CAPÍTULO DECIMOCTAVO.
Ese día Adam se esforzó más que nunca en el entrenamiento de quidditch. Los miembros del equipo tuvieron tantas dificultades para meter la quaffle por sus aros que en las dos horas que duró el entrenamiento los cazadores solo fueron capaces de anotar 30 puntos y Robins había sido capaz de esquivar todas las bludgers menos 1 y aún así consiguió parar ese tiro.
James estaba gratamente sorprendido con el desempeño del guardián. Durante las últimas semanas el equipo había estado de capa caída, lo ocurrido en el último partido de quidditch entre slytherin y ravenclaw, sumado al hecho de que Blish había estado jugando pésimo en los últimos entrenamientos hicieron decaer el rendimiento del equipo. Pero ahora, cuando faltaban apenas un par de días para su partido contra los tejones, era cuando los leones parecían volver a brillar, listos para quedar primeros en la liga de quidditch, y Robins era quien les estaba inspirando a ello.
La actitud del guardián y su concentración durante el entrenamiento habían resultado contagiosa para los demás jugadores. Lazy Bones había conseguido batir su récord y atrapó las 12 pelotas diminutas que James encantaba para volar por el campo durante en entrenamiento en menos de 17 minutos. Los cazadores se habían propuesto realizar una de las jugadas más complejas que Potter jamás había diseñado, y aunque costó lo suyo, lo acabaron consiguiendo. Y los dos golpeadores titulares estuvieron estelares, no dejando pasar ni una sola bludgers y manteniendo al equipo en un baile constante sobre sus escobas.
James de un pitido señalizó el final del entrenamiento, inclinó su escoba hacía el terreno y con una seña indicó a los demás que le imitaran.
- Bien chicos, como ya sabéis el partido contra hufflepuff será el domingo a primera hora de la tarde -los jugadores asintieron -hoy es jueves, lo que implica que mañana solo quedaran dos días para descansar. No quiero que en ese tiempo ninguno se ponga malo o haga el tonto -dijo pasando su mirada avellana amenazante por los titulares -o seréis sustituidos en un pestañeo, -añadió señalando a los suplentes, quienes asintieron felices y orgullosos de su desempeño ese día también.
- Tranquilo capi -exclamó Lazy -aquí los únicos verdaderamente peligroso sois Sirius y tú, mientras que no aparezcáis montado en la escoba con un gorro de fiesta y la túnica al revés todo irá bien -las risas no se hicieron esperar entre los jugadores.
- ¡Oye! -Exclamó Sirius ofendido, -que yo soy suplente, apareceré como quiera -más risas resonaron por el campo ante la respuesta del adolescente.
- Atrévete Black -siseó el capitán con un brillo retador y divertido en sus ojos, a pesar de que todos estuvieran bromeando Sirius no se atrevió a decir nada más, su amigo daba verdadero miedo cuando se trataba de quidditch.
- Creo que prefiere no hacerlo -comentó Chance, el chico había sido suplente hasta ese año cuando obtuvo el puesto vacante de bateador.
Todos volvieron a reír ante la mueca de Black. James miró a todo su equipó y sonrió ahí estaban 11 adolescente sin ninguna preocupación en sus cabezas en esos momentos salvo la de ganar un partido de quidditch a dos días vista, ¡cómo echaba de menos que eso fuera su mayor preocupación!
- Ahora en serio chicos, quiero daros la enhorabuena -todos se quedaron en silencio con los ojos puestos en Potter -habéis estado excepcionales hoy, no podría estar más contento, sí jugamos la mitad de bien el domingo no tengo ninguna duda que ganaremos. Ahora bien, -su mirada adquirió un tono lúgubre -todos recordamos lo que ocurrió en el último partido, -los jugadores asintieron con el semblante ennegrecido -tenemos suerte de jugar contra hufflepuff, pero sí por lo que sea alguno tiene miedo o no se siente seguro saliendo al campo que lo diga, no obligaré a nadie a jugar, tampoco será castigado por ello.
Ninguno dijo nada, así que James dio por cerrado el tema.
- Bueno pues solo queda recoger -exclamó el azabache -pero eso lo hago yo hoy, ¡os lo habéis ganado! -Los gritos de alegría no se hicieron esperar, pero antes de que se pudieran marchar el chico volvió a decir unas palabras. -Recordar, nada de deporte o entrenamiento extremo de aquí al domingo, como mucho salir a dar un paseo o a correr el sábado por la mañana.
- Si si, lo sabemos -dijo Lazy con un tono burlón, -no vaya a ser que alguno se resfrié.
- Me va a gustaría a mí verte con vapor saliendo por tus orejas -vaciló Adam, mientras pasaba un brazo por los hombros de la niña.
- Estaría adorable -estuvo de acuerdo Doris Harper, la otra bateadora titular del equipo y una chica de séptimo año, mientras imitaba a su compañero.
Lazy se deshizo de los brazos de los mayores y comenzó a andar hacia el vestuario indignada. Los demás jugadores les siguieron con diferentes niveles de diversión reflejados en sus expresiones. James quién era el único que se iba a quedar a recoger, retuvo a Blish y Robins a su lado.
- Quería hablar con vosotros a solas un segundo -mientras el chico parecía relajado, la morocha se puso tensa. -Robins has estado excepcional hoy, no sé que ha sido, pero no te he visto jugar mejor en toda tu vida. Y has contagiado esa actitud al resto del equipo, gracias.
Una sonrisa empezó a dibujarse en el semblante serio del guardián, y asintiendo a su capitán se despachó a sí mismo hacía los vestuarios, no sin antes de apretar la muñeca a su compañera. Blish, se movía sobre sí misma incómoda, pocas veces que se ponía nerviosa, pero James Potter era una de las personas que siempre conseguía ese efecto en ella.
- Blish tampoco sé que es lo que ha ocurrido últimamente contigo -el azabache no dejó que Angelina le interrumpiera -podría elucubrar y ponerme a hablar contigo de ello, pero ni tú ni yo queremos eso. -Ella asintió muerta de vergüenza de solo pensar que tendría que hablar de cosas de 'chicas' con su capitán. -El caso es que hoy por fin, he visto prácticamente a la misma Blish de siempre, ¡y me ha gustado! -Angelina sonrió.
- Gracias, capitán yo...
- No he acabado -interrumpió James -he dicho prácticamente, aún queda un poco, -la morocha bajo la cabeza entristecida, lo más probable es que ese finde Potter la sentara en el banquillo y la sustituyera por Black. -Sin embargo, seguirás jugando el domingo, -Blish no se lo podía creer -seguramente empiecen a venir ojeadores, y tu quieres una carrera profesional. No voy a quitarte ninguna oportunidad, pero tienes que ganártelas -ella asintió -espero que esto sirva de incentivo para que el domingo seas tu misma de verdad. A la mínima distracción te cambiaré por Sirius, el siempre esta listo para jugar ya lo sabes.
Sin poder evitarlo, Blish se lanzó hacia delante y abrazó a su capitán con fuerza, ella no era una persona que demostrara sus sentimientos muy a menudo, pero los últimos meses habían sido duros. James sorprendido, le dio unos golpes torpes en el brazo, eso fue suficiente para recomponer a la adolescente, quién abochornada y tras ser amenaza por Potter una vez más, se fue corriendo a los vestuarios.
James se quedó solo en el campo, mirando cómo desaparecía el último miembro del equipo por la puerta de debajo de las gradas. Ya no había ni un rastro de la luz del cielo, y en este brillaba una luna prácticamente llena, además se había levantado un poco de brisa nocturna y el adolescente comenzaba a sentir frio. A pesar de todo, Potter no podía evitar sentirse más optimista que nunca, Adam había estado simplemente brillante y Blish parecía estar volviendo a ser ella misma, con eso y sabiendo que el equipo entero estaba en un estado de ánimo que hacía tiempo que no veía estaba seguro que el domingo ganarían, y eso haría que se colocaran líderes en la liga de quidditch con muchos puntos de diferencia.
Mientras el morocho recogía las pelotas y revisaba los postes de los aros, Sirius volvió al campo con las manos en los bolsillos.
- ¿Y tú qué haces aquí? -Preguntó James sin apartar la mirada de su tarea.
- Pensé que podrías necesitar ayuda -respondió Sirius encogiéndose de hombros.
- Ajá -el tono de humor en la voz del capitán no pasó desapercibido para Black -¿Y desde cuándo tu ayudas?
Sirius puso cara de ofendido, pero no lo negó, haciendo James soltara una risa.
- En realidad quería hablar contigo -dijo Black cambiando su tono a uno mucho mas serio.
Eso distrajo a James a quien casi se le escapó la bludger que estaba guardando en la caja. El azabache forzó la bola dentro antes de dirigir una mirada evaluadora a su amigo. Black se movía sobre sí mismo nervioso, seguía con las manos en los bolsillos, gesto que antes Potter había tomado como desenfadado, pero ahora identificaba como nerviosismo, además Sirius tenía el entrecejo ligeramente fruncido.
- Bien -respondió James, -dejame que me cambie y soy todo tuyo.
Sirius arqueó una ceja divertido.
- Eso es una declaración Potter.
James rodó los ojos y cerró el cofre con un golpe seco.
- No empieces, Black.
Sirius soltó una risa y se dejó caer en la hierba, cruzando las manos detrás de la cabeza.
- Aquí te espero.
James se detuvo y levantó la mirada.
- Hace frio -observó el azabache.
- ¿Y? -Replicó Sirius.
- Supongo que nada.
James frunció el ceño pero no añadió nada más, en lugar de eso dio un golpe al cofre el cual se elevó en el aire y siguió a Potter volando hasta los vestuarios.
Mary volvía de dar un paseo con Cedric por el castillo cuando se fijó en Peter Pettigrew, el chico estaba sentado en una mesa de la sala común rodeado de mil libros. A la joven le sorprendió porque no acostumbraba a ver a los merodeadores solos, y menos estudiando, el único que dedicaba tiempo realmente a las cosas de clase era Remus, los demás apenas tocaban sus libros excepto Peter, que unas semanas antes de finales era cuando por fin hincaba los codos.
- ¿Qué haces Peter? -Preguntó la joven acercándose al chico, y haciendo que este se asustara y accidentalmente derribara el tintero sobre algunos apuntes.
- Oh mierda -exclamó el joven mientras agitaba la varita sobre la mesa, y hacía desaparecer la mancha casi del todo.
- Perdona Peter -dijo la chica sintiéndose un poco culpable -no pretendía asustarte.
- No te preocupes -replicó el rubio con una sonrisa -estaba poniéndome al día con estudios muggles.
- ¿Desde cuando cursas tú estudios muggles? -Inquirió confusa abriendo uno de los libros.
- Pues empecé después de Navidad, y en junio me presentaré a los TIMO's, me han dejado hacerlo con un año de retraso, pero a cambio tengo que ponerme a ello ahora y superar tanto el examen de quinto como sexto -explicó.
- Ah -Mary no sabía muy bien que decir, ella ante la idea de estudiarse el temario de tres en años en tan solo unos meses hubiera renunciado, pero no parecía que Pettigrew fuera a hacerlo. -¿Y a qué se debe ese interés repentino?
- Estuve hablando con McGonagall hace unas semanas sobre mi futuro, y creo que quiero enfocarlo a las relaciones del mundo mágico y no mágico, para ello necesito estudios muggles.
- Tiene lógica -replicó Mary.
- Pero el problema es que todo es muy confuso -exclamó el adolescente -¿cómo Charity, Evans y tú sois capaces de aclararos, es todo un misterio para mí.
- Ah Charity claro -sonrió la chica entendiendo un poco mejor de dónde venía el repentino interés de Peter por el mundo muggle. -Dime -continuó dejando de lado sus ideas -¿en qué te puedo ayudar?
- Para empezar -Peter se puso a buscar entre sus apuntes una hoja en la que había garabateado cosas que no entendía, cuando topó con ella una sonrisa se dibujó en su cara -¿qué es aspora?
Mary miró confundida al muchacho sin entender a qué se estaba refiriendo.
- ¿Puedo ver eso Peter? -Preguntó la joven alargando la mano, el rubio asintió y le paso la hoja -ahhhh una aspiradora, sirve para limpiar, mis padres tienen una.
- ¿Limpiar?
Macdonald rodó los ojos exasperada antes de decir.
- Si eso que no hacéis los chicos -por toda respuesta su interlocutor le sacó la lengua.
- Lo que quiero decir es ¿cómo se limpia con eso? En mi casa mi madre simplemente agita su varita -añadió el joven un poco avergonzado por no haber pensado nunca como limpiaban los muggles. -¡Oh por Merlín jamás aprobaré ese examen!
La hija de muggles enternecida por el bochorno de su compañero sacó una de las sillas de la mesa y se sentó junto a el dispuesta a explicar como vivían los muggles.
- ¿Por dónde quieres empezar Peter? -El chico la miró con sus ojos azules abiertos de par en par.
- ¿Lo dices de verdad? -Preguntó él con un hilo de voz, la castaña dejó escapar una carcajada.
- Claro, para eso están los amigos.
Mary pasó los siguientes veinte minutos explicándole a Peter cómo funcionaban los electrodomésticos muggles. Usó descripciones simples y comparaciones mágicas para ayudarlo 'Piensa en una aspiradora como si fuera un hechizo Scourgify, pero es un objeto que puedes mover por la casa.' Aunque Peter seguía mirando los diagramas con el ceño fruncido, Mary notaba que al menos empezaba a entender los conceptos básicos.
Unos minutos después, Remus entró en la sala común, llevaba un par de pergaminos enrollados y parecía exhausto, pero al ver a Peter y Mary juntos se acercó al par lleno de curiosidad.
- ¿Qué está pasando aquí? -Preguntó.
- Peter está intentando entender el mundo muggle -respondió Mary con una sonrisa mientras agitaba uno de los libros de estudios muggles del chico. -Creo que necesita toda la ayuda posible, la verdad es que está siendo un desastre.
- ¡Eso no es justo! -Protestó Peter con un tono teatral que hizo reír a los adolescentes. - Es más complicado de lo que parece.
- No te preocupes, Colagusano, seguro que Mary puede arreglarlo -dijo el prefecto.
- ¡Ey! -Exclamó la chica, -y ¿por qué no tu?, ¡es tu amigo!
- Porque yo tampoco soy ningún experto, y tu eres hija de muggles -aclaró el castaño claro encogiéndose de hombros. -Si alguien puede conseguir que Peter saque un Extraordinario eres tú.
- Eso suena optimista -murmuró Peter, aunque su expresión traicionaba un ligero alivio.
La tarde avanzó mientras las chica le explicaban cosas como la electricidad, el transporte público y el dinero muggle. Mary era muy buena explicando, lo hacia de forma tranquila y práctica intentando comparar todo con símiles del mundo mágico, de vez en cuando el prefecto quién permanecía sentado con ellos, ayudaba en alguna explicación. Peter tomó notas rápidamente, y aunque algunas de sus preguntas hicieron que sus acompañantes se rieran ('¿Cómo sabe una tostadora que la tostada está lista?'), lo cierto era que parecía estar disfrutando la experiencia y los dos le aseguraban que no había nada de malo en preguntar.
En un momento, Peter se inclinó hacia adelante, apoyando la barbilla en la mano, y preguntó con sinceridad:
- ¿Tú cómo lo haces? Vivir entre dos mundos, quiero decir.
La sonrisa de Mary se congeló en su cara, y sus ojos marrones se cruzaron unos segundos con los del licántropo, recordando aquella conversación que tuvieron a principios de año.
- Es complicado -respondió finalmente la chica -uno no se acostumbrada a que no te entiendan. Mis padres no comprenden ni la mitad de lo que hago en Hogwarts, pero me apoyan igual. Y bueno, la mayoría de los magos tampoco ven las cosas buenas que tiene el mundo muggle... entonces resulta complicado.
Peter escuchó en silencio, su mirada más seria de lo habitual.
- Eso suena... solitario -afirmó el chico.
- Lo es -admitió Macdonald, sonriendo ligeramente. -Pero también tiene sus ventajas, tú tienes la suerte de poder explorar el mundo muggle sin que te obliguen a vivir en él, ¿no?
Peter asintió lentamente.
- Si, aunque no es tan sencillo como pensaba -suspiró el chico resignado, Remus le dio una palmada en el hombro. -Y supongo que que una de tus mejores amigas sea también hija de muggles y podáis hablar de estas cosas ayuda mucho -dijo el rubio en dirección a la castaña, quien se tensó.
Mary se obligó a sonreír hacía semanas que no tenía una conversación con Lily como Dios manda, y en verdad, empezaba a echarlas de menos, sabía que su enfadó con la pelirroja estaba justificado, pero eso no quitaba que estuviera cansada de la situación que se vivía en su dormitorio en esos momentos. Pero eso no era incumbencia de los merodeadores, así que asintiendo añadió.
- Si, ayuda.
Lily miró su reloj y vio que eran tan solo las 17:30 de la tarde, el día se le había hecho eterno. Levantó la mirada de su muñeca para posarla en sus amigas sentadas frente a ellas, Marlene y Dora, últimamente la mayor parte de su tiempo lo pasaba junto a ellas, o solo. No es que se quejara, queria mucho a las dos águilas, pero echaba de menos pasar un rato también con sus compañeras de habitación, incluso con Blish, con quien seguía extremadamente enfadada.
Una racha de viento golpeó la ventana de la biblioteca haciendo que la pelirroja posara sus ojos verdes sobre ella, Evans no pudo evitar acordarse de que Angelina ese día tenía entrenamiento y conociéndola no se habría llevado ni abrigo, seguro que se enfermaba para el partido y aún se ponía de un humor más insoportable que el actual. Lily soltó un resoplido llevándose una mirada confusa de las dos rubias.
- ¿Qué te pasa? -Inquirió Marlene con un tono cansado
- Nada -se justificó la gryffindor.
- Mi padre dice que no es bueno guardase lo que uno siente -canturreo Meadowes mientras dibuja líneas en su pergamino -confunde a la mente.
Marlene sonrió, aunque Pandora no estuviera confundida los manierismos tan peculiares de la rubia daban un toque cómico a la situación.
- El padre de Dora es muy sabio -estuvo de acuerdo Mckinnon.
Lily bufó mientras sacaba la lengua a su amiga, Marlene ni corta ni perezosa le devolvió el gesto, haciendo que Pandora, quien había levantado la cabeza de sus dibujos riera en voz baja.
- Me gusta veros así -afirmó Meadowes con voz soñadora, -este curso está siendo muy triste. Parece que hemos envejecido 10 años en apenas unos meses.
Lily por unos segundos sintió como la tristeza le invadí, pero ese sentimiento fue rápidamente sustituido por una oleada de renovado cariño hacia su amiga. Muchos creían que Pandora Meadowes siempre tenía la cabeza en las nubes, que no se daba cuenta de cosas mundanas o simplemente que estaba un poco loca. Pero su amiga era mucho más perceptiva de lo que la gente creía, simplemente no le gustaba meterse en la vida de los demás a diferencia del 90 % de la población de Hogwarts.
- Tienes razón Dora -afirmó la hija de muggles -este curso no está dejando mucho margen para alegrías, pero aún hay tiempo.
Con esa última frase Lily se inclinó sobre la mesa y con su varita dio un golpe sobre el pergamino de la rubia, al instante los dibujos y líneas que se entrelazaban entre sí salieron del pergamino y empezaron a moverse en el aire delante de la rubia como si luces de colores bailarinas se trataran.
- ¡Ohhh! -Exclamaron las dos amigas sorprendidas.
La pelirroja tenía una sonrisa en sus labios mientras seguía el movimiento sutil en el aire de los dibujos de Meadowes. Cuando se desvanecieron para volver a parecer en el pergamino de su amiga la sonrisa de la prefecta no había desaparecido.
- ¿Cómo has hecho eso? -Preguntó Marlene aún fascinada por lo que acababa de ver estaba segura de que no lo habían aprendido en clase.
- Es un hechizo nuevo.
- ¿Es del club de encantamientos? -Insistió la rubia aún sorprendida, pero el sonrojo de la leona fue suficiente para saber que no lo era.
- Lily -empezó Pandora lentamente -¿has inventado tu el hechizo? -La pregunta pilló a la prefecta desprevenida, pero al cabo de unos segundos que parecieron eternos, Lily asintió, sus dos amigas sonrieron entusiasmadas.
- Vaya Lils eso es impresionante -dijo Mckinnon -¿es el primero que inventas?
Lily no sabía exactamente que responder a eso, ese hechizo era el primero que había conseguido que funcionara, pero había intentado en múltiples ocasiones crear nuevos hechizos.
- Más o menos -confesó.
- Es increible -replicó Dora entusiasma -¡tienes que enseñármelo! -Lily se rio, pero asintió afirmativamente ante la alegría de su amiga.
- ¿Es esto a lo que te quieres dedicar cuando nos graduemos? -Inquirió Marlene.
Lily frunció el ceño pensativa mientras una expresión de inquietud adornaba su cara. No es que Evans no tuviera claro a que se quería dedicar o que nunca hubiera pensado que iba a hacer después de Hogwarts. Simplemente con la situación actual la pelirroja no se había permitido imaginar su vida una vez hubieran hecho los EXTASIS, además Liy creía que en el clima actual sus sueños jamás ser harían realidad.
- La verdad, no lo tengo claro, con los tiempos que corren quizá debería dedicarme a cosas más prácticas, como ser medimaga, o algo similar.
- ¿Pero tu no te mares cuando ves sangre? -Preguntó Marlene confundida.
- ¡Eso no es cier...! -Protestó la chica, pero la risa de Pandora le cortó a medio camino.
- Si que lo es, -contradijo la rubia ceniza -recuerda hace unos años en casa de Mar cuando su hermano se partió el brazo, solo de ver el hueso y la sangre te desmayaste ahí mismo y os pasasteis los dos toda la tarde encerrados en casa.
Lily se quedó en silencio, mientras sus dos amigas reían, lo cierto es que la pelirroja recordaba con cariño ese incidente. Había tenido que pasar toda la tarde encerrada en casa de su amiga, mientras las chicas permanecían al sol en el jardín, pero xxx y ella se lo habían pasado bomba, jugando a juegos mágicos y comiendo dulces para que se sintieran mejor.
- Sabes, creo que desde entonces Bobby esta enamorado de ti -comentó Marlene con una sonrisa, Lily se sonrojó aumentado las risas de sus amigas.
- No está enamorado -replicó la pelirroja -simplemente, fui la primera chica mayor no relacionado con el que le hizo caso.
Marlene no negó que probablemente ese fuera el motivo, pero aún así le hacía gracia que su hermano de Robert que era 6 años menor que ellas estuviera completamente enamorado de su amiga.
Aunque el tema que estaban hablando era alegre, Lily no pudo evitar pensar en lo que estaba sucediendo ahora fuera de los muros del castillo, y en los tiempos que se avecinaban. Evans sintió un nudo en el estómago mientras se giraba hacia sus amigas.
- Con los tiempos que corren voy a tener que dejar de marearme cada vez que vea sangre -su tono era firme. -No quiero quedarme de brazos cruzados mientras todo a mi al rededor se derrumba.
Marlene y Dora la miraron en silencio, con una mezcla de preocupación y comprensión en sus rostros. Todo lo que había ocurrido ese año en Hogwarts, Lissy Quinn, los carteles, el ataque a Lily, la caída de Marlene, y ahora los últimos rumores...
- ¿Habéis oído lo de Linda Cherish? -Preguntó Marlene, bajando la voz al notar que varios estudiantes se acercaban a la mesa. Mientras que Lily negaba con la cabeza, Pandora levantó las cejas, sorprendida.
- ¿Linda? ¿La chica de quinto de hufflepuff? ¿Qué le ha pasado? -Inquirió Evans, notando de inmediato la tensión que surgió en la conversación.
Marlene se inclinó hacia adelante, bajando la voz aún más.
- Dicen que la profesora McGonagall la encontró en un aula desmayada y llena de heridas. -Mckinnon hizo una pausa antes de agregar, -creen que alguien en el castillo la atacó por estar saliendo con un hijo de muggles. Nadie sabe que ha pasado, pero corren varios rumores al respecto: algunos opinan que atacando a Linda le hacían pagar a él; otros dicen que puede que alguien no cree que ella deba salir con un hijo de muggles; por otra parte hay quién ha oído que una traidora como ella debía pagar.
Lily frunció el ceño, intentando procesar las palabras de su amiga. ¿De verdad Marlene estaba hablando de Linda? ¿La misma Linda que conocía? Siempre había sido super agradable con ella y con todos, no había persona en Hogwarts quien no quisiera a la hufflepuff, no era una persona que pudiera estar involucrada con nada oscuro. ¿Cómo había terminado en una situación tan peligrosa?
- ¿Estás segura de lo que dices? -Preguntó Lily, la idea de que alguien pudiera estar jugando con las vidas de otros en el castillo la inquietaba profundamente.
Marlene asintió, pero su rostro se torció en una expresión entre la confusión y el miedo.
- Los rumores están por todas partes, Lils. -Hizo una pausa, dejando que la información se asimilara. -Yo no creo que nadie quisiera hacer daño a Linda porque ella haya hecho algo malo a alguien, es una monada de chica así que no tiene sentido. -Marlene nuevamente hizo una pausa, y miró a Lily de soslayo antes de añadir -pero si que oí que hace unos meses rechazo a Mulciber...
Lily respiró profundamente, su mente trabajando a toda velocidad. Si Linda de verdad estaba herida estaría en la enfermería, se negaba a creer nada de lo que oía hasta que ella misma comprobara el estado de la joven, y se negaba a pensar que dentro del castillo hubiera gente dispuesta a atacar a sus compañeros, incluso cuando ella misma había sido atacada por la espalda unos meses atrás. Dora, viendo el conflicto en la expresión de Lily, decidió añadir algo más.
- Siempre puedes inventar un hechizo que acabe con Voldemort, serías la heroína del mundo mágico y te erigirían una estatua 'Oh salve Lily Evans, salvadora del mundo mágico'.
Marlene no pudo evitar reír ante las ocurrencias de su compañera de casa y sobre todo ante la cara de incredulidad de la pelirroja.
La clase de Runas había comenzado como cualquier otra, con los estudiantes sentados en sus pupitres, tomando notas y tratando de seguir el ritmo de la lección. Sin embargo, para James Potter, el contenido de la clase era solo un ruido de fondo. Su mente estaba completamente absorta en el partido de quidditch que se jugaría ese domingo y en la conversación que había tenido con Sirius la noche anterior. Black por fin le había contado que ponía en aquella dichosa carta, y Potter entendió perfectamente la preocupación que llevaba semanas carcomiendo a su amigo.
Al principio de la clase James intentó forzarse a tomar notas con su pluma, pero sus ojos se desviaban constantemente hacia el vacío, sin poder evitarlo, y su mente repasaba lo que había hablado con Sirius la noche anterior. Por eso al cabo de unos minutos se rindió, y decidió repasar las jugadas de quidditch que tenía dibujadas en un pergamino frente a él, sabiendo que era la única y mejor forma de tranquilizar sus nervios.
- James, ¿puedes concentrarte? -murmuró Lupin a su lado, con un tono paciente pero cansado. A diferencia del azabache el no se había rendido en su intentando de tomar apuntes en clase, pero el continuo movimiento de su amigo le distraía de lo que decía el profesor.
- No puedo, Remus - respondió, su voz casi sin energía -estoy preocupado por Sirius, y por lo de esta noche -añadió.
Remus frunció el ceño, claramente desconcertado. El castaño entendía porqué el azabache se preocupaba por lo de esta noche, las ojeras debajo de los ojos de Remus y el sentimiento de malestar general le recordaban que esa noche sería luna llena y como ocurría desde hacía ya un año sus amigos le acompañarían en la transformación. Pero Sirius no había contando nada al prefecto, así que este no podía saber que era lo que tenía tan inquieto a sus amigos.
- ¿Crees que debería hablar con él? -Remus sugirió con cautela, sabiendo que Sirius no era precisamente abierto en cuanto a compartir sus sentimientos, pero si le forzabas podías llegar a sonsacar cosas.
James suspiró, viendo cómo el profesor se acercaba al estrado con una mirada muy enfocada en la clase, lo que indicaba que probablemente se avecina algún anuncio. De repente, el profesor, con voz solemne, dijo.
- Quiero que ahora pongáis en práctica lo que hemos estado aprendiendo en esta clase, comenzaréis un trabajo por parejas que me entregaréis el lunes con un informe. Las parejas serán asignadas de forma aleatoria. No quiero ni una sola queja.
James, gruñó por lo bajo ese no era un buen fin de semana para mandarle ningún trabajo, pero si por lo menos pudiera hacerlo con Remus no hubiese estado tan mal. Mientras tanto el prefecto a su lado se había tensado, probablemente no saldría de la enfermería hasta el domingo por la noche o el lunes por la mañana no había forma de que entregara ese informe a tiempo.
Potter apenas pudo reaccionar cuando notó como Remus se levantaba para ir a trabajar con Catt, y aún menos cuando escuchó su apellido y el apellido de Evans seguido del suyo. De malhumor se levantó de su asiento y caminó hacia donde ella estaba sentada, cuando Lily lo vio acercarse, levantó una ceja y frunció ligeramente el ceño.
- ¿Potter, vas a concentrarte ahora o seguirás distraído dibujando en tu pergamino como has estado haciendo toda la clase? -Le dijo, con una pequeña sonrisa en sus labios, aunque su tono mostraba que estaba un poco molesta.
- ¿Yo? -James preguntó, fingiendo indignación, pero ahora algo divertido. -Eres tú quien al parecer no me ha quitado ojo en toda la hora.
Lily se sonrojó ligeramente.
- No te creas tan importante, los resoplidos de Remus bastaban para saber que la estabas liando.
- ¿Y cómo sabes que estaba dibujando si solo has escuchado los resoplidos de Remus? -Inquirió el chico con una sonrisa ladina.
El sonrojo de la pelirroja fue en aumento al verse pillada por el morocho, pero no añadió nada más. A pesar de todo Lily fue capaz de aguantarle la mirada, su expresión cambiando de leve irritación a una resignada.
- Bueno Evans ¿qué hay que hacer? -Lily chasqueó la lengua enfadada.
- Me niego a hacerte el trabajo Potter, esto es en equipo -le recordó ella. Pero sorprendentemente para la pelirroja el chico pareció molesto ante esa declaración.
- Lo sé Evans -su tono se había vuelto frío -no acostumbro a dejar que otros hagan mis cosas por mí.
Lily por segunda vez en menos de cinco minutos sintió como se ruborizaba.
- No quería decir eso James -dijo con tono suave, siendo consciente de lo raro que se le hacía llamar al chico por su nombre de pila -solo que cómo has estado tan distraído con el partido de quidditch y no te has enterado de la clase, pensé que... -la mirada intensa en los ojos avellanas de su acompañante hizo que la pelirroja dejara el tema. -El profesor nos ha mandado crear un trasladador, aplicando las runas aprendidas en clase -explicó finalmente la chica, incómoda por la situación que había propiciado.
James asintió, y se puso manos a la obra a su lado. El silencio reinó entre los dos mientras ella veía al azabache trabajar, sin siquiera abrir el libro Potter fue capaz de escribir en un pergamino una lista en menos de cinco minutos de todas las runas que necesitarían para aplicar el conjuro sobre el objeto. La pelirroja mientras sacó su manual y comprobó que estuviera bien, gratamente sorprendida vio que así era, y que Potter había llegado a incluir alguna runa no necesaria pero que reforzaba la capacidad del trasladador. A pesar de que la curiosidad estaba matando a Lily no quiso preguntar nada al chico por miedo a volver a ver ese brillo peligroso en sus ojos.
- ¿Cómo va el equipo? -James que se encontraba girando la pluma entre sus dedos paró y la miró.
Debió ver algo en su mirada porque recostándose sobre el respaldo en su silla, relajó su expresión a una mucho más tranquila y se tomó un momento para contestar a la chica con un tono más normal.
- Bien, tenemos muchas posibilidades de ganar, Robins ha estado soberbio en los últimos entrenamientos y ha contagiado esa actitud al resto del equipo. -Potter hizo una pausa, -lo curioso es que me preguntas por el equipo cuando nunca lo has hecho.
- Bueno, nunca antes habíamos intentado ser amigos -explico ella, sin mirar al chico, mientras anotaba en el mismo pergamino de James explicaciones sobre el uso de las distintas runas.
- Puede ser -asintió el azabache -aunque creo que más bien, es que nunca antes habías estado peleada con Blish durante la temporada de quidditch.
Lily se tensó.
- No es asunto tuyo, Potter. No te metas en mis cosas. -Pero la molestia que mostraba le dio igual a James.
- Lo sé, lo sé, pero... - el azabache levantó las manos, como si intentara calmar la conversación. -Pero eres tú quien se ha metido donde no te llaman, así que no seas hipócrita.
Lily levantó tan rápido la vista del pergamino que le dio un latigazo en el cuello enviado hondas de dolor a sus cervicales y espalda. Sus ojos verdes perforaron a el capitán dolidos por ese comentario. Pero al chico le dio exactamente igual, sabiendo que efectivamente, no estaba equivocado.
- Deberías preguntarle a Blish, si tanto te interesa -añadió el hurgando en la herida.
Lily lo ignoró deliberadamente fijando aún más la vista en el pergamino con una expresión un poco triste.
- Entonces esta claro que el partido no es lo que te preocupa.
- Hay muchas cosas de las que preocuparse en este mundo -replicó el de forma evasiva.
- ¿Incluso estando dentro de Hogwarts? -Inquirió ella sorprendida. -Me atrevería a decir que el colegio es bastante seguro me -añadió.
- Si -asintió el sarcástico -saber que corbata ponerme mañana no es un gran drama desde luego.
Lily para su desgracia bufó divertida, y le dio un golpe al chico, quién le había tomado el relevo y revisaba los comentarios de Lily sobre las runas haciendo algún apunte.
- No me refería a eso -replicó aún divertida -entiendo que tienes muchas cosas en la mente, pero la guerra no esta presente en el castillo.
- ¿Ah no? -Cuestionó James -¿estas segura de eso?
Lily se detuvo a pensar su afirmación un segundo, ¿acaso no estaban seguros en Hogwarts?, ¿acaso los muros del castillo no los protegían de los horrores del exterior y dejaban atrás sus preocupaciones? El rostro de James y la ausencia del brillo en sus ojos era indicativo de todo lo contrario, y si la prefecta dejaba de engañarse, admitiría que Potter tenía razón. ¿No la habían atacado a ella en septiembre? ¿Acaso no había sido raptada y asesinada una niña de primero de camino al colegio? ¿No corrían rumores sobre algo siniestro que le había ocurrido a Cherish? ¿Su mejor amiga no había sido brutalmente derribada de su escoba y había acabado en coma hacia apenas unos meses? ¿No había visto a James y Sirius a punto de estallar a causa de la preocupación por sus seres queridos?
- Tienes razón -susurró Lily -creo que la guerra no se queda enteramente fuera del castillo. -James contentó con la respuesta de la pelirroja asintió, pero aún no había visto atisbo de sonrisa en su rostro. -¿Entonces asumo que no estas preocupado por qué corbata ponerte?
- 10 puntos para gryffindor -susurró el sarcástico de vuelta, pero su tono había sido más habla y su gesto duro se había relajado.
- ¿Por qué es? ¿Por los rumores que corren acerca de Linda Cherish?
- ¿Linda Cherish? -Preguntó James sin saber quién era.
- Sí una chica de un año menos de hufflepuff muy mona, -el azabache negó con la cabeza aún sin saber de quién le hablaban y la pelirroja procedió a contarle acerca de todos los rumores que habían circulado por el colegio sobre ese tema.
Cuando acabó James se quedó en silencio un momento, sin saber cómo responder. Finalmente, la voz del profesor le sacó de sus pensamientos.
- Ha llegado la hora, quiero que todos me entreguéis el lunes, el trasladador y en un informe, si nos dejan saldremos fuera del castillo y lo comprobaremos.
El ruido de los alumnos recogiendo y el movimiento entre las mesas hizo que los dos chicos espabilaran. Aún absorto por lo que ella le había contado, James ni se percató cuando Remus se acercó a ellos. Cuando el castaño le hizo una señal para ver si se iban ya, Potter asintió sin ser muy consciente de ello. Pero cuando se iba a ir se giró a Evans, clavando sus ojos avellana en los de la chica.
No importaba cuantas conversaciones civilizadas hubiera sido capaz de mantener con Potter a lo largo de ese curso, cuantas veces se hubieran gritado a la cara el uno al otro en los últimos 5 años y medio, o que desde el momento en que le conoció había estado cruzándose con su mirada aguda y sonrisa traviesa, nada de todo eso preparó a Lily para lo que vio en los ojos de Potter. La pelirroja podía percibir los miles de pensamientos y emociones que parecían arremolinarse tras los cristales de las gafas del adolescente enturbiando la claridad de su mirada, sin darse cuenta Evans contuvo la respiración. Lily sintió como algo salvaje se retorcía en su interior; quería apartar la vista, pero no podía; quería volver a respirar, pero su cerebro se había olvidado de como hacerlo. Sin embargo, James si pudo, Potter rompió el hechizo, que había tenido a la pelirroja absorta. El azabache se inclinó hacía delante, y con un veloz movimiento tomó el pergamino en el que habían estado escribiendo y el objeto que les había entregado el profesor los cuales descasaban sobre la mesa entre ellos.
- Yo lo termino, te los pasaré el domingo por la noche para que lo revises -antes de marcharse sin añadir nada más.
Lily se quedó ahí parada, perpleja, observando cómo el chico se alejaba incapaz de comprender lo que acababa de suceder. Solo el bufido sarcástico de Blish al pasar a su lado hizo que Evans saliera de su trance.
- ¿Qué? -Ladró la pelirroja a la negra, con un mayor tono de agresividad del que pretendía.
La cazadora se detuvo sorprendida y se giró a mirar a su compañera de curso, solo quedaban ellas dos en todo el aula.
- Nada -contestó tomada por la sorpresa.
- Ajá -replicó sarcástica la hija de muggles -si tienes algo que decir, dilo, no lo insinúes que sonidos y bufidos. -Su tono seguía siendo agresivo, y Lily quiso golpearse a sí misma '¿que le pasaba? ¿por que buscaba pelea con Blish? ¿por qué no se callaba de una vez?' Una voz en su interior le decía que a pesar de que sabía que estaba mal prefería lidiar con esto, que pensar en lo que acababa de suceder, y que Blish solo era un chivo expiatorio.
La morena que se iba recuperando de su sorpresa inicial pareció molesta ante esto, y en sus ojos refulgió el triunfo:
- Pues que parece que tengo razón y sigues acudiendo a Potter para que te socorra de tus problemas, para tratarlo como la mierda después.
Dicho esto, y sin dar lugar a réplicas Angelina desapareció por la puerta. Lily enfurecida, tomó lo primero que encontró y lo lanzó contra la pared haciéndolo añicos. La tinta se derramó por la pared como la sangre que cae de una herida.
El Gran Comedor estaba lleno del bullicio típico de la cena en Hogwarts, el silencio que había reinado durante los primeros meses había quedado en el olvido. El tintineo de cubiertos contra platos, carcajadas resonando de una mesa a otra, y conversaciones entrecortadas que se perdían en el aire. En la mesa de Gryffindor, Adam estaba sentado con tres de los merodeadores, riendo a carcajadas con Sirius y Peter, mientras James fingía indignación por algún comentario. El adolescente sonrió, hacía tiempo que no se lo pasaba también, el caos que reinaba en el gran comedor era un reconfortante, de esa clase que hace a uno sentir un sentimiento cálido en el pecho.
Remus no estaba allí, el prefecto se había encontrado regular los dos últimos días, pero alncanzó su límite durante la última clase de la tarde. Adam quien estaba sentado junto a el, había acompañando al prefecto a la enfermería bajo la atenta supervisión de McGonagall, y la de los merodeadores quiénes no parecía completamente convencidos de que Adam supiera manejar la situación. Después de dejar a su compañero con la señora Pomfrey y asegurarle que iría a visitarle al día siguiente volvió a clase, el chico notó desde el instante que entro la preocupación en el rostro de James y la inquietud de Sirius y Peter pero ninguno había sacado el tema durante la cena.
- ¿Y entonces qué pasó? -Preguntó Sirius con una ceja alzada, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.
- Oh, ya sabes cómo es McGonagall -dijo Adam encogiéndose de hombros. -Me miró como si fuera a caer de la escoba con la racha más leve, debe pensar que tengo el peso de una pluma.
Sirius soltó una carcajada sonora, mientras Peter trataba de no atragantarse con su puré de patatas comento.
- Por suerte Fenwick la convenció para que te dejara hacer la prueba, y así acabaste siendo el guardián. Imaginos a McLaggen en esa posición.
Potter contuvo y un escalofrió.
- Sí, bueno, a veces creo que Minnie tiene un radar para los desastres potenciales -dijo James mientras apuntaba a Sirius con un tenedor cargado de pollo. -Especialmente cuando este está involucrado.
- ¡Eh! -Sirius fingió indignación, pero su sonrisa era evidente. -Que sepas que no todos mis desastres son intencionales.
- No, claro que no -replicó Peter con tono sarcástico. -Seguro que lo del calamar gigante en la fuente del patio fue un 'accidente'.
La carcajada de Sirius fue contagiosa, incluso Adam no pudo evitar reír, James por su parte asentía enérgicamente.
- Todavía no entiendo cómo lograste sacarlo del lago -murmuró Peter. -¡Es un calamar gigante! ¿Cómo pudiste hacerlo sin que nadie lo viera?
- Eso, amigo mío, es un secreto que solo yo y el calamar compartimos -respondió Sirius con una sonrisa orgullosa y traviesa a partes iguales mientras se servía más puré en su plato.
- Y que se llevará a la tumba -añadió el azabache.
- Amén -confirmó Sirius llevándose una cuchara de puré a la boca.
Adam no pudo evitar sonreír, la verdad es que el chico se estaba acostumbrando a ese tipo de conversaciones, durante la última semana la mayoría de comidas las había hecho con los merodeadores. Robins siempre había sido más cercano a Heather o a los huffelpuffs de su curso que con los chicos de su habitación. Sin embargo desde San Valentín el chico se había esforzado en evitar a Jorkins y como Cedric cada vez pasaba más tiempo con Mary y eso implicaba de alguna forma a Heather, los merodeadores eran su último recurso. Pero no se quejaba.
En verdad Adam no entendía porque apenas había compartido sus ratos libres con ellos en los últimos años, pero se alegraba que las cosas estuvieran cambiando. De alguna forma Robins ese curso se había encontrado en una especie de vacío social, puesto que Frank y Benjy se habían graduado el pasado junio, Heather había pasado la mayor parte del curso en una burbuja y aunque Reg fuera genial no podía depender solo de él todo el tiempo. Por eso, este año, casi sin darse cuenta, se había ido acercando más a los merodeadores.
- ¿Por qué hiciste eso? -Preguntó el guardián muerto de curiosidad, nunca había entendido ese arrebato de Black.
Sirius se quedó mirando a Robins sin entender bien que quería decir, Adam casi podía leer en sus ojos '¿acaso hay que tener un motivo para gastar una broma?', pero en lugar de esos Black le respondió con tranquilidad.
- Bueno en realidad fue culpa de 'Pops' -explicó.
- Evans -aclaró Peter al guardián con una sonrisa amable, Sirius seguía hablando como si no lo hubieran interrumpido.
- Acababa de rechazar a James por vigésima tercera vez -Potter bufo y le saco un dedo a su amigo -y el pobre estaba muy deprimido porque Pops le había comparado con el calamar gigante y había salido perdiendo.
- James -aclaró otra vez Peter divertido.
Esta vez el azabache le dedicó el gesto a Pettigew, aunque Adam sabía que su capitán no estaba verdaderamente molesto con sus amigos.
- Por eso -Sirius había elevado unas octavas la voz no disfrutando las interrupciones de sus amigos -decidí darle una lección a ese molusco, y restaurar el honor de mi hermano
La seriedad en la mirada de Black y el tono perfectamente controlado y dramático de esa última frase hicieron que Pettigrew no aguantará más y estallara en carcajadas, Robins tardo poco en seguirlo, y Potter no se cortaba mientras negaba con la cabeza ante las ocurrencias de su amigo.
- ¿Tenéis pensado ir a ver a Remus después de cenar? -Pregunto el castaño sin ninguna intención detrás, sin embargo las reacciones desmesuradas de sus compañeros a esa simple pregunta hizo que se extrañara.
Peter se había atragantado con algo que estaba comiendo, mientras que Sirius y James se habían tensado, aunque ambos intentaban aparentar normalidad.
- No, hoy no -replicó este último con lo que pretendía que fuera un tono tranquilo, fallando en el intento.
Robins no dijo nada pero seguía analizando las respuestas de sus amigos aún sorprendido.
- Si supongo que es mejor dejarle descansar esta noche -añadió no muy convencido. Los otros tres asintieron a la vez. -¿Sabéis al menos lo que es?
A Adam le pareció que Potter y Black compartían una mirada, pero fue tan rápido que pensó que se lo debía haber imaginado.
- Remus tiene un estómago delicado -aventuró Black, el bufido de James desconcertó más a Adam.
- Y eso se agrava teniendo en cuenta que siempre ha sido un desastre para cuidarse -añadió Peter con ímpetu, pero la inquietud en sus ojos traicionaba la confianza con la que habló.
- Bueno el lunes estará como nuevo seguro, -zanjó James el asuntó con una sonrisa -Apgar es magnifico y creo que Pomfrey también es muy buena.
Ahí todos asintieron acordándose de las numerosas veces que James Potter había acabado en la enfermería y había salido al poco rato como si no hubiera ocurrido nada, ni siquiera aquella vez que Sirius se las había apañado para transformar sus huesos en madera. El cazador casi acaba con el cuando pensó que nunca podría jugar quidditch profesional por culpa de la estúpida broma de su amigo.
- Mientras que no haya sorpresas como la última vez -comentó Peter haciendo un esfuerzo por mantener el tono casual, aunque sus palabras parecían cargadas de significado.
- ¿Última vez? -Interrumpió Adam, frunciendo el ceño. -Pense que solo había sido un resfriado.
Sirius sonrió, pero no era su típica sonrisa traviesa, esta tenía un matiz calculado, casi ensayado.
- Y así fue, solo que era una sorpresa ver a Remus con las orejas echando vapor todo el día, parecía un dragón enfurecido.
Robins frunció el ceño, no recordaba que eso hubiera pasado, pero el no iba a discutir con sus compañeros.
- Claro -dijo James, encogiéndose de hombros. -Remus ya es bastante intimidante de por sí, pero con humo saliendo de su cabeza más. Aunque esta vez es la tripa recuerdas Pet -enfatizo la última frase con fuerza -así que no puede haber sorpresas relacionadas con pociones para el resfriado.
- Cierto -asintió nervioso Peter.
Adam pasaba sus ojos entre sus compañeros sin entender que estaba sucediendo.
- De todas formas ¿la visita a Remus forma parte de tu 'proyecto'? ¿Sigues esquivando a Heather?
Adam gruñó, desviando la mirada.
- No quiero hablar de Heather. Estoy bastante ocupado intentando no cometer errores en Transformaciones, si eso cuenta como 'proyecto'.
- Transformaciones -repitió Sirius con un tono burlón, mientras lanzaba una mirada rápida a James.
- ¡No es tan fácil como parece! -Protestó Adam, sintiendo el calor subirle al rostro -No entiendo como a vosotros os salen las transformaciones humanas tan fácilmente, es como si ya supierais hacerlas.
Peter carraspeó, no parecía muy cómodo con el nuevo tema de conversación tampoco. Pero ahora tenía un gesto de preocupación dibujado en sus facciones.
- Parecía muy cansando hoy... ¿Creeis que lo notará más? -Preguntó, y aunque no especificó a quién se refería, todos menos Adam parecieron entenderlo perfectamente aunque Robins no podía confirmarlo tenía la ligera sospecha que se trata de Remus.
- Por supuesto que lo notará -replicó Sirius, su tono casi desafiando a Peter por siquiera dudarlo. -Pero no es como si pudiéramos hacer mucho al respecto.
- Al menos lo estamos intentando -dijo James, con una nota de seriedad que contrastaba con su habitual tono despreocupado.
Adam, que seguía sintiéndose completamente ajeno al tema, apoyó la cabeza en una mano y los miró con desconfianza.
- No creo que porque no vayáis a ver a Remus una noche a la enfermería cambie mucho como se encuentre de la tripa. -Observó Robins no seguro si eso era a lo que sus compañeros se referían.
- Tienes razón, Robins -dijo Sirius, dándole un leve golpe en el hombro. -No es necesario ir a la enfermería esta noche.
Esta vez Adam no pudo pasar por alto el tono que había utilizado Sirius y frustrado preguntó.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Significa -interrumpió James, mirando a sus amigos de forma severa -que hay cosas que es mejor descubrir solo, como cuanto eres capaz de dormir si te duele la tripa. Pero oye, ¿por qué no nos cuentas más sobre cómo has esquivado a Heather toda la semana? Seguro que hay una gran historia detrás de eso.
Adam abrió la boca para mandar a la mierda a James, pero en ese momento Sirius se inclinó hacia Potter y murmuró algo que Adam no logró captar. James asintió imperceptiblemente, y Peter, que estaba tratando de parecer relajado, agarró un trozo de pan y empezó a mordisquearlo como si quisiera evitar cualquier posible pregunta. Era evidente que algo tramaban, pero Adam no lograba entender el qué y si estaba o no relacionado con Remus. Robins se sentía como si estuviera viendo una obra de teatro en un idioma que no conocía, con los actores hablando en clave y lanzándose miradas que solo ellos entendían.
- Sabéis no tenéis que intentar incomodarme con preguntas para que no averigüe que tramáis -dijo Adam, señalándolos con el cuchillo de mantequilla -con que me lo pidierais sería suficiente.
- Lo sabemos Robins -bromeó Sirius con una carcajada mientras se levantaba de su asiento y hacía un gesto dramático con las manos. -No te preocupes, quizá algún día te dejemos ser parte del club secreto.
Adam suspiró, sabiendo que no iba a conseguir más respuestas, pero no podía evitar pensar que lo que fuera que estaban tramando esta vez era más serio que una de sus habituales bromas pesadas.
Angelina Blishwick caminaba sin rumbo fijo por los pasillos oscuros del castillo, con el eco de sus propios pasos como única compañía. Después de la cena no había querido volver a su sala común, sabía que ahora los alumnos estarían sentados al rededor del fuego hablando tranquilamente o jugando a algún fuego y lo más probable es que sus compañeras de habitación estuvieran allí, así que queriendo evitar cualquier situación incómoda ella había decidido pasear hasta que llegara la hora de dormir. No quería enfrentarse a ellas, ni siquiera entendía del todo que era lo que ella había hecho tan mal para qué la odiaran tanto. Lo único que sabía era que se había convertido en el blanco de sus miradas y sus comentarios en los últimos días, y la presión de todo aquello estaba empezando a pesarle más de lo que quería admitir.
Los pasillos parecían interminables, y aunque sabía que pronto tendría que regresar para no arriesgarse a un castigo, la idea de volver era insoportable.
Sus pensamientos giraban en torno a demasiadas cosas. El partido de Quidditch contra Hufflepuff estaba a la vuelta de la esquina, y como cazadora titular, sabía que no podía permitirse errores, James se lo había dejado bien claro. Sin embargo, la tensión con sus amigas y el constante runrún de rumores no dejaban de rondarle la cabeza. Ni siquiera sabía cómo había llegado a este punto, pero la frustración era como un nudo apretándose en su garganta.
Doblando una esquina, se encontró con una figura que al principio no logró reconocer, hasta que se dio cuenta que era la última persona que deseaba ver. Sintió como si una piedra cayera en su estómago cuando la luz de las antorchas iluminó el rostro de Lyam Lyle.
- Blish -saludó Lyam, su tono desenvuelto y arrogante como siempre. Estaba apoyado contra la pared, con las manos en los bolsillos y esa sonrisa ladeada que parecía hecha a medida para molestarla. -¿Qué haces merodeando por aquí a estas horas? ¿Problemas con tus admiradoras?
Angelina sintió cómo la rabia burbujeaba bajo su piel, sabía perfectamente a qué se refería. No era la primera vez que él hacía comentarios envenenados, sabiendo exactamente dónde golpear. Después de todo, Lyam era uno de los motivos por los que había empezado esa pelea con sus amigas, aunque no todas lo supieran.
- No es asunto tuyo, Lyle -respondió con frialdad, intentando pasar de largo. Pero él se movió rápido, interponiéndose en su camino con esa actitud despreocupada que parecía diseñar para exasperarla.
- Vamos, no seas así -dijo con un tono burlón, inclinándose un poco hacia ella. -Creía que éramos amigos, o algo más.
- Que nos hayamos acostado un par de veces no nos hace nada Lyle no te equivoques -replico ella enfadada por las libertades que se tomaba el chico.
- ¿Estas segura de ello? Yo creo que te has divertido mucho conmigo
La sangre se le subió a la cabeza, y no por vergüenza. La ira la atravesó como un relámpago, tras su pelea con sus compañeras de habitación había jurado que lo que pasó en Navidad y luego en enero no se repetiría, y lo último que necesitaba era que alguien como él se lo recordara. Especialmente Lyle, con su actitud de superioridad.
- Déjame en paz -siseó, pero su voz carecía de la firmeza que pretendía.
Lyam la estudió por un momento, su sonrisa ensanchándose como si hubiera encontrado la grieta exacta en su armadura.
- Tranquila, no voy a decir nada a nadie tampoco me conviene hacerlo -dijo el adolescente con ese tono condescendiente que tanto la irritaba. -Pero deberías relajarte un poco, no quiero que te dé un ataque en medio del partido de Quidditch. Aunque claro, tal vez eso sería lo mejor para nosotros.
- ¿Por qué no te largas y dejas de comportarte como un idiota? -Espetó Angelina, cruzándose de brazos.
- ¿Idiota? -Repitió él, fingiendo estar ofendido. -Pensé que te gustaban los idiotas, Blishwick, al menos en Navidad no parecías tener muchas quejas y tampoco en enero.
Las palabras la golpearon como un puñetazo. Toda la frustración que había acumulado durante las últimas semanas explotó de golpe. Se sintió atrapada, como si todo el peso del mundo la estuviera aplastando: la pelea con sus amigas, la presión del Quidditch, el miedo a que alguien descubriera lo que había pasado con Lyle... y ahora él, parado ahí, provocándola como si tuviera todo el control.
Sin pensarlo demasiado, Angelina dio un paso hacia él, lo suficiente para que la sonrisa de Lyam vacilara por un segundo. Luego, lo agarró por la túnica y lo empujó hacia el aula más cercana, cerrando la puerta tras ellos con un golpe seco.
- ¿Qué estás haciendo? -Preguntó él, había cierto brillo de pánico en sus ojos, pero realmente su tono sonaba más intrigado que sorprendido.
Angelina no respondió, no quería pensar, no quería sentir. Solo quería que el torbellino de emociones en su cabeza se callara, aunque fuera por un momento. Y sentirse bien, sentir esa sensación en la parte baja de su vientre, esa pasión añuque fuera momentánea.
Blish miró al chico de arriba abajo aún con el fuego brillando en sus pupilas. Lyam, tan arrogante como siempre, le devolvió el gesto, notando que su acompañante no sacaba la varita ni parecía tener intención de atacarle dio un par de pasos hacia ella. Entonces sus manos empezaron a pasear por la curva de su cintura, la chica se mordió el labio y dejo escapar un suspiro, Lyle lleno de confianza comenzó a mover sus manos por todo su cuerpo, quitando a Blish la túnica y las medias y dejándola solo con la camisa y la falda puesta. Al ver que ella no le paraba la sonrisa regresó, más provocadora que nunca a la cara de Lyle, y Angelina no aguantando más y a sabiendas de que estaba cometiendo un error que solo empeoraría todo, se lanzó hacía el y le beso con desesperación.
En ese instante no le importaba nada más que lo que estaba sintiendo, y así el aula quedó en silencio, roto únicamente por los sonidos de dos personas que no tenían ningún control sobre sus impulsos, pero que sabían perfectamente que estaban jugando con fuego.
El sol comenzaba a ponerse cuando Remus Lupin se despertó en la enfermería, pálido y con la frente y el cuerpo perlados de sudor. El agotamiento le envolvía como una manta pesada, y la pesadez de sus párpados le impedía abrir los ojos. El ruido del mundo exterior parecía filtrarse a través de un cristal empañado.
Una sacudida recorrió su cuerpo, provocando que soltara un gruñido del dolor y haciendo que se maldijera asimismo por tener un humor tan negro. Era irónico, casi cruel, que cuanto más cercana estaba la luna llena, más agudos se volvían sus sentidos y más sensible era al mundo exterior, siendo aún 100 veces peor ese mismo día de la luna llena y el día siguiente. La hipersensibilidad era tan alta que prácticamente lo paralizaba por completo, convirtiendo cada sonido y cada luz en una punzada insoportable. Estar despierto era una tortura.
De niño las transformaciones no habían sido tan horribles, al menos no que Remus recordara. Pero a medida que crecía, el lobo dentro de él lo hacía también, ganando fuerza, presencia y violencia, Remus sabía que aquello era peligroso, alarmante incluso, y no podía evitar sentir que el destino lo había maldecido de una forma singularmente injusta. ¿Por qué tenía que ser él quien se contuviera siempre? ¿Por qué debía meditar y controlar cada una de sus reacciones cuando el resto de los adolescentes se daban el lujo de ser descontrolados, explosivos e impredecibles? Remus entendía porque tenía que aprender a controlarse para que el monstruo no ganara al hombre, pero eso no evitaba que esa injusticia le doliera. Esa era su cruz, esa era su carga.
La verdad es que el licántropo no recordaba mucho del día anterior, hasta la hora de la comida todo estaba más o menos claro. Pero la tarde se desdibujaba en su mente como una pesadilla febril, recordaba haber estado practicando hechizos en transformaciones cuando todo empezó y notó como una furia irracional había brotado en su interior cuando sintió el cosquilleo en la mano que intentaba transformar. El lobo se negaba, no quería cambiar, al menos no en algo que no fuera él mismo. Remus puso todas sus fuerzas en mantener el control, pero el esfuerzo de mantener sus emociones en línea y sus instintos animales a raya le provocó un dolor de cabeza tan intenso que pensó que se le abriría en dos. Lo último que escuchó antes de perder ligeramente la conciencia fue la voz de McGonagall exigiendo a alguien que lo llevara a la enfermería, recordaba vagamente haber apoyo todo su peso sobre alguien de camino a la enfermería, la mente de Lupin retenía retazos de la conversación que había escuchado cuando llegaron a la enfermería pero era incapaz de recodarla o darle sentido.
Cuando Pomfrey lo despertó un par de horas más tarde, Remus estaba completamente desorientado. Si no hubiera sido por las ligeras pero constantes sacudidas de la enfermera, y el ambiente a preocupación que se respiraba en el aire, el licántropo no se hubiera movido. El adolescente apenas era capaz de mantenerse en pie, pero se puso su capa de viaje que le tendía la enfermera y la siguió tambaleándose hacia el Sauce Boxeador. Cuando llegaron a la Casa de los Gritos entre una neblina de dolor y agotamiento, Pomfrey se quedó con él más de lo que debería, aplicando paños húmedos en su frente y dándole pociones musculares relajantes. Pero cuando la luna comenzó a alzarse, ella desapareció, dejándolo solo con el lobo.
Aunque Remus no recordaba muchas cosas que tenían lugar el día de luna llena, jamás sería capaz de olvidar sus transformaciones.
Cuando el dolor llegó implacable como siempre, Remus no pudo contener el grito desgarrador que brotó del fondo su garganta cuando empezó la transformación. La conocida sensación de los sus músculos desgarrándose para adaptarse a la forma del lobo; la habitual impresión de tener la piel ardiendo debido a que el pelo luchaba por salir a flote; y el sonido familiar de sus huesos rompiéndose para tomar la forma anatomía del lobo. Remus, grito y grito, se retorció, lloró y pidió ayuda, deseando que todo esto parara. El adolescente podía oír, sentir y oler cada cosa que estaba viviendo su cuerpo. Y por muchas veces que se hubiera transformado a lo largo de su vida, nunca se acostumbraría.
Justo cuando pensaba que no podía soportarlo más, cuando creía que el dolor lo rompería definitivamente dejándolo loco, levantó la mirada. Tres pares de ojos lo observaban: unos amarillos, unos rojos y unos negros. Supo en ese momento que no estaba solo.
...
Ese había sido su último recuerdo, ahora de poco a poco volvía en sí. Aún con los ojos cerrados, fue capaz de distinguir que se encontraba en la enfermería de Hogwarts, el olor antiséptico y a algunos ingredientes comúnmente encontrados en sitios sanitarios era muy fuerte para su sensible sentido del olfato percibió. De los pies de su cama era capaz de percibir el calor que desprendían un par de presencias y nuevamente el olor los delató, Sirius y Peter observaban a su amigo con preocupación desde ahí.
Remus era incapaz de abrir los ojos, parecía que su cuerpo no tenía fuerzas suficientes para seguir las ordenes de su cerebro, porque sabía que este era capaz de procesar sus ideas. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello pues escuchó como Peter salía corriendo en busca de ayuda. El prefecto no tenía claro como lo sabía, pero estaba 100 % seguro que Sirius era quien se encontraba ahora a su lado intentando ayudarle. Aspiró su olor e identificó su calor queriendo confirmar sus ideas.
No fue hasta que empezó a escuchar la rapidez con la que se acercaban los tres pares de pasos por el pasillo de la enfermería que cayó en la cuenta de que algo ahí no andaba bien. ¿Cómo no lo había notado antes? Incluso sin abrir los ojos, Remus sabía que algo estaba mal. El dolor que sentía era demasiado intenso, incluso para una noche de luna llena y sus amigos nunca iban a buscar a los sanadores hasta que Remus no les diera permiso. Sus amigos... entonces, una idea aterradora cruzó su mente: ¿Dónde está James?
El miedo fue más fuerte que cualquier otra sensación que estuviera sintiendo, aún notando como cada músculo gritaba de dolor, como cada hueso pedía auxilio y como se le tensaba la piel, con la ayuda de Sirius, el licántropo se incorporó en la cama y abrió los ojos. Clavó su mirada miel, turbia y desenfocada, sobre la de ojos gris y tormentos de Black, este se la devolvió sin problema.
Su apuesto amigo estaba pálido, con profundas ojeras que marcaban su rostro y con una falsa sonrisa asomó en sus labios, pero no logró engañar a Remus, algo había salido mal. James jamás hubiera faltado, el azabache siempre era el primero en dejar todo y estar ahí cuando sus amigos le necesitaban, era imposible que James no estuviera ahí, sin embargo, no había rastro de él en la enfermería.
El prefecto sintió como el nerviosismo empezaba a crecer en el, y como ese pequeño miedo inicial que había sentido al principio de su realización se iba convirtiendo en pánico, '¿dónde estaba James?, '¿acaso el lobo le habría hecho algo?'. Un escalofrio recorrió su cuerpo provocando espasmos de dolor y su respiración comenzó a acelerarse. El aire que llegaba a sus pulmones no parecía ser suficiente y cada intento de respirar era inútil, su pecho se cerraba más y más, mientras el zumbido en sus oídos crecía. Sirius intentaba decirle algo pero el no lo escuchaba, Remus quiso preguntar pero no podía. Fue ahí cuando el sanador Apgar y Pomfrey llegaron a su lado y sin ningún miramiento despacharon a Black y a Pettigrew.
Aunque sus amigo no se fueron, ambos se habían posicionado junto a la cortina que le cubría un poco más allá de os pies de su cama determinados a no marcharse de allí. Remus no apartaba los ojos de ellos, intentó hablar, pero su voz se quebró en un jadeo. Quería gritar, necesitaba obtener respuestas, pero el nudo de su garganta y los sanadores a su al redor se lo impedían, dejó caer la cabeza hacía atrás, y sintió como la sensación de picor de sus ojos se aliviaba cuando sus lágrimas rodaron libres por su cara. Su mente gritaba 'Merlín, que James este bien'.
Aprovechando que Remus estaba en la enfermería, Lily decidió ir a visitarlo y, de paso, aprovechar la excusa para ver si conseguía averiguar algo sobre Linda Cherish.
Esa mañana la pelirroja se había preocupado cuando no vio a ninguno de los merodeadores ni en el desayuno ni en la sala común. Sabía que era sábado y que muchas veces ellos aprovechaban esos días para dormir y recuperar horas de sueño después de sus travesuras y escapadas nocturnas, pero cuando la hora de la comida se acercaba y aún no había visto ni rastro de ninguno, comenzó a agobiarse. Fue entonces cuando se encontró con Adam, a quien le preguntó por ellos. El guardián le recordó que Remus se había puesto enfermo el día anterior, y que suponía que los otros estarían allí con él haciéndole compañía. De hecho, Adam le contó que el mismo había pasado esa mañana por la enfermería a saludar, pero que Remus en ese momento estaba durmiendo recuperándose con alguna poción del sanador Apgar.
Con la noche casi encima y después de la cena, Lily decidió ir a visitar a su amigo para ver cómo seguía. Después de cenar con las águilas Evans transformó un plato en una cesta de comida y con ayuda de Dora y Marlene guardó varias cosas en distintos recipientes: bocatas, patatas asadas, zumo de calabaza, pastel de carne, pudin de chocolate y tarta de melaza. Se despidió de sus amigas y partió rumbo a la enfermería, estaba segura de que los merodeadores lo apreciarían el gesto tras haber pasado todo el día ahí con Remus.
Cuando llegó a la enfermería, no pudo evitar fruncir el ceño al ver que solo estaban tres de los cuatro merodeadores. Remus, convaleciente, descansaba en la cama, pero James… Potter no estaba allí. Eso la inquietó un poco, aunque no lo diría en voz alta, no quería que Sirius se burlara de ella y acabará sacándola de quicio.
Los tres chicos estaban charlando y riendo como si nada, Lily se hizo notar con un ligero carraspeo no queriendo escuchar conversaciones ajenas.
- ¿Cómo estas Remus? -Preguntó mirando al chico que descansaba en la cama. Sirius, como siempre, le lanzó una sonrisa juguetona.
- Estoy mejor Lily, no te preocupes,-respondió mientras se acomodaba un poco mejor entre las sábanas.
- Sigues muy pálido -observó la chica y tenía razón.
- ¿Qué esperas? Ha estado toda la noche vomitando y con fiebre pero va a tener el mismo tono que Blish -replicó Sirius sarcástico.
- Tu tampoco es que seas muy morena -añadió Peter a la vez, con una sonrisa cómplice en sus labios.
Ambos chicos se miraron y chocaron los cinco orgullosos de si mismo, mientras que Lupin contenía una sonrisa y Lily dejaba escapar un bufido lleno de exasperación. Ignorando a los otros dos, la pelirroja se sentó en el silla que permanecía libre junto al lado izquierdo de la cama del prefecto, quedando frente a Sirius. Quien amplió más su sonrisa burlona, Evans respondió con una mueca infantil que hizo reír al gryffindor.
- Adam te envía saludos -dijo la chica -ha venido a verte por la mañana pero estabas durmiendo.
Remus sonrió agradecido, y notando aún la preocupación de su amiga añadió.
- Una intoxicación no es nada grave, veras como en nada estaré como nuevo.
Lily asintió, sin razón alguna para dudar de la explicación. Sabía que Remus tenía una tendencia a no ser el mejor con sus decisiones alimenticias, y le pareció perfectamente plausible que hubiera tenido una mala reacción a la comida.
- Os he traído algo para que comáis, -dijo elevando la cesta y colocándola a un lado de la cama del castaño-claro. -Aunque igual es mucho, pensaba que ibais a ser más, pero entre que tú no podrás comer Remus y Potter no está...
Había dejado caer el nombre del capitán del equipo de quidditch con la intención de que alguno de los tres merodeadores le ofreciera una explicación de la ausencia del azabache, pero ninguno lo hizo. Intentando disimular su desilusión Lily olvidó el tema y rápidamente se puso a hablar con los merodeadores de cosas triviales.
Mientras Sirius y Peter parecían disfrutar de las cosas que la hija de muggles había traído, fue fácil olvidarse de que Remus estaba convaleciente o que James no parecía haber estado. Sirius y Peter parecían disfrutar de los alimentos que había traído, y los dos bromeaban con tranquilidad y naturalidad entre porción y porción de comida.
Hablaron del partido de quidditch que tendría lugar mañana, de Adam y lo bien que les caía a todos, bromearon con el hecho de que hacía un año Lily hubiera hechizado la comida antes de traérsela, Peter les contó como iban con estudios muggles, y así entre tema y tema pasó la noche volando.
Cuando apenas quedaba media hora para el toque de queda, Lily se ofreció para ir a buscar a alguno de los adultos responsables de la enfermería y asegurarse de que le administraran las últimas curas a Remus. La excusa parecía lógica, y los chicos no se opusieron.
Mientras caminaba hacia el despacho del sanador, Lily aprovechó para echar un vistazo a la enfermería. Su mirada recorrió las camas vacías hasta que se detuvo en una que estaba parcialmente cubierta por una cortina. Desde su posición, no podía distinguir mucho, pero creyó ver un mechón rubio que le resultaba vagamente familiar. ¿Linda Cherish? La posibilidad la inquietó, pero antes de que pudiera acercarse para confirmar, la puerta del despacho se abrió de golpe y Madam Pomfrey salió, con su semblante siempre vigilante.
- ¿Qué haces aquí? -Preguntó la enfermera, arqueando una ceja.
Lily se apresuró a responder, intentando sonar casual:
- Venía a buscarla, los chicos y yo estamos a punto de irnos y quería saber si Remus necesita algo más antes de que nos despidamos por hoy.
Pomfrey no parecía del todo convencida. Sus ojos recorrieron a Lily con una mezcla de desconfianza y cansancio, pero finalmente asintió.
- Ya estaba de camino -respondió, señalando la cama de Remus con un movimiento de cabeza. -Acompáñame.
Lily la siguió, sintiendo la mirada de la enfermera clavada en su espalda mientras intentaba no volver a mirar hacia la cama oculta tras la cortina. Cuando llegaron junto a Remus, Pomfrey sacó un frasco de poción con un leve brillo ambarino y se lo ofreció al chico, quien la tomó sin protestar, aunque con una mueca de desagrado.
- Todo Lupin, no me hagas volver a insistir -ordenó Pomfrey cruzando los brazos.
Bajo la atenta mirada de todos, Remus se bebió la poción de un trago, frunciendo el ceño por el sabor.
- Ahí está, con esto deberías sentirte mejor por la mañana -dijo la enfermera con tono profesional, mientras recogía el frasco vacío. Luego, girándose hacia el resto. -Ahora todos fuera, ya es tarde, y Lupin necesita descansar.
- Pero puedo dormir aquí… -protestó Sirius, cruzando los brazos con testarudez. -Solo quiero asegurarme de que esté acompañado, no molestaré lo prometo.
- De ninguna manera, Black -respondió Pomfrey con firmeza.
- Además, tú tienes un partido de quidditch mañana y no pienso ser yo quien le explique a James que estás demasiado cansado para jugar porque decidiste quedarte aquí.
Sirius gruñó por lo bajo, pero no insistió, entonces fue Peter quien levantó la voz:
- Yo no tengo partido, ¿puedo quedarme con él?
Pomfrey lo miró con una mezcla de impaciencia y compasión antes de negar con la cabeza.
- Ni uno ni otro, el señor Lupin necesita descansar solo.
Remus suspiró, frustrado, pero no insistió.
- De verdad, chicos, estaré bien. Nos vemos mañana. -Su tono era calmado pero su mirada dejaba claro que tampoco quería quedarse solo.
Finalmente, los tres se dirigieron hacia la salida, resignados. Por un lado, estaba tranquila sabiendo que Remus estaba en buenas manos, pero algo en todo el día la dejaba con un sabor amargo. Cuando llegaron a la sala común, Sirius se dejó caer pesadamente en un sillón, con un suspiro.
- Es raro, ¿verdad? -Murmuró Peter, mirando al fuego de la chimenea.
- ¿Qué cosa? -Preguntó Lily, más alerta de lo que quería admitir.
Sirius respondió, con la mirada fija en las llamas:
- Todo Pops.
Lily sintió un escalofrío ante el tono y la respuesta de Black, pero no dijo nada. Por primera vez en mucho tiempo, no supo si quería saber la respuesta a sus preguntas.
Era un día frío pero con un sol brillante que hacía más llevadero el estar solo Merlín sabía cuantas horas al aire libre en los terrenos de Hogwarts en pleno mes de febrero. El campo de quidditch estaba abarrotado, era el primer evento en meses y los gritos de apoyo y ánimo de los tejones y los leones resonaban hasta en los muros del castillo. Aunque los colores rojo y amarillo brillaban con intensidad en las gradas, la atmósfera que se respiraba en el aire, era notablemente distinta a la del último partido. Los jugadores a pesar de estar dándolo todo en el campo, mostraban un espíritu amistoso que hacia que el encuentro se sintiera más como una celebración que como una feroz competencia.
Gryffindor domina el juego con confianza arrolladora, casi rozando la arrogancia. Adam Robins, el guardián estaba siendo la estrella indiscutible del artido. Con una seguridad aplastante, poco propia de él, rechazaba cada intento de anotación de los tejones quienes cada vez con movimientos más atrevidos intentaban superar la impenetrable defensa del guardameta.
Desde las gradas los amigos de hufflepuff del chico no podían evitar sentirse orgullosos, incluso cuando la actuación de su amigo les estuviera perjudicando. Quien no ocultaba su entusiasmo y gritaba a pleno pulmón palabras de ánimo era Mary. La chica a pesar de la rivalidad del día se había sentado con su novio y sus amigos tejones en las gradas de hufflepuff. Cedric situado justo a su lado se había mostrado feliz por ello, y haciendo gala de su habitual caballerosidad no parecía ofenderse ante el entusiasmo de McDonald, sino más bien todo lo contrario si la sonrisa divertida que se dibujaba en sus labios era indicativo de algo.
Al otro lado de la castaña, Heather observa la acción con el ceño fruncido, cruzada de brazos y mirando de reojo a los leones. No le había hecho demasiada gracia cuando su mejor amiga la había arrastrado hasta ahí a traición y ahora la trigueña no se sentía cómoda celebrando los logros de su equipo al estar rodeada de 'enemigos'.
Jorkins dirigió un fugaz vistazo a su sitio habitual durante los partidos, Lily estaba sentada junto a Peter Pettigrew y Elea Lynch, rodeada también de sus amigas de ravenclaw. Los tres leones lucían la bandera de su casa al cuello, además de eso los dos primeros se habían pintado diversas cosas en la cara. Mientras que Peter tenia dibujadas las iniciales de James en la frente haciendo reír a cualquiera que lo viera, la pelirroja había optado por ponerse dos rayas con los colores de gryffindor en ambas mejillas, simulando las que llevaban los guerreros en muchas tribus.
Heather se distrajo con los comentarios del locutor. En el campo los tres cazadores de gryffindor trabajaban en perfecta sincronización, ejecutando jugadas innovadoras que llevaban el inconfundible sello de James Potter. Los dos golpeadores, con movimientos fluidos y coordinados, despejaban las bludgers e interceptaban pases del equipo contrario, manteniendo el dominio en el marcador.
De repente, una de las cazadoras de Hufflepuff logró escaparse de toda la defensa de gryffindor e intercertar un pase de Blish a Lewis. Con rapidez y destreza la chica se encontró frente a frente con Adam, quien detuvo su tiro con una maniobra arriesgada y apenas logró atrapar la quaffle. Una vez Robins tuvo la bola en sus manos no pudo evitar lanzarle una sonrisa burlona a su contrincante, por toda respuesta Dona Foreman, compañera suya de curso y amiga le saco la lengua antes de ir a defender a Angelina.
Después de un par de jugadas más fracasadas por parte de ambos equipos, los leones finalmente pudieron marcar, haciendo que la diferencia creciera ahora a 90 puntos. Fue en ese momento cuando finalmente los buscadores divisaron la snitch, ambos se lanzaron en una frenética persecución. Leslie siendo más joven y menos pesada, luchaba contra el viento que la frenaba, al final la chica consiguió colocarse unos palmos por delante del tejón y cuando parecía que la victoria sería suya fue apartada de golpe por su capitán.
James quien había observado todo desde su posición, vio el peligro antes que Leslie y sintió una oleada de pánico recordando lo que le había ocurrido a Marlene en el último encuentro. El azabache no dudo, siguiendo un impulso de pura adrenalina dejó a un lado la quaffle y voló a toda velocidad hacia ella, empujándola fuera del camino. Potter consiguió esquivar la primera bludger, pero había girado demasiado en su intento y no le dio tiempo a rectificar antes de ser golpeado duramente en la espalda por la segunda y siendo lanzado contra las gradas. La fuerza del impacto fue tal que James atravesó parte de las tablas que formaban las gradas dejando a la multitud en un silencio sepulcral.
Ambos buscadores distraídos por el incidente, detuvieron su vuelo y perdieron la snitch. Leslie llena de preocupación gritó el nombre de James mientras intentaba recomponerse, pero el caos en las gradas ya era palpable. Sin embargo, Potter no tardó en salir del agujero que había creado y con rapidez remontó el vuelo hasta llegar donde Maud y gritar a esta que le pasara la quaffle.
Aún sorprendidos los jugadores retomaron el partido al principio con movimientos torpes y lentos. Potter quien apenas parecía afectado por su espectacular choque contra las gradas, lideraba a su equipo con una energía inquebrantable, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, no todos en Gryffindor lograban mantener la compostura, Leslie que todavía estaba visiblemente afectada por la culpa y la conmoción del incidente, perdió gran parte de su concentración.
Cuando la snitch apareció por segunda vez, Leslie inició la persecución con determinación, pero su inseguridad la hizo dudar en un momento crítico. El buscador de Hufflepuff, Jonathan Madley aprovechó la oportunidad para atrapar la dorada esfera con una maniobra limpia y precisa.
El estadio estalló en aplausos y los tejones eufóricos se levantaron de sus asientos para celebrar la victoria. Con la captura de la snitch, el marcador había quedado 170 puntos frente a los 140 de gryffindor, asegurándose el triunfo en un partido emocionante.
Los Gryffindor, a pesar de la derrota no pudieron evitar unirse al ambiente festivo cuando los jugadores de ambas casas se reunieron en el campo. Los tejones y los leones intercambiaron apretones de manos y felicitaciones sinceras, demostrando que la camaradería superaba a la rivalidad. Entre la multitud Peter se abrió paso hacia Adam Robins, para darle la enhorabuena y no fue el único. Adam, quien no estaba acostumbrado a tanto reconocimiento, se sonrojó visiblemente y balbuceó un agradecimiento.
Mientras tanto Lily no podía dejar de buscar con la mirada a James Potter. Jamás admitiría en voz alta que se había preocupado, pero las uñas de la pelirroja aún se distinguían en el antebrazo de Mckinnon. Finalmente, lo localizó a unos metros de distancia rodeado de sus compañeros e intentado animar a una llorosa Leslie.
Desde la distancia Evans analizó sus movimientos, con un escalofrío notó un corte profundo en la mandíbula derecha, con los bordes oscuros que indicaban que no era del golpe que había recibido hoy. Además, el brazo derecho de James parecía moverse de forma errática, eso probablemente si se debía a su encuentro con la bludger.
Pero todo eso al chico parecía darle igual mientras pasaba un brazo por los hombros a Robins y abrazaba con el otro a Bones.
Horas más tarde, Lily estaba acurrucada en una de las butacas frente al cálido fuego de la sala común, un libro abierto descansaba en sus manos. Su postura relajada, con las piernas dobladas bajo ella, contrastaba con la leve tensión que aún quedaba en el aire tras la derrota en el partido de quidditch. Blish se había retirado a la cama hacía rato, abatida y cansada, mientras que Heather y Mary charlaban en voz baja en otro rincón, sus risas apenas audibles entre el crepitar de las llamas.
La pelirroja había notado que por fin los cuatro merodeadores estaban reunidos, y con ellos Adam quien cada vez parecía pasar más tiempo con sus compañeros de habitación. Desde su asiento, Lily los había observado con disimulo durante un rato. Las risas y bromas de los chicos llenaban la sala, pero la pelirroja no pudo evitar notar algo extraño. En los ojos de Remus había un brillo de culpabilidad en los ojos de Remus cada vez que su mirada se posaba en James, era un detalle sutil, algo que quizás nadie más habría percibido, pero lo suficiente para sembrar una leve curiosidad en la prefecta.
Pero el interés se desvaneció rápidamente cuando volvió a concentrarse en su libro, las líneas de texto la atraparon por completo, envolviéndola en una historia que logró hacerla olvidar el bullicio a su alrededor. Un rato después, James Potter se levantó de su asiento y se acercó a ella, interrumpiendo su lectura con un suave 'Evans'.
Lily alzó la vista, algo molesta por la intromisión y confundida, en ese momento se dio cuenta que la sala común ya había empezado a vaciarse y que apenas quedaban en ella alumnos de los cursos superiores pero su expresión se suavizó al ver que sostenía el trabajo de Runas que tenían que entregar al día siguiente.
- ¿Qué pasa? -Preguntó la chica cerrando el libro.
- Lo terminé -dijo James, dejando frente a ella una redacción y el trasladador con las runas grabadas en su superficie. -Todo listo, quería asegurarme de que estuvieras de acuerdo antes de entregarlo mañana.
Lily dejando a un lado el libro inspeccionándolo con cuidado la tarea, las runas habían sido grabadas con precisión, y delicadeza.
- ¿De verdad lo terminaste tú o delegaste la mitad a Remus? -No pudo resistir lanzar un comentario, buscando provocarle.
- Esa belleza es 100% Potter -replicó fingiendo una expresión de ofensa.
Lily rodó los ojos, pero una pequeña sonrisa se asomó en sus labios. Levantó la vista para agradecer al chico su trabajo y haber cumplido con su palabra, pero nada salió de su boca.
El fuego brillaba sobre la cara del adolescente, y la prefecta pudo percibir la herida que había visto esa mañana el campo de quidditch. Aunque se había equivocado y no era un único corte, sino 4 líneas que iban desde encima de su mándibula hasta casi el final de su cuello.
- De nada -añadió James sarcástico ante la falta de agradecimiento.
La pelirroja no respondió, seguía con los ojos fijos en su herida, James incómodo se revolvió el pelo, pero el movimiento de su brazo fue un poco antinatural llevando ahí la atención de la pelirroja.
- Bueno Evans, yo me voy ya a dormir que estoy reventado, a menos que quieres que te haga compañía -añadió divertido.
Lily abrió la boca tentada a preguntarle que le había pasado y donde había estado el sábado, pero en lugar de eso dijo:
- Gracias, Potter. Ahora, ¿puedo volver a mi libro, o tienes más cosas para que revise?
James rio suavemente incrédulo y un poco indignado.
- Nada más por ahora, Evans. Que disfrutes tu lectura.
Sin darle tiempo a Lily a nada más, el azabache desapareció por las escaleras de los chicos, y ella se quedó prácticamente sola en la sala común observando el trasladador.
¡Hola buenas! Siento mucho si he tardado, pero como prometí y os reitero siempre que puedo no voy a dejar la historia tirada.
Aquí tenéis el siguiente capítulo, es muy largo y toca muchos temas, algunos que ya han ido saliendo y otros que empiezan a surgir. Ya os dije que muchos fics cuentan sus maravillosas aventuras pero yo creo que hay mucho más detrás de eso. Además en este capítulo he intentado reflejar un poco de la personalidad del Harry de los libros en sus padres, no sé si vosotros lo veis también. Y creo que este capítulo habla mucho de las dinámicas y las relaciones entre los personajes. Mi parte favorita es la de Remus.
Quiero aprovechar para agradecer a Paula por su increíble review, ¡me ha encantado leerlo! Y me ha dado mucha energía para seguir escribiendo.
A Raigana, también quiero agradecerle el review y decirte lo mismo, además entiendo perfectamente tu punto de vista y estoy de acuerdo en que Snape no es de mis personajes favoritos. Sin embargo, creo que Lily, al igual que James, creció mucho con los años, y me gusta pensar que dejó de ser tan prejuiciosa con él a medida que maduraban. ¡Gracias por tus palabras!
Y a lilyjohnasson, thank you so much for marking my story as one of your favorites it means a lot. As you asked me if you ever feel like talking or sharing more thoughts, don't hesitate to send me a private message. I'd love to chat with you!
Espero vuestros comentarios, y demás. Si veis cualquier fallo y error os pido porfa que me lo hagáis saber para corregirlo.
Gracias por pasaros a leer, besos.
B.
