Los preparativos para el concierto con la Reina estaban en su etapa final, en unos días se elegirían a los estudiantes de ambas escuelas que participarían en la sinfónica y se elegiría al concertista que haría su gran acto final ante su majestad, todos estaban emocionados, sobre todo Quatre, sabía que elegirían a Trowa, él era el verdadero prodigio, se sentía un simple aficionado a su lado, estaba orgulloso, vería a Trowa tocar desde su lugar junto a los otros alumnos de la sinfónica, ya podía verlo, de pie frente a todos, con el maestro de orquesta guiándolos y él como artista principal, deleitando a todos con su solo, se había elegido el concierto para violín de Schönberg como acto final luego de varias interpretaciones en conjunto con la orquesta, aquel concierto para violín tenía su parte complicada en la ejecución del solista, por eso se la había elegido, la intención era cerrar con el famoso broche de oro y dejar un sabor de boca exquisito que durara mucho tiempo en pos de los oyentes.

El día de la elección del concertista Quatre llegó muy temprano, estaba emocionado, necesitaba ver la cara de Trowa al ser elegido, si bien su novio odiaba tocar al menos sabía que aquello era importante. El frío invierno había quedado atrás, así que ya no había necesidad de grandes abrigos, dejó su chaqueta en el perchero del salón de música y tomó asiento, sacó uno de sus libros de Macroeconomía y leyó sin interés, pronto estaría en exámenes finales y necesitaba buenas notas.

Al cabo de unos minutos escuchó algunos gritos provenientes del pasillo, notó las voces de los profesores en esa discusión y se puso en alerta, se pararon cerca del salón, así que aguzó el oído para entender lo que hablaban. "Sabes que es verdad, Trowa supera por mucho a Quatre, su melodía es más ordenada y diestra, merece estar frente a todos, él es nuestro concertista" dijo el maestro de su novio con voz decidida, pero su propio maestro pronto se opuso a aquellas palabras. "Soy el primero en admitirlo, créeme, pero tu chico carece de emoción, no siento que haya pasión en lo que hace, sí, es un excelente intérprete, pero su escenario es tan frío como un iceberg, no es el sentimiento que queremos mostrar a nuestra amada Reina" puntualizó prontamente.

"Te entiendo, en verdad" una pausa larga "¿Qué hay del concierto para violín de Schönberg? Quatre no es capaz de representarlo con la maestría que se debe, aún le faltan años de experiencia, tiene un Don nato, sí, pero vivió toda su vida alejado de un violín, si dejamos que interprete el solo de Schönberg nos dejará en vergüenza" explicó casi con dolor "No exageres" defendió su propio maestro "Quizás no una vergüenza, pero verán que somos solo una orquesta promedio, no los fascinará, tan solo les gustará y ya" completó con aquella afirmación, Quatre sabía que el maestro de Trowa tenía razón, él no era el indicado para ese solo, él no era el concertista que necesitaban, la Reina merecía tener al mejor y ese era Trowa Barton.

Hubo un silencio después. "Será mejor preguntarles ¿no crees? Tú y yo jamás llegaremos a una decisión" propuso el maestro de Trowa, con tanta confianza que casi resultó sospechoso, el maestro de Oxford estuvo de acuerdo y enseguida entraron al salón, sorprendiéndose de ver a Quatre de pie, frente a la puerta, les observaba fijamente, "No tienen nada que preguntar, su hombre es Trowa, lo digo de corazón" anunció con su cálida sonrisa. "Jamás seré como él, así que preparen mi asiento junto a los demás" les terminaba de indicar, saliendo después del salón, sin esperar a que Trowa llegara, por momentos se sintió triste, por unos segundos había deseado tener tanto talento y práctica como Trowa, que ni siquiera hubiera necesidad de discutir, que ambos maestros lo eligieran a él, pero eso nunca sucedió, no quería ser egoísta así que se convenció de estar feliz por su novio.