Hay cientos de historias de terror sobre cárceles abandonadas, hospitales abandonados, escuelas abandonadas, cualquier sitio desprovisto de personas es tomado como algo aterrador por la mayoría, objeto de pensamientos y cuentos macabros en torno a aquello que se desconoce.

Pero una cárcel no tiene que estar desamparada del ojo humano para ser aterradora, está llena de personas que quizá no vuelvan a ver la luz del día por el resto de su vida. A algunas ya ni les importaba si salían o no, no tenían nadie a quien ver fuera, bueno mejor dicho nadie agradable. Esta vez no hablamos de uno de esos, hablamos de un recién llegado, más bien recién llegada.

Caminaba por los pasillos poco iluminados de la prisión con una sonrisa. Mirando a cada presa, sonriéndoles, irradiando una extraña felicidad en ese ambiente tan oscuro e incómodo. Atada de manos con esposas, observaba las celadas y a sus habitantes, le daban miradas que harían vomitar a cualquiera. Tras ella iban dos guardias, escoltándola hasta su celda.

Todos aquí me hacen querer sacarles los ojos.

Los guardias la miraron extrañados y confundidos. Cuestionándose a sí mismos como podía decir algo así y lucir tan feliz. Sus palabras simplemente no concordaban con su cara ni tono. Llegaron a su celda, abrieron la reja y la dejaron adentro.

¡Que caballerosos¡

Dijo riendo mientras le quitaban las esposas. Iba vestida con el mismo uniforma escolar ensangrentado que había usado horas antes, en su crimen más reciente. Por supuesto los oficiales la habían revisado en busca de cualquier arma. Toga se percató de que quedaría sola en la sala.

Los guardias entraron a la celda junto con ella, uno de ellos le quito las esposas, mientras el otro vigilaba.

¿Por qué no hay nadie más en mi celda?

Guarda silencio.

Eso no es muy amable.

Viniendo de una asesina lo tomaré como un cumplido.

No hables con la reclusa.

Dijo el otro el guardia que tenía una placa sobre su pectoral que decía "Kiran". Su compañero simplemente asintió saliendo de la celda acompañado por su amigo. Toga los miro a ambos y se pegó a los barrotes, aferrándose a ellos y sonriéndoles.

¿Dónde está el pajarito que me trajo?

Los guardias no respondieron. Simplemente caminaron por los pasillos hasta salir. Toga quedó sola en la celda. Por días. Sábado y domingo donde solo le hablaban para llevarle su comida y cuando salía al patio con el resto de era muy agradable, nadie ahí lo era. Pese a su sonrisa no se acercaban, como siempre.

La mañana del lunes al fin le trajeron algo de compañía. Una mujer, quizá en sus treintas. Exactamente igual que con Toga, los guardias no dijeron nada, solo la dejaron en la celda y se fueron. La mujer tampoco dijo nada, mantenía su mirada en el suelo, intentando ignorar a la rubia. Caminó hasta sentarse en la cama vacía.

¡Hola, soy Himiko Toga!

Se presentó tan alegre como siempre, esperando una respuesta por parte de la recién llegada.

Te ves muy joven para estar aquí…

Toga alzó los hombros mientras le sonreía, no mostraba ni una pizca de culpa.

No estaré aquí mucho tiempo.

¿Pagarán tu fianza?

No, escaparé, es muy emocionante.

Se retorcía alegre sentada en la cama de la celda, la mujer la miraba incomoda.

¿Tú por qué estás aquí?

No quiero hablar de eso.

Seguro no fue tan malo.

Claro que lo fue. Merezco estar aquí.

Toga se echó para atrás sin saber muy bien que decirle a la mujer, sin embargo, su confusión duró poco. Volvió a sonreír.

¿Tú amas a alguien?

La mujer alzó la vista por primera vez desde que llegó, sin esperar esa pregunta. No respondió, solo miró a Toga con confusión.

Lo sabía. Amas a alguien. Todos aman a alguien. Es normal querer estar cerca de quien amas ¿No?

Está vez la mujer asintió, dándole la razón a la rubia. Toga pareció más emocionada, al punto de saltar de la cama quedando cerca de la mujer. Su respiración se agitó, y sus mejillas se tiñeron de rojo.

Ya ves. Entonces no somos diferentes. Es normal querer parecerte a quien amas.

¿A dónde quieres llegar?

Yo tengo que salir de aquí para ir a ver a quién amo. Para poder ser como él.

La mujer no entendía nada, estaba preocupada, por ella misma, temiendo haber sido encerrada con una loca. Justo así parecía, sin embargo, era una niña ¿Qué crimen tan atroz podría cometer una simple niña? Y parecía estar enamorada. Una niña inestable.

Las horas pasaron incómodamente para la recién llegada. No habló mucho, no quería hacerlo, en su mente aún estaban ardiendo los recuerdos de aquel accidente que ella misma provocó. Toga la miraba con curiosidad, sin perder su sonrisa. Saludaba a los guardias cada vez que pasaban. Casi parecía disfrutar su estadía aquí. En su mente solo podía imaginar lo que haría al salir. Apretaba sus muslos con anticipación, imaginando mil y un maneras en las que podría llevar a cabo su retorcido concepto de amor. Llevar la palabra al acto.

La noche de ese mismo lunes, Toga se acercó a la mujer mientras ella aún dormía. Se aseguró de que no hubiera guardias cerca. De que solo fueran ellas dos en la celda. De que solo ella pudiera ver lo que estaba a punto de hacer.

La respiración de la mujer era agitada, quien sabe con qué estaría soñando. Se movía de un lado a otro, pero eso no cambiaría nada. Abrió los ojos, y vio los ojos amarillos de Toga encima de ella, intento gritar, pero las manos de la chica no lo permitieron, se ahogaba. Estaba siendo ahorcada ferozmente, intentaba patalear al sentir como el aire la abandonaba. Como la presión alrededor su cuello se hacía más fuerte.

Se le escapo su propia vida en manos de alguien más, tal como ella había robado la vida de otros sin quererlo. Toga en ningún momento dejó de sonreír mientras llevaba a cabo tal acto. Miró a la inerte mujer frente a ella, ni siquiera sabía su nombre, no quiso decírselo cuando se presentó.

Fijó su vista en el cuello de su nueva víctima, y se relamió los labios.

Bon apettite.

Susurró para que nadie pudiera escucharla, y se prendió al cuello de la mujer, quien sabe por cuánto tiempo.

Minutos después las pisadas de los guardias haciendo ronda se escucharon por el pasillo entre las celdas. Toga sonrió con los labios manchados de sangre, el líquido rojo se extendía hasta llegar a su barbilla y bajar por su cuello.

Los guardias se acercaban lentamente a la celda, cuando escucharon un grito. Corrieron por el pasillo, mientras el resto de reclusas se despertaban por el ruido. Al llegar a la celda vieron a la mujer tirada en el suelo entre lágrimas, llorando ferozmente y completamente aterrada. No había rastros de Toga por ningún lado.

¡¿Dónde está tu compañera?!

Gritó el guardia y rápidamente se apresuró a iluminar el lugar con su linterna, sin notar nada inusual. El segundo guardia se mantuvo al margen analizando fríamente la habitación. Eran los mismos del día que trajeron a Toga. Kiran, y Teruki, el primero llevaba años en la prisión, mientras que el otro era un novato.

La mujer no habló, solo hubo balbuceos mientras señalaba debajo de la cama. No tuvieron que decir nada, cuando Teruki se agacho para iluminar bien el suelo de la celda. Le pareció ver un cuerpo debajo.

Hay alguien debajo.

Kiran encendió su radio e informó.

Tenemos un 3312 en el sector B, por favor enviar refuerzos.

La única respuesta que recibió fue estática, el oficial se despegó la radio de la oreja al fastidiarse por el sonido saturado.

¿Qué le pasa a las radios?

Hay interferencia.

Deberíamos ir a por refuerzos nosotros mismos.

Si ¿Pero quién se quedará?

Yo, por supuesto. Soy más experimentado.

Discutían su próximo movimiento, intentando ignorar a la mujer que lloraba desconsoladamente, pensando que podría ser una trampa. Todo apuntaba a que Toga estaba debajo de la cama y habría intentado algo en contra de su compañera. Ambos lo sabían, sin embargo, el panorama cambió rápidamente.

Del cuerpo debajo de la cama empezó a escurrir la sangre. Kiran no perdió tiempo poniendo las llaves en la cerradura, abriendo la reja de la prisión lo más rápido que pudo. Teruki no cuestiono la decisión, apuntando con su arma a la mujer que estaba en el suelo. Al abrir la reja, Kiran se lanzó directo a ver debajo de la cama, mientras su compañero mantenía vigilada a la mujer.

Kiran hizo un esfuerzo por sacar a la mujer de su escondite, manchando su uniforme de sangre, sin embargo no estaba caliente, no era sangre fresca. Palideció al descubrir la identidad de la persona que se encontraba debajo de la cama.

¡Teruki, dispará!

Gritó Kiran, pero Teruki vaciló volteando a mirarlo, sus piernas flaquearon al darse cuenta del error que había cometido. En los brazos de su compañero estaba el cuerpo inerte de la mujer a la que trajeron por la mañana, la reconoció. Ikenie, una mujer que había sido arrestada tras atropellar a una familia mientras conducía en estado de embriaguez, ahora la mujer se veía completamente pálida y sin rastro alguno de vida. Volteó a ver a la mujer a la que le estaba apuntando, pero ya no estaba tirada en el suelo, ahora se abalanzaba contra él.

Disparó una y otra vez, intentando acertarle a la mujer, sin embargo no dio en el blanco. Teruki se levantó, dejando a un lado su shock inicial, sabiendo que los disparos alertarían al resto de oficiales de venir hasta aquí. Corrió en contra de la mujer y se paró frente a ella apuntándole con su pistola.

¡No tiene sentido que luches Toga Himiko, entrégate ahora! ¡Los demás no tardarán en venir!

Sin embargo, el forcejeo continuó, entre tanto tira y afloja una bala más fue disparada. Directo al hombro derecho del oficial Teruki soltó su arma por el dolor. Kiran debajo de la mujer se sintió culpable al ver como su superior había sido herido por su propia arma.

Toga saltó lejos, mientras lentamente su transformación se disipaba, no tenía sentido usarla ahora, una especie de sustancia blanca y grumosa cayó al suelo, volvió a ser ella, y su sonrisa se hizo todavía mayor. Agarró el arma que quedo en el suelo, y enseguida dio varios disparos.

¡No soy fan de estas cosas! ¡Pero si tengo que usarlas que así sea!

Casi ningún disparo dio en el blanco, fueron balas perdidas. Una de ella sí que dio justo en la espalda de Teruki, sin embargo, el chaleco antibalas lo protegió está vez. Solo le quedaría un hematoma.

Kiran se levantó del suelo aún con su arma en mano apuntándole a Toga, su compañero extendió su brazo sano a Toga.

¡Detente ahora! Estas en una cárcel, hay guardias por todos lados ¿Enserio crees que podrás escapar de aquí?

Comprobémoslo.

Kiran no aguanto más y le disparo a la rubia. Ella hizo gala de su agilidad corriendo por la celda, mientras las balas apenas y la rozaban, dañando su carne pero sin detenerla.

Teruki puso una de sus manos en el piso y el la luz de la celda se encendió desenfocando a Toga, una de las balas de Kiran golpeo directo en su muslo, haciéndola caer contra los barrotes de la celda, el oficial se apresuró a recargar su arma, sin embargo, a ella aún le quedaban balas, apunto a Teruki, él se dio la vuelta despegando la mano del suelo y la luz de la sala se apagó.

La asesina volvió a disparar, dos balas dieron en el abdomen y pecho del guardia, no harían mucho con un chaleco antibalas de por medio, sin embargo, la última bala fue directo a la cabeza. Fue directo entre las cejas del oficial, antes de que su rostro y cabeza explotarán en viseras, sus cejos se esparcieron por toda la celda. Teruki había muerto. Solo eran dos vivos en esa celda, entre tanta sangre y gritos de las otras presidarias.

Kiran sintió miedo por la mujer, se paralizo un segundo, y fue todo lo que Toga necesito para arrebatarle su arma, en un último segundo de lucidez, agarro sus llaves entre sus manos, y se fundieron bajo su toque.

No te dejaré liberar a nadie más.

Da igual no es eso lo quería.

Toga metió la pistola en la boca del hombre, aprovechando que él iba a decir algo más. Él la miró sin arrepentimiento alguno, con rencor puro, por la muerte de su compañero.

Bang.

La rubia disparo y otra cabeza más voló en pedazos dentro de la celda. Toga, ahora con la cara cubierta por la sangre de tres personas distintas se relamió los labios, llevo su lengua dentro de su boca y saboreo plácidamente. No por mucho tiempo, pues su expresión se volvió de disgusto. Decepción en su más pura forma.

No, la de él tiene mejor sabor.

Su sonrisa volvió, y su sonrojo se hizo imperceptible en su rostro manchado de sangre, su uniforme de prisión también estaba manchado de sangre, toda ella estaba permanentemente impregnada del olor de la sangre.

No quiso perder más tiempo, levantándose para huir agarró la pistola de Kiran y salió de la celda corriendo lo más rápido que pudo, aún con su muslo lastimado.

Si se hubiera quedado un rato más, o tuviese más atención al detalle, hubiera notado que alguien la observaba desde la celda frente a ella…

Cojeaba por el pasillo queriendo llegar a la escalera, entre gritos de horror y peticiones de ayuda por parte de otras reclusas, dejaba un rastro de pisadas rojas. Escuchó pasos apresurados al otro lado del pasillo. No significaba otra cosa más que guardias corriendo hasta su celda, pero ya estaba muy lejos. A punto de llegar a las escaleras, no estaba muy segura pero esperaba que fuera lejos de aquí.

Ella no se molestó en mirar a los otros reclusos, con su vista completamente fija en la puerta de las escaleras. Para su sorpresa la puerta se abrió, y tuvo que pensar rápido, lamiendo la pistola manchada de la sangre de Kiran recalentando todo el líquido.

¡Kiran!

Gritó uno de los policías por ver al guardia lleno de sangre. Toga hizo un esfuerzo entre cerrando los ojos para leer el nombre en la placa del oficial.

¡Yameta, por favor, debes ir a la celda 7 uno de los reclusos hirió a Teruki!

El falso Kiran, se expresaba invadido por el terror, Toga había copiado incluso la ropa del oficial, sin embargo no duraría mucho tiempo, no había ingerido mucha sangre.

Otros dos oficiales bajaron las escaleras tras la puerta.

¡Debes ir rápido a la enfermería!

Dijo uno de ellos quién se agacho para que pusiera su brazo sobre sus hombros, Toga lo hizo y vio como los otros dos policías corrían a la celda. Esperó mientras bajaba por la escalera agarrada con el otro policía, el dolor en su muslo, le ayudaba a actuar adolorida.

Casi llegando a las puertas de la enfermería la radio del policía sonó, y solo hubo interferencia, ella aprovecho la distracción, para descolgarse de él, y vaciar el cargador encima del tipo. Cayó inerte al suelo mientras su sangre se comenzaba a derramar por las escaleras. Escalón a escalón, bajaba el preciado líquido vital. Deslizó sus dedos por la sangre del cadáver y se la llevo a la boca, volvió a transformarse.

Los oficiales en el pasillo escucharon el disparo, se miraron mutuamente, y uno de ellos volvió sobre sus pasos, el otro continúo con su camino. El hombre abrió la puerta de las escaleras solo pudo ver el cuerpo de su compañero tirado en el suelo, un agujero en su cuello de lado a lado. La bala lo atravesó sin dificultad alguna, ahora su sangre escapa por el agujero, era difícil saber si murió desangrado o asfixiando en el líquido.

Toga saltaba por las escaleras con una sonrisa maniática, saltaba los escalones escuchando como las puertas se empezaban a abrir sobre ella, revisó los letreros frente a las puertas, la enfermería era más abajo, aún iba en el piso 6. La puerta del piso 5 se abrió violentamente y sin dudarlo ni un segundo Toga se lanzó por el agujero en medio de las barandas de la escalera, justo cuando los policías estaban a punto de alcanzarlas.

Cayo piso tras piso sintiendo como aceleraba cada vez más, sintiendo como las balas rozaban su piel, peinaban su cabello. Entre tanto movimiento pudo ver como estaba a punto de llegar al piso 3, su aterrizaje no fue tan elegante como el resto de su trayecto. Se chocó con una baranda. El golpe la dejo casi sin aire, pero no sintió el dolor, se dio la vuelta encima de la baranda y cayó al piso. Sonrió sintiendo como si algo dentro de ella se hubiera roto, probablemente alguna costilla.

Que… Divertido….

Susurró la chica mientras se llevaba una mano al estómago, intentando respirar. Puso un pie detrás de otro, y golpeo la puerta de las escaleras, al abrirla, las personas dentro voltearon a verla. Ella les sonrió.

¡Oficial Jakio!

Las radios seguían fallando, lo supo cuando las radios de los guardias dentro de la puerta sonaron en estática.

¡¿Qué está pasando arriba?!

Hay una prófuga…

¡¿Qué?! ¡¿Donde?!

Sonrió, cuando su transformación se detuvo. Su piel y ropa se convirtieron en espuma blanca, y cayó al suelo como si mudará de piel. En el fondo de la extraña mezcla, se logró vislumbrar los ojos amarillos de la verdadera persona tras el uniforme de policía.

No hubo tiempo de reaccionar cuando Toga corrió a toda velocidad contra la ventana y se lanzó contra ella. Sintió como los fragmentos de vidrio se clavaban en su piel y escuchó como cientos de balas eran disparadas en su contra, gritos, algunos de miedo, otros de coraje puro. Abrió los ojos logrando ver lo que le esperaba una vez cayera al suelo. No se veía bien, estaba a varios metros sobre el suelo, incluso encima del techo de algunos edificios.

La invadió la oscuridad, casi se ahogó, y los policías que se asomaban a través de la ventada destruida, solo pudieron ver como se envolvía en una especie de neblina negra y morada. La neblina desapareció en medio del aire.

Desde dentro de la cárcel, la extraña reclusa que había mirado a Toga escapar, sacó un viejo teléfono celular de una grieta en la pared de su celda. Entre toda la confusión esa parte de las celdas quedó desprotegida. Hizo una llamada y rápidamente le contestaron.

Logró huir…

Bien, recibirás tu pago tan pronto como te saquemos de ahí. Buen trabajo.

La voz al otro lado del teléfono era extrañamente profunda y raposa,

¡¿Cómo que escapó?!

Gritó Misato a su celular, enterándose de lo que había sucedido con la chica.

Tuvimos una falla en las comunicaciones, algo intervino. Obviamente no intento justificar esto, es una completa falla por nuestra parte…

El oficial siguió hablando, pero Misato realmente no lo estaba escuchando, estaba pensando en Denkou, ¿Cómo le iba a decir eso? Él no necesitaba una noticia como está. El teléfono le hablaba a nadie mientras ella pulsaba un botón y lo colocaba en el altavoz. Se reclino sobre la mesa dejando caer su cabeza encima de su antebrazo mientras veía a ningún lado en particular.

Las palabras del policía se perdían en la gran oficina, revotando con las amplias ventanas de la habitación, podía ver gran parte de la ciudad desde allá arriba.

Por más alto que subas, aunque estés encima de otros, sigues siendo una persona.
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Y boom, fin de capitulo.


Me complace decirles, que cada vez estamos más cerca de alcanzar la linea de Wattpad, me refiero a ponernos al día con los capítulos. Muy cerca. Espero les haya gustado, y yo se que si, sorprendentemente, este fic a tenido mejor acogida acá que en Wattpad, no lo esperaba, pero lo agradezco, no se quien, pero uno de ustedes le dio a favorito a la historia, gracias, valoro el tiempo que te tomas al leer, a ti y a todos los demás. Gracias por darme la oportunidad de entretenerlos.
Publicado el 18/12/24