Ella no había terminado de escuchar la frase, no fue necesario, ya se había levantado de la camilla. Su computadora se resbaló de su regazo, haciendo un ruido seco al momento de tocar el suelo que sugería daño irreparable. No se detuvo a confirmar el estado del aparato. Su único impulso, su mayor urgencia fue ir a verlo.
¡Señorita por favor! ¡Sé que es un momento difícil, pero!...
No dejo que la enfermera terminase de hablar, la agarró del cuello de su uniforme, la tela se arrugó entre sus dedos, y la trabajadora sintió como la tela apretaba a sus hombros. Sus acciones que podían ser malinterpretadas y catalogadas como una agresión estaban realmente lejos de serlo, sus manos temblaban al mismo ritmo que su voz. Estaba desesperada.
¿Dónde está?...
Esas palabras apenas pudieron ser formuladas entre todo el caos que se arremolinaba en su mente.
La trabajadora la miro a los ojos con miedo. No era una novata, este tipo de cosas no eran difíciles de ver, aun así, temblaba al verla. Dudó en decirle, ella debía estar en observación hasta que volviese a revisarla un especialista, pero el miedo, la desesperación, la frustración en los ojos de la mujer la hicieron ceder. No estaba siendo impulsada por el temor, era más por compasión, por entender lo confuso que debía ser ella en este momento.
Habitación 512.
Respondió apenas. Sin agradecerle, la mujer salió corriendo de la habitación, aún en bata, sin importarle su estado de salud o el pudor. Corrió por el hospital, sin sentir el frío del suelo en sus pies desnudos, y haciendo oídos sordos a los gritos de trabajadores que le pedían que volviese, hizo a un lado a cada enfermero o doctor que intentase detenerla.
Subió las escaleras, y vio el número 500 en una de las habitaciones del pasillo. Ella debía ir al fondo, metros la separaban del joven, pese a eso ella ya lograba verlo, su propia mente le jugaba malas bromas, haciéndole recordar el estado en el que estuvo hace menos de una semana.
Terminó de subir las escaleras y puso un pie al frente, se tambaleó un segundo, sintiendo como su corazón latía a toda velocidad, hacia eco dentro de su piel, hasta llegar a sus oídos, era abrumador, mucho más alto que el ajetreo del hospital. No escuchó nada más que su propio corazón durante los siguientes segundos, llegaron a socorrerla rápidamente.
¡¿Señorita se encuentra bien?!
El grito de uno de los enfermeros la sacó de su aislamiento, se enfoco una vez más, con su ceño fruncido, se levantó negando la ayuda del hombre, y volvió a emprender camino, dejando al preocupado trabajador atrás, que continuó siguiéndola de cerca, diciéndole cosas que ella no quería escuchar, se negaba a escucharlas. Ahora mismo solo había una cosa en su mente.
Abrió la puerta corrediza con violencia, desesperada y con su respiración agitada por todo el esfuerzo. La puerta chocó con la pared, haciendo eco en la callada habitación, y sus ojos viajaron apresuradamente al niño sobre la camilla.
No devolvió la mirada, ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que ella había llegado. En la camilla del hospital sentado, con su brazo derecho canalizado y recibiendo una transfusión de sangre. Cables iban directo a su pectoral izquierdo con una especie de parche sobre él.
No era él. Él no era el chico que le abrió las puertas de su hogar hace ya 5 años. No había forma, sus ojos grises, un color que pasaría desapercibido por lo general, pero que en su rostro quedaba tan bien. Un gris más vivo y brillante que cualquiera que Misato hubiese visto antes, ahora ya no había rastro de ese hermoso brillo.
No era él, no había forma de que él fuese Denkou.
No había sido avisada de la noche a la mañana, se le dio un mes de antelación, y una semana para que pensara en la propuesta, pero aun así estaba casi incrédula de haber aceptado, no solo por lo que conllevaba si no por lo especifico que había resultado la petición.
Misato Katsuragui, subdirectora de Olympia había sido citada hace un mes a la oficina de su jefe. Llegó despampanante como siempre, maquillada suavemente para que pareciese que era una mujer natural. Su cabello morado cayó sobre sus hombros mientras se miraba en el espejo del ascensor haciendo gala de su belleza a nadie más que a ella misma.
Estaba acostumbrada a la atención, sobre todo masculina. La disfrutaba, esas miradas embobadas en los rostros de los hombres, babeando por su belleza. Aunque a veces era frustrante, nunca negó que la disfrutaba. Tampoco era una novedad ser citada la oficina de su jefe, lo que si era distinto era él.
Desde que llego a Olympia, hace 3 años que había entrado a la empresa, la reputación de su padre le ayudo, aunque no lo fue todo, lo que vino luego, su ascenso en la escalera corporativo era mérito propio. Podía no ser organizada en casi nada, pero una cosa era la excepción, su trabajo.
La puerta del ascensor se abrió, y tras ella Misato entró a la antesala.
Señorita Katsuragi un gusto verla hoy.
Le sonrió a la secretaria de su jefe. Una mujer joven, aunque un poco mayor que ella, su piel se veía tan suave y tersa, como porcelana, su cabello de un rubio cenizo que se mezclaba con sus raíces más oscuras y castañas en plena armonía y elegancia. Su cabello apenas llegaba hasta su barbilla, y era todo lo que la mujer necesitaba para lucir su belleza.
Lo mismo digo Ganai, dime ¿Cómo esta nuestro adorable jefe el día de hoy?
La secretaría miro de reojo hacia la puerta negra de caoba detrás de ella. Entrecerró un poco los ojos hasta que sus pestañas casi se tocaron.
El señor Daniels es tan… Severo como siempre, pero diría que hay algo nuevo.
¿Ah sí?
Esta impaciente. Quizá sea cosa tuya.
Ambas mujeres se sonrieron con travesura, no era muy cercanas, pero Misato sabía reconocer a una mujer divertía cuando la veía. Le recordaba a sus amigas de la universidad.
¿Tú crees?
Tú sabes que cuando ese hombre quiere algo, lo obtiene.
Ganai se mordió el labio al decirlo mientras sus ojos iban justo debajo del escritorio. Misato que no era nada inocente, pero tampoco adivina alzo una ceja ante lo dicho.
Entonces será mejor saber que quiere lo más pronto posible.
La secretaría asintió y le aviso por el citófono a su jefe.
- Pase.
Se escuchó secamente a través del aparato, y las puertas de madera se abrieron enseguida. Una larga mesa se extendía por el centro del lugar, hasta llegar a la silla de Jack, con su vista metida entre carpetas como siempre, Misato entro en la sala y el hombre no levantó la vista.
- Buenos días, señor Daniels.
- Buenos días, Katsuragi. - el hombre colocó la carpeta cuidadosamente encima de otras. – Seré breve, aun así, deseo que tome asiento.
Misato obedeció, sentándose en la silla más cercana, el otro extremo a la de Jack. Los ojos grises del hombre recorrieron la habitación unos segundos antes de centrar su vista en la mujer. Casi había 5 metros de distancia entre ellos dos, pero por alguna razón, Misato sentía que estaban a ras de piel. A centímetros el uno del otro, cuando él respiraba ella casi podía sentir su aliento detrás de la nuca, era distinto a como sonaba, era como si la acechara.
- En los últimos años usted ha desempeñado un papel fundamental dentro de la empresa, pocas veces he visto a una persona tan dedicada, si alguna vez la empresa necesita mejorar el desempeño o empezar nuevos proyectos, usted es la primera en ponerse de pie, y la ultima en salir de la oficina.
No pudo evitar sentirse orgullosa por la forma en la que hablaba el hombre de ella. No estaba acostumbrada a recibir elogios por sus capacidades administrativas la mayor parte venían de su belleza.
- No me gusta precipitarme, pero tengo la confianza para afirmar que, en unos años, ascenderá a directora. – hizo una breve pausa, sus ojos recorrieron los archivos que estuvo ojeando unos segundos atrás. – Katsuragi, estoy por encomendarle una tarea que sobrepasa la profesionalidad, o mejor dicho excede su contrato.
Las emociones de Misato dieron un vuelco, adelantándose a lo que el hombre estaba por decir, su ceño se arrugo prepotentemente. Estaba decepcionada.
Justo cuando pensé que sería un hombre decente…
Pensó la mujer, viendo ese brillo malicioso en los ojos de su jefe, no era la primera vez que lo veía, como siempre los hombres solo buscaban una cosa.
- Seré directo, he visto que tiene un técnico en cuidado infantil. Recientemente la empleada que se encargaba del cuidado de… mi hijo - Jack detuvo su discurso, ella pudo notar como apretó los puños y su frente se arrugo. – Ha renunciado.
Los ojos de Misato se abrieron de par en par, no gustándole mucho hacia donde iba esta conversación, aunque claro era mejor a lo que imagino en un principio. Había rumores sobre el hijo del jefe, pero ella no conocía a nadie que lo hubiese visto, ni siquiera en fotos, algunos incluso pensaban que no existía. Jack Daniel's jamás hablaba del chico.
- Señor Daniel's yo…
- Déjeme terminar señorita Katsuragi.
Ella sabía que el odiaba ser interrumpido, pero no pudo evitar su tartamudeo. El tono serio y severo del hombre la obligo a detenerse.
- En unos pocos meses se abrirá la nueva sede de Olympia en japón. Mismo país donde vive... mi hijo.
Su sorpresa no hacía más que aumentar, no por la noticia sobre la nueva sede, si no por el niño ¿Qué hacía tan lejos de su padre? ¿Por qué Japón? Ella se había ido del país a propósito para… Olvidar…
- De cualquier forma, planeaba pedirle que viajase a la nueva sede como su nueva directora, claro si está dispuesta a aceptar esa pequeña condición. Por supuesto el puesto vendrá con su respectivo aumento, y es más que considerable, mire por sí misma. Acérquese.
Ella estaba sin palabras, no sabía que responderle, hizo caso y se levantó de su silla, caminando hasta su jefe, lo hacía casi por inercia, su mente estaba casi echa papilla, era mucho que asimilar.
Frente a su jefe había un contrato, uno que la convertiría en la nueva directora de Olympia y… Aceptaba la custodia de…
Genki Denkou.
Escrito en kanji, que por supuesto ella supo leer.
Así que ese era el nombre de su hijo, ni siquiera lleva su apellido…
Jack la miró unos segundo más, directo a sus ojos, Misato completamente pálida y anonadada por la propuesta, no pudo más que suspirar.
- No se preocupe, no tiene que responder ahora, usted conoce el procedimiento. – se refería a la ausencia de sus abogados. – Recuerde que no le pido que sea una madre. – recalco él hombre. - Tiene una semana para pensarlo, si tiene condiciones, quiero escucharlas. Puede retirarse.
Observó el contrato un rato más antes de agarrarlo, sin sentir entre sus dedos el liviano trozo de papel. El salario era 4 veces mayor que su salario actual y de por si ese ya era alto.
- ¿Por qué yo?
Las palabras escaparon de la boca de Misato, sin mirar a su jefe soltó la pregunta al aire que no se vio afectado en lo más mínimo por la duda de la mujer.
- Ya he expuesto mis razones, pero si quiere que lo diga de forma directa. Es conveniente.
Eso no respondió a su pregunta, pero viendo el rostro del hombre rápidamente se dio cuenta de que no iba a responder más.
Volver a Japón. Cuidar de un niño. Ser la directora de la nueva Olympia.
Nunca pensó en tener hijos, no era de su agrado, ni siquiera con… él. Sacudió la cabeza buscando alejar esos pensamientos.
¿Qué había acá en USA para ella?
Recuerde que no le pido que sea una madre.
Resonó en la mente de Misato. Era fácil decirlo, pero ¿No es acaso justo eso lo que se esperaría el chico?
Fue una semana larga, ella pidió una sola cosa, viajar antes para conocer al chico. Jack aceptó. Ahora estaba ahí, fuera de la puerta del joven. Golpeó tres veces la puerta. Le habían dicho que había conseguido a alguien para que lo cuidase durante un tiempo, pero era temporal.
Hecha un saco de nervios Misato esperó que le abrieran, estaba ansiosa. Apenas y había visto una foto del chico, una foto de su documento de identidad, ni siquiera una foto de verdad. Nunca pensó que su jefe fuese un padre tan distante, aunque le encajaba.
Es como mi padre.
Ella preguntó por la madre del chico, Jack le informó que había fallecido en el parto por complicaciones.
Se abrió la puerta, y quedó mirando hacia el frente esperando encontrarse con un adulto, en su lugar miró hacia abajo, y había un niño de cabello verde. El niño la miró de arriba abajo, y sus ojos grises se fijaron en la pequeña placa que Misato llevaba en su chaqueta con el logo de Olympia.
Parece que la curiosidad del niño desapareció en el segundo que vio la palca, suspiró y miro a los ojos a la mujer.
- Hola, mi nombre es Misato Katsuragi. Trabajo para tu padre y…
El niño se apartó para que ella pasará, parecía haber entendido la situación, interrumpió su presentación.
- Al fondo del pasillo hay un armario, ahí están todos los documentos de la empresa… Aunque rompí algunos sin querer queriendo…
Parpadeo un par de veces, que él la interrumpiera era una falta de respeto, pero… No lo hizo de forma grosera, fue casual.
¿Habría pasado por algo así varias veces?
- No vengo por eso, aunque es bueno saberlo… - caminó dentro del apartamento, fijándose en lo limpio que estaba, dejo el bolso de viaje encima de un sofá, y rápidamente el chico se acercó con curiosidad al maletín, pero no lo toco. – ¿Dónde está la empleada que te cuida? ¿Fue a la tienda?
El chico aún estaba centrado en el bolso, intentando descubrir que había adentro.
- No. Bueno realmente no tengo idea. Salió y no se adónde.
La mujer soltó un quejido de confusión ante eso.
- ¿Ah? ¿Cómo no te dijo? ¿Hace cuanto fue eso?
- ¿Qué día es hoy?... – pensó unos segundos, mirando por la ventana mientras rascaba su nuca. – Hoy a primera hora tuve matemáticas entonces… Hoy es jueves, bueno, van dos días.
Hizo la seña con la mano, mientras miraba a la mujer como si fuera lo más normal del mundo.
- ¡¿Estuviste aquí solo dos días?!
Se tapó los oídos con fastidiado por el grito de Misato.
- ¡No grites! No es para tanto… A veces pasa ¿Eres su remplazo? Si es así debo decirte, no me gusta la gente gritona.
- Bueno, se podría decir que soy su remplazo…
Bien, seguro sabes mi nombre, no hace falta presentación. – sin mirarla caminó hasta la sala de estar, donde había una gran biblioteca, el joven agarró un libro sobre la mesita y se puso a leerlo, a la par que presionaba un botón en el control del televisor y comenzaba a sonar música. – Bueno, el baño está dando la vuelta en el pasillo, mi habitación es la primera y la tuya la segunda por consiguiente…
Incomoda por la interacción tan inesperada sacó su celular, marcándole a su jefe. El niño había estado solo en casa por dos días eso era claramente ilegal ¿Cómo podía él no saberlo? O ¿Quizá no le importaba?
El timbre sonó un par de veces, pero no hubo respuesta. Denkou se asomó alzando la vista de su libro, mirando a la mujer con curiosidad.
- ¿Enserio vas a cuidarme? Las mujeres que me han cuidado hasta ahora no eran tan jóvenes… Ni lindas.
Agregó el chico de forma inocente, a diferencia de los cumplidos de los adultos encaminados a ganar algo a cambio de ellos, los de los niños generalmente eran más sinceros, descripciones. Los cumplidos del niño no hicieron más que volver más extraña la situación, eso y Frank Sinatra a todo volumen.
- Bueno, no todo es como uno lo espera.
Cansada, Misato se sentó en el sofá de la sala de estar, cerca de su bolso, sacó de dentro una cerveza, había traído un par por si acaso, no pensó que la tomaría tan rápido, no le importó que estuviese caliente, la abrió y le dio un trago.
- Eso huele terrible.
Reprendió Denkou.
- Uno se acostumbra.
Se terminó de beber la cerveza con el segundo trago, y alzo una ceja viéndolo. Lo comparaba silenciosamente con su padre, no se parecían en nada, apenas había rastro de Jack en él, solo identificaba sus ojos grises y su actitud aparentemente estoica.
El celular de Misato vibró y el timbre sonó por toda la habitación, sonrío pensando que su jefe le devolvía la llamada, rápidamente preparó un regaño para el hombre, sin embargo, no era él. Un numero desconocido, contesto con recelo, una respiración se escuchó del otro lado del celular.
- Oí que volviste Misato…
No dijo nada, segundos de extremo silenció antes de que quién estuviese detrás del celular volviese a hablar. Ella sabía muy bien a quien le pertenecía esa voz.
- Olympia… Siempre pensé que aspiraría a algo grande, me alegro de no equivocarme…
Sin decir nada, Misato colgó el celular. Quedó mirando al chico frente a él unos segundos. Volvió a timbrar el aparato, pero rechazo la llamada, acto seguido bloqueó el número. Denkou la miro un poco preocupado.
Qué clase de loca me mandaron esta vez.
Pensó el niño viendo como la mujer se levantaba, y bebía otra cerveza de una sentada. Luego volvió a mirarlo, con una sonrisa mientras limpiaba el rastro de alcohol de sus labios.
- Genki… ¿Te gusta el helado?
El joven sonrío enseguida olvidando todo lo anterior, eso hizo sonreír a Misato de vuelta. Sus ojos grises brillaron por milisegundos con un destello azul tan brillante.
Tan rápido pasaron cinco años. Cinco años en los que ella se había mantenido viajando por el país y volviendo, a veces desapareciendo semanas. Conferencias cada dos semanas, era irreal lo mucho que Olympia se expandió por Japón en esos años, pero no parecía ser suficiente para Jack.
Misato en la habitación del hospital, al fin dio un paso al frente, entrando en ella. Acercándose a Denkou con sus piernas temblando, no estaba recuperada del todo, pero no era esa la razón de su debilidad era el rostro del joven. Cansado era decir poco, se veía exhausto.
Se tumbó sobre la cama, con sus brazos intentando rodear al joven en un abrazo, dudo unos segundos viendo como los brazos del chico no respondieron.
- Denkou…
Susurró la mujer, y volvió a ser ignorada.
- ¿Misato, puedo invitar a alguien este año?
Al otro lado del celular la mujer parpadeó un par de veces, no había esperado esa pregunta. Denkou había llamado a su oficina eran más o menos las 3 de la tarde. Él no solía llamar a menos que se hubiera metido en problemas.
- Bueno. No lo sé… No tengo problema, pero… La navidad es… Bueno casi todos pasan la fecha con su familia…
Misato sabía que el chico no era estúpido, habló pensando que él entendería su indirecta. Dudaba mucho que encontrase a alguien que prefiriese pasar esta fecha con ellos a con su familia.
- Ah no hay problema entonces, de todas formas, Shiro no tiene familia.
Respondió el joven alegremente. Misato abrió los ojos un segundo, esperando que Denkou no estuviese cerca del chico, lo que acababa de decir podía resultar bastante hiriente.
- Denkou no puedes decir esas cosas la ligera…
- ¡Pero es verdad! ¡Shiro Misato dijo que si!
- ¿De verdad? No quiero molestarlos…
- ¡Ella dijo que si no será molestia! ¡Además si vuelve a llegar tarde como la última vez podemos tirarle papeles mojados desde la azotea!
Misato se llevó sus dedos hasta su entrecejo, masajeándose para mantener la calma. Él chico era verdaderamente travieso, pero… Escucharlo feliz. Valía la pena.
- Denkou ponme en altavoz. – el niño le hizo caso. - ¡Hola Shiro soy Misato! ¡No hay problema! ¡Cuantos más mejor!
Colgó el celular sin esperar respuesta por parte del joven. Denkou se había encargado de contarle mucho sobre el chico, al menos toda la última semana. No era malo haciendo amigos, pero fue la primera vez que lo vio hablando tan emocionado por conocer a alguien más.
El resto del día transcurrió con normalidad, aburrido incluso para ser navidad. Felicitaciones llegaron por todos lados, seguidas de cumplidos. Ella condujo directo a casa, intentando no llegar tarde como el año pasado.
Tarde y ebria…
Pensó la mujer sintiéndose culpable, esperó el ascensor subió con él, y metió la llave en la puerta al abrirla, vio una escena peculiar.
Un niño de cabello negro completamente envuelto por luces que deberían estar en el árbol de navidad. Cuando el chico la vio, se avergonzó, e intentó levantar las manos para saludarla, pero eso solo provocó que se enredase y tambalease casi cayendo al suelo.
- ¡Señorita Misato!
Gritó el joven avergonzado por ser encontrado así.
- Tú debes ser Shiro… o ¿Mi árbol de navidad cobro vida?
El niño se echó a reír nerviosamente, y Denkou apareció desde su cuarto trayendo más luces, al ver a Misato abrió los ojos gratamente sorprendido.
- ¡Misato llegaste temprano!
Gritó el chico con emoción, mientras dejaba caer las luces al suelo, y alzaba los brazos feliz, luego de eso se acercó a Shiro, o mejor dicho a los cables conectados entre sí que caían sobre el muchacho. Definitivamente eran muchas luces, Denkou agarro el borde de los conectores y sonrío.
- Denkou no es una buena idea no vayas a…
Previendo lo que venía, Misato intento frenar el joven.
- ¡Tranquila tomamos medidas! ¡Shiro cierra los ojos!
- ¡Si!
Gritó el chico, y sus pupilas grises se llenaron de azul, brillando a través de sus ojos mientras chispeaba entre ambos colores, en una danza errática, hasta que al fin se estabilizaron en el color frío y brillante. Su cabello se erizó, y su brillo se vio opacado por las luces que cubrían a Shiro.
Rojas, verdes, azules, blancas, titilaban alegremente, unas se detenían en el mismo color, y otras pasaban lentamente de uno a otro. Shiro con los ojos cerrados y sus brazos extendidos simulando las ramas de un árbol, sonreía sin poder ver lo que estaba pasando, pero confiando en que se viese genial.
Brillaba, brillaba más que cualquier estrella.
- ¡Misato! ¡Te presento a Shiro! ¡Mi mejor amigo!
La mujer no pudo evitar llevarse una mano a la boca antes de empezar a reír, no había esperado esto para nada. Se recostó contra la pared soltando carcajadas.
Denkou también se echó a reír e incluso Shiro pesé a no ver nada. Entre risas Misato tomo una foto de los dos chicos.
- Mierda… Creo que me está dando la pálida…
Susurró Denkou, y aunque el primer impulso de Misato fue reprenderlo por su lengua sucia, rápidamente corrió a ayudarlo cuando cayó sobre las luces y con ello sobre Shiro. Ahora ambos envueltos en las luces intentaron liberarse.
- Me pase con las luces…
- Te dije que eran demasiadas…
- Ey si vamos a hacer algo hay que hacerlo a lo grande si no ¿Cuál es el punto?
Pasaron minutos enteros intentando desenredarse, al final habiéndose conocidos un poco mejor, Denkou fue al baño, lo que dejo a Shiro y a Misato solos en el sofá, el niño veía alrededor tímidamente. Misato sintió que era su responsabilidad romper el hielo, pero él ese le adelantó.
- Gracias por dejarme pasar navidad con ustedes…
- No es nada, es un gusto tener a un chico tan bueno en casa.
Sintió el impulso, y lo obedeció agarrando el cachete de Shiro entre sus dedos, el chico se quejó con un poco de dolor, pero no la detuvo.
- Denkou dice que usted trabaja para su padre … ¿Cómo es el padre de Denkou?
Preguntó inocentemente, pero esa pregunta hizo que Misato se hiciera la misma pregunta.
¿Cómo era el padre de Denkou?
- Es un hombre muy ocupado y serio…
- Es lo mismo que él dice siempre… ¿Por qué no está aquí ahora? ¿Los padres no pasan navidad con sus hijos?
Misato trago saliva ante el constante interrogatorio del chico.
- Hay personas que no saben separar el trabajo de la familia… El padre de Denkou es una de esas personas.
- ¿Entonces el padre de Denkou prefiere su trabajo?
Ella no sabía que responderle ¿Por qué este niño hacia preguntas tan complicadas? Y las hacia con esa carita tan inocente. Salvada por la campana, Misato escuchó como Denkou cerraba la puerta del baño y caminaba hasta la sala.
- ¿Todo bien por aquí?
Preguntó con curiosidad al ver el rostro preocupado de Misato.
- Solo hablábamos un poco, tienes un amigo muy curioso.
Dijo bastante divertida Misato, intentando disimular los nervios.
- Claro, si no lo fuera no sería mi mejor amigo.
Orgulloso Denkou se llevó una mano al pecho, y sonrió, Shiro se levantó y se paró junto a él imitando. Misato los miro un par de segundos, enterneciéndose por ambos chicos, se puso de pie y camino hasta su bolso, sacando una bolsa de compras de cartón.
- No tuve tiempo de comprar papel de regalo y envolverlo, pero… Espero que te guste.
Saco de dentro de la bolsa una chaqueta de mezclilla, la factura cayó al suelo, mostrando que ella no la había sacado desde que la compró. Denkou se acercó lentamente, agarrando la prenda entre sus manos, y extendiéndola, era gigante, más grande que él, no era para nada su talla ni un poco.
- Es un poco grande ahora que la veo bien… Podemos ir a cambiarla si quiere y…
- Es perfecta…
Susurró el joven aún viendo la chaqueta, se la colocó lo más rápido que pudo y los bordes de esta se arrastraron en el piso.
- ¿Qué opinas Shiro?
El joven lo miró pensativo. Con una mano en su barbilla un par de segundos antes de responder con un pulgar arriba.
- Te queda genial.
Denkou no esperó un segundo más antes de correr directo a la nevera y sacar de dentro una botella de Hibiki del congelador, casi la deja caer al suelo, pero sus reflejos lo ayudaron a sujetarla bien, eso y que Shiro corrió a ayudarlo, las manos de Denkou cubiertas por las mangas de la chaqueta no daban buen agarre.
- Yo te compre esto, no sabía nada sobre estas cosas, pero busque en internet y se supone que es buena.
Misato se acerco a los dos chicos sin palabras, agarró la botella entre sus manos con emoción, como si fuese lo más valioso del mundo.
- Una botella de Hibiki de colección… ¡¿Cómo compraste algo así?! ¡Eres un niño!
Emocionado Denkou le guiño un ojo y miró de reojo a Shiro, que fue complicé.
- La agarré a escondidas y Shiro dejó el dinero exacto en el mostrador sin que se dieran cuenta.
- ¿Y cómo quitaron el sensor?
- Le di un par de descargas…
Sonrió el joven traviesamente.
- ¿Cuánto te costó?
- No importa, la tarjeta de Jack lo cubrió.
- ¡¿Tu padre sabe que gastaste tanto?!
- No lo sé. Él jamás revisa esa cosa.
- Yo pensé que los regalos de navidad se daban al siguiente día.
Misato y Denkou se miraron entre ellos, Shiro tenía razón, pero ellos dos tan despistados ni lo habían tomado en cuenta.
- Ah y Shiro… - Denkou corrió al cuarto antes de salir de nuevo con una caja que era casi de su tamaño. – Te vi babeando por esta cosa el otro día. Así que la traje.
El niño tembló al ver la caja, tampoco estaba forrada, así que no había nada que pudiese ocultar la sorpresa. Era casi de su altura, una figura muy grande, tragó saliva antes de agarrarlo por los bordes, lagrimas salieron de los ojos del chico antes de abrazar a Denkou con fuerza.
- Gracias…
Sin saber como reaccionar Denkou volteó a ver a Misato, la mujer conmovida por la situación hizo señas con sus brazos para que lo abrazará y justo eso hizo. Abrazo al chico, y fue incomodo, pero solo al principio, luego fue agradable.
- Es solo un juguete…
- Nunca me habían comprado un juguete solo para mí.
Las lágrimas escaparon de los ojos de Misato, al ver como el chico no le respondía.
- Denkou por favor… Dime algo.
Se entregó a él abrazándolo pegando su cuerpo lo más que podía, mojando con sus lágrimas la bata del joven que no correspondía al abrazo. Desde la puerta de la habitación los trabajadores observaban la escena sin tener el valor para intervenir.
- ¡Dime algo Denkou!
Gritó la mujer mientras apretaba los brazos del joven. Los labios de Denkou temblaron, y miró a Misato por primera vez desde que entró. Sus ojos grises chocaron con los ojos cafés de Misato, iluminados por las luces del techo, el cabello suelto de la mujer se pegaba su rostro por el sudor producido por lo ansiosa que se puso al verlo.
- Shiro ha muerto Misato…
La mujer abrió sus ojos sorprendida, y sus sollozos no hicieron más que aumentar mientras Denkou inertemente miraba al frente perdido una vez más. Todas las horas desde que llegó, desde que lo trajeron de Gitao, las preguntas lo invadían
¿Por qué no puedo llorar? ¿No lo quise lo suficiente? ¿Por qué Shiro? ¿No lo quise lo suficiente? ¿Por qué no puedo llorar? ¿Por qué sigo vivo? Mueve tus brazos… Abraza a Misato…
Sus brazos no se movían.
"La vida se marca por experiencias, una detrás de otra, es imposible no experimentar, sin quererlo lo hacemos, sin tocar ya sentimos. Aún con todas esas experiencias la mayoría pensamos que llevamos una vida normal. Quizá así sea, pero arrancar una sola cosa de tu vida puede cambiar todo. Solo hace falta un empujón."
Feliz navidad.
Bueno, antes de que me cuelguen quiero decir algo en mi defensa. Es hermoso de un modo increíblemente retorcido, y me enorgullece haber escrito algo así. Han sido capítulos en un tiempo relativamente cortos, por eso, y porque tengo desplazado el segundo fanfic de la cuenta de Wattpad, esta será la ultima actualización en un tiempo. No se preocupen, no lo dejo tirado, amo demasiado esto como para dejarlo a medias.
No tienen idea de lo mucho que tengo que amar esta obra como para pasarme todo el 24 de diciembre escribiendo este capitulo. Feliz navidad a todos, pasen tiempo con sus familias, como yo hice en la noche de ayer. Aprecien a aquellos por los que ustedes se sacrifican, y a aquellos que se sacrificarían por ustedes, no solo de forma literal, si no también metafórica. Pasar un largo día de trabajo para llegar a casa a cocinar es un gran sacrificio. Despertar temprano después de una noche de sueño pésima y con los hombros adoloridos por la edad e ir a trabajar para sus hijos, es un gran sacrificio. Aprecien a sus padres, como yo intento apreciar a los míos.
Llevaba con la idea de un especial navideño desde hace mucho. Me alegra haberlo escrito al fin, mejor de lo que jamás imagine. Gracias por leerme, les deseo una feliz navidad.
Publicado el 25/12/24
