y sobre todo ¿quién puede decir que no a un buen rato con los merodeadores?


Agamanía

Regulus estaba junto con dos slytherins más en un pasillo escondido del quinto piso, alejado del barullo del colegio, pero a medio camino de las salas comunes de Gryffindor y Ravenclaw. Aunque ya había pasado la mitad del día, solo uno de los dos reclutas que tenían que realizar la prueba la había hecho. No había resultado nada impresionante, lo suficiente como para pasar la prueba pero nada excesivo como el buscador temía. Sin embargo, ahora era el turno de Mulciber, y el azabache tenía un mal presentimiento. No creía que todos los slytherin se fueran a ceñir a su plan original, después de todo, tan solo habían tenido unas pocas horas para pensar cuando se los contaron.

Ese día durante el desayuno, habían ocurrido muchas cosas, entre ellas Regulus se había percatado que ni Dumbledore, ni la profesora de defensa estaban presentes por ninguna parte. Lo cual alegró desmesuradamente a sus compañeros de casa. Pero el azabache, en ese momento, no le dio ninguna importancia, al menos no, hasta que lo volvieron a mencionar esa misma tarde, cuando se habían reunido todos para cumplir con los planes. Unos cautelosos pasos acercándose pusieron en alerta al pequeño de los Black. Este vio como Rowle se asomaba ligeramente por el tapiz que cubría el pasadizo para volver a meter la cabeza y sonreír a Mulciber apreciativamente. El adolescente se adelantó nervioso, mientras sacaba su varita del bolsillo y la preparaba. Regulus no pudo evitar dejar resbalar su varita por su manga, donde la guardaba siempre, hasta caer en su mano y tensarse por puro instinto quieto en su sitio aguardando el momento justo. Pero para su sorpresa no tuvo tiempo de reaccionar, tampoco pudo hacer nada al respecto de lo que sucedió a continuación.

Justo cuando los pasos estaban a la altura del tapiz, Mulciber salió de este, y lanzó un rápido "desmaius" a quién se había acercado por el pasillo sin dejarle tiempo para defenderse. A su vez Rowle, había echado a un lado el tapiz para facilitar la transacción y ahora sujetaba este para que Angus accediera rápidamente al pasadizo una vez tuvo a su presa. El slytherin cargaba con una chica rubia, la joven tenía el pelo ondulado y corto hasta los hombros, sus ojos estaban cerrados, pero Regulus sabía que eran grandes y marrones. Conocía a la chica, era un hufflepuff de su año, una chica muy simpática y querida por todos, que ahora parecía dormir pacíficamente en los brazos de un slytherin mayor que ella el cual la miraba como un depredador. El mal presentimiento del pecho de Regulus se volvió más intenso.

- Vamos -dijo Mulciber sonriendo felinamente.

Y cargando con ella como un saco de patatas, salió del pasillo en la otra dirección y andó rápidamente hasta una clase cercana, en la que les esperaban los demás slytherin. Mientras ellos habían estado esperando en el pasadizo a la joven, el resto se ocuparon de silenciar la habitación para no ser interrumpidos. Cuando entró en el aula, Black se percató de que las mesas habían sido movidas a los lados, y la del profesor colocada en el centro, y no fue hasta que escuchó unos maullidos débiles provenientes de la esquina que se fijó en un gato. El animal era blanco, pero tenía manchas oscuras, y parecía estar temblando, agudizando sus ojos grises en la criatura, Regulus se dio cuenta que las manchas eran sangre y que el animal se encontraba tirado sobre un charco de su propia sangre. El felino, a pesar de estar en un estado deplorable, había empezado a maullar fuertemente y luchaba por acercarse a la hufflepuff, pero algo se lo impedía. Linda Cherish probablemente era su dueña.

Nada más entrar en el aula, la puerta se cerró tras ellos, el prefecto escuchó como alguien pronunciaba un hechizo, y cuando se giró vio que Avery sonreía ladinamente anticipando lo que iba a suceder. Entonces otro ruido distrajo a Regulus, Mulciber había apoyado a la hufflepuff en la mesa, la chica seguía bajo el hechizo así que ni se inmutó con el golpe. Entonces Angus nervioso miró alrededor esperando ver las sonrisas de aliento y aprobación de sus compañeros. El plan original era sencillo, someter a alguien a una maldición prohibida, en este caso imperio, y hacerle cometer actos ridículos que jamás haría de otra forma. Pero la escenificación, el gato ensangrentado y el nerviosismo de Mulciber proyectaban algo mucho más oscuro, además de que los instintos de Regulus no solían fallar.

- Bien allá voy -dijo el adolescente mientras movía la varita hacia Linda, pero Avery le paró antes de eso.

- ¿Has revisado que no tenga la varita Angus? -El susodicho negó con la cabeza, y por toda respuesta Avery chasqueó la lengua -sé que sería divertido verla resistirse, pero ¿no crees que es mejor quitarsela por si acaso?

- Si tienes razón -asintió el chico, rápidamente se acercó a la rubia que seguía inconsciente y le quitó la varita, para volver a alejarse enseguida buscando la aprobación de Avery. -Ahora si, "enervate" -los ojos grandes y marrones de Linda se abrieron con confusión, la cual se intensificó rápidamente al verse rodeada de todos ellos. Slytherins y mayores que ella.

- ¿Qué...? -intentó decir, pero fue cortada por Avery.

- Cherish, -dijo el chico despacio -¿te llamas así no? -Preguntó el slytherin, y la rubia asintió -creo que te acuerdas de mi amigo Mulciber, -señaló a Angus -hace unos meses te pidió salir y tu le rechazaste. Sin embargo, nos enteramos hace poco que no solo accediste a ir con ese sangre sucia a Hogsmeade en la última salida, si no que además ¿estáis saliendo?.

Regulus sabía que no era una pregunta, la realidad es que Avery ya conocía las respuestas pero solo quería añadirle dramatismo a la situación. La chica, miraba por toda la habitación confundida, y ahora sí, asustada. Había empezado a buscar en sus bolsillos su varita, pero cuando Avery mencionó a Mulciber y Linda le miró, se percató de que este estaba en posesión de su varita y jugaba con ella entre sus dedos. Aumentando el terror en sus ojos castaños.

- Yo...

- No, -le cortó nuevamente Avery -ya dijiste bastante la última vez. Ahora le toca a mi amigo hablar -añadió con una sonrisa.

- Hola Linda -se adelantó Mulciber, parecía un poco torpe al principio sin saber bien qué hacer sin la guía de Avery. -No me gustó nada que me rechazarás, -le comentó ganando confianza, la joven hufflepuff intentó hablar pero nuevamente no le dejaron -y te dije que de alguna forma me ibas a tener que compensar esa humillación.

- No sé qué quieres -respondió finalmente ella, su voz temblaba y sonaba un poco desesperada -pero haré lo que quieras.

- Verás -contestó Mulciber -es que ya es un poco tarde para eso, yo solamente quería la oportunidad de tener una cita contigo. Sin embargo, -hizo una pausa larga -sé que ahora estás saliendo con ese sangresucia y me han confirmado que bueno que no solo eres buena con tus manos para usar la varita.

Las risas invadieron la sala ante la indirecta que acababa de lanzar Mulciber. Regulus y Snape compartieron una mirada, comprendiendo finalmente lo que iba a suceder ahí. Fue en ese instante que Linda también entendiendo que iba a pasar empezó a llorar dejando escapar gemidos, esto solo empeoró la situación, ya que el gato de la joven que parecía haberse rendido en su lucha volvió a maullar alertado por el llanto de su dueña. Cherish gritó y empezó a llorar más fuerte cuando vio cómo estaba su gato.

- ¡Chowder, no! -Gimió la chica -¿qué te han hecho? -Esto sólo aumentó las risas entre algunos slytherin.

- Oh solo nos hemos divertido -contestó Mulciber quien miraba hacia donde el gato con una gran sonrisa de satisfacción -teníamos que practicar un par de cosas.

- Creeme Linda que tu vas a desear que solo te haga eso -añadió Avery con una sonrisa, coreado por las risas de sus compañeros.

Entonces la hufflepuff ante esa amenaza hizo algo inesperado, más propio de un gryffindor. Saltó de la mesa y corrió en dirección a la puerta, pero antes de que pudiera llegar a esta un hechizo rojo le dio de lleno en la espalda, lanzándola contra el suelo. La rubia dejó escapar un grito de dolor, pero rápidamente intentó levantarse, sin embargo, antes de conseguirlo un segundo rayo rojo le golpeó de nuevo.

- "Imperius" -se escuchó la voz de Mulciber por toda la habitación. Y las extremidades de la rubia cayeron hacía los lados como si estuvieran muertas, las risas y los aplausos no se hicieron esperar -¡mirad no es tan difícil!

- Hazla suplicar perdón -exclamó Rowle.

- No, eso no es suficiente -replicó Macnair con un brillo maníaco en sus ojos.

- Macnair tiene razón -apoyó la idea Avery -¿tu que quieres hacer Angus?

- Humillarla como hizo ella conmigo -contestó el chico con rabia.

- Pues bien, ahora puedes.

Regulus se tensó en su sitio, sin embargo, no intervino, no era su trabajo ayudar a la gente, su obligación era juzgar las acciones de sus compañeros y ver si eran aptos para la causa, y el pelinegro estaba bastante seguro de que si era así.

La siguiente media hora pasó a ser un tiempo en el que hicieron a Linda realizar las cosas más ridículas que se les podía ocurrir, desde bailes absurdos hasta limpiarle la sangre a su gato a lametazos. De vez en cuando la chica se negaba a cumplir una orden, pero solo constaba un poco de insistencia por parte de Mulciber para que la llevará a cabo. Cuando ya había pasado media hora y Regulus creyó que todo había acabado, Angus levantó la maldición prohibida de la joven, quien cayó al suelo entre lágrimas, agotada tanto física como mentalemente por todo lo que acababa de pasar.

Pero desgraciadamente para ella la pesadilla no había terminado.

- Cherish -llamó Avery con una sonrisa depredadora, la chica sin embargo no levantó sus ojos del suelo. El slytherin se acercó a ella y forzó su barbilla hacía arriba para clavar en ella sus fríos ojos. -Ahora es cuando ha llegado el momento de demostrarnos que tan buena eres con las manos.

El terror que parecía haber sido sustituido por el agotamiento y el dolor volvió a ella en un segundo, la joven se soltó del agarre y se arrastró rápidamente por el suelo alejándose de ellos. Pero así como no había servido antes, esta vez tampoco llegó lejos.

- "Imperius" -volvió a pronunciar Mulciber tras Avery, y nuevamente las extremidades de Linda dejaron de responderle. -Quitate la ropa -ordenó Mulciber con auténtico placer en su voz.

- Espera Angus -se acercó a él Avery -esto tienes que hacerlo con menos entusiasmo. Con el suficiente deseo para que cumpla tus ordenes, pero no con tanto como para que ella no sea consciente de ello -aclaró el chico -está cansada y débil, no podrá resistirse de ninguna forma.

- Bien -asintió a sus órdenes Mulciber -he dicho que te quites la ropa Linda.

La hufflepuff se puso de pie y temblando empezó a desabotonarse la ropa que llevaba. Su blusa cayó al suelo dejando ver su sujetador, negro que contrastaba con su blanca piel, y comentarios como "oh mira como quiere que vean su ropa interior, nadie lleva negra si no quiere", o "mira mira pero si parece que el angelito es más diablo de lo que pensamos" se escucharon de Rowle y Macnair. Sin embargo, la cosa no paró ahí, con otro movimiento de varita, Linda se deshizo de su falda dejándola con sólo sus medias y zapatos, los cuales siguieron rápidamente al resto hasta quedar en ropa interior.

Regulus apenas podía mirar la escena, el cuerpo menudo y blanquecino de la joven que tenía alguna magulladura después de la humillación previa, no dejaba de temblar de puro terror. Pero se obligó a no apartar los ojos de la escena. Angus se había acercado a ella, el slytherin le había ordenado que estuviera quieta, y ahora el chico podía pasar sus grandes y ásperas manos por todo el cuerpo de la chica. La cual solo se podía encoger, mientras lloraba, gimoteaba y se convulsionaba debajo de sus manos.

- Quítate eso -volvió a ordenar Mulciber refiriéndose a las últimas prendas interiores que cubrían las zonas íntimas de la chica -y empieza a tocarte para nosotros.

Y la rubia, no pudo más que obedecer una vez más las órdenes impartidas. Los gritos, silbidos y aplausos se oyeron por toda la sala. Regulus aprovechó el alboroto para apartar la mirada unos segundos, y se sorprendió al ver como Snape miraba la escena con detenimiento y curiosidad. Cuando, el pequeño de los Black dejó de mirar a su amigo, los ojos grises de Regulus se toparon con los de Avery, se obligó a no demostrar ningún tipo de emoción y volver a posar su vista en lo que ocurría en ese momento.

Mulciber se había quitado la capa y se frotaba la entrepierna por encima del pantalón, pero con otro movimiento de varita hizo que Linda dejase de tocarse, y se acercara a él. Black vio como las manos temblorosas de la chica iban al pantalón del slytherin y lo desabrochaba hasta hacerlo caer al suelo. El miedo y el asco se reflejaron en la cara de la rubia, pero a Mulciber le dio igual y obligó a la hufflepuff a quitarle también la ropa interior y dejar su miembro erecto y goteante al aire. Unos segundos después la chica le estaba masturbando mientras Mulciber mordía su pecho y ella lloraba aun bajo la maldición.

- No, por favor, para... -suplicaba ella con la voz rota -para esto por favor por favor...

- Oh si los rumores de lo buena que es con las manos son ciertos -dijo Mulciber al resto riendo, y los demás le corearon, mientras ignoraban las súplicas de la rubia. -¿Quién quiere comprobarlo?

Las afirmaciones de Rowle y Macnair no se hicieron esperar, los dos slytherin se acercaron a donde estaba Linda y rápidamente se deshicieron de su ropa hasta quedar expuestos como Mulciber. Angus ordenó a Linda que hiciera lo mismo que había estado haciendo con él hasta hacía unos segundos, con sus amigos. Mulciber se colocó como pudo la ropa, sin que molestase a su clara erección, y miró a Avery con curiosidad queriendo saber por qué él no había querido unirse.

- Verás a mi no me interesa ver lo buena que es con las manos -comentó el slytherin, contestando a la pregunta no formulada. -Me gustaría más comprobar lo buena que es con la boca. -Linda que a pesar de estar bajo la maldición imperio, era consciente de todo lloró más fuerte, pero sus lamentos fueron cubiertos por los gemidos de placer de Rowle y Macnair a quienes estaba masturbando a la vez.

Los ojos de Mulciber brillaron ante la idea, y con otro movimiento más de varita, hizo que la rubia se alejara de los otros dos slytherin para acercarse a Avery. A pesar de que ni Rowle ni Macnair habían llegado al clímax, su frustración pasó rápido al ver lo que ocurría. Temblando de pies a cabeza, Linda se puso frente a Avery, quien la miraba con una sonrisa de satisfacción pura, y siguió, sin poder resistirse literalmente, las órdenes de Mulciber. Cuando el miembro de Avery quedó al descubierto, Regulus tuvo confirmadas sus sospechas, el azabache estaba seguro que la situación había sido muy placentera para el mayor. Y ahora estaba claro el gran placer que provocaba en Avery todo lo que estaba sucediendo.

El slytherin sin dejar que la chica pudiera terminar de llorar, la empujó hacía el suelo forzándola a arrodillarse, e introdujo su pene en la boca de ella de una sola estocada. Avery empezó a embestir con movimientos fuertes y bruscos la boca de la chica, casi ahogándola. Los gemidos de ella eran tapados por los de placer de Avery. El adolescente no parecía tener piedad alguna, entrando en la boca de la chica fuertemente y cuando algo no le gustaba, tiraba del rubio pelo con fuerza como si fuera a arrancarlo o la golpeaba en la cabeza. En pocos minutos Regulus vio cómo el cuerpo de Avery convulsionaba de placer indicando que había llegado al orgasmo, corriéndose en la boca de la chica que sufrió una arcada cuando el líquido entró sin permiso en su garganta abrasándola. Pero la adolescente apenas pudo respirar, nada más tener a Avery fuera de ella, le tocó el turno a Mulciber, a quien la sola idea, y el espectáculo anterior, parecía haberle puesto aún más cachondo.

Regulus estaba convencido que la maldición prohibida ya había perdido su efectividad, pues Mulciber parecía demasiado involucrado en lo que sucedía como para seguir emitiendo una magia así de poderosa. Pero ya daba igual, Linda estaba pérdida.

Sin embargo Angus no se corrió, antes de llegar, permitió que Rowle y Macnair cada uno tuviera su turno de diversión. Y cuando ya todos habían alcanzado el clímax dentro de la boca de la hufflepuff, Mulciber hizo que la rubia se volviera a sentar sobre la mesa del profesor. Una vez más forzó a la chica a masturbarle, para luego obligarla a hacerle sexo oral nuevamente, y cuando estaba a punto de llegar, rápidamente saco su miembro de la boca de la rubia, para de una sola embestida introducirlo en su coño. El grito de dolor de la chica fue el más fuerte que había emitido hasta ese momento, pero a Mulciber le dio igual, pues empezó a acelerar el ritmo, entrando y saliendo una y otra vez, hasta que se corrió dentro de ella.

El slytherin una vez acabó le dio igual, se quedó dentro de ella, tumbado sobre la hufflepuff, derrotado por el esfuerzo, mientras la chica, quien ya no emitía ni un solo sonido, solo lloraba y se estremecía bajo su peso. Cuando hubo recuperado el aliento, se apartó de ella y se vistió bien. Después observó a la adolescente que seguía sobre la mesa, esta vez en posición fetal, y sonrió. Se acercó a ella, le apartó el pelo de la cara con suavidad y le dijo:

- Te dije que me tendrías que compensar -una vez más un gemido salió de la joven. -Bien, ya podemos irnos -añadió mirando al resto.

Rowle palmeó al chico en la espalda dándole la enhorabuena. Pero Mulciber no buscaba la aprobación de Rowle sino la de Avery y en especial la de Regulus. Black hizo acopio de todas sus fuerzas e ignorando a su compañera de curso, quien seguía temblando desnuda, y sangrando sobre una mesa, habló por primera vez desde que había empezado todo.

- No podemos irnos -dijo firmemente, podía sentir los ojos divertidos de Avery sobre él y el enfado de Mulciber creciendo.

- Tiene razón Mulciber -intervino Snape, quién parecía que volvía a ser el mismo -debes borrarle la memoria para que no sepa a quién culpar si esto sale a la luz.

A pesar de que todos odiaban que Snape tuviera razón no pudieron evitar dársela, y una vez más los ojos de todos volvieron a posarse sobre la chica, dejando a Regulus tiempo para respirar. Temblorosamente, parecía que toda la confianza que había ganado violando y sometiendo a la chica a su magia había desaparecido, Mulciber se acercó a ella. Y dubitativo pronunció el hechizo.

- "Obliviate" -una vez eso estuvo hecho, los slytherin abandonaron la sala.

- ¿Y bien? -Pregunto Rowle que era el otro que había hecho la prueba ese día, aunque una mucho más taimada que la de Mulciber -¿cuándo lo sabremos?

Regulus intentó dejar de pensar en lo que había pasado y guardó la compostura.

- No puedo deciros nada ahora -contestó pausadamente -yo no tomo las decisiones. Sin embargo, sí que informaré a Bella de esto y de lo rápidos que habéis sido haciendo la prueba. -Los ojos ansiosos de sus compañeros de casa se clavaban en él, deseando con ahínco tener una respuesta. Black nunca sabría como logró decir lo siguiente -pero después del espectáculo de hoy no creo que tarden en llamaros, nadie puede negar que tenéis talento -una sonrisa, fría y sin vida se dibujó en sus labios.

Los gritos y las risas corearon su afirmación, mientras seguía siendo sometido al constante escrutinio de Avery. Sin embargo, esto no duró mucho, pues el grupo rápidamente se dispersó cada uno por su lado. Regulus esperó a que todos desaparecieran para dejarse caer contra la pared. Se dio unos segundos para recuperarse y después volvió al aula donde Linda seguía tirada en la mesa. La única diferencia entre la imagen de ese momento y la de hacía unos minutos es que la adolescente ahora estaba inconsciente y no despierta. Y Regulus deseo que la joven rubia hubiera estado así mientras sus compañeros abusaban de ella.

Con un par de movimientos curó las heridas visibles de la chica, y con otro la vistió. Después se acercó al maltrecho gato y cogiéndolo en brazos lo llevó junto a su dueña, después de poner un par de hechizos de curación sobre el animal, transformó una de las sillas en una manta y otra en una almohada tapó con ella a la chica. Abandonó el aula sigiloso, una vez hubo puesto un par de pisos de distancia entre él y lo sucedido dejó escapar lo que llevaba conteniendo toda la tarde.

Su vómito manchó los fríos suelos de piedra del castillo, y las lágrimas cayeron por su cara intentando borrar todo a su paso, sin embargo nada de eso le alivió. Otra arcada provocó una segunda oleada de vómito, Regulus siguió vomitando hasta que sintió como la bilis abrasaba todo en su camino desde el estómago hasta escapar de su boca. Tras sus últimas arcadas su cuerpo quedó tembloroso y débil, el azabache se dejó deslizar por la fría pared hasta el duro suelo, a tan solo unos centímetros de su vómito.

Esa no era la primera vez que Regulus veía un horror así. Como portador oficial de la marca, el ya había estado presente en reuniones de mortífagos, pero nada le había preparado para ver a niños, como el, disfrutar tanto de la tortura. Tampoco era la primera vez que Regulus se cuestionaba su lealtad, y si estaba haciendo lo correcto.


¡Hola buenas! Siento mucho mucho la tardanza, la verdad que este capítulo no me ha parecido fácil de escribir. Pero como prometí no voy a dejar la historia tirada.

Aquí tenéis el siguiente capítulo, tiene una parte bastante heavy, espero que todos hayáis leido el aviso y estéis bien. Sé que no será fácil de leer, para mí no ha sido fácil de escribir, pero aviso desde ya que a patir de aquí alguna cosa del estilo empezará a surgir. Muchos fics cuentan sus maravillosas aventuras y demás pero se supone que vivieron una guerra y una muy mala y como dice el dicho "en la guerra y en el amor todo vale".

Espero vuestros comentarios, y demás.

Gracias por pasaros a leer, besos.

B.